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GENTES E HISTORIAS
Por ARMANDO
PÉREZ TEJERA |
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«COMERCIOS, OFICIOS Y
EMPRESARIOS DE ARUCAS
EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX» ©
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Los años 1900 a 1950 son los
límites elegidos para enmarcar este aspecto de Arucas. El
contexto histórico de este momento tan propicio para el comercio
y la emprendiduría aruquense era ni más ni menos que el reinado
de Alfonso XIII, la Dictadura de Primo de Rivera, la Segunda
República y el Régimen Franquista.
En 1900 Arucas tenía una industria
muy característica por lo que fue famosa en el Siglo XIX “la
fabricación de cachorros” (sombrero de lana y de pelo, copa muy
chata y anchas alas).
Las sombrererías más nombradas
eran las de Juan Batista, Cirila Pérez, Domingo Santana y Juan
Bautista Cerpa.
Destacan también, con más de diez
contribuyentes, los Panaderos, Tejidos (2), Zapaterías (2),
Hojalateros (2), Camisería (1).
Existió también en Arucas, a
principios del Siglo XX, la Fonda de Fermín Castellano, C/ León
y Castillo, que contaba con 25 habitaciones. En este
establecimiento además de alojamiento se ofrecía comida a los
huéspedes. Lugar de categoría para la época, se pagaba 0,25
pesetas la noche.
La industria del empaquetado y
exportación de fruta fue muy importante contabilizándose en 1902
veinte casas dedicadas a la exportación sobre todo de plátanos,
tomates y papas con destino a los mercados de Inglaterra,
Francia y Alemania.
En la misma época encontramos que
existían seis molinos de agua para la producción de harina.
Las farmacias de Miguel Grau
Bassas y Antonio Codorniú instaladas en la Calle León y
Castillo. La farmacia de Miguel Grau fue muy conocida en 1906 en
la isla por un jarabe al que le puso su apellido; en la
publicidad del momento podemos leer: “Jarabe antiferino Grau,
para combatir toda clase de toses especialmente la “COQUELUCHE”
o tos ferina”.
En 1905 el municipio de Arucas
contaba con 9.363 habitantes aumentando también los comercios y
las industrias. Si en 1902 existían dos zapaterías, en 1905
éstas se duplicaron dando trabajo a unas sesenta personas cada
una. La industria del zapato estaba encabezada por los señores
Francisco Pitti, Domingo Batista, José Caballero, Antonio
Hernández y Juan Leandro Medina.
El gremio de carpinteros también
dio mucho trabajo en una ciudad que estaba creciendo sin parar;
destacar las de Mario Benavides Ponce, Francisco Batista
Henríquez, Francisco Pérez y Pérez dando trabajo, cada una, a
casi 50 operarios en sus respectivas carpinterías.
Barberías: Nicolás Déniz Marrero,
Antonio Déniz y Antonio Guerra Espino.
Herrerías: Juan Díaz Toledo y
Fernando Quevedo González destacando la herrería de la Fábrica
de Azúcar de San Pedro.
Los Plateros (relojeros) también
estuvieron bien representados destacando Manuel Croissier,
Francisco Ruiz, Ventura Rodríguez, Dionisio Vega y Miguel
Hernández.
En 1911 crece el número de
comercios dedicados a los víveres contándose con quince en el
casco urbano de la ciudad a la vez que un gran número de
mamposteros, cabuqueros, entalladores, labrantes y tallistas
convertían la piedra en material de exportación.
En el mismo año vemos cómo crece
el negocio del transporte existiendo unas siete casas en toda la
ciudad.
En 1914 se fundaría la librería de
Nicolás Santana; antes de ésta ya existía la de Esteban Grau.
Pirotécnicos: Francisco Dávila y
Juan Aguiar Mateo.
Las Mercerías de Pedro Marrero y
Miguel Martín.
1927 es el año donde aparecen más
empresas dedicadas a la exportación sobre todo en Bañaderos y
Montaña Cardones destacando en este pueblo los señores Tomás
María González, José Fernando Marrero Pérez y don José Fariña.
En los años treinta del siglo XX
aparecen empresarios dedicados al negocio del ocio y el
espectáculo creándose el Cine Bañaderos, de don Juan Cabrera
Armas; Cine La Estrella de Montaña Cardones, fundado por don
Deogracias González Henríquez (propietario a su vez de una
fábrica de calzados); el Teatro-Circo Arucas, Vicente Sánchez y
el Cine Díaz, propiedad de don Cristóbal Díaz Monzón en 1946.
Ahora, estimado lector, le invito
a una excursión por los comercios más famosos de Arucas en 1936
y, en concreto, el siete de junio donde conoceremos nombres de
comerciantes y el desenvolvimiento de sus mejores industrias.
Empezamos por la Fábrica de chocolates y pastas alimenticias de
don Gabriel Mejías Fernández.; “La Nueva España” una fábrica de
tabacos propiedad de don José Manuel Caballero.
Nos vamos para Montaña Cardones,
pueblo que se nos presenta plácido y tranquilo, llegamos a la
Plaza, junto a la iglesia. Allí tiene su establecimiento de
comestibles desde hace siete años Manuel Suárez Pérez. Pero como
es hombre que sabe lo que se trae entre manos ha prosperado y en
Transmontaña ha puesto otra tienda de comestibles.
Antes de volver a Arucas nos
pasamos por la calle Principal, 28 donde don Antonio González
Hernández posee un magnífico bazar. Tejidos, comestibles,
ferretería de todo se vende allí. Antoñito era un hombre activo,
perseverante…Se hizo él solo.
Volvemos a Arucas para almorzar en
el café-restaurante económico de Francisco Pérez González, en el
mercado. Después de almorzar divinamente nos tomamos un coñac
FLORIDO HERMANOS.
Estando ya bien comidos y bebidos,
nos vamos hasta el negocio de don José Cabrera Rodríguez, hombre
activo y simpático que tiene uno de los más importantes
almacenes de Arucas desde hace más de treinta años.
En el número 22 de la calle León y
Castillo nos encontramos con el Gran Almacén de Tejidos y sedas
de Dionisio Benítez fundado el 3 de febrero de 1912.
Mercería “El Pino” de don Severino
Falcón, natural éste de la Villa de Teror.
Entramos en la tienda de
ultramarinos de Miguel Suárez Hernández donde vende al por mayor
pero al ir éstas muy mal, por la crisis económica, también vende
al detalle.
A él cuando le preguntaban de
dónde era contestaba de “Casas Viejas” y es que “Casas Viejas”
llamaban en Arucas al barrio de “La Goleta”.
Visitamos a modo de relámpago el
importante pago de Bañaderos para descubrir que en la carretera,
frente a la Sociedad Obrera de aquel lugar, don José Santana de
Armas, antiguo empleado de Antoñito González, el de Cardones, ha
abierto una tienda de comestibles, al por menor, en la que tiene
también su representación de gasolina y petróleo. Pero el
comerciante más veterano es don Antonio Morán Hernández. Sus
treinta años al frente de su negocio han hecho de él toda una
institución en Bañaderos y San Andrés.
En 1945 se contabilizan sólo en la
ciudad 23 “cafés económicos”. Desde la década de los veinte del
Siglo XX hasta la Guerra Civil hubo cafés para todo tipo de
gentes y oficios, lugares donde se formaban tertulias
literarias, políticas, etc.
Lamentablemente, con el paso de
los años el café fue quedando para aquellas personas que pasaban
de los cuarenta mientras los jóvenes preferían frecuentar el
típico bar americano, llegando nuevas bebidas. Sin embargo, el
golpe de gracia definitivo para éstos fue la llegada, procedente
de Estados Unidos, de las cafeterías que trajeron los zumos de
fruta, los sándwiches,… Su fin y decadencia, es pues el
resultado de unos tiempos que cambian y que no dejan espacio
para las tradiciones.
En 1948 en la calle Juan de Dios
Martín un emprendedor Juan Ferrera Batista abría un local
dedicado al alquiler de bicicletas. (Pero fue más conocido por
el negocio de la Pastelería).
En 1950 se funda la “Imprenta
Arucas” con domicilio fiscal en la calle León y Castillo, 5. Los
propietarios eran don Emilio Cabrera Marrero y su socio Nicolás
Tamajón Mendoza originario de la ciudad de Córdoba.
Fueron sus primeros operarios
Francisco Osuna Marín, Israel González Ramos, Antonio José
Cabrera Vélez y el aprendiz, de catorce años, Jaime Falcón
Rodríguez. En esta imprenta se editaron las novelas del Abogado
y escritor aruquense don Carlos Medina de Matos.
De la calle Barranquillo a la
Acequia Alta nos encontramos con los siguientes negocios,
despachos y talleres: Tienda de tejidos de Juanito el árabe,
hermano de Felipito; Bar de Francisco Guerra Santana; Despacho
del Dr. José Medina Domínguez; Tienda de tejidos de doña Pilar;
Tienda de comestibles de Candelarita Vélez; Garajes de Cayo
Cabrera; Tienda de tejidos de Felipito el árabe; Peletería de
Ramón Sarmiento Pérez; Tejidos de Francisco Sarmiento Pérez;
Tejidos de José Ferrera Rosales; Maduradero de plátanos de Luis
Morales Díaz; Zapatería de Maestro Eusebio; Tienda-Bar de
Patricio Santana Rodríguez; Tienda-Bar de Salvador Medina
Rodríguez; Taller de mecánica de Valentín Medina; Carpintería de
Luis Déniz Pérez; Latonería de Maestro Cipriano; Tienda de
comestibles Manuel Naranjo Domínguez (Manolito); Zapatería de
Domingo; Tienda de comestibles de Juanita Viera; Tienda de
comestibles de Tomás Guerra; Tienda de Isidoro Uriarte, conocido
por Juanito el moyero; Fábrica de turrones de doña Candelaria;
Panadería de Maestro Juan López; Zapatería de Candidito; Almacén
de plátanos de Manuel González Cabrera, conocido por Melito
Brito; Panadería de José Batista Sánchez, conocido por Pepito
Dolores; Tienda de Agustín Hernández González; Tienda de
comestibles de Antonio Guerra Santana; Bar de Ramón Ortega
Pérez; Carpintería de Manuel Díaz Batista; Tienda de comestibles
de Antonio Almeida Marrero; Taller de Francisco González Pitti;
Taller de José Jiménez Santana.
En Arucas, sin duda, se mezclan
armoniosamente la historia y la modernidad. Con más de 35.000
habitantes ofrece todos los servicios de una ciudad moderna,
pero también se muestra orgullosa de sus comercios e industrias
centenarias a la vez que, como espacio comercial urbano, vive
con la intensidad propia del centro de una gran comarca donde
sigue habiendo lugares para la tranquilidad, el paseo y donde
las calles peatonales hacen más agradable nuestras compras.
Fotografía: Bar
Arucas, de izquierda a derecha Eusebio el fotógrafo; Torres,
padre del que fuera Alcalde de Arucas Ángel Víctor Torres y
Domingo Ponce.
Fuentes Orales:
Vicente González Marrero, Jubilado, del Banco Hispano
Americano de Arucas.
Jaime Falcón Rodríguez, Jubilado, empresario de Artes Gráficas.
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«EL TRAPICHE ENTRE LA
TRADICIÓN Y EL LAICISMO» ©
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El
siguiente relato ocurrió en el populoso barrio del Trapiche en
1932, año donde el Gobierno Republicano había decretado prohibir
a los colegios de iniciativa social y a las órdenes religiosas
dedicarse a la enseñanza. A la vez, la Constitución de 1931, en
su artículo tercero, declaraba que “El Estado español no tiene
religión oficial”.
Pues bien, había llegado al Trapiche un joven maestro a
ocupar su plaza en la Escuela Unitaria de niños de dicho barrio,
ganada hacía pocos meses en oposición. El joven se llamaba
Joaquín Bueno López.
El buen profesor un día de Todos los Santos llegó a su
escuelita encontrándose a todos los alumnos en la puerta en
actitud un poco hostil. Éste al preguntar qué ocurría, uno de
los mayores le contestó: “Hoy no hay clase por ser día de Todos
los Santos” comenzando éstos a tirar piedras contra las ventanas
del aula al mismo tiempo que decían: “Fuera el comunista”.
Hasta aquí, estimado lector, fue la versión de los hechos
realizada por el maestro en la denuncia que interpuso en el
puesto de la Guardia Civil de Arucas. Pero los alumnos afirmaron
ante el Inspector de Educación que en la mañana del citado día,
los escolares habían ya entrado y ocupado sus respectivos
pupitres a la espera del comienzo de la primera clase del señor
Bueno López. Éste, al entrar, lo primero que se le ocurrió al
tomar posesión de dicha escuela fue quitar el crucifijo que años
atrás venía figurando en la misma.
En ese momento, los alumnos se molestaron y le indicaron a su
nuevo profesor que volviera a colocar el crucifijo nuevamente
porque de lo contrario se marcharían de la clase. El maestro,
creyendo convencer a sus alumnos, les manifestó que él retiraba
el crucifijo porque para nada servía tener aquello en clase y
además porque había una disposición de la superioridad donde se
ordenaba se retiren de las escuelas públicas los emblemas de la
monarquía y de la religión católica. Los alumnos, no conformes
con estas teorías que sustentaba el profesor, contestaron que
tenían muy claro las nuevas normas y que desde el 14 de abril
(proclamación de la II República) habían desaparecido de la
escuela los emblemas de la monarquía, pero aunque la disposición
de la superioridad fuera la de desaparecer hasta los crucifijos,
ellos no lo toleraban y por lo tanto obligamos al maestro a que
volviera a colocarlo porque ellos eran antes que nada católicos.
En vista de la negativa del profesor los ánimos del alumnado
se fueron calentando. Los alumnos optaron entonces por salirse
de la clase comenzando a tirar piedras contra el maestro, que se
vio obligado a salir corriendo por la puerta trasera de la clase
porque los alumnos habían invadido el local de piedras.
Días más tarde, el maestro tuvo que dar explicaciones ante el
Inspector de Enseñanza declarando ser cierta la versión dada por
los alumnos, pero quiso dejar claro que en ningún momento él
había huido por la puerta trasera del aula sino por la puerta
principal de la escuelita.
Al saberse la defensa férrea realizada por los jóvenes del
Trapiche al símbolo del cristianismo se escribieron poemas
dedicados a la defensa de la cruz como el siguiente publicado
anónimamente en una hoja dominical católica de la época..
“Te arrojan ciegos, corazón Sagrado, a ti, señor y dueño de la
vida;
En mi pecho serás prenda querida, mi luz, mi gloria, mi Jesús,
mi Amado.
Con gran honor te llevaré colgado junto a este corazón que no te
olvida y con mi llanto lavaré la herida, que ahora vuelve a
sangrar en tu costado.
Quiero vivir mirándome en tus ojos, contra el Averno (Infierno)
que furioso zumba causando tu dolor y tus enojos.
Cuando este amante corazón sucumba…
¡Tú serás, bendiciendo mis despojos, faro, cruz y piedad sobre
mi tumba!
Días más tarde, el profesor volvería a su escuelita unitaria.
Al entrar en clase, lo primero que hizo (por temor) fue volver a
colocar el crucifijo, volviendo así los chicos a clase como de
costumbre sin volverse a registrar ningún incidente más que
alterara la enseñanza en el pacífico pago de El Trapiche.
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«AÑOS DE MISERIA E
ILUSIONES: ANTONIA GÓMEZ CORREA» ©
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Doña Antonia Gómez
Correa (Seña Antonia) nació en Santa Lucía de Tirajana el 18 de
julio del año 1828 contando el 1 de marzo de 1934 con un siglo y
seis años.
A la edad de
dieciocho años, o sea en el año 1846, casó con el también vecino
de Santa Lucía don Roque Rodríguez de cuyo matrimonio nacieron 8
hijos.
Al poco de casarse se
trasladarían Antonia y su esposo al municipio de Arucas porque
en Tirajana no había donde ganarlo por aquel entonces (de
Tirajana a Arucas se tardaba dos días de camino).
En Arucas se
dedicaron a la venta de cochinilla por el que ganaban un peso y
así comprar lo que podían.
Hasta el día de su
muerte, seña Antonia y toda su prole vivieron en un lugar de
casitas modestas, humildes, blancas y limpias. Ese lugar era “La
Acequia Alta” en la Ciudad de Arucas.
Su casita humilde, y
de una sola planta, era propiedad de don Teodoro Rosales que se
la tenía alquilada por una peseta al mes.
En La Acequia Alta
era toda una institución a la vez que contaba con una familia
muy larga, sus hijos y nietos tuvieron un promedio de ocho a
diez hijos cada uno. En 1937 se calcularía que estuvieron
entroncados a ella de entre 1.600 a 1.700 personas.
Doña Antonia vestía
de negro, prendas baratas y bastantes usadas, calzaba alpargatas
sin medias; su rostro, lleno de bondad, aparece surcado por
infinitas arrugas; cuerpo endurecido al igual que su oído pero
con memoria muy firme.
Antonia a sus ciento
seis años gozaba de buen humor, un ejemplo era que cuando un
bisnieto tocaba el acordeón junto a ella, ésta se arrancaba con
unas coplitas de su juventud.
Por las noches su
familia se sentaba alrededor de ella y le preguntaban sobre su
juventud.
Abuela ¿no sientes
deseos de volver a Santa Lucía? A lo que ella respondía: “Si me
llevan en “fotingo”, voy. Sobre “to” añadía: me acuerdo mucho de
Santa Lucía en Carnavales.
¿Te gusta Arucas? Sí,
le tengo más cariño que a Santa Lucía.
“Seña” Antonia se
expresaba con poca propiedad pero sí con gran soltura: “Hijo,
ésta vida ingrata, créeme, no vale la pena de vivirla. Las cosas
están malas, muy malas, cada vez a peor y nosotros los “probes”
tenemos que buscar el amparo de los pudientes para no morir de
“jambre”.
El Ayuntamiento de
Arucas, continuaba la viejita, ¿por qué ellos que son tan ricos
no me socorren, es que los “probes” estamos “condenaos” a morir
de “jambre”?
Antonia por su
avanzada edad y por su pobreza se alimentaba básicamente de
cebolla machacada, mojada con sal y gofio en polvo.
Cuando se le
preguntaba a doña Antonia por los tiempos de las hambrunas y el
cólera, ésta se sumía en profundas meditaciones que le traían a
la memoria amargos pensamientos (el cólera apareció en Las
Palmas el 24 de mayo de 1851 a consecuencia de unas mercancías
desembarcadas de un barco proveniente de la isla de Cuba
extendiéndose rápidamente por Gran Canaria, municipios como
Telde, Arucas y Santa María de Guía y en concreto sus
cementerios no daban cabida a tan elevado número de víctimas que
se contaban por centenares. 1852 fue el “año del hambre”).
“El año de la
jambre”, continuaba Antonia, no quiero ni acordarme.
Nosotros los “probes”
teníamos que comer hierbas y raíces de árboles porque no se
encontraba de “ná” ya que habían desaparecido la mayoría de las
cosechas como “barrías” por las manos del Demonio.
Con el particular que
la cabra más ruin daba leche en abundancia y como no había nada
que comer, el que por entonces tenía una cabra, tenía un regalo.
Recogíamos donde y
como podíamos espigas de trigo o cebada, que majábamos, luego de
tostada hacíamos con ella gofio y con un “pisco” de leche, que
también buscábamos, donde la hubiera, comíamos aunque tanto era
el “jambre”, que, a poco de comer, volvía a sentirse apetito.
Aquello no se acababa
nunca, mi niño, era un castigo de Dios sobre nosotros por perros
y condenaos. También nos alimentábamos con semillas de malva. Y
del cólera no quiero ni acordarme. Como que los muertos se
enterraban por centenares.
Seña Antonia, ¿se
casaría otra vez? preguntaba una de sus nietas.
No, y eso que no me
fue mal con mi Roque, pues dudo que en el mundo haya habido
hombre mejor, ni más hombre, ni más cabal en sus cosas. Era un
gran mozo. No había otro igual en muchas leguas a la redonda,
tocaba el timple que era una bendición del cielo y en cuanto lo
veían aparecer por alguna fiesta, decían: Ahí está Roque, hagan
asiento y la fiesta continuaba hasta el alba.
En las faenas del
campo era muy eficiente. Por aquellos tiempos éramos “probes”,
como ahora, pues trabajando nadie llega a rico, menos si se
tienen muchos hijos y no hay medios de vida.
Solíamos ganar un
almud de millo y tres perras todos los días, trabajando de sol a
sol, cambiábamos el grano para adquirir lo necesario para
mantenernos mal y vestirnos peor.
Hasta aquí, estimado
lector, nos ha quedado el recuerdo de seña Antonia, una mujer
con una vida de ilusiones rota por el ingrato ambiente de
pobreza en el que vivió y que fue siempre como una maldición que
aprisionó su existencia gastada, marchita, deshecha y rota por
el vendaval de la vida. |
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«FIESTA DE SAN ANTONIO
DEL TERRERO DE ARUCAS:
RECUPERANDO LA MEMORIA HISTÓRICA» ©
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Desde
1930 hasta el año 1935, un grupo de amigos y vecinos del Terrero
(Calle Juan de Dios Martín) movidos por un profundo amor a su
barrio, a su gente y sobre todo a sus tradiciones, decidieron
aunar sus diferentes talentos a fin de promocionar su más clara
y genuina expresión cultural “la fiesta”.
Dice Felipe Bermúdez, en su obra “Fiesta
Canaria”, que las fiestas son la respiración de los pueblos y
necesitan de ellas para vivir.
Para ello nombrarían, como patrono y santo
protector, a San Antonio de Padua, fraile franciscano, nacido en
Portugal, el cual adquiriría su apellido, por el que lo conoce
todo el mundo, de la ciudad italiana de Padua donde murió y
donde todavía se veneran sus reliquias.
El Papa León XIII lo llamó “el Santo de todo el mundo” porque
su imagen se encuentra en muchas partes.
No sé el origen ni el motivo de esta devoción antoniana en
los vecinos del Terrero. Quizá San Antonio de Padua, con su
atractiva juventud, despertaba en los jóvenes del Terrero el
deseo de encomendarse a él y la confianza de que ha de ser su
protector hasta que lograsen un acomodo en la vida.
Aunque en años de penuria y escasez y no se pudiera
desenvolver en la abundancia, cada familia se las ingeniaba para
que ese día no faltase para celebrar. Así las madres se
prestaban a preparar los ingredientes para que ese día en el
hogar estuviese presente el típico sancocho de papas y unos
plátanos verdes guisados con pella de gofio y ron de Arucas.
En 1931 se presentaba en el Ayuntamiento una comisión de
vecinos, presidida por don Manuel Almeida, con el propósito de
que la Corporación colaborara en las fiestas con alguna cantidad
de dinero para gastos y que la Banda Municipal amenizara los
actos.
Aquel primer Ayuntamiento republicano acordaría librar la
cantidad de cincuenta pesetas para dicho fin pudiendo asistir la
Banda Municipal, siempre que la comisión le abone la cantidad
que aquella tenga estipulada para cada tocata.
No así tuvieron tanta suerte, un año más tarde, donde don
Juan Ramón Santana Vélez, presidente de la comisión del momento,
pedía al Ayuntamiento se permitiera a dicha comisión
organizadora de los expresados festejos, cobrar los arbitrios
por ocupación de la vía pública con ventorrillos, molinillos y
cajas de turrón. Dicha petición fue denegada ya que ello
"constituiría una transgresión de la ley".
El programa de festejos de 1932 nos da un ejemplo de cómo
vivieron nuestros abuelos aquellas fiestas, desarrollándose de
la siguiente manera:
Día 17 - A las doce: Repique de campanas y anuncio de las fiestas
recorriendo el barrio y la ciudad varios gigantes y cabezudos. A
las siete de la tarde, en la calle Juan de Dios Martín lucirá
una fantástica iluminación eléctrica exhibiéndose de nuevo los
gigantes y cabezudos. A continuación concierto de la Banda
Municipal, quemándose en los intermedios variadas piezas de
fuegos artificiales.
Día 18 - A las nueve y media: Función religiosa en nuestra
parroquia con sermón a cargo del capellán de San Andrés don José
Aguiar. Terminada ésta saldrá la procesión.
A las tres y media: Carreras en bicicletas partiendo de Visvique
siendo el punto de meta la entrada a la calle Los López. Al
vencedor se le regalará un premio. De cinco a siete de la tarde
paseo y música en la calle Juan de Dios Martín.
Día 19 - A las cuatro de la tarde, después de variados juegos,
habrá un número sensacional donde se adjudicará un regalo de
magníficos tabacos de la fábrica de don José Manuel Caballero.
El número sensacional consistía en que, entre la colección de
burros presentes en el acto, alguno o algunos de los mismos que
se resistan a rebuznar, cuando sean imitados en su canto por el
vecino don Cándido Santana Falcón (Candidito “El Panadero”),
sería el ganador del premio. Como final habrá un concurso de
cantos canarios.
Día 20 - A las cinco de la tarde: Gira al “Morrete” en la Hoya de
San Juan. Fin de Fiestas.
El número del arco de este año correspondió al 2.473 que se
adjudicó el vecino Francisco Cerpa Batista.
Este sencillo programa constituía, estimado lector, la esencia de
esta fiesta, casi familiar, en honor a San Antonio de Padua que
vivieron nuestros abuelos y cuyo hecho no deja de existir sólo
porque haya sido ignorada de la macro historia de Arucas.
Nota: Quiero agradecer a don Ramón Santana
Rodríguez (Monsi) por haberme dejado fotografiar la octogenaria
imagen de San Antonio que aún existe gracias a sus cuidados.
Dedicatoria: A los hermanos Juan y Pedro
Ferrera por “traspasarme sus sentimientos y recuerdos” del
Terrero.
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«RESTAURACIÓN DE LA
FACHADA DE LA IGLESIA DE SAN ISIDRO
DE MONTAÑA CARDONES» ©
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Corría el año 1994. Montaña Cardones
vivía con preocupación el estado de ruina de la fachada del Templo
Parroquial. Durante varios años su párroco José Sánchez y Sánchez
había tocado en la puerta de varias Instituciones públicas sin ser
escuchado.
El templo parroquial se empezó a
construir en agosto de 1928 y se terminó en noviembre de 1931,
según plano de los arquitectos Fernando Navarro y Sebastián
Quesada.
El frontis de las tres naves forman
dos planos, el más sobresaliente que alberga la entrada principal
está cubierto de cantería gris de Arucas, con un arco ojival,
terminando en torre con reloj y campanario estilo neogótico.
Don José Sánchez, años más tarde,
dejaría constancia de las penalidades por las que pasó declarando:
“Los organismos oficiales contestaban a mis escritos, pero sólo
eran buenas palabras y promesas. En 1990 recibí la visita de tres
Técnicos del Gobierno de Canarias declarando que venían para
interesarse y conocer, in situ, el problema del frontis del templo
parroquial. Lo observaron de cerca y me pidieron que redactara yo
mismo, con todo detalle, la obra a realizar. Lo redacté, lo remití
enseguida al Gobierno de Canarias y esperé una respuesta, más la
respuesta brilló por su ausencia”.
Sin embargo el párroco no tiraría la
toalla. En mayo de 1990 escribiría a la Asociación de Vecinos
“Párroco Déniz” de Montaña Cardones, dirigida por aquel entonces
por Jaime Falcón Rodríguez, rogándole su apoyo a la solución del
problema.
Efectivamente, la Asociación de
Vecinos involucró al Ayuntamiento apoyando éste, desde un
principio, el proyecto y gestionando lo necesario ante el Cabildo
y Gobierno de Canarias.
Se constituiría, para gestionar los
fondos y los trabajos, una “Comisión pro Reparación del Templo
Parroquial” estando ésta constituida por el Párroco, Señor Alcalde
de Arucas, Concejal de Urbanismo, Arquitecto Municipal, tres
miembros de la Asociación de Vecinos y otros tres del Consejo
Pastoral Parroquial de Cardones.
Fueron unos años muy activos, ya que
se tenía que conseguir ocho millones de las antigüas pesetas en
tiempo récord por la gravedad de la situación.
El 1 de marzo de 1995 llegó a la
Comisión el esperado informe técnico (encargado por el
Ayuntamiento aruquense) del arquitecto don Juan Andrés Guerra.
Dicho informe no podía ser más demoledor. El frontis estaba en
avanzado estado de ruina poniendo en peligro la vida de personas y
del mismo edificio. El Ayuntamiento tomó la oportuna decisión de
clausurar la Plaza de San Isidro.
Las obras durarían casi un año. El
Ayuntamiento había prometido tres operarios y durante varios
meses sólo trabajó uno en la labranza de la piedra. Ante las
quejas de los vecinos y de la propia Comisión se integraron dos
más. En un principio dirigiría los trabajos el maestro Feluco
Rodríguez, pero éste fue sustituido por el maestro Fernando
Rodríguez, junto con él estuvieron, José Manuel y Manuel Granados,
dos jóvenes muy recordados en Cardones por su pericia trabajando
en las alturas y por su nobleza.
La instalación de la grúa costó más
de un disgusto, por despiste, por no decir negligencia de los
técnicos, y una vez instalada tuvo que ser desmontada porque su
cimentación cedía, con el consiguiente peligro de caída sobre las
viviendas vecinas. Una vez solucionado éste, un temporal azotaría
el municipio haciendo que la grúa se balanceara de forma peligrosa
haciendo que algunos vecinos tuvieran que ser desalojados de sus
casas por seguridad. Pero cuando creían todos los vecinos que
salían de Guatemala entraron en “Guatepeor” ya que por esa fecha
Jaime Falcón recibiría un fax que desesperó al vecindario: “Muy
señor nuestro, por medio de la presente le comunicamos que
procederemos al desmonte de la grúa instalada en la Iglesia de
Cardones por falta de pago”.
Enseguida, la Comisión puso en
marcha una serie de actos con el fin de recaudar fondos. Para
asombro de todos, Montaña Cardones participó prontamente
recaudándose entre los vecinos unos dos millones de pesetas, pero
esté no se destinó, en un principio, a pagar la grúa ya que el
Cabildo de Gran Canaria se haría cargo de dicho pago.
El 18 de abril de 1996 se colocaría
la cruz central, que remata la torre de la iglesia de treinta y
ocho metros de alto. Este acontecimiento fue celebrado en el
pueblo con un fuerte repique de campanas. Pero fue el 11 de mayo
de aquel 1996 cuando se colocaría la última pieza siendo testigo
del acto el Señor Alcalde del municipio y como notario un pueblo
emocionado y agradecido.
No cabe duda, visto once años más
tarde, que la solución al problema se debió, entre otras muchas
cosas, al trabajo, compromiso y humildad, valores que quedaron
vinculados, ya por siempre, en el pueblo de Montaña Cardones. |
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«LA FÁBRICA DE TABACOS
Y CIGARRILLOS “LA NUEVA ESPAÑA”» ©
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La fábrica de tabacos “La Nueva
España” (antes el Cuarenta y Tres) estuvo enclavada en la popular
calle Los López de la Ciudad de Arucas. Dicha industria fue
fundada en 1930 por don José Manuel Caballero Cabrera hombre de
ideas avanzadas para la época en el mundo de lo que hoy se llama
marketing.
La fábrica contaba con una planta de 700 metros cuadrados, mucha luz y
buena ventilación que le daba una cierta seguridad e higiene
laboral sobre todo en esta clase de industria donde las operarias
perdían su color natural cambiándolo por uno amarillento al estar
en cuartos cerrados y sin ventilación.
La industria era un verdadero laberinto de correas, transmisiones,
máquinas picadoras, afiladoras automáticas, todo movido por
motores eléctricos figurando, sin exagerar, como una de las
principales de la provincia con una producción de cincuenta mil
cigarrillos por hora.
En la máquina de fabricación el tabaco era almacenado provisionalmente en
tolvas que de forma continua permitían que cantidades medidas de
relleno caigan en el papel de cigarrillo preparado.
Las máquinas empaquetadoras insertaban los cigarrillos en los paquetes,
los paquetes en cartones y los cartones en cajas.
Esta empresa se adelantó, como afirmaba antes, en el tiempo en la
cuestión publicitaria ya que don José obsequiaba a sus clientes
con juegos de alcoba, ventiladores a través de sorteos y no como
hacía la competencia que utilizaba el sistema de reunir cupones
por cajetillas de tabaco consumida que no dejaba de ser una
aberración contra la salud.
También promocionó las primeras carreras ciclistas que organizaba la
Sociedad Velocipédica aruquense donando a los vencedores del
deporte del pedal una magnífica bicicleta de carreras.
“La Nueva España” era una empresa que curiosamente vendía muy bien sus
productos en muchos lugares de las islas, salvo en Arucas.
A don José cuando se le preguntaba por ello contestaba “nadie es profeta
en su tierra”.
Se daba incluso el caso extremo que aún siendo todo su personal del
barrio de La Goleta era donde menos se vendía el tabaco de “La
Nueva España”.
El industrial echaba la culpa de este asunto no porque en Arucas los
fumadores tuvieran mejor paladar, sino a los vendedores
detallistas que se excusan en decir que los clientes aruquenses no
se los piden.
José Manuel Caballero lanzaría al mercado en 1933 dos de sus productos
estrella: las marcas “Tentación” cigarrillo realizado de hoja de
virginia cuya característica es su secado con aire caliente,
tabaco maduro y dulce que se fuma sin problemas y donde es
importante las mixturas inglesas y las mezclas aromáticas y “Nueva
España” este último de picadura granulada importada directamente
de la isla de Cuba. Es un tabaco para pipa o cigarrillo granulado
en máquinas especiales. En otros lugares de España a este tipo de
tabaco se le conoce como “caldo de gallina”.
“Lo más difícil del oficio de un fabricante de tabacos es rematar un
puro, hacerle la punta con un hábil giro de yema del pulgar y una
espátula mojada en líquida goma, cercenándole después el rabo de
un tijeretazo veloz. La punta aguda, el cuerpo algo grueso, la
capa liada en elegante espiral, la tripa no tan apretada que no
debe aspirar el humo ni tan floja que el cigarro se arrugase al
secarse”.
“Elaborado el puro, comenzaría la liturgia del buen catador que consiste
en enjuagarse la boca para saborearlo mejor, lo aprietan cerca del
oído para oír si cruje mucho o poco dependiendo de la humedad, lo
encienden con fósforo de palo y, sobre todo, se relaciona con él
relajado y tranquilo, dejándose envolver por su aroma permitiendo
que el humo que desprende nos evoque gratos recuerdos”.
Animaría don José a través de sucesivas campañas publicitarias que por
“patriotismo” se decidieran los fumadores de Arucas, a fumar los
cigarrillos Nueva España fomentando así una de sus principales
industrias. |
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«CARNAL Y CUARESMA» ©
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El Carnaval surgió en Gran Canaria
en el siglo XVI de la mano de familias italianas afincadas en la
isla. Era un carnaval familiar ya que se celebraba en la intimidad
del hogar, evolucionando hasta convertirse en la “fiesta de
pueblo”.
Cabe destacar, como pueblo pionero
del Carnaval de Arucas, a Montaña Cardones que a partir de 1929 y
gracias a sus dos sociedades Círculo de Labradores y Nueva
Aurora, que organizaron los primeros grandes bailes de máscaras,
sería conocido en toda Gran Canaria.
Incluso a partir de 1939, cuando en
muchos lugares estaba perseguido, Cardones seguía celebrando su
fiesta de la carne, pero siempre, bajo la mirada de la censura
eclesiástica, más severa años más tarde, decretada por el Obispo
Antonio Pildain en su Carta Pastoral de 27 de enero de 1954
“Ciegos al borde del abismo”.
Exagerado título pero no extraño
para la época ni para tan insigne Obispo defensor de la Iglesia y
la moralidad.
Claro está, que en Montaña Cardones
mientras viviera el cura José Déniz, esta pastoral nunca se
llevaría a cabo.
Cosa curiosa, en los bailes
organizados por el Círculo de Labradores, era que había que tener
permiso para utilizar disfraz. En caso de autorizarse un simple
antifaz, solamente lo podía utilizar las señoras y señoritas, pero
los caballeros en ningún caso. Advirtiendo así al género masculino
que la persona que llevara antifaz, dentro del local, es una
señora o señorita y por lo tanto se les debía casto respeto.
Hablar del Carnaval, querido lector,
significa adentrarse en la conciencia colectiva de muchos siglos.
El hecho fundamental de poder
enmascararse le ha permitido al hombre o mujer cambiar de carácter
durante unos días o unas horas, a veces hasta cambiar de sexo.
Pero, para mí, el Carnaval ha muerto desde el momento que se ha
reglamentado hasta la diversión siguiendo criterios políticos y
concejiles, atendiendo a ideas de “orden social”, “buen gusto”.
El Carnaval no puede ser más que una
mezquina diversión de recinto ferial, merece que se le estudie no
sólo como fuente de grandes creaciones plásticas sino también
literarias. No nos olvidemos de las obras clásicas: “Las máscaras”
primera escena del “Tenorio” de (Zorrilla), la lucha de don Carnal
y doña Cuaresma en el Arcipreste de Hita, etc.
La “cura” psíquica y social que
supone el Carnaval es mucho más placentera que la cura cuaresmal.
El cancionero de Juan de la Encina
nos dice:
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Gran pesar
me pone
con su venida la
Cuaresma dolorida |
Cuaresma, cuarenta días de necesario
entrenamiento, durante el cual las faltas cometidas en otros
tiempos puedan ser rescatadas por las “buenas obras” y borradas
por “santos ayunos”.
Y es que los cristianos, engolfados
durante todo el año en los placeres y los negocios, están
obligados por la ley, establecida por los mandatarios de la
Iglesia, a dedicar al Señor los días de Cuaresma para así
“alcanzar por la pureza del corazón la caridad”.
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«ELECCIÓN
MISS ARUCAS 1932» ©
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Febrero de 1932. Apenas había pasado un mes desde que había visto
la luz el semanario independiente “Heraldo de Arucas” y entraba de
lleno en la vida social y cultural de la ciudad iniciando un
concurso de belleza entre las señoritas del municipio para
proclamar entre ellas a la que sería el prototipo de la belleza
aruquense.
El concurso había despertado un gran interés entre los caballeros que
acudirían, con gran entusiasmo, a la votación abierta con este fin
por el mencionado periódico.
Las “bellas” más discutidas entre el elemento masculino eran las
señoritas Josefa Godoy Ravelo, Carmen Medina Almeida, María del
Pino Cruz, Felisa Afonso Batista y Antonia Brito Ferrera.
El escrutinio se celebró en el Salón de Plenos del Ayuntamiento en
presencia de las autoridades y presidentes de las sociedades
culturales y recreativas de Arucas.
Eran las once de la mañana de un domingo, el Salón de Plenos estaba
lleno hasta la bandera, comenzando el escrutinio.
La noche de este mismo día en la Sociedad de Trabajadores se
celebró un baile en honor de la “Miss” y damas donde los
redactores del “Heraldo” obsequiarían con sendos regalos.
Sería en el Teatro Nuevo donde el Alcalde colocaría la “banda” con
las insignias de costumbre a la bella “Miss Arucas 1932.
Pero volvamos al Salón de Plenos donde el Alcalde don Nicolás
Lorenzo había comenzado a sacar las papeletas de la urna.
Leídas por el Alcalde una a una las papeletas que contenían los
votos de la señorita que había de ser elegida y tomada nota por
los escrutadores dio el siguiente resultado.
Antonia Brito Ferrera 162 votos, Josefa Godoy Ravelo 143, Carmen
Medina Almeida 50, María del Pino Cruz 43 y Felisa Afonso Batista
35.
Con lo que se dio por terminado el acto firmando el acta los
señores Nicolás Lorenzo, Moisés Pérez, Antonio Puga Pérez, José B.
Borges, Juan Zamora y Jesús Borges.
Con enorme asistencia de público se celebraría el baile en honor de
la Miss y sus damas de honor.
La gente estaba impaciente ¡las diez de la noche! se decían unos a
otros y el acto no empieza. Al instante la banda municipal de
música, interpretaría el Himno de Riego (Himno Oficial de la
República). A continuación se levantó el telón apareciendo a la
vista de todos las elegidas luciendo éstas lujosos trajes. Era
toda belleza y hermosura. Allí estaban todas las autoridades,
Presidente de la Sociedad de Trabajadores, Director y chicos del
“Heraldo de Arucas”. Fueron éstos, los redactores del periódico,
los que entregaron a las chicas artísticos ramos de flores.
El director del “Heraldo” José B. Borges dedicaría unas palabras a
los asistentes. A continuación la Reina de la Belleza Antonia
Brito entraría al escenario del brazo del Alcalde Nicolás Lorenzo
Fernández comenzando así el organizado baile.
Amenizó el acto la orquestina de don Luis García Asciego durando
tan aglomerado acto hasta altas horas de la madrugada.
En días posteriores, Miss Arucas tuvo que asistir a innumerables
actos sociales entre ellos una visita a la Villa de Moya siendo
recibida por las autoridades de la localidad en el casino del
pueblo.
Tampoco faltaría a las verbenas de Montaña Cardones donde su
Carnaval atraía a gentes de toda la isla de Gran Canaria.
Fue tal el acontecimiento de la elección de una Miss en Arucas que
hasta la prensa tinerfeña se hizo eco de ello. Un ejemplo fue la
poesía dedicada por don Aristeo Limiñana Díaz, redactor del
semanario “Actualidades” de Santa Cruz a la señorita Brito en
dicho periódico.
Además de otra que le presentamos, escrita por el ilustre vecino de
Teror, Nicodemus León Castellano publicada en exclusiva para el
“Heraldo de Arucas”:
“Salve mujer hermosa, hurie alada toda hecha
de amor y poesía, que esbelta has cruzado ya la vía de la fama,
con tu belleza nacarada quiero cantar con lira mal pulsada tu
gracia y elegancia pinturera, de tu boca la sonrisa zalamera, de
tu cuerpo la euritmia delicada.
Todo fulgor acerado de tus ojos, la suave guinda de tus labios
rojos, la fina hermosura de tu cabellera, la gracia de tu pie
menudo y fino, de tu voz el tono dulce y argentino, toda tú, hecha
de flor de primavera.”
Y es que en la poesía, estimado lector, se reencuentran las abuelas
de nuestras abuelas, las hijas de hoy y aquellas que vendrán para
seguir siendo admiradas por la dimensión colectiva.
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«MONTAÑA CARDONES Y
SUS PARTERAS DE VIDA» ©
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Hoy, estimado lector, quisiera hacer
un homenaje a aquellas mujeres que por no contar con conocimientos
científicos de universidades no deben ser olvidadas de la historia
de nuestro pueblo.
Homenaje a las parteras de Montaña
Cardones que ayudaron a dar a luz a otras mujeres.
En Cardones, al igual que en muchas
partes de España, cuando una mujer se ponía de parto se avisaba a
la partera, “siempre eran mujeres bien amañás”, ya que la
presencia del médico ha sido excepcional hasta mediados del Siglo
XX.
No era raro encontrar varias
generaciones de parteras (madre, hija, nieta) que aprendían desde
jóvenes. Ejemplo de ésto fue Dña. María Morales Medina, mujer
sencilla que ayudó a venir al mundo a casi 300 cardonenses. Ella
lo heredó a su vez de su suegra.
Vivió Doña María una etapa de
explotación laboral, los trabajos eran duros y mal remunerados y
sin Seguridad Social.
María Morales fue una mujer de
respeto en el pueblo y buena partera, no le gustaba que se
perdieran las costumbres, el respeto y la unión familiar.
También fueron parteras de renombre,
Dña. Dolores Medina (Tía Lola), Sionita (La Latonera) y María
González Morales.
Las parteras atendían con
rudimentarios conocimientos, hierbas, sobadas, rezos.
Ser partera significa vida, luz,
amor, trabajo, mujer, responsabilidad, confianza, esmero,
amabilidad. Ésto era lo que las hacía indispensables y diferentes.
Las parteras fueron las herederas de
la mujer médica prehispánica, las voceras de los dioses, las
sacerdotisas de la vida, protectoras de la salud y consejeras de
la pareja.
Era
tan importante en otros tiempos la labor de estas mujeres, que
hasta el Obispado de Canarias en 1706 y por Edicto episcopal
reguló la formación doctrinal de las parteras donde se decía:
“Mandamos a nuestros venerables vicarios y curas de nuestro
obispado examinen en la forma de bautizar a las comadres y
parteras para si están bien instruidas en dicha forma, y se
informarán de la virtud y conciencia de dichas parteras, y tendrá
grave cuidado cuando se haya bautizado criaturas en casa.”
Homenaje a estas mujeres, sus
grandes acciones y su contribución desinteresada pasan sin
reconocimientos y sin premios.
Mueren
llevándose consigo un conocimiento y una experiencia preciosa, que
sin embargo, se pierde en la historia. |
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«ALFONSO XIII : NO ME
ESPERES EN ABRIL» ©
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Hace cien años visitaba las Islas Canarias Su Majestad Alfonso
XIII siendo ésta la primera visita realizada por un Jefe de Estado
al Archipiélago Canario.
Pues bien, el sábado 31 de Marzo de 1906 desembarcaba en el Puerto de la
Luz y Las Palmas el joven rey acompañado de su hermana la Infanta
María Teresa, el marido de ésta el Infante Fernando de Baviera y
los ministros de la Guerra General Luque, de Marina, General
Víctor Concas y Palau, Gobernación Álvaro de Figueroa y Torres más
conocido por su título nobiliario de Conde de Romanones y algún
que otro aristócrata animador del rey.
Toda esta corte llegó en los buques de la escuadra española, acorazados
Pelayo, Carlos V, Extremadura y el Río de Plata, cruceros Princesa
de Asturias y Osada, el Trasatlántico Alfonso XII y el yate real
Giralda en el cual hizo el Monarca la travesía entre las islas.
En su visita a Gran Canaria estaba prevista una serie de visitas a los
pueblos del interior, entre ellos Arucas. Arucas en 1906 era una
ciudad de primera por su agricultura e industria y rivalizaba con
Guía, Telde y Gáldar en riqueza. Sirva de ejemplo la fábrica
azucarera de San Pedro y los innumerables trapiches que
funcionaban en su territorio.
La hectárea de tierra destinada al plátano valía entre cincuenta y
treinta mil pesetas, siendo la más cotizada la fértil Vega de
Arucas.
El joven rey, al pisar tierra, fue escoltado por la ciudad por un gran
gentío, visitando la Catedral de Santa Ana, el Ayuntamiento de Las
Palmas de Gran Canaria, el Museo Canario y el Teatro Pérez Gáldos.
En su segundo día de estancia en Gran Canaria asistió a una jura de
bandera frente a la comandancia de tropas, pasó revista a las
baterías defensivas de la ciudad y visitó los municipios de Santa
Brígida y San Mateo.
Los ciudadanos de Arucas se desbordaron en los preparativos del
recibimiento, haciendo un gasto inmenso, no doliéndoles en prenda
cuando se trataba de que quede bien puesto su nombre.
Mientras, el rey se encontraba en el hotel de Santa Brígida cuando oyó
cantar en la sala del establecimiento. Éste, acompañado de la
Infanta, penetró en ella y cual fue la sorpresa al ver que el que
cantaba era el famoso barítono canario Néstor de la Torre
acompañado al piano por el maestro Bernardino Valle Chiniestra,
famoso compositor y director de orquesta, siendo ambos felicitados
por el rey.
En Arucas nervios e ilusión, se derrocharon banderolas, arcos de triunfo
y flores desde la entrada de la ciudad hasta su salida por donde
se contaba había de pasar la comitiva.
Cabe destacar lo bien que estaba adornada la calle de León y Castillo.
Junto a la cantonera que distribuía sus aguas, la Heredad hizo
construir un arco de 15 metros de alto adornado con flores,
resultando de lo más elegante.
De la misma manera adornó la Heredad la Presa del Pinto con banderolas y
flores. También se tenían preparados y cargados cincuenta barretes
de pólvora para hacerlos explotar, uno a uno, al paso de la
comitiva real, resultando una especie de salvas de honor.
La fábrica azucarera “San Pedro”, primer establecimiento industrial de la
provincia, levantó, próximo a la cancela de entrada, un hermoso
arco causando gran admiración de la población porque estaba todo
hecho de cañas de azúcar al igual que las letras dedicatorias. La
base del arco estaba realizada de sacos de azúcar con la marca de
la fábrica y el escudo real ya que éstos eran proveedores de la
Real Casa.
El trabajo en las fincas y comercios quedaron parados dicho día para
poder acudir a vitorear a su Rey.
De Tejeda, Artenara, Firgas y Moya acudían familias enteras haciendo
difícil circular por las calles de Arucas. Desde el amanecer
estaban las calles de bote en bote ya que la visita estaba
anunciada para las nueve de la mañana.
Al mismo tiempo, el Rey se encontraba en el puerto de la Luz visitando
los buques de guerra extranjeros anclados en dicho puerto, al
igual que invitaba a las autoridades de Las Palmas a un banquete
abordo del Alfonso XII. Y ¡vaya banquete! (Los borbones a
principios del siglo XX optaron por redactar los menús en francés,
por considerarlo más distinguido. “El francés es la lengua del
lujo, del amor y la gastronomía”).
Filet de baeuf a la Montpensier
Créme diplomate
Aspic de foie gras
Glase Marie Loise
Medallones a la pricesita
Vinos :
Château Mouton
Madera
Todo esto hizo que el Rey manifestara “que no tenía tiempo de aceptar la
gira a la Ciudad de Arucas”.
En dicha ciudad seguían con los preparativos y sus gentes ponían cara de
impaciencia y de tristeza después, ya que empezaba a circular la
noticia de que ya no venía. No obstante, nadie se movió de su
sitio hasta que el Alcalde recibió a medio día la noticia y
confirmación desagradable: Alfonso XIII no venía a Arucas.
En esta ciudad el Rey hubiera podido apreciar los progresos de la
agricultura y apreciar también lo que valía un pueblo trabajador,
donde se hacen terrenos cultivables donde antes eran eriales y
donde se acometen obras hidráulicas sin otras manos que las de sus
ciudadanos.
Entonces empezó la gente a marcharse con caras apenadas por haber visto
defraudadas sus esperanzas de contemplar y aclamar al primer Rey
de España que pisaba tierra canaria.
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«DON
JOSÉ DÉNIZ RODRÍGUEZ »
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“EL CURA DE CARDONES”
En el 50 Aniversario de su muerte
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Don José Déniz Rodríguez había
nacido en Utiaca, pequeña localidad de la Vega de San Mateo, el 25
de julio de 1882. Sus padres se llamaban Antonio Déniz Henríquez y
Antonia Rodríguez Gómez. Dicho matrimonio tuvo otros cuatro hijos,
María, Juan, Antonio y Antonia Déniz Rodríguez. El pequeño José
recibiría pronto el Bautismo con el nombre de José Manuel del
Cristo Déniz Rodríguez.
José fue siempre un hombre de acusada personalidad y carácter,
temperamento y genio que, a veces, lo dominaba aunque solía
rectificar. Tenía cualidades de líder y capacidad de aglutinar
personas en torno a un objetivo a conseguir.
Su vocación la podemos definir de tardía ya que solicitó su ingreso en el
Seminario Conciliar de Las Palmas a la edad de 18 años (lo normal
era ingresar a la edad de 12 o 14 años aunque no se tuviera “la
llamada del Señor”.
De su puño y letra escribiría al Rector del Seminario:
“José Déniz Rodríguez de 18 años de edad natural de la Vega de San Mateo
y vecino de la Parroquia de San Juan Bautista de Arucas.
Sintiéndome con vocación al estado sacerdotal deseo ingresar en el
Seminario de su digno cargo para la cual tiene el honor de
acompañar partida de bautismo y certificado de buena conducta. Por
tanto, suplico se digne admitirme la matricula al primer año de
Latín y Geografía”. Firmando en Arucas a 23 de septiembre de 1900.
Y es que don José, desde adolescente, ya residía con su familia en el
barrio de Santidad considerándose un aruquense más y así está
reflejado en un certificado extendido por el Coadjutor de San Juan
Bautista de Arucas don Leopoldo Gil Navarro el 14 de septiembre de
1900 donde escribiría que José Déniz es vecino de Arucas e hijo de
padres cristianos.
Su solicitud fue admitida ingresando en el Seminario Conciliar en octubre
del año 1900.
Los estudios de aquella época, precisos para ser Sacerdote, podían ser de
carrera larga (12 años) o de carrera breve (7 años). Don José optó
por los estudios de carrera breve siendo lo más lógico porque como
ya indicábamos antes tenía 18 años de edad considerado mayor para
aquella época.
Hojeando sus notas correspondientes a los años 1900 a 1907 sorprende que
en varios cursos y asignaturas había obtenido la calificación de
Meritissimus.
El 24 de octubre de 1905 en el Palacio Episcopal fue ordenado de Tonsura
y Órdenes Menores.
Subdiaconado el 22 de diciembre de 1906, Diácono el 25 de mayo de 1907 y
ya por fin sería ordenado Presbítero el 21 de septiembre de 1907
en el Monasterio del Cister de la Villa de Teror por el Venerable
Obispo José Cueto Diez de la Maza, contaba José Déniz con 25 años
de edad.
Su primer destino pastoral fue el de Coadjutor de la Parroquia de Santa
Brígida desde el 7 de octubre de 1907 al 7 de octubre de 1910. En
dicha parroquia fue todo un revulsivo para la juventud que sin
dudarlo colaboraron con él en organizar actos en la parroquia.
Mientras, el pequeño pueblo de Montaña Cardones contaba con una pequeña
ermita que se empezó a construir en 1897 siendo terminada y
bendecida el 14 de abril de 1904.
Fue su primer capellán el generoso sacerdote catalán Ramón Cirera Cardó
nacido en 1850 en el pueblecito catalán de Berga. Cuando llegó a
Canarias, el Obispo Urquinaona lo destinó a San Bartolomé de
Tirajana obteniendo más tarde, en propiedad, la Parroquia de San
Lorenzo. En Arucas sería capellán de Cardones y del Colegio
Sagrado Corazón. En parte también se le debe la presencia en
Arucas de los Hermanos de La Salle recomendando dicha Congregación
por ajustarse a los intereses del Ayuntamiento de entonces. Lo
defino “el generoso” porque creó varias becas con su nombre
destinadas a jóvenes seminaristas a la vez que, el día de la
coronación de la Virgen del Pino, había reunido en el pago de
Cardones 40,25 pesetas, una fortuna en comparación con la
grandiosa parroquia de Gáldar que donó 25 pesetas. Fallecería el
benemérito sacerdote el 10 de noviembre de 1928.
El segundo Capellán fue el aruquense don Juan Francisco y González,
ilustrado sacerdote, escritor y poeta. Simultaneó su servicio en
Cardones con el de Capellán del Colegio La Salle de Arucas.
Falleció don Juan en el año 1937 en su casa del Cardonal.
El 7 de octubre de 1910 sería nombrado tercer y último Capellán de
Montaña Cardones José Déniz Rodríguez comenzando a fraguarse así
la historia del Padre del Pueblo.
Cuatro meses antes de incorporarse como Capellán, en concreto el 26 de
junio, Cardones viviría, si no se demuestra lo contrario, la
primera visita de un Obispo a este pueblo antes de crearse la
Parroquia.
El Obispo, en cuestión, fue don Adolfo Pérez Muñoz “Padre de los Pobres”.
El motivo de su visita fue la celebración de una Fiesta de Espigas
de la Adoración Nocturna, dato que no sería trascendental si no
fuera porque fue en 1915 cuando se creó la Sección Adoradora de
Cardones.
Pérez Muñoz dirigiría unas palabras a las casi 2.000 personas que se
congregaron en tan pequeño lugar diciéndoles: “Os animo a que
tengáis devoción por el Santísimo Sacramento como lo más propio de
nuestra época y recordad en vuestros corazones esta fiesta que
hemos presenciado hoy”.
El día de San Isidro de 1911 iba a
ser la primera fiesta que José Déniz presidiría la función
religiosa en honor al Santo, ayudado por los párrocos de Arucas y
Bañaderos señores Cárdenes y Hernández, predicando el ilustrado
Arcipreste de la Basílica Catedral Doctor Rodríguez Bolaños.
Cabe destacar que en las primeras fiestas de San Isidro el cura invitaba
a predicar a los sacerdotes más destacados de la época. En 1912
vendría el famosísimo José Feo Ramos, Lectoral de la Catedral.
En 1915 predicaría el señor Justo Marquina, Secretario de Cámara y
Gobierno del Obispado. Fue precisamente el 16 de mayo de este 1915
donde se estrenó la preciosa imagen de Santa María de la Cabeza
donada por la esposa del vecino del pueblo Fernando Guerra.
La relación de don José con las entidades del pueblo siempre fueron de
mutuo respeto a pesar de la censura eclesiástica, ejemplo de ello
fue cuando en las fiestas de San Isidro el Círculo de Labradores
organizó un “asalto a media tarde” el mismo día del Santo.
Don José, más permisivo que su superior en el arte del bailoteo y para
guardar las formas, escribiría a la dirección del Círculo en los
siguientes términos: “Es sabido por todos que el señor Obispo
prohíbe que en el día del patrono se hagan “bailes modernos” ya
que en caso contrario no habrá procesión”. Seguidamente, el cura
se despide advirtiendo: “Es mi obligación dar cuenta al Obispo
para que en su actitud buena o mala resuelva”. Después de la
función religiosa el cura ya estaba sentado en la puerta del
Círculo velando por las almas de sus feligreses mientras éstos
bailaban.
En Carnavales a don José le gustaba recibir en la casa parroquial
a las mascaritas invitándoles a un buen vino del Monte.
Los Pobres, sin duda, eran los predilectos de José. Cuando llegaba el
invierno éste encargaba en el comercio de don Antonio González
mantas para que fuesen repartidas entre las familias de la Montaña
al igual que compraba telas para que las mujeres confeccionaran
pantalones para los hombres de la casa.
En 1915 el Obispo Ángel Marquina aprobaría la nueva demarcación de las
parroquias que ya obligaba el Concordato de 1851.
Por ello, el 25 de Julio de 1915 se crearía la Parroquia de San Isidro
Labrador de Montaña Cardones, compuesta por los pagos de: Montaña
Cardones, Llano Blanco, El Guincho, Barranquillo, Lomito, Carril,
Hoya de San Juan, San Francisco Javier, Barranco de Tenoya, Tinoca
y Transmontaña.
En 1920 Dios quiso poner a prueba la fe del joven Párroco con el caso de
la vecina del pueblo Antonia Viera la cual había sido desahuciada
por los médicos encontrándose ésta en peligro de muerte.
Esta mujer, sin consuelo, recurrió a su fe prometiéndose devotamente a la
Virgen del Carmelo. A los pocos meses, Antonia fue encontrando una
sorprendente mejoría. Enseguida en el pueblo se corrió la voz de
un milagro de la Virgen del Carmen congregando don José a todo
Montaña Cardones para el besamanos y manifestación de Acción de
Gracias a la venerada imagen.
Bajo su dirección se creó una escuela, Cofradías, Asociaciones y
Movimientos religiosos.
Fue socio del Congreso Mariano de Sevilla y pertenecía a la “Liga
Sacerdotal Eucarística”. El Papa Pío X había concedido a los
sacerdotes, miembros de esta Liga, la gracia de bendecir
privadamente los rosarios y conceder las indulgencias de los
Padres Crucíferos.
Don José Déniz se preocupó porque Cardones fuese lugar de animación
vocacional y para ello animaba, a vecinos pudientes, a crear
nuevas becas de formación consiguiendo, el 22 de febrero de 1930,
que la vecina Eladia Martín Marrero fundara una Beca en favor de
jóvenes con preferencia de dicha localidad, que por su inclinación
y aptitudes diesen señales de vocación al estado sacerdotal y se
encontraran faltos de recursos para acceder como alumnos internos
del Seminario Conciliar de Las Palmas.
Sería a partir de 1931 cuando aparecería la grandeza del pastor y padre
de todos ya que los años de la Segunda República fueron años
críticos para la parroquia. El radical anticlericalismo de los
socialistas de aquellos momentos causó una profunda división en la
parroquia agudizada por la requisa del Cementerio Parroquial.
Montaña Cardones en 1932 era un pueblo con un paisaje magnífico. Sus
casitas blancas semejan una bandada de palomas detenidas a la
falda de la Montaña. Ya dentro de él se advertía un pueblo
trabajador y progresivo.
Era notorio el adelanto que el barrio había experimentado en la última
década, calles adoquinadas, bonitos y modernos edificios, servicio
de luz eléctrica, ... pero lo que cautivaba la atención del
visitante era su iglesia, obra sencilla y humilde, pero artística,
orgullo de los cardonenses y que se terminó gracias a la fe y
entusiasmo de los vecinos y al celo y la constancia de don José
Déniz.
El 18 de julio de 1936 surgieron las “represalias” donde a altas horas de
la noche los hombres más significativos de la izquierda eran
arrebatados de sus hogares para ser torturados y arrojados a los
pozos.
El cura, a pesar de su ideología y sentirse víctima de aquellos “malditos
socialistas” como dejó escrito en aquellos dramáticos días en que
peligraba la vida de algunos feligreses, se erigió en el gran
defensor de los “represaliados”. Uno de éstos fue Francisco Medina
Falcón (El Bragao) vecino y sepulturero de Cardones, acusado de
haber escondido en el cementerio la dinamita para volar los
puentes de Tenoya y Cardones. Fue declarado “rebelde al
Movimiento”.
Enviaría don José aviso, en la oscuridad de la noche, a todos los que
consideraba posibles víctimas de las “sacas” para que se
escondieran y no durmieran en sus casas (algunos incluso dormirían
y se esconderían en los salones parroquiales e incluso en el foso
de la torre de la iglesia).
Fue desde dicha torre donde el cura, noche tras noche, oteaba las
entradas y salidas del pueblo para descubrir las fatídicas luces
de los coches y camionetas que se dirigían a los pozos cargados de
vecinos de otros lugares para su posterior ejecución.
La táctica del cura obtendría un resultado positivo (dicen algunos que
también hubo otras influencias). En todo el municipio de Arucas,
el único pueblo en el que no hubo ni un solo desaparecido fue
Montaña Cardones.
Otra faceta del cura fue el de yerbero o médico-naturista que sería como
su segunda vocación, especialidad ésta, la fitoterapia, que le
hizo famoso hasta fuera de Gran Canaria.
En Sesión Plenaria del Ayuntamiento de Arucas de 30 de agosto de 1954
sería nombrado Hijo Adoptivo de Arucas. Contaba don José con 72
años y ya con signos de debilidad.
Después de casi 40 años en Cardones sería ayudado, en calidad de
Coadjutor, por don José Domínguez aunque éste no viviría en la
casa parroquial ya que don José Déniz la seguiría ocupando hasta
su muerte.
Y llegó el día: “el padre del pueblo se ha muerto” gritaba una vecina de
la casa parroquial. Fue el 23 de noviembre de 1956. Desde que se
supo la noticia de su muerte no fue sólo Montaña Cardones sino la
isla entera la que sintió un doloroso estremecimiento: “Había
muerto el cura de Cardones”.
Con esta frase ya se definía a un hombre bueno y sacerdote
ejemplar.
Fue incesante el número de personas que desfilaron ante su cadáver. Jamás
se vio nada igual por estos lugares.
“Se nos ha ido don José”, murmuraba tristemente todo el pueblo. La
tristeza era cierta, fuerte y humana porque don José fue siempre
un padre auténtico, pastor de almas y que a todos guió rectamente
por el camino de la fe.
Sus restos descansarían en el cementerio parroquial hasta que en 1978 se
creó una Comisión, bajo la animación del vecino Bibiano González
Hernández, para trasladar los restos del recordado sacerdote a la
iglesia, siendo depositados éstos en la Capilla del Carmen,
aquella Virgen del Carmen a la que tanto quiso.
Sin duda “murió en el Señor lleno de días y de méritos”.
NOTA: Mi agradecimiento al Sacerdote Don
Juan Marrero Hernández por su colaboración, archiveros,
bibliotecarios y a los vecinos de Montaña Cardones que han hecho
posible esta edición.
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«FRANCISCO NAVARRO
ARTILES EN EL RECUERDO» ©
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Hoy, estimado lector, quisiera traerles a la memoria la figura de
este hombre de la cultura canaria, Francisco Navarro Artiles. Es
un deber de gratitud. Fue él, Francisco Navarro, quien impulsó en
mí, y supongo que en muchos otros como enseñante, las ganas por
profundizar en nuestra cultura con ojos de niño y mente madura ya
que los tesoros se forman de riquezas nuevas y viejas.
Estudioso de las costumbres de nuestros antepasados. Él vivía los últimos
meses de su vida con la ilusión de crear una fundación de estudio
de su dilatada obra investigadora en la isla de Fuerteventura. Sus
amigos le animábamos para que llevara a buen fin su propósito, ya
que es en dicha isla donde don Francisco ejerció un papel
importantísimo recogiendo las tradiciones de un pueblo maltratado
por la geografía y el clima, y muestra de ello es “Cantares
Humorísticos” en la poesía tradicional de Fuerteventura, o
“Artículos y Discursos de Unamuno sobre Canarias”, “El Lenguaje de
los Aborígenes” y así un largo trabajo bibliográfico y documental.
Su intención era fundarla en el último municipio donde residía
pero, por motivos de miopía política, no se llevó a buen fin.
Francisco Navarro Artiles vivía, hasta que acudió sereno a la llamada del
Creador, en el pueblo de Montaña Cardones. Fue en este pueblo
donde recibió el cariño y el calor de sus vecinos. Él me lo
contaba en una carta a propósito de que lo animara a escribir la
historia de una vieja institución de este pueblo. En ella me
decía: “Vivo aquí, en Cardones, desde hace un año. He vivido todo
este tiempo con absoluta paz. He disfrutado de la amabilidad de
mis vecinos y ahora, además, puedo dedicar parte de mi actividad
investigadora a la entidad de más prestigio de Cardones: al
Círculo de Labradores”.
Además de demostrar su cariño a este pueblo, que lo acogió y lo hizo
suyo, demuestra nobleza, respeto y cordialidad.
Y es que Francisco Navarro, el polifacético, miembro de la Academia
Canaria de la Lengua, de la Real Academia de Bellas Artes, socio
del Museo Canario, de la Menéndez Pelayo, de la Asociación Canaria
de Antropología y de su querida Tertulia Pedro Marcelino Quintana
de la Ciudad que le vio nacer en 1928, Arucas, viene a representar
de alguna manera, hay que decirlo, una especie de institución, de
referencia o reliquia viva de la ilustración, crítica y
biempensante en Canarias.
Es equivocada la imagen pública de los hombres públicos. De todos. Pero
eso ya no tiene importancia. Francisco Navarro Artiles es una
página de la historia de Canarias, página que las nuevas
generaciones tenemos que conservar y acrecentar esforzándonos por
mantener la mente abierta a todos los vientos que sopla el
espíritu de la cultura en Canarias, a todos los caminos que bajo
su impulso se están roturando ya. Éste es el mejor homenaje que
podemos brindarle.
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«HISTÓRICA VISITA DE
UN MINISTRO A LA CIUDAD DE ARUCAS,
EDUARDO COBIÁN Y ROFFIÑAC» © |
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Si 1906 fue el año en que, por primera vez en la
historia, un monarca español visitaba Canarias (a excepción de
Arucas, leer capítulo “Alfonso XIII no me esperes en Abril”),
1905 supondría el año en que también, por primera vez, un ministro
de Su Majestad pisaba tierra canaria para demostrar la hegemonía
del Estado español sobre el archipiélago Canario. Éste fue el
Ministro de Marina Eduardo Cobián y Roffiñac, jurisconsulto de
primera línea y militante del Partido Liberal bajo la presidencia
de Práxedes Mateo Sagasta.
El Ministro Cobián viajo desde Cádiz a
Canarias en el buque Numancia, primer acorazado que dio la vuelta
al mundo.
Su desembarco en el Puerto de La Luz y de Las
Palmas se produjo el día 15 de mayo de 1905 a las cuatro de la
tarde siendo recibido por el Alcalde de las Palmas Ambrosio
Hurtado de Mendoza, el Gobernador Civil y el Capitán General de
Canarias García de la Vega.
La visita a Gran Canaria duró cuatro días,
recogiendo el programa de actos protocolarios una gira a la Ciudad
de Arucas el miércoles 17 de mayo por invitación del Ayuntamiento
aruquense al señor ministro.
A las diez de la mañana de dicho día salió la
comitiva ministerial hacia Arucas desde el Parque San Telmo en Las
Palmas acompañados de un hermoso y soleado día de primavera.
Mientras, en el Puente de Tenoya, límite municipal,
esperaban en carruajes el Alcalde de Arucas señor Quevedo, Ramón
Madán, que cedió un carruaje tirado por cuatro magníficos caballos
de su propiedad, y el Gobernador Civil.
La entrada a la Ciudad de Arucas fue espectacular.
Las calles estaban vistosamente engalanadas, la banda municipal
tocaba alegremente a la vez que estallaban millares de cohetes con
continuas ovaciones y vítores, todo ello como tributo del pueblo
aruquense al señor Cobián por su histórica visita.
Pararía la comitiva en el Ayuntamiento que, por
cierto, estaba decorado con lujo y arte exquisito sirviéndose a
los viajeros un refrigerio.
Enseguida, saldría el Ministro a visitar la “Presa
de Pinto” donde recibiría información, de primera mano, sobre su
construcción y beneficio por parte del ingeniero Orencio
Hernández recibiendo dicha obra los mayores elogios del Señor
Cobián.
Luego se trasladaría la comitiva hasta la fábrica
azucarera de San Pedro donde esperaban al Ministro los señores
Ramón Madán y Francisco Gourié propietarios de la misma.
Recorrería Eduardo Cobián las dependencias, la sala de máquinas y
talleres del establecimiento industrial más importante de Canarias
en aquel momento.
De regreso al casco urbano, la comitiva entraría en
los jardines del señor Gourié donde se encontraba dispuesta una
mesa artísticamente arreglada para el almuerzo que el Ayuntamiento
ofrecía a los invitados.
La preparación y elaboración del mismo corrió a
cargo del servicio de cocina del Hotel Metropole de Las Palmas.
Al servirse el champagne, el señor Madán,
levantándose, brindó en nombre de la Ciudad de Arucas dando un
prudente discurso.
Expresó don Ramón Madán: “Me llena de orgullo en
recibir la visita con que nos honra el señor Cobián, primer
Ministro de la Corona que viene a Canarias después de que este
noble archipiélago fue incorporado a Castilla. Pido al señor
Ministro proteja la agricultura y la industria de Canarias en las
Cortes”. Terminando su brindis, por España, por el Rey y por el
señor Cobián.
Luego tomaría el Ministro la palabra expresando lo
siguiente: “Estoy impresionado con el pueblo canario, con su
fidelidad, con lo trabajador que es y honrado, donde las mujeres
no entregan su corazón al vago que torpemente la desee porque aquí
en Canarias no se rinde otro culto que a la patria y al trabajo.
Al Rey y al Gobierno les contaré lo fieles y nobles que sois, no
seré el protector de la agricultura canaria porque me faltan los
medios aunque me sobra voluntad. Seré su constante protector en
todas las ocasiones amigo y entusiasta de Canarias en el Gobierno
de su Majestad. Todas las aspiraciones nobles y justas de Canarias
serán atendidas por el Gobierno”.
Finalizaría Cobián con un brindis por el Rey,
España, Canarias y Arucas.
Al acabar don Eduardo su discurso, el público
inmenso que se agolpaba en las verjas del jardín Gourié prorrumpió
en vivas y aplausos ejecutando, en ese instante la banda de música
del municipio, el himno nacional.
Lo de proteger Canarias en las Cortes lo cumplió,
años más tarde, en concreto en las elecciones del ocho de mayo de
1910 donde fue elegido Diputado por la circunscripción de
Canarias, distrito de Santa Cruz de Tenerife donde, por cierto, al
mostrarse favorable por la división provincial fue tachado en la
isla hermana de traidor a la causa chicharrera e insultado en la
prensa de aquella isla retornando a la Península.
Volvamos al jardín Gourié donde habíamos dejado a la
gente escuchando fervorosamente el himno nacional y donde se pasó
a servir café, licores y ricos habanos. Luego la comitiva seguiría
la visita por la Ciudad recorriendo varias calles que lucían
vistosos tapices. Los balcones acogían una multitud de hermosas
señoritas. Visitaron la iglesia, regresando al Ayuntamiento desde
donde se emprendió la vuelta a Las Palmas.
Sin duda alguna, los aruquenses, orgullosos y
enamorados de su ciudad, vieron en esta visita histórica motivo
más que suficiente para mimarla y atenderla.
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«LA SALUD PÚBLICA DE
SANTIDAD EN MANOS DE
UN FABRICANTE DE SOGAS» ©
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La población de Santidad
desde tiempos lejanos se surtía del agua que discurre por el cauce
de la Heredad del Pinillo. Siempre existió un uso permanente de
este servicio para el consumo de la población, a la vez del lavado
de ropas, originándose una servidumbre de toma y saca de agua bien
ordenada.
Hasta que la introducción del
cultivo de piteras, para hacer sogas, llevó a los cultivadores a
utilizar el cauce del Heredamiento del Pinillo a la vez que
mezclaban las aguas del naciente con otras menos puras, haciendo
imposible su consumo al vecindario y ocasionando un serio
conflicto de salud pública que estaba ahora en manos de un
fabricante de sogas.
La Pita fue asilvestrada en
España y en otros países mediterráneos desde el Siglo XVI
constituyendo, desde entonces, un rasgo típico del paisaje. Esta
planta es originaria de México.
Ante tal ilegalidad, los
vecinos de Santidad acudieron al Ayuntamiento de Arucas
denunciando este nuevo abuso que venía a engrosar el ya numeroso
de los que eran consentidos y tolerados por la Junta Municipal de
Sanidad presidida a su vez por el mismo Alcalde Nicolás Lorenzo
Fernández.
El Pueblo afirmaba que el
Ayuntamiento era más solicito y defensor de los intereses de los
fabricantes de soga que de la salud del vecindario tomando la
decisión de apelar al Delegado de Gobierno don Manuel Luengo.
Las llamadas de atención del
Delegado al Ayuntamiento nunca dieron su fruto.
Mientras, las aguas cenagosas
siguieron mezclándose con la de los nacientes, las venenosas
piteras seguían poniéndose de remojo en pleno cauce sin miramiento
de días ni de horas.
Una ordenanza municipal
decretaba las horas de lavado de ropas con las de toma para el
consumo. Se suponía que estaba bajo la inspección de un Acequero
de la Heredad pero éste hacia dejación de su trabajo haciendo la
vista gorda.
Los vecinos de Santidad
plantearon tender una tubería de una pulgada que, partiendo del
naciente conocido como “El Naranjo”, viniera por el margen de la
acequia suministrando así el agua en condiciones de pureza, pero
el Consistorio hizo oídos sordos del proyecto vecinal.
Por si esto fuera poco, el 30
de mayo de 1932 los vecinos de Santidad comprobarían
desconcertados que no podían beber agua ya que ésta tenía un
efecto corrosivo, comprobándose, más tarde, que el fabricante de
sogas, llamado Aniceto Socorro, tenía hecha una balsa enorme en la
acequia del Pinillo dentro de la cual tenía metidas sus hojas de
piteras sin otro miramiento que el de su conveniencia despótica e
inhumana.
Los vecinos decidieron poner
en manos de la justicia este atropello a la salud pública
presentando una denuncia en el correspondiente Juzgado.
El pueblo de Santidad luchó,
a pesar de la crisis económica existente, para que el agua fuese
un recurso al servicio de la vida y no de las ganancias de unos
pocos. |
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«JUAN GONZÁLEZ
SANTANA: JUANITO EL CARTERO»
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Incontables cambios ha experimentado la
sociedad desde que don Juan González Santana, primer cartero de
oficio de Montaña Cardones, empezó a repartir a domicilio misivas,
legajos, cartas, documentos oficiales, conforme a las ordenanzas
gubernativas.
El nombramiento de Juan tuvo lugar el 15 de
noviembre de 1926 dándose la circunstancia que fue oficialmente
reconocido como el segundo cartero rural de España.
Con el auge de las publicaciones que tuvo lugar
después de la Guerra Civil don Juan tuvo mucho trabajo: envío de
periódicos, devocionarios, calendarios, billetes de lotería.
Por todo esto Juanito recibía del Estado exactamente
500 pesetas anuales.
Y es que Juanito el cartero, como popularmente se le
conoce, se hizo a sí mismo y sin deberle nada a nadie. Nació un
seis de enero de1896 en Arucas siendo el penúltimo de 10 hermanos.
En 1924 contrajo matrimonio con Concepción Marrero de cuya unión
nacieron ocho hijos.
Pero Juanito además de cartero, que era lo que le
daba el sustento, aprendió el oficio de barbero y practicante con
“Pepito el chico” en Arucas.
En el oficio de practicante demostraba una sangre
fría y una seguridad antes nunca vista además de conocimientos
innatos para tratar algunas enfermedades.
Por ejemplo, el caso de un hombre que tenía la
cabeza hinchada al cual el médico le había dicho que no podía
hacer nada por él. Juanito, sin pensarlo dos veces, no se le
ocurrió otra cosa que abrirle la cabeza por dos lados y limpiarle
todo el daño que tenía; como resultado el señor se recuperó y
vivió muchos años más.
A su hija le quitó un lunar en la espalda, a otro
hijo le abrió la ingle y le quitó un quiste además de curar
empeines de la piel con unas piedras azules que venían en los
sacos de guano de Chile.
Pasaba este hombre, perseverante, noches enteras en
las casas del pueblo donde había algún miembro enfermo que
requería tratamiento como por ejemplo penicilina donde había que
suministrar las dosis cada cuatro horas.
Los afamados doctores don Fernando Caubín, don José
Cuyás y don Anastasio habían sido testigos de dichos servicios y
expresaban que Juanito tenía muy merecido el título de
practicante.
Los
lugareños recuerdan a Juanito caminando con su cartera al hombro
para recoger la correspondencia en la oficina de correos, que se
encontraba en la calle San Juan, para luego hacer el reparto por
la Hoya de San Juan, El Hornillo, El Carril, Cardones hasta el
puente de Tenoya por aquel entonces límite municipal con el
desaparecido municipio de San Lorenzo.
A Juanito sólo le gustaba llevar buenas noticias,
era un hombre que siempre tenía muy buen humor, le gustaba contar
historias y bromas para hacer reí | |