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GENTES E HISTORIAS
Por ARMANDO
PÉREZ TEJERA |
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«BREVES CRÓNICAS
LASALIANAS» © |
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En muchos aspectos el Colegio de
San Juan Bautista de La Salle de Arucas se identifica con la
trayectoria histórica de Arucas y contar la historia del colegio
es hablar de una presencia constante en el devenir de nuestro
municipio en todo el Siglo XX.
Estudiar el pasado es simplemente
conocer lo que hemos sido para explicarnos lo que somos y así
clarificar los caminos de lo que seremos o lo que queremos ser.
Comenzaremos con el final del mes
de septiembre de 1907 donde se convocaría una reunión a los
vecinos de Arucas en el Ayuntamiento con el objeto de recaudar
fondos para la fundación de un colegio dirigido por los Hermanos
de las Escuelas Cristianas. La Suscripción pública alcanzó, los
primeros días, la importante cantidad de 7.250 pesetas.
En 1908 se instalan los Hermanos
en un edificio de nueva planta situado en la carretera de Firgas
y a pocos metros del centro de Arucas. El local es amplio, para
aquellos primeros momentos, bañado por el Sol y ventilado por
los aires que, libremente y sin obstáculo, circulaban entre
aquellas hermosas vegas y las dilatadas extensiones que, en
desnivel constante, bajan y bajan hasta perderse en el azulado
mar que aprieta nuestra isla. En Arucas se veía realizado el
constante ideal de los higienistas, “modernos pedagogos” y
filántropos fundadores: Mucho aire, mucha luz, mucho sol.
En 1911 pillamos a los Hermanos y
alumnos celebrando con gran éxito la fiesta en honor de su
patrono. Para ello se invitó al Predicador de Su Majestad Señor
Martín Morales el cual recibiría grandes elogios por su notable
oratoria por parte de la Junta de Caballeros que tres años antes
(1908) lucharon por la cultura y grandeza de su pueblo y por el
venerable Hermano Gainus, visitador de las Escuelas Cristianas
de Argel, Túnez, Malta e Islas Canarias que se hallaba aquel año
realizando su visita anual al centro aruquense en el cual había
introducido grandes reformas.
1913: El Instituto General Técnico
de la Provincia (única) de Canarias abre una suscripción para
realizar un monumento a Cervantes. El Colegio de San Juan
Bautista de La Salle de Arucas participaría con 41,60 pesetas.
En mayo de 1914 el director del
centro Hermano Valentiniano Elías, con el deseo de fomentar la
devoción a la Virgen, solicita al Obispado de Canarias la
creación de la “Asociación de Jóvenes bajo la advocación de
María Inmaculada y de San Juan Bautista de La Salle” dirigiendo
una carta al señor obispo en los siguientes términos:
“El Hermano Director estimulado
por el deseo de promover y dilatar la devoción a la
Bienaventurada Virgen María, a Vuestra Señoría Ilustrísima y
Reverendísima humildemente pide os dignéis: primero erigir
canónicamente la Asociación de Jóvenes bajo la advocación de
María Inmaculada y de San Juan Bautista de la Salle aprobando
sus Estatutos y Reglamentos que acompañan a esta solicitud y
segundo constituir Director de dicha Asociación al Presbítero y
Capellán de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Arucas o
a sus sucesores encomendando al mismo tiempo esta así erigida
Asociación al Prepósito General de la Compañía de Jesús para que
este se sirva agregarla a la Primaria del Colegio Romano.
Gracias que el Exponente no
duda obtener del bondadoso corazón de su Ilustrísima a quien
guarde Dios Nuestro Señor muchos años para bien de sus
diocesanos.
Arucas a 9 de mayo de 1914
El Director
Hº Valentiniano Elías”
El Hermano Valentiniano Elías no
vería la creación de la Asociación de Jóvenes de María
Inmaculada y San Juan Bautista de la Salle, que tanto anhelaba,
ya que cuatro meses después de su petición al obispado sería
llamado a filas por el gobierno francés para luchar en las más
cruentas batallas jamás vistas hasta entonces como fueron las de
la Primera Guerra Mundial y donde perdería la vida en combate a
la edad de cuarenta y dos años.
Los Estatutos y Reglamentos eran
de muy estricta observancia ya que para convertirte en
congregante admitido tenías que pasar por aspirante en admisión
ya que los estatutos establecían la existencia de tres
secciones; la primera, la de Aspirantes; la segunda, de
Congregantes Activos y la tercera Congregantes Honorarios.
Los Aspirantes, para hacerse
acreedores al título de Congregantes, tenían que adoptar las
siguientes prácticas piadosas:
1º- Rezar cada día una decena de
rosarios.
2º- Comulgar por lo menos una vez
al mes.
3º- Llevar constantemente sobre sí
el escapulario o la medalla que lo reemplaza.
4º- Asistir fielmente a la reunión
semanal de la Congregación motivándose las ausencias a las
mismas.
Dos meses después de su admisión
como aspirante tenía que solicitarse la admisión a Congregante
que, en el caso de ser admitido, se consagraban a la Virgen en
reunión solemne con la siguiente fórmula:
“¡Oh Señora Mía! ¡Oh Madre mía!
Yo “pronunciaba su nombre” me ofrezco todo a vos, y en prueba de
mi cordial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos,
mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy
todo vuestro ¡Oh Madre de bondad! Guárdame y defiéndeme como
cosa y posesión vuestra.”
La obligación como Congregante era
esforzarse en cumplir con más fidelidad las prescripciones
impuestas a los aspirantes y tomar la buena costumbre de la
comunión semanal.
Los Congregantes Honorarios eran
los ex alumnos del centro que quisieran seguir edificando su
espíritu en oblación a la Virgen María.
1920: El tinerfeño Santiago Beyro,
con motivo de la presentación del libro “Justicia y Caridad” del
Arcipreste Francisco Herráis, nos describe un día en el colegio
aruquense: “Recuerdo cuando visité el colegio que tan
acertadamente dirigen los nunca encomiados Hermanos de la
Doctrina Cristiana en Arucas. Me llamó la atención el empeño de
los niños en pasar el día con sus maestros, no siendo día
lectivo. En grupos alegres pugnaban penetrar por las ventanas
del edificio. Me cautivaban la paz, el cariño, la dulzura de
aquellos religiosos en medio de la algazara de los jóvenes”.
Finalizando: “Los Hermanos saben hacer amable la escuela,
éste es su gran secreto”.
El primero de febrero de 1928
sería nombrado Oficial de la Academia de Francia el Hermano
Director Francisco María Quemener conocido como Hermano Pablo.
Éste había ejercido en Arucas desde 1924 hasta 1930. El diploma
de dicho nombramiento aparece concedido por el Ministro de
Instrucción Pública y Bellas Artes Señor Herriot siendo además
el primer diploma, en su género, concedido por el entonces
gobierno francés, circunstancia ésta de gran valor. La Academia
Francesa fundada en 1635 está integrada en el Instituto de
Francia con otras cuatro Academias más; la de Lenguas Antiguas,
la Academia de Ciencias, la de Bellas Artes y la de Ciencias
Morales y Políticas. El fin de la misma es vigilar por el uso
correcto de la lengua francesa y realizar actos de Mecenazgo.
Fue fundada por iniciativa de Armand-Jean du Plessis conocido
por todos como el Cardenal Richelieu en 1634.
En mayo de 1931, recién inaugurada
la Segunda República en España y con motivo, precisamente, de la
celebración del patrono, se invitó, por parte de la dirección
del centro, al Cónsul de la República Francesa en Canarias.
La visita del Cónsul a Arucas fue
manipulada por un periódico monárquico el cual argumentó que la
orden religiosa instalada en Arucas había quedado, desde ese
momento, bajo el amparo de la República Francesa (el Cónsul de
Francia siempre era invitado a las fiestas del patrono).
Inmediatamente, el director del
Centro Hermano Theodras Rufino dirigió una atenta carta al medio
que participó, con sus malas intenciones, de provocar, en la ya
intranquila sociedad canaria, el recelo que se vivía por el
cambio de régimen vivido en España y en concreto en la
Península a todo lo concerniente con la Iglesia, la católica en
particular.
El Hermano Rufino escribió: “El
centro y la Comunidad están congratulados por la simpatía y
eficaz protección que ha gozado el colegio desde su fundación
por parte de las autoridades tanto provinciales como locales y
de la seguridad de que la seguirán disfrutando con la reciente
República Española.”
Pero el futuro no era tan
alentador como pensaba el Hermano Director ya que el gobierno
republicano, con su reciente aprobación de la Ley de
Congregaciones, hizo temer a la sociedad aruquense en julio de
1933 que el cierre de la fundación lasaliana en Arucas iba a ser
inminente.
El Colegio de La Salle en 1933
contaba con 250 alumnos, entre los de primera y segunda
enseñanza, librándose entre los padres de Gran Canaria
verdaderas batallas para obtener una plaza de interno en el
mismo dada la gran demanda de estas plazas, la limitación del
edificio y el reducido profesorado de la orden.
Por mucho que se diga de la
abnegada, paciente y silenciosa labor del colegio de San Juan
Bautista de La Salle de Arucas, sería poco para expresar la
realidad de aquellos instantes.
Los Hermanos habían formado en
Arucas a varias generaciones, desde su fundación en 1908, sin
sectarismo de ninguna especie, sin inculcación de determinadas
orientaciones políticas o sociales.
Arucas veía que toda esta labor se
perdería para siempre en virtud de la ya aludida Ley de
Congregaciones que obligaría la salida de Arucas de la orden que
durante veinte y cinco años había tenido la formación de la
juventud no sólo de Arucas sino de Gran Canaria.
Enseguida, Arucas se movilizó y
organizó un homenaje al profesorado del centro a pesar de los
recelos gubernativos hacia este tipo de actos…
Un padre, agradecido y emocionado,
escribió una carta a la prensa de la época en homenaje a los
Hermanos en los siguientes términos: “La abnegación, la
humildad y el desinterés de estos hombres se llevan las
simpatías de todos. Sin retribución alguna educan a infinidad de
niños pobres, entre los cuales vemos muchos cuyos padres
pertenecen a las más extremas y opuestas organizaciones
políticas.
Es el instinto paternal que
está por encima de todas las ideologías. A los hermanos se les
quiere y respeta por ese principio tan cristiano de humilde
igualdad en que enmarcan a todos los alumnos, ricos y pobres, de
mucho o corto entendimiento y venga de donde venga. Así es como
se captan adeptos; con bondades.
Yo, he educado a todos mis
hijos en vuestro colegio. Que vi morir en mis brazos al más
viejo como un santo, abrazado al crucifijo, confortado con la fe
que le inculcasteis, después de varios años de cruel enfermedad.
Que me recreo en la bondad y educación cristiana de los que me
quedan por eso os digo que admiro vuestra obra”.
En el 2008 el colegio celebró sus
100 años de historia con sencillas ceremonias. Por toda esa
bella historia por la cual nos proyectamos a través del tiempo
con la fuerza que le imprimen sus jóvenes alumnos/as que es
renovación de siempre y la savia humana de toda institución.
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«ESCLARECIMIENTO SOBRE EL CUADRO
DE FRANCISCO GOURIÉ,
OBRA DE NICOLÁS MASSIEU Y MATOS» © |
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Una vez pasadas las fiestas de San
Juan 2008 hemos vuelto a releer el programa de festejos, sobre
todo la parte dedicada a la galería de retratos de los
personajes ilustres de la ciudad de Arucas.
Hemos fijado la mirada, en
concreto, en el retrato de don Francisco Gourié Marrero, de
Tomás Gómez Bosch, pintado en 1963; pues bien, en el programa se
afirma que el primer retrato de Francisco Gourié, obra del
artista Nicolás Massieu y Matos (1931), “desapareció junto a
otros retratos en una sesión tumultuosa por los años de la
República”.
Para ser más concretos, hay que
decir que la “sesión tumultuosa” a la que se refieren en el
programa fue la celebrada el 28 de febrero de 1936 donde las
fuerzas del Frente Popular asaltaron el Ayuntamiento con la
intención de que dimitieran de sus cargos los concejales
derechistas y destitución del Alcalde Juan González Morán. Los
agitadores rompieron el mobiliario del Salón de Sesiones y otros
fueron arrojados a la calle y aquí es donde entra el cuadro de
Francisco Gourié, obra de Nicolás Massieu. Dicho cuadro fue
paseado hasta la calle y destruido con saña (Gentes e
Historias, Arucas 1936: Elecciones y Agitación Social,
Arucasdigital.com 2006).
Sí, destruido. En el programa se
afirma que el artista Tomás Gómez “siguió claramente la
filosofía de Nicolás Massieu” eso no fue así. Hoy les mostramos,
en exclusiva, aquel mítico cuadro para demostrarlo.
Nicolás Massieu pintó a un
Francisco Gourié mayor y enfermo, sentado con su bastón y
sombrero.
Las obras del maestro Massieu eran
muy naturales, afirmándose de sus retratos que por ellos se
puede conocer las facciones, el temperamento, el carácter, la
idiosincrasia, el alma del retratado. Y así pintó a Francisco
Gourié con su bastón y sombrero, con fondo luminoso en extremo.
Figuras de idénticas características tienen las composiciones
“Don Juan Melián Cabrera, 1929; Don Rafael González Hernández,
1929 y Bernardo Gil Roldán, 1945”.
Arucasdigital.com, preocupado por
la cultura y la verdad, les trae hoy aquella imagen que hará
cambiar los textos para que en programas futuros, referentes a
Francisco Gourié Marrero, no se vuelva a afirmar “Por desgracia,
de las características de este retrato sólo tenemos referencias
por la descripción que hizo el autor”.
Dedicamos este esclarecimiento a
todos nuestros lectores amantes de la Memoria Histórica, más aún
de todos los amantes de la intrahistoria del municipio, aquella
que está a la sombra de lo más conocido históricamente.
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«PODER Y MISERIA:
CACIQUES, CURAS Y CAMPESINOS
EN EL BAÑADEROS REPUBLICANO» © |
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El pueblo aruquense de Bañaderos
contaba en los años treinta del siglo pasado con unos mil
quinientos vecinos. La ocupación única de sus habitantes era la
agricultura.
Con constancia y laboriosidad, en
su afán de nobleza, Bañaderos, al igual que otros barrios de
Arucas, hacía sus cultivos en llanuras, escalando las faldas de
las montañas plantando plataneras y tuneras que en unión de
otros productos, constituían la riqueza del pago. Pero su más
firme economía era la producción platanera y la cochinilla.
El plátano en 1933 costaba entre
tres y nueve pesetas; en cambio, la cochinilla, fuente de
riqueza en otros tiempos, contaba en aquellos momentos con una
situación poco ventajosa en los mercados.
El quintal de cochinilla fresca se
vendía a sesenta y cinco pesetas y la seca a ciento sesenta.
Diez años antes el valor de ésta en el mercado era de quinientas
pesetas.
La crisis exportadora y una pertinaz sequía tenían muy
preocupada a la población de esta importante zona agrícola no
sólo del municipio de Arucas sino de la isla de Gran Canaria.
Los principales exportadores del
Bañaderos de los años treinta fueron Andrés Marrero, Antonio
Morán Hernández, Juan Marrero Marrero, Juan Suárez Marrero y
Juan Ponce Castellano. En la exportación de la cochinilla
destacaron Pedro y Francisco García.
Bañaderos contaba con dos fuentes
de agua potable: la del “Peñón”, en San Andrés-Quintanilla, y
“El Porrón”.
A las nueve de la noche del día
veintinueve de junio de 1930 Bañaderos estrenaba nuevo salón de
bailes en el local del recién estrenado cine Alfonso XIII. En el
acto de la inauguración del mismo se entregó para el baile
inaugural una pianola que sería la que pondría música a las
películas exhibidas en dicho cine. Fue su propietario Juan
Cabrera de Armas.
A finales de 1932 se construyó el
camino vecinal que uniría Bañaderos y Trapiche ejecutado por
cuenta del Ayuntamiento de Arucas y el Cabildo de la isla. Dicha
construcción, además de facilitar las comunicaciones entre
dichos barrios, facilitaba, también, el rápido transporte de los
abundantes productos de las ricas zonas agrícolas que atravesaba
resolviendo, temporalmente, el serio conflicto del paro obrero
forzoso cuyas consecuencias se sentían en varios hogares
humildes y honrados.
Una de las muchas aspiraciones de
este pueblo era contar con un puerto desde hacía mucho tiempo en
proyecto y sin que las Corporaciones u organismos, llamados a
resolver el expediente, se movieran mucho en ese sentido.
Que sepamos, el primer proyecto de
construcción de un puerto en la costa de Bañaderos data de 1913
defendido en el Congreso de los Diputados por el diputado Gran
Canario Leopoldo Matos Massieu (Nació en Las Palmas de Gran
Canaria el 6 de agosto de 1878. Abogado, representó en las
Cortes a Gran Canaria desde las elecciones del 8 de mayo de
1910, fue Ministro de Trabajo, Fomento y Gobernación. También
ostentó el cargo de Abogado de la Casa Real. Murió asesinado por
los milicianos republicanos el 4 de septiembre de 1936 en el
fuerte Guadalupe, en Fuenterrabía, Guipúzcoa) el cual sería
felicitado por las sociedades “Círculo Agrícola y Comercial” y
“Sociedad de Trabajadores” por haber contribuido a desenterrar
el expediente olvidado en el Ministerio de Fomento.
El diputado contestaría a las
citadas sociedades aruquenses: “Les agradezco la atención que
han tenido conmigo sobre este asunto y auguro, para en un plazo
no lejano, la realización de la magna obra, que será de tan
útiles resultados para el desarrollo del comercio y de la
agricultura de esta zona Norte de la isla”.
Sobre el puerto de Bañaderos se
hicieron posteriores informes donde se llega a la conclusión
que, aparte de costoso, no sería útil para embarcar sino una
parte del año; su construcción conduciría a atomizar la acción
tutelar del Estado, repartiendo su atención entre otros muchos
puertos de la isla, con los consiguientes gastos y en perjuicio
del magnífico Puerto de la Luz; por último, las operaciones de
carga de los vapores, habrían que hacerse con trasbordo en el
Puerto de la Luz retrasando su salida, teniendo que tocar en dos
puntos. Esto, unido a los consiguientes aumentos de gastos de
conservación, utillaje, trabajadores, vigilantes, etc.
También se proyectó un ferrocarril
que uniese la Costa de Lairaga, desde San Felipe, al pie de la
Cuesta de Silva, con el Puerto de la Luz. Contra este proyecto
de ferrocarril costero se argumentó que era corto su recorrido,
que habría de importar grandes sumas de dinero y que no tendría,
seguramente, tráfico suficiente para grandes unidades, lo que
haría muy costosa su explotación. Pero, lo que sí saldría
adelante para paliar el paro fue la construcción de la carretera
Bañaderos - Puerto de la Luz.
La construcción de esta carretera
representaría economizar en tiempo, dinero y molestias.
Atravesaría una zona, por aquel entonces sin comunicación por
carretera, como era la comprendida entre El Rincón, Casa Ayala,
Tinoca, Rosa Silva, Los Majanos, Cebolla, El Guincho, etc. Todo,
terreno bueno y susceptible de incrementar de manera
considerable la riqueza agrícola de Arucas. Junto al proyecto de
la carretera se adjuntó que la zona sería, desde el punto de
vista turístico, un formidable mirador al océano ya que en
algunos sitios habría de ser un verdadero balcón sobre el mar.
La carretera Bañaderos - Puerto de la Luz habría de ser
completada con la construcción de dos ramales: uno, partiendo de
ella en Casa Ayala enlazase con la del Norte en Tenoya, cuyo
ramal ya lo había estudiado la Oficina Técnica del Cabildo
Insular y un segundo ramal, que enlazase la carretera
proyectada, con Montaña Cardones. De esta manera se tendría,
entre el Norte de la isla y el Puerto de la Luz, una
comunicación más rápida, cómoda y económica, que la que había
hasta el momento.
Bañaderos contó en los años
treinta con dos sociedades: “La Sociedad Obrera de Instrucción y
Recreo Bañaderos”. En 1934 fue Presidente de Recreo de ésta Luis
del Rosario Vega, destacado dirigente del PSOE en Arucas y
miembro fundador del Círculo Socialista de Bañaderos, fue su
Presidente Domingo Santana González y el “Círculo Recreativo de
Bañaderos” inaugurado el 26 de enero de 1935 siendo su primer
Presidente el vecino de Bañaderos Ceferino Suárez Medina. Dicha
inauguración fue amenizada por la famosa orquesta “Padilla” de
Las Palmas de Gran Canaria.
Dentro de una Arucas
predominantemente rural los grandes propietarios pronto
implantaron el sistema caciquil. Su posición económica les hacía
poder pagar a mucha gente (Sindicato Amarillo - Unión Agraria)
para controlar el voto e incluso capaces de intimidar a sus
convecinos para que las cosas transcurrieran según los deseos
del “Jefe Local” de turno. Pero pronto, el pueblo de Bañaderos,
harto de injusticias y engaños, se levantó en protesta para
derrotar a los caciques. Todo comenzó con la muerte del cura
párroco don Eusebio Hernández León el 12 de diciembre de 1933.
Éste estuvo al frente de la parroquia de San Pedro de Bañaderos
cuarenta y cuatro años. Sus ideas liberales de trato igual para
todos hicieron de su entierro un encuentro de personas de
diversos pensamientos políticos y desde luego de todas las
clases sociales.
La Parroquia de San Pedro Apóstol
de Bañaderos comenzó su construcción en 1878 finalizando las
obras en 1901. Se creó por Real Orden de fecha 19 de julio de
1882 y comunicada al obispo de esta Diócesis José Proceso
Pozuelo y Herrero, el documento dice así: “Su Majestad el Rey
Alfonso XII, tuvo a bien conceder el establecimiento de una
Parroquia Rural de Primera Clase bajo la advocación del Santo
Apóstol San Pedro”.
Después de la muerte de don
Eusebio vendría a sustituirlo, temporalmente, el cura Manuel
Báez Arencibia, por aquel entonces párroco del Trapiche. Pronto,
el pueblo de Bañaderos lo acogió como si fuese el nuevo párroco,
según ellos porque “se mostraba como un verdadero republicano
y no se prestaba a los manejos de los caciques”.
Los caciques, disconformes con
estas cualidades del joven cura, viendo que no podían ganárselo,
fueron al Obispado a pedir su sustitución. Enterado el pueblo de
este movimiento, nombró una comisión que se entrevistaría con el
Secretario del Obispado don Alejandro Ponce y con el Obispo
presentándole una respetuosa solicitud con 3.500 firmas de los
vecinos, pidiéndole que no retirara al cura Báez y que éste
fuese nombrado cura-párroco de San Pedro de Bañaderos.
A los pocos días, 11 de marzo de
1934, desde el Obispado se ordena a Manuel Báez dejar de atender
la parroquia de Bañaderos.
Indignado el vecindario con la
forma de proceder del Obispo, nuevamente se presenta la Comisión
en el Palacio Episcopal el 2 de abril a pedir el reingreso del
cura Báez a Bañaderos. Éstos fueron recibidos por el Secretario
siendo informados que desistieran de sus propósitos y que él ya
había nombrado para ocupar la parroquia de Bañaderos a don
Francisco González Vega, Coadjutor por aquel entonces de la
parroquia de Tafira.
La Comisión tomaría la decisión de
entrevistarse con el Gobernador Civil, Arturo Armenta, rogándole
su intervención en el asunto para evitar una alteración del
orden público porque el pueblo estaba dispuesto a levantarse en
protesta y no permitir la entrada al cura nombrado por el
obispado.
El Gobernador accedió a mediar en
el asunto ante el obispo pero el obispado ya había tomado una
decisión irrevocable: la parroquia seguiría cerrada al culto
hasta la toma de posesión del nuevo párroco.
Un día se presentaron en la
iglesia de Bañaderos, para preparar la toma de posesión del cura
Vega, el párroco de San Andrés y el de Montaña Cardones.
Inmediatamente, el pueblo les salió al paso exigiéndoles que
entregaran las llaves de la parroquia a la comisión de vecinos.
Uno de ellos la entregó para luego los vecinos dejarla en el
Gobierno Civil de Las Palmas.
Pronto empezó a circular la
noticia “hoy llega el cura de la Vega” presentándose en el
pueblo tres números de la Guardia Civil. A las dos de la tarde
llegaría el sacerdote Francisco González Vega con su familia en
un coche y una camioneta con sus muebles. Los vecinos comenzaron
a reunirse para protestar por tal “manejo caciquil”.
A los grandes propietarios les
parecía poco los tres fusiles de los Guardias Civiles y los dos
de los municipales destinados en Bañaderos solicitando éstos más
guardias a Arucas. Dicha solicitud fue aceptada por las
autoridades ordenando el envió de fuerzas de refuerzo.
Al atardecer la Comisión de
Vecinos se reunió y viajaron a Las Palmas a darle cuenta al
Gobernador Civil de lo que ocurría en el pueblo.
Son
las nueve de la noche y llega la Comisión que es recibida y
rodeada por la masa popular ansiosa de saber qué noticias
traían.
Un miembro de la Comisión pidió
permiso al cabo de la Guardia Civil para hablar al pueblo,
siendo autorizado, “Señores, dijo, vayan tranquilamente a sus
casas que no pasará nada; mañana, llegará a Bañaderos el
Comisario de Policía que traerá órdenes del Gobernador para
resolver el asunto”.
Todo el mundo se retiró a sus
casas; hombres, mujeres y niños, todos, a excepción de unos
cuantos hombres que se quedaron vigilando por si los caciques
iban a hacer algún daño para luego atribuírselo a los vecinos
del pueblo.
Al amanecer llega el Comisario,
entrando en la casa donde se hospedaba el párroco Francisco
González, dando órdenes para buscar una camioneta para llevarse
los muebles del cura. Cargados los muebles, sale también otro
coche con el cura y la familia que se van, sin haber permanecido
24 horas en Bañaderos.
Algunos vecinos aplaudían y uno
expresó: “Quizás fuera mejor que no apareciera ninguno así
nos ahorramos los cuartos de los entierros y funerales, y las
dos naves de la iglesia, estarían de primera para una escuela
pública mixta que bastante falta que hace en el pueblo”.
Quisieran o no los vecinos, el
nombramiento del párroco estaba hecho y “de derecho” don
Francisco González Vega era el párroco de Bañaderos.
El 12 de octubre de 1934, ya
pasado un tiempo de los sucesos en Bañaderos, el obispado
enviaría la siguiente carta al Teniente Coronel de la Caja de
Recluta Nº 60 de Las Palmas pidiendo su intervención con la
excusa de realizar los listados de mozos: “Cerrada desde
algún tiempo la iglesia y Casa Rectoral de Bañaderos y la llave
en la Comisaría del Gobierno Civil de la Provincia por la
oposición de algunos elementos a que entre y ejerza el
ministerio el sacerdote designado por la autoridad eclesiástica,
tenemos el honor de manifestar a VI que obtenidas las
facilidades necesarias, que rogamos, el aludido sacerdote u otro
que designemos, se constituya en la Casa Rectoral para dar
cumplimiento a la relación de mozos”.
Caja de Recluta Nº 60 de Las
Palmas al obispado:
“El ilustrísimo Sr. Obispo de
Canarias en esta plaza en escrito cuya copia tengo el honor de
remitir a VS interesa que para la presentación del servicio que
se le ha interesado por esta Junta precisa que se le facilite la
llave de la iglesia de Bañaderos al sacerdote que nombre y que
radica en la Comisaría del Gobierno Civil y se nombre un
servicio de protección. Lo que tengo el honor de participar a VS
por si tiene a bien acceder a lo que solicita.
Lo que tengo el honor de
participar a VI a fin de que el sacerdote que nombre a tal
efecto se presente en la Comandancia Militar donde le serán
facilitadas las llaves de la repetida iglesia y protección
necesaria”.
El párroco Francisco González
volvería a Bañaderos sin ningún problema celebrándose el día
primero de diciembre de 1934 un solemne Novenario en sufragio de
las ánimas del purgatorio. Durante nueve días se repartieron
3.000 comuniones volviendo la normalidad al pueblo.
El 11 de enero de 1935, pasados ya
casi diez meses del cierre de la parroquia de Bañaderos y no
habiéndose hecho uso del archivo parroquial, don Francisco
González Vega enviaría una carta al obispado en los siguientes
términos:
“Francisco González Vega,
Presbítero-Cura Ecónomo de la Parroquia de San Pedro Apóstol de
los Bañaderos, a VI con el debido respeto expone:
Que habiendo fallecido en el
seno de la Iglesia varios feligreses de esta parroquia, en el
tiempo que permaneció cerrada con sentimiento de todo buen
católico, sin recibir sepultura eclesiástica y conviniendo a
esta parroquia dar asiento a las partidas de defunción, así como
la anotación de los bautismos celebrados en las parroquias de
San Isidro de Montaña Cardones y San Juan de Arucas de los niños
pertenecientes a esta feligresía. Suplica a VI se digne
autorizarme para que pueda dar asiento a las partidas de
defunción y anotación de bautismos”.
Pese a ser una “revuelta”
protagonizada esencialmente por campesinos y jornaleros pobres,
que exigían un “cura republicano”, algunos cabecillas de la
misma fueron militantes de izquierda siendo posible la
influencia del poderoso Círculo Socialista de Bañaderos en esta
historia de luchas por el poder entre tanto paro y miserias.
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«ANTICLERICALISMO EN
ARUCAS» ©
PROTESTA ECLESIÁSTICA Y MOVILIZACIÓN GUBERNATIVA |
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Con la llegada en 1884 a la Villa
de Arucas de ingenieros franceses para trabajar en la recién
inaugurada fábrica azucarera de San Pedro y aprovechando la
España liberal se difundió, ocasionalmente, en nuestro municipio
rudimentarias corrientes de la doctrina del libre pensamiento.
En esa situación el papel de la
Iglesia estuvo siempre al lado de los defensores del Viejo
Régimen y en ese mismo frente contra el nuevo orden que creaba
el liberalismo.
La Revolución Liberal (Cortes de
Cádiz) y las sucesivas desamortizaciones hicieron que las
relaciones Iglesia-Estado se deteriorasen mucho hasta que en
1851 la reina Isabel II volvió a restablecer las relaciones
Iglesia-Estado a través de la firma de un Concordato (Tratado
entre la Santa Sede y el gobierno de un Estado).
La llegada de franceses a la Villa
fue vista con recelo por los partidarios del Antiguo Régimen que
llegaron a publicar y preguntarse si se querrá introducir la
irreligión y la inmoralidad por medio de la máquina azucarera de
San Pedro gracias a los “gabachos”, sí gabachos, no hay palabra
más adecuada ya que es la palabra con que nuestros padres
designaban a los franceses en la Guerra de la Independencia.
Tanta desconfianza surgió el 14 de
julio de 1884 el cual fue elegido por el Ingeniero Industrial
francés Enrique Gerand para celebrar en su casa la fiesta
aniversario de la toma de la Bastilla inicio de la Revolución
Francesa en 1789. Esta fiesta motivó todo tipo de calumnias
contra el caballero francés al que se le acusó de haber dado
¡Vivas! a la República y a Voltaire y se había blasfemado el
nombre de Dios en su fiesta inmoral y atea. Estas calumnias
fueron desmentidas por el Alcalde de Arucas Manuel del Toro
donde declaró que “no hubo blasfemias ni vivas a Voltaire y el
baile se disolvió pacífica y tranquilamente”.
Tres meses más tarde, y en
concreto la noche del 21 de octubre de aquel 1884, Arucas se
convertiría a los ojos de la Iglesia en mártir según ésta por
culpa de las nuevas ideas liberales.
Eran las once de la noche cuando
el clérigo Teófilo Darías Padilla se encontraba en la casa
parroquial de Arucas para descansar de un largo día de visitas a
feligreses de la Villa cuando oyó un ruido en el tejado. Éste
creyó que habían tirado una piedra pero, bien pronto, una fuerte
explosión le dio a entender la verdad del caso, le habían tirado
un cartucho de dinamita. Eran frecuentes los atentados que venía
sufriendo el párroco cuya casa fue varias veces apedreada sin
que se diera con el autor o autores. La dinamita hizo su efecto.
El techo de la casa parroquial se vino abajo y fue tan fuerte el
estruendo que éste se oyó por toda la Villa.
Don Teófilo salió bien parado de
la explosión ya que no sufrió heridas de consideración.
Enseguida muchos ciudadanos hicieron acto de presencia
reclamando en nombre de la Católica Villa de Arucas celo, mucho
celo y actividad para prevenir tan bárbaros atentados de los
cuales se hacen responsables ante Dios y ante la opinión
Católica de Gran Canaria las autoridades desidiosas y
descuidadas pidiendo además actividad para reprimir el hecho
criminal.
Al día siguiente, en el Juzgado de
la Villa, el letrado Rafael Lorenzo y García instruye, con gran
actividad, las diligencias sumariales en averiguación del autor
o autores del atentado cometido en Arucas contra el párroco.
Enterado el Delegado del Gobierno
de Su Majestad del atentado criminal contra la casa parroquial
envió un oficio al Alcalde de Arucas donde se le hacía las
debidas amonestaciones por no haber dado cuenta a dicha
Autoridad Gubernativa inmediatamente de consumado el hecho.
Por aquel entonces se encontraba
al frente de la Diócesis de Canarias el Obispo José Proceso
Pozuelo y Herrero (1879-1890). Uno de sus biógrafos lo define
como “hombre de acusada personalidad, dotado de voluntad fuerte,
entregado al trabajo y a una lucha constante por lo que él
considera defendible”. Otro lo había definido como “un obispo
integrista, granítico monolitismo doctrinal”.
Con la excusa del atentado en
Arucas no tardaría en culpar del delito a los liberales con su
Carta Pastoral titulada “Videte, vigilate et orate” (estad
alerta, velad y orad) según él “sobre la adulteración de la fe y
los falsos católicos que atacan el poder temporal del Papa,
prensa, libros, sobre todo las publicaciones del liberalismo
grosero y repugnante”. Fue considerada como una declaración de
guerra contra el Régimen.
José Proceso escribiría el 28 de
octubre:
“La Iglesia en averiguación del
autor o autores del delito perseguido por la justicia contra
unos de sus ministros, le interesa el honor de Gran Canaria y de
la Villa de Arucas en donde nunca se han cometido delitos tan
horrendos y tan perturbadores del sosiego de las familias. Le
interesan la independencia y los fueros de toda clase de
autoridades que podrían verse mañana molestadas y cohibidas en
el ejercicio de sus legítimas atribuciones por el temor de que
se repitan hechos semejantes al que ahora se persigue. Le
interesan por último la paz, la quietud y el bienestar de los
ciudadanos de toda clase y condición que podrán verse atacados
por motivos ruines de venganzas de la manera infame, eficaz y
traidora que proporciona la dinamita”.
Este oficio se mandó a leer con
“voz clara y distinta” al pueblo desde el púlpito en la Misa de
Alba y en la Misa Mayor del domingo.
Durante los días posteriores, el
sacerdote Fernando Lorenzo exhortaría a los vecinos de la Villa
de Arucas a través de una carta a denunciar si sospechaban de
alguien imitando así a los antiguos Edictos de Fe decretados por
la Inquisición abolida cincuenta años antes, en concreto en
1834. El Edicto de Fe era una invitación a la denuncia siendo
uno de los medios principales en los que se basó la acción
inquisitorial en España convirtiendo a los ciudadanos en agentes
colaboradores del Santo Oficio, en este caso de la Iglesia más
reaccionaria del momento.
La carta leída en la parroquia de
Arucas decía:
“Con vivísimo dolor de nuestro
corazón, por el escandaloso, anti-religioso y anti-social hecho
que se ha llevado a cabo, con sorpresa y pasmo de esa religiosa
Villa en la noche del día 21 del presente en la casa habitación
del señor cura ecónomo Teófilo Darías y Padilla.
Este escándalo venía ya
precedido de otros hechos que suponen que un plan combinado y
diabólico, que tiene por objeto la persecución de un ministro
digno de la Iglesia y que ejerce en esa feligresía el
importantísimo cargo de cura.
Semejantes atentados son
indignos de un pueblo religioso y culto y es posible que
atraigan sobre él, además de la ira y la indignación de Dios
nuestro Señor, la supresión de las funciones religiosas y de
actos del culto, con arreglo a lo que sabia y justamente
prescriben los Sagrados Cánones.
Es obligación de todo ciudadano
impuesta por la ley civil y por los principios que forman la
conciencia cristiana el declarar cuanto sepan, cuando sean
interrogados por los que representan la administración de
justicia o cualquiera otra legítima autoridad.
Desde el Obispado se ordena
además de darle lectura desde el púlpito en las misas de alba y
mayor a este escrito y he dado a leer a varias personas en
particular circulándole la precisa e indispensable necesidad de
declarar en conciencia lo que sepan sean o no interrogados en
virtud del deber que les liga con la autoridad pública, mucho
más tratándose de un hecho tan horrendo y perturbador y de
consecuencias tan transcendentales como el presente”. Villa de
Arucas octubre 28 del 1884.
Nada se supo del autor o autores
del atentado.
Los aruquenses siempre fueron muy
devotos pero las circunstancias políticas y el contexto
religioso-social que se daban en la España de finales del Siglo
XIX y el pontificado de José Pozuelo en nuestra Diócesis,
contrario a una armonización del pensamiento liberal con las
enseñanzas de la Iglesia, se presentaban difíciles, realmente
difíciles para cualquier hombre de Iglesia.
Imagen: José Proceso
Pozuelo y Herrero, Obispo de Canarias (1879-1890)
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«ARUCAS, Y LA VISITA
DEL NUNCIO DEL PAPA TEDESCHINI» ©
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El 1 de julio de 1930 la capital
de Gran Canaria se vestía de gala para recibir al Nuncio de su
Santidad en España Federico Tedeschini (1873-1959).
Diplomático Pontificio, nació en
Antrodoco - Italia, el 12 de octubre de 1873. Al subir al
“trono” Benedicto XV, Tedeschini fue nombrado sustituto de la
Secretaría de Estado, Secretario de Cifra y Consultor del Santo
Oficio.
El Papa Benedicto XV, para
premiar sus servicios en la Curia Romana, lo nombra Arzobispo de
Lepanto el 30 de abril de 1921 y Nuncio de la Santa Sede en
España, cargo que ostentó hasta 1936.
Una multitud emocionada esperaba
en el muelle a la vez que una numerosísima comitiva de
autoridades civiles, militares y religiosas formaban, a ambos
lados, donde desembarcaría el Nuncio.
La representación de Arucas estuvo
encabezada por el marqués de Arucas Ramón Madán.
Mientras, Arucas se preparaba para
recibir a tan ilustre huésped levantando arcos triunfales y
engalanando balcones y fachadas con banderas españolas y
vaticanas.
Al desembarcar del cañonero
“Canalejas”, puesto a su disposición por el gobierno de Su
Majestad Alfonso XIII, se formó un gran revuelo y entre gritos
de ¡viva el Nuncio! y salvas de honor se trasladaría a la
Catedral acompañado de los obispos de Tenerife Fray Albino
González Menéndez y de Canarias Miguel Serra y Sucarrats.
Tedeschini, como Nuncio del Papa
en años difíciles para España, tuvo que lidiar con el gobierno
republicano (laico) y luego con los generales que prepararon el
Alzamiento Nacional del 18 de julio.
En los años de la república ya era
más que conocida su aversión a los regionalismos tanto vasco
como catalán.
En 1928, en plena dictadura de
Primo de Rivera, llegó a dictar unos decretos castigando delitos
(inexistentes) del clero catalán como, supuestamente, negar la
absolución a los que confesaban en castellano.
Los obispos catalanes declararon
la verdad y, al caer la dictadura de Primo de Rivera, aquellos
decretos se retiraron con lo que el Nuncio quedó en entredicho.
La ultraderecha tampoco perdonaría
a Tedeschini que, como Nuncio, siguiendo instrucciones de la
Secretaría de Estado, hubiese tratado de conciliar el Vaticano
con la República.
Una vez terminados los Oficios
religiosos en la Catedral, Tedeschini y las autoridades de la
isla seguirían visitando el ayuntamiento capitalino.
El 3 de julio la gente seguía
asistiendo, en masa, a la Plaza de Santa Ana de Las Palmas para
ver al representante del Papa. Este día emprendería una
excursión por las localidades del interior de la isla.
Arucas ya estaba preparada. La
gente se preguntaba por dónde vendría, hasta que se supo que por
la carretera de Teror a Arucas, ya que después de visitar la
Basílica del Pino de regreso a Las Palmas estaría unas horas en
Arucas.
A lo largo del camino la gente
humilde se suma a la fiesta embelleciendo con guirnaldas de
papel, modestos tributos de afectos más conmovedores, si cabe,
por su humildad.
Al grito de ¡ya viene! los vecinos
comienzan a agruparse en la calle de entrada a la iglesia entre
un gran estruendo de voladores.
Eran las tres de la tarde cuando
Tedeschini entró en Arucas triunfalmente. La comitiva paró en
los laterales de la iglesia donde fueron recibidos por las
autoridades locales encabezada por el Alcalde Antonio Rodríguez
Uribe.
Al descender del coche el ilustre
visitante, la banda de música tocó la Marcha Real (Himno
Nacional), millares de voladores ensordecieron el espacio y
repicaron las campanas.
El delegado pontificio bendijo las
filas de niños y niñas de las escuelas nacionales, los del
colegio de La Salle y al público que agitaba banderitas de papel
entrando en la iglesia, bajo palio, cuyos varales llevaban los
hermanos de la Cofradía del Carmen en unión de los obispos de
las diócesis Nivariense y Canarias, ilustres acompañantes, el
Párroco de Arucas Francisco Cárdenes, el Coadjutor Francisco
Hidalgo, el Presbítero Pedro Marcelino Quintana y el Párroco de
Montaña Cardones José Déniz Rodríguez.
La tarde penetraba a raudales por
los ventanales de la iglesia de San Juan Bautista invadiendo el
templo dorado por el sol.
Lleno de emoción por el gran
recibimiento que se le había dispensado en Arucas desde el altar
dirigió el siguiente discurso a la multitud ingente que invadía
el templo:
“Queridísimos Hermanos:
correspondo con toda mi alma al saludo que me ha hecho vuestro
digno alcalde. Agradezco con toda mi alma, vuestro afecto a la
persona del representante del Papa. Acabo de llegar de Teror
donde he contemplado a la dulce Reina de Canarias cuya
protección se extiende sobre esta Vega privilegiada. He admirado
las riquezas que posee esta simpática ciudad de Arucas, emporio
de riqueza de la isla, que parece un nuevo paraíso.
Os felicito a todos, a vosotros
próceres de Arucas, al pueblo todo, tan católico y entusiasta
que habéis levantado este hermoso templo que es vuestro orgullo
y lo será de vuestros hijos. Muchos templos posee España, ricos
en artes, pero son obras del Siglo de Oro de nuestra raza, pero
como templo de construcción moderna ninguno he visto mejor que
el vuestro. Os bendigo a todos, grandes y pequeños. Sed siempre
fieles a la generosidad de Dios y seréis felices aquí y en el
cielo”. Impartiendo al final del discurso la bendición al
pueblo.
Luego, saldría a la calle hasta
llegar a la Plaza de San Sebastián desde donde contemplaría,
entre incesantes vítores y aclamaciones, el soberbio aspecto de
la ciudad.
Antes de volver al coche para
iniciar el regreso a Las Palmas, Federico Tedeschini, el hombre,
se quedó contemplando la iglesia de San Juan Bautista un largo
rato y no pudo menos que exclamar: “¡Qué bellamente se eleva a
Dios!”. Y en tan pocas palabras lo dijo todo.
FOTOGRAFÍA: Autoridades con el Nuncio en la Plaza de San
Sebastián (actualmente Plaza de la Constitución).
1. Federico Tedeschini.
2. Obispo Miguel Serra y Sucarrats. 3. Alcalde
Antonio Rodríguez Uribe. 4. José Déniz Rodríguez
(Párroco de Montaña Cardones).
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