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«D. ANTONIO
RAMOS MARRERO» |
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“Desde muy pequeño ayudaba a mi padre en su Fonda en la calle
Mendizábal, en las Palmas, y muy pronto asumí el sentido de la
responsabilidad”.
Antonio Ramos
Marrero nace en el Barrio de San José (Las Palmas) el 18 de
agosto de 1.935 y lleva residiendo en nuestra ciudad, desde el
año 1.965. A pesar de haber transcurrido su niñez en años
difíciles, fue feliz y privilegiado por varios motivos: hijo
único hasta que cumplió los doce años, (luego nació, su único
hermano) y regentar su padre una Fonda para huéspedes con su
correspondiente bar, que si bien, no era un gran negocio, al
menos daba para comer.
De niño, vivió con sus
abuelos en una casa terrera, grande, de esas cuya llave no se
podía llevar en el bolsillo, con un hermoso patio donde, a la
sombra, estaba la “talla” para el agua, rodeada de
“culantrillos” en la destiladera. Beber de aquélla agua en
verano, sabía a gloria, agua que Antonio traía con sus ganchos
desde el pilar, después de hacer la cola
correspondiente y de haber asistido a las clases que una señora
impartía en la zona, donde realizó sus estudios primarios hasta
la edad de doce años. Poco disfrutaba de sus vacaciones
veraniegas, pues las pasaba ayudando a su padre en la cocina y
fregando. Tenía unos siete años cuando, quiso hacer de camarero
y el primer plato que intentó servir, nunca llegó a la mesa….
Hasta los doce años,
no conocía más allá del Parque San Telmo, lo que seguía, era
otro mundo, estaba “fuera de la portá”, por eso, le
supuso un gran aliciente, el día que, por primera vez, llegó
hasta el Parque de Santa Catalina. En la Fonda de su padre, se
hospedaban sobre todo, militares, guardias civiles y muchos de
los actores de las principales Compañías de Teatro que venían al
Pérez Galdós. La relación con tan variada clientela, le supuso
experiencia y amistades. Al cumplir los catorce años, ingresa en
la Escuela de Comercio para estudiar Perito Mercantil, estudios
que tiene que dejar durante unos meses, debido a la enfermedad
de su padre la cual le obligó, junto a su madre, defender el
negocio. Se consideraba preparado para ello, había estado mucho
tiempo al lado de su padre a quien acompañó en muchísimas
ocasiones, a las compras en el Mercado. Felizmente repuesto su
padre, Antonio vuelve a la Escuela de Comercio terminando sus
estudios al cumplir los diecinueve años. Antes, a los dieciséis,
sin decir nada a sus padres, se presentó a unas Oposiciones para
una entidad Bancaria superando todas las pruebas pero, no
consiguió plaza.
Luego trabajó para una Gestoría como empleado en prácticas,
aunque no por mucho tiempo, por lo que sigue trabajando con su
padre hasta que le llega el momento del servicio militar y, una
vez licenciado, trabaja para la fábrica de cristales “La
Veneciana” como auxiliar administrativo, pasados unos tres
meses, le nombran Jefe de Contabilidad, cargo que desempeña
durante unos cinco años. En Junio de 1.964, un amigo le propone
asistir a una reunión de trabajo en Destilerías Arehucas, al
final de la cual, surge la posibilidad de entrar en la empresa
como Contable. Estudia la propuesta y, a pesar de estar muy bien
considerado en La Veneciana deja su puesto y se incorpora a
Destilerías Arehucas como Jefe de Contabilidad, durante
dieciocho años.
Luego trabaja en
Dragón Canarias, representantes de las marcas Lancia y Mazda
de automóviles, desempeñando el cargo de Jefe de Sección
Administrativa, hasta su jubilación. Durante su vida laboral,
aparte de ejercer como Contable, realizó trabajos relacionados
con Escrituras (Compras – Ventas), Expedición de Pasaportes y
Matrículas de vehículos. En todos ellos, la seriedad, el orden,
la responsabilidad, el buen trato, eran sus normas de conducta,
nunca, en sus atenciones para con el público, tuvo preferencias,
a todos trató por igual, desde el poderoso, hasta el más
humilde, por eso no ha olvidado cuando, siendo aún niño, una de
sus tías (costurera) quiso llevarlo para acompañarla hasta el
domicilio de una familia muy distinguida y realizar unas
pruebas y medidas de vestidos, relacionadas con su trabajo.
Durante la estancia, fue invitado a merendar por una de las
empleadas de hogar y Antonio intentó entrar en el comedor
indicándosele, por parte de la Señorita, que allí no, que
tendría que merendar en la cocina. Antonio rechazó de plano la
invitación, saliendo del domicilio.
Acostumbrado desde
niño a tener responsabilidades, no ha querido, a pesar de su
jubilación, permanecer inactivo, y por ello, ha seguido
preparándose y ha realizado por correspondencia, a través del
Centro de Estudios Técnicos y Empresariales, los cursos que le
han permitido, con muy buenas calificaciones, obtener los
títulos de Asesor Fiscal y Laboral y es de los
que prefieren, lápiz y papel, a la hora de trabajar con los
números, a pesar de las Calculadoras. Al margen de su trabajo,
Antonio es una persona dispuesta a colaborar y prestar su apoyo,
en la medida de sus posibilidades, a cuántas personas se lo
hayan solicitado. Ha ocupado el cargo de Secretario en los
equipos de Lucha Canaria: El Vencedor y los Guanches.
Secretario del Club Baloncesto Arehucas y de la Coral Polifónica
Ciudad de Arucas (luego fue nombrado Presidente). En el aspecto
deportivo, es fiel seguidor (desde muy jovencito) del Atlético
Madrid y como no, del Sporting San José. Y, entre sus aficiones,
le gusta mucho el teatro, no en vano trató a muchos actores y
actrices de renombre cuando ayudaba a su padre en el negocio de
la calle Mendizábal y, aunque ya hace años que no los realiza,
los Belenes eran otras de sus aficiones, así como colaborar en
la confección de alfombras.
Así
transcurrió mi conversación con Antonio Ramos quien no dudó, un
instante, en colaborar con arucasdigital, a través de su
espacio: Semblanzas. Gracias Antonio por ello y un fuerte
abrazo.
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«D. BRUNO
PÉREZ AFONSO»©
(Apoderado-Administrador Agencia de
Aduanas Manuel Medina Anaya ) |
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“La puntualidad es algo que
llevo como bandera. Soy de los que prefieren llegar un cuarto
de hora antes que cinco minutos después”.
Bruno Pérez Afonso nace en el
Terrero (Arucas), el 22 de enero de 1.941. De pequeño iba hasta
la casa de Carmelita en la calle de los Marqueses, para recibir
las primeras clases. Allí coincidió con muchos de sus amigos,
así como algunos de sus primos y primas. Hasta ese domicilio
acudían un buen grupo de niños y niñas del Terrero y de otras
calles adyacentes. Carmelita se desvivía por su alumnado y estos
le correspondían con cariño y buen comportamiento. La tarde de
los jueves, era el momento más deseado por sus discípulos, pues
organizaba salidas a Visvique, Riquiánez y a la Montaña de
Arucas, donde llevaban su “talega” con la merienda.
Siempre se ha dicho que el
Terrero ha sido cuna de excelentes futbolistas aruquenses y para
Bruno, fue también la calle en la que comenzó a dar patadas a
una pelota de trapo. Con los amigos de la calle Los López,
Terrero y Marqueses había número suficiente para organizar
grandes partidos, utilizando cuatro piedras para señalar las
porterías, con eso bastaba, pues lo importante era que la
pelota entrara entre las mismas. Los partidos duraban lo que
ellos querían, a veces decían: “Jugamos hasta los doce goles”
el primer equipo que marcara esa cantidad, era el vencedor y se
daba por terminado el partido, otras veces se jugaba sin límite
de tiempo y el cansancio era la justificación para dar por
terminado el encuentro. Encuentros que tan sólo eran
interrumpidos por el paso de los tres únicos vehículos de la
zona y cuyos dueños eran: Juanito Batista, Manolito Vega y José
Afonso (tío de Bruno). En ocasiones, eran sus conductores los
que tenían que parar su vehículo, porque los jugadores
ni se daban cuenta de su presencia, hasta que un día, apareció
un guardia y les quitó la pelota.

Otros ratos entrañables de su infancia y primeros
años de adolescencia en el Terrero, los pasó junto a
sus amigos en la casa de “Chanito el de las tortas”,
personaje entrañable, fundador de varios equipos de
fútbol, siendo, este deporte, principal tema de
conversación y que terminaba con la interpretación
de conocidas canciones por parte de Chanito y su
acordeón. También fueron entrañables momentos, las
noches que, reunidos en la Calle Los López amigos y
amigas, disfrutaban escuchando las canciones de los
hermanos Rodríguez García (Diego, José Antonio y
Pepa), hasta que algún vecino les recriminaba desde
su ventana, que ya era hora de ir terminando, pues
había que trabajar al día siguiente.
Su colaboración con la parroquia en la confección de
alfombras junto a Rafael Álvarez, entre otros, y su
amistad con D. Lorenzo Aguiar, así como con los
jóvenes de A. Católica, los considera momentos muy
positivos. También los pasó tristes, como el día
del fallecimiento de su entrañable amigo Tonono.
Bruno estudió el
Bachillerato Elemental en el Colegio La Salle donde
los Hermanos, Bernardo y Julián aparte de
profesores, fueron sus amigos.
Luego estudió en la Escuela de Comercio en Las
Palmas, aunque por poco tiempo. Comprendió que para
su padre era demasiado sacrificio dar estudio a sus
tres hijos y lo dejó, aunque luego hizo varios
cursos de mecanografía.
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Bruno practicó el fútbol en: La Salle, Infantil
Isleña, filiales del Arucas (Infantil y Juvenil),
el Arucas (3 temporadas) el Goleta (8 temporadas)
donde fueron Campeones de Tercera, una en el Teror
y, aunque recibió ofertas del Ferreras y
Escaleritas, dejó el fútbol debido a la enfermedad
de su padre. Años más tarde lo hizo en el fútbol
veterano y se siente orgulloso de haber jugado,
siendo aún muy joven, con muchos veteranos de la UD
Las Palmas cuando, sábado por sábado, lo hacían en
el campo Cardona, entre ellos, Cabrera, Marcial,
Yayo y el mismísimo Molowny (que nos ha dejado
recientemente), con su famoso equipo de veteranos,
el Honved.
La juventud de Bruno transcurrió como la de la
mayoría de su generación, donde, domingos y
festivos, el cine, el paseo y el baile, eran las
distracciones del momento. Recuerda que fue su
hermana (ya fallecida), quién le enseñó a bailar
junto a un grupo de amigos, siendo una silla
su primera pareja, y por su amistad con
Diego (vocalista de la famosa Orquesta Megías),
recorrió las principales Salas de baile de la Isla.
El principal problema que tuvo en aquéllos años fue
encontrar trabajo, hasta que su hermano Juan le
propuso que hablaría con su Jefe, para ver si podía
entrar en su empresa mientras cumplía con su
servicio militar. Así fue, Bruno ocupó el puesto de
su hermano, con la gran suerte de permanecer en la
misma, no sólo el tiempo que estuvo ausente su
hermano, sino que permaneció hasta el pasado 22 de
enero de 2010, día de su jubilación, cuarenta y
cinco años después, donde terminó como Apoderado-
Administrador de la Agencia..
El senderismo es
una de las aficiones preferidas de Bruno, quizás
influenciado por las caminatas que de pequeño hizo
con sus compañeros y compañeras de la clase de
Carmelita. También su paso por el Frente de
Juventudes, le permitió patear nuestra isla y varias
del resto del Archipiélago. La pesca y la lectura
son otras de sus grandes aficiones, su última
lectura ha sido “Memorias de un beduino en el
Congreso de los Diputados de José Antonio Labordeta
y le encantó la lectura, entre otras, de los
Episodio Nacionales de D. Benito Pérez Galdós. Y sin
darnos cuenta, pasamos más de dos horas en animada
charla, donde Bruno dio un hermoso repaso a su vida.
Una charla que comenzamos sobre las cinco de la
tarde del pasado viernes, hora que habíamos acordado
y que, a las cinco menos cuarto, ya Bruno me
esperaba, comprobando que lo dicho por él, al
comienzo de esta, su Semblanza, es cierto,
prefiere llegar un cuarto hora antes a su cita, que
cinco minutos después….
Gracias Bruno por tu colaboración, que disfrutes de
tu Jubilación, sobre todo, porque podrás dedicar
mucho más tiempo a la familia y a tus aficiones.
Gracias y un fuerte abrazo. |
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«D. JOSÉ
MEDINA SANTANA»© |
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“Desde
muy pequeño, ya me gustaban los hierros y cuando me concentro en
ellos, me olvido de todo y soy muy feliz, al ver finalizada mi
obra”.
Pepe Medina nace en
Arucas el 1 de noviembre de 1.952 y sus padres fijan su
residencia en Los Palmitos. Asiste a la escuela en el Trapiche
durante cuatro años y luego pasa al Colegio La Salle, donde
permanece hasta los catorce. De pequeño practica el fútbol (en
el Arucas A) y sobre todo, la Lucha Canaria pues, su barrio es
cuna de buenos luchadores y durante cinco años, perteneció al
equipo los “GUANCHES” teniendo como entrenador a D.
Manuel Marrero y, entre sus compañeros, a Manolín Báez, con el
que se proclamaron Campeones de Canarias en 1.972.
Con apenas quince
años, comenzó (como aprendiz), a trabajar en el taller “Fleitas”
en Las Palmas, donde se inicia en el mundo del torno, la
soldadura y la fundición. Luego trabajó para Luminosos
Castellón, aunque por poco tiempo, pasando a continuación a
trabajar con D. Casto Gómez Carló en su taller de Carpintería
Metálica, Montajes y Estructuras. Por las tardes, una vez
finalizada su jornada laboral, asiste a un Curso en el Centro
de Formación Profesional, donde obtiene el Título de Soldador.
Con D. Casto trabajó durante siete años, adquiriendo gran
experiencia y realizando trabajos importantes. Cuando deja el
taller de D. Casto, decide trasladarse al Aaiún y allí trabaja
para Cubiertas y Tejados.
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Se incorpora al servicio militar donde desarrolla
trabajos relacionados con su profesión y pide ser
admitido en el Cuerpo de Paracaidistas trasladándose
hasta Alcantarilla (Murcia), para realizar los
cursos correspondientes. Hizo un total de 18 saltos
(algunos de ellos nocturnos), realizados en Murcia,
Madrid y África. Precisamente, en África, fue
arrastrado por una racha de viento sufriendo, en la
caída, una fuerte brecha en la cabeza de la que se
recuperó en el Hospital Militar de Las Palmas. Una
vez licenciado, le llama D. Casto para que vuelva a
su taller y así lo hace por un tiempo para luego
trabajar con D. Juan Jiménez del Río en su taller en
el Goro (Telde).A partir de 1.975, trabaja como
autónomo y monta su Carpintería Metálica en Arucas,
donde realiza importantes trabajos, al mismo tiempo,
se da de alta como Constructor y trabaja en
Lanzarote y en Corralejo (Fuerteventura). En
Lanzarote lo hace para la empresa Hormigonsa donde
tiene a su cargo unos sesenta y dos trabajadores (la
mayoría aruquenses, aunque también habían gallegos)
y construyen el Hotel “La Geria”. En Gran
Canaria, y para una Empresa, realiza el Ático del
Tamarindo, el Escala GC y el hotel Marieta en
la Playa del Inglés, donde trabajaban día y noche en
dos turnos. Pepe hizo trabajos en nuestra ciudad
durante el tiempo en el que estuvo al frente de su
Carpintería Metálica. De su taller salió el material
empleado en puertas y graderíos de nuestro campo de
fútbol, así como puertas y estructura del Tanatorio
Municipal, por citar algunos. Es sin duda, el
trabajo de un gran profesional que también se
atrevió con el mundo de la Construcción
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Sus
grandes conocimientos en soldadura, fundición y
torno, le permiten llevar a cabo su hobby preferido,
la restauración de coches clásicos y antiguos.
Todo empezó en el año 1.979, cuando vio el coche
de época que había comprado un amigo, interesándose
por sus diferentes detalles así como por el
procedimiento de adquisición y restauración.
Comienza
entonces la aventura de hacerse con uno de estos
coches y adquiere un Opel P4, cuyo dueño residía en
nuestra ciudad. A este coche no tuvo que hacerle
grandes arreglos, pues estaba reciente su reparación
de motor, por lo que se limitó a trabajos de chapa y
pintura. Este vehículo sería el primero en su, ya
larga lista, en marcas y modelos que ha restaurado:
Ford A, Ford T, Crysler, Stuk, Packard, Chevrolet,
BMW, Mercedes, Triumph, Pierce Arrow y también, aunque en menor número,
motos: Norton, Triumph, BSA, el modelo India
del año 1.916 y Harley Davidson de los años setenta.
Muchos de
los coches adquiridos por Pepe, se encontraban en
muy mal estado de conservación, por lo que ha tenido
que dedicarle muchas horas de trabajo hasta su total
restauración. Lo primero que hace es desmontar todo
el vehículo para luego mandar a “chorrear” el
chasis y así partir de cero y lo hermoso de su
trabajo está en que, él mismo, salvo rectificados de
motor, realiza las diferentes piezas que están en
mal estado así como los arreglos de chapa. Le
pregunté si a la hora de desprenderse de algunos de
sus modelos restaurados, sentía pena por ello,
contestándome que, sobre todo, con aquéllos en los
que prácticamente todo el montaje con todos los
arreglos han sido obra suya. Esta afición por la
restauración de coches, le ha llevado a viajar a
muchos países, sobre todo a Francia, Alemania y
Estados Unidos y ser asiduo a las Ferias del
automóvil en busca de piezas originales .Mantiene
contactos con amigos tanto en la Península, como en
otros países europeos, apareciendo muchos de sus
coches, ya restaurados, en revistas dedicadas al
mundo del automóvil.
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En la actualidad, trabaja en dos de sus últimas
adquisiciones, dos verdaderas joyas. Una camioneta
Chevrolet del año 1.929 y un Renault que data del
año 1.905 que perteneció al Marqués de Arucas. Ha
sido muy curiosa la adquisición del Renault, pues ha
tenido que esperar, nada más y nada menos que
veinticinco años para hacerse con él, aunque lo
vió por primera vez en 1.982. No se ponían de
acuerdo los herederos del Marquesado en su venta,
hasta que al final decidieron que Pepe se quedase
con él. Al principio se desanimó ya que estaba muy
deteriorado y propuso su venta a un amigo madrileño
(Francisco Puche), quien se trasladó hasta nuestra
ciudad para verlo, regresando de nuevo a Madrid.
Pasaron los días y como no se decidía, Pepe le dijo:
Si no lo compras, me lo quedo y así fue. Ha
viajado ya varias veces a Francia, en busca de
piezas originales para el Renault, entre ellas, los
7 faros que lleva, cinco de petróleo y los dos
delanteros (grandes) de carburo. Se siente orgulloso
de haber realizado el radiador para este modelo de
automóvil que lleva unos 962 tubos verticales y con
un peso de 120 Kilos. Este es uno de los detalles de
su restauración que, por cierto, lleva bastante
avanzada. Gracias a un amigo de Sabadell consiguió
una copia de la Casa Renault en la que se detallan
los tres modelos fabricados antes de 1.911, el
llamado extra-largo adquirido por D. Ramón
Madan Uriondo (Marqués de Arucas), descapotables en
su parte trasera, luego el denominado largo
que no era descapotable en su parte trasera y un
tercer modelo, tipo deportivo. Algunos de los
modelos (largo y deportivo) fueron adquiridos por la
Casa Real Española, reinado de Alfonso XIII.
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Para que tengan una idea, amables lectores/as, de
cómo lleva su trabajo, saca fotos desde que está el
vehículo en chasis, hasta el final de su
restauración, calculando que tiene unas siete mil
fotos hasta el momento, de todos sus trabajos,
algunas de las cuales insertamos en su Semblanza
sobre sus dos últimos trabajos. Con respecto al
Renault que perteneció al Marqués de Arucas, piensa
que no debe salir de Arucas y que, una vez
restaurado, sean nuestras autoridades, empresarios o
particulares, quienes decidan su colocación para su
exposición permanente como recuerdo de uno de los
primeros vehículos a motor que circularon en nuestra
ciudad.
Pepe
muchas gracias por tu colaboración, por permitirme
contemplar las maravillas de tu colección de
automóviles, así como por todas tus explicaciones.
Mucha suerte, que sigas entregado a tus hierros que,
tal y como dices, te hacen olvidar de todo lo que te
rodea, aunque a veces, ese olvido ha tenido
consecuencias en tu Agenda.
Un
fuerte abrazo.
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«D. JUAN JOSÉ
LORENZO VELÁZQUEZ»©
(Conocido por Tato) |
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“De pequeño quería ser mecánico, pero los dueños de los talleres
no querían tener a jóvenes sin seguro y entonces, mi vida
laboral transcurrió en los talleres de carpintería, cuyos
inicios fueron con mi tío Juan Lorenzo”.
Juan José Lorenzo
(Tato), nace en Arucas el 29 de abril de 1.930. Muy pequeñito
asistió a las clases, de Sor Julia, luego a la escuela del
Barranquillo donde tuvo excelentes maestros como lo fueron, D.
Benito Lantigua y D. Bruno Déniz, entre otros. Sus años de niño
pasaron por la férrea disciplina de la época. Recuerda que, por
casi nada eran reprendidos y si un “Municipal”, llevaba
alguna queja a los padres, la mayoría de ellos castigaban a sus
hijos, sin preguntarles nada.
En cierta ocasión se llevó
unas “tortas” de su padre porque un guardia le comentó que había
molestado (junto a otros amigos) a unas niñas de la escuela, y
todo por haberles tirado unas migas de pan, en forma de pequeñas
bolas. El padre de Tato (Pedro Lorenzo) tocaba el clarinete en
la Banda de Música de Arucas que dirigía el inolvidable D.
Antonio Herrera y un día, llevó a su hijo a las Palmas, pues
tenían que tocar con motivo de la visita que hacían a la
capital, un grupo de bellas señoritas de Tenerife. Tato llevaba
el estuche en el que su padre guardaba el clarinete y tuvo, la
mala suerte, de perderle el paño con el que limpiaba dicho
instrumento y “amargo viaje usted”… ¿y eso Tato? -le
pregunté- Mi padre – me respondió- era una bella persona, pero
muy recto, como todos los de su época y no nos pasaban una.

También se llevó alguna torta, pero por motivos
completamente diferentes. Desde muy pequeño, odiaba
los abusos y las injusticias y siempre acudía en
ayuda de sus amigos recibiendo algún que otro golpe,
aunque también repartió los suyos. Le gustaba hacer
carretones y trabajos en madera, como el pequeño
columpio en el que colocaba “ranas” para que se
remaran, también construyó, en madera, un bonito
alpendre con sus animales. Al cumplir los catorce
años y al ver que no tenía nada que hacer en el
mundo de la mecánica, sin proponérselo, acudió a la
carpintería de su tío Juan Lorenzo donde también
estaba su primo Pepe y allí empezó a realizar algún
trabajillo hasta que pasó al taller de D. Luis Déniz
ubicado frente a la Sociedad Atlántida. No estuvo
mucho tiempo en este taller, pero se acuerda
perfectamente el día en que se llevaron un buen
susto cuando, el caldero donde calentaban el barniz
colocado en una de las ventanas, comenzó a arder y
se corría el riesgo que las llamas se propagasen. La
rápida actuación de los vecinos, a los que habían
pedido ayuda, fue determinante, pues, cubos,
calderos y “hasta escupideras”,
utilizaron para acarrear el agua con el que lograron
sofocar el conato de incendio.
Luego trabajó
durante siete años, en la carpintería de Pepito
Batista en la calle San Juan. Muy famosos fueron los
muebles fabricados en dicho taller por sus expertos
y afamados carpinteros y, sin embargo, no ha
olvidado las palabras que, en cierta ocasión, le
dijo el sacerdote D. Pedro Marcelino (vivía al lado
del taller), cuando se disponía a dar tinta a algún
mueble: “Ya vas a echar a perder el mueble Tato, con
la pintura le quitas todo el valor a la madera”. D.
Marcelino era una persona muy preparada, por algo me
lo dijo, - añadió Tato - pero, el dar tinta a los
muebles en aquélla época era cosa muy normal.
Cuando dejó el taller de Pepito Batista, Tato compró
las suficientes herramientas, como para poder
emprender por su cuenta, trabajos de carpintería. Lo
hizo durante varios años hasta que, por
recomendación de un amigo, fue a trabajar a una
Carpintería Metálica en el pueblo de San Lorenzo
donde tuvo, por cierto, un contrato de trabajo muy
especial, pues le pagaban según el tipo de mueble
que hacía. Según me manifestó, el dueño del taller
quedó sorprendido por el rendimiento de su trabajo y
por lo que le tenía que pagarle, por lo visto, su
antecesor no fue tan eficaz.
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Aparte de su trabajo como carpintero, la música ha
sido algo importante en su vida. De pequeño, recibió
como regalo de Reyes un clarinete de juguete y ese
mismo día, desfiló calle abajo tocando su
instrumento seguido por un buen número de niños,
creyéndose, por momentos, el “Flautista de
Hamelín”. Luego, a los catorce años, habló con
D. Antonio Herrera solicitándole su ingreso en la
Banda de Música donde estudió solfeo y su primer
instrumento fue la “caja”, pero no le gustaba mucho,
aparte el ruido que, durante los ensayos en su casa,
no era del agrado de su madre, quien lo mandaba a la
azotea a practicar. Luego, en uno de los ensayos de
la Banda, uno de sus compañeros indicó a D. Antonio
que Tato tocaba también un poco el clarinete y, a
partir de ese momento, fue su instrumento (al igual
que su padre), en la Banda. Según me comentó, su
padre no intervino nunca en su decisión de formar
parte de la Banda de Música, como tampoco en la
designación de su instrumento. Recuerda con cariño
los años que formó parte de ella, así como los
famosos Conciertos (jueves y domingos) en lo alto
del quiosco que estuvo instalado en
la Plaza de San Juan. Durante los descansos se
apoyaba en la barandilla para contemplar la
enorme cantidad de gente que les seguía, sobre todo,
las parejas que paseaban parque arriba, parque
abajo. Se sentía, según me dijo, importante, “echaó”
por pertenecer a una de las mejores Bandas de Música
del Archipiélago y con la que recorrió muchos de
nuestros pueblos, aunque fuesen pequeños, como
cuando iban a Tejeda y se quedaban a dormir
teniendo como lecho un puñado de pinocha. La famosa
Charanga con la que amenizaban las fiestas y jiras
en nuestros barrios, le trae entrañables recuerdos,
como en Casablanca donde, al final de las fiestas,
se llevaba a hombros al Presidente seguidos por el
público y la alegre música de la Charanga y donde
disfrutaba como un niño de las instalaciones
recreativas. Precisamente, a la fiesta de Casablanca
le llama la fiesta del “duro”. Resulta que pidió
unas sillas para los músicos y les trajeron,
amablemente, unos cajones, y cuando los devolvieron
les cobraron un duro a cada uno de ellos. El cine y
el baile, fueron también sus aficiones, aunque más
el cine, pues nunca se consideró un buen bailarín.
Varias fueron
las anécdotas que durante nuestra conversación me
relató Tato con su peculiar sentido del humor, como
cuando su madre, Lolita Velázquez (famosa y querida
costurera) le llevaba a Las Palmas para tomar
medidas a sus clientas y antes de salir, le había
advertido que no se atreviese a coger nada, aunque
se lo ofreciesen las personas a las que visitaba,
teniendo que renunciar al ofrecimiento de galletas
y dulces. ¡OH!, fíjate tú, si estaba acostumbrado a
no coger nada que fui a una boda y todos mis amigos
se hincharon a comer y yo sólo cogí un
suspiro…
Tato, mientras pudo, hacía de todo en su casa,
pintar, reparar algún mueble y todo aquello que en
una casa se pueda presentar y, para el santo y
cumpleaños de su mujer, o de sus hijo/as, les
obsequia con algún fino trabajo hecho de madera.
Después de
nuestra amena conversación, llegó el momento de la
foto y se puso, chaqueta, corbata y unas gotitas de
colonia……así es Tato, todo corazón, para quien no
existe enemigos, y si los tiene, no lo sabe, y de
saberlo, no dudaría en hablar y hacer las paces. No
es capaz de llevarse mal con nadie. Gracias Tato
(Juan José) por tu colaboración. Según él, supo de
su segundo nombre cuando le citaron en el
Ayuntamiento junto a los de su QUINTA y, al llamar a
un tal Juan José Lorenzo Velázquez, pensó. “Ese
tiene los mismos apellidos que yo”, hasta
que uno de los Municipales le dijo: ¡Ese eres tú
Tato! y le respondió: “Pues ahora me entero que
soy Juan José”…
Tato, un fuerte abrazo.
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«D. MANUEL
PÉREZ HERNÁNDEZ»©
(Presidente del Banco de Alimentos de las
Palmas) |
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“El esfuerzo, si es operativo, termina siendo una sólida
constancia y esa constancia, no cuesta esfuerzo”.
Manolo Pérez nace en
el Cerrillo (Arucas), el 1 de julio de 1.945. Muy pequeñito aún,
asiste junto a otros niños, a unas clases que el maestro D.
José Luis Cabrera (Pepe Luis) impartía en su casa y recuerda el
afecto con el que les trataba, así como cuando eran obsequiados
con una estupenda merienda.
Pero muy pronto, su feliz
infancia se vería truncada por el fallecimiento de su padre a
los treinta y tres años de edad. Manolo contaba con siete y su
hermano Domingo, pocos meses de edad. La madre quedó sumida en
una profunda tristeza y, transcurridos siete años de la pérdida
de su marido, fallece a la edad de 36. Manolo, a sus catorce
años, queda al frente del cuidado de su hermano y de sus abuelos
maternos, ya mayores. El abuelo de Manolo, D. Domingo Hernández
Déniz, era el practicante del Cerrillo y Goleta en aquéllos
años, además de barbero, oficio que ejercía junto a un operario,
en su barbería de la esquina de la Calle Cristo de la Salud.
Manolo se había matriculado
en el colegio La Salle como alumno de la Quinta y destacaba,
junto a otros compañeros, sobre todo en, Matemáticas y Dibujo.
La norma del Centro era que, aquéllos alumnos aventajados y con
pocos recursos económicos, pasasen a estudiar el bachillerato
gratuitamente. Manolo es uno de ellos y se examina de Ingreso y
Primero de bachiller, luego, en años sucesivos, realiza los tres
cursos restantes, así como la Reválida. En dicho Centro formó
parte del Coro y asistió a las clases de canto de Doña Cándida
Bosch de quién guarda como un gran tesoro, la colección de
discos de Zarzuelas y Óperas que le regaló. Esto le permitió
conocimientos sobre las zarzuelas más conocidas y se siente un
privilegiado, por haber asistido al Teatro Pérez Galdós, con
apenas quince años, a la representación de algunas de ellas.
Terminada su etapa en el Colegio La Salle, comienza a trabajar
en la Ferretería de D. Oscar Amador, en la calle León y
Castillo de nuestra ciudad, donde está por espacio de unos
cuatro años. Inicia luego una etapa difícil pues, no sabe si
continuar trabajando, o volver de nuevo, al estudio. D. Antonio
Rodríguez (Practicante, ya fallecido) apreciaba mucho a la
familia de Manolo Pérez y le ofrece trabajar como ayudante en
el llamado “Policlínico de Arucas” y está, como tal,
durante dos años.
Entonces conoce al que fuera
Párroco de nuestra ciudad, D. Lorenzo Aguiar, quien le invita a
formar parte del Grupo de Jóvenes de Acción Católica, una época
que recuerda como muy importante en su vida, tanto en el aspecto
espiritual, como en el humano. Hizo grandes amigos (algunos de
los más íntimos, han fallecido) y se vió arropado y con ánimos
para retomar sus estudios. Mientras, le llama de nuevo D. Oscar
Amador para que se haga cargo de la Administración de la
Academia que acababa de inaugurar en Las Palmas, acepta su
propuesta y allí conoce al profesor D. Fernando Medina (de
Cardones) quien le aconseja que estudie Magisterio. El apoyo de
los hermanos Dávila (Lorenzo y Juan), familiares de Manolo,
hacen el resto e inicia sus estudios de Magisterio como libre
oyente.
En plena temporada
futbolística, la mañana de los domingos, acudía al Bar Dávila
para hacerse cargo de la venta de entradas para los partidos de
la UD Las Palmas, en el Estadio Insular (época de gloria del
Club) colaborando un poco con la familia.
Al terminar Magisterio da
clases en el Colegio San Isidoro cuyo director era D. Juan
García Castellano que le nombra como adjunto a la dirección.
Aparte de cumplir con su horario escolar, da clases particulares
junto a Fernando Medina, quien también había venido como
profesor al Centro. Dichas clases le permitieron comprar, por
unas quince mil pesetas un coche que compartían ambos, para
acudir cada día al trabajo. El director del Centro, dado que a
Manolo se le da muy bien las Matemáticas, le aconseja que
estudie Ciencias Exactas, le convence y se matricula en la UNED,
finalizando sus estudios siete años después.
D. Rafael Medina Granado,
dueño de Almacenes Jáber le requiere para dar clases
particulares a su hijo y al poco tiempo le ofrece la oportunidad
de trabajar en su empresa. Manolo acepta, y después de 16 años
como profesor del San Isidoro pasa al Departamento de Decoración
y Diseño de los Almacenes, donde permanece durante once años.
Surge entonces, su contratación por la firma Sansó Rubbrt que le
nombra Director Adjunto. Los años dedicados a la decoración y al
diseño, le animan a matricularse en la Escuela de Bellas Artes,
donde le convalidan algunas asignaturas y alcanza su
Licenciatura cuatro años después.
D. Cosme Ortiz Vizcaíno le contrata para su comercio de “Arte
España” en 1º de para hacerse cargo también del Departamento
de Decoración y realiza un Master de “Alta Dirección” en la
Escuela de Comercio Exterior. Está durante tres años con D.
Cosme y luego viaja a Madrid donde es nombrado Delegado para
toda Canarias de “Aguas de Barcelona” abriendo cinco
oficinas entre las diferentes islas. Ferrovial, por interés
Logístico adquiere Aguas de Barcelona y nombran a Manolo
Delegado Provincial de Ferrovial del Sector Servicios
(jardinería, residuos sólidos, limpieza viaria, limpieza de
aviones…..) con un total de unos 1.500 trabajadores en las
islas. Manolo desempeña el cargo de Delegado, hasta cumplir los
sesenta años, edad con la que se jubila. Dada su afición al
dibujo y a la pintura, dedica parte de su tiempo como jubilado,
a la pintura, con la intención de hacer una, o dos exposiciones
al año fijando su pequeño taller en nuestra ciudad estudiando
todo lo relacionado con ese arte.
Un joven sacerdote, amigo de
Manolo, le comenta que su padre, Coronel de Intendencia en la
Base Naval de Las Palmas (ya jubilado) preside el recién creado
Banco de Alimentos de Las Palmas y necesitan personas dispuestas
a colaborar. Le invita a visitar las dependencias de los
alimentos y allí conoce a su presidente, el cual anima a Manolo
a comprometerse con la obra. De momento, no toma ninguna
decisión, la idea de pintar y descansar no le permite
comprometerse a nada. Sin embargo, le comenta a su esposa la
visita que ha realizado, así como las dudas que se le presentan,
y esta le dice: ¿y eres capaz de renunciar a una obra tan
hermosa, por descansar y pintar? A partir de ese momento tomó la
decisión de aparcar todo su material de pintura para
comprometerse con el Banco de Alimentos. Dada su experiencia en
el mundo empresarial, Manolo, junto a todo el personal
voluntario, fue poco a poco exponiendo sus ideas sobre la mejor
manera de almacenamiento y distribución de los alimentos. Se
crea una Junta Directiva y le eligen Presidente.
Gracias a la gentileza de D.
Javier Granell, Gerente de Mercalaspalmas, consiguen un almacén
de unos setenta metros cuadrados. Dos alumnos de la Universidad
de Las Palmas, finalizando sus estudios de, Económicas uno, y de
Telecomunicaciones otro, colaboran en la programación y en el
Sistema Informático del Banco de Alimentos respectivamente. En
la actualidad, el Banco cuenta con la colaboración del Gobierno
de Canarias, del Ministerio de Agricultura y de las Grandes
Superficies, así como de la Mediana y Pequeña Empresa. El
Ministerio del Interior ha declarado al Banco de Alimentos de
Las Palmas, de “Utilidad Pública y Social”. El
Banco se adhiere a “Fesbal”, (Federación de Bancos de Alimentos)
que suman unos 52 en toda España. Con el Banco colaboran 147
entidades para la distribución y seguimiento de los alimentos
(unos 2 millones ochocientos sesenta mil Kilos, repartidos, a
nivel provincial, el pasado año). Aparte del reparto de
Alimentos, han hecho gestiones con Radio Ecca, para que las
personas que reciban alimentos puedan también acceder a
estudiar, a través de dicha emisora, de forma gratuita, si así
lo quieren. Confían que, a partir del próximo quince de febrero,
puedan ocupar una Nave de unos 265 metros cuadrados ya
que, cada vez, son más los kilos de alimentos que almacenan.
Manolo viaja con cierta frecuencia, tanto a Madrid como a
Bruselas, para supervisar todos los trámites necesarios para tan
humanitaria tarea y cuenta, entre otras personas, con D.
Segismundo Uriarte como Dr. Gerente de Comunicaciones.
Son muchas aún las expectativas y proyectos para el Banco de
Alimentos, con la única finalidad de que se haga de la mejor
manera la distribución de los mismos y, para ello, trabaja
Manolo con una entrega absoluta, una entrega que corroboran
sus palabras, cuando, finalizando nuestra conversación, le
invitaba añadir alguna cosa más y dijo: “La entrega a los
demás, es el mejor de los regalos y pienso morir,
exprimido como un limón”.
Gracias
Manolo Pérez por tu colaboración y por nuestra parte, animarte a
ti a todo tu equipo de voluntarios, organismos oficiales y
empresarios a seguir con tan maravilloso proyecto. Un fuerte
abrazo. |
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«D. FRANCISCO
SARMIENTO CABRERA»©
(Presidente de la Asociación de Libreros) |
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“Durante los años dedicados a mi vida profesional, he tenido que
asistir a numerosas entrevistas, reuniones, congresos etc.
donde, la puntualidad, la educación y la seriedad para cumplir
con las mismas, han sido mis objetivos fundamentales. Tanto, que
me he convertido en un esclavo de la puntualidad para todo”.
Francisco Sarmiento,
nace en Puesto Escondido (Cerrillo-Arucas), el 14 de abril de
1.940. Poco recuerda de sus primeros años escolares con apenas
cinco y seis años, sabe que asistía a una escuela en
Transmontaña porque lo llevaban y que la maestra se llamaba
Doña Josefina. Luego pasa al colegio La Salle donde permanece
hasta la edad de once años, teniendo como profesores a D. Manuel
Cabrera y al Hermano Teodosio.
Muy pronto empieza a
trabajar en las plataneras, aunque sólo lo hace durante el
verano (con once años) y, al cumplir los doce, deja de estudiar
y trabaja a jornada completa en la finca de D. Juan Bordes donde
percibe unas veinte pesetas diarias. Era un trabajo muy duro,
llevaban las cestas cargadas de estiércol hasta las plataneras
en el fondo del barranco y de regreso, para el nuevo viaje, lo
hacían cargando rolos. Estuvo en la finca hasta la edad de
quince años, edad con la que le dijo al encargado de la misma,
D. José Rosales Quevedo, que se iba, y al preguntarle D. José si
tenía alguna queja, Francisco le contestó que se marchaba porque
le tenía envidia de verle siempre bien vestido y
que haría lo posible para no volver a trabajar en plataneras. D.
José (extraordinaria persona), quedó un poco sorprendido pero le
deseó mucha suerte en la vida.
Francisco (Paco Sarmiento
para los amigos), reconoce que si quiere ser algo, debe empezar
por prepararse, para ello, el primer paso que da es el de
asistir durante tres años, a las clases de Contabilidad que, el
inolvidable D. Juan Zamora imparte en su Academia de la calle
Salvador Rueda, en nuestra ciudad. Antes, en el Trapiche, con el
maestro D. Manuel Perdomo Ramírez asistió a unos cursos pero por
poco tiempo. Seguía en las clases nocturnas de D. Juan Zamora
cuando su tío, D. Francisco Sarmiento, le ofrece trabajo en su
pintoresco quiosco de madera instalado en la Plaza de San
Sebastián, frente a nuestro Ayuntamiento. Transcurría el año
1.955 del pasado siglo y Paco estuvo vendiendo artículos de
perfumería (donde se podía conseguir colonia a granel), relojes,
tabaco, bisutería y sellar las quinielas (lugar pionero en
nuestra ciudad). En 1.962, deja el trabajo en el quiosco, pues
debe cumplir con su servicio militar y le destinan a
Fuerteventura donde está durante dieciocho meses, aunque, tres
de ellos, estuvo en Las Palmas asistiendo a un curso de
conductores, ejerciendo también como administrativo.
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Una vez licenciado, pasa a la tienda de tejidos que su
tío, D. Francisco Sarmiento tiene en la Acequia Alta
durante cuatro años Decide buscar nuevo trabajo y lo
hace dirigiéndose a los Almacenes Cuadrados en la
capital, con tan buena suerte que, tras una breve
entrevista con el Gerente y con el jefe de Personal, le
ofrecen trabajo rápidamente. Cierto día, un cliente
acompañado de su señora, se dirige a Paco interesándose
en la compra de un traje y le muestra varios de
ellos. Entre ellos surge una cordial conversación, sobre
cual de los trajes mostrados por Paco, le vendría mejor
al caballero, decidiéndose al final por un precioso
traje de los llamados de “Alpaca”, bien es verdad
que transcurrió casi, una hora, para la decisión. Al
pagarle, el cliente le dio las gracias por la manera
que le había atendido y le propone esperarle a la
salida del trabajo para tomar un café, pues tiene
interés en hablar con él. Así lo hace Paco y, mientras
se toman un cafecito, el hombre se identifica como dueño
de una fábrica de pantalones en Málaga indicándole que
le interesa tener en la isla, una persona que le
represente y que Paco daba el perfil de lo que buscaba.
Le invita a visitar su fábrica y Paco, con permiso de su
empresa, se traslada a Málaga y después de recorrer las
instalaciones de la fábrica “Confecciones Marcelino”,
tiene varias conversaciones con su dueño y le propone
abrir una tienda, exclusivamente de pantalones, en Las
Palmas. Surgen dudas al principio de su propuesta, pero
finalmente se toma la decisión y se inaugura en Las
Palmas, en la Calle León y Castillo, la tienda que en
sus primeros momentos se le puso el nombre de “Galerías
Marcelino” para luego cambiarse por el de “El Edén de
los Pantalones” donde Paco ejerció como Apoderado para
las siete islas y África Occidental Española. Un
recuerdo entrañable de esa época fue cuando visitó la
tienda, D. José Rosales Quevedo, encargado de la finca
de D. Juan Bordes, donde trabajó Paco siendo aún un
niño, y que, al saludarle y enterarse que era el
apoderado, le felicitó por ello y le dio un fuerte
abrazo. En 1.972, y después de cinco años, las cosas no
marchan bien y deciden cerrar el negocio.
Paco toma la decisión de preparase como Agente
Comercial y tras superar las pruebas trabaja como tal
para un Mayorista durante nueve años. Luego lo hace para
la empresa “Gamar” (muebles, lámparas, plafones etc.)
como Jefe de Ventas para el Norte, Centro y Sur de Gran
Canaria y para las islas de Lanzarote, Fuerteventura y
La Palma y años después trabaja para una empresa de
Telde de electrodomésticos italianos, y en la fábrica
de muebles Escort.
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Le llama entonces su
antiguo jefe de Gamar que le pone al corriente de la
venta de la empresa y Paco, con un nuevo socio y el
propio jefe de la empresa, se hacen con la misma, pero
no funcionó bien el proyecto y, a los dieciocho meses
cerraron el acuerdo. Con la experiencia adquirida en la
venta de muebles, Paco se dedica por su cuenta al diseño
de muebles, cosa que no se le da mal (armarios, cómodas,
zapateras, consolas y muebles de salón) y lo hace
durante varios años para Industrias L.B. En 1.989, su
mujer abre en Arucas, la librería “El Borrón” y Paco
lleva la parte Administrativa comprobando, con los años,
el malestar que hay entre los libreros por las normas en
la venta de libros para los colegios públicos y
privados. En 1.997, hay una Asociación de Libreros que
no funciona del todo bien y entonces propone una reunión
en la Sociedad Atlántida (Arucas) para tratar el tema,
acordándose formar una nueva Gestora que aprueba sus
estatutos y elige a D. Francisco Sarmiento como
Presidente de la “Asociación de Comerciantes Libreros” (ACOLI).
El cargo de
presidente es para dos años, pero Paco lleva como tal,
doce años, ya que, por unanimidad ha sido reelegido en
seis ocasiones. Con un trabajo tenaz, han luchado
durante varios años, para solucionar el problema de la
venta de libros de texto e instalar en Canarias la
Tarjeta-libro. Durante el curso 2008/09, logran que el
Gobierno Canario de el visto bueno a la tarjeta que
facilita a los padres, utilizarla en librerías
autorizadas. Ha sido un gran logro, una solución que ha
contentado a todos: Gobierno, libreros y padres. Paco ha
sido muy felicitado por ello y tiene expuestas en su
Librería las fotos de la firma de tan importante
acuerdo, así como con las autoridades asistentes al
acto. Otro de los logros de la Asociación ha sido la
informatización de ochenta librerías y con coste
CERO, para sus dueños. En Marzo de 2009, Paco asistió
como Presidente de la Asociación de Libreros al Congreso
Nacional celebrado en Ceuta, donde explicó el
funcionamiento de la Tarjeta-Libro en Canarias ya que ha
sido la primera Comunidad Autónoma en aprobarla. También
se siente satisfecho por haber logrado el acuerdo para
que, el próximo Congreso Nacional de Libreros, se
celebre en nuestra Isla del 16 al 19 de marzo de 2011 en
el Auditorio Alfredo Kraus en Las Palmas de Gran
Canarias y Presidir, durante nueve años, la Feria del
Libro. En varias ocasiones ha pedido a sus compañeros
dejar el cargo de presidente, pero le siguen apoyando y
desean que les represente en la celebración del Nuevo
Congreso Nacional.
Al margen de su vida laboral, Paco ha estado vinculado
al deporte en el apartado de la Organización. Siendo
miembro del APA, en el Colegio La Salle, era el
encargado de la sección de deportes y logra que se lleve
a cabo una exhibición de Taekwondo en Arucas (primera
en nuestra ciudad) y que luego se repite en el Colegio
de La Goleta a petición de su Director, en aquéllos
momentos D: Pedro Marrero, y en las fiestas del barrio
de San Fernando (Lomo de Arucas) por deseo de su
Comisión de Fiestas. Poco tiempo después, se inaugura en
nuestra ciudad, el primer gimnasio dedicado a dicho
deporte.
Organizó también el
Club Baloncesto Arucas, cuyos primeros pasos se dieron
en el Instituto Domingo Rivero, donde estudiaban dos de
sus hijos. Durante siete años, junto a la directiva
creada, al efecto, estuvo al frente del Club Baloncesto
Arucas al que se le iba añadiendo el nombre de la
empresa que lo patrocinaba, llegando a ser Campeones de
Grupo. Cuando ya la directiva tiene problemas para
conseguir dinero suficiente para vestuarios,
desplazamientos etc. lo dejan y surge el Club Baloncesto
Goleta, una entidad que, junto a todas sus categorías,
funciona estupendamente.
Es uno de los
socios más antiguos de la Sociedad Atlántida,
ejerciendo, en la actualidad, como Tesorero de la
Entidad. Finalizando ya nuestra conversación, me pide el
favor de aprovechar la oportunidad que le ofrece
arucasdigital, para felicitar a su esposa Georgina
Medina González, por haber cumplido cuarenta años de
casados, el pasado 26 de enero. Nosotros y todos los
amigos/as del espacio Semblanzas, nos unimos a esa
felicitación, al mismo tiempo que le agradezco su
colaboración. Gracias Paco, que sigas disfrutando de tus
partiditas con los amigos. Un fuerte abrazo.
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«FERNANDO
DÉNIZ RODRÍGUEZ»© |
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“La
educación, el respeto y la buena relación con las personas, son
objetivos prioritarios en mi vida.”
Fernando Déniz,
nace en Arucas el cinco de octubre de 1.944 y la calle el
Barranquillo es testimonio de sus correrías y juegos, así como
la de sus primeros años escolares, luego, a los nueve años pasa
al Grupo Escolar donde está varios cursos para, a
continuación, matricularse, en el colegio La Salle. En este
Centro realiza un curso en la Sexta, y, en años sucesivos,
estudia Ingreso y los dos primeros cursos de bachillerato,
tomando la decisión de no seguir estudiando, al menos, de
momento.
Fernando disfrutó su niñez
junto a sus amigos, formando parte de algunas de las
“perrerías” que le hicieron salir a toda mecha, huyendo del
“guardia palo” (así se les conocía a los Guardas
Jurados) por haber cogido unos buenos troncos de caña dulce en
las Vegas. Participó de buenos momentos practicando los juegos
propios de la edad, prefiriendo, como casi todos, el fútbol. Sus
primeros pasos los da en el Infantil San Juan, entrenado por
Paco Hernández (magnífico portero del Isleña y del Arucas)
quizás, influenciado por las buenas actuaciones de su
entrenador, tomó la decisión de ocupar la difícil demarcación de
guardameta. El Infantil San Juan, el Tigre, el Terrero y el CD.
Marqueses formaban un bonito grupo de equipos infantiles,
suficientes para organizar entre ellos formidables partidos, en
los que, la rivalidad, el buen juego y las buenas maneras,
estaban presentes en cada jornada, luego jugó en el Infantil y
Juvenil Arucas, pasando al Arucas CF, aunque no llegó a jugar
partidos oficiales, durante esta, su primera etapa, en el Club.
Con apenas quince años,
empezó a trabajar en una Gestoría en Las Palmas, aunque sus
inicios son como empleado en prácticas y, al cumplir los
dieciocho años, su vida da un giro de ciento ochenta grados.
Fernando toma la decisión de ingresar en el Seminario, siente
esa llamada y hasta allí dirige sus pasos. Encuentra un
magnífico ambiente y compañeros excelentes (un buen grupo de
ellos son también aruquenses) que le facilitan sus primeros
momentos como nuevo seminarista. Fernando se prepara y estudia
con mucha dedicación las diferentes asignaturas, combinando el
esfuerzo del estudio, con la práctica del fútbol, así como la
de otros deportes. Durante su estancia en el seminario, asiste a
la ordenación sacerdotal de varios compañeros que habían
terminado sus estudios y que sin embargo, Fernando, a los cuatro
años de su permanencia en el Centro Religioso decide, no
continuar. Me manifiesta que fueron cuatro años inolvidables,
que no se arrepiente en absoluto de la decisión que tomó y que
le sirvieron de gran experiencia.

Una vez sale del Seminario, es llamado a filas para
cumplir con su servicio militar y libre ya de ese
compromiso, trabaja durante veinte años en la
Fábrica de Ron Arehucas como administrativo. Durante
esos años es testigo de la visita que hacen a la
Fábrica, personalidades del mundo empresarial,
deportivo, cultural y musical para la firma, en
barricas, que la empresa tiene preparadas para tal
fin, así como las fotos que, de cada una de ellas,
se conservan como testimonio de su paso por la
Destilería San Pedro, como la visita que hizo un
joven Julio Iglesias a la Fábrica, a
comienzos de los años setenta del pasado siglo.
Aquélla mañana, algunos
presumieron de haber estado charlando
amistosamente, con el artista……. Mientras, Fernando
vuelve a la disciplina del Arucas CF durante dos
temporadas, jugando muchos de los partidos y
visitando varias islas del Archipiélago. Una vez
finalizado su contrato como jugador, continúa en la
entidad, como directivo, durante unos seis años.
Después de su
paso por Destilerías Arehucas, se independiza y
comienza a formar parte del mundo empresarial con la
exposición y venta de coches, apertura de taller y
bazar de repuestos a los que dedica varios años.
Terminada esta etapa, lleva en nuestra ciudad, la
Agencia de la Mutua Tinerfeña de Seguros.
La educación, el respeto y las buenas
relaciones con los demás, le han demostrado que es
la mejor manera de andar por esta vida, sobre todo,
cuando se tiene un trato directo con el público
desde sus comienzos en la vida laboral (con apenas
quince años, en las Palmas) y que, aún hoy,
continúa. Precisamente, mi buena relación con
Fernando, desde hace muchísimos años, me ha
permitido solicitar su colaboración para con nuestro
espacio y que, amablemente, aceptó. Gracias de todo
corazón Fernando y un fuerte abrazo.
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«D. JUAN LÓPEZ
HENRÍQUEZ»© |
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“Mis comienzos como trabajador en
el “muelle” fueron muy duros. Apenas teníamos unas horas de
descanso de un turno a otro, afortunadamente, con los años, las
cosas cambiaron a mejor”.
Juan López nace en
Arucas el día 28 de noviembre de 1.929. Su padre procedía de
Valsequillo y su madre de Vegueta. Se casaron en la iglesia de
Santo Domingo (Las Palmas) y fijaron su residencia en nuestra
ciudad, pocos años antes de dar comienzo la construcción de
nuestro hermoso templo parroquial.
Juan López, a los seis años,
asiste a la escuela del Barranquillo y no ha olvidado el fuerte
tirón de orejas que su maestro le dio, a él, y a su compañero de
pupitre, por haber escrito éste, una frase peyorativa alusiva al
profesor. Al salir cada día de la escuela, se hacía cargo de
unas cabritas que su padre tenía en unos terrenos en Barreto,
lugar donde se habían trasladado a vivir. Permanece en la
escuela hasta cumplir los doce años y, a partir de esa edad,
acompañaba cada día a su padre hasta Tenoya, donde tenía su
herrería, lo hacían caminando, tanto a la ida, como a la vuelta
a través de varios “atajos”. Una vez en casa, atendía las cabras
y dos reses y ayudaba a su padre en tareas agrícolas. Recuerda
cuando araban los terrenos con una yunta que, gentilmente, les
cedía D. Manuel del Toro, propietario de una de las fincas
colindantes a su domicilio.
Al cumplir los catorce años,
comienza a trabajar en las plataneras y por las tardes atiende
los animales pues, su padre había conseguido trabajo en el
muelle como estibador. Recuerda la época en la que los
trabajadores del muelle, acudían hasta el popular Bar de
Pancho en nuestra ciudad para comprobar en la lista, si sus
nombres figuraban en alguno de los turnos de trabajo. Esta
costumbre, hizo que en dicho bar se concentrase mucha gente
creándose un ambiente que beneficiaba a su dueño. Otro de los
bares muy conocidos en nuestra ciudad, era el de Conchita,
tía de Juan López situado frente a la Plaza de San Juan y
del que salían unos “olores”, que invitaban a pasar por él.
Conchita era muy conocida y querida, Juan recuerda que, de niño,
le gustaba visitarla porque siempre le obsequiaba con unos
plátanos exquisitos.
Al cumplir con su servicio militar, Juan López consigue trabajo
en Las Palmas en los Almacenes Roselló, en la calle Fernando
Guanarteme, aunque por poco tiempo, pues, al jubilarse su padre,
tuvo la oportunidad de entrar en el muelle, ya que daban
preferencia a los hijos de los “trabajadores portuarios”. Sus
comienzos fueron muy duros, con apenas tiempo para descansar y
despachar un nuevo barco. Las cargas de cemento, carbón y paja
eran las peores. Con los años, las cosas cambiaron a mejor y
estuvo por espacio de treinta años, los últimos quince, los
trabajó a bordo de los diferentes buques que se
despachaban. Trabajar desde el barco era mejor que hacerlo en
tierra, ya que se encontraban protegidos de la lluvia, o bien
del calor.
De sus años jóvenes recuerda
que no le permitían entrar a los bailes en La Sociedad Atlántida
hasta que cumpliese los dieciocho años, pero, tanto él como
algunos de sus amigos, no esperaron a ello y, por la panadería
de Martinito en la calle San Juan, subían hasta la azotea de la
Sociedad colándose hasta la pista del baile. Juanito, el de la
cantina, como se le conocía cariñosamente, les hizo Socios
antes de cumplir los dieciocho años ya que sus cuerpos los
aparentaba, solucionando así, el problema. El cine fue también
una de sus distracciones favoritas, recordando con nostalgia,
las películas mudas que, siendo niño, ofrecía la Sala del Cine
Viejo.
De siempre le ha gustado
tocar la guitarra y, como él dice, “no seré un buen
tocador, pero acompaño”. Formó parte de la Rondalla que el
Frente de Juventudes (en aquéllos años) organizó bajo la
dirección del recordado Juan Navarro y que le permitió viajar a
la Península con actuaciones en Madrid, Toledo y luego en
Barcelona.
A partir de ese instante, viajar es una de
sus pasiones y lo hace con frecuencia, su jubilación se lo
permite. También le gusta visitar, utilizando el transporte
público, los diferentes municipios de nuestra isla, pues, cada
uno de ellos, me dice, tienen su gastronomía y encanto
particular. En ocasiones, viaja junto a sus compañeros del Club
de Mayores de nuestra ciudad, lugar donde transcurrió nuestra
conversación la cual agradecí de todo corazón por su
colaboración para con nuestro espacio. Gracias Juan López.
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«JOSÉ MANUEL
HENRÍQUEZ GUERRA»© |
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“Afortunadamente, mi trabajo me ha
permitido conocer a muchísima gente estupenda y, a pesar que
algunas de ellas ya no residen en nuestra ciudad, seguimos
conservando una entrañable amistad”.
José Manuel nace
en Bañaderos el 11 de mayo de 1.946. De pequeño asiste a la
escuela en el Puente de Bañaderos siendo su primer maestro, Don
Serafín. El boliche era uno de sus juegos preferidos y en muchas
ocasiones, su práctica, le hizo pasar algún mal rato, pues se
despistaba junto a sus amigos, llegando tarde a la clase
recibiendo como castigo la pérdida del recreo. De la escuela del
Puente pasó a la del Barranquillo donde permaneció hasta los
doce años, edad con la que su padre le sugirió que ingresase en
el Seminario a lo que José Manuel se negó rotundamente. Era el
mayor de nueve hermanos y en su casa sólo entraba el sueldo de
su padre (guardia Municipal en nuestra ciudad), por lo que la
entrada en el Seminario se hacía (no en todos los casos, por
supuesto) con una doble finalidad, poder estudiar y aliviar la
economía en casa, y eso que, José Manuel se crió con sus abuelos
maternos.
Sin embargo, tres de
sus hermanos, sí pasaron por las aulas del Seminario. A uno de
ellos le faltaba, tan sólo un año para finalizar sus estudios y
ser Ordenado sacerdote cuando, decidió dejarlo. Los otros dos,
estuvieron menos tiempo. Años más tarde, José Manuel comprendió
la sugerencia de su padre con respecto a él y a sus hermanos.
Con apenas trece años,
decidió ir a trabajar a las plataneras y en sus horas libres
ayudaba a uno de sus tíos en la granja que poseía y acarreaba
agua desde la fuente, hasta la casa de sus abuelos. También,
durante las fiestas de San Pedro en Bañaderos, ayudaba a otro de
sus tíos en la tienda. Aún no había cumplido los dieciocho años,
cuando decide ir voluntario al Servicio Militar y, una vez
licenciado, quiere volver de nuevo a trabajar a las plataneras,
pero su padre le dice que no se precipite, que asista a clases
de Contabilidad y Mecanografía para ver si consigue algún
trabajo que no sea tan duro como el de las plataneras. José
Manuel asiste a clases de Mecanografía pero no está mucho tiempo
y su padre logra que entre a trabajar en la Estación de Gasolina
Sehll en nuestra ciudad para el lavado de coches, cambios de
aceite y de neumáticos. Llevaba trabajando unos ocho años,
cuando le ofrecen ir a la empresa de los Herederos de Juan
Herrera Guerra para desempeñar el mismo trabajo que en la
anterior, pero como encargado y mejor sueldo. No lo duda pero,
al comentárselo a su padre, no le parece bien, pues piensa que
dejar el trabajo, no iba a ser del agrado de la persona que le
consiguió el empleo, pero José Manuel tuvo el valor de hablar
con esa persona y exponerle sus razones para el cambio, a la vez
que le agradecía profundamente lo que había hecho por él.
Y,
a partir del año 1.972 trabaja para los “Herrera”. En todos
estos años, ha conocido a gente fabulosa, no sólo de nuestra
ciudad, también a clientes de otros municipios limítrofes. Son
muchas las anécdotas y casos curiosos que le han ocurrido en
tantos años cambiando aceite, neumáticos y lavado de coches. En
cierta ocasión mientras realizaba su trabajo, sufre una
lumbalgia que le impide, por momentos, seguir con su trabajo
cuando, la llegada oportuna de uno de sus clientes (médico) le
solucionaría su problema, pues se ofreció a tratarle su dolencia
hasta su total recuperación. Hoy día y, a pesar de la distancia
(reside en la Península) les sigue uniendo una entrañable
amistad.
Por su experiencia de
tantos años viendo los chasis de los coches desde la fosa, ha
solucionado problemas de ruidos molestos en muchos vehículos
para satisfacción y tranquilidad de sus dueños. Me cuenta que
muchos hijos de clientes, han seguido las costumbres de sus
progenitores y se acercan con sus vehículos hasta la estación
para algunos de los trabajos que se realizan en la misma.
Finalizaba ya nuestra conversación cuando le pregunté, medio en
broma, medio en serio, cuántos coches ha lavado, cambiado el
aceite y neumáticos durante todos estos años y me dijo que
probablemente, serían muchos, pero muchos más, los amigos que
he conseguido. José Manuel, aparte de su trabajo habitual,
realizó también en la empresa, el despacho de gasolina
sustituyendo a compañeros.
Con un emocionado recuerdo para nuestro
común amigo y compañero de trabajo de José Manuel, durante
muchos años, Herminio Velázquez (fallecido) dimos por finalizada
nuestra conversación. Gracias José Manuel por tu colaboración y
un fuerte abrazo.
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«MANUEL DE LOS
REYES GONZÁLEZ QUESADA»©
(Mecánico) |
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“Siempre me dijo mi madre que,
antes de ponerme chupa, me colocaron un timple en mi
cuna”.
Manolo
González, nace en Arucas el 9 de abril de 1.945. Su infancia
transcurrió muy feliz rodeado de carretones de velguillas y
patinetas que él mismo hacía junto a un amigo, compañero de
juegos y con la misma afición. Por este motivo fueron varias las
“ausencias” de clase durante los dos años que permaneció
en el Grupo Escolar. Entraba por la puerta principal y cuando el
vigilante estaba distraído, salía junto a su amigo, por la
puerta trasera, cogían sus carretones e iban caminando hasta la
cima de la Montaña de Arucas conduciendo sus vehículos,
para regresar a la hora de la salida de clase, llegar a casa y
no levantar sospechas. En otras ocasiones, subían hasta la
Montaña para “echar” sus cometas con mucha habilidad, luciendo
la hermosa combinación de colores que empleaban en sus
diferentes modelos.
Luego pasó por las clases
de la Quinta y la Sexta en el Colegio La Salle donde permaneció
hasta cumplir los catorce años. Al Hermano Esteban Alonso le
agradece todo lo que aprendió, a pesar de llevarse, como la
mayoría de sus alumnos, algún coscorrón. Al terminar sus
estudios en el Colegio, su padre le preguntó que le gustaría
hacer y no dudó en contestarle que quería ser mecánico,
pues, desde pequeño, tuvo la oportunidad de estar muchas veces
en la Fábrica de Chocolates la Isleña (varios de sus
familiares trabajaban en la Fábrica) observando el movimiento de
las diferentes máquinas, llamándole poderosamente la atención.
Su padre logró que su hijo entrase como aprendiz en el taller de
D. Santiago Navarro en la Montañeta, ubicado en los garajes de
D. Juan Herrera. Estuvo durante cuatro años, nunca cobró nada,
pero agradeció siempre a D. Santiago, el aprendizaje en su
taller, así como el detalle económico que tuvo para con él,
cuando dejó el taller para incorporarse, como voluntario, al
servicio militar en Aviación.
Una
vez licenciado, volvió a trabajar con D. Santiago durante un
año, y de allí pasó a un taller en las Palmas cobrando ya un
sueldo. La mecánica y el folclore, han ido de la mano en la vida
de Manolo González. Descendiente de una familia de grandes
tocadores, él no iba a ser menos. El primer instrumento que coge
en sus manos fue el timple que, según su madre, ya le habían
colocado uno en su cuna antes de que usara la chupa. Lo curioso
de todo es que Manolo aprendió a tocarlo, de manera autodidacta,
observando a su padre cuando enseñaba en su casa a un grupo de
jóvenes.
A partir de ese momento, (Manolo tenía unos catorce años), ya no
se separa de su padre durante las clases y le ayuda en esa
tarea. El primer grupo que funda su padre fue el Sagrado
Corazón, del Colegio de las Hermanas de la Caridad en nuestra
ciudad, luego el denominado Intercasa compuesto por miembros de
su familia con el que recorren el Paseo de Las Canteras tocando
para los turistas. El entonces Alcalde de nuestra ciudad, D.
Francisco Ferrera, sugiere a su padre que cambie el nombre al
Grupo y que pase a llamarse: “Agrupación Arucas, familia
González” y así lo hacen. Graban varios discos con el sello
discográfico Columbia (un total de 32), entre sencillos y de
larga duración. Tocan durante años en el Mesón de la Montaña,
viajan a Noruega y recorren todas las islas del Archipiélago
Canario interpretando lo mejor de nuestro folclore. También
fueron, durante un largo tiempo, el grupo representativo de
nuestra ciudad en la Romería a la Virgen del Pino, así como en
diferentes actos organizados por nuestro Ayuntamiento.
Los últimos años de la
Agrupación, transcurren con interpretaciones en Salas de Fiesta:
Quintanilla, el Arco, la Bodega y los Roquetes. Terminado este
periplo, Manolo dirige, en su primera etapa, al Grupo Labrantes,
luego forma parte de los Grupos Sancocho y Granjeros. Vuelve a
Labrantes y en la actualidad, es miembro de la Parranda “Ende
Cuando no Salimos” y no duda en colaborar, si se lo piden, en
cualquier grupo. Aparte de las canciones de nuestra tierra,
Manolo fundó, junto a sus amigos: Pepe Juan el guardia y Javier
Cerpa (a quién enseñó a tocar la guitarra), el trío Nevada, en
el que uno de sus hijos, (cuando tenía trece años) también de
nombre Manolo, era la voz solista, actuando durante nueve meses
en la Sala de Fiestas “Pinito del Oro”, donde, en una ocasión,
lo hicieron junto al famoso Grupo: Los Chichos. Puso ese nombre
al Trío, como recuerdo y homenaje a Nicoco, Paco Quevedo y Juan
González, quienes fueron sus primeros fundadores y magníficos
intérpretes de la mayoría de las canciones de Los Panchos.
Aparte del timple, Manolo ha realizado “arreglos” en algunas
canciones de nuestro folclore, toca la guitarra, bandurria,
laúd, requinto, arpa y se atrevió con la trompeta, pero, “le
faltaba el aire” y nunca pudo con ella. Combina sus actuaciones
con la “Parranda Ende Cuando no Salimos” con las de su Grupo
actual, al que le ha puesto el nombre “Dilema” con
repertorio de folclore canario, rancheras y boleros. Cinco
componentes forman el Grupo, y como solista cuentan con la voz
extraordinaria de Rosaura Espino. Por todos los grupos por los
que ha pasado Manolo, ha cantado folías, isas y malagueñas,
siendo las folías, sus interpretaciones favoritas.
Decía que la mecánica y
el folclore han ido de su mano, porque, desde los catorce años
trabaja como mecánico y su tiempo libre lo ha dedicado, (lo
dedica), a los ensayos y a las diferentes actuaciones de los
Grupos por los que ha pasado. Oficio, el de mecánico que ha
desempeñado en un taller especializado en coches de tres
cilindros, a los que llamaban de aceite y vinagre, luego en la
Casa Mercedes reparando bombas de inyección, pasando por la Casa
Volvo, OM, por la empresa de Construcción Francisco Ramírez,
como jefe de taller, haciéndose cargo de toda su maquinaria, en
la Casa Renault (Sucursal de Arucas), en Motor Arisa y desde
hace siete años, trabaja para nuestro Ayuntamiento, haciéndose
cargo de la reparación de su flota de automóviles, así como
chapa y pintura, menos la electricidad del automóvil que no le
motiva. Después de 51 años en el oficio, (cuatro de ellos como
aprendiz), tiene prevista su jubilación el próximo mes de abril
de 2010.
Manolo ha atendido a muchos
amigos reparando averías en sus coches, no importándole ni la
hora ni si el día era festivo. Recuerda que hace años, cuando ir
al cine en nuestra ciudad era una de las distracciones
favoritas, el acomodador le avisó en varias ocasiones de que le
esperaban fuera con un coche averiado. En la antigua parada de
taxis frente a nuestro Ayuntamiento, muchos taxistas solicitaron
su experiencia para solucionar averías en sus vehículos. Como
Manolo no decía “no” a nadie y estaba dispuesto a cualquier
hora, llegó a ganarse el apodo de “mecánico de los pobres”.
Muy agradable y amena
fue mi conversación con Manolo González, quien, durante el
transcurso de la misma, recordaba con mucha admiración a su
padre Domingo González Ramos, conocido, al igual que sus
hermanos Justo y Pepe, como los Cesa, y con el que disfrutó,
junto a sus primos y hermana Quecha, de unos años inolvidables,
llevando nuestra música y el nombre de nuestra ciudad, por todas
las islas Canarias y parte del extranjero. Al final de nuestra
conversación manifestó su agradecimiento y felicitación por el
trabajo llevado a cabo por arucadigital, así como para el Sr.
Giráldez.
Teniendo ya cerca su jubilación, Manolo
dispondrá de tiempo y tranquilidad para disfrutar de sus dos
grandes pasiones: la música y la mecánica, sobre todo, a la hora
de restaurar, pieza por pieza, coches antiguos. Manolo, gracias
por tu colaboración. Un fuerte abrazo.
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«PEPE LUCIANO
PÉREZ HIDALGO»© |
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“Durante
mi niñez vivíamos en la calle de San Juan. Era una calle que
tenía de todo: cine, puestos de golosinas, panadería, sastrería,
carpintería…… y era muy apropiada para nuestros juegos”.
Pepe Luciano nace en
Arucas el 9 de mayo de 1.941. Con pocos años, asiste a unas
clases para niños pequeños en el Barranquillo y al cumplir los
seis, se matricula en el Colegio La Salle donde cursa Ingreso y
estudia el Bachillerato Elemental. Formó parte del Coro del
Colegio y demostró sus cualidades bajo los palos, en uno de los
varios equipos de fútbol del Centro religioso. Guarda buenos
recuerdos de profesores y amigos Lasalianos.
En el colegio del Corazón
de María estudió quinto curso de bachillerato, pasando al Jaime
Balmes donde cursó sexto y reválida, luego, dos cursos en la
Escuela de Peritos Industriales, abandonando sus estudios por
incorporarse a una entidad bancaria en nuestra ciudad, en el año
1.962. Sus juegos de niño los llevó a cabo en la calle de San
Juan, en nuestra ciudad. Una calle, lo suficientemente larga
para corretearla de arriba abajo, ir a la panadería a comprar el
pan, disfrutar de una buena película de vaqueros en la función
de las tres los domingos, jugar a la pelota, ayudar a
confeccionar alfombras el día de Corpus, así como alguna que
otra travesura como era quitarle, en veloz carrera, un
suspiro de los que tenía Cesita en su mesa junto a otras
golosinas, instalada frente al Cine Viejo. En ocasiones, sus
juegos transcurrían más allá de dicha calle, llevándose algún
sustillo, como cuando se cayó sobre unas tuneras en la Hoya de
San Juan y sus amigos estuvieron toda una tarde sacándole púas,
allí, en “sálvese la parte”. Su padre, cuando
quería que su hijo dejase los juegos y se
 presentase
en su domicilio, lo hacía a través del silbo nada
más empezar a subir por la calle de San Juan,
empleando una “tonadilla” que se hizo muy popular
entre sus amigos de juegos, quienes le advertían de
la llamada de su padre, cuando Pepe Luciano no se
percataba de ello. Cuando sus “perrerías”
aumentaban, su padre, que tenía muchas amistades en
la policía Municipal, hablaba con sus jefes y
llevaba a su hijo para que lo tuviesen retenido en
sus oficinas unas horas, como escarmiento.
Los Jóvenes de Acción Católica en aquéllos años, tenían su sede en
dicha calle y, probablemente, observaran en más de
una ocasión, algún partidillo de fútbol en plena
calle, donde Pepe Luciano las paraba todas. Por eso
en 1.952, animado por D. Alfredo Martín como
Presidente, se incorpora a uno de sus equipos, como
portero. Años más tarde juega en el Juvenil Isleña
donde tuvo la suerte de ser elegido como jugador de
la Selección del Norte junto a Tonono, Diego,
Vicente (fichado luego por el Barcelona CF), Antonio
Matos y Vicente Ramos, entre otros. En Categoría
regional, jugó en el Isleña, Arucas, Ferreras,
Goleta y Bañaderos. En Veteranos jugó en el Ron
Arehucas y en el Cortijo. Aparte de su dedicación al
deporte “rey”, tuvo gran afición por las “palomas”.
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A finales de la
década de los cincuenta del pasado siglo,
comienza en Arucas una gran afición por el
deporte del balonmano. Se organizan varios
equipos y Pepe Luciano juega de portero en uno
de ellos, fundado por Manolín el fotógrafo. Al
principio se jugaban los partidos en la cancha
de tierra en la OJE. Con el tiempo, se
consiguió autorización, por parte del Alcalde
(en aquéllos años), D. Francisco Ferrera, para
jugar los partidos en la Plaza de San Juan, tras
haberse proclamado Campeones de Canarias en la
Ciudad Deportiva Martín Freire, en Las Palmas.
Fantásticos Campeonatos se jugaron en la
mencionada Plaza, participando equipos
importantes como Parques y Talleres, Marina y
Aviación. La afición se fue extendiendo por
nuestra ciudad, de tal manera que surgen equipos
en Cardones, Bañaderos, la Goleta y Santidad. No
quiere dejar pasar la oportunidad y Pepe Luciano
hace mención a destacados jugadores de la época:
los hermanos Medina, Ascanio, Cesarín, Manolo
Ortega, Ramos, Rubén, Boro, Antoñito y Blas,
entre otros.
El 14 de
febrero de 1.962, entró a trabajar en una
entidad bancaria en nuestra ciudad como
cobrador, y trabajó para la misma, hasta el 31
de diciembre de 1.998, año en el que se jubiló
como Interventor Cajero. Los tres últimos años,
los desempeñó en la Villa de Moya. Jubilado
desde entonces, emplea su tiempo libre oyendo
música de los años sesenta, leyendo y, dedicando
tiempo también, para caminar, aunque, las
secuelas de su paso por el mundo del fútbol han
hecho su aparición y le impiden largas
caminatas.
Mi
conversación con el amigo P. Luciano llegaba a
su fin, despidiéndome de él, dándole las gracias
por su generosidad y amabilidad durante toda
nuestra charla. Generosidad y amabilidad que le
han acompañado siempre, ganándose el aprecio y
afecto de todos sus amigos. Gracias y un abrazo.
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«DOÑA MARÍA V.
LLARENA JIMÉNEZ»©
(Conocida por Tita Llarena) |
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“A
los doce años le dije a mi madre que me dejara ir a trabajar,
pues, desde los cinco, ya le ayudaba en las tareas del hogar. No
le gustó mi decisión, pero terminó aceptándola”.
María Llarena nace
en Arucas (Lomo Ramírez), el 15 de agosto de 1.937. Cuando tenía
un año, sus padres se trasladaron hasta San Andrés y al cumplir
los cinco, regresaron de nuevo a nuestra ciudad. La infancia de
Tita Llarena quedó marcada por la pérdida, a los pocos meses de
vida, de cuatro de sus hermanos (2 varones y dos hembras) sobre
todo, la de su hermano Juan Manuel (contaba sólo dieciocho
meses), porque cuidaba de él y era quien le mecía la cuna para
que durmiera y, precisamente fue ella, quien se dio cuenta de
los gestos extraños que cierto día hacía el niño, por lo que
llamó a su madre quien, al verle, lo cogió en brazos y
envolviéndole en una manta se dirigió caminando hasta Arucas
para que lo viese un médico, a las pocas horas, su hermano
falleció.
El padre de Tita trabajaba
en las carreteras y cada quince días, (que era cuando cobraba),
venía hasta su casa para, con su sueldo, comprar en la tienda y
preparar ropa y comida para los siguientes quince días. Su madre
trabajaba en la cochinilla y cuando dejó de plantarse, lo hizo
en terrenos de algodón. Al trabajar sus padres, y sus
hermanos/as mayores (eran una familia de doce hermanos), Tita
quedó, con muy pocos años, al cuidado de la casa, fue muy poco a
la escuela, se hizo mayor a la fuerza y nunca supo de juegos
infantiles y como regalo de Reyes recuerda una muñeca de trapo
que muy pronto se le estropeó, pues la dejó olvidada en las
tuneras pero, agudizó su ingenio y a partir de ese momento, ella
misma hacía sus muñecas de trapo. A los seis años, hizo su
primera Comunión y a los siete recibió el Sacramento de la
Confirmación, ambos sacramentos en la Parroquia de San Isidro de
Montaña Cardones. Cada día daba hasta cuatro viajes a la fuente
del Guincho a través de un camino bastante peligroso
para acarrear el agua hasta su casa, a veces transportaba el
agua con el cacharro a la cabeza y en ocasiones, con los
ganchos. Al cumplir los ocho años, lavaba la ropa en la acequia
y planchaba. No pudo aguantar más y, a los doce, se atrevió a
decirle a su madre que le dejase ir a trabajar a las plataneras,
a su madre no le hizo mucha gracia su petición, pero al final
terminó aceptando su deseo.
Tita trabajó en las
plataneras acarreando cestas de estiércol y allí vió, por
primera vez, a quien con el tiempo, se convertiría en su esposo.
Conocía a doña Prudencia, maestra de Cruz de Pineda porque
llevaba cada día, hasta la escuela, a una de sus hermanas y
habló con ella para asistir a sus clases vespertinas. En ellas
aprendió a leer, a escribir y las cuatro reglas. Al cumplir los
trece años asiste a la costura, donde aprende a coser y a cortar
trajes, realizando diferentes trabajos en su casa, hasta altas
horas de la madrugada. La relación con aquél muchachito que
conoció trabajando en las plataneras, siguió adelante y se
casaron el 1º de julio de 1.956, después de anunciarse desde el
púlpito las tres amonestaciones pertinentes, siendo la
primera boda que se celebró en la iglesia de Nuestra Señora del
Rosario en Llano Blanco (había cumplido dieciocho años),
llevando como dote una mesa, dos sillas, una cama y un pequeño
ropero. Su madre no le pudo ayudar con más, pues dos de sus
hermanas se habían casado un poco antes.
A los veinticinco años, Tita
ya tenía cinco hijos y deseaba encontrar trabajo ya que con el
sueldo de su marido no era suficiente para atender las necesites
de la numerosa familia. Seguía cosiendo y para vestir a sus
hijos compraba las telas en Las Palmas, se iba fijando en las
ropas de niños que estaban en escaparates de las tiendas de Triana
y luego, en su casa, durante muchas noches, cortaba y cosía las
ropas de sus hijos/as, hasta que cumplían los catorce años. En
cierta ocasión, visitando a una amiga en la Clínica de Santa
Catalina, preguntó en Administración si tendrían trabajo para
ella, le hicieron rellenar un formulario y a esperar. Se llevó
una verdadera sorpresa cuando la llaman comunicándole que
tendría trabajo. Había cumplido treinta y cinco años y el 1º de
marzo de 1.974 empieza a trabajar en la cocina del mencionado
complejo hospitalario y lo hace hasta su jubilación, en el año
2004. Médicos, enfermeros/as y administrativos formaban una gran
familia y su trabajo fue reconocido por su entrega y dedicación,
siendo felicitada por ello.
Hoy Tita, ya jubilada,
disfruta junto a su marido (jubilado de Tropical) de una de sus
aficiones favoritas, el senderismo, participando activamente de
la programación de Arucas en la Senda. Forma parte
también de los Labrantes de la Palabra con los que ha visitado
muchísimos Colegios e Institutos de Tenerife, Lanzarote y
Fuerteventura y han viajado hasta Guadalajara para narrar
cuentos, recitar poemas, relatar historias etc.
Lleva cuatro años participando en el
Concurso de Relatos Cortos Rescatando la Memoria y este año, ha
obtenido el Primer Premio con su relato: Un cura en el
recuerdo. En su tiempo libre comparte junto a su marido, el
cuidado y disfrute de su plantación de papas y verduras que
posee en un terreno junto a la casa que con tantos trabajos y
sacrificios tienen en Transmontaña donde vive, y que nada tiene
que ver (afortunadamente), con aquélla su primera vivienda con
poquitos metros y enseres. Han sabido sacar adelante a sus ocho
hijos (uno ya ha fallecido) de los que se sienten muy
orgullosos. Gracias Doña María Llarena (Tita) por su amabilidad
y haberme atendido en animada charla para con este espacio de
Semblanzas
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«D. JOSÉ
HERNÁNDEZ TORRES»© |
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“Desde muy
pequeño, me gustaba observar cómo estaban colocadas las luces en
los coches y me tendía en el suelo para mirar el chasis, las
varillas de la dirección y los muelles, e intentar su imitación
en la construcción de los coches que hacía con “velguillas”.
José Hernández Torres, nace en Arucas el 27 de abril de
1.941. A los seis años comienza su período escolar en el
Grupo (hoy CEIP Arucas) y está hasta los catorce años, con
recuerdos entrañables de sus maestros; D. Juan Zamora, D. Manuel
Hernández, D. Salvador y D. José Betancor. Estando aún en la
escuela, iba por las tardes al taller de bicicletas de D.
Antonio Ferrera en el Terrero, y le ayudaba en la reparación de
las mismas. Su experiencia en la construcción de patinetas con
cojinetes y sus carros de verguillas le había proporcionado
ciertas habilidades para desarrollar dicha tarea. Aún conserva
un maravilloso ejemplar de automóvil con todo lujo de detalles,
luces, muelles y sobre todo, llama mucho la atención, el
mecanismo empleado para su dirección, desde el volante hasta las
ruedas.
En el taller, aparte de la reparación, preparaba las
bicicletas para pintarlas, sobre todo, en fechas cercanas a la
festividad de Reyes, cuando, muchos padres, traían las
bicicletas de sus hijos y así, cada 6 de enero las volvían a
lucir como si fuesen nuevas. Aparte de su paso por el taller de
bicicletas, Pepe Hernández (más conocido por Pepe Torres), se
acercaba los sábados y domingos, en horas del mediodía, hasta el
carrito de helados de Julito, ocupando su puesto para que
pudiese ir a almorzar. Al regreso, Julito siempre tenía una
atención para con él.
Después de estas primeras “ocupaciones”, entra a
trabajar, siendo aún muy joven, en la fábrica de cigarrillos
APOLO, situada en la C/ los López de nuestra ciudad. Lo hace
como aprendiz de purero, pero muy pronto, pasa a las máquinas,
su verdadera pasión, allí trabaja durante once años. Luego la
fábrica es trasladada hasta Jinámar y se convierte en Unión
de Fabricantes formada por las siguientes marcas de
cigarrillos: Apolo, Fedora, Cumbre y Gabinet. En 1.968, pasó
brevemente por la fábrica de cigarrillos GEAM cuyos propietarios
eran cubanos y luego trabaja para la General de Tabacos en
Millar Bajo (20 años), como maquinista y Técnico de Maquinaria.
Este puesto, le proporcionó la posibilidad de viajar hasta
Alemania en varias ocasiones para realizar cursos y asistir a
Exposiciones relacionadas con su especialidad, en Ginebra,
Amberes y Cannes. Estuvo cuatro años como Gerente de producción
en la Multinacional GALAHER Canaria, viajando a Manchester e
Irlanda del Norte visitando sus fábricas como asesor, para la
adquisición de maquinaria hasta que cerró la empresa y Pepe se
jubiló.
Si su trabajo en las fábricas de cigarrillos, le dio la
oportunidad de visitar importantes ciudades europeas, no menos,
su otra gran afición, el senderismo, le ha dado la misma
oportunidad, aunque de manera completamente diferente. Desde
hace unos veinte años, practica esta modalidad. Ha dado la
vuelta a la isla con varios amigos en diferentes ocasiones,
saliendo desde Arucas hacia el Sur y la ha realizado también en
la ruta Arucas, la Cumbre, Maspalomas y prácticamente ha
pateado, la mayoría de las rutas de las cumbres de Gran Canaria.
Es miembro de la Asociación Cultural ECKHART, a la que también
pertenece su esposa. Esta asociación organiza viajes por
diferentes países para practicar senderismo, pero, con una
finalidad bien distinta a la de viajar sólo como rutas
turísticas, va mucho más allá, su finalidad es, realizarlas,
dedicando varias jornadas a la Meditación.
Han recorrido el Pirineo Catalán hospedándose en Monasterios
y han viajado hasta Alemania, Japón, Malí, Senegal, practicando
senderismo donde incluyen jornadas dedicadas al Silencio y a la
Meditación. Una modalidad que les gusta y que, según ellos, les
proporciona Paz interior y ayuda para encontrarse consigo mismo.
Pepe Torres encuentra también sus momentos de relax, en su otra
gran afición, las motos. Ha tenido varias, pero con su última
adquisición, se siente muy a gusto y disfruta paseando por las
diferentes carreteras de la isla.
Y recordando anécdotas, viajes y aficiones, dimos por
terminada nuestra conversación, agradeciéndole su colaboración.
Pepe, un abrazo.
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«D. ARCADIO
MORALES AMADO»©
(Maestro) |
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“Como docente, pienso que la labor del Maestro no termina en el
aula, trasciende también, fuera de ella”.
D. Arcadio nace en Hawey (Matanzas – Cuba) el 31 de julio de
1.921. Sus padres, naturales de Cardones y Santidad,
respectivamente, habían emigrado a Cuba y allí les nacieron,
siete de sus nueve hijos. D. Arcadio permaneció en Cuba hasta
los nueve años y recuerda perfectamente, la casa y los terrenos
de caña de azúcar que regentaban sus padres.
Vivían un poco alejados y para trasladarse a la escuela lo
hacían a lomos de caballos, (tenían 3), allí aprendió a leer y a
escribir y nada más finalizar las clases, de vuelta a casa para
ayudar a sus padres en las tareas de corte de caña, sobre todo,
en la época de la zafra. A finales de los años veinte del pasado
siglo, ya las cosas se ponen difíciles y sus padres deciden
regresar a Gran Canaria (1.929). Fijan su residencia en
Santidad, en la casa de su abuela materna y continúa su
asistencia a clase donde conoce a su primer maestro fuera de
Cuba, a D. Escolástico Soto gran profesional de la enseñanza
(una calle en Santidad, lleva su nombre), y luego le da clases
D. Juan Hernández.
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Pasa al Colegio La Salle y cursa los cinco años de
Bachiller que se imparten en dicho Centro y no
termina los dos restantes con su Reválida
correspondiente, hasta los veintitrés años, debido a
la época nefasta de la España del 36 y de la que no
quiere hablar, pues, le tocó de lleno.
Comienza los estudios de Magisterio y termina con
los exámenes de Reválida ante un Tribunal compuesto
por profesores procedentes de la Universidad de La
Laguna. Durante el tiempo que transcurre, hasta
convocarse las Oposiciones, trabaja para la Cámara
Agraria durante año y medio, y en 1.952, se presenta
a las mismas junto a nueve compañeros/as de Arucas.
Obtiene plaza y su primer destino es en Yé
(Haría-Lanzarote). En Yé, estuvo durante siete años,
y si cuando se trasladó desde Gran Canaria, hasta
esa hermosa localidad, (cuenta con una de las ideas
turísticas de César Manrique, el Mirador del Río) se
preocupó en llevar, entre otros enseres, comida, no
fue luego motivo de preocupación, pues ya no le
volvió a faltar de nada, ni siquiera el vino, los
vecinos se encargaron de ello, pues, a los pocos
meses de permanecer en la localidad, ya se había
ganado el aprecio, no sólo de los padres de sus
alumnos, sino del resto de los habitantes. Trabajó
muy a gusto y la mayor parte de su tiempo libre,
aparte de oír la retransmisión de los partidos de
fútbol a través de su radio de pilas, lo empleaba
(de manera gratuita) en clases para adultos, donde
incluso, explicaba normas de urbanidad de forma
generalizada, entre ellas, la manera correcta de
sentarse a la mesa y la utilización perfecta de los
cubiertos. |
En
cierta ocasión, estando explicándoles estas normas, recibió la
visita inesperada del alcalde, el cual, al presenciar la clase
práctica para un buen comensal, le felicitó por ello y llevó la
noticia al resto de la población. D. Arcadio llegó a tener en su
clase, hasta un total de sesenta y dos alumnos, algunos de los
cuáles (los más pequeños) se le dormían en plena clase y en una
visita de Inspección, habían varios de ellos dormidos. D.
Arcadio intentó despertarlos, pero la Sra. Inspectora le dice
que los dejase y como curiosidad, me comentó que se enteró, al
correr de los años, que dos de aquéllos niños que estaban
dormidos, uno, es sacerdote (D. Policarpo Delgado Perdomo) y el
otro, llegó a ser alcalde de Haría y luego Senador (D. Juan
Ramírez Montero). La mayoría de los padres de sus alumnos
trabajaban en los viñedos de las dos familias más influyentes de
la comarca: la familia, López Socas y la de Doña Margarita
Curbelo. Me resume su estancia en Lanzarote como una de las
mejores de su vida profesional, trabajó muy a gusto, con buenos
niños y con gente excelente.
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Luego viene destinado a Buen Lugar (Firgas) donde,
al cabo de seis años, le destinan a Santidad al
grupo de escuelas que estaban frente a un lateral de
la iglesia. Las cosas en el mundo de la enseñanza,
afortunadamente, cambian para bien y se construye un
nuevo colegio de unas dieciséis unidades, donde D.
Arcadio ejerce, aparte de su labor como maestro,
como subdirector. En su época en el colegio de
Santidad, el profesorado logra involucrar a los
padres en las diferentes actividades programadas,
(deportivas y pedagógicas) alcanzando el Centro un
prestigio merecido. Sus ocho últimos años en el
Colegio de Santidad los ejerció como Director. Me
contó D. Arcadio, como anécdota graciosa, que en una
ocasión, a un alumno pequeño del Colegio de
Santidad, le dijo que si quería crecer y hacerse
grande tenía que ponerse guano en los
zapatos. A los pocos días recibió la visita de la
madre quien le comentó, si era cierto, lo que le
había dicho su hijo al sorprenderle poniéndose guano
en sus calcetines, que “D. Arcadio le recomendó que
si quería crecer, tenía que ponerse guano”…risas,
(hoy, aquél niño, es maestro). Está jubilado desde
el año 1.986, y modestamente, piensa que ha
realizado una buena labor, debida, en gran parte, a
los buenos/as compañeros/as con los que ha trabajado
siempre.
Como reconocimiento a sus años dedicados con gran
entrega y profesionalidad a la enseñanza, el
Ayuntamiento de Arucas decidió que el parque que se
construyó donde estaban ubicadas las aulas antiguas
de Santidad, lleven su nombre: Plaza del Maestro
D. Arcadio Morales Amado.
Hoy, a sus ochenta y ocho años, con la
satisfacción del deber cumplido, D. Arcadio ocupa su
tiempo libre en sus paseos diarios junto a su
esposa, y a no perderse ninguno de los programas del
concurso televisivo: Pasapalabra, así como
los diferentes informativos. D. Arcadio, gracias por
su colaboración y un fuerte abrazo.
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«D. ANDRÉS
RODRÍGUEZ GONZÁLEZ»© |
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“Han sido muchas y
variadas, las actividades que he realizado en el ámbito
empresarial durante mi vida laboral, pero, mi verdadera pasión,
ha sido, y es, el mundo de la agricultura y ganadería, a la que
me he entregado desde que era un niño”.
Andrés nace en la Goleta (Arucas), el 30 de noviembre de
1.947. Su padre tenía (frente a la iglesia) una tienda de las
llamadas de aceite y vinagre y recuerda que le había instalado
un cajón de coñac detrás del mostrador para, cuando llegase de
la escuela, lo utilizara, subiéndose a él y así ayudarle.
La mayor parte de la mercancía para su pequeño negocio, la
compraba (su padre), en un importante almacén de nuestra ciudad,
y su dueño que, ya conocía a Andrés, recomendó a su padre que
valía la pena sacrificarse por el chiquillo dándole
estudios, por lo que le matricula en el Colegio La Salle,
realizando con excelentes notas, el bachiller Elemental. De su
paso por el Colegio, sólo tiene palabras de agradecimiento,
tanto, en su formación, como en su educación. A los catorce
años, se matriculó en la Escuela de Peritos Industriales en las
Palmas, para especializarse en la rama de electricidad y cómo no
tenía el bachiller Superior, se vio obligado a realizar un curso
que llamaban; Selectivo y Preparatorio y que, una vez superado,
comienza el primer curso de carrera. Para ayudarse a costear los
gastos que le proporcionaban sus estudios: el traslado a Las
Palmas, la matrícula, los libros, etc., iba por las noches hasta
la fuente en Teror, para llenar garrafones de agua, que luego
vendía a sus clientes de la Goleta, Lomo San Pedro, la Fula y la
Montañeta a 15 pesetas cada garrafa. También llegó, en
ocasiones, a traerlas desde Azuaje y Fontanales cuando en Teror,
por diferentes circunstancias no podía.
No logró terminar sus estudios, a pesar de la ilusión que
había puesto en ellos, debido a una infección, que, según los
médicos a los que consultó, fue debida a la manipulación de
ciertos productos y sobre todo, de “plomo” en sus clases de
prácticas. Andrés pasa por una invalidez transitoria que, cuando
la supera, intenta reanudar sus estudios matriculándose en
asignaturas de libre elección lo que le permitía tener varias
horas libres y entonces, su padre, para que no se viese con
tanto tiempo libre y sin hacer nada, habla con uno de los
hermanos Rodríguez Cardona, (dueños de un importantísimo
comercio textil en Las Palmas) al que conocía, y le pidió de
favor que admitiese a su hijo durante las horas en las que no
tenía que ir a clase, para que se iniciase en el mundo de la
contabilidad, así fue y Andrés recuerda éste, su primer paso por
los grandes almacenes, como una época muy fructífera en cuánto
al aprendizaje inicial en Asientos Contables, al mismo tiempo,
realizó varios cursos de Contabilidad y Cálculo Comercial, a
través de Radio Ecca.
Siguió acudiendo a Teror con el coche de su padre, una vez
obtuvo el carné de conducir, para continuar con los garrafones
de agua que le proporcionaban una buena ayuda, aunque, poco a
poco, surge la competencia y lo dejó definitivamente. Le llega
el momento de cumplir con el servicio militar y realiza el
período de instrucción en Tenerife y una vez destinado a las
Palmas, le remiten al Hospital Militar, donde, tras un estudio
exhaustivo le comunican que queda exento de cumplir con los
meses restantes debido a las secuelas que su infección había
originado en su organismo. Al verse sin trabajo, su padre vuelve
de nuevo a hablar con su amigo y Andrés regresa a Hermanos
Rodríguez Cardona como Auxiliar Administrativo durante casi
cuatro años y donde ejerció como enlace sindical.
Poco a poco, fue conociendo el tema de los Seguros Sociales y
la propia empresa, le designa hacerse cargo de los mismos por
haberse marchado el empleado que, hasta ese momento llevaba este
apartado. Como siempre ha sido muy emprendedor, se atrevió
llevar los Seguros Sociales de pequeñas empresas y para ello,
compró una máquina de escribir de carro grande, después
de haber realizado un curso de mecanografía, ocupando, para
desarrollar este trabajo, las horas libres del mediodía y
después de cumplir con su horario en Rodríguez Cardona. De aquí
pasa a la empresa de D. Francisco Caballero Massieu como
Auxiliar Administrativo en el Departamento de Cuentas
Corrientes, cargo que desempeña durante más de cuatro años.
Luego trabaja como Apoderado para Metal-Confort dando una nueva
proyección comercial a la empresa que llegó a tener, durante su
gestión, hasta 26 empleados y lleva los Seguros Sociales de la
Constructora Hinojal y, junto a cuatro socios, funda la empresa
Comercial Visvique SL.
Se arriesga y abre una carpintería en locales de su propiedad
en Visvique que regenta durante 27 años. Luego prueba en el
mundo de la hostelería, y adquiere La Taberna Gallega y
el Mesón Aqueimada, ambos establecimientos en la calle
Doctor Miguel Rosas (Las Palmas), que dirige y gestiona durante
once años y, tras concurso público en nuestra ciudad, consigue
el bar Cafetería Estación que defiende durante catorce años. Si
hasta aquí Andrés me habló de sus actividades laborales, pasó a
comentarme su paso por la vida política. Andrés fue Presidente
del Partido Popular en nuestra ciudad y ejerció como Consejero
Insular de Aguas de Gran Canaria, en el Cabildo Insular durante
los años, 1.995 /99 y como Concejal en la Oposición, en nuestro
Ayuntamiento durante la Legislatura 1.999/03, ejerciendo como
portavoz del Partido.
Como me indicaba al principio de nuestra conversación, Andrés
siente verdadera pasión por la agricultura y la ganadería, no en
vano, desde muy niño, ayudaba a su padre en las tierras y en
atender a los animales que poseían. Nunca, ha dejado de tener
animales a los que cuidar y, ahora, libre de responsabilidades
empresariales y con todo el tiempo del mundo a su disposición,
es Presidente Regional del cochino negro canario y
pertenece a la Asociación de Criadores de la cabra canaria.
Agricultores y ganaderos le consultan por su dilatada
experiencia. Participa en todas las ferias de la isla, así como
en Romerías llevando cabras, cochinos, ovejas, burros y
caballos. Hace años que, a través de la Asociación de Ganaderos,
da a conocer a las Administraciones Públicas, sus quejas para
lograr mejores atenciones al Sector Primario (Agricultura y
Ganadería). Reparten lechones a los ganaderos para que la cabaña
aumente y colabora con los Centros Educativos para que,
alumnos/as, conozcan, a través de charlas en Jornadas con
Técnicos Veterinarios, la realidad de nuestra ganadería. También
ha participado, colaborando con sus animales, en Televisión a
través de programas educativos dirigidos al alumnado de Centros
Públicos y Privados. Y como se acercan las diferentes
programaciones en los Centros Escolares, con motivo de la
próxima Navidad, me dice que ha colaborado (y lo seguirá
haciendo), en Belenes Vivientes, donde no faltarán sus animales
(su burra, ovejas y sus corderos).
Sus mejores momentos los pasa atendiendo a sus animales, así
como a sus plantaciones de verduras, hortalizas y papas. Nuestra
charla transcurrió durante una espléndida mañana, una más, de
las que nos ha venido obsequiando este mes de noviembre, a la
vez que, un sabroso cafecito, nos ayudó en nuestra animada
conversación. Me despedí de Andrés diciéndole que en su
Semblanza va mi deseo y el de arucasdigital, de felicitarle por
su santo y cumpleaños, que celebrará, DM, el próximo lunes 30 de
noviembre. Andrés, gracias por tu colaboración y un fuerte
abrazo.
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