GENTES E HISTORIAS
Por ARMANDO PÉREZ TEJERA

 
 
 

«COMERCIOS, OFICIOS Y EMPRESARIOS DE ARUCAS
EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX»
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Los años 1900 a 1950 son los límites elegidos para enmarcar este aspecto de Arucas. El contexto histórico de este momento tan propicio para el comercio y la emprendiduría aruquense era ni más ni menos que el reinado de Alfonso XIII, la Dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y el Régimen Franquista.

En 1900 Arucas tenía una industria muy característica por lo que fue famosa en el Siglo XIX “la fabricación de cachorros” (sombrero de lana y de pelo, copa muy chata y anchas alas).

Las sombrererías más nombradas eran las de Juan Batista, Cirila Pérez, Domingo Santana y Juan Bautista Cerpa.

Destacan también, con más de diez contribuyentes, los Panaderos, Tejidos (2), Zapaterías (2), Hojalateros (2), Camisería (1).

Existió también en Arucas, a principios del Siglo XX, la Fonda de Fermín Castellano, C/ León y Castillo, que contaba con 25 habitaciones. En este establecimiento además de alojamiento se ofrecía comida a los huéspedes. Lugar de categoría para la época, se pagaba 0,25 pesetas la noche.

La industria del empaquetado y exportación de fruta fue muy importante contabilizándose en 1902 veinte casas dedicadas a la exportación sobre todo de plátanos, tomates y papas con destino a los mercados de Inglaterra, Francia y Alemania.

En la misma época encontramos que existían seis molinos de agua para la producción de harina.

Las farmacias de Miguel Grau Bassas y Antonio Codorniú instaladas en la Calle León y Castillo. La farmacia de Miguel Grau fue muy conocida en 1906 en la isla por un jarabe al que le puso su apellido; en la publicidad del momento podemos leer: “Jarabe antiferino Grau, para combatir toda clase de toses especialmente la “COQUELUCHE” o tos ferina”.  

En 1905 el municipio de Arucas contaba con 9.363 habitantes aumentando también los comercios y las industrias. Si en 1902 existían dos zapaterías, en 1905 éstas se duplicaron dando trabajo a unas sesenta personas cada una. La industria del zapato estaba encabezada por los señores Francisco Pitti, Domingo Batista, José Caballero, Antonio Hernández y Juan Leandro Medina.

El gremio de carpinteros también dio mucho trabajo en una ciudad que estaba creciendo sin parar; destacar las de Mario Benavides Ponce, Francisco Batista Henríquez, Francisco Pérez y Pérez dando trabajo, cada una, a casi 50 operarios en sus respectivas carpinterías.

Barberías: Nicolás Déniz Marrero, Antonio Déniz y Antonio Guerra Espino. 

Herrerías: Juan Díaz Toledo y Fernando Quevedo González destacando la herrería de la Fábrica de Azúcar de San Pedro.

Los Plateros (relojeros) también estuvieron bien representados destacando Manuel Croissier, Francisco Ruiz, Ventura Rodríguez, Dionisio Vega y Miguel Hernández.

En 1911 crece el número de comercios dedicados a los víveres contándose con quince en el casco urbano de la ciudad a la vez que un gran número de mamposteros, cabuqueros, entalladores, labrantes y tallistas convertían la piedra en material de exportación.

En el mismo año vemos cómo crece el negocio del transporte existiendo unas siete casas en toda la ciudad.

En 1914 se fundaría la librería de Nicolás Santana; antes de ésta ya existía la de Esteban Grau.

Pirotécnicos: Francisco Dávila y Juan Aguiar Mateo.

Las Mercerías de Pedro Marrero y Miguel Martín.

1927 es el año donde aparecen más empresas dedicadas a la exportación sobre todo en Bañaderos y Montaña Cardones destacando en este pueblo los señores Tomás María González, José Fernando Marrero Pérez y don José Fariña. 

En los años treinta del siglo XX aparecen empresarios dedicados al negocio del ocio y el espectáculo creándose el Cine Bañaderos, de don Juan Cabrera Armas; Cine La Estrella de Montaña Cardones, fundado por don Deogracias González Henríquez (propietario a su vez de una fábrica de calzados); el Teatro-Circo Arucas, Vicente Sánchez y el Cine Díaz, propiedad de don Cristóbal Díaz Monzón en 1946.

Ahora, estimado lector, le invito a una excursión por los comercios más famosos de Arucas en 1936 y, en concreto, el siete de junio donde conoceremos nombres de comerciantes y el desenvolvimiento de sus mejores industrias. Empezamos por la Fábrica de chocolates y pastas alimenticias de don Gabriel Mejías Fernández.; “La Nueva España” una fábrica de tabacos propiedad de don José Manuel Caballero.

Nos vamos para Montaña Cardones, pueblo que se nos presenta plácido y tranquilo, llegamos a la Plaza, junto a la iglesia. Allí tiene su establecimiento de comestibles desde hace siete años Manuel Suárez Pérez. Pero como es hombre que sabe lo que se trae entre manos ha prosperado y en Transmontaña ha puesto otra tienda de comestibles. 

Antes de volver a Arucas nos pasamos por la calle Principal, 28 donde don Antonio González Hernández posee un magnífico bazar. Tejidos, comestibles, ferretería de todo se vende allí. Antoñito era un hombre activo, perseverante…Se hizo él solo.

Volvemos a Arucas para almorzar en el café-restaurante económico de Francisco Pérez González, en el mercado. Después de almorzar divinamente nos tomamos un coñac FLORIDO HERMANOS.

Estando ya bien comidos y bebidos, nos vamos hasta el negocio de don José Cabrera Rodríguez, hombre activo y simpático que tiene uno de los más importantes almacenes de Arucas desde hace más de treinta años.

En el número 22 de la calle León y Castillo nos encontramos con el Gran Almacén de Tejidos y sedas de Dionisio Benítez fundado el 3 de febrero de 1912.

Mercería “El Pino” de don Severino Falcón, natural éste de la Villa de Teror.

Entramos en la tienda de ultramarinos de Miguel Suárez Hernández donde vende al por mayor pero al ir éstas muy mal, por la crisis económica, también vende al detalle.

A él cuando le preguntaban de dónde era contestaba de “Casas Viejas” y es que “Casas Viejas” llamaban en Arucas al barrio de “La Goleta”.

Visitamos a modo de relámpago el importante pago de Bañaderos para descubrir que en la carretera, frente a la Sociedad Obrera de aquel lugar, don José Santana de Armas, antiguo empleado de Antoñito González, el de Cardones, ha abierto una tienda de comestibles, al por menor, en la que tiene también su representación de gasolina y petróleo. Pero el comerciante más veterano es don Antonio Morán Hernández. Sus treinta años al frente de su negocio han hecho de él toda una institución en Bañaderos y San Andrés.

En 1945 se contabilizan sólo en la ciudad 23 “cafés económicos”. Desde la década de los veinte del Siglo XX hasta la Guerra Civil hubo cafés para todo tipo de gentes y oficios, lugares donde se formaban tertulias literarias, políticas, etc.

Lamentablemente, con el paso de los años el café fue quedando para aquellas personas que pasaban de los cuarenta mientras los jóvenes preferían frecuentar el típico bar americano, llegando nuevas bebidas. Sin embargo, el golpe de gracia definitivo para éstos fue la llegada, procedente de Estados Unidos, de las cafeterías que trajeron los zumos de fruta, los sándwiches,… Su fin y decadencia, es pues el resultado de unos tiempos que cambian y que no dejan espacio para las tradiciones.

En 1948 en la calle Juan de Dios Martín un emprendedor Juan Ferrera Batista abría un local dedicado al alquiler de  bicicletas. (Pero fue más conocido por el negocio de la Pastelería).

En 1950 se funda la “Imprenta Arucas” con domicilio fiscal en la calle León y Castillo, 5. Los propietarios eran don Emilio Cabrera Marrero y su socio Nicolás Tamajón Mendoza originario de la ciudad de Córdoba.

Fueron sus primeros operarios Francisco Osuna Marín, Israel González Ramos, Antonio José Cabrera Vélez y el aprendiz, de catorce años, Jaime Falcón Rodríguez. En esta imprenta se editaron las novelas del Abogado y escritor aruquense don Carlos Medina de Matos.

De la calle Barranquillo a la Acequia Alta nos encontramos con los siguientes negocios, despachos y talleres: Tienda de tejidos de Juanito el árabe, hermano de Felipito; Bar de Francisco Guerra Santana; Despacho del Dr. José Medina Domínguez; Tienda de tejidos de doña Pilar; Tienda de comestibles de Candelarita Vélez; Garajes de Cayo Cabrera; Tienda de tejidos de Felipito el árabe; Peletería de Ramón Sarmiento Pérez; Tejidos de Francisco Sarmiento Pérez; Tejidos de José Ferrera Rosales; Maduradero de plátanos de Luis Morales Díaz; Zapatería de Maestro Eusebio; Tienda-Bar de Patricio Santana Rodríguez; Tienda-Bar de Salvador Medina Rodríguez; Taller de mecánica de Valentín Medina; Carpintería de Luis Déniz Pérez; Latonería de Maestro Cipriano; Tienda de comestibles Manuel Naranjo Domínguez (Manolito); Zapatería de Domingo; Tienda de comestibles de Juanita Viera; Tienda de comestibles de Tomás Guerra; Tienda de Isidoro Uriarte, conocido por Juanito el moyero; Fábrica de turrones de doña Candelaria; Panadería de Maestro Juan López; Zapatería de Candidito; Almacén de plátanos de Manuel González Cabrera, conocido por Melito Brito; Panadería de José Batista Sánchez, conocido por Pepito Dolores; Tienda de Agustín Hernández González; Tienda de comestibles de Antonio Guerra Santana; Bar de Ramón Ortega Pérez; Carpintería de Manuel Díaz Batista; Tienda de comestibles de Antonio Almeida Marrero; Taller de Francisco González Pitti; Taller de José Jiménez Santana.

En Arucas, sin duda, se mezclan armoniosamente la historia y la modernidad. Con más de 35.000 habitantes ofrece todos los servicios de una ciudad moderna, pero también se muestra orgullosa de sus comercios e industrias centenarias a la vez que, como espacio comercial urbano, vive con la intensidad propia del centro de una gran comarca donde sigue habiendo lugares para la tranquilidad, el paseo y donde las calles peatonales hacen más agradable nuestras compras.

Fotografía: Bar Arucas, de izquierda a derecha Eusebio el fotógrafo; Torres, padre del que fuera Alcalde de Arucas Ángel Víctor Torres y Domingo Ponce.

Fuentes Orales:

Vicente González Marrero, Jubilado, del Banco Hispano Americano de Arucas.
Jaime Falcón Rodríguez, Jubilado, empresario de Artes Gráficas.
 

 

 
 

«EL TRAPICHE ENTRE LA TRADICIÓN Y EL LAICISMO» ©
 

 

El siguiente relato ocurrió en el populoso barrio del Trapiche en 1932, año donde el Gobierno Republicano había decretado prohibir a los colegios de iniciativa social y a las órdenes religiosas dedicarse a la enseñanza. A la vez, la Constitución de 1931, en su artículo tercero, declaraba que “El Estado español no tiene religión oficial”.

    Pues bien, había llegado al Trapiche un joven maestro a ocupar su plaza en la Escuela Unitaria de niños de dicho barrio, ganada hacía pocos meses en oposición. El joven se llamaba Joaquín Bueno López.

    El buen profesor un día de Todos los Santos llegó a su escuelita encontrándose a todos los alumnos en la puerta en actitud un poco hostil. Éste al preguntar qué ocurría, uno de los mayores le contestó: “Hoy no hay clase por ser día de Todos los Santos” comenzando éstos a tirar piedras contra las ventanas del aula al mismo tiempo que decían: “Fuera el comunista”.

    Hasta aquí, estimado lector, fue la versión de los hechos realizada por el maestro en la denuncia que interpuso en el puesto de la Guardia Civil de Arucas. Pero los alumnos afirmaron ante el Inspector de Educación que en la mañana del citado día, los escolares habían ya entrado y ocupado sus respectivos pupitres a la espera del comienzo de la primera clase del señor Bueno López. Éste, al entrar, lo primero que se le ocurrió al tomar posesión de dicha escuela fue quitar el crucifijo que años atrás venía figurando en la misma.

    En ese momento, los alumnos se molestaron y le indicaron a su nuevo profesor que volviera a colocar el crucifijo nuevamente porque de lo contrario se marcharían de la clase. El maestro, creyendo convencer a sus alumnos, les manifestó que él retiraba el crucifijo porque para nada servía tener aquello en clase y además porque había una disposición de la superioridad donde se ordenaba se retiren de las escuelas públicas los emblemas de la monarquía y de la religión católica. Los alumnos, no conformes con estas teorías que sustentaba el profesor, contestaron que tenían muy claro las nuevas normas y que desde el 14 de abril (proclamación de la II República) habían desaparecido de la escuela los emblemas de la monarquía, pero aunque la disposición de la superioridad fuera la de desaparecer hasta los crucifijos, ellos no lo toleraban y por lo tanto obligamos al maestro a que volviera a colocarlo porque ellos eran antes que nada católicos.

    En vista de la negativa del profesor los ánimos del alumnado se fueron calentando. Los alumnos optaron entonces por salirse de la clase comenzando a tirar piedras contra el maestro, que se vio obligado a salir corriendo por la puerta trasera de la clase porque los alumnos habían invadido el local de piedras.

    Días más tarde, el maestro tuvo que dar explicaciones ante el Inspector de Enseñanza declarando ser cierta la versión dada por los alumnos, pero quiso dejar claro que en ningún momento él había huido por la puerta trasera del aula sino por la puerta principal de la escuelita.

    Al saberse la defensa férrea realizada por los jóvenes del Trapiche al símbolo del cristianismo se escribieron poemas dedicados a la defensa de la cruz como el siguiente publicado anónimamente en una hoja dominical católica de la época..

“Te arrojan ciegos, corazón Sagrado, a ti, señor y dueño de la vida;
En mi pecho serás prenda querida, mi luz, mi gloria, mi Jesús, mi Amado.
Con gran honor te llevaré colgado junto a este corazón que no te olvida y con mi llanto lavaré la herida, que ahora vuelve a sangrar en tu costado.
Quiero vivir mirándome en tus ojos, contra el Averno (Infierno) que furioso zumba causando tu dolor y tus enojos.
Cuando este amante corazón sucumba…
¡Tú serás, bendiciendo mis despojos, faro, cruz y piedad sobre mi tumba!

    Días más tarde, el profesor volvería a su escuelita unitaria. Al entrar en clase, lo primero que hizo (por temor) fue volver a colocar el crucifijo, volviendo así los chicos a clase como de costumbre sin volverse a registrar ningún incidente más que alterara la enseñanza en el pacífico pago de El Trapiche.


 

 

 
 

«AÑOS DE MISERIA E ILUSIONES: ANTONIA GÓMEZ CORREA» ©
 

 

   Doña Antonia Gómez Correa (Seña Antonia) nació en Santa Lucía de Tirajana el 18 de julio del año 1828 contando el 1 de marzo de 1934 con un siglo y seis años.

   A la edad de dieciocho años, o sea en el año 1846, casó con el también vecino de Santa Lucía don Roque Rodríguez de cuyo matrimonio nacieron 8 hijos.

   Al poco de casarse se trasladarían Antonia y su esposo al municipio de Arucas porque en Tirajana no había donde ganarlo por aquel entonces (de Tirajana a Arucas se tardaba dos días de camino).

   En Arucas se dedicaron a la venta de cochinilla por el que ganaban un peso y así comprar lo que podían.

   Hasta el día de su muerte, seña Antonia y toda su prole vivieron en un lugar de casitas modestas, humildes, blancas y limpias. Ese lugar era “La Acequia Alta” en la Ciudad de Arucas.

   Su casita humilde, y de una sola planta, era propiedad de don Teodoro Rosales que se la tenía alquilada por una peseta al mes.

   En La Acequia Alta era toda una institución a la vez que contaba con una familia muy larga, sus hijos y nietos tuvieron un promedio de ocho a diez hijos cada uno. En 1937 se calcularía que estuvieron entroncados a ella de entre 1.600 a 1.700 personas.

   Doña Antonia vestía de negro, prendas baratas y bastantes usadas, calzaba alpargatas sin medias; su rostro, lleno de bondad, aparece surcado por infinitas arrugas; cuerpo endurecido al igual que su oído pero con memoria muy firme.

   Antonia a sus ciento seis años gozaba de buen humor, un ejemplo era que cuando un bisnieto tocaba el acordeón junto a ella, ésta se arrancaba con unas coplitas de su juventud.

   Por las noches su familia se sentaba alrededor de ella y le preguntaban sobre su juventud.

   Abuela ¿no sientes deseos de volver a Santa Lucía? A lo que ella respondía: “Si me llevan en “fotingo”, voy. Sobre “to” añadía: me acuerdo mucho de Santa Lucía en Carnavales.

   ¿Te gusta Arucas? Sí, le tengo más cariño que a Santa Lucía.

   “Seña” Antonia se expresaba con poca propiedad pero sí con gran soltura: “Hijo, ésta vida ingrata, créeme, no vale la pena de vivirla. Las cosas están malas, muy malas, cada vez a peor y nosotros los “probes” tenemos que buscar el amparo de los pudientes para no morir de “jambre”.

   El Ayuntamiento de Arucas, continuaba la viejita, ¿por qué ellos que son tan ricos no me socorren, es que los “probes” estamos “condenaos” a morir de “jambre”?

   Antonia por su avanzada edad y por su pobreza se alimentaba básicamente de cebolla machacada,  mojada con sal y gofio en polvo.

   Cuando se le preguntaba a doña Antonia por los tiempos de las hambrunas y el cólera, ésta se sumía en profundas meditaciones que le traían a la memoria amargos pensamientos (el cólera apareció en Las Palmas el 24 de mayo de 1851 a consecuencia de unas mercancías desembarcadas de un barco proveniente de la isla de Cuba extendiéndose rápidamente por Gran Canaria, municipios como Telde, Arucas y Santa María de Guía y en concreto sus cementerios no daban cabida a tan elevado número de víctimas que se contaban por centenares. 1852 fue el “año del hambre”).

   “El año de la jambre”, continuaba Antonia, no quiero ni acordarme.

   Nosotros los “probes” teníamos que comer hierbas y raíces de árboles porque no se encontraba de “ná” ya que habían desaparecido la mayoría de las cosechas como “barrías” por las manos del Demonio.

   Con el particular que la cabra más ruin daba leche en abundancia y como no había nada que comer, el que por entonces tenía una cabra, tenía un regalo.

   Recogíamos donde y como podíamos espigas de trigo o cebada, que majábamos, luego de tostada hacíamos con ella gofio y con un “pisco” de leche, que también buscábamos, donde la hubiera, comíamos aunque tanto era el “jambre”, que, a poco de comer, volvía a sentirse apetito.

   Aquello no se acababa nunca, mi niño, era un castigo de Dios sobre nosotros por perros y condenaos. También nos alimentábamos con semillas de malva. Y del cólera no quiero ni acordarme. Como que los muertos se enterraban por centenares.

   Seña Antonia, ¿se casaría otra vez? preguntaba una de sus nietas.

   No, y eso que no me fue mal con mi Roque, pues dudo que en el mundo haya habido hombre mejor, ni más hombre, ni más cabal en sus cosas. Era un gran mozo. No había otro igual en muchas leguas a la redonda, tocaba el timple que era una bendición del cielo y en cuanto lo veían aparecer por alguna fiesta, decían: Ahí está Roque, hagan asiento y la fiesta continuaba hasta el alba.

   En las faenas del campo era muy eficiente. Por aquellos tiempos éramos “probes”, como ahora, pues trabajando nadie llega a rico, menos si se tienen muchos hijos y no hay medios de vida.

   Solíamos ganar un almud de millo y tres perras todos los días, trabajando de sol a sol, cambiábamos el grano para adquirir lo necesario para mantenernos mal y vestirnos peor.

   Hasta aquí, estimado lector, nos ha quedado el recuerdo de seña Antonia, una mujer con una vida de ilusiones rota por el ingrato ambiente de pobreza en el que vivió y que fue siempre como una maldición que aprisionó su existencia gastada, marchita, deshecha y rota por el vendaval de la vida.

 

 
 

«FIESTA DE SAN ANTONIO DEL TERRERO DE ARUCAS:
RECUPERANDO LA MEMORIA HISTÓRICA»
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Desde 1930 hasta el año 1935, un grupo de amigos y vecinos del Terrero (Calle Juan de Dios Martín) movidos por un profundo amor a su barrio, a su gente y sobre todo a sus tradiciones, decidieron aunar sus diferentes talentos a fin de promocionar su más clara y genuina expresión cultural “la fiesta”.

      Dice Felipe Bermúdez, en su obra “Fiesta Canaria”, que las fiestas son la respiración de los pueblos y necesitan de ellas para vivir.

       Para ello nombrarían, como patrono y santo protector, a San Antonio de Padua, fraile franciscano, nacido en Portugal, el cual adquiriría su apellido, por el que lo conoce todo el mundo, de la ciudad italiana de Padua donde murió y donde todavía se veneran sus reliquias.

    El Papa León XIII lo llamó “el Santo de todo el mundo” porque su imagen se encuentra en muchas partes.

    No sé el origen ni el motivo de esta devoción antoniana en los vecinos del Terrero. Quizá San Antonio de Padua, con su atractiva juventud, despertaba en los jóvenes del Terrero el deseo de encomendarse a él y la confianza de que ha de ser su protector hasta que lograsen un acomodo en la vida.

    Aunque en años de penuria y escasez y no se pudiera desenvolver en la abundancia, cada familia se las ingeniaba para que ese día no faltase para celebrar. Así las madres se prestaban a preparar los ingredientes para que ese día en el hogar estuviese presente el típico sancocho de papas y unos plátanos verdes guisados con pella de gofio y ron de Arucas.

    En 1931 se presentaba en el Ayuntamiento una comisión de vecinos, presidida por don Manuel Almeida, con el propósito de que la Corporación colaborara en las fiestas con alguna cantidad de dinero para gastos y que la Banda Municipal amenizara los actos.

    Aquel primer Ayuntamiento republicano acordaría librar la cantidad de cincuenta pesetas para dicho fin pudiendo asistir la Banda Municipal, siempre que la comisión le abone la cantidad que aquella tenga estipulada para cada tocata.

    No así tuvieron tanta suerte, un año más tarde, donde don Juan Ramón Santana Vélez, presidente de la comisión del momento, pedía al Ayuntamiento se permitiera a dicha comisión organizadora de los expresados festejos, cobrar los arbitrios por ocupación de la vía pública con ventorrillos, molinillos y cajas de turrón. Dicha petición fue denegada ya que ello "constituiría una transgresión de la ley".

    El programa de festejos de 1932 nos da un ejemplo de cómo vivieron nuestros abuelos aquellas fiestas, desarrollándose de la siguiente manera:

   Día 17 - A las doce: Repique de campanas y anuncio de las fiestas recorriendo el barrio y la ciudad varios gigantes y cabezudos. A las siete de la tarde, en la calle Juan de Dios Martín lucirá una fantástica iluminación eléctrica exhibiéndose de nuevo los gigantes y cabezudos. A continuación concierto de la Banda Municipal, quemándose en los intermedios variadas piezas de fuegos artificiales.

   Día 18 - A las nueve y media: Función religiosa en nuestra parroquia con sermón a cargo del capellán de San Andrés don José Aguiar. Terminada ésta saldrá la procesión.

   A las tres y media: Carreras en bicicletas partiendo de Visvique siendo el punto de meta la entrada a la calle Los López. Al vencedor se le regalará un premio. De cinco a siete de la tarde paseo y música en la calle Juan de Dios Martín.

   Día 19 - A las cuatro de la tarde, después de variados juegos, habrá un número sensacional donde se adjudicará un regalo de magníficos tabacos de la fábrica de don José Manuel Caballero.

   El número sensacional consistía en que, entre la colección de burros presentes en el acto, alguno o algunos de los mismos que se resistan a rebuznar, cuando sean imitados en su canto por el vecino don Cándido Santana Falcón (Candidito “El Panadero”), sería el ganador del premio. Como final habrá un concurso de cantos canarios.

   Día 20 - A las cinco de la tarde: Gira al “Morrete” en la Hoya de San Juan. Fin de Fiestas.

   El número del arco de este año correspondió al 2.473 que se adjudicó el vecino Francisco Cerpa Batista.

   Este sencillo programa constituía, estimado lector, la esencia de esta fiesta, casi familiar, en honor a San Antonio de Padua que vivieron nuestros abuelos y cuyo hecho no deja de existir sólo porque haya sido ignorada de la macro historia de Arucas.

   Nota: Quiero agradecer a don Ramón Santana Rodríguez (Monsi) por haberme dejado fotografiar la octogenaria imagen de San Antonio que aún existe gracias a sus cuidados.

   Dedicatoria: A los hermanos Juan y Pedro Ferrera por “traspasarme sus sentimientos y recuerdos” del Terrero.

 

 

 
 

«RESTAURACIÓN DE LA FACHADA DE LA IGLESIA DE SAN ISIDRO
DE MONTAÑA CARDONES»
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Corría el año 1994. Montaña Cardones vivía con preocupación el estado de ruina de la fachada del Templo Parroquial. Durante varios años su párroco José Sánchez y Sánchez había tocado en la puerta de varias Instituciones públicas sin ser escuchado.

El templo parroquial se empezó a construir en agosto de 1928 y se terminó en noviembre de 1931, según plano de los arquitectos Fernando Navarro y Sebastián Quesada.

El frontis de las tres naves forman dos planos, el más sobresaliente que alberga la entrada principal está cubierto de cantería gris de Arucas, con un arco ojival, terminando en torre con reloj y campanario estilo neogótico.

Don José Sánchez, años más tarde, dejaría constancia de las penalidades por las que pasó declarando: “Los organismos oficiales contestaban a mis escritos, pero sólo eran buenas palabras y promesas. En 1990 recibí la visita de tres Técnicos del Gobierno de Canarias declarando que venían para interesarse y conocer, in situ, el problema del frontis del templo parroquial. Lo observaron de cerca y me pidieron que redactara yo mismo, con todo detalle, la obra a realizar. Lo redacté, lo remití enseguida al Gobierno de Canarias y esperé una respuesta, más la respuesta brilló por su ausencia”.

Sin embargo el párroco no tiraría la toalla. En mayo de 1990 escribiría a la Asociación de Vecinos “Párroco Déniz” de Montaña Cardones, dirigida por aquel entonces por Jaime Falcón Rodríguez, rogándole su apoyo a la solución del problema.

Efectivamente, la Asociación de Vecinos involucró al Ayuntamiento apoyando éste, desde un principio, el proyecto y gestionando lo necesario ante el Cabildo y Gobierno de Canarias.

Se constituiría, para gestionar los fondos y los trabajos, una “Comisión pro Reparación del Templo Parroquial” estando ésta constituida por el Párroco, Señor Alcalde de Arucas, Concejal de Urbanismo, Arquitecto Municipal, tres miembros de la Asociación de Vecinos y otros tres del Consejo Pastoral Parroquial de Cardones.

Fueron unos años muy activos, ya que se tenía que conseguir ocho millones de las antigüas pesetas en tiempo récord por la gravedad de la situación.

El 1 de marzo de 1995 llegó a la Comisión el esperado informe técnico (encargado por el Ayuntamiento aruquense) del arquitecto don Juan Andrés Guerra. Dicho informe no podía ser más demoledor. El frontis estaba en avanzado estado de ruina poniendo en peligro la vida de personas y del mismo edificio. El Ayuntamiento tomó la oportuna decisión de clausurar la Plaza de San Isidro.

Las obras durarían casi un año. El Ayuntamiento había prometido tres operarios y  durante varios meses sólo trabajó uno en la labranza de la piedra. Ante las quejas de los vecinos y de la propia Comisión se integraron dos más. En un principio dirigiría los trabajos el maestro Feluco Rodríguez, pero éste fue sustituido por el maestro Fernando Rodríguez, junto con él estuvieron, José Manuel y Manuel Granados, dos jóvenes muy recordados en Cardones por su pericia trabajando en las alturas y por su nobleza.

La instalación de la grúa costó más de un disgusto, por despiste, por no decir negligencia de los técnicos, y una vez instalada tuvo que ser desmontada porque su cimentación cedía, con el consiguiente peligro de caída sobre las viviendas vecinas. Una vez solucionado éste, un temporal azotaría el municipio haciendo que la grúa se balanceara de forma peligrosa haciendo que algunos vecinos tuvieran que ser desalojados de sus casas por seguridad. Pero cuando creían todos los vecinos que salían de Guatemala entraron en “Guatepeor” ya que por esa fecha Jaime Falcón recibiría un fax que desesperó al vecindario: “Muy señor nuestro, por medio de la presente le comunicamos que procederemos al desmonte de la grúa instalada en la Iglesia de Cardones por falta de pago”.

Enseguida, la Comisión puso en marcha una serie de actos con el fin de recaudar fondos. Para asombro de todos, Montaña Cardones participó prontamente recaudándose entre los vecinos unos dos millones de pesetas, pero esté no se destinó, en un principio, a pagar la grúa ya que el Cabildo de Gran Canaria se haría cargo de dicho pago.

El 18 de abril de 1996 se colocaría la cruz central, que remata la torre de la iglesia de treinta y ocho metros de alto. Este acontecimiento fue celebrado en el pueblo con un fuerte repique de campanas. Pero fue el 11 de mayo de aquel 1996 cuando se colocaría la última pieza siendo testigo del acto el Señor Alcalde del municipio y como notario un pueblo emocionado y agradecido.

        No cabe duda, visto once años más tarde, que la solución al problema se debió, entre otras muchas cosas, al trabajo, compromiso y humildad, valores que quedaron vinculados, ya por siempre, en el pueblo de Montaña Cardones.   

 

 
 

«LA FÁBRICA DE TABACOS Y CIGARRILLOS “LA NUEVA ESPAÑA”» ©
 

 

  La fábrica de tabacos “La Nueva España” (antes el Cuarenta y Tres) estuvo enclavada en la popular calle Los López de la Ciudad de Arucas. Dicha industria fue fundada en 1930 por don José Manuel Caballero Cabrera hombre de ideas avanzadas para la época en el mundo de lo que hoy se llama marketing.

  La fábrica contaba con una planta de 700 metros cuadrados, mucha luz y buena ventilación que le daba una cierta seguridad e higiene laboral sobre todo en esta clase de industria donde las operarias perdían su color natural cambiándolo por uno amarillento al estar en cuartos cerrados y sin ventilación.

  La industria era un verdadero laberinto de correas, transmisiones, máquinas picadoras, afiladoras automáticas, todo movido por motores eléctricos figurando, sin exagerar, como una de las principales de la provincia con una producción de cincuenta mil cigarrillos por hora.

  En la máquina de fabricación el tabaco era almacenado provisionalmente en tolvas que de forma continua permitían que cantidades medidas de relleno caigan en el papel de cigarrillo preparado.

  Las máquinas empaquetadoras insertaban los cigarrillos en los paquetes, los paquetes en cartones y los cartones en cajas.

  Esta empresa se adelantó, como afirmaba antes, en el tiempo en la cuestión publicitaria ya que don José obsequiaba a sus clientes con juegos de alcoba, ventiladores a través de sorteos y no como hacía la competencia que utilizaba el sistema de reunir cupones por cajetillas de tabaco consumida que no dejaba de ser una aberración contra la salud.

  También promocionó las primeras carreras ciclistas que organizaba la Sociedad Velocipédica aruquense donando a los vencedores del deporte del pedal una magnífica bicicleta de carreras.

  “La Nueva España” era una empresa que curiosamente vendía muy bien sus productos en muchos lugares de las islas, salvo en Arucas.

  A don José cuando se le preguntaba por ello contestaba “nadie es profeta en su tierra”.

  Se daba incluso el caso extremo que aún siendo todo su personal del barrio de La Goleta era donde menos se vendía el tabaco de “La Nueva España”.

  El industrial echaba la culpa de este asunto no porque en Arucas los fumadores tuvieran mejor paladar, sino a los vendedores detallistas que se excusan en decir que los clientes aruquenses no se los piden.

  José Manuel Caballero lanzaría al mercado en 1933 dos de sus productos estrella: las marcas “Tentación” cigarrillo realizado de hoja de virginia cuya característica es su secado con aire caliente, tabaco maduro y dulce que se fuma sin problemas y donde es importante las mixturas inglesas y las mezclas aromáticas y “Nueva España” este último de picadura granulada importada directamente de la isla de Cuba. Es un tabaco para pipa o cigarrillo granulado en máquinas especiales. En otros lugares de España a este tipo de tabaco se le conoce como “caldo de gallina”.

  “Lo más difícil del oficio de un fabricante de tabacos es rematar un puro, hacerle la punta con un hábil giro de yema del pulgar y una espátula mojada en líquida goma, cercenándole después el rabo de un tijeretazo veloz. La punta aguda, el cuerpo algo grueso, la capa liada en elegante espiral, la tripa no tan apretada que no debe aspirar el humo ni tan floja que el cigarro se arrugase al secarse”.

  “Elaborado el puro, comenzaría la liturgia del buen catador que consiste en enjuagarse la boca para saborearlo mejor, lo aprietan cerca del oído para oír si cruje mucho o poco dependiendo de la humedad, lo encienden con fósforo de palo y, sobre todo, se relaciona con él relajado y tranquilo, dejándose envolver por su aroma permitiendo que el humo que desprende nos evoque gratos recuerdos”.

  Animaría don José a través de sucesivas campañas publicitarias que por “patriotismo” se decidieran los fumadores de Arucas, a fumar los cigarrillos Nueva España fomentando así una de sus principales industrias.

 

 
 

«CARNAL Y CUARESMA» ©
 

 

El Carnaval surgió en Gran Canaria en el siglo XVI de la mano de familias italianas afincadas en la isla. Era un carnaval familiar ya que se celebraba en la intimidad del hogar, evolucionando hasta convertirse en la “fiesta de pueblo”.

Cabe destacar, como pueblo pionero del Carnaval de Arucas, a Montaña Cardones que a partir de 1929 y  gracias a  sus dos sociedades Círculo de Labradores  y Nueva Aurora, que organizaron los primeros grandes bailes de máscaras, sería conocido en toda Gran Canaria.

Incluso a partir de 1939, cuando en muchos lugares estaba perseguido, Cardones seguía celebrando su fiesta de la carne, pero siempre, bajo la mirada de la censura eclesiástica, más severa años más tarde, decretada por el Obispo Antonio Pildain en su Carta Pastoral de 27 de enero de 1954 “Ciegos al borde del abismo”.

Exagerado título pero no extraño para la época ni para tan insigne Obispo defensor de la Iglesia y la moralidad.

Claro está, que en Montaña Cardones mientras viviera el cura José Déniz, esta pastoral nunca se llevaría a cabo.

Cosa curiosa, en los bailes organizados por el Círculo de Labradores, era que había que tener permiso para utilizar disfraz. En caso de autorizarse un simple antifaz, solamente lo podía utilizar las señoras y señoritas, pero los caballeros en ningún caso. Advirtiendo así al género masculino que la persona que llevara antifaz, dentro del local, es una señora o señorita y por lo tanto se les debía casto respeto.

Hablar del Carnaval, querido lector, significa adentrarse en la conciencia colectiva de muchos siglos.

El hecho fundamental de poder enmascararse le ha permitido al hombre o mujer cambiar de carácter durante unos días o unas horas, a veces hasta cambiar de sexo. Pero, para mí, el Carnaval ha muerto desde el momento que se ha reglamentado hasta la diversión siguiendo criterios políticos y concejiles, atendiendo a ideas de “orden social”,  “buen gusto”.

El Carnaval no puede ser más que una mezquina diversión de recinto ferial,  merece que se le estudie no sólo como fuente de grandes creaciones plásticas sino también literarias. No nos olvidemos de las obras clásicas: “Las máscaras” primera escena del “Tenorio” de (Zorrilla), la lucha de don Carnal y doña Cuaresma en el Arcipreste de Hita, etc.

La “cura” psíquica y social que supone el Carnaval es mucho más placentera que la cura cuaresmal.

El cancionero de Juan de la Encina nos dice:

Gran pesar me pone
con su venida la
Cuaresma dolorida

Cuaresma, cuarenta días de necesario entrenamiento, durante el cual las faltas cometidas en otros tiempos puedan ser rescatadas por las “buenas obras” y borradas por “santos ayunos”.

Y es que los cristianos, engolfados durante todo el año en los placeres y los negocios, están obligados por la ley, establecida por los mandatarios de la Iglesia, a dedicar al Señor los días de Cuaresma para así “alcanzar por la pureza del corazón la caridad”.

 

 

 

 
 

«ELECCIÓN MISS ARUCAS 1932» ©
 

 

   Febrero de 1932. Apenas había pasado un mes desde que había visto la luz el semanario independiente “Heraldo de Arucas” y entraba de lleno en la vida social y cultural de la ciudad iniciando un concurso de belleza entre las señoritas del municipio para proclamar entre ellas a la que sería el prototipo de la belleza aruquense.

  El concurso había despertado un gran interés entre los caballeros que acudirían, con gran entusiasmo, a la votación abierta con este fin por el mencionado periódico.

   Las “bellas” más discutidas entre el elemento masculino eran las señoritas Josefa Godoy Ravelo, Carmen Medina Almeida, María del Pino Cruz, Felisa Afonso Batista y Antonia Brito Ferrera.

   El escrutinio se celebró en el Salón de Plenos del Ayuntamiento en presencia de las autoridades y presidentes de las sociedades culturales y recreativas de Arucas.

   Eran las once de la mañana de un domingo, el Salón de Plenos estaba lleno hasta la bandera, comenzando el escrutinio.

   La noche de este mismo día en la Sociedad de Trabajadores se celebró un baile en honor de la “Miss” y damas donde los redactores del “Heraldo” obsequiarían con sendos regalos.

   Sería en el Teatro Nuevo donde el Alcalde colocaría la “banda” con las insignias de costumbre a la bella “Miss Arucas 1932.

   Pero volvamos al Salón de Plenos donde el Alcalde don Nicolás Lorenzo había comenzado a sacar las papeletas de la urna.

   Leídas por el Alcalde una a una las papeletas que contenían los votos de la señorita que había de ser elegida y tomada nota por los escrutadores dio el siguiente resultado.

   Antonia Brito Ferrera 162 votos, Josefa Godoy Ravelo 143, Carmen Medina Almeida 50, María del Pino Cruz 43 y Felisa Afonso Batista 35.

   Con lo que se dio por terminado el acto firmando el acta los señores Nicolás Lorenzo, Moisés Pérez, Antonio Puga Pérez, José B. Borges, Juan Zamora y Jesús Borges.

   Con enorme asistencia de público se celebraría el baile en honor de la Miss y sus damas de honor.

   La gente estaba impaciente ¡las diez de la noche! se decían unos a otros y el acto no empieza. Al instante la banda municipal de música, interpretaría el Himno de Riego (Himno Oficial de la República). A continuación se levantó el telón apareciendo a la vista de todos las elegidas luciendo éstas lujosos trajes. Era toda belleza y hermosura. Allí estaban todas las autoridades, Presidente de la Sociedad de Trabajadores, Director y chicos del “Heraldo de Arucas”. Fueron éstos, los redactores del periódico, los que entregaron a las chicas artísticos ramos de flores.

   El director del “Heraldo” José B. Borges dedicaría unas palabras a los asistentes. A continuación la Reina de la Belleza Antonia Brito entraría al escenario del brazo del Alcalde Nicolás Lorenzo Fernández comenzando así el organizado baile.

   Amenizó el acto la orquestina de don Luis García Asciego durando tan aglomerado acto hasta altas horas de la madrugada.

   En días posteriores, Miss Arucas tuvo que asistir a innumerables actos sociales entre ellos una visita a la Villa de Moya siendo recibida por las autoridades de la localidad en el casino del pueblo.

   Tampoco faltaría a las verbenas de Montaña Cardones donde su Carnaval atraía a gentes de toda la isla de Gran Canaria.

   Fue tal el acontecimiento de la elección de una Miss en Arucas que hasta la prensa tinerfeña se hizo eco de ello. Un ejemplo fue la poesía dedicada por don Aristeo Limiñana Díaz, redactor del semanario “Actualidades” de Santa Cruz a la señorita Brito en dicho periódico.

   Además de otra que le presentamos, escrita por el ilustre vecino de Teror, Nicodemus León Castellano publicada en exclusiva para el “Heraldo de Arucas”:

 “Salve mujer hermosa, hurie alada toda hecha de amor y poesía, que esbelta has cruzado ya la vía de la fama, con tu belleza nacarada quiero cantar con lira mal pulsada tu gracia y elegancia pinturera, de tu boca la sonrisa zalamera, de tu cuerpo la euritmia delicada.

   Todo fulgor acerado de tus ojos, la suave guinda de tus labios rojos, la fina hermosura de tu cabellera, la gracia de tu pie menudo y fino, de tu voz el tono dulce y argentino, toda tú, hecha de flor de primavera.”


   Y es que en la poesía, estimado lector, se reencuentran las abuelas de nuestras abuelas, las hijas de hoy y aquellas que vendrán para seguir siendo admiradas por la dimensión colectiva.

 

 
 

«MONTAÑA CARDONES Y SUS PARTERAS DE VIDA» ©
 

 

Hoy, estimado lector, quisiera hacer un homenaje a aquellas mujeres que por no contar con conocimientos científicos de universidades no deben ser olvidadas de la historia de nuestro pueblo.

Homenaje a las parteras de Montaña Cardones que ayudaron a dar a luz a otras mujeres.

En Cardones, al igual que en muchas partes de España, cuando una mujer se ponía de parto se avisaba a la partera, “siempre eran mujeres bien amañás”, ya que la presencia del médico ha sido excepcional hasta mediados del Siglo XX.

No era raro encontrar varias generaciones de parteras (madre, hija, nieta) que aprendían desde jóvenes. Ejemplo de ésto fue Dña. María Morales Medina, mujer sencilla que ayudó a venir al mundo a casi 300 cardonenses. Ella lo heredó a su vez de su suegra.

Vivió Doña María una etapa de explotación laboral, los trabajos eran duros y mal remunerados y sin Seguridad Social.

María Morales fue una mujer de respeto en el pueblo y buena partera, no le gustaba que se perdieran las costumbres, el respeto y la unión familiar.

También fueron parteras de renombre, Dña. Dolores Medina (Tía Lola), Sionita (La Latonera) y María González Morales.

Las parteras atendían con rudimentarios conocimientos, hierbas, sobadas, rezos.

Ser partera significa vida, luz, amor, trabajo, mujer, responsabilidad, confianza, esmero, amabilidad. Ésto era lo que las hacía indispensables y diferentes.

Las parteras fueron las herederas de la mujer médica prehispánica, las voceras de los dioses, las sacerdotisas de la vida, protectoras de la salud y consejeras de la pareja.

Era tan importante en otros tiempos la labor de estas mujeres, que hasta el Obispado de Canarias en 1706 y por Edicto episcopal reguló la formación doctrinal de las parteras donde se decía: “Mandamos a nuestros venerables vicarios y curas de nuestro obispado examinen en la forma de bautizar a las comadres y parteras para si están bien instruidas en dicha forma, y se informarán de la virtud y conciencia de dichas parteras, y tendrá grave cuidado cuando se haya bautizado criaturas en casa.”

Homenaje a estas mujeres, sus grandes acciones y su contribución desinteresada pasan sin reconocimientos y sin premios.

Mueren llevándose consigo un conocimiento y una experiencia preciosa, que sin embargo, se pierde en la historia.

 

 
 

«ALFONSO XIII : NO ME ESPERES EN ABRIL» ©
 

 
 

  Hace cien años visitaba las Islas Canarias Su Majestad Alfonso XIII siendo ésta la primera visita realizada por un Jefe de Estado al Archipiélago Canario.

  Pues bien, el sábado 31 de Marzo de 1906 desembarcaba en el Puerto de la Luz y Las Palmas el joven rey acompañado de su hermana la Infanta María Teresa, el marido de ésta el Infante Fernando de Baviera y los ministros de la Guerra General Luque, de Marina, General Víctor Concas y Palau, Gobernación Álvaro de Figueroa y Torres más conocido por su título nobiliario de Conde de Romanones y algún que otro aristócrata animador del rey.

  Toda esta corte llegó en los buques de la escuadra española, acorazados Pelayo, Carlos V, Extremadura y el Río de Plata, cruceros Princesa de Asturias y Osada, el Trasatlántico Alfonso XII y el yate real Giralda en el cual hizo el Monarca la travesía entre las islas.

  En su visita a Gran Canaria estaba prevista una serie de visitas a los pueblos del interior, entre ellos Arucas. Arucas en 1906 era una ciudad de primera por su agricultura e industria y rivalizaba con Guía, Telde y Gáldar en riqueza. Sirva de ejemplo la fábrica azucarera de San Pedro y los innumerables trapiches que funcionaban en su territorio.

  La hectárea de tierra destinada al plátano valía entre cincuenta y treinta mil pesetas, siendo la más cotizada la fértil Vega de Arucas.

  El joven rey, al pisar tierra, fue escoltado por la ciudad por un gran gentío, visitando la Catedral de Santa Ana, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el Museo Canario y el Teatro Pérez Gáldos.

  En su segundo día de estancia en Gran Canaria asistió a una jura de bandera frente a la comandancia de tropas, pasó revista a las baterías defensivas de la ciudad y visitó los municipios de Santa Brígida y San Mateo.

  Los ciudadanos de Arucas se desbordaron en los preparativos del recibimiento, haciendo un gasto inmenso, no doliéndoles en prenda cuando se trataba de que quede bien puesto su nombre.

  Mientras, el rey se encontraba en el hotel de Santa Brígida cuando oyó cantar en la sala del establecimiento. Éste, acompañado de la Infanta, penetró en ella y cual fue la sorpresa al ver que el que cantaba era el famoso barítono canario Néstor de la Torre acompañado al piano por el maestro Bernardino Valle Chiniestra, famoso compositor y director de orquesta, siendo ambos felicitados por el rey.

  En Arucas nervios e ilusión, se derrocharon banderolas, arcos de triunfo y flores desde la entrada de la ciudad hasta su salida por donde se contaba había de pasar la comitiva.

  Cabe destacar lo bien que estaba adornada la calle de León y Castillo. Junto a la cantonera que distribuía sus aguas, la Heredad hizo construir un arco de 15 metros de alto adornado con flores, resultando de lo más elegante.

  De la misma manera adornó la Heredad la Presa del Pinto con banderolas y flores. También se tenían preparados y cargados cincuenta barretes de pólvora para hacerlos explotar, uno a uno, al paso de la comitiva real, resultando una especie de salvas de honor.

  La fábrica azucarera “San Pedro”, primer establecimiento industrial de la provincia, levantó, próximo a la cancela de entrada, un hermoso arco causando gran admiración de la población porque estaba todo hecho de cañas de azúcar al igual que las letras dedicatorias. La base del arco estaba realizada de sacos de azúcar con la marca de la fábrica y el escudo real ya que éstos eran proveedores de la Real Casa.

  El trabajo en las fincas y comercios quedaron parados dicho día para poder acudir a vitorear a su Rey.

  De Tejeda, Artenara, Firgas y Moya acudían familias enteras haciendo difícil circular por las calles de Arucas. Desde el amanecer estaban las calles de bote en bote ya que la visita estaba anunciada para las nueve de la mañana.

  Al mismo tiempo, el Rey se encontraba en el puerto de la Luz visitando los buques de guerra extranjeros anclados en dicho puerto, al igual que invitaba a las autoridades de Las Palmas a un banquete abordo del Alfonso XII. Y ¡vaya banquete! (Los borbones a principios del siglo XX optaron por redactar los menús en francés, por considerarlo más distinguido. “El francés es la lengua del lujo, del amor y la gastronomía”).

                         Filet de baeuf a la Montpensier
                         Créme diplomate
                         Aspic de foie gras
                         Glase Marie Loise
                         Medallones a la pricesita
                         Vinos :
                         Château Mouton
                         Madera

  Todo esto hizo que el Rey manifestara “que no tenía tiempo de aceptar la gira a la Ciudad de Arucas”.

  En dicha ciudad seguían con los preparativos y sus gentes ponían cara de impaciencia y de tristeza después, ya que empezaba a circular la noticia de que ya no venía. No obstante, nadie se movió de su sitio hasta que el Alcalde recibió a medio día la noticia y confirmación desagradable: Alfonso XIII no venía a Arucas.

  En esta ciudad el Rey hubiera podido apreciar los progresos de la agricultura y apreciar también lo que valía un pueblo trabajador, donde se hacen terrenos cultivables donde antes eran eriales y donde se acometen obras hidráulicas sin otras manos que las de sus ciudadanos.

  Entonces empezó la gente a marcharse con caras apenadas por haber visto defraudadas sus esperanzas de contemplar y aclamar al primer Rey de España que pisaba tierra canaria.

 

 

«DON JOSÉ DÉNIZ RODRÍGUEZ » ©
“EL CURA DE CARDONES”

En el 50 Aniversario de su muerte
 

 
 

  Don José Déniz Rodríguez había nacido en Utiaca, pequeña localidad de la Vega de San Mateo, el 25 de julio de 1882. Sus padres se llamaban Antonio Déniz Henríquez y Antonia Rodríguez Gómez. Dicho matrimonio tuvo otros cuatro hijos, María, Juan, Antonio y Antonia Déniz Rodríguez. El pequeño José recibiría pronto el Bautismo con el nombre de José Manuel del Cristo Déniz Rodríguez.

  José fue siempre un hombre de acusada personalidad y carácter, temperamento y genio que, a veces, lo dominaba aunque solía rectificar. Tenía cualidades de líder y capacidad de aglutinar personas en torno a un objetivo a conseguir.

  Su vocación la podemos definir de tardía ya que solicitó su ingreso en el Seminario Conciliar de Las Palmas a la edad de 18 años (lo normal era ingresar a la edad de 12 o 14 años aunque no se tuviera “la llamada del Señor”.

De su puño y letra escribiría al Rector del Seminario:
  “José Déniz Rodríguez de 18 años de edad natural de la Vega de San Mateo y vecino de la Parroquia de San Juan Bautista de Arucas. Sintiéndome con vocación al estado sacerdotal deseo ingresar en el Seminario de su digno cargo para la cual tiene el honor de acompañar partida de bautismo y certificado de buena conducta. Por tanto, suplico se digne admitirme la matricula al primer año de Latín y Geografía”. Firmando en Arucas a 23 de septiembre de 1900.

  Y es que don José, desde adolescente, ya residía con su familia en el barrio de Santidad considerándose un aruquense más y así está reflejado en un certificado extendido por el Coadjutor de San Juan Bautista de Arucas don Leopoldo Gil Navarro el 14 de septiembre de 1900 donde escribiría que José Déniz es vecino de Arucas e hijo de padres cristianos.

  Su solicitud fue admitida ingresando en el Seminario Conciliar en octubre del año 1900.

  Los estudios de aquella época, precisos para ser Sacerdote, podían ser de carrera larga (12 años) o de carrera breve (7 años). Don José optó por los estudios de carrera breve siendo lo más lógico porque como ya indicábamos antes tenía 18 años de edad considerado mayor para aquella época.

  Hojeando sus notas correspondientes a los años 1900 a 1907 sorprende que en varios cursos y asignaturas había obtenido la calificación de Meritissimus.

  El 24 de octubre de 1905 en el Palacio Episcopal fue ordenado de Tonsura y Órdenes Menores.

  Subdiaconado el 22 de diciembre de 1906, Diácono el 25 de mayo de 1907 y ya por fin sería ordenado Presbítero el 21 de septiembre de 1907 en el Monasterio del Cister de la Villa de Teror por el Venerable Obispo José Cueto Diez de la Maza, contaba José Déniz con 25 años de edad.

  Su primer destino pastoral fue el de Coadjutor de la Parroquia de Santa Brígida desde el 7 de octubre de 1907 al 7 de octubre de 1910. En dicha parroquia fue todo un revulsivo para la juventud que sin dudarlo colaboraron con él en organizar actos en la parroquia.

  Mientras, el pequeño pueblo de Montaña Cardones contaba con una pequeña ermita que se empezó a construir en 1897 siendo terminada y bendecida el 14 de abril de 1904.

  Fue su primer capellán el generoso sacerdote catalán Ramón Cirera Cardó nacido en 1850 en el pueblecito catalán de Berga. Cuando llegó a Canarias, el Obispo Urquinaona lo destinó a San Bartolomé de Tirajana obteniendo más tarde, en propiedad, la Parroquia de San Lorenzo. En Arucas sería capellán de Cardones y del Colegio Sagrado Corazón. En parte también se le debe la presencia en Arucas de los Hermanos de La Salle recomendando dicha Congregación por ajustarse a los intereses del Ayuntamiento de entonces. Lo defino “el generoso” porque creó varias becas con su nombre destinadas a jóvenes seminaristas a la vez que, el día de la coronación de la Virgen del Pino, había reunido en el pago de Cardones 40,25 pesetas, una fortuna en comparación con la grandiosa parroquia de Gáldar que donó 25 pesetas. Fallecería el benemérito sacerdote el 10 de noviembre de 1928.

  El segundo Capellán fue el aruquense don Juan Francisco y González, ilustrado sacerdote, escritor y poeta. Simultaneó su servicio en Cardones con el de Capellán del Colegio La Salle de Arucas. Falleció don Juan en el año 1937 en su casa del Cardonal.

  El 7 de octubre de 1910 sería nombrado tercer y último Capellán de Montaña Cardones José Déniz Rodríguez comenzando a fraguarse así la historia del Padre del Pueblo.

  Cuatro meses antes de incorporarse como Capellán, en concreto el 26 de junio, Cardones viviría, si no se demuestra lo contrario, la primera visita de un Obispo a este pueblo antes de crearse la Parroquia.

  El Obispo, en cuestión, fue don Adolfo Pérez Muñoz “Padre de los Pobres”. El motivo de su visita fue la celebración de una Fiesta de Espigas de la Adoración Nocturna, dato que no sería trascendental si no fuera porque fue en 1915 cuando se creó la Sección Adoradora de Cardones.

  Pérez Muñoz dirigiría unas palabras a las casi 2.000 personas que se congregaron en tan pequeño lugar diciéndoles: “Os animo a que tengáis devoción por el Santísimo Sacramento como lo más propio de nuestra época y recordad en vuestros corazones esta fiesta que hemos presenciado hoy”.

  El día de San Isidro de 1911 iba a ser la primera fiesta que José Déniz presidiría la función religiosa en honor al Santo, ayudado por los párrocos de Arucas y Bañaderos señores Cárdenes y Hernández, predicando el ilustrado Arcipreste de la Basílica Catedral Doctor Rodríguez Bolaños.

  Cabe destacar que en las primeras fiestas de San Isidro el cura invitaba a predicar a los sacerdotes más destacados de la época. En 1912 vendría el famosísimo José Feo Ramos, Lectoral de la Catedral.

  En 1915 predicaría el señor Justo Marquina, Secretario de Cámara y Gobierno del Obispado. Fue precisamente el 16 de mayo de este 1915 donde se estrenó la preciosa imagen de Santa María de la Cabeza donada por la esposa del vecino del pueblo Fernando Guerra.

  La relación de don José con las entidades del pueblo siempre fueron de mutuo respeto a pesar de la censura eclesiástica, ejemplo de ello fue cuando en las fiestas de San Isidro el Círculo de Labradores organizó un “asalto a media tarde” el mismo día del Santo.

  Don José, más permisivo que su superior en el arte del bailoteo y para guardar las formas, escribiría a la dirección del Círculo en los siguientes términos: “Es sabido por todos que el señor Obispo prohíbe que en el día del patrono se hagan “bailes modernos” ya que en caso contrario no habrá procesión”. Seguidamente, el cura se despide advirtiendo: “Es mi obligación dar cuenta al Obispo para que en su actitud buena o mala resuelva”. Después de la función religiosa el cura ya estaba sentado en la puerta del Círculo velando por las almas de sus feligreses mientras éstos bailaban.
En Carnavales a don José le gustaba recibir en la casa parroquial a las mascaritas invitándoles a un buen vino del Monte.

  Los Pobres, sin duda, eran los predilectos de José. Cuando llegaba el invierno éste encargaba en el comercio de don Antonio González mantas para que fuesen repartidas entre las familias de la Montaña al igual que compraba telas para que las mujeres confeccionaran pantalones para los hombres de la casa.

  En 1915 el Obispo Ángel Marquina aprobaría la nueva demarcación de las parroquias que ya obligaba el Concordato de 1851.

  Por ello, el 25 de Julio de 1915 se crearía la Parroquia de San Isidro Labrador de Montaña Cardones, compuesta por los pagos de: Montaña Cardones, Llano Blanco, El Guincho, Barranquillo, Lomito, Carril, Hoya de San Juan, San Francisco Javier, Barranco de Tenoya, Tinoca y Transmontaña.

  En 1920 Dios quiso poner a prueba la fe del joven Párroco con el caso de la vecina del pueblo Antonia Viera la cual había sido desahuciada por los médicos encontrándose ésta en peligro de muerte.

  Esta mujer, sin consuelo, recurrió a su fe prometiéndose devotamente a la Virgen del Carmelo. A los pocos meses, Antonia fue encontrando una sorprendente mejoría. Enseguida en el pueblo se corrió la voz de un milagro de la Virgen del Carmen congregando don José a todo Montaña Cardones para el besamanos y manifestación de Acción de Gracias a la venerada imagen.
 
  Bajo su dirección se creó una escuela, Cofradías, Asociaciones y Movimientos religiosos.
 
  Fue socio del Congreso Mariano de Sevilla y pertenecía a la “Liga Sacerdotal Eucarística”. El Papa Pío X había concedido a los sacerdotes, miembros de esta Liga, la gracia de bendecir privadamente los rosarios y conceder las indulgencias de los Padres Crucíferos.

  Don José Déniz se preocupó porque Cardones fuese lugar de animación vocacional y para ello animaba, a vecinos pudientes, a crear nuevas becas de formación consiguiendo, el 22 de febrero de 1930, que la vecina Eladia Martín Marrero fundara una Beca en favor de jóvenes con preferencia de dicha localidad, que por su inclinación y aptitudes diesen señales de vocación al estado sacerdotal y se encontraran faltos de recursos para acceder como alumnos internos del Seminario Conciliar de Las Palmas.

  Sería a partir de 1931 cuando aparecería la grandeza del pastor y padre de todos ya que los años de la Segunda República fueron años críticos para la parroquia. El radical anticlericalismo de los socialistas de aquellos momentos causó una profunda división en la parroquia agudizada por la requisa del Cementerio Parroquial.

  Montaña Cardones en 1932 era un pueblo con un paisaje magnífico. Sus casitas blancas semejan una bandada de palomas detenidas a la falda de la Montaña. Ya dentro de él se advertía un pueblo trabajador y progresivo.

  Era notorio el adelanto que el barrio había experimentado en la última década, calles adoquinadas, bonitos y modernos edificios, servicio de luz eléctrica, ... pero lo que cautivaba la atención del visitante era su iglesia, obra sencilla y humilde, pero artística, orgullo de los cardonenses y que se terminó gracias a la fe y entusiasmo de los vecinos y al celo y la constancia de don José Déniz.

  El 18 de julio de 1936 surgieron las “represalias” donde a altas horas de la noche los hombres más significativos de la izquierda eran arrebatados de sus hogares para ser torturados y arrojados a los pozos.

  El cura, a pesar de su ideología y sentirse víctima de aquellos “malditos socialistas” como dejó escrito en aquellos dramáticos días en que peligraba la vida de algunos feligreses, se erigió en el gran defensor de los “represaliados”. Uno de éstos fue Francisco Medina Falcón (El Bragao) vecino y sepulturero de Cardones, acusado de haber escondido en el cementerio la dinamita para volar los puentes de Tenoya y Cardones. Fue declarado “rebelde al Movimiento”.

  Enviaría don José aviso, en la oscuridad de la noche, a todos los que consideraba posibles víctimas de las “sacas” para que se escondieran y no durmieran en sus casas (algunos incluso dormirían y se esconderían en los salones parroquiales e incluso en el foso de la torre de la iglesia).

  Fue desde dicha torre donde el cura, noche tras noche, oteaba las entradas y salidas del pueblo para descubrir las fatídicas luces de los coches y camionetas que se dirigían a los pozos cargados de vecinos de otros lugares para su posterior ejecución.

  La táctica del cura obtendría un resultado positivo (dicen algunos que también hubo otras influencias). En todo el municipio de Arucas, el único pueblo en el que no hubo ni un solo desaparecido fue Montaña Cardones.

  Otra faceta del cura fue el de yerbero o médico-naturista que sería como su segunda vocación, especialidad ésta, la fitoterapia, que le hizo famoso hasta fuera de Gran Canaria.

  En Sesión Plenaria del Ayuntamiento de Arucas de 30 de agosto de 1954 sería nombrado Hijo Adoptivo de Arucas. Contaba don José con 72 años y ya con signos de debilidad.

  Después de casi 40 años en Cardones sería ayudado, en calidad de Coadjutor, por don José Domínguez aunque éste no viviría en la casa parroquial ya que don José Déniz la seguiría ocupando hasta su muerte.

  Y llegó el día: “el padre del pueblo se ha muerto” gritaba una vecina de la casa parroquial. Fue el 23 de noviembre de 1956. Desde que se supo la noticia de su muerte no fue sólo Montaña Cardones sino la isla entera la que sintió un doloroso estremecimiento: “Había muerto el cura de Cardones”.

Con esta frase ya se definía a un hombre bueno y sacerdote ejemplar.
  Fue incesante el número de personas que desfilaron ante su cadáver. Jamás se vio nada igual por estos lugares.

  “Se nos ha ido don José”, murmuraba tristemente todo el pueblo. La tristeza era cierta, fuerte y humana porque don José fue siempre un padre auténtico, pastor de almas y que a todos guió rectamente por el camino de la fe.

  Sus restos descansarían en el cementerio parroquial hasta que en 1978 se creó una Comisión, bajo la animación del vecino Bibiano González Hernández, para trasladar los restos del recordado sacerdote a la iglesia, siendo depositados éstos en la Capilla del Carmen, aquella Virgen del Carmen a la que tanto quiso.
Sin duda “murió en el Señor lleno de días y de méritos”.

NOTA: Mi agradecimiento al Sacerdote Don Juan Marrero Hernández por su colaboración, archiveros, bibliotecarios y a los vecinos de Montaña Cardones que han hecho posible esta edición.

 

 
 

 

«FRANCISCO NAVARRO ARTILES EN EL RECUERDO» ©
 

 

  Hoy, estimado lector, quisiera traerles a la memoria la figura de este hombre de la cultura canaria, Francisco Navarro Artiles. Es un deber de gratitud. Fue él, Francisco Navarro, quien impulsó en mí, y supongo que en muchos otros como enseñante, las ganas por profundizar en nuestra cultura con ojos de niño y mente madura ya que los tesoros se forman de riquezas nuevas y viejas.

  Estudioso de las costumbres de nuestros antepasados. Él vivía los últimos meses de su vida con la ilusión de crear una fundación de estudio de su dilatada obra investigadora en la isla de Fuerteventura. Sus amigos le animábamos para que llevara a buen fin su propósito, ya que es en dicha isla donde don Francisco ejerció un papel importantísimo recogiendo las tradiciones de un pueblo maltratado por la geografía y el clima, y muestra de ello es “Cantares Humorísticos” en la poesía tradicional de Fuerteventura, o “Artículos y Discursos de Unamuno sobre Canarias”, “El Lenguaje de los Aborígenes” y así un largo trabajo bibliográfico y documental. Su intención era fundarla en el último municipio donde residía pero, por motivos de miopía política, no se llevó a buen fin.

  Francisco Navarro Artiles vivía, hasta que acudió sereno a la llamada del Creador, en el pueblo de Montaña Cardones. Fue en este pueblo donde recibió el cariño y el calor de sus vecinos. Él me lo contaba en una carta a propósito de que lo animara a escribir la historia de una vieja institución de este pueblo. En ella me decía: “Vivo aquí, en Cardones, desde hace un año. He vivido todo este tiempo con absoluta paz. He disfrutado de la amabilidad de mis vecinos y ahora, además, puedo dedicar parte de mi actividad investigadora a la entidad de más prestigio de Cardones: al Círculo de Labradores”.

  Además de demostrar su cariño a este pueblo, que lo acogió y lo hizo suyo, demuestra nobleza, respeto y cordialidad.

  Y es que Francisco Navarro, el polifacético, miembro de la Academia Canaria de la Lengua, de la Real Academia de Bellas Artes, socio del Museo Canario, de la Menéndez Pelayo, de la Asociación Canaria de Antropología y de su querida Tertulia Pedro Marcelino Quintana de la Ciudad que le vio nacer en 1928, Arucas, viene a representar de alguna manera, hay que decirlo, una especie de institución, de referencia o reliquia viva de la ilustración, crítica y biempensante en Canarias.

  Es equivocada la imagen pública de los hombres públicos. De todos. Pero eso ya no tiene importancia. Francisco Navarro Artiles es una página de la historia de Canarias, página que las nuevas generaciones tenemos que conservar y acrecentar esforzándonos por mantener la mente abierta a todos los vientos que sopla el espíritu de la cultura en Canarias, a todos los caminos que bajo su impulso se están roturando ya. Éste es el mejor homenaje que podemos brindarle.

 

 

 
 

«HISTÓRICA VISITA DE UN MINISTRO A LA CIUDAD DE ARUCAS,
EDUARDO COBIÁN Y ROFFIÑAC»
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  Si 1906 fue el año en que, por primera vez en la historia, un monarca español visitaba Canarias (a excepción de Arucas, leer capítulo “Alfonso XIII no me esperes en Abril”),

   1905 supondría el año en que también, por primera vez, un ministro de Su Majestad pisaba tierra canaria para demostrar la hegemonía del Estado español sobre el archipiélago Canario. Éste fue el Ministro de Marina Eduardo Cobián y Roffiñac, jurisconsulto de primera línea y militante del Partido Liberal bajo la presidencia de Práxedes Mateo Sagasta.

   El Ministro Cobián viajo desde Cádiz a Canarias en el buque Numancia, primer acorazado que dio la vuelta al mundo.

   Su desembarco en el Puerto de La Luz y de Las Palmas se produjo el día 15 de mayo de 1905 a las cuatro de la tarde siendo recibido por el Alcalde de las Palmas Ambrosio Hurtado de Mendoza, el Gobernador Civil y el Capitán General de Canarias García de la Vega.

   La visita a Gran Canaria duró cuatro días, recogiendo el programa de actos protocolarios una gira a la Ciudad de Arucas el miércoles 17 de mayo por invitación del Ayuntamiento aruquense al señor ministro.

  A las diez de la mañana de dicho día  salió la comitiva ministerial hacia Arucas desde el Parque San Telmo en Las Palmas acompañados de un hermoso y soleado día de primavera.

  Mientras, en el Puente de Tenoya, límite municipal, esperaban en carruajes el Alcalde de Arucas señor Quevedo, Ramón Madán, que cedió un carruaje tirado por cuatro magníficos caballos de su propiedad, y el Gobernador Civil.

  La entrada a la Ciudad de Arucas fue espectacular. Las calles estaban vistosamente engalanadas, la banda municipal tocaba alegremente a la vez que estallaban millares de cohetes con continuas ovaciones y vítores, todo ello como tributo del pueblo aruquense al señor Cobián por su histórica visita.

  Pararía la comitiva en el Ayuntamiento que, por cierto, estaba decorado con lujo y arte exquisito sirviéndose a los viajeros un refrigerio.

  Enseguida, saldría el Ministro a visitar la “Presa de Pinto” donde recibiría información, de primera mano, sobre su construcción y beneficio por parte del ingeniero Orencio Hernández  recibiendo dicha obra los mayores elogios del Señor Cobián.

  Luego se trasladaría la comitiva hasta la fábrica azucarera de San Pedro donde esperaban al Ministro los señores Ramón Madán y Francisco Gourié propietarios de la misma. Recorrería Eduardo Cobián las dependencias, la sala de máquinas y talleres del establecimiento industrial más importante de Canarias en aquel momento.

  De regreso al casco urbano, la comitiva entraría en los jardines del señor Gourié donde se encontraba dispuesta una mesa artísticamente arreglada para el almuerzo que el Ayuntamiento ofrecía a los invitados.

  La preparación y elaboración del mismo corrió a cargo del servicio de cocina del Hotel Metropole de Las Palmas.

  Al servirse el champagne, el señor Madán, levantándose, brindó en nombre de la Ciudad de Arucas dando un prudente discurso.

  Expresó don Ramón Madán: “Me llena de orgullo en recibir la visita con que nos honra el señor Cobián, primer Ministro de la Corona que viene a Canarias después de que este noble archipiélago fue incorporado a Castilla. Pido al señor Ministro proteja la agricultura y la industria de Canarias en las Cortes”. Terminando su brindis, por España, por el Rey y por el señor Cobián.

  Luego tomaría el Ministro la palabra expresando lo siguiente: “Estoy impresionado con el pueblo canario, con su fidelidad, con lo trabajador que es y honrado, donde las mujeres no entregan su corazón al vago que torpemente la desee porque aquí en Canarias no se rinde otro culto que a la patria y al trabajo. Al Rey y al Gobierno les contaré lo fieles y  nobles que sois, no seré el protector de la agricultura canaria porque me faltan los medios aunque me sobra voluntad. Seré su constante protector en todas las ocasiones amigo y entusiasta de Canarias en el Gobierno de su Majestad. Todas las aspiraciones nobles y justas de Canarias serán atendidas por el Gobierno”.

   Finalizaría Cobián con un brindis por el Rey, España, Canarias y Arucas.

  Al acabar don Eduardo su discurso, el público inmenso que se agolpaba en las verjas del jardín Gourié prorrumpió en vivas y aplausos ejecutando, en ese instante la banda de música del municipio, el himno nacional.

  Lo de proteger Canarias en las Cortes lo cumplió, años más tarde, en concreto en las elecciones del ocho de mayo de 1910 donde fue elegido Diputado por la circunscripción de Canarias, distrito de Santa Cruz de Tenerife donde, por cierto, al mostrarse favorable por la división provincial fue tachado en la isla hermana de traidor a la causa chicharrera e insultado en la prensa de aquella isla retornando a la Península.

  Volvamos al jardín Gourié donde habíamos dejado a la gente escuchando fervorosamente el himno nacional y donde se pasó a servir café, licores y ricos habanos. Luego la comitiva seguiría la visita por la Ciudad recorriendo varias calles que lucían vistosos tapices. Los balcones acogían una multitud de hermosas señoritas. Visitaron la iglesia, regresando al Ayuntamiento desde donde se emprendió la vuelta a Las Palmas.

  Sin duda alguna, los aruquenses, orgullosos y enamorados de su ciudad, vieron en esta visita histórica motivo más que suficiente para mimarla y atenderla.

 

 

 

«LA SALUD PÚBLICA DE SANTIDAD EN MANOS DE
UN FABRICANTE DE SOGAS»
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  La población de Santidad desde tiempos lejanos se surtía del agua que discurre por el cauce de la Heredad del Pinillo. Siempre existió un uso permanente de este servicio para el consumo de la población, a la vez del lavado de ropas, originándose una servidumbre de toma y saca de agua bien ordenada.

  Hasta que la introducción del cultivo de piteras, para hacer sogas, llevó a los cultivadores a utilizar el cauce del Heredamiento del Pinillo a la vez que mezclaban las aguas del naciente con otras menos puras, haciendo imposible su consumo al vecindario y ocasionando un serio conflicto de salud pública que estaba ahora en manos de un fabricante de sogas.

  La Pita fue asilvestrada en España y en otros países mediterráneos desde el Siglo XVI constituyendo, desde entonces, un rasgo típico del paisaje. Esta planta es originaria de México.

  Ante tal ilegalidad, los vecinos de Santidad acudieron  al Ayuntamiento de Arucas denunciando este nuevo abuso que venía a engrosar el ya numeroso de los que eran consentidos y tolerados por la Junta Municipal de Sanidad presidida a su vez por el mismo Alcalde Nicolás Lorenzo Fernández.

  El Pueblo afirmaba que el Ayuntamiento era más solicito y defensor de los intereses de los fabricantes de soga que de la salud del vecindario tomando la decisión de apelar al Delegado de Gobierno don Manuel Luengo.

  Las llamadas de atención del Delegado al Ayuntamiento nunca dieron su fruto.

  Mientras, las aguas cenagosas siguieron mezclándose con la de los nacientes, las venenosas piteras seguían poniéndose de remojo en pleno cauce sin miramiento de días ni de horas.

  Una ordenanza municipal decretaba las horas de lavado de ropas con las de toma para el consumo. Se suponía que estaba bajo la inspección de un Acequero de la Heredad pero éste hacia dejación de su trabajo haciendo la vista gorda.

  Los vecinos de Santidad plantearon tender una tubería de una pulgada que, partiendo del naciente conocido como “El Naranjo”, viniera por el margen de la acequia suministrando así el agua en condiciones de pureza, pero el Consistorio hizo oídos sordos del proyecto vecinal.

  Por si esto fuera poco, el 30 de mayo de 1932 los vecinos de Santidad comprobarían desconcertados que no podían beber agua ya que ésta tenía un efecto corrosivo, comprobándose, más tarde, que el fabricante de sogas, llamado Aniceto Socorro, tenía hecha una balsa enorme en la acequia del Pinillo dentro de la cual tenía metidas sus hojas de piteras sin otro miramiento que el de su conveniencia despótica e inhumana.

  Los vecinos decidieron poner en manos de la justicia este atropello a la salud pública presentando una denuncia en el correspondiente Juzgado.

  El pueblo de Santidad luchó, a pesar de la crisis económica existente, para que el agua fuese un recurso al servicio de la vida y no de las ganancias de unos pocos.

 

 

«JUAN GONZÁLEZ SANTANA: JUANITO EL CARTERO» ©

 

 

   Incontables cambios ha experimentado la sociedad desde que don Juan González Santana, primer cartero de oficio de Montaña Cardones, empezó a repartir a domicilio misivas, legajos, cartas, documentos oficiales, conforme a las ordenanzas gubernativas.

   El nombramiento de Juan tuvo lugar el 15 de noviembre de 1926 dándose la circunstancia que fue oficialmente reconocido como el segundo cartero rural de España.

  Con el auge de las publicaciones que tuvo lugar después de la Guerra Civil don Juan tuvo mucho trabajo: envío de periódicos, devocionarios, calendarios, billetes de lotería.

  Por todo esto Juanito recibía del Estado exactamente 500 pesetas anuales.

  Y es que Juanito el cartero, como popularmente se le conoce, se hizo a sí mismo y sin deberle nada a nadie. Nació un seis de enero de1896 en Arucas siendo el penúltimo de 10 hermanos. En 1924 contrajo matrimonio con Concepción Marrero de cuya unión nacieron ocho hijos.

  Pero Juanito además de cartero, que era lo que le daba el sustento, aprendió el oficio de barbero y practicante con “Pepito el chico” en Arucas.

  En el oficio de practicante demostraba una sangre fría y una seguridad antes nunca vista además de conocimientos innatos para tratar algunas enfermedades.

  Por ejemplo, el caso de un hombre que tenía la cabeza hinchada al cual el médico le había dicho que no podía hacer nada por él. Juanito, sin pensarlo dos veces, no se le ocurrió otra cosa que abrirle la cabeza por dos lados y limpiarle todo el daño que tenía; como resultado el señor se recuperó y vivió muchos años más.

  A su hija le quitó un lunar en la espalda, a otro hijo le abrió la ingle y le quitó un quiste además de curar empeines de la piel con unas piedras azules que venían en los sacos de guano de Chile.

  Pasaba este hombre, perseverante, noches enteras en las casas del pueblo donde había algún miembro enfermo que requería tratamiento como por ejemplo penicilina donde había que suministrar las dosis cada cuatro horas.

  Los afamados doctores don Fernando Caubín, don José Cuyás y don Anastasio habían sido testigos de dichos servicios y expresaban que Juanito tenía muy merecido el título de practicante.

  Los lugareños recuerdan a Juanito caminando con su cartera al hombro para recoger la correspondencia en la oficina de correos, que se encontraba en la calle San Juan, para luego hacer el reparto por la Hoya de San Juan, El Hornillo, El Carril, Cardones hasta el puente de Tenoya por aquel entonces límite municipal con el desaparecido municipio de San Lorenzo.

  A Juanito sólo le gustaba llevar buenas noticias, era un hombre que siempre tenía muy buen humor, le gustaba contar historias y bromas para hacer reí