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«D. JOSÉ JUAN
SUÁREZ PÉREZ»©
(Ex empleado de Banca) |
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“Cuando trabajaba en la Fábrica
de cigarrillos Apolo en la Calle Los López (Terrero- Arucas), de
los treinta días de vacaciones, quince de ellos trabajaba en las
plataneras para, con el dinerillo que ganaba, ayudarme a pagar
las clases particulares, o bien, para ahorrar y poder realizar
algún viajito”
D. José Juan Suárez (Pepe Juan), nace en la calle Los
López (Arucas), el 17 de Febrero de 1.940 en una de las
viviendas conocidas popularmente en nuestra ciudad como “El
Barco”, es el segundo de tres hermanos (dos hembras y un varón).
A los seis años iba a la escuela del Barranquillo, a la
clase de D. José Betancor, profesional de la enseñanza que ya
hemos citado en varias semblanzas y de grato recuerdo para la
mayoría de los que fueron sus alumnos. Está unos dos años en su
aula y pasa al Colegio La Salle con el Hermano Teodosio en la
clase Quinta y luego a la de Comercio con el Hermano Julián y el
Hermano Guillermo.
Al finalizar el segundo curso en la clase de Comercio
en el año 1.951, decide ingresar en el Seminario donde permanece
tan solo dos años. De regreso a nuestra ciudad busca trabajo,
mientras, asiste a clases particulares con D. Lorenzo Sandoval y
con D. Juan Zamora para sus clases de Contabilidad. En 1.954
consigue entrar como aprendiz en la Fábrica de cigarrillos
“Apolo” y lo hace como “purero”, expresión con la que se conocía
a los que se dedicaban a la confección de los cigarros puros,
donde, con los años, se especializa en el funcionamiento de
varias máquinas. Poco tiempo después obtiene el certificado de
Estudios Primarios y permanece en la fábrica de cigarros unos
doce años.
Vivir en el Terrero cerca del campo de fútbol y tener
amigos que practicaban su deporte favorito, el fútbol, hacen que
Pepe Juan se decida también a jugar, y lo hace en el Infantil
Arucas y en el Juventud Arucas. Luego en el Marqueses CF.
fundado por Domingo González (de la familia “Los Cesa”) de cuya
época recuerda que habían solicitado al Barcelona FC un equipaje
pero, nunca le contestaron. Se dirigieron al Madrid recibiendo,
al poco tiempo, una amable carta en la que les comunicaban
sentir mucho no poder atender la solicitud del equipaje porque
el Madrid (al menos en aquélla época), se limitaba atender a su
cadena de filiales.
Por lo menos, – me dijo- tuvimos la satisfacción de que
nos contestaron y la de guardar, como un gran tesoro, la nota de
todo un Real Madrid CF. Luego siguió practicando el fútbol como
veterano en el equipo de la Trinca, teniendo como compañeros a
Tito Benítez, Antonio Manuel Vega, Juan Manuel “el Viejo”,
Navarro “el sastre”, Manolo Artiles, Antoñito Rodríguez entre
otros y, aunque su puesto era el de central (a veces de
lateral), llegó también a ponerse bajo los palos. Años más tarde
jugó varias temporadas con el “Charusa”. Practicó la lucha
canaria en el Frente de Juventudes, siendo su entrenador D.
Salvador, maestro del Grupo Escolar, quedando campeones del
Norte en la temporada 1.958 -59. Recuerda que durante el
campeonato, le dieron dos buenos “leñazos” y ya no volvió a
practicar la lucha canaria. Pepe Juan fue, junto a Manolín el
fotógrafo, pionero en organizar los primeros campeonatos de
balonmano en nuestra ciudad, allá por la década de los años
sesenta del pasado siglo, jugándose inolvidables partidos en la
Plaza de San Juan.
Después de su paso por
la fábrica de cigarrillos, Pepe Juan trabaja para “Prefabricados
Jinámar” como administrativo desde, 1.968 hasta febrero de
1.970. Con la práctica llegó a dominar con facilidad, el cálculo
de la cantidad de material necesario para diferentes obras.
A finales de los años sesenta, conoce en la Sociedad Hespérides
de Bañaderos a la joven maestra María del Rosario Rosales Segura
con la que inicia un noviazgo que finalizan tres años después,
contrayendo matrimonio en la Iglesia de San Juan Bautista de
nuestra ciudad, el día 31 de Octubre de 1.971, bendiciendo la
sagrada unión, el que fuera párroco D. Lorenzo Aguiar Molina,
quien, durante la misa, dedicó unas cariñosas palabras a los
contrayentes. Pepe Juan fue amigo personal de D. Lorenzo y
colaboró con él en diferentes actividades parroquiales, sobre
todo, en trabajos de archivo.
El cinco de Marzo de 1.970, comienza a trabajar para
una entidad bancaria hasta el 28 de Marzo del 2000 en el que se
jubila. Pasó por diferentes oficinas: Arucas, Jandía, Playa del
Inglés, San Fernando de Maspalomas (en estas dos últimas como
apoderado) y desde 1.995, al año 2000 en Santa María de Guía.
Una vez jubilado, Pepe Juan participa en actividades
con la Parroquia de Bañaderos, (lugar donde reside) y es uno de
los componentes de su Coro Parroquial. Tiene otras interesantes
inquietudes, como las de pintar, asistiendo a cursos y sobre
todo, la de ampliar sus conocimientos culturales, matriculándose
en el Aula de Mayores de la Universidad de las Palmas. Está
actualmente en el último curso de “Pericia y Doctrina” de los
tres que consta esta materia. Su mujer Sari, los finalizó el
pasado curso. Pepe Juan y su esposa, son dos, de los veintiocho
miembros que componen la Coral de Mayores de la Universidad.
Amante de la cultura, ha realizado junto a su esposa, diferentes
viajes para ampliar sus conocimientos.
Terminamos nuestra conversación y subimos hasta la
azotea para la foto de rigor, despidiéndome de Pepe Juan,
persona amable, de exquisito trato y sobre todo, “UN BUEN
AMIGO”. Gracias Pepe Juan.
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«STA. CARMEN
RAMÍREZ SARMIENTO» |
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“A los doce años, mi maestra Sta. Lola, le dice a mi madre que
yo respondía a un perfil de alumna aventajada y que sería bueno
que me diese la oportunidad de estudiar. Mi madre le respondió
que detrás de mí, había ocho hijos más y que, si le daba
oportunidad a uno/a, tendría que dárselo/a a los demás, y eso,
en aquéllos años, era imposible. Causé baja en la escuela y me
inicié en la costura”.
Carmen Ramírez,
nace en Los Castillejos (Arucas) el 29 de Octubre de 1.932. Es
la mayor de nueve hermanos (6 hembras y tres varones), uno de
los varones ha fallecido hace unos años. Es hija del matrimonio
formado por D. Ambrosio Ramírez Pérez y Doña María del Socorro
Sarmiento Marrero (natural de Tejeda) quienes tuvieron quince
hijos, de los que, los seis primeros fallecieron (unos, con días
de nacidos y otros a los pocos meses).
A los cuatro años de
edad, Carmen es llevada a la escuela por una de sus vecinas, y a
pesar de que no estaba a mucha distancia de su casa, no le
gustaba ir por las tardes porque le decía a su maestra que
“tenía que merendar”. A los seis años, pasa a la clase de la Sta.
Lola y está hasta los doce años. Recuerda Carmen que fueron unos
años muy bonitos los de su infancia, compartía juegos con otras
niñas y niños en la calle de San Juan de Dios en el Terrero
aprovechando que su madre tenía un puesto de verduras en la
segunda casa contigua al Teatro Nuevo. La única responsabilidad
que tenía era la de llevar a sus dos hermanos más pequeños hasta
su casa para atenderlos y acostarlos. Sus juegos en la calle
apenas eran interrumpidos por el tráfico rodado, pues eran sólo
tres, los coches que la cruzaban, los coches “piratas” de D.
José Afonso, D. Manuel Vega, que tenían sus domicilios en la
Hoya de San Juan y al final del Terrero respectivamente, y, a
veces, Tomasito Almeida cuando iba a visitar a su familia en la
calle Los López.
Cuando ya no estaba
bien visto que una niña de doce años juegue y corretee por la
calle, asiste a la costura de Carmita (que fuera esposa de D.
Juan Pérez, profesor de auto escuela en Arucas). Esta modista
cerró su taller, precisamente cuando se casó, por lo que luego
fue al de Rafaelita Lorenzo. Con apenas dieciséis años, Carmen
es operada de la columna vertebral, por habérsele diagnosticado
el llamado “mal de Po”. Supuso varios meses de estancia en la
clínica y luego cerca de once, con una especie de yeso que
cubría de cintura para arriba y le impedía ciertos movimientos.
Afortunadamente salió bien de ese trance, pues algunos de los
médicos consultados, no eran partidarios de la operación. Dos
años más tarde, pasaría de nuevo por el quirófano por un
problema de fémur.
La muerte de su madre a los 46 años, fue un duro golpe para toda
la familia. A Carmen se le humedecen sus ojos, hace una pausa y
no puede contener las lágrimas cuando recuerda que por este
motivo, sus hermanos más pequeños, fuesen internados en el
Colegio San Antonio en Las Palmas. Fue duro separarse de ellos,
pero gracias a esa decisión, sus hermanos pudieron estudiar y se
sienten muy orgullosos de haber pasado por el San Antonio.
Nuestra conversación
transcurría en su domicilio en la Hoya de San Juan y mientras
charlábamos, oía desde una habitación contigua un programa de
radio al que como es lógico, no prestaba atención, pero sí me
extrañaba que Carmen no fuese a la habitación y bajase el
volumen. Pronto salí de dudas sin proponérmelo. Resulta que en
la habitación donde estábamos, colgaba de una de sus paredes,
una hermosa fotografía – mural en blanco y negro con una
panorámica del Bentayga tomada en la época de los almendros en
flor. Me interesé por ella y me dijo que se la había ganado en
un concurso de radio y fue cuando me dijo que la radio era su
fiel compañera que estaba prácticamente encendida todo el día y
que no sólo había ganado la foto, también una bicicleta estática
y un juego de comedor, claro que, de eso, han transcurrido ya
bastantes años, era la época de los concursos radiofónicos,
sobre todo en Radio Las Palmas. En cuánto a televisión, los
documentales y los deportes son sus programas favoritos.
Recientemente no se pierde los partidos de Nadal, al que admira,
no ya en lo deportivo, sino también por su gran sencillez.
Gran aficionada al
cine, nunca pensó que un día se viese en la taquilla de un cine
vendiendo entradas. En la mayoría de nuestras ciudades y
pueblos, el cine tuvo unos años de esplendor y cuando se
anunciaba un estreno importante, se reservaban las entradas con
antelación. En nuestra ciudad, el Cine Díaz ponía a la venta los
sábados y domingos por las mañanas, las entradas numeradas y
hasta allí acude Carmen, cuando D. Cristóbal Díaz le dice que
necesita una persona para la venta de entradas en taquilla y que
había pensado en ella, acepta y está durante 26 años.
Carmen es una mujer
alegre, dinámica, optimista y decidida, como cuando las
circunstancias le obligaron a presentarse para la obtención del
permiso de conducir y a pesar de no superar la primera prueba
del recorrido por un brusco giro a la derecha (y no político),
no se desanimó aprobando en la siguiente. Siempre le ha gustado
estar en acción, lleva más de veinte años colaborando con
Caritas y hasta hace muy poco con el Centro de Mayores.
Pertenece al Club de Lectura y formó parte del estupendo Grupo
de Labrantes de la Palabra y no se pierde los encuentros con los
“Vecinos del Terrero”. Le encanta la natación y viajar, no
olvida su estancia en París cuando una de sus hermanas residía
en la capital francesa. De nuestra isla le encanta Tejeda,
quizás por aquello de que su madre la llevaba desde que era
pequeñita y donde suele pasar, con alguna frecuencia, varios
días con su familia tejedense.
Finalizaba nuestra
conversación, le di las gracias y me acompañó hasta la puerta.
Salí de su casa y por cierto, la radio seguía encendida. Gracias
Carmen.
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«D.
VICENTE RAMOS CABRERA
»©
(Carpintero) |
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“Nada más terminar mi estancia
en el Grupo Escolar, cuando contaba catorce años, mi padre habló
con Don Luis Déniz, (Carpintero) para que me admitiese como
aprendiz en su taller de carpintería, sin preguntarme si quiera,
si me gustaba el oficio”.
Vicente Ramos Cabrera, nace en la calle Los López (Arucas),
el 27 de septiembre de 1.941.es el más pequeño de cuatro
hermanos, (dos varones y dos hembras). Hijo de Vicente Ramos,
(conocido por Leoncio), aunque a su padre no le agradaba que le
llamasen así, era persona muy conocida en nuestra ciudad, pues
fue barbero en una de las barberías más populares de nuestra
ciudad. Se trata de la barbería de la calle estrecha de la
iglesia, (Gourié), teniendo por compañeros a Santiago Torres y a
Domingo Ramos, luego fueron los compañeros, Eloy y Meme, quienes
se hicieron cargo de la misma hasta su cierre definitivo.
D. Vicente Ramos regentó también el quiosco que
estaba en la Plaza de San Juan y trabajó para la Agencia
Finisterre en nuestra ciudad. Estos diferentes trabajos,
hicieron que fuese conocido en nuestra ciudad, como personaje
muy popular.
Vicente Ramos (hijo), al cumplir los seis años,
acude a la escuela del Barranquillo para asistir a las clases
que imparte D. Juan Zamora, de allí al Grupo Escolar finalizando
sus estudios en la clase de D. Lorenzo Sandoval, maestro del que
guarda un entrañable recuerdo. Como todos los niños de su época,
compartía su horario de clases con los juegos, así como ayudar a
sus padres en aquéllas tareas que pudiesen realizar. Vicente fue
uno de ellos, acudía a la escuela, jugaba “a la pelota” en la
calle y los sábados y domingos (después de asistir a misa de
alba), ayudaba a su padre a cobrar los recibos de la “Funeraria”
para la Agencia Finisterre. Lo hacía caminando hacia los
diferentes barrios de nuestra ciudad, atravesando caminos y
cercados de plataneras para reducir los diferentes trayectos,
llevando en su cartera el dinero que cobraba, hoy, sería
impensable.
Un vecino, vinculado al Arucas CF, observaba con
frecuencia las habilidades de Vicente con la pelota en sus
partidos en plena calle. Habló con su padre y con él, para
incorporarle al equipo que aglutinaba a aquéllos niños que
despuntaban con buenas maneras futbolísticas: “El Tigre CF” que
entrenara el recordado Antonio Félix. Luego pasó al Juvenil
Isleña, y al año siguiente al Juvenil Arucas donde tuvo como
compañeros a lo mejorcito de la cantera aruquense en aquélla
época: Tonono, Gustavo, Talito, Juan Yánez, Juan Pérez y Antonio
Matos entre otros. Fue preseleccionado para integrarse a la
Selección Juvenil de Las Palmas, aunque no llegó a jugar. Fue
fichado por el Arucas CF durante varias temporadas para
finalizar su vida deportiva en el Goleta CF, aunque siguió
practicando el fútbol en Campeonatos de Veteranos, durante unos
años.
Si su vida deportiva la inició desde muy joven, también fue muy
temprana su incorporación a la vida laboral. A los catorce años
dejó el colegio, pues, había que ayudar en casa, lo hizo
colaborando en el cobro de recibos, mientras, su padre consiguió
a través de su amigo D. Luis Déniz, (carpintero) que entrase a
trabajar como aprendiz en su taller de Carpintería. Vicente
recuerda que el día de su incorporación al taller, lo primero
que le ordenaron fue ir hasta la estación de gasolina para traer
una garrafa con gasóleo.
Dispuesto a obedecer a su padre, como no podía
ser de otra manera, el joven Vicente presta atención a las
explicaciones en el taller, llamándole la atención el trabajo en
las máquinas. Con el tiempo se especializa en ellas y junto a
sus amigos, Paco Bordón y Pepe Rodríguez trabajan para la
carpintería de Pedro Pérez en la calle Cerera fabricando muebles
para la empresa, “Muebles Teror” durante varios años. A pesar de
haberse iniciado en el oficio de carpintero sin saber si le iba
a gustar o no, con el tiempo se va dando cuenta que esa sería su
profesión. Muchas tardes, a la salida de su trabajo, se
trasladaba hasta el municipio de Guía para, en el taller del
Noroeste de D. Bonifacio Rodríguez, (Presidente de Finisterre),
fabricar los ataúdes y su hermano era el encargado de forrar los
ataúdes con las telas que confeccionaba su madre.
Años más tarde trabaja en varias carpinterías en
Las Palmas. De esa época recuerda su paso como carpintero en la
obra conocida como “La Casa de los patos” a la entrada del
Puerto de La Luz. Luego viaja a Fuerteventura donde trabaja en
Costa Calma, durante unos seis meses para regresar de nuevo a
Gran Canaria. Uno de sus cuñados regentaba unos apartamentos en
el Sur y le consigue trabajo como carpintero en la cadena de
apartamentos para luego pasar al Hotel “Las Margaritas” como
carpintero de mantenimiento hasta su jubilación a la edad de
sesenta y seis años, estuvo en dicho Hotel unos 22 años. En esa
época conoce a Lucía Guerra Santana que residía en el Tablero de
Maspalomas y trabajaba en los apartamentos con la que inicia un
noviazgo durante tres años para luego unirse en santo matrimonio
el día 20 de Febrero de 1.972 en el Templo Ecuménico de Playa
del Inglés. Tienen tres hijos varones.
Muchos muebles, puertas y ventanas han pasado por
sus manos en sus años de vida laboral, manos que delatan el
riesgo de haber trabajado en las máquinas de los talleres de
carpintería. Vicente no podrá olvidar dos fechas de su
calendario laboral, la del 18 de mayo de 1.972 y la del 2 de
mayo de 2004, pues en la de 1.972, un corte le produjo la
pérdida de dos “falanges distales” en dos de sus dedos de la
mano derecha y la del dos de mayo de 2004, un gran corte en su
mano izquierda le produce la pérdida de su dedo meñique y
lesiones en el dedo pulgar.
En la actualidad, Vicente disfruta de su
jubilación y, a pesar de haber iniciado a los catorce años un
oficio del que lo desconocía todo, hoy, a pesar de recordárselo
sus manos cada vez que las contempla, se siente orgulloso de su
trabajo y no le importaría, si naciese de nuevo, volver a ser
carpintero. Un apretón de manos, daba por finalizada nuestra
conversación. Gracias Vicente.
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«
D. MANUEL MATOS BATISTA»© |
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“Bailes, días de playa, de cine, de ocio, de tertulias con los
amigos sin poder participar, se han quedado por el camino de la
vida. Ser el mayor de diez hermanos, empezar a trabajar desde
los catorce años y perder a un padre cuando sólo contaba 54
años, fueron motivos suficientes para dejar aparcados los
entretenimientos más comunes en mis años de juventud”.
D. Manuel Matos Batista nace en el Cardonal (Arucas),
el 1º de Agosto de 1.933 es, el mayor de diez hermanos (5
varones y cinco hembras). De niño asiste al Colegio La Salle,
siguiendo la recomendación hecha a su padre por D. Manuel Pérez
de Armas, vecino también en el Cardonal y que se dedicaba a dar
clases particulares en su domicilio, sobre todo de Contabilidad.
Precisamente, D. Manuel Pérez de Armas, fue Contable en la
Fábrica “La Isleña”. Manolo Matos (como se le conoce), no fue
mal estudiante y consigue, por sus buenas notas, una especie de
beca evitando su padre pagar cuota alguna durante los años que
permaneció en el Centro.
A los catorce años, deja las aulas del Colegio y
comienza a trabajar en el Almacén de D. Rafael Suárez. Con mucha
ilusión y ganas por ayudar a su padre, el joven Matos observa
con detenimiento, todos los trabajos que se desarrollan en el
local de empaquetado de plátanos. Como buen estudiante que fue
en el Colegio, no quiere perder el contacto con los libros y
decide, una vez finalizado su trabajo diario, asistir a las
clases de Contabilidad que imparte, D. Manuel Pérez. Pasan los
años y le van asignando puestos de mayor responsabilidad hasta
que le nombran Encargado General, teniendo bajo su
responsabilidad, todo lo relacionado con el personal, tanto de
empaquetado como de talleres, así como el de vehículos pesados.
De los treinta años que permaneció en la Empresa, guarda el
mejor de los recuerdos, tantos, que fue precisamente en su
trabajo, donde reparó en la joven Concepción López Toledo.
Concepción era vecina de Manolo, pero fue en el Almacén de
empaquetados (ambos trabajaban allí), donde surgen entre ellos,
las miradas de complicidad que dieron paso a un noviazgo de casi
catorce años, teniendo en cuenta que eran aún muy jóvenes,
cuando empezaron.
Manolo Matos y Concepción López, contraen matrimonio en
la iglesia del Rosario en Llano Blanco (Arucas), el 17 de Agosto
de 1.961. Tienen cuatro hijos, (dos varones y dos hembras) y
tres nietos (2 hembras y un varón). Al fallecer su padre a la
edad de cincuenta y cuatro años, (un día muy señalado, pues
ocurrió un veinticuatro de Diciembre), Manolo, ya casado, decide
ayudar a su madre para sacar adelante a tan numerosa familia,
sobre todo, a sus seis hermanos más pequeños, así y todo, su
madre se dedica a coser para la calle.
Los estudios de Contabilidad, le vinieron muy bien a
Manolo Matos, pues, una vez concluidas sus obligaciones
laborales con D. Rafael Suárez, da el salto a la capital
ejerciendo como Contable en diferentes empresas. La Primera de
ellas fue, la de: Neveras Pontiac, en la calle Bravo Murillo,
donde está unos cinco años. Luego, en Canarias Textil (Calle
Galicia) durante unos diez años, pasando luego por la Sociedad
Cooperativa de Productores Taxistas “San Cristóbal” unos cinco
años, para finalizar en “Meconsa” hasta su jubilación.
En nuestra conversación, Manolo Matos me dice que tras
su jubilación, ha podido realizar muchas de las cosas que
durante su etapa laboral no pudo llevar a cabo, por ejemplo,
viajar como mínimo, dos veces al año. Charlar con sus amigos y
no perderse, siempre que puede, partidos de fútbol televisados,
son sus distracciones favoritas. Me confiesa que no es “un
manitas en casa” pero, colabora en la medida de sus
posibilidades en las diferentes tareas del hogar, para finalizar
diciéndome que aunque el baile, la playa y el cine no fueron
distracciones muy aprovechadas en su juventud, no se arrepiente
por ello, pues, gracias a su trabajo fundó un hogar del que se
siente verdaderamente orgulloso, sobre todo, de sus cuatro
maravillosos hijos.
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«D.
JOSÉ MIGUEL HENRÍQUEZ ALEMÁN»©
(Ex empleado de la Casa Mercedes) |
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“Después de varios años en el
Colegio La Salle, decidí ir a trabajar y dejar los estudios.
Pronto me vi acarreando estiércol en la finca de D. Vicente y D.
Demetrio Marrero”.
José Miguel nace en Arucas, el 11 de Abril de 1.944, es
el mayor de dos hermanos (varón y hembra), era gemelo de una
hermana que falleció a los tres meses de edad, sorprendiendo a
sus padres pues, la niña había nacido perfectamente, no así José
Miguel, que sí tuvo problemas durante sus primeros meses de
vida.
Asistió de pequeño al grupo Escolar y después de unos
años en este Centro, su padre lo matriculó en el Colegio La
Salle en la clase de la Sexta. Su padre, (también de nombre José
Miguel), era muy conocido por su oficio de maquinista del pozo:
“El Pino”, situado a orillas del barranco de Arucas. Había
entrado a trabajar en la finca de D. Pedro Hernández a los
veinte años, para luego pasar al pozo (Propiedad de D. Pedro)
como maquinista, hasta su jubilación.
Tras varios años en el Colegio de los Hermanos, le dice
a su padre que no quiere seguir estudiando y que desea trabajar.
Lo hace en la finca de D. Vicente y D. Demetrio Marrero
acarreando cestas de estiércol. A los diecisiete años, trabaja
en la finca de D. Manuel “El del Carril” como cargador en el
almacén. Consciente del error cometido al dejar los estudios y
el deseo de sacar el permiso de conducir, recapacita y se
matricula en la Academia de D. Juan Zamora y más tarde, para
ampliar sus estudios, asiste a clases de Contabilidad con D.
Pedro Marrero en la Acequia Alta.
Al obtener el permiso de conducir, trabaja como chofer
en la camioneta conocida como “La Carlota”, propiedad del ya
mencionado Don Manuel, reemplazando al chofer habitual de la
misma, de vacaciones, por haber contraído matrimonio. A los
veinte años, inicia su servicio militar como voluntario en
Aviación. Una vez licenciado, trabaja como chofer particular de
D. Pedro Rosales Quevedo y lo hace, conduciendo un auto de la
marca Mercedes.
En cierta ocasión, acude a la Estación de la Casa
Mercedes para repostar. Como encargado de la misma estaba, Ramón
Medina (años más tarde, administrador de la Shell, en Arucas),
quien le propuso la posibilidad de trabajar en la Empresa como
lavacoches, limpieza de motores, chasis etc. José Miguel le
expone sus dudas, pero al poco tiempo entra a formar parte de su
plantilla en 1.968. Tras dos años en la Estación, pasa a los
talleres de la Casa Mercedes llegando a ocupar el cargo de Jefe
de Revisiones hasta su jubilación, tras 39 años en la Empresa.
José Miguel está casado con Modesta Afonso Marrero,
natural de Bañaderos. El inicio de su noviazgo fue muy curioso.
Estaba un día de Santa Lucía en Arucas con dos amigos, cuando
repararon en un grupito de tres chicas que asistían a la
procesión. Se acercaron, entablaron conversación y al final de
la misma, quedaron para verse al domingo siguiente en Bañaderos,
pues, allí residían. Ese domingo, se encontraron con las tres
amigas que, cogidas del brazo, paseaban juntas. Esto les obligó
a que uno de ellos, quedase fuera, por lo que José Miguel y otro
de sus amigos iniciaron el paseo con las chicas que lo hacían
por los extremos. Durante el paseo, la chica que está al lado de
José Miguel, sorprendida, le advierte que viene su hermano y,
rápidamente ocupa el puesto de su amiga del centro, quedando
ésta, al lado de José Miguel. Era, Modesta Afonso y este pequeño
incidente, dio origen al comienzo de su noviazgo, que duró
cuatro años. Finalizados los mismos, deciden contraer matrimonio
en la Parroquia de San Pedro en Bañaderos el día 28 de marzo de
1.965. Tienen tres hijos, (una hembra y dos varones) y tres
nietos (dos varones y una hembra).
Preguntado por sus aficiones, me dice que el fútbol es
una de sus pasiones. De niño, junto a sus amigos jugaban
extraordinarios partidos en el estanque de la Hoya Ariñez, entre
los equipos El Puente, el Terrero y el Santidad .El cine sin
embargo, no le entusiasma. Le encanta viajar y ha recorrido ya,
gran parte del territorio nacional, tanto, a nivel particular
como, una vez jubilado, a través del Inserso.
José Miguel pertenece a la “Comunidad de Regantes del
Pozo del Pino y Hoya de San Juan”, de la que es Secretario.
Terminada nuestra conversación me dice que precisamente, el
miércoles día 22, salía para Barcelona en uno de los viajes
programados por el Inserso, por lo que le deseé un feliz viaje,
al mismo tiempo, le agradecía su colaboración para con el
espacio, Semblanzas.
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«D.
MANUEL GONZÁLEZ MORALES»©
(Empresario Distribuidor de Prensa) |
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“En la época de Sinibaldi como
entrenador de la UD. Las Palmas, (1.971-1.975), vendía un
promedio de, 1.500 a 1.700 ejemplares del Diario de las Palmas
en el recinto del Estadio Insular durante los partidos”.
Manuel González Morales, nace en Cardones el 8 de Marzo
de 1.940, es el tercero de cuatro hermanos, (3 varones y una
hembra). Asistió a la escuela en Cardones pero, debido a la
muerte de su padre con, tan sólo 41 años, Manolo tuvo que
abandonar las clases para ayudar a la familia. Lo hace junto a
sus hermanos en el ámbito familiar, debido a que su abuelo
dispone de terrenos y propiedades en los que pueden emplearse.
Así, a sus doce años, Manolo colabora en la recogida de las
entradas en el Cine Estrella, propiedad de su abuelo D.
Deogracias González, conocido popularmente como “Maestro Deo”.
Manolo pasó toda su juventud con él, desde su colaboración en el
cine, hasta su paso por la fábrica de calzados “González
Henríquez” que, junto a la existente en Agaete, eran las únicas
fábricas de calzado en la isla, en aquéllos años.
En el Cine Estrella, Manolo, con el paso de los años,
fue ocupando diferentes cargos, desde aquél niño con doce años
recogiendo entradas, hasta su paso como acomodador, encargado de
la cantina y Operador en cabina. De su época en el cine, me
cuenta varias anécdotas curiosas. Una de ellas, las veces que
tenía que repetir algunas de las canciones interpretadas por
“Lola Flores” en sus películas, como en la que cantaba. “Pena,
penita, pena”. El público en la sala gritaba con fuerza: “que la
repita, que la repita”, entonces, paraba la proyección,
rebobinaba y a repetir las escenas de la canción, así con otras
tantas películas, como las de Jorge Negrete y Sara Montiel. Para
indicar el respeto que había en la Sala, estando de acomodador,
si algunos de los espectadores hablaban alto, o molestaban, se
acercaba a ellos con la linterna, y les decía: “venga, esta
fila, fuera”, todos obedecían sin rechistar, pero les daba pena
y los volvía a llamar con la condición que se acomodasen en
Entresuelo y sin molestar al resto de los espectadores.
El recordado y entrañable personaje “Pepe cañadulce”,
recorría las calles de Cardones con sus redobles de tambor,
anunciando a través de su inseparable megáfono, las películas
que se estrenaban en Arucas, tanto en el Cine Díaz, como las del
Cine Viejo, y por aquello de la competencia, Manolo le ofrecía
“una peseta de las de papel moneda” para que anunciara la que se
proyectaba en su cine: El Estrella. Al momento, Pepe cañadulce,
cambiaba su retahíla sobre las estupendas películas proyectadas
en Arucas, indicando a los oyentes, que acudiesen a la película
del Cine Estrella, pues, era mucho más bonita que las de Arucas.
Cuando se acercaba un buen estreno, Manolo lo llamaba y, según
el tema de la película, lo disfrazaban para que recorriese las
calles anunciándolo con su tambor y su megáfono.
Otro dato curioso ocurría, cuando se enteraba que desde
Llano Blanco, venía un entierro hasta Cardones. Era costumbre
generalizada, la asistencia de muchas personas acompañando al
difunto/a y que, una vez finalizado el sepelio, aprovechaban
para pasar por la taquilla del cine. Por eso Manolo, retrasaba
el tiempo que hiciese falta el inicio de la proyección,
(prevista para las siete de la tarde), esperando el regreso
desde el cementerio, de la mayoría de los acompañantes al
entierro.
La función de las 21 horas de los sábados, era la
elegida por los vecinos de Tinoca que venían caminando desde sus
hogares hacia Montaña Blanca para seguir hasta Cardones. Para
finalizar con sus anécdotas en torno al cine, Manolo recuerda
algunas de las películas mudas proyectadas cuando era niño,
como:”Los peligros de Nioca” y “La mujer y el tigre”, entre
otras.
Manolo alternaba su trabajo del Cine, con el que
desempeñaba en el taller de calzados. Tenía las mañanas para
acudir como “preparador” de calzados, a la fábrica de su abuelo.
Estuvo también un tiempo en Arucas, al frente del taller
instalado junto al almacén de Los Rosales en la carretera que
conduce a Bañaderos, vendiendo toda clase de material para
calzados.
Desde muy joven, practicó su deporte favorito, el
fútbol, en las filas del CD. Cardones. Su estilo de juego era
muy estilista, por lo que cariñosamente le llamaban, Manolo
Kubala, aún hoy, se le sigue llamando así en su círculo de
amistades. Pasó, aunque de manera breve, por otros equipos: El
Isleña, Carrizal y San José, para regresar de nuevo al Cardones.
Una vez finalizada su etapa de trabajo con su abuelo y
libre del Servicio militar, Manolo se hace con la tienda (de
aceite y vinagre) de Juanita Déniz, como arrendatario durante
unos dos ó tres años. Luego decide dar el salto a la capital,
consiguiendo trabajo en una Cooperativa (Ultramarinos) durante
cuatro años. Cierto día, un buen amigo al que Manolo había
apadrinado a uno de sus hijos en su bautizo, le avisó del nuevo
sistema que se anunciaba para la distribución de la Prensa en la
Isla, por si le interesaba.
En aquéllos años, existían dos puestos importantes de distribución,
uno en la calle Murga, que lo llevaba el matrimonio formado por
D. Marcelino y su esposa Encarnación y otro en el Puerto que
ostentaba el Sr. Peña, hermano del que fuera destacado jugador
con el mismo apellido, de la UD. Las Palmas. A dichos puestos
acudían los repartidores para, en guaguas, calles y estancos
vender sus ejemplares.
Pero esa situación cambiaría y crearon las nuevas zonas
de distribución, y los puestos de venta. Había que disponer de
coche propio y proporcionar el personal adecuado. Manolo aceptó
dichas condiciones y así fue como se inició en la distribución,
teniendo en sus comienzos la zona desde el Parque de Santa
Catalina hasta Guanarteme. Luego pasó a la de Ciudad Jardín y
Alcaravaneras. Disponía de seis pases para asistir a los
partidos de fútbol en el Estadio Insular para sus seis
trabajadores, que eran los encargados de vender los ejemplares
del Diario de Las Palmas, dentro del recinto en los diferentes
partidos de fútbol. El trabajo de distribuidor suponía un gran
sacrificio, pues salía desde las dos de la madrugada de Arucas
para regresar a las seis o siete de la tarde del día siguiente.
A partir del año 2003, surgen nuevas normas, y Manolo es
invitado por el conjunto de Empresas de Distribución para si le
interesa seguir. Tras la reunión, Manolo acepta las condiciones
y crea, con su hijo mayor, una Sociedad con vehículos y personal
propio para atender suscripciones y puntos de venta en sus once
rutas asignadas.
Manolo está casado con Adolfina Medina González a la
que conoció en los tiempos en los que estuvo en Arucas al frente
de la venta de material para calzados. Tras unos ocho años de
noviazgo, contrajeron matrimonio en Arucas el 2 de Agosto
de1.972. Bendijo la sagrada unión, D. Lorenzo Aguiar párroco en
aquéllos años de la Iglesia de San Juan. Tienen tres hijos, dos
varones y una hembra y tres nietos un varón y dos niñas
(gemelas).
Aparte de su trabajo como distribuidor de prensa,
Manolo es socio de la Comunidad de Aguas el Pinillo y la Pila y
tiene otras actividades que le apasionan, como su afición a las
peleas de gallos. Fue socio fundador de la Casa de Gallos en
Cardones que luego se uniría a la de Arucas. Tiene sus propios
ejemplares de gallos a los que cría y cuida. Ha sido Directivo
de la Sociedad Tres Barrios en Cruz de Pineda, Presidente de
Sala y de sus fiestas, así como vocal de su Asociación de
Vecinos. Actualmente colabora con el Club de Leones, en la Obra
de San Juan de Dios y pertenece al Coro Parroquial.
Hasta aquí mi conversación con Manolo González,
distribuidor de prensa desde hace muchos años y al que, puestos
a soñar por un momento, le deseo de todo corazón que un buen
día, distribuya sus ejemplares con dos magníficas noticias en
portada: El final del terrorismo y el de la crisis económica
actual. Gracias Manolo.
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«D. RAMÓN MARTÍN
RIVERO»©
(Ex - empleado de AUCONA - Transmediterránea) |
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“Un año, me suspendieron la
asignatura de religión en Bachillerato Superior, por decirle al
profesor que después de haber escuchado la explicación de la
teoría de Galileo, (sobre la irrelevancia de los pasajes
bíblicos con los razonamientos científicos), no creía en el
Diluvio Universal”.
Ramón Martín, (Mole),
nace en Arucas el 9 de Junio de 1.936, hijo de D. Ramón Martín
Zamora quién trabajara durante muchos años (hasta su
jubilación), con D. Diego Amador en su Almacén, conocido como
el de los “Amadores”.
Fue matriculado desde muy
pequeñito en el Colegio de las monjas (parte gratuita) y asiste
a la clase de Sor Julia y luego a la de Sor Basilisa,
permaneciendo hasta la edad de seis años, edad con la que hizo
su Primera Comunión. En 1.943 pasa al Colegio La Salle, teniendo
como profesor en la “sexta” a D. Blas Castellano y luego
a D. José González (ya fallecido). Tiene el mejor de los
recuerdos de estos dos docentes, sobre todo de D. José González
al que define como: “misionero de la enseñanza”.
Luego a la edad
de 10 años pasa a la clase de “Ingreso” y estudia, en los
años siguientes, los cuatro cursos de bachillerato. Pudo
estudiar gracias a una especie de Beca que daban a aquéllos
alumnos que, por sus destacadas notas, se lo merecían. Ramón
Martín, fue alumno de Notable y Sobresaliente de nota media,
mérito suyo, pero también, como me indica, a la estupenda labor
docente de los Hermanos, sobre todo del Hermano Felipe y del
Hermano Morán, quienes les enseñaban a razonar y a descubrir el
por qué, de las cosas. Terminado el
Bachillerato Elemental, se matricula en el Instituto Pérez
Galdós en Las Palmas, agradeciéndole a un familiar el que
pudiese residir en su domicilio durante los años en los que
estudió Bachiller Superior con libros, la mayoría de ellos,
prestados. Los fines de semana venía a su casa, en Arucas.
Los alumnos
procedentes del Colegio La Salle de Arucas, destacaban sobre el
resto de los alumnos del Pérez Galdós por su gran preparación,
por lo que no era nada extraño que muchos padres de otros
municipios, sobre todo de Las Palmas, matriculasen a sus hijos
en nuestra ciudad. Durante sus estudios en el Pérez Galdós,
participó en atrevidas marchas con reivindicaciones
estudiantiles hasta el Gobierno Militar. Ramón conoció a
extraordinarios catedráticos, sobre todo a D. Sebastián
Quintana, de Química, quién de entrada “se las hizo
pasar canutas, por duro”, pero con el tiempo, reconoció el
esfuerzo y la preparación de su alumno, por lo que le tomó gran
aprecio y le dio muchos, y útiles consejos.
Para los exámenes de
Grado, (Reválida), venían catedráticos desde la Universidad
de La Laguna con D. José María Hernández Rubio al frente, como
Presidente del Tribunal. A Ramón, siempre se le dio muy bien las
Matemáticas, por lo que era uno de los primeros en terminar los
ejercicios, y por ello, siguiendo la más antigua norma
estudiantil, la de la solidaridad, pasaba con mucho riesgo de
ser descubierto, su examen al compañero de al lado para, hacerlo
llegar al resto. La Promoción de Bachiller Superior de Ramón
Martín, pertenece a la de los años: 1.946 – 1.953 y hace
ya, unos años, uno de sus compañeros tuvo la feliz idea de
localizar a la mayoría de antiguos alumnos, (algunos ya han
fallecido), para, cada año, tener un encuentro y recordar,
anécdotas e historias de aquéllos años.
A pesar de haber
nacido en una época bastante complicada, Ramón, junto a los
compañeros de su generación, tuvo una infancia feliz, con
trompos y boliches, para sus juegos, confección de cometas,
patinetas con cojinetes, fútbol y cine, con películas
inolvidables como: “Las cuatro plumas”, y “Fumanchú”
entre otras, y a las que se podía entrar gratis si, ibas
acompañado de mayores, así como la famosa ficha “canjeo”
que daban en una película de estreno y que servía para asistir a
una función entre semana (películas Fémina) de manera más
económica. No obstante, a pesar de una infancia feliz, no ha
olvidado la parte triste de la misma, como cuando su padre le
imponía algún arresto y le hacía preparar, en el Almacén,
pequeños paquetes para la distribución de alimentos en los años
de la “Cartilla de Racionamiento”, contemplando aquéllas
grandes colas de ciudadanos aruquenses que pacientemente,
aguardaban su turno para recibir su parte correspondiente.
Terminados sus
estudios de Bachiller Superior, la ilusión de Ramón, era la
Carrera de Ingeniería Industrial, pero había que trasladarse a
Madrid y esto suponía un gran esfuerzo económico y, aunque su
padre le propuso la idea de conseguir un crédito, ó bien alguna
Beca, Ramón no quiso, pues también pensó lo que supondría ese
sacrificio para sus hermanas. Siguió preparándose a base de
cursos de mecanografía, taquigrafía, idiomas y contabilidad, con
D. Demetrio Arizmendi, gran profesor y mejor persona, que daba
clases en la calle Cerera.

Se presentó a diferentes Oposiciones: Bancos y
Ayuntamientos y se dedicó a dar clases, hasta que
consiguió trabajar en la Empresa Mistol,
donde está unos dos años, para luego pasar a
Intercasa y más tarde en Interpiensos.
Leyendo un día la prensa, se detiene en un anuncio
que comunica unas Oposiciones en AUCONA
(Consignataria de buques), a la que se presenta
obteniendo el número uno en el año 1.961. En éste su
nuevo trabajo, (Años más tarde Transmediterránea),
Ramón va ascendiendo profesionalmente, ocupando cada
vez puestos de mayor responsabilidad. Trabajó en
Secretaría, luego sustituía al Cajero (en sus
vacaciones), ejerció como Oficial Primero, Jefe de
Negociado, Cajero General, Tesorero, Jefe de
Almacén, y como Jefe de Sección de Aprovisionamiento
hasta 1.994, año en el que se prejubila. Me dice que
su paso por Transmediterránea fue un aprendizaje en
todos los sentidos, por la variedad de trámites a
los que se enfrentó en sus diferentes cargos.
Ramón
Martín está casado con Caridad Santana Cruz, a la
que conoció en sus años de paseo por la Calle, León
y Castillo, en nuestra ciudad. Después de unos 12 ó
13 años de noviazgo, contraen matrimonio en la
Parroquia de San Juan Bautista en nuestra ciudad, el
12 de Diciembre de 1.968 bendiciendo la sagrada
unión, un joven sacerdote aruquense recién ordenado,
Segundo Díaz Santana. Fruto de esa unión, nacieron
sus dos hijas, de las que se siente muy orgulloso.
Ramón es
una persona con muchas inquietudes y muy activo.
Amante de la cacería con perros, es Secretario de la
Sociedad de Cazadores y entre sus gestiones está, la
de promover el Calendario de cazadores,
estableciendo dos días a la semana para dicha
actividad, (Sistema de caza controlada). En los años
ochenta del pasado siglo, propone que sea
reconocida la raza del perro podenco canario y
acude a la ciudad de Córdoba en las Jornadas de
Razas Caninas Españolas, con su perra flecha
para demostrar sus cualidades y demostrar las
diferencias con el perro Ibicenco, cosa que logra,
pues los jueces de las Jornadas, así lo
determinaron.
A
principios de los años setenta, forma parte del APA
del Colegio del Sagrado Corazón, y junto a sus
compañeros de Asociación, intenta solucionar los
difíciles momentos por los que pasa la Comunidad
Educativa del Sagrado Corazón, con riesgo, incluso,
de cierre del Centro. Afortunadamente consiguen una
subvención estatal que, tras varios años de
incertidumbre, terminan de manera positiva para la
Comunidad Religiosa del Centro, padres y alumnos/as.
Años más tarde, fue Presidente del APA del Instituto
Domingo Rivero.
Otra de
sus grandes aficiones es el senderismo que
suele practicar la mayoría de los sábados si las
condiciones climatológicas son favorables. De hecho,
forma parte del Club “SENDARUCAS” del que es
miembro fundador. Es un Club, debidamente
constituido por la Dirección General de Deportes,
adscritos a la Federación de Montañismo. Finalizando
ya nuestra conversación, le pregunto por alguna otra
actividad y me dice que la lectura es otra de sus
pasiones, y las obras de corte filosófico, sus
preferidas.
Durante
nuestra conversación, observé la admiración de Ramón
hacia algunos de sus profesores durante su época
estudiantil, y el agradecimiento por los consejos y
enseñanzas recibidas. Aproveché entonces, para
manifestarle mi aprecio personal, agradecimiento y
admiración por sus cualidades pedagógicas cuando
recibí en cierta ocasión, y de forma desinteresada,
clases particulares que mi padre le había pedido
para sacar adelante, precisamente, la asignatura de
Matemáticas de Tercero de Bachillerato.
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«D. DOMINGO
HENRÍQUEZ FERRERA»© |
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“De joven, mi distracción
favorita los domingos, era oír el programa: Carrusel Deportivo,
que dirigía el gran maestro de locutores deportivos, Vicente
Marcos”.
Domingo Henríquez
nace, en Arucas el 4 de Octubre de 1.943, es el segundo de
cuatro hermanos (dos hembras y dos varones), hijos del
matrimonio formado por D. Francisco Henríquez y Doña Petronila
Ferrera, conocida, cariñosamente, como Lilita Ferrera. D.
Francisco Henríquez fue un prestigioso carpintero que trabajaba
para Pepito Batista, industrial aruquense muy conocido, dentro y
fuera de nuestra ciudad, por la fabricación de toda clase de
muebles.
Aparte de trabajar en la
carpintería de Pepito Batista, D. Francisco regentaba una tienda
de las llamadas de aceite y vinagre, que estaba en el
Barranquillo, donde su esposa, Lilita, le ayudaba. Recuerda
Domingo que siendo aún muy niño, su padre, de camino al trabajo,
le dejaba en la cercana escuela de Doña Ana, situada junto a la
Fábrica de chocolates La Isleña. De allí, pasó al Grupo Escolar,
permaneciendo unos años para luego, matricularse en el Colegio
La Salle, donde cursa Ingreso y el Bachiller Elemental.
Terminado el Bachiller, se decide por estudiar Magisterio, que
interrumpe, al no superar la segunda parte de la reválida y
también porque su madre, temerosa de que a su hijo le pudiesen
destinar fuera de la isla, habló con D. Julio Caubín, presidente
de “Mutua Guanarteme” (hoy MAPFRE), para ver, que
posibilidades tendría su hijo de entrar en la Entidad. Le llaman
desde la Mutua, y tras superar las pruebas que le facilitan la
entrada como administrativo, Domingo forma parte de la plantilla
desde 1.964, hasta el año 2002, en el que se jubila como Jefe
de Sección.
Llevaba dos años trabajando,
cuando decide retomar los estudios de Magisterio, asistiendo a
una Academia después de cumplir con su horario laboral. Se
presenta a los exámenes de Reválida superándolos, por lo que
obtiene el Título de Maestro de Primera Enseñanza, aunque nunca
ejerció como tal. Desde sus tiempos de estudiante, Domingo
sentía verdadera vocación por la poesía con facilidades para
escribir sus propios versos, dando a conocer sus trabajos en
cuántas ocasiones y por diversos motivos se le presentaba,
escribiendo y recitando sus versos para algún compañero de
trabajo en su cumpleaños, en alguna distinción profesional, así
como a familiares, amigos y recientemente en la fiesta de los
vecinos de la Calle Marqueses, donde con su habilidad
característica y a través de sus versos, presenta a cada uno de
los vecinos homenajeados. Guarda la mayoría de sus trabajos
poéticos, indicándome que ahora, con tiempo suficiente para
ello, piensa ordenar y archivar.
Como indicaba al principio
de este relato, el fútbol era de las otras grandes aficiones de
Domingo Henríquez. Con un pequeño transistor escuchaba cada
jornada, en la que sabía repetir de memoria las alineaciones de
los diferentes equipos de Primera División. Hasta tal punto le
apasionaba el fútbol que, a sus dieciséis años, llegó a ser
árbitro durante una temporada en Categorías inferiores, después
de superar las diferentes pruebas organizadas por la Federación
de Árbritos. También, durante unos años, escribía pequeñas
crónicas sobre el fútbol regional y juvenil de nuestra ciudad
que entregaba a D. Elías Rizkallal para que fuesen publicadas en
la prensa.
Sin embargo, Domingo nunca
fue muy cinéfilo, a pesar de vivir en la Calle Marqueses
(después de su paso por su vivienda en el Barranquillo) y tener
muy cerca el “Cine Viejo”. Le gustaba más, el teatro, y
leer las obras de Julio Verne. La música tiene un hueco también
entre sus aficiones. Su padre le regaló, para Reyes, un timple,
cuando aún era un niño y aprendió a tocarlo de manera
autodidacta. La oportunidad le llegó cuando varios jóvenes, como
él, aruquenses, fundan el grupo “Arehucanos” siendo uno
de sus miembros y entre los que se encontraban grandes
tocadores como: Manolo Calderín y Manolo García de la Torre
(ambos fallecidos), Yuste, Andrés Pérez Auyanet, y Pío. Pronto
destacarían como grupo con sus inolvidables actuaciones en el
programa musical más famoso en nuestra ciudad: “Burbujas
Musicales”. Recorrieron zonas turísticas interpretando lo
mejor de su repertorio, al mismo tiempo que recaudaban algún
dinerillo que aprovechaban para adquirir nuevos instrumentos y
vestimenta.
Siguiendo con nuestra
conversación, que tuvo lugar en su domicilio, observo varios
cuadros que llevan su firma. Le pregunto – pues, lo desconocía –
desde cuando realiza estos trabajos y me dice que desde siempre
le ha gustado la pintura, asistiendo a varios cursos impartidos
por el profesor D. Néstor Romero. Ahora, jubilado, le dedica
mucho más tiempo, siendo el silencio de la noche, su momento
preferido para pintar. Domingo está casado con Mary Carmen
Medina González que vivía en su misma calle, (Marqueses), muy
cerca de su domicilio y que a pesar de ello, no había reparado
en ella hasta que en una de las fiestas en Honor a San Patricio,
en las Chorreras, le llamó la atención aquélla jovencita con
apenas catorce años y que tras doce de relaciones, contraen
matrimonio en Arucas, el 22 de Agosto de 1.971. Como dato
curioso de su boda me dice que, fui yo, quién, con una pequeña
cámara de Súper/8, le filmé su boda, la verdad – le dije- no me
acordaba de ese detalle. Tienen tres hijos varones y un nietito.
Los momentos finales de
nuestra conversación los dedicamos a recordar nuestro paso por
la Escuela de Magisterio (fuimos compañeros de promoción),
nuestras prácticas en la Aneja, los partidos de balonmano
y de baloncesto, donde Domingo era un destacado jugador, así
como su acompañamiento con el timple, a la guitarra de Francisco
Alonso, (otro de los compañeros), cuando nos reuníamos para
recordar nuestra promoción de 1.962. También aproveché para
copiar uno de los versos que bajo el título de: “Visión
Sublime” dedica a los tres miradores de nuestra Montaña de
Arucas, dando así por finalizada la Semblanza de este
amigo, compañero y mejor persona. Gracias Domingo.
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Desde los tres
miradores
que en la
Montaña existen,
los ojos no
se resisten
contemplar
escrutadores,
esos campos
que se visten
de muy
variados colores. |
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«D. FRANCISCO E.
SANTANA TRAVIESO»©
(Ex Monitor del PPO - INEM) |
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“Quise ser Ingeniero Aeronáutico, pero las condiciones
económicas no me permitieron llegar ni a la Universidad”.
Francisco Santana
Travieso, nace en el Camino de La Cruz (Arucas), el 14 de
Octubre de 1.934 es el mayor de dos hermanos (varón y hembra).
En 1.938, su padre estuvo preso en el Campo de Concentración,
en Gando, y tres días después de haber sido puesto en libertad,
fue sacado de su casa para no regresar jamás.
Por este motivo, su madre va a
trabajar al almacén de plátanos en Visvique y más tarde, a Cruz
de Pineda en el de, D. José Rodríguez Marrero. Recuerda
Francisco, el “bulto” que su madre le hizo de un pantalón
viejo para llevar la pizarra, el pizarrín y el Raya
1º, a la escuela de Doña Lucía Pérez en la Hoya de San Juan.
Su madre se educó en las
monjas y le pudo ayudar en sus primeros años en el aprendizaje
de lectura y escritura. De pequeño, Francisco no comprendía, el
por qué le cambiaban de escuela cada vez que se iniciaba un
nuevo curso escolar, pues pasó por las escuelas de la Goleta, el
Barranquillo, Transmontaña, de nuevo a la Hoya de San Juan,
Colegio La Salle y Academia Ferrera (fundada por D. Alfonso
Ferrera). Con el paso de los años, sí llegó a comprenderlo:
“los hijos de los desaparecidos eran un problema político”.
En su época en el Colegio La
Salle, estuvo en la clase denominada la Quinta y luego se
examinó de Ingreso al Bachillerato donde obtuvo la calificación
de Matrícula de Honor. Cursó los tres años de bachiller,
(siempre con excelentes calificaciones), que en esa época, se
impartían en dicho Centro, no pudiendo matricularse al año
siguiente en el Instituto en Las Palmas por problemas económicos
y eso que, el entonces alcalde de nuestra ciudad, D. Ramón
Suárez Franchy, concedió una ayuda económica a los hijos de las
familias más necesitadas. Está muy agradecido a los Hermanos de
La Salle por lo allí aprendido. De su estancia en La Salle, me
contó, entre otras, la siguiente anécdota: el Jefe Local de
Falange en Arucas, iba todos los viernes al Colegio a impartir
unas clases de gimnasia que más bien eran de instrucción
premilitar. La asistencia a esas clases era obligatoria y tenían
como finalidad que todos los alumnos se afiliasen a la falange
local, cosa a la que su madre se negó, llevando consigo esa
negativa, la expulsión del colegio. Al final, intervino D.
Francisco Hidalgo, cura párroco entonces, para proponerle a su
madre que si no aceptaba la afiliación del niño en la falange,
lo hiciese en las filas de Acción Católica, no lo dudó y
Francisco pasó a formar parte de esa agrupación. Allí inició
amistades con compañeros fabulosos que, aún hoy, conserva.
A los catorce años,
aproximadamente, comienza el joven Francisco a intentar aprender
un oficio, pidiendo asistir como aprendiz de mecánica en un
taller ubicado en lo que hoy es el Almacén de D. José González
Ríos, pero no lo admiten por temor a las Inspecciones de
trabajo. Acude entonces a la Herrería de Antoñito en la Hoya de
San Juan, persona muy conocida por su especialidad en la
elaboración de “bombas para estanques” y “romanas”. Al
ser admitido, observa con detenimiento todo lo que allí se
fabrica, adquiriendo conocimientos sobre fundición y trabajos en
el torno. Cuando más a gusto estaba, Antoñito decide cerrar su
herrería y Francisco encuentra trabajo en las obras de un
estanque que construía D. Luis Pérez (albañil y contratista) en
la zona de la Montaña de Arucas, trabajo que no ha olvidado,
pues, cuando cargaba la cal viva para dicha obra, parecía que se
le quemaba la cara.
Tiene más suerte al año
siguiente, cuando D. Luis Pérez le llama para que le confeccione
una lista de todos sus trabajadores así como la preparación y el
pago de sus nóminas, recorriendo a pie, los sábados, las
diferentes obras para pagar a sus empleados. Al cumplir los
diecisiete años, decide ir al cuartel, (Aviación), donde piden
voluntarios para asistir a unos cursos en la Escuela de
Transmisiones en Cuatro Vientos (Madrid). Asiste a dichos
cursos, aprovechándolos al máximo, pues era materia que a
Francisco le gustaba. Adquiere conocimientos de radio y
electrónica, finalizando su servicio militar en Las Palmas, en
el Laboratorio de Electrónica.
Una vez licenciado, trabaja
para Unelco en la reparación de la línea de Alta Tensión hasta
Guía. Luego instala en los Portales, toda la parte eléctrica de
una granja para cinco mil gallinas que fracasó al poco tiempo.
Trabaja en la instalación de la Central Lechera y en la Fábrica
de cigarrillos “Fedora” como especialista en una de sus
máquinas. Mientras, en Arucas, se une al recordado Bruno Déniz
en la creación de una pequeña empresa a la que denominaron
“Helios” que consistía en anuncios publicitarios,
aprovechando desde la azotea del antiguo Mercado Municipal, la
proyección de películas de Charlot, del Gordo y el Flaco y de
fotografías (realizadas por Manolín), encargándose de la parte
técnica debido a sus conocimientos en la materia. Estando
trabajando aún en Las Palmas, recibe información sobre una
Empresa de Transporte y Construcción en Aaiún, (TEYCA), que
busca personal y, hasta allí se traslada Francisco,
encontrándose con muchos aruquenses. Está trabajando por espacio
de un mes (Agosto de 1.963) en la instalación eléctrica de una
depuradora y regresa de nuevo a nuestra ciudad. A finales de
1.963, Bruno Déniz le propone instalar una Ferretería en Villa
Cisneros, pues al visitar a un familiar en dicha ciudad, cree en
las posibilidades de hacer un buen negocio. Se deciden ambos y
al poco tiempo, inauguran la “FERRETERÏA HELIOS” junto a
una pequeña representación de motos “Bultaco”. El negocio
permanece abierto durante cinco años, durante los cuales, aparte
de atenderlo, realizó trabajos de reparación de aparatos de
radio, emisoras de barcos, grupos electrónicos etc.
Estando en Villa Cisneros
hizo una escapada hasta nuestra ciudad para contraer matrimonio
con Doña Domitila Batista Vega con la que había iniciado su
noviazgo ocho años antes. Vino un Lunes y se casó el Jueves de
la misma semana en la capilla del Carmen, el 8 de Octubre de
1.964. A su novia la conoció, cuando visitó su casa, en Visvique,
para reparar un aparato de radio. Regresaron a Villa Cisneros
permaneciendo hasta el día de Reyes de 1.968. Tienen tres hijos
varones y dos nietos (varón y hembra). Francisco estaba
suscrito al Diario de Las Palmas mientras estuvo en África y
leyó un anuncio en el que solicitaban monitores para Formación
Ocupacional y envió su solicitud. La respuesta se hizo esperar,
pero al final, fue aceptada su solicitud y Francisco dedicó
treinta y un años a los Programas de Promoción Obrera, años más
tarde, Instituto Nacional de Empleo.
Recorre todos los municipios
de la Isla, (pernoctando en muchos de ellos) impartiendo
diferentes cursos de todo tipo. Para ello, Francisco se preparó
de manera muy intensa, asistiendo a cursos de Perfeccionamiento,
tanto aquí, como en Madrid, pasando por unas Oposiciones en
Magisterio y la realización del CAP. También tiene tiempo para
colaborar en emisoras de radio, tanto en reparaciones como en su
funcionamiento. Entre ellas: Radio Las Palmas, Radio Faro del
Noroeste y Maspalomas. Como Monitor en el INEM, llegó a ocupar
el cargo de Jefe de Área hasta su Jubilación el 14 de Septiembre
de 1.999. Después de la interesante conversación con Francisco
Santana, me preguntaba de qué manera daría por finalizada su Semblanza.
La de este ciudadano aruquense, con una infancia difícil,
pero sin guardar rencor por ello, que tiene muchos amigos y que
supo, de manera autodidacta, hacerse a sí mismo, encontrando la
solución, al observar un cuadro que le habían regalado sus
compañeros de trabajo el día de su jubilación, con el siguiente
texto que, con el permiso de ustedes, amables lectores/as,
escribo tal cual:
|
A
D. Francisco E.
Santana Travieso
En reconocimiento a su labor profesional y
su talante humano
En nombre de todos sus
compañeros y compañeras del
INEM
y el ICFEM
Le
hacemos este homenaje, por su dilatada dedicación
desinteresada
al servicio de la
Formación Ocupacional.
Las Palmas de Gran Canaria, 17 de
Septiembre de 1.999
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«D. TOMÁS CABRERA
RODRÍGUEZ»© |
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“Con los hermanos
Quevedo, (Diego y Agustín) trabajé en la instalación de la red
de aguas de abastecimiento público en la Villa de Firgas”.
Tomás Cabrera
Rodríguez nace en Teror el 12 de mayo de 1.938, pero con apenas
un año de edad, sus padres se trasladan al barrio de los
Portales. Tomás es el mayor de cinco hermanos (3 hembras y dos
varones), su padre ejercía como pastor en la finca de D. Manuel
Medina en Visvique. A los seis años, asiste a la escuela pública
de niños en los Portales y recuerda a D. Nicolás Escolástico y a
D. Gregorio, como grandes profesionales de la enseñanza. Como
todos los niños que acudían a la misma clase, compartía juegos y
obligaciones escolares, procurando no faltar a la escuela, ni
siquiera, los días de lluvia, y eso que algunos inviernos fueron
crudos y tenía que dar un gran rodeo para asistir a clase,
evitando la crecida del barranco.
Su padre decidió trasladar
su domicilio a la Hoya de San Juan (Arucas) por pasar a
trabajar a la finca de D. Alfonso Ferrera y matricula a su hijo
en el Grupo Escolar donde Tomás finaliza sus estudios de
Primaria a los catorce años. Llegado el momento de buscar
trabajo, le confiesa a su padre que, menos en las plataneras, no
le importa cualquier otro trabajo. Entonces su padre intenta
colocarle como aprendiz (mecánica) en el taller de “La Feria” de
D. Pedro Hernández y D. David Arencibia pero, no fue posible
precisamente por tener a varios jóvenes que se iniciaban en la
profesión, por lo que le indicaron a su padre que probase
suerte, con los hermanos Quevedo que, sí buscaban adolescentes
para el oficio de fontanero.
Con ellos habló su padre y,
Tomás encontró su primer trabajo. Está durante siete años como
fontanero y de esa época, recuerda varios acontecimientos
ocurridos en el año 1.959, sobre todo, el eclipse total de sol
del dos de Octubre que le pilló junto a sus compañeros de
trabajo, en plena instalación de tuberías en una casa y
observaron, como de repente, sobre las doce del medio día, se
hizo poco a poco de noche durante unos minutos. Como la
información sobre dicho fenómeno, venía precedida de habladurías
y de temores que anunciaban “casi el fin del mundo”, el
tiempo que duró, se les hizo eterno.
También en ese año de 1.959,
un gran temporal de lluvia, azotó nuestra isla. Tomás lo
recuerda de la siguiente manera: El domingo antes de los
acontecimientos, había estado colocando los herrajes a la puerta
principal de una ermita en el Barranco de la Virgen, que había
mandado a construir D. Rafael Barbosa en su finca para que sus
obreros y empleados, no tuviesen que trasladarse a Valleseco, o
bien, a Firgas para oír la santa misa los domingos. Dicha ermita
estaría bajo la advocación de San José, cuya imagen sería
trasladada a la ermita en cuánto se terminasen los trabajos de
la puerta. Una vez concluidos estos, se decidió que al domingo
siguiente, la imagen de San José presidiese el pequeño altar de
la ermita, pero no se llevó a cabo debido a que ese domingo,
amaneció con grandes amenazas de lluvia dando paso a un gran
aguacero que, a los pocos minutos, hacen que nuestros barrancos
arrastren todo lo que encuentren a su paso, no librándose de
ello el barranco de La Virgen que se llevó por delante la ermita
recién construida. Restos de la puerta, así como las cruces de
hierro forjado que adornaban los “llamadores” de la
misma, fueron recuperados al final del barranco, en San Andrés.
Entre los trabajos
realizados como fontanero, se siente muy satisfecho, por su
importancia, el haber participado en la instalación y
distribución de la red de abastecimiento público de agua en la
Villa de Firgas. Finalizada su etapa como fontanero, y una vez
cumplido su servicio militar, Tomás se traslada a Las Palmas
donde ya residían sus padres y trabaja durante una época en la
empresa de “Luminosos Casteló”. Luego, con un socio,
monta un taller de anuncios luminosos que cierran al poco
tiempo, allá por 1.976, debido a la crisis económica de aquéllos
años. Tiene más suerte al ser contratado como montador –
mecánico, de las cintas transportadoras del Aeropuerto de Gran
Canaria durante 13 años. En 1.988, la empresa presenta problemas
de pago y al cabo de un año de estar en el paro, recibe una
cantidad de dinero que le permite terminar de fabricar su casa
en Los Portales.
Pasa luego sus dos últimos años de
vida laboral, como trabajador de mantenimiento en la Caja de
Ahorros hasta su jubilación anticipada al cumplir los sesenta
años. Tomás conoció a su esposa Trinidad Toledo Hernández en
Firgas en los años que trabajó en dicha Villa, con la que inició
un noviazgo que duró cuatro años y donde contrajeron matrimonio
el 29 de Diciembre de 1.963. Hoy, libre ya de todo tipo de
compromiso laboral, disfruta de su jubilación, teniendo muy bien
programada sus diferentes actividades como, la de caminar a
diario en la zona de Barreto entre otras. |
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«DÑA. MANUELA
OJEDA FALCÓN»© |
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“Muchos
días, mis amigas y yo, no acudíamos a la escuela y nos
quedábamos cogiendo chuflas por la orilla de la acequia”
Doña Manuela
Ojeda Falcón, nace en la Goleta el día 19 de Marzo de 1.936,
ocupando el sexto lugar de siete hermanas. Su hermana mayor lo
era sólo de padre y su infancia transcurre durante unos años
muy difíciles.
A pesar de ello,
recuerda que quizás por rodearse de tantas hermanas y de amigas,
no se percataba de aquéllos momentos tan delicados. Era muy
divertida y la asistencia a la “escuela”, no era precisamente
una de sus virtudes. Junto a varias amigas, ideaban cualquier
trama para no acercarse a clase y, a pesar que muchas veces fue
reprendida por sus padres, volvía a sus andadas, quizás por este
motivo no guarde ningún recuerdo especial de su paso por la
escuela, así como de sus “maestras”. A los doce años,
edad con la que da por finalizada su estancia en la escuela, le
comenta a su padre que desea ir a trabajar. Su padre no lo
consiente aún, e interviene en su favor, una prima de su madre
que trabaja “colocada”, (palabra empleada para indicar
que se trabajaba como criada) en Las Palmas. Esto, enfurece aún
más a su padre que no consiente que ninguna de sus hijas tenga
que ir a trabajar a Las Palmas.
Cuando cumple los trece años,
logra convencer a su padre y junto a la prima de su madre,
inicia la aventura de trabajar en la capital. Está poco tiempo y
de allí pasa a trabajar a una finca de tomateros durante una
zafra y luego en la Finca de la Marquesa de Arucas.. Manuela,
tenía dos tías que trabajaban en el Almacén de plátanos de D.
Manuel Medina en Visvique y le comentó a una de ellas, (a su tía
Antonia), que le gustará trabajar en dicho almacén. Su tía le
dice que si esa es su intención, lo primero que debe hacer, es
aprender a “hacer tacos” (pequeños paquetes con pinocha,
empleados para la empaquetación del racimo), pues su tía sabía
que lo primero que le iban a ordenar en el trabajo era
precisamente eso, y le enseñó en su casa esa tarea, además,
tendría que esperar a cumplir los dieciocho años- tenía entonces
diecisiete-, pero Manuela no quería esperar un año más y se las
arreglaron para decirle al patrón que tenía dieciocho y
fue admitida.
Allí estuvo trabajando durante
once años, donde formaban todos/as los empleados/as, una
verdadera familia. En la época de la “zafra”, se
trabajaba duro, con apenas tiempo para comer, y terminaban a
altas horas de la madrugada. Ella, tenía en los plátanos, su
principal alimento, sobre todo, cuando comenzaban desde la una
de la tarde y llegaba la noche sin parar, ni probar bocado. Se
trabajaba durante la Semana Santa, hasta el Jueves a las tres de
la tarde, respetaban el Viernes Santo y volvían a trabajar el
sábado. Recuerda que por motivos de Zafra, trabajaron en una
ocasión una víspera del Pino hasta muy tarde, originándose, a
pesar de que en aquéllos años los coches que bajaban de Teror no
eran ni la sombra de los de hoy, un verdadero atasco para que el
camión cargado de plátanos pudiese entrar en Visvique.
Deja de trabajar en el Almacén,
para contraer matrimonio con Manuel Marrero Medina, un joven
carpintero que había conocido una tarde de domingo, por la Calle
León y Castillo. La primera vez que se le acercó Manolo, no
salió muy airoso, pues ella le rechazó, ya que no entraba en sus
planes, (igual opinaba su amiga con la que salía), aguantar a
ningún hombre, ya que querían divertirse a su manera, pasear, ir
al cine, pero sin tener que soportar a nadie. Como Manolo lo
volvió a intentar, ella “le echó el guardia” y
este le comentó: “Marrero, Marrero, amores a la fuerza no”
y el joven Marrero estuvo tres meses sin aparecer por el
paseo de los domingos.
Se enteró con el tiempo que la
madre de Manolo, extrañada por la actitud de su hijo, le
preguntó el por qué no iba al paseo y que él le había dicho,
para qué, si había intentado hablar con una chica, le había
rechazado, y encima, le llamó al orden un guardia municipal, a
lo que su madre le contestó.
“Hijo mío, la que desprecia,
comprar quiere, inténtalo de nuevo”. Animado el hombre por
las palabras de su madre, lo intentó, no una vez, sino varias,
hasta que Manuela le acepta y tras once años como novios deciden
casarse. En aquéllos años, los padres eran muy rígidos con sus
hijas durante el noviazgo, no permitiéndoles estar más allá de
las diez de la noche del domingo, en la calle y cuando los
Jueves (día de novios) estaban en la casa, ya se encargaría el
padre de tocar las “cucharas” para indicar que la
conversación llegaba a su fin.
Manuela Ojeda y Manuel Marrero,
contraen matrimonio en la Iglesia de la Goleta el día 15 de Mayo
de 1.964. Tienen cuatro hijos varones que le han dado, ocho
nietos, (6 varones y dos hembras). Atrás han quedado aquéllos
años de la posguerra que, aunque fueron muy duros, no impidieron
que fuese una niña alegre y feliz, y que si no cumplió muy bien
con sus deberes escolares, sí lo hizo con creces trabajando
desde muy tierna edad, en primer lugar, para ayudar a su familia
y luego, formar un hogar junto al hombre que no dudó en
insistir en su deseo de conquistarla, a pesar de la advertencia
del “municipal” aquella tarde de domingo...
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«D. Juan José
Rodríguez Ramos»©
(Carpintero y ex empleado de la Heredad de Aguas: Arucas
– Firgas) |
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“Siempre
estaré agradecido a mis maestros: D. Bruno Déniz, D. Juan
Maestre y D. José Valido, así como a D. Juan Acosta, oficial
carpintero, por iniciarme en dicha profesión”.
Juan José Rodríguez Ramos, nace en la Goleta
el 31 de Julio de 1.942, es el más pequeño de tres hermanos (2
varones y una hembra). Hijo y hermano de labrantes, no siguió la
tradición familiar y eligió el oficio de carpintero. Su padre,
D. Félix Rodríguez fue un destacado maestro labrante, como lo es
su hermano Feluco y, fue precisamente, su padre, quién no le
aconsejó que aprendiese el oficio por su dureza.
Asistió a partir de
los cinco años a las antiguas aulas de las escuelas en la
Goleta, permaneciendo en ellas hasta los doce años. Sólo tuvo
tres maestros en sus diferentes cursos escolares, y de los tres,
guarda el mejor de los recuerdos, a pesar de ser docentes
diferentes en cuánto a disciplina y métodos pedagógicos pero,
supo captar todo lo bueno de cada uno de ellos.
Una vez sale del
Colegio, se inicia en la profesión de carpintero en el taller de
D. Juan Acosta en el Cerrillo como aprendiz. Allí conoció a
muchos compañeros de su misma edad, que con el paso de los años,
llegaron a ser grandes profesionales. Finalizada su etapa de
aprendiz de carpintero, trabaja en el Puerto en la carpintería
de D. Francisco López Sánchez, luego en Agromán y finalmente en
la de Pedro Pérez Torres, en Arucas.
Juan José, desde muy
temprana edad practicaba su deporte favorito, el fútbol, y a los
catorce años, formó parte de la plantilla del Juvenil Arucas
como portero hasta los dieciocho años. De esa etapa recuerda,
como la más ilusionante, los partidos jugados en la vecina isla
de Tenerife, luego pasó al Arucas CF durante una temporada. Le
llega el momento del Servicio Militar y lo hace como Infante de
Marina en Las Palmas. Como dato curioso me indica que, fue la
primera promoción cuyo período de instrucción, ya no se hizo en
Cádiz y también que la suya, fue la última en cumplir 24 meses
de “mili”. Durante su servicio militar, practica otro deporte
muy popular en aquéllos años, el balonmano, y precisamente
brillaba con luz propia el equipo de la Marina, así conocido en
Las Palmas, logrando ser campeones en varias ligas y llegando a
participar en uno de los campeonatos organizados en Cartagena.
Una vez licenciado, siguió practicando este deporte en nuestra
ciudad, donde el balonmano era seguido por gran cantidad de
aficionados que abarrotaban la Plaza de San Juan, escenario de
inolvidables encuentros.
También, durante su
estancia en Agromán, participó en los diferentes Campeonatos de
fútbol entre Empresas, coincidiendo con grandes jugadores
aruquenses que se iniciaban como veteranos (Juan Manuel Ojeda,
Juanito el de Cardones, José Antonio (Pirusa), entre otros,
logrando (Agromán) en varias ocasiones, el título de Campeones
de Empresas.
Cuando contaba 17 años, inicia amistad con Juana Pérez Viera,
también vecina de la Goleta y después de diez años como novios,
se casan en la Goleta el 31 de Agosto de 1.969. Tienen tres
hijos (2 hembras y un varón) y un nieto de tres años. Y las
cosas de la vida, su hijo si eligió la profesión de su abuelo y
de su tío y es, un buen labrante.
Estando Juan José en
la carpintería de Pedro Pérez, su suegro, que trabajaba de
encargado en la Heredad, le comentó la posibilidad que tenía de
ocupar el puesto de uno de los trabajadores que se iban a
jubilar, Juan José le dijo en un primer momento que no,
transcurre un año y toma la decisión de aceptar el puesto en la
Heredad, y le nombran encargado de abrir y repartir el agua
desde el Albercón. Con un horario que termina a las tres de la
tarde, le permite trabajar, a partir de esa hora, en la
carpintería y puede obtener otro sueldo que le viene muy bien,
sobre todo, en la época de estudios de sus tres hijos.
Así, hasta que sus
hijos terminan de estudiar y consiguen emplearse, por lo que
Juan José deja el trabajo de la Carpintería y se dedica sólo, al
de la Heredad hasta su jubilación, el 14 de Agosto de 2006,
después de 28 años, dando la casualidad que también fue un 14 de
Agosto (1.978), cuando empezó.
Nuestra conversación
tuvo lugar en la azotea de su casa donde tiene “su cuarto”
en el que se entretiene la mayoría de las tardes, haciendo
variedad de piezas de artesanía que coloca y guarda de manera
muy ordenada en estanterías preparadas al efecto. Cuchillos
canarios, bancos, sillas, cunas, pintaderas, ídolos de Tara,
islas de Gran Canaria y Tenerife…. son algunas de las piezas que
guarda para, en la mayoría de los casos regalar a sus amigos.
Terminada nuestra conversación, y al despedirme, me retiene un
momento y me obsequia con varios de sus trabajos. Le di las
gracias no sólo por el detalle, sino por comprobar que también
figuro entre sus amigos.
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