GENTES E HISTORIAS
Por ARMANDO PÉREZ TEJERA

 
 

«ESCLARECIMIENTO SOBRE EL CUADRO DE FRANCISCO GOURIÉ,
OBRA DE NICOLÁS MASSIEU Y MATOS

 
 

Una vez pasadas las fiestas de San Juan 2008 hemos vuelto a releer el programa de festejos, sobre todo la parte dedicada a la galería de retratos de los personajes ilustres de la ciudad de Arucas.

Hemos fijado la mirada, en concreto, en el retrato de don Francisco Gourié Marrero, de Tomás Gómez Bosch, pintado en 1963; pues bien, en el programa se afirma que el primer retrato de Francisco Gourié, obra del artista Nicolás Massieu y Matos (1931), “desapareció junto a otros retratos en una sesión tumultuosa por los años de la República”.

Para ser más concretos, hay que decir que la “sesión tumultuosa” a la que se refieren en el programa fue la celebrada el 28 de febrero de 1936 donde las fuerzas del Frente Popular asaltaron el Ayuntamiento con la intención de que dimitieran de sus cargos los concejales derechistas y destitución del Alcalde Juan González Morán. Los agitadores rompieron el mobiliario del Salón de Sesiones y otros fueron arrojados a la calle y aquí es donde entra el cuadro de Francisco Gourié, obra de Nicolás Massieu.  Dicho cuadro fue paseado hasta la calle y destruido con saña (Gentes e Historias, Arucas 1936: Elecciones y Agitación Social, Arucasdigital.com 2006).

Sí, destruido. En el programa se afirma que el artista Tomás Gómez “siguió claramente la filosofía de Nicolás Massieu” eso no fue así. Hoy les mostramos, en exclusiva, aquel mítico cuadro para demostrarlo.

Nicolás Massieu pintó a un Francisco Gourié mayor y enfermo, sentado con su bastón y sombrero.

Las obras del maestro Massieu eran muy naturales, afirmándose de sus retratos que por ellos se puede conocer las facciones, el temperamento, el carácter, la idiosincrasia, el alma del retratado. Y así pintó a Francisco Gourié con su bastón y sombrero, con fondo luminoso en extremo. Figuras de idénticas características tienen las composiciones “Don Juan Melián Cabrera, 1929; Don Rafael González Hernández, 1929 y Bernardo Gil Roldán, 1945”.

Arucasdigital.com, preocupado por la cultura y la verdad, les trae hoy aquella imagen que hará cambiar los textos para que en programas futuros, referentes a Francisco Gourié Marrero, no se vuelva a afirmar “Por desgracia, de las características de este retrato sólo tenemos referencias por la descripción que hizo el autor”.

Dedicamos este esclarecimiento a todos nuestros lectores amantes de la Memoria Histórica, más aún de todos los amantes de la intrahistoria del municipio, aquella que está a la sombra de lo más conocido históricamente.
 

 

 

«PODER Y MISERIA: CACIQUES, CURAS Y CAMPESINOS
EN EL BAÑADEROS REPUBLICANO»
©

 
 

El pueblo aruquense de Bañaderos contaba en los años treinta del siglo pasado con unos mil quinientos vecinos. La ocupación única de sus habitantes era la agricultura.

Con constancia y laboriosidad, en su afán de nobleza, Bañaderos, al igual que otros barrios de Arucas, hacía sus cultivos en llanuras, escalando las faldas de las montañas plantando plataneras y tuneras que en unión de otros productos, constituían la riqueza del pago. Pero su más firme economía era la producción platanera y la cochinilla.

El plátano en 1933 costaba entre tres y nueve pesetas; en cambio, la cochinilla, fuente de riqueza en otros tiempos, contaba en aquellos momentos con una situación poco ventajosa en los mercados.

El quintal de cochinilla fresca se vendía a sesenta y cinco pesetas y la seca a ciento sesenta. Diez años antes el valor de ésta en el mercado era de quinientas pesetas.

        La crisis exportadora y una pertinaz sequía tenían muy preocupada a la población de esta importante zona agrícola no sólo del municipio de Arucas sino de la isla de Gran Canaria.

Los principales exportadores del Bañaderos de los años treinta fueron Andrés Marrero, Antonio Morán Hernández, Juan Marrero Marrero, Juan Suárez Marrero y Juan Ponce Castellano. En la exportación de la cochinilla destacaron Pedro y Francisco García.

Bañaderos contaba con dos fuentes de agua potable: la del “Peñón”, en San Andrés-Quintanilla, y “El Porrón”.

A las nueve de la noche del día veintinueve de junio de 1930 Bañaderos estrenaba nuevo salón de bailes en el local del recién estrenado cine Alfonso XIII. En el acto de la inauguración del mismo se entregó para el baile inaugural una pianola que sería la que pondría música a las películas exhibidas en dicho cine. Fue su propietario Juan Cabrera de Armas.

A finales de 1932 se construyó el camino vecinal que uniría Bañaderos y Trapiche ejecutado por cuenta del Ayuntamiento de Arucas y el Cabildo de la isla. Dicha construcción, además de facilitar las comunicaciones entre dichos barrios, facilitaba, también, el rápido transporte de los abundantes productos de las ricas zonas agrícolas que atravesaba resolviendo, temporalmente, el serio conflicto del paro obrero forzoso cuyas consecuencias se sentían en varios hogares humildes y honrados.

Una de las muchas aspiraciones de este pueblo era contar con un puerto desde hacía mucho tiempo en proyecto y sin que las Corporaciones u organismos, llamados a resolver el expediente, se movieran mucho en ese sentido.

Que sepamos, el primer proyecto de construcción de un puerto en la costa de Bañaderos data de 1913 defendido en el Congreso de los Diputados por el diputado Gran Canario Leopoldo Matos Massieu (Nació en Las Palmas de Gran Canaria el 6 de agosto de 1878. Abogado, representó en las Cortes a Gran Canaria desde las elecciones del 8 de mayo de 1910, fue Ministro de Trabajo, Fomento y Gobernación. También ostentó el cargo de Abogado de la Casa Real. Murió asesinado por los milicianos republicanos el 4 de septiembre de 1936 en el fuerte Guadalupe, en Fuenterrabía, Guipúzcoa)  el cual sería felicitado por las sociedades “Círculo Agrícola y Comercial” y “Sociedad de Trabajadores” por haber contribuido a desenterrar el expediente olvidado en el Ministerio de Fomento.

El diputado contestaría a las citadas sociedades aruquenses: “Les agradezco la atención que han tenido conmigo sobre este asunto y auguro, para en un plazo no lejano, la realización de la magna obra, que será de tan útiles resultados para el desarrollo del comercio y de la agricultura de esta zona Norte de la isla”.

Sobre el puerto de Bañaderos se hicieron posteriores informes donde se llega a la conclusión que, aparte de costoso, no sería útil para embarcar sino una parte del año; su construcción conduciría a atomizar la acción tutelar del Estado, repartiendo su atención entre otros muchos puertos de la isla, con los consiguientes gastos y en perjuicio del magnífico Puerto de la Luz; por último, las operaciones de carga de los vapores, habrían que hacerse con trasbordo en el Puerto de la Luz retrasando su salida, teniendo que tocar en dos puntos. Esto, unido a los consiguientes aumentos de gastos de conservación, utillaje, trabajadores, vigilantes, etc.

También se proyectó un ferrocarril que uniese la Costa de Lairaga, desde San Felipe, al pie de la Cuesta de Silva, con el Puerto de la Luz. Contra este proyecto de ferrocarril costero se argumentó que era corto su recorrido, que habría de importar grandes sumas de dinero y que no tendría, seguramente, tráfico suficiente para grandes unidades, lo que haría muy costosa su explotación. Pero, lo que sí saldría adelante para paliar el paro fue la construcción de la carretera Bañaderos - Puerto de la Luz.

La construcción de esta carretera representaría economizar en tiempo, dinero y molestias. Atravesaría una zona, por aquel entonces sin comunicación por carretera, como era la comprendida entre El Rincón, Casa Ayala, Tinoca, Rosa Silva, Los Majanos, Cebolla, El Guincho, etc. Todo, terreno bueno y susceptible de incrementar de manera considerable la riqueza agrícola de Arucas. Junto al proyecto de la carretera se adjuntó que la zona sería, desde el punto de vista turístico, un formidable mirador al océano ya que en algunos sitios habría de ser un verdadero balcón sobre el mar. La carretera Bañaderos - Puerto de la Luz habría de ser completada con la construcción de dos ramales: uno, partiendo de ella en Casa Ayala enlazase con la del Norte en Tenoya, cuyo ramal ya lo había estudiado la Oficina Técnica del Cabildo Insular y un segundo ramal, que enlazase la carretera proyectada, con Montaña Cardones. De esta manera se tendría, entre el Norte de la isla y el Puerto de la Luz, una comunicación más rápida, cómoda y económica, que la que había hasta el momento.

Bañaderos contó en los años treinta con dos sociedades: “La Sociedad Obrera de Instrucción y Recreo Bañaderos”. En 1934 fue Presidente de Recreo de ésta Luis del Rosario Vega, destacado dirigente del PSOE en Arucas y miembro fundador del Círculo Socialista de Bañaderos, fue su Presidente Domingo Santana González y el “Círculo Recreativo de Bañaderos” inaugurado el 26 de enero de 1935 siendo su primer Presidente el vecino de Bañaderos Ceferino Suárez Medina. Dicha inauguración fue amenizada por la famosa orquesta “Padilla” de Las Palmas de Gran Canaria.

Dentro de una Arucas predominantemente rural los grandes propietarios pronto implantaron el sistema caciquil. Su posición económica les hacía poder pagar a mucha gente (Sindicato Amarillo - Unión Agraria) para controlar el voto e incluso capaces de intimidar a sus convecinos para que las cosas transcurrieran según los deseos del “Jefe Local” de turno. Pero pronto, el pueblo de Bañaderos, harto de injusticias y engaños, se levantó en protesta para derrotar a los caciques. Todo comenzó con la muerte del cura párroco don Eusebio Hernández León el 12 de diciembre de 1933. Éste estuvo al frente de la parroquia de San Pedro de Bañaderos cuarenta y cuatro años. Sus ideas liberales de trato igual para todos hicieron de su entierro un encuentro de personas de diversos pensamientos políticos y desde luego de todas las clases sociales.

La Parroquia de San Pedro Apóstol de Bañaderos comenzó su construcción en 1878 finalizando las obras en 1901. Se creó por Real Orden de fecha 19 de julio de 1882 y comunicada al obispo de esta Diócesis José Proceso Pozuelo y Herrero, el documento dice así: “Su Majestad el Rey Alfonso XII, tuvo a bien conceder el establecimiento de una Parroquia Rural de Primera Clase bajo la advocación del Santo Apóstol San Pedro”.

Después de la muerte de don Eusebio vendría a sustituirlo, temporalmente, el cura Manuel Báez Arencibia, por aquel entonces párroco del Trapiche. Pronto, el pueblo de Bañaderos lo acogió como si fuese el nuevo párroco, según ellos porque “se mostraba como un verdadero republicano y no se prestaba a los manejos de los caciques”.

Los caciques, disconformes con estas cualidades del joven cura, viendo que no podían ganárselo, fueron al Obispado a pedir su sustitución. Enterado el pueblo de este movimiento, nombró una comisión que se entrevistaría con el Secretario del Obispado don Alejandro Ponce y con el Obispo presentándole una respetuosa solicitud con 3.500 firmas de los vecinos, pidiéndole que no retirara al cura Báez y que éste fuese nombrado cura-párroco de San Pedro de Bañaderos.

A los pocos días, 11 de marzo de 1934, desde el Obispado se ordena a Manuel Báez dejar de atender la parroquia de Bañaderos.

Indignado el vecindario con la forma de proceder del Obispo, nuevamente se presenta la Comisión en el Palacio Episcopal el 2 de abril a pedir el reingreso del cura Báez a Bañaderos. Éstos fueron recibidos por el Secretario siendo informados que desistieran de sus propósitos y que él ya había nombrado para ocupar la parroquia de Bañaderos a don Francisco González Vega, Coadjutor por aquel entonces de la parroquia de Tafira.

La Comisión tomaría la decisión de entrevistarse con el Gobernador Civil, Arturo Armenta, rogándole su intervención en el asunto para evitar una alteración del orden público porque el pueblo estaba dispuesto a levantarse en protesta y no permitir la entrada al cura nombrado por el obispado.

El Gobernador accedió a mediar en el asunto ante el obispo pero el obispado ya había tomado una decisión irrevocable: la parroquia seguiría cerrada al culto hasta la toma de posesión del nuevo párroco.

Un día se presentaron en la iglesia de Bañaderos, para preparar la toma de posesión del cura Vega, el párroco de San Andrés y el de Montaña Cardones. Inmediatamente, el pueblo les salió al paso exigiéndoles que entregaran las llaves de la parroquia a la comisión de vecinos. Uno de ellos la entregó para luego los vecinos dejarla en el Gobierno Civil de Las Palmas.

Pronto empezó a circular la noticia “hoy llega el cura de la Vega” presentándose en el pueblo tres números de la Guardia Civil. A las dos de la tarde llegaría el sacerdote Francisco González Vega con su familia en un coche y una camioneta con sus muebles. Los vecinos comenzaron a reunirse para protestar por tal “manejo caciquil”.

A los grandes propietarios les parecía poco los tres fusiles de los Guardias Civiles y los dos de los municipales destinados en Bañaderos solicitando éstos más guardias a Arucas. Dicha solicitud fue aceptada por las autoridades ordenando el envió de fuerzas de refuerzo.

Al atardecer la Comisión de Vecinos se reunió y viajaron a Las Palmas a darle cuenta al Gobernador Civil de lo que ocurría en el pueblo.

      Son las nueve de la noche y llega la Comisión que es recibida y rodeada por la masa popular ansiosa de saber qué noticias traían.

Un miembro de la Comisión pidió permiso al cabo de la Guardia Civil para hablar al pueblo, siendo autorizado, “Señores, dijo, vayan tranquilamente a sus casas que no pasará nada; mañana, llegará a Bañaderos el Comisario de Policía que traerá órdenes del Gobernador para resolver el asunto”.

Todo el mundo se retiró a sus casas; hombres, mujeres y niños, todos, a excepción de unos cuantos hombres que se quedaron vigilando por si los caciques iban a hacer algún daño para luego atribuírselo a los vecinos del pueblo.

Al amanecer llega el Comisario, entrando en la casa donde se hospedaba el párroco Francisco González, dando órdenes para buscar una camioneta para llevarse los muebles del cura. Cargados los muebles, sale también otro coche con el cura y la familia que se van, sin haber permanecido 24 horas en Bañaderos.

Algunos vecinos aplaudían y uno expresó: “Quizás fuera mejor que no apareciera ninguno así nos ahorramos los cuartos de los entierros y funerales, y las dos naves de la iglesia, estarían de primera para una escuela pública mixta que bastante falta que hace en el pueblo”.

Quisieran o no los vecinos, el nombramiento del párroco estaba hecho y “de derecho” don Francisco González Vega era el párroco de Bañaderos.

El 12 de octubre de 1934, ya pasado un tiempo de los sucesos en Bañaderos, el obispado enviaría la siguiente carta al Teniente Coronel de la Caja de Recluta Nº 60 de Las Palmas pidiendo su intervención con la excusa de realizar los listados de mozos: “Cerrada desde algún tiempo la iglesia y Casa Rectoral de Bañaderos y la llave en la Comisaría del Gobierno Civil de la Provincia por la oposición de algunos elementos a que entre y ejerza el ministerio el sacerdote designado por la autoridad eclesiástica, tenemos el honor de manifestar a VI que obtenidas las facilidades necesarias, que rogamos, el aludido sacerdote u otro que designemos, se constituya en la Casa Rectoral para dar cumplimiento a la relación de mozos”.

Caja de Recluta Nº 60 de Las Palmas al obispado:

“El ilustrísimo Sr. Obispo de Canarias en esta plaza en escrito cuya copia tengo el honor de remitir a VS interesa que para la presentación del servicio que se le ha interesado por esta Junta precisa que se le facilite la llave de la iglesia de Bañaderos al sacerdote que nombre y que radica en la Comisaría del Gobierno Civil y se nombre un servicio de protección. Lo que tengo el honor de participar a VS por si tiene a bien acceder a lo que solicita.

Lo que tengo el honor de participar a VI a fin de que el sacerdote que nombre a tal efecto se presente en la Comandancia Militar donde le serán facilitadas las llaves de la repetida iglesia y protección necesaria”.

El párroco Francisco González volvería a Bañaderos sin ningún problema celebrándose el día primero de diciembre de 1934 un solemne Novenario en sufragio de las ánimas del purgatorio. Durante nueve días se repartieron 3.000 comuniones volviendo la normalidad al pueblo.

El 11 de enero de 1935, pasados ya casi diez meses del cierre de la parroquia de Bañaderos y no habiéndose hecho uso del archivo parroquial, don Francisco González Vega enviaría una carta al obispado en los siguientes términos:

“Francisco González Vega, Presbítero-Cura Ecónomo de la Parroquia de San Pedro Apóstol de los Bañaderos, a VI con el debido respeto expone:

Que habiendo fallecido en el seno de la Iglesia varios feligreses de esta parroquia, en el tiempo que permaneció cerrada con sentimiento de todo buen católico, sin recibir sepultura eclesiástica y conviniendo a esta parroquia dar asiento a las partidas de defunción, así como la anotación de los bautismos celebrados en las parroquias de San Isidro de Montaña Cardones y San Juan de Arucas de los niños pertenecientes a esta feligresía. Suplica a VI se digne autorizarme para que pueda dar asiento a las partidas de defunción y anotación de bautismos”.

Pese a ser una “revuelta” protagonizada esencialmente por campesinos y jornaleros pobres, que exigían un “cura republicano”, algunos cabecillas de la misma fueron militantes de izquierda siendo posible la influencia del poderoso Círculo Socialista de Bañaderos en esta historia de luchas por el poder entre tanto paro y miserias.
 

 

 

«ANTICLERICALISMO EN ARUCAS» ©
PROTESTA ECLESIÁSTICA Y MOVILIZACIÓN GUBERNATIVA

 
 

Con la llegada en 1884 a la Villa de Arucas de ingenieros franceses para trabajar en la recién inaugurada fábrica azucarera de San Pedro y aprovechando la España liberal se difundió, ocasionalmente, en nuestro municipio rudimentarias corrientes de la doctrina del libre pensamiento.

En esa situación el papel de la Iglesia estuvo siempre al lado de los defensores del Viejo Régimen y en ese mismo frente contra el nuevo orden que creaba el liberalismo.

La Revolución Liberal (Cortes de Cádiz) y las sucesivas desamortizaciones hicieron que las relaciones Iglesia-Estado se deteriorasen mucho hasta que en 1851 la reina Isabel II volvió a restablecer las relaciones Iglesia-Estado a través de la firma de un Concordato (Tratado entre la Santa Sede y el gobierno de un Estado).

La llegada de franceses a la Villa fue vista con recelo por los partidarios del Antiguo Régimen que llegaron a publicar y preguntarse si se querrá introducir la irreligión y la inmoralidad por medio de la máquina azucarera de San Pedro gracias a los “gabachos”, sí gabachos, no hay palabra más adecuada ya que es la palabra con que nuestros padres designaban a los franceses en la Guerra de la Independencia.

Tanta desconfianza surgió el 14 de julio de 1884 el cual fue elegido por el Ingeniero Industrial francés Enrique Gerand para celebrar en su casa la fiesta aniversario de la toma de la Bastilla inicio de la Revolución Francesa en 1789. Esta fiesta motivó todo tipo de calumnias contra el caballero francés al que se le acusó de haber dado ¡Vivas! a la República y a Voltaire y se había blasfemado el nombre de Dios en su fiesta inmoral y atea. Estas calumnias fueron desmentidas por el Alcalde de Arucas Manuel del Toro donde declaró que “no hubo blasfemias ni vivas a Voltaire y el baile se disolvió pacífica y tranquilamente”. 

Tres meses más tarde, y en concreto la noche del 21 de octubre de aquel 1884, Arucas se convertiría a los ojos de la Iglesia en mártir según ésta por culpa de las nuevas ideas liberales.

Eran las once de la noche cuando el clérigo Teófilo Darías Padilla se encontraba en la casa parroquial de Arucas para descansar de un largo día de visitas a feligreses de la Villa cuando oyó un ruido en el tejado. Éste creyó que habían tirado una piedra pero, bien pronto, una fuerte explosión le dio a entender la verdad del caso, le habían tirado un cartucho de dinamita. Eran frecuentes los atentados que venía sufriendo el párroco cuya casa fue varias veces apedreada sin que se diera con el autor o autores. La dinamita hizo su efecto. El techo de la casa parroquial se vino abajo y fue tan fuerte el estruendo que éste se oyó por toda la Villa.

Don Teófilo salió bien parado de la explosión ya que no sufrió heridas de consideración. Enseguida muchos ciudadanos hicieron acto de presencia reclamando en nombre de la Católica Villa de Arucas celo, mucho celo y actividad para prevenir tan bárbaros atentados de los cuales se hacen responsables ante Dios y ante la opinión Católica de Gran Canaria las autoridades desidiosas y descuidadas pidiendo además actividad para reprimir el hecho criminal.

Al día siguiente, en el Juzgado de la Villa, el letrado Rafael Lorenzo y García instruye, con gran actividad, las diligencias sumariales en averiguación del autor o autores del atentado cometido en Arucas contra el párroco.

Enterado el Delegado del Gobierno de Su Majestad del atentado criminal contra la casa parroquial envió un oficio al Alcalde de Arucas donde se le hacía las debidas amonestaciones por no haber dado cuenta a dicha Autoridad Gubernativa inmediatamente de consumado el hecho.

Por aquel entonces se encontraba al frente de la Diócesis de Canarias el Obispo José Proceso Pozuelo y Herrero (1879-1890). Uno de sus biógrafos lo define como “hombre de acusada personalidad, dotado de voluntad fuerte, entregado al trabajo y a una lucha constante por lo que él considera defendible”. Otro lo había definido como “un obispo integrista, granítico monolitismo doctrinal”.

Con la excusa del atentado en Arucas no tardaría en culpar del delito a los liberales con su Carta Pastoral titulada “Videte, vigilate et orate” (estad alerta, velad y orad) según él “sobre la adulteración de la fe y los falsos católicos que atacan el poder temporal del Papa, prensa, libros, sobre todo las publicaciones del liberalismo grosero y repugnante”. Fue considerada como una declaración de guerra contra el Régimen. 

José Proceso escribiría el 28 de octubre:

“La Iglesia en averiguación del autor o autores del delito perseguido por la justicia contra unos de sus ministros, le interesa el honor de Gran Canaria y de la Villa de Arucas en donde nunca se han cometido delitos tan horrendos y tan perturbadores del sosiego de las familias. Le interesan la independencia y los fueros de toda clase de autoridades que podrían verse mañana molestadas y cohibidas en el ejercicio de sus legítimas atribuciones por el temor de que se repitan hechos semejantes al que ahora se persigue. Le interesan por último la paz, la quietud y el bienestar de los ciudadanos de toda clase y condición que podrán verse atacados por motivos ruines de venganzas de la manera infame, eficaz y traidora que proporciona la dinamita”.

Este oficio se mandó a leer con “voz clara y distinta” al pueblo desde el púlpito en la Misa de Alba y en la Misa Mayor del domingo.

Durante los días posteriores, el sacerdote Fernando Lorenzo exhortaría a los vecinos de la Villa de Arucas a través de una carta a denunciar si sospechaban de alguien imitando así a los antiguos Edictos de Fe decretados por la Inquisición abolida cincuenta años antes, en concreto en 1834. El Edicto de Fe era una invitación a la denuncia siendo uno de los medios principales en los que se basó la acción inquisitorial en España convirtiendo a los ciudadanos en agentes colaboradores del Santo Oficio, en este caso de la Iglesia más reaccionaria del momento.

La carta leída en la parroquia de Arucas decía:

“Con vivísimo dolor de nuestro corazón, por el escandaloso, anti-religioso y anti-social hecho que se ha llevado a cabo, con sorpresa y pasmo de esa religiosa Villa en la noche del día 21 del presente en la casa habitación del señor cura ecónomo Teófilo Darías y Padilla.

Este escándalo venía ya precedido de otros hechos que suponen que un plan combinado y diabólico, que tiene por objeto la persecución de un ministro digno de la Iglesia y que ejerce en esa feligresía el importantísimo cargo de cura.

Semejantes atentados son indignos de un pueblo religioso y culto y es posible que atraigan sobre él, además de la ira y la indignación de Dios nuestro Señor, la supresión de las funciones religiosas y de actos del culto, con arreglo a lo que sabia y justamente prescriben los Sagrados Cánones.

Es obligación de todo ciudadano impuesta por la ley civil y por los principios que forman la conciencia cristiana el declarar cuanto sepan, cuando sean interrogados por los que representan la administración de justicia o cualquiera otra legítima autoridad.

Desde el Obispado se ordena además de darle lectura desde el púlpito en las misas de alba y mayor a este escrito y he dado a leer a varias personas en particular circulándole la precisa e indispensable necesidad de declarar en conciencia lo que sepan sean o no interrogados en virtud del deber que les liga con la autoridad pública, mucho más tratándose de un hecho tan horrendo y perturbador y de consecuencias tan transcendentales como el presente”. Villa de Arucas octubre 28 del 1884.

Nada se supo del autor o autores del atentado.

Los aruquenses siempre fueron muy devotos pero las circunstancias políticas y el contexto religioso-social que se daban en la España de finales del Siglo XIX y el pontificado de José Pozuelo en nuestra Diócesis, contrario a una armonización del pensamiento liberal con las enseñanzas de la Iglesia, se presentaban difíciles, realmente difíciles para cualquier hombre de Iglesia. 

Imagen: José Proceso Pozuelo y Herrero, Obispo de Canarias (1879-1890)
 

 

 

«ARUCAS, Y LA VISITA DEL NUNCIO DEL PAPA TEDESCHINI» ©
 

 

El 1 de julio de 1930 la capital de Gran Canaria se vestía de gala para recibir al Nuncio de su Santidad en España Federico Tedeschini (1873-1959).

Diplomático Pontificio, nació en Antrodoco - Italia, el 12 de octubre de 1873. Al subir al “trono” Benedicto XV, Tedeschini fue nombrado sustituto de la Secretaría de Estado, Secretario de Cifra y Consultor del Santo Oficio.

 El Papa Benedicto XV, para premiar sus servicios en la Curia Romana, lo nombra Arzobispo de Lepanto el 30 de abril de 1921 y Nuncio de la Santa Sede en España, cargo que ostentó hasta 1936.

Una multitud emocionada esperaba en el muelle a la vez que una numerosísima comitiva de autoridades civiles, militares y religiosas formaban, a ambos lados, donde desembarcaría el Nuncio.

La representación de Arucas estuvo encabezada por el marqués de Arucas Ramón Madán.

Mientras, Arucas se preparaba para recibir a tan ilustre huésped levantando arcos triunfales y engalanando balcones y fachadas con banderas españolas y vaticanas.

Al desembarcar del cañonero “Canalejas”, puesto a su disposición por el gobierno de Su Majestad Alfonso XIII, se formó un gran revuelo y entre gritos de ¡viva el Nuncio! y salvas de honor se trasladaría a la Catedral acompañado de los obispos de Tenerife Fray Albino González Menéndez y de Canarias Miguel Serra y Sucarrats.

Tedeschini, como Nuncio del Papa en años difíciles para España, tuvo que lidiar con el gobierno republicano (laico) y luego con los generales que prepararon el Alzamiento Nacional del 18 de julio.

En los años de la república ya era más que conocida su aversión a los regionalismos tanto vasco como catalán.

En 1928, en plena dictadura de Primo de Rivera, llegó a dictar unos decretos castigando delitos (inexistentes) del clero catalán como, supuestamente, negar la absolución a los que confesaban en castellano.

Los obispos catalanes declararon la verdad y, al caer la dictadura de Primo de Rivera, aquellos decretos se retiraron con lo que el Nuncio quedó en entredicho.

La ultraderecha tampoco perdonaría a Tedeschini que, como Nuncio, siguiendo instrucciones de la Secretaría de Estado, hubiese tratado de conciliar el Vaticano con la República.

Una vez terminados los Oficios religiosos en la Catedral, Tedeschini y las autoridades de la isla seguirían visitando el ayuntamiento capitalino.

El 3 de julio la gente seguía asistiendo, en masa, a la Plaza de Santa Ana de Las Palmas para ver al representante del Papa. Este día emprendería una excursión por las localidades del interior de la isla.

Arucas ya estaba preparada. La gente se preguntaba por dónde vendría, hasta que se supo que por la carretera de Teror a Arucas, ya que después de visitar la Basílica del Pino de regreso a Las Palmas estaría unas horas en Arucas.

A lo largo del camino la gente humilde se suma a la fiesta embelleciendo con guirnaldas de papel, modestos tributos de afectos más conmovedores, si cabe, por su humildad.

Al grito de ¡ya viene! los vecinos comienzan a agruparse en la calle de entrada a la iglesia entre un gran estruendo de voladores.

Eran las tres de la tarde cuando Tedeschini entró en Arucas triunfalmente. La comitiva paró en los laterales de la iglesia donde fueron recibidos por las autoridades locales encabezada por el Alcalde Antonio Rodríguez Uribe.

Al descender del coche el ilustre visitante, la banda de música tocó la Marcha Real (Himno Nacional), millares de voladores ensordecieron el espacio y repicaron las campanas.

El delegado pontificio bendijo las filas de niños y niñas de las escuelas nacionales, los del colegio de La Salle y al público que agitaba banderitas de papel entrando en la iglesia, bajo palio, cuyos varales llevaban los hermanos de la Cofradía del Carmen en unión de los obispos de las diócesis Nivariense y Canarias, ilustres acompañantes, el Párroco de Arucas Francisco Cárdenes, el Coadjutor Francisco Hidalgo, el Presbítero Pedro Marcelino Quintana y el Párroco de Montaña Cardones José Déniz Rodríguez.

La tarde penetraba a raudales por los ventanales de la iglesia de San Juan Bautista invadiendo el templo dorado por el sol.

Lleno de emoción por el gran recibimiento que se le había dispensado en Arucas desde el altar dirigió el siguiente discurso a la multitud ingente que invadía el templo:

“Queridísimos Hermanos: correspondo con toda mi alma al saludo que me ha hecho vuestro digno alcalde. Agradezco con toda mi alma, vuestro afecto a la persona del representante del Papa. Acabo de llegar de Teror donde he contemplado a la dulce Reina de Canarias cuya protección se extiende sobre esta Vega privilegiada. He admirado las riquezas que posee esta simpática ciudad de Arucas, emporio de riqueza de la isla, que parece un nuevo paraíso.

Os felicito a todos, a vosotros próceres de Arucas, al pueblo todo, tan católico y entusiasta que habéis levantado este hermoso templo que es vuestro orgullo y lo será de vuestros hijos. Muchos templos posee España, ricos en artes, pero son obras del Siglo de Oro de nuestra raza, pero como templo de construcción moderna ninguno he visto mejor que el vuestro. Os bendigo a todos, grandes y pequeños. Sed siempre fieles a la generosidad de Dios y seréis felices aquí y en el cielo”. Impartiendo al final del discurso la bendición al pueblo.

Luego, saldría a la calle hasta llegar a la Plaza de San Sebastián desde donde contemplaría, entre incesantes vítores y aclamaciones, el soberbio aspecto de la ciudad.

Antes de volver al coche para iniciar el regreso a Las Palmas, Federico Tedeschini, el hombre, se quedó contemplando la iglesia de San Juan Bautista un largo rato y no pudo menos que exclamar: “¡Qué bellamente se eleva a Dios!”. Y en tan pocas palabras lo dijo todo.

FOTOGRAFÍA: Autoridades con el Nuncio en la Plaza de San Sebastián (actualmente Plaza de la Constitución).

1.  Federico Tedeschini.   2.  Obispo Miguel Serra y Sucarrats.  3.  Alcalde Antonio Rodríguez Uribe.   4.   José Déniz Rodríguez (Párroco de Montaña Cardones).
 

 

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