En el enero de este año recién estrenado (2020) busqué en la cumbre grancanaria el natural encanto de los ejemplares de la familia de las rosáceas en plena floración.¡Cuánta hermosura! la belleza de la sencillez sobre un cuerpo de troncos engomados y mil brazos de hojas aserradas y oblongas conformando, junto a los símbolos pétreos del Nublo y el Bentayga, ancestrales reliquias canarias patrimoniales,  una expresiva imagen de profundo mensaje, atractiva e  inigualable.
  Nadie como la naturaleza es capaz de mostrar tanta lindeza, sin presumir de ello, desde la humildad y el silencio; cíclico ejemplo de armonía, valiosa paleta de fascinantes matices que nos sorprende cada invierno, otorgándonos enseñanza de vida y solicitando protección y respeto. J.A.G.

 
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