
El pueblo aruquense de Bañaderos
contaba en los años treinta del siglo pasado con unos mil
quinientos vecinos. La ocupación única de sus habitantes era la
agricultura.
Con constancia y laboriosidad, en
su afán de nobleza, Bañaderos, al igual que otros barrios de
Arucas, hacía sus cultivos en llanuras, escalando las faldas de
las montañas plantando plataneras y tuneras que en unión de
otros productos, constituían la riqueza del pago. Pero su más
firme economía era la producción platanera y la cochinilla.
El plátano en 1933 costaba entre
tres y nueve pesetas; en cambio, la cochinilla, fuente de
riqueza en otros tiempos, contaba en aquellos momentos con una
situación poco ventajosa en los mercados.
El quintal de cochinilla fresca se
vendía a sesenta y cinco pesetas y la seca a ciento sesenta.
Diez años antes el valor de ésta en el mercado era de quinientas
pesetas.
La crisis exportadora y una pertinaz sequía tenían muy
preocupada a la población de esta importante zona agrícola no
sólo del municipio de Arucas sino de la isla de Gran Canaria.
Los principales exportadores del
Bañaderos de los años treinta fueron Andrés Marrero, Antonio
Morán Hernández, Juan Marrero Marrero, Juan Suárez Marrero y
Juan Ponce Castellano. En la exportación de la cochinilla
destacaron Pedro y Francisco García.
Bañaderos contaba con dos fuentes
de agua potable: la del “Peñón”, en San Andrés-Quintanilla, y
“El Porrón”.
A las nueve de la noche del día
veintinueve de junio de 1930 Bañaderos estrenaba nuevo salón de
bailes en el local del recién estrenado cine Alfonso XIII. En el
acto de la inauguración del mismo se entregó para el baile
inaugural una pianola que sería la que pondría música a las
películas exhibidas en dicho cine. Fue su propietario Juan
Cabrera de Armas.
A finales de 1932 se construyó el
camino vecinal que uniría Bañaderos y Trapiche ejecutado por
cuenta del Ayuntamiento de Arucas y el Cabildo de la isla. Dicha
construcción, además de facilitar las comunicaciones entre
dichos barrios, facilitaba, también, el rápido transporte de los
abundantes productos de las ricas zonas agrícolas que atravesaba
resolviendo, temporalmente, el serio conflicto del paro obrero
forzoso cuyas consecuencias se sentían en varios hogares
humildes y honrados.
Una de las muchas aspiraciones de
este pueblo era contar con un puerto desde hacía mucho tiempo en
proyecto y sin que las Corporaciones u organismos, llamados a
resolver el expediente, se movieran mucho en ese sentido.
Que sepamos, el primer proyecto de
construcción de un puerto en la costa de Bañaderos data de 1913
defendido en el Congreso de los Diputados por el diputado Gran
Canario Leopoldo Matos Massieu (Nació en Las Palmas de Gran
Canaria el 6 de agosto de 1878. Abogado, representó en las
Cortes a Gran Canaria desde las elecciones del 8 de mayo de
1910, fue Ministro de Trabajo, Fomento y Gobernación. También
ostentó el cargo de Abogado de la Casa Real. Murió asesinado por
los milicianos republicanos el 4 de septiembre de 1936 en el
fuerte Guadalupe, en Fuenterrabía, Guipúzcoa) el cual sería
felicitado por las sociedades “Círculo Agrícola y Comercial” y
“Sociedad de Trabajadores” por haber contribuido a desenterrar
el expediente olvidado en el Ministerio de Fomento.
El diputado contestaría a las
citadas sociedades aruquenses: “Les agradezco la atención que
han tenido conmigo sobre este asunto y auguro, para en un plazo
no lejano, la realización de la magna obra, que será de tan
útiles resultados para el desarrollo del comercio y de la
agricultura de esta zona Norte de la isla”.
Sobre el puerto de Bañaderos se
hicieron posteriores informes donde se llega a la conclusión
que, aparte de costoso, no sería útil para embarcar sino una
parte del año; su construcción conduciría a atomizar la acción
tutelar del Estado, repartiendo su atención entre otros muchos
puertos de la isla, con los consiguientes gastos y en perjuicio
del magnífico Puerto de la Luz; por último, las operaciones de
carga de los vapores, habrían que hacerse con trasbordo en el
Puerto de la Luz retrasando su salida, teniendo que tocar en dos
puntos. Esto, unido a los consiguientes aumentos de gastos de
conservación, utillaje, trabajadores, vigilantes, etc.
También se proyectó un ferrocarril
que uniese la Costa de Lairaga, desde San Felipe, al pie de la
Cuesta de Silva, con el Puerto de la Luz. Contra este proyecto
de ferrocarril costero se argumentó que era corto su recorrido,
que habría de importar grandes sumas de dinero y que no tendría,
seguramente, tráfico suficiente para grandes unidades, lo que
haría muy costosa su explotación. Pero, lo que sí saldría
adelante para paliar el paro fue la construcción de la carretera
Bañaderos - Puerto de la Luz.
La construcción de esta carretera
representaría economizar en tiempo, dinero y molestias.
Atravesaría una zona, por aquel entonces sin comunicación por
carretera, como era la comprendida entre El Rincón, Casa Ayala,
Tinoca, Rosa Silva, Los Majanos, Cebolla, El Guincho, etc. Todo,
terreno bueno y susceptible de incrementar de manera
considerable la riqueza agrícola de Arucas. Junto al proyecto de
la carretera se adjuntó que la zona sería, desde el punto de
vista turístico, un formidable mirador al océano ya que en
algunos sitios habría de ser un verdadero balcón sobre el mar.
La carretera Bañaderos - Puerto de la Luz habría de ser
completada con la construcción de dos ramales: uno, partiendo de
ella en Casa Ayala enlazase con la del Norte en Tenoya, cuyo
ramal ya lo había estudiado la Oficina Técnica del Cabildo
Insular y un segundo ramal, que enlazase la carretera
proyectada, con Montaña Cardones. De esta manera se tendría,
entre el Norte de la isla y el Puerto de la Luz, una
comunicación más rápida, cómoda y económica, que la que había
hasta el momento.
Bañaderos contó en los años
treinta con dos sociedades: “La Sociedad Obrera de Instrucción y
Recreo Bañaderos”. En 1934 fue Presidente de Recreo de ésta Luis
del Rosario Vega, destacado dirigente del PSOE en Arucas y
miembro fundador del Círculo Socialista de Bañaderos, fue su
Presidente Domingo Santana González y el “Círculo Recreativo de
Bañaderos” inaugurado el 26 de enero de 1935 siendo su primer
Presidente el vecino de Bañaderos Ceferino Suárez Medina. Dicha
inauguración fue amenizada por la famosa orquesta “Padilla” de
Las Palmas de Gran Canaria.
Dentro de una Arucas
predominantemente rural los grandes propietarios pronto
implantaron el sistema caciquil. Su posición económica les hacía
poder pagar a mucha gente (Sindicato Amarillo - Unión Agraria)
para controlar el voto e incluso capaces de intimidar a sus
convecinos para que las cosas transcurrieran según los deseos
del “Jefe Local” de turno. Pero pronto, el pueblo de Bañaderos,
harto de injusticias y engaños, se levantó en protesta para
derrotar a los caciques. Todo comenzó con la muerte del cura
párroco don Eusebio Hernández León el 12 de diciembre de 1933.
Éste estuvo al frente de la parroquia de San Pedro de Bañaderos
cuarenta y cuatro años. Sus ideas liberales de trato igual para
todos hicieron de su entierro un encuentro de personas de
diversos pensamientos políticos y desde luego de todas las
clases sociales.
La Parroquia de San Pedro Apóstol
de Bañaderos comenzó su construcción en 1878 finalizando las
obras en 1901. Se creó por Real Orden de fecha 19 de julio de
1882 y comunicada al obispo de esta Diócesis José Proceso
Pozuelo y Herrero, el documento dice así: “Su Majestad el Rey
Alfonso XII, tuvo a bien conceder el establecimiento de una
Parroquia Rural de Primera Clase bajo la advocación del Santo
Apóstol San Pedro”.
Después de la muerte de don
Eusebio vendría a sustituirlo, temporalmente, el cura Manuel
Báez Arencibia, por aquel entonces párroco del Trapiche. Pronto,
el pueblo de Bañaderos lo acogió como si fuese el nuevo párroco,
según ellos porque “se mostraba como un verdadero republicano
y no se prestaba a los manejos de los caciques”.
Los caciques, disconformes con
estas cualidades del joven cura, viendo que no podían ganárselo,
fueron al Obispado a pedir su sustitución. Enterado el pueblo de
este movimiento, nombró una comisión que se entrevistaría con el
Secretario del Obispado don Alejandro Ponce y con el Obispo
presentándole una respetuosa solicitud con 3.500 firmas de los
vecinos, pidiéndole que no retirara al cura Báez y que éste
fuese nombrado cura-párroco de San Pedro de Bañaderos.
A los pocos días, 11 de marzo de
1934, desde el Obispado se ordena a Manuel Báez dejar de atender
la parroquia de Bañaderos.
Indignado el vecindario con la
forma de proceder del Obispo, nuevamente se presenta la Comisión
en el Palacio Episcopal el 2 de abril a pedir el reingreso del
cura Báez a Bañaderos. Éstos fueron recibidos por el Secretario
siendo informados que desistieran de sus propósitos y que él ya
había nombrado para ocupar la parroquia de Bañaderos a don
Francisco González Vega, Coadjutor por aquel entonces de la
parroquia de Tafira.
La Comisión tomaría la decisión de
entrevistarse con el Gobernador Civil, Arturo Armenta, rogándole
su intervención en el asunto para evitar una alteración del
orden público porque el pueblo estaba dispuesto a levantarse en
protesta y no permitir la entrada al cura nombrado por el
obispado.
El Gobernador accedió a mediar en
el asunto ante el obispo pero el obispado ya había tomado una
decisión irrevocable: la parroquia seguiría cerrada al culto
hasta la toma de posesión del nuevo párroco.
Un día se presentaron en la
iglesia de Bañaderos, para preparar la toma de posesión del cura
Vega, el párroco de San Andrés y el de Montaña Cardones.
Inmediatamente, el pueblo les salió al paso exigiéndoles que
entregaran las llaves de la parroquia a la comisión de vecinos.
Uno de ellos la entregó para luego los vecinos dejarla en el
Gobierno Civil de Las Palmas.
Pronto empezó a circular la
noticia “hoy llega el cura de la Vega” presentándose en el
pueblo tres números de la Guardia Civil. A las dos de la tarde
llegaría el sacerdote Francisco González Vega con su familia en
un coche y una camioneta con sus muebles. Los vecinos comenzaron
a reunirse para protestar por tal “manejo caciquil”.
A los grandes propietarios les
parecía poco los tres fusiles de los Guardias Civiles y los dos
de los municipales destinados en Bañaderos solicitando éstos más
guardias a Arucas. Dicha solicitud fue aceptada por las
autoridades ordenando el envió de fuerzas de refuerzo.
Al atardecer la Comisión de
Vecinos se reunió y viajaron a Las Palmas a darle cuenta al
Gobernador Civil de lo que ocurría en el pueblo.
Son
las nueve de la noche y llega la Comisión que es recibida y
rodeada por la masa popular ansiosa de saber qué noticias
traían.
Un miembro de la Comisión pidió
permiso al cabo de la Guardia Civil para hablar al pueblo,
siendo autorizado, “Señores, dijo, vayan tranquilamente a sus
casas que no pasará nada; mañana, llegará a Bañaderos el
Comisario de Policía que traerá órdenes del Gobernador para
resolver el asunto”.
Todo el mundo se retiró a sus
casas; hombres, mujeres y niños, todos, a excepción de unos
cuantos hombres que se quedaron vigilando por si los caciques
iban a hacer algún daño para luego atribuírselo a los vecinos
del pueblo.
Al amanecer llega el Comisario,
entrando en la casa donde se hospedaba el párroco Francisco
González, dando órdenes para buscar una camioneta para llevarse
los muebles del cura. Cargados los muebles, sale también otro
coche con el cura y la familia que se van, sin haber permanecido
24 horas en Bañaderos.
Algunos vecinos aplaudían y uno
expresó: “Quizás fuera mejor que no apareciera ninguno así
nos ahorramos los cuartos de los entierros y funerales, y las
dos naves de la iglesia, estarían de primera para una escuela
pública mixta que bastante falta que hace en el pueblo”.
Quisieran o no los vecinos, el
nombramiento del párroco estaba hecho y “de derecho” don
Francisco González Vega era el párroco de Bañaderos.
El 12 de octubre de 1934, ya
pasado un tiempo de los sucesos en Bañaderos, el obispado
enviaría la siguiente carta al Teniente Coronel de la Caja de
Recluta Nº 60 de Las Palmas pidiendo su intervención con la
excusa de realizar los listados de mozos: “Cerrada desde
algún tiempo la iglesia y Casa Rectoral de Bañaderos y la llave
en la Comisaría del Gobierno Civil de la Provincia por la
oposición de algunos elementos a que entre y ejerza el
ministerio el sacerdote designado por la autoridad eclesiástica,
tenemos el honor de manifestar a VI que obtenidas las
facilidades necesarias, que rogamos, el aludido sacerdote u otro
que designemos, se constituya en la Casa Rectoral para dar
cumplimiento a la relación de mozos”.
Caja de Recluta Nº 60 de Las
Palmas al obispado:
“El ilustrísimo Sr. Obispo de
Canarias en esta plaza en escrito cuya copia tengo el honor de
remitir a VS interesa que para la presentación del servicio que
se le ha interesado por esta Junta precisa que se le facilite la
llave de la iglesia de Bañaderos al sacerdote que nombre y que
radica en la Comisaría del Gobierno Civil y se nombre un
servicio de protección. Lo que tengo el honor de participar a VS
por si tiene a bien acceder a lo que solicita.
Lo que tengo el honor de
participar a VI a fin de que el sacerdote que nombre a tal
efecto se presente en la Comandancia Militar donde le serán
facilitadas las llaves de la repetida iglesia y protección
necesaria”.
El párroco Francisco González
volvería a Bañaderos sin ningún problema celebrándose el día
primero de diciembre de 1934 un solemne Novenario en sufragio de
las ánimas del purgatorio. Durante nueve días se repartieron
3.000 comuniones volviendo la normalidad al pueblo.
El 11 de enero de 1935, pasados ya
casi diez meses del cierre de la parroquia de Bañaderos y no
habiéndose hecho uso del archivo parroquial, don Francisco
González Vega enviaría una carta al obispado en los siguientes
términos:
“Francisco González Vega,
Presbítero-Cura Ecónomo de la Parroquia de San Pedro Apóstol de
los Bañaderos, a VI con el debido respeto expone:
Que habiendo fallecido en el
seno de la Iglesia varios feligreses de esta parroquia, en el
tiempo que permaneció cerrada con sentimiento de todo buen
católico, sin recibir sepultura eclesiástica y conviniendo a
esta parroquia dar asiento a las partidas de defunción, así como
la anotación de los bautismos celebrados en las parroquias de
San Isidro de Montaña Cardones y San Juan de Arucas de los niños
pertenecientes a esta feligresía. Suplica a VI se digne
autorizarme para que pueda dar asiento a las partidas de
defunción y anotación de bautismos”.
Pese a ser una “revuelta”
protagonizada esencialmente por campesinos y jornaleros pobres,
que exigían un “cura republicano”, algunos cabecillas de la
misma fueron militantes de izquierda siendo posible la
influencia del poderoso Círculo Socialista de Bañaderos en esta
historia de luchas por el poder entre tanto paro y miserias.
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