SEMBLANZAS
Por MANUEL DOMÍNGUEZ CABALLERO

 
 

«D. JOSÉ JUAN SUÁREZ PÉREZ»©
(Ex empleado de Banca)

 
 

“Cuando trabajaba en la Fábrica de cigarrillos Apolo en la Calle Los López (Terrero- Arucas), de los treinta días de vacaciones, quince de ellos trabajaba en las plataneras para, con el dinerillo que ganaba, ayudarme a pagar las clases particulares, o bien, para ahorrar y poder realizar algún viajito”

     D. José Juan Suárez (Pepe Juan), nace en la calle Los López (Arucas), el 17 de Febrero de 1.940 en una de las viviendas conocidas popularmente en nuestra ciudad como “El Barco”, es el segundo de tres hermanos (dos hembras y un varón).

     A los seis años iba a la escuela del Barranquillo, a la clase de D. José Betancor, profesional de la enseñanza que ya hemos citado en varias semblanzas y de grato recuerdo para la mayoría de los que fueron sus alumnos. Está unos dos años en su aula y pasa al Colegio La Salle con el Hermano Teodosio en la clase Quinta y luego a la de Comercio con el Hermano Julián y el Hermano Guillermo.

     Al finalizar el segundo curso en la clase de Comercio en el año 1.951, decide ingresar en el Seminario donde permanece tan solo dos años. De regreso a nuestra ciudad busca trabajo, mientras, asiste a clases particulares con D. Lorenzo Sandoval y con D. Juan Zamora para sus clases de Contabilidad. En 1.954 consigue entrar como aprendiz en la Fábrica de cigarrillos “Apolo” y lo hace como “purero”, expresión con la que se conocía a los que se dedicaban a la confección de los cigarros puros, donde, con los años, se especializa en el funcionamiento de varias máquinas. Poco tiempo después obtiene el certificado de Estudios Primarios y permanece en la fábrica de cigarros unos doce años.

     Vivir en el Terrero cerca del campo de fútbol y tener amigos que practicaban su deporte favorito, el fútbol, hacen que Pepe Juan se decida también a jugar, y lo hace en el Infantil Arucas y en el Juventud Arucas. Luego en el Marqueses CF. fundado por Domingo González (de la familia “Los Cesa”) de cuya época recuerda que habían solicitado al Barcelona FC un equipaje pero, nunca le contestaron. Se dirigieron al Madrid recibiendo, al poco tiempo, una amable carta en la que les comunicaban sentir mucho no poder atender la solicitud del equipaje porque el Madrid (al menos en aquélla época), se limitaba atender a su cadena de filiales.

     Por lo menos, – me dijo- tuvimos la satisfacción de que nos contestaron y la de guardar, como un gran tesoro, la nota de todo un Real Madrid CF. Luego siguió practicando el fútbol como veterano en el equipo de la Trinca, teniendo como compañeros a Tito Benítez, Antonio Manuel Vega, Juan Manuel “el Viejo”, Navarro “el sastre”, Manolo Artiles, Antoñito Rodríguez entre otros y, aunque su puesto era el de central (a veces de lateral), llegó también a ponerse bajo los palos. Años más tarde jugó varias temporadas con el “Charusa”. Practicó la lucha canaria en el Frente de Juventudes, siendo su entrenador D. Salvador, maestro del Grupo Escolar, quedando campeones del Norte en la temporada 1.958 -59. Recuerda que durante el campeonato, le dieron dos buenos “leñazos” y ya no volvió a practicar la lucha canaria. Pepe Juan fue, junto a Manolín el fotógrafo, pionero en organizar los primeros campeonatos de balonmano en nuestra ciudad, allá por la década de los años sesenta del pasado siglo, jugándose inolvidables partidos en la Plaza de San Juan.

      Después de su paso por la fábrica de cigarrillos, Pepe Juan trabaja para “Prefabricados Jinámar” como administrativo desde, 1.968 hasta febrero de 1.970. Con la práctica llegó a dominar con facilidad, el cálculo de la cantidad de material necesario para diferentes obras.
A finales de los años sesenta, conoce en la Sociedad Hespérides de Bañaderos a la joven maestra María del Rosario Rosales Segura con la que inicia un noviazgo que finalizan tres años después, contrayendo matrimonio en la Iglesia de San Juan Bautista de nuestra ciudad, el día 31 de Octubre de 1.971, bendiciendo la sagrada unión, el que fuera párroco D. Lorenzo Aguiar Molina, quien, durante la misa, dedicó unas cariñosas palabras a los contrayentes. Pepe Juan fue amigo personal de D. Lorenzo y colaboró con él en diferentes actividades parroquiales, sobre todo, en trabajos de archivo.

     El cinco de Marzo de 1.970, comienza a trabajar para una entidad bancaria hasta el 28 de Marzo del 2000 en el que se jubila. Pasó por diferentes oficinas: Arucas, Jandía, Playa del Inglés, San Fernando de Maspalomas (en estas dos últimas como apoderado) y desde 1.995, al año 2000 en Santa María de Guía.

     Una vez jubilado, Pepe Juan participa en actividades con la Parroquia de Bañaderos, (lugar donde reside) y es uno de los componentes de su Coro Parroquial. Tiene otras interesantes inquietudes, como las de pintar, asistiendo a cursos y sobre todo, la de ampliar sus conocimientos culturales, matriculándose en el Aula de Mayores de la Universidad de las Palmas. Está actualmente en el último curso de “Pericia y Doctrina” de los tres que consta esta materia. Su mujer Sari, los finalizó el pasado curso. Pepe Juan y su esposa, son dos, de los veintiocho miembros que componen la Coral de Mayores de la Universidad. Amante de la cultura, ha realizado junto a su esposa, diferentes viajes para ampliar sus conocimientos.

     Terminamos nuestra conversación y subimos hasta la azotea para la foto de rigor, despidiéndome de Pepe Juan, persona amable, de exquisito trato y sobre todo, “UN BUEN AMIGO”. Gracias Pepe Juan.

 

 

 

«STA. CARMEN RAMÍREZ SARMIENTO»

 
 

              “A los doce años, mi maestra Sta. Lola, le dice a mi madre que yo respondía a un perfil de alumna aventajada y que sería bueno que me diese la oportunidad de estudiar. Mi madre le respondió que detrás de mí, había ocho hijos más y que, si  le daba oportunidad a uno/a, tendría que dárselo/a a los demás, y eso, en aquéllos años, era imposible. Causé baja en la escuela y me inicié en la costura”.

            Carmen Ramírez, nace en Los Castillejos (Arucas) el 29 de Octubre de 1.932. Es la mayor de nueve hermanos (6 hembras y tres varones), uno de los varones ha fallecido hace unos años. Es hija del matrimonio formado por D. Ambrosio Ramírez Pérez y Doña María del Socorro Sarmiento Marrero (natural de Tejeda) quienes tuvieron quince hijos, de los que, los seis primeros fallecieron (unos, con días de nacidos y otros a los pocos meses).

            A los cuatro años de edad, Carmen es llevada a la escuela por una de sus vecinas, y a pesar de que no estaba a mucha distancia de su casa, no le gustaba  ir por las tardes porque le decía a su maestra que “tenía que merendar”. A los seis años, pasa a la clase de la Sta. Lola y está hasta los doce años. Recuerda Carmen que fueron unos años muy bonitos los de su infancia, compartía  juegos con otras niñas y niños en la calle de San Juan de Dios en el Terrero aprovechando que su madre tenía un puesto de verduras en la  segunda casa contigua al Teatro Nuevo. La única responsabilidad que tenía era la de llevar a sus dos hermanos más pequeños hasta su casa para atenderlos y acostarlos. Sus juegos en la calle apenas eran interrumpidos por el tráfico rodado, pues eran sólo tres, los coches que la cruzaban, los coches “piratas” de D. José Afonso, D. Manuel Vega, que tenían sus domicilios en la Hoya de San Juan y al final del Terrero respectivamente, y, a veces, Tomasito Almeida cuando iba a visitar a su familia en la calle Los López.

            Cuando ya no estaba bien visto que una niña de doce años juegue y corretee por la calle, asiste a la costura de Carmita (que fuera esposa de D. Juan Pérez, profesor de auto escuela en Arucas). Esta modista cerró su taller, precisamente cuando se casó, por lo que luego fue al de Rafaelita  Lorenzo. Con apenas dieciséis años, Carmen es operada de la columna vertebral, por habérsele diagnosticado el llamado “mal de Po”. Supuso varios meses de estancia en la clínica y luego cerca de once, con una especie de yeso que  cubría de cintura para arriba y le impedía ciertos movimientos. Afortunadamente salió bien de ese trance, pues algunos de los médicos consultados, no eran partidarios de la operación. Dos años más tarde, pasaría de nuevo por el quirófano por un problema de fémur.

            La muerte de su madre a los 46 años, fue un duro golpe para toda la familia. A Carmen se le humedecen sus ojos, hace una pausa y no puede contener las lágrimas cuando recuerda que por este motivo,  sus hermanos más pequeños, fuesen internados en el Colegio San Antonio en Las Palmas. Fue duro separarse de ellos, pero gracias a esa decisión, sus hermanos pudieron estudiar y se sienten muy orgullosos de haber pasado por el San Antonio.

             Nuestra conversación transcurría en su domicilio en la Hoya de San Juan y mientras charlábamos, oía desde una habitación contigua un programa de radio al que como es lógico, no prestaba atención,  pero sí me extrañaba que Carmen no fuese a la habitación y bajase el volumen. Pronto salí de dudas sin proponérmelo. Resulta que en la habitación donde estábamos, colgaba de una de sus paredes, una hermosa fotografía – mural en blanco y negro con una panorámica del Bentayga tomada en la época de los almendros en flor. Me interesé por ella y me dijo que se la había ganado en un concurso de radio y fue cuando me dijo que la radio era su fiel compañera que estaba prácticamente encendida todo el día y que no sólo había ganado la foto, también una bicicleta estática y un juego de comedor, claro que, de eso,  han transcurrido ya bastantes años, era la época de los concursos radiofónicos, sobre todo en Radio Las Palmas. En cuánto a televisión, los documentales y los deportes son sus programas favoritos. Recientemente no se pierde los partidos de Nadal, al que admira, no ya en lo deportivo, sino también por su gran sencillez.

            Gran aficionada al cine, nunca pensó que un día se viese en la taquilla de un cine vendiendo entradas. En la mayoría de nuestras ciudades y pueblos, el cine tuvo unos años de esplendor y cuando se anunciaba un estreno importante, se reservaban las entradas con antelación. En nuestra ciudad, el Cine Díaz ponía a la venta los sábados y domingos por las mañanas, las entradas numeradas y hasta allí acude Carmen, cuando D. Cristóbal Díaz le dice que necesita una persona para la venta de entradas en taquilla y que había pensado en ella, acepta y está durante 26 años.

            Carmen es una mujer alegre, dinámica, optimista y decidida, como cuando las circunstancias le obligaron a presentarse para la obtención del permiso de conducir y  a pesar de no superar la primera prueba del recorrido por un brusco giro a la derecha (y no político), no se desanimó aprobando en la siguiente. Siempre le ha gustado estar en acción, lleva más de veinte  años colaborando con Caritas y hasta hace muy poco con el Centro de Mayores. Pertenece al Club de Lectura y formó parte del estupendo Grupo de Labrantes de la Palabra y no se pierde los encuentros con los “Vecinos del Terrero”. Le encanta la natación y viajar, no olvida su estancia en París cuando una de sus hermanas residía en la capital francesa. De nuestra isla le encanta Tejeda, quizás por aquello de que su madre la llevaba desde que era pequeñita y donde suele pasar, con alguna frecuencia, varios días con su familia tejedense.

            Finalizaba nuestra conversación, le di las gracias y me acompañó hasta la puerta. Salí de su casa y por cierto, la radio seguía encendida. Gracias Carmen.
 

 

 

«D. VICENTE RAMOS CABRERA »©
(Carpintero)

 
 

“Nada más terminar mi estancia en el Grupo Escolar, cuando contaba catorce años, mi padre habló con Don Luis Déniz, (Carpintero) para que me admitiese como aprendiz en su taller de carpintería, sin preguntarme si quiera, si me gustaba el oficio”.

     Vicente Ramos Cabrera, nace en la calle Los López (Arucas), el 27 de septiembre de 1.941.es el más pequeño de cuatro hermanos, (dos varones y dos hembras). Hijo de Vicente Ramos, (conocido por Leoncio), aunque a su padre no le agradaba que le llamasen así, era persona muy conocida en nuestra ciudad, pues fue barbero en una de las barberías más populares de nuestra ciudad. Se trata de la barbería de la calle estrecha de la iglesia, (Gourié), teniendo por compañeros a Santiago Torres y a Domingo Ramos, luego fueron los compañeros, Eloy y Meme, quienes se hicieron cargo de la misma hasta su cierre definitivo.

      D. Vicente Ramos regentó también el quiosco que estaba en la Plaza de San Juan y trabajó para la Agencia Finisterre en nuestra ciudad. Estos diferentes trabajos, hicieron que fuese conocido en nuestra ciudad, como personaje muy popular.

      Vicente Ramos (hijo), al cumplir los seis años, acude a la escuela del Barranquillo para asistir a las clases que imparte D. Juan Zamora, de allí al Grupo Escolar finalizando sus estudios en la clase de D. Lorenzo Sandoval, maestro del que guarda un entrañable recuerdo. Como todos los niños de su época, compartía su horario de clases con los juegos, así como ayudar a sus padres en aquéllas tareas que pudiesen realizar. Vicente fue uno de ellos, acudía a la escuela, jugaba “a la pelota” en la calle y los sábados y domingos (después de asistir a misa de alba), ayudaba a su padre a cobrar los recibos de la “Funeraria” para la Agencia Finisterre. Lo hacía caminando hacia los diferentes barrios de nuestra ciudad, atravesando caminos y cercados de plataneras para reducir los diferentes trayectos, llevando en su cartera el dinero que cobraba, hoy, sería impensable.

      Un vecino, vinculado al Arucas CF, observaba con frecuencia las habilidades de Vicente con la pelota en sus partidos en plena calle. Habló con su padre y con él, para incorporarle al equipo que aglutinaba a aquéllos niños que despuntaban con buenas maneras futbolísticas: “El Tigre CF” que entrenara el recordado Antonio Félix. Luego pasó al Juvenil Isleña, y al año siguiente al Juvenil Arucas donde tuvo como compañeros a lo mejorcito de la cantera aruquense en aquélla época: Tonono, Gustavo, Talito, Juan Yánez, Juan Pérez y Antonio Matos entre otros. Fue preseleccionado para integrarse a la Selección Juvenil de Las Palmas, aunque no llegó a jugar. Fue fichado por el Arucas CF durante varias temporadas para finalizar su vida deportiva en el Goleta CF, aunque siguió practicando el fútbol en Campeonatos de Veteranos, durante unos años.
Si su vida deportiva la inició desde muy joven, también fue muy temprana su incorporación a la vida laboral. A los catorce años dejó el colegio, pues, había que ayudar en casa, lo hizo colaborando en el cobro de recibos, mientras, su padre consiguió a través de su amigo D. Luis Déniz, (carpintero) que entrase a trabajar como aprendiz en su taller de Carpintería. Vicente recuerda que el día de su incorporación al taller, lo primero que le ordenaron fue ir hasta la estación de gasolina para traer una garrafa con gasóleo.

      Dispuesto a obedecer a su padre, como no podía ser de otra manera, el joven Vicente presta atención a las explicaciones en el taller, llamándole la atención el trabajo en las máquinas. Con el tiempo se especializa en ellas y junto a sus amigos, Paco Bordón y Pepe Rodríguez trabajan para la carpintería de Pedro Pérez en la calle Cerera fabricando muebles para la empresa, “Muebles Teror” durante varios años. A pesar de haberse iniciado en el oficio de carpintero sin saber si le iba a gustar o no, con el tiempo se va dando cuenta que esa sería su profesión. Muchas tardes, a la salida de su trabajo, se trasladaba hasta el municipio de Guía para, en el taller del Noroeste de D. Bonifacio Rodríguez, (Presidente de Finisterre), fabricar los ataúdes y su hermano era el encargado de forrar los ataúdes con las telas que confeccionaba su madre.

      Años más tarde trabaja en varias carpinterías en Las Palmas. De esa época recuerda su paso como carpintero en la obra conocida como “La Casa de los patos” a la entrada del Puerto de La Luz. Luego viaja a Fuerteventura donde trabaja en Costa Calma, durante unos seis meses para regresar de nuevo a Gran Canaria. Uno de sus cuñados regentaba unos apartamentos en el Sur y le consigue trabajo como carpintero en la cadena de apartamentos para luego pasar al Hotel “Las Margaritas” como carpintero de mantenimiento hasta su jubilación a la edad de sesenta y seis años, estuvo en dicho Hotel unos 22 años. En esa época conoce a Lucía Guerra Santana que residía en el Tablero de Maspalomas y trabajaba en los apartamentos con la que inicia un noviazgo durante tres años para luego unirse en santo matrimonio el día 20 de Febrero de 1.972 en el Templo Ecuménico de Playa del Inglés. Tienen tres hijos varones.

      Muchos muebles, puertas y ventanas han pasado por sus manos en sus años de vida laboral, manos que delatan el riesgo de haber trabajado en las máquinas de los talleres de carpintería. Vicente no podrá olvidar dos fechas de su calendario laboral, la del 18 de mayo de 1.972 y la del 2 de mayo de 2004, pues en la de 1.972, un corte le produjo la pérdida de dos “falanges distales” en dos de sus dedos de la mano derecha y la del dos de mayo de 2004, un gran corte en su mano izquierda le produce la pérdida de su dedo meñique y lesiones en el dedo pulgar.

      En la actualidad, Vicente disfruta de su jubilación y, a pesar de haber iniciado a los catorce años un oficio del que lo desconocía todo, hoy, a pesar de recordárselo sus manos cada vez que las contempla, se siente orgulloso de su trabajo y no le importaría, si naciese de nuevo, volver a ser carpintero. Un apretón de manos, daba por finalizada nuestra conversación. Gracias Vicente.
 

 

 

« D. MANUEL MATOS BATISTA»©

 
 

     “Bailes, días de playa, de cine, de ocio, de tertulias con los amigos sin poder participar, se han quedado por el camino de la vida. Ser el mayor de diez hermanos, empezar a trabajar desde los catorce años y perder a un padre cuando sólo contaba 54 años, fueron motivos suficientes para dejar aparcados los entretenimientos más comunes en mis años de juventud”.

      D. Manuel Matos Batista nace en el Cardonal (Arucas), el 1º de Agosto de 1.933 es, el mayor de diez hermanos (5 varones y cinco hembras). De niño asiste al Colegio La Salle, siguiendo la recomendación hecha a su padre por D. Manuel Pérez de Armas, vecino también en el Cardonal y que se dedicaba a dar clases particulares en su domicilio, sobre todo de Contabilidad. Precisamente, D. Manuel Pérez de Armas, fue Contable en la Fábrica “La Isleña”. Manolo Matos (como se le conoce), no fue mal estudiante y consigue, por sus buenas notas, una especie de beca evitando su padre pagar cuota alguna durante los años que permaneció en el Centro.

      A los catorce años, deja las aulas del Colegio y comienza a trabajar en el Almacén de D. Rafael Suárez. Con mucha ilusión y ganas por ayudar a su padre, el joven Matos observa con detenimiento, todos los trabajos que se desarrollan en el local de empaquetado de plátanos. Como buen estudiante que fue en el Colegio, no quiere perder el contacto con los libros y decide, una vez finalizado su trabajo diario, asistir a las clases de Contabilidad que imparte, D. Manuel Pérez. Pasan los años y le van asignando puestos de mayor responsabilidad hasta que le nombran Encargado General, teniendo bajo su responsabilidad, todo lo relacionado con el personal, tanto de empaquetado como de talleres, así como el de vehículos pesados. De los treinta años que permaneció en la Empresa, guarda el mejor de los recuerdos, tantos, que fue precisamente en su trabajo, donde reparó en la joven Concepción López Toledo. Concepción era vecina de Manolo, pero fue en el Almacén de empaquetados (ambos trabajaban allí), donde surgen entre ellos, las miradas de complicidad que dieron paso a un noviazgo de casi catorce años, teniendo en cuenta que eran aún muy jóvenes, cuando empezaron.

     Manolo Matos y Concepción López, contraen matrimonio en la iglesia del Rosario en Llano Blanco (Arucas), el 17 de Agosto de 1.961. Tienen cuatro hijos, (dos varones y dos hembras) y tres nietos (2 hembras y un varón). Al fallecer su padre a la edad de cincuenta y cuatro años, (un día muy señalado, pues ocurrió un veinticuatro de Diciembre), Manolo, ya casado, decide ayudar a su madre para sacar adelante a tan numerosa familia, sobre todo, a sus seis hermanos más pequeños, así y todo, su madre se dedica a coser para la calle.

     Los estudios de Contabilidad, le vinieron muy bien a Manolo Matos, pues, una vez concluidas sus obligaciones laborales con D. Rafael Suárez, da el salto a la capital ejerciendo como Contable en diferentes empresas. La Primera de ellas fue, la de: Neveras Pontiac, en la calle Bravo Murillo, donde está unos cinco años. Luego, en Canarias Textil (Calle Galicia) durante unos diez años, pasando luego por la Sociedad Cooperativa de Productores Taxistas “San Cristóbal” unos cinco años, para finalizar en “Meconsa” hasta su jubilación.

     En nuestra conversación, Manolo Matos me dice que tras su jubilación, ha podido realizar muchas de las cosas que durante su etapa laboral no pudo llevar a cabo, por ejemplo, viajar como mínimo, dos veces al año. Charlar con sus amigos y no perderse, siempre que puede, partidos de fútbol televisados, son sus distracciones favoritas. Me confiesa que no es “un manitas en casa” pero, colabora en la medida de sus posibilidades en las diferentes tareas del hogar, para finalizar diciéndome que aunque el baile, la playa y el cine no fueron distracciones muy aprovechadas en su juventud, no se arrepiente por ello, pues, gracias a su trabajo fundó un hogar del que se siente verdaderamente orgulloso, sobre todo, de sus cuatro maravillosos hijos.
 

 

 

«D. JOSÉ  MIGUEL  HENRÍQUEZ  ALEMÁN»©
(Ex empleado de la Casa Mercedes)

 
 

“Después de varios años en el Colegio La Salle, decidí ir a trabajar y dejar los estudios. Pronto me vi acarreando estiércol en la finca de D. Vicente y D. Demetrio Marrero”.

     José Miguel nace en Arucas, el 11 de Abril de 1.944, es el mayor de dos hermanos (varón y hembra), era gemelo de una hermana que falleció a los tres meses de edad, sorprendiendo a sus padres pues, la niña había nacido perfectamente, no así José Miguel, que sí tuvo problemas durante sus primeros meses de vida.

     Asistió de pequeño al grupo Escolar y después de unos años en este Centro, su padre lo matriculó en el Colegio La Salle en la clase de la Sexta. Su padre, (también de nombre José Miguel), era muy conocido por su oficio de maquinista del pozo: “El Pino”, situado a orillas del barranco de Arucas. Había entrado a trabajar en la finca de D. Pedro Hernández a los veinte años, para luego pasar al pozo (Propiedad de D. Pedro) como maquinista, hasta su jubilación.

     Tras varios años en el Colegio de los Hermanos, le dice a su padre que no quiere seguir estudiando y que desea trabajar. Lo hace en la finca de D. Vicente y D. Demetrio Marrero acarreando cestas de estiércol. A los diecisiete años, trabaja en la finca de D. Manuel “El del Carril” como cargador en el almacén. Consciente del error cometido al dejar los estudios y el deseo de sacar el permiso de conducir, recapacita y se matricula en la Academia de D. Juan Zamora y más tarde, para ampliar sus estudios, asiste a clases de Contabilidad con D. Pedro Marrero en la Acequia Alta.

     Al obtener el permiso de conducir, trabaja como chofer en la camioneta conocida como “La Carlota”, propiedad del ya mencionado Don Manuel, reemplazando al chofer habitual de la misma, de vacaciones, por haber contraído matrimonio. A los veinte años, inicia su servicio militar como voluntario en Aviación. Una vez licenciado, trabaja como chofer particular de D. Pedro Rosales Quevedo y lo hace, conduciendo un auto de la marca Mercedes.

     En cierta ocasión, acude a la Estación de la Casa Mercedes para repostar. Como encargado de la misma estaba, Ramón Medina (años más tarde, administrador de la Shell, en Arucas), quien le propuso la posibilidad de trabajar en la Empresa como lavacoches, limpieza de motores, chasis etc. José Miguel le expone sus dudas, pero al poco tiempo entra a formar parte de su plantilla en 1.968. Tras dos años en la Estación, pasa a los talleres de la Casa Mercedes llegando a ocupar el cargo de Jefe de Revisiones hasta su jubilación, tras 39 años en la Empresa.

     José Miguel está casado con Modesta Afonso Marrero, natural de Bañaderos. El inicio de su noviazgo fue muy curioso. Estaba un día de Santa Lucía en Arucas con dos amigos, cuando repararon en un grupito de tres chicas que asistían a la procesión. Se acercaron, entablaron conversación y al final de la misma, quedaron para verse al domingo siguiente en Bañaderos, pues, allí residían. Ese domingo, se encontraron con las tres amigas que, cogidas del brazo, paseaban juntas. Esto les obligó a que uno de ellos, quedase fuera, por lo que José Miguel y otro de sus amigos iniciaron el paseo con las chicas que lo hacían por los extremos. Durante el paseo, la chica que está al lado de José Miguel, sorprendida, le advierte que viene su hermano y, rápidamente ocupa el puesto de su amiga del centro, quedando ésta, al lado de José Miguel. Era, Modesta Afonso y este pequeño incidente, dio origen al comienzo de su noviazgo, que duró cuatro años. Finalizados los mismos, deciden contraer matrimonio en la Parroquia de San Pedro en Bañaderos el día 28 de marzo de 1.965. Tienen tres hijos, (una hembra y dos varones) y tres nietos (dos varones y una hembra).

     Preguntado por sus aficiones, me dice que el fútbol es una de sus pasiones. De niño, junto a sus amigos jugaban extraordinarios partidos en el estanque de la Hoya Ariñez, entre los equipos El Puente, el Terrero y el Santidad .El cine sin embargo, no le entusiasma. Le encanta viajar y ha recorrido ya, gran parte del territorio nacional, tanto, a nivel particular como, una vez jubilado, a través del Inserso.

     José Miguel pertenece a la “Comunidad de Regantes del Pozo del Pino y Hoya de San Juan”, de la que es Secretario. Terminada nuestra conversación me dice que precisamente, el miércoles día 22, salía para Barcelona en uno de los viajes programados por el Inserso, por lo que le deseé un feliz viaje, al mismo tiempo, le agradecía su colaboración para con el espacio, Semblanzas.
 

 

 

«D. MANUEL  GONZÁLEZ  MORALES»©
(Empresario Distribuidor de Prensa)

 
 

“En la época de Sinibaldi como entrenador de la UD. Las Palmas, (1.971-1.975), vendía un promedio de, 1.500 a 1.700 ejemplares del Diario de las Palmas en el recinto del Estadio Insular durante los partidos”.

     Manuel González Morales, nace en Cardones el 8 de Marzo de 1.940, es el tercero de cuatro hermanos, (3 varones y una hembra). Asistió a la escuela en Cardones pero, debido a la muerte de su padre con, tan sólo 41 años, Manolo tuvo que abandonar las clases para ayudar a la familia. Lo hace junto a sus hermanos en el ámbito familiar, debido a que su abuelo dispone de terrenos y propiedades en los que pueden emplearse. Así, a sus doce años, Manolo colabora en la recogida de las entradas en el Cine Estrella, propiedad de su abuelo D. Deogracias González, conocido popularmente como “Maestro Deo”. Manolo pasó toda su juventud con él, desde su colaboración en el cine, hasta su paso por la fábrica de calzados “González Henríquez” que, junto a la existente en Agaete, eran las únicas fábricas de calzado en la isla, en aquéllos años.

     En el Cine Estrella, Manolo, con el paso de los años, fue ocupando diferentes cargos, desde aquél niño con doce años recogiendo entradas, hasta su paso como acomodador, encargado de la cantina y Operador en cabina. De su época en el cine, me cuenta varias anécdotas curiosas. Una de ellas, las veces que tenía que repetir algunas de las canciones interpretadas por “Lola Flores” en sus películas, como en la que cantaba. “Pena, penita, pena”. El público en la sala gritaba con fuerza: “que la repita, que la repita”, entonces, paraba la proyección, rebobinaba y a repetir las escenas de la canción, así con otras tantas películas, como las de Jorge Negrete y Sara Montiel. Para indicar el respeto que había en la Sala, estando de acomodador, si algunos de los espectadores hablaban alto, o molestaban, se acercaba a ellos con la linterna, y les decía: “venga, esta fila, fuera”, todos obedecían sin rechistar, pero les daba pena y los volvía a llamar con la condición que se acomodasen en Entresuelo y sin molestar al resto de los espectadores.

     El recordado y entrañable personaje “Pepe cañadulce”, recorría las calles de Cardones con sus redobles de tambor, anunciando a través de su inseparable megáfono, las películas que se estrenaban en Arucas, tanto en el Cine Díaz, como las del Cine Viejo, y por aquello de la competencia, Manolo le ofrecía “una peseta de las de papel moneda” para que anunciara la que se proyectaba en su cine: El Estrella. Al momento, Pepe cañadulce, cambiaba su retahíla sobre las estupendas películas proyectadas en Arucas, indicando a los oyentes, que acudiesen a la película del Cine Estrella, pues, era mucho más bonita que las de Arucas. Cuando se acercaba un buen estreno, Manolo lo llamaba y, según el tema de la película, lo disfrazaban para que recorriese las calles anunciándolo con su tambor y su megáfono.

     Otro dato curioso ocurría, cuando se enteraba que desde Llano Blanco, venía un entierro hasta Cardones. Era costumbre generalizada, la asistencia de muchas personas acompañando al difunto/a y que, una vez finalizado el sepelio, aprovechaban para pasar por la taquilla del cine. Por eso Manolo, retrasaba el tiempo que hiciese falta el inicio de la proyección, (prevista para las siete de la tarde), esperando el regreso desde el cementerio, de la mayoría de los acompañantes al entierro.

     La función de las 21 horas de los sábados, era la elegida por los vecinos de Tinoca que venían caminando desde sus hogares hacia Montaña Blanca para seguir hasta Cardones. Para finalizar con sus anécdotas en torno al cine, Manolo recuerda algunas de las películas mudas proyectadas cuando era niño, como:”Los peligros de Nioca” y “La mujer y el tigre”, entre otras.

     Manolo alternaba su trabajo del Cine, con el que desempeñaba en el taller de calzados. Tenía las mañanas para acudir como “preparador” de calzados, a la fábrica de su abuelo. Estuvo también un tiempo en Arucas, al frente del taller instalado junto al almacén de Los Rosales en la carretera que conduce a Bañaderos, vendiendo toda clase de material para calzados.

     Desde muy joven, practicó su deporte favorito, el fútbol, en las filas del CD. Cardones. Su estilo de juego era muy estilista, por lo que cariñosamente le llamaban, Manolo Kubala, aún hoy, se le sigue llamando así en su círculo de amistades. Pasó, aunque de manera breve, por otros equipos: El Isleña, Carrizal y San José, para regresar de nuevo al Cardones.

     Una vez finalizada su etapa de trabajo con su abuelo y libre del Servicio militar, Manolo se hace con la tienda (de aceite y vinagre) de Juanita Déniz, como arrendatario durante unos dos ó tres años. Luego decide dar el salto a la capital, consiguiendo trabajo en una Cooperativa (Ultramarinos) durante cuatro años. Cierto día, un buen amigo al que Manolo había apadrinado a uno de sus hijos en su bautizo, le avisó del nuevo sistema que se anunciaba para la distribución de la Prensa en la Isla, por si le interesaba.

   En aquéllos años, existían dos puestos importantes de distribución, uno en la calle Murga, que lo llevaba el matrimonio formado por D. Marcelino y su esposa Encarnación y otro en el Puerto que ostentaba el Sr. Peña, hermano del que fuera destacado jugador con el mismo apellido, de la UD. Las Palmas. A dichos puestos acudían los repartidores para, en guaguas, calles y estancos vender sus ejemplares.

     Pero esa situación cambiaría y crearon las nuevas zonas de distribución, y los puestos de venta. Había que disponer de coche propio y proporcionar el personal adecuado. Manolo aceptó dichas condiciones y así fue como se inició en la distribución, teniendo en sus comienzos la zona desde el Parque de Santa Catalina hasta Guanarteme. Luego pasó a la de Ciudad Jardín y Alcaravaneras. Disponía de seis pases para asistir a los partidos de fútbol en el Estadio Insular para sus seis trabajadores, que eran los encargados de vender los ejemplares del Diario de Las Palmas, dentro del recinto en los diferentes partidos de fútbol. El trabajo de distribuidor suponía un gran sacrificio, pues salía desde las dos de la madrugada de Arucas para regresar a las seis o siete de la tarde del día siguiente. A partir del año 2003, surgen nuevas normas, y Manolo es invitado por el conjunto de Empresas de Distribución para si le interesa seguir. Tras la reunión, Manolo acepta las condiciones y crea, con su hijo mayor, una Sociedad con vehículos y personal propio para atender suscripciones y puntos de venta en sus once rutas asignadas.

     Manolo está casado con Adolfina Medina González a la que conoció en los tiempos en los que estuvo en Arucas al frente de la venta de material para calzados. Tras unos ocho años de noviazgo, contrajeron matrimonio en Arucas el 2 de Agosto de1.972. Bendijo la sagrada unión, D. Lorenzo Aguiar párroco en aquéllos años de la Iglesia de San Juan. Tienen tres hijos, dos varones y una hembra y tres nietos un varón y dos niñas (gemelas).

     Aparte de su trabajo como distribuidor de prensa, Manolo es socio de la Comunidad de Aguas el Pinillo y la Pila y tiene otras actividades que le apasionan, como su afición a las peleas de gallos. Fue socio fundador de la Casa de Gallos en Cardones que luego se uniría a la de Arucas. Tiene sus propios ejemplares de gallos a los que cría y cuida. Ha sido Directivo de la Sociedad Tres Barrios en Cruz de Pineda, Presidente de Sala y de sus fiestas, así como vocal de su Asociación de Vecinos. Actualmente colabora con el Club de Leones, en la Obra de San Juan de Dios y pertenece al Coro Parroquial.

     Hasta aquí mi conversación con Manolo González, distribuidor de prensa desde hace muchos años y al que, puestos a soñar por un momento, le deseo de todo corazón que un buen día, distribuya sus ejemplares con dos magníficas noticias en portada: El final del terrorismo y el de la crisis económica actual. Gracias Manolo.
 

 

 

«D. RAMÓN MARTÍN RIVERO»©
(Ex - empleado de AUCONA - Transmediterránea)

 
 

“Un año, me suspendieron la asignatura de religión en Bachillerato Superior, por decirle al profesor  que después de haber escuchado la explicación de la teoría de Galileo, (sobre la irrelevancia de los pasajes bíblicos con los razonamientos científicos), no creía en el Diluvio Universal”.

            Ramón Martín, (Mole), nace en Arucas el 9 de Junio de 1.936, hijo de D. Ramón Martín Zamora quién trabajara durante muchos años (hasta su jubilación),  con D. Diego Amador en su Almacén, conocido como el de los “Amadores”.  

Fue matriculado desde muy pequeñito en el Colegio de las monjas (parte gratuita) y asiste a la clase de Sor Julia y luego a la de Sor Basilisa, permaneciendo hasta la edad de seis años, edad con la que hizo su Primera Comunión. En 1.943 pasa al Colegio La Salle, teniendo como profesor en la “sexta”  a D. Blas Castellano y luego a D. José González (ya fallecido). Tiene el mejor de los recuerdos de estos dos docentes, sobre todo de D. José González al que define como: “misionero de la enseñanza”.

            Luego a la edad de 10 años pasa a la clase de “Ingreso” y estudia, en los años siguientes, los cuatro cursos de bachillerato. Pudo estudiar gracias a una especie de Beca que daban a  aquéllos alumnos que, por sus destacadas notas, se lo merecían. Ramón Martín, fue alumno de Notable y Sobresaliente de nota media, mérito suyo, pero también, como me indica, a la estupenda labor docente de los Hermanos, sobre todo del Hermano Felipe y del Hermano Morán, quienes les enseñaban a razonar y a descubrir el por qué, de las cosas. Terminado el Bachillerato Elemental, se matricula en el Instituto Pérez Galdós en Las Palmas, agradeciéndole a un familiar el que pudiese residir en su domicilio durante los años en los que estudió Bachiller Superior con libros, la mayoría de ellos, prestados. Los fines de semana venía a su casa, en Arucas.

            Los alumnos procedentes del Colegio La Salle de Arucas, destacaban sobre el resto de los alumnos del Pérez Galdós por su gran preparación, por lo que no era nada extraño que muchos padres de otros municipios, sobre todo de Las Palmas, matriculasen a sus hijos en nuestra ciudad. Durante sus estudios en el Pérez Galdós, participó en atrevidas marchas con reivindicaciones estudiantiles hasta el Gobierno Militar. Ramón conoció a extraordinarios catedráticos, sobre todo a D. Sebastián Quintana, de Química, quién de entrada “se las hizo pasar canutas, por duro”, pero con el tiempo, reconoció el esfuerzo y la preparación de su alumno, por lo que le tomó gran aprecio y le dio muchos, y útiles consejos.

            Para los exámenes de Grado, (Reválida), venían catedráticos desde la Universidad de La Laguna con D. José María Hernández Rubio al frente, como Presidente del Tribunal. A Ramón, siempre se le dio muy bien las Matemáticas, por lo que era uno de los primeros en terminar los ejercicios, y por ello, siguiendo la más antigua norma estudiantil, la de la solidaridad, pasaba con mucho riesgo de ser descubierto, su examen al compañero de al lado para, hacerlo llegar al resto. La Promoción de Bachiller Superior de Ramón Martín, pertenece a la de los años: 1.946 – 1.953 y hace ya, unos años, uno de sus compañeros tuvo la feliz idea de localizar a la mayoría de antiguos alumnos, (algunos ya han  fallecido), para, cada año, tener un encuentro y recordar, anécdotas e historias de aquéllos años.

            A pesar de haber nacido en una época bastante complicada, Ramón, junto a los compañeros de su generación, tuvo una infancia feliz, con trompos y boliches, para sus juegos, confección de cometas, patinetas con cojinetes, fútbol y  cine, con películas inolvidables como: “Las cuatro plumas”, y “Fumanchú” entre otras, y a las que se podía entrar gratis si,  ibas acompañado de mayores, así como la famosa ficha “canjeo” que daban en una película de estreno y que servía para asistir a una función entre semana (películas Fémina) de manera más económica. No obstante, a pesar de una infancia feliz, no ha olvidado la parte triste de la misma, como cuando su padre le imponía algún arresto y le hacía preparar, en el Almacén, pequeños paquetes para la distribución de alimentos en los años de la “Cartilla de Racionamiento”, contemplando aquéllas grandes colas de ciudadanos aruquenses que pacientemente, aguardaban su turno para recibir su parte correspondiente.

            Terminados sus estudios de Bachiller Superior, la ilusión de Ramón, era  la Carrera de Ingeniería Industrial, pero había que trasladarse a Madrid y esto suponía un gran esfuerzo económico y, aunque su padre le propuso la idea de conseguir un crédito, ó bien alguna Beca, Ramón no quiso, pues también pensó lo que supondría ese sacrificio para sus hermanas. Siguió preparándose a base de cursos de mecanografía, taquigrafía, idiomas y contabilidad, con D. Demetrio Arizmendi, gran profesor y mejor persona, que daba clases en la calle Cerera.

               Se presentó a diferentes Oposiciones: Bancos y Ayuntamientos y se dedicó a dar clases, hasta que consiguió trabajar en la Empresa Mistol, donde está unos dos años, para luego pasar a Intercasa y más tarde en Interpiensos. Leyendo un día la prensa, se detiene en un anuncio que comunica unas Oposiciones en AUCONA (Consignataria de buques), a la que se presenta obteniendo el número uno en el año 1.961. En éste su nuevo trabajo, (Años más tarde Transmediterránea), Ramón va ascendiendo profesionalmente, ocupando cada vez puestos de mayor responsabilidad. Trabajó en Secretaría, luego sustituía al Cajero (en sus vacaciones), ejerció como Oficial Primero, Jefe de Negociado, Cajero General, Tesorero, Jefe de Almacén, y como Jefe de Sección de Aprovisionamiento hasta 1.994, año en el que se prejubila. Me dice que su paso por Transmediterránea fue un aprendizaje en todos los sentidos, por la variedad de trámites a los que se enfrentó en sus diferentes cargos.

            Ramón Martín está casado con Caridad Santana Cruz, a la que conoció en sus años de paseo por la Calle, León y Castillo, en nuestra ciudad. Después de unos 12 ó 13 años de noviazgo, contraen matrimonio en la Parroquia de San Juan Bautista en nuestra ciudad, el 12 de Diciembre de 1.968  bendiciendo la sagrada unión, un joven sacerdote aruquense recién ordenado, Segundo Díaz Santana. Fruto de esa unión, nacieron sus dos hijas, de las que se siente muy orgulloso.

            Ramón es una persona con muchas inquietudes y muy activo. Amante de la cacería con perros, es Secretario de la Sociedad de Cazadores y entre sus gestiones está, la de promover el Calendario de cazadores, estableciendo dos días a la semana para dicha actividad, (Sistema de caza controlada). En los años ochenta del pasado siglo, propone que sea reconocida la raza del perro podenco canario y acude a la ciudad de Córdoba en las Jornadas de Razas Caninas Españolas, con su perra flecha para demostrar sus cualidades y demostrar las diferencias con el perro Ibicenco, cosa que logra, pues los jueces de las Jornadas, así lo determinaron.

            A principios de los años setenta, forma parte del APA del Colegio del Sagrado Corazón, y junto a sus compañeros de Asociación, intenta solucionar los difíciles momentos por los que pasa la Comunidad Educativa del Sagrado Corazón, con riesgo, incluso, de cierre del Centro. Afortunadamente  consiguen una subvención estatal que, tras varios años de incertidumbre, terminan de manera positiva para la Comunidad Religiosa del Centro, padres y alumnos/as. Años más tarde, fue Presidente del APA del Instituto Domingo Rivero.

            Otra de sus grandes aficiones es el senderismo que suele practicar la mayoría de los sábados si las condiciones climatológicas son favorables. De hecho, forma parte del Club “SENDARUCAS” del que es miembro fundador. Es un Club, debidamente constituido por la Dirección General de Deportes, adscritos a la Federación de Montañismo. Finalizando ya nuestra conversación, le pregunto por alguna otra actividad y me dice que la lectura es otra de sus pasiones, y las obras de corte filosófico, sus preferidas.

            Durante nuestra conversación, observé la admiración de Ramón hacia algunos de sus profesores durante su época estudiantil, y el agradecimiento por los consejos y enseñanzas recibidas. Aproveché entonces, para manifestarle mi aprecio personal, agradecimiento y admiración por sus cualidades pedagógicas cuando recibí en cierta ocasión, y de forma desinteresada, clases particulares que mi padre le había pedido para sacar adelante, precisamente, la asignatura de Matemáticas de Tercero de Bachillerato.

  

 

 

«D. DOMINGO HENRÍQUEZ FERRERA»©

 
 

“De joven, mi distracción favorita los domingos, era oír el programa: Carrusel Deportivo, que dirigía el gran maestro de locutores deportivos, Vicente Marcos”.

            Domingo Henríquez nace, en Arucas el 4 de Octubre de 1.943, es el segundo de cuatro hermanos (dos hembras y dos varones), hijos del matrimonio formado por D. Francisco Henríquez y Doña Petronila Ferrera, conocida, cariñosamente, como Lilita Ferrera. D. Francisco Henríquez fue un prestigioso carpintero que trabajaba para Pepito Batista, industrial aruquense muy conocido, dentro y fuera de nuestra ciudad, por la fabricación de toda clase de muebles.

      Aparte de trabajar en la carpintería de Pepito Batista, D. Francisco regentaba una tienda de las llamadas de aceite y vinagre, que estaba en el Barranquillo, donde su esposa, Lilita, le ayudaba. Recuerda Domingo que siendo aún muy niño, su padre, de camino al trabajo, le dejaba en la cercana escuela de Doña Ana, situada junto a la Fábrica de chocolates La Isleña. De allí, pasó al Grupo Escolar, permaneciendo unos años para luego, matricularse en el Colegio La Salle, donde cursa Ingreso y el Bachiller Elemental. Terminado el Bachiller, se decide por estudiar Magisterio, que interrumpe, al no superar la segunda parte de la reválida y también porque su madre, temerosa de que a su hijo le pudiesen destinar fuera de la isla, habló con D. Julio Caubín, presidente de “Mutua Guanarteme(hoy MAPFRE), para ver, que posibilidades tendría su hijo de entrar en la Entidad. Le llaman desde la Mutua, y tras superar las pruebas que le facilitan la entrada como administrativo, Domingo forma parte de la plantilla desde 1.964, hasta el año 2002, en el que se jubila como Jefe de Sección.

      Llevaba dos años trabajando, cuando decide retomar los estudios de Magisterio,  asistiendo a una Academia después de cumplir con su horario laboral. Se presenta a los exámenes de Reválida superándolos, por lo que obtiene el Título de Maestro de Primera Enseñanza, aunque nunca ejerció como tal. Desde sus tiempos de estudiante, Domingo sentía verdadera vocación por la poesía con facilidades para escribir sus propios versos, dando a conocer sus trabajos en cuántas ocasiones y por diversos motivos se le presentaba, escribiendo y  recitando sus versos para algún compañero de trabajo en su cumpleaños, en alguna distinción profesional, así como a familiares, amigos y recientemente en la fiesta de los vecinos de la Calle Marqueses, donde con su habilidad característica y a través de sus versos, presenta a cada uno de los vecinos homenajeados. Guarda la mayoría de sus trabajos poéticos, indicándome que ahora, con tiempo suficiente para ello, piensa ordenar y archivar.

      Como indicaba al principio de este relato, el fútbol era de las otras grandes aficiones de Domingo Henríquez. Con un pequeño transistor escuchaba cada jornada, en la que sabía repetir de memoria las alineaciones de los diferentes equipos de Primera División. Hasta tal punto le apasionaba el fútbol que, a sus dieciséis años, llegó a ser árbitro durante una temporada en Categorías inferiores,  después de superar las diferentes pruebas organizadas por  la Federación de Árbritos. También, durante unos años, escribía pequeñas crónicas sobre el fútbol regional y juvenil de nuestra ciudad que entregaba a D. Elías Rizkallal para que fuesen publicadas en la prensa.

      Sin embargo, Domingo nunca fue muy cinéfilo, a pesar de vivir en la Calle Marqueses (después de su paso por su vivienda en el Barranquillo) y tener muy cerca el “Cine Viejo”. Le gustaba más, el teatro, y leer las obras de Julio Verne. La música tiene un hueco también entre sus aficiones. Su padre le regaló, para Reyes, un timple, cuando aún era un niño y aprendió a tocarlo de manera autodidacta. La oportunidad le llegó cuando varios jóvenes, como él, aruquenses, fundan el grupo “Arehucanos” siendo uno de sus miembros y entre los que se encontraban grandes tocadores como: Manolo Calderín y Manolo García de la Torre (ambos fallecidos), Yuste, Andrés Pérez Auyanet, y Pío. Pronto destacarían como grupo con sus inolvidables actuaciones en el programa musical más famoso en nuestra ciudad: “Burbujas Musicales”. Recorrieron zonas turísticas interpretando lo mejor de su repertorio, al mismo tiempo que recaudaban algún dinerillo que aprovechaban para adquirir nuevos instrumentos y vestimenta.

      Siguiendo con nuestra conversación, que tuvo lugar en su domicilio, observo varios cuadros que llevan su firma. Le pregunto – pues, lo desconocía – desde cuando realiza estos trabajos y me dice que desde siempre le ha gustado la pintura, asistiendo a varios cursos impartidos por el profesor D. Néstor Romero. Ahora, jubilado, le dedica  mucho más tiempo, siendo el silencio de la noche, su momento preferido para pintar. Domingo está casado con Mary Carmen Medina González que vivía en su misma calle, (Marqueses), muy cerca de su domicilio y que a pesar de ello, no había reparado en ella hasta que en una de las fiestas en Honor a San Patricio, en las Chorreras, le llamó la atención aquélla jovencita con apenas catorce años y que tras doce de relaciones, contraen matrimonio en Arucas, el 22 de Agosto de 1.971. Como dato curioso de su boda me dice que, fui yo, quién, con una pequeña cámara de Súper/8, le filmé su boda, la verdad – le dije- no me acordaba de ese detalle. Tienen tres hijos varones y un nietito.

      Los momentos finales de nuestra conversación los dedicamos a recordar nuestro paso por la Escuela de Magisterio (fuimos compañeros de promoción), nuestras prácticas en la Aneja, los partidos de balonmano y de baloncesto, donde Domingo era un destacado jugador, así como su acompañamiento con el timple, a la guitarra de Francisco Alonso, (otro de los compañeros), cuando nos reuníamos para recordar nuestra promoción de 1.962. También aproveché para copiar uno de los versos que bajo el título de: “Visión Sublime” dedica a los tres miradores de nuestra Montaña de Arucas, dando así por finalizada la Semblanza de este amigo, compañero y mejor persona. Gracias Domingo.

                                       Desde los tres miradores

                                       que en la Montaña existen,

                                       los ojos no se resisten

                                       contemplar escrutadores,

                                       esos campos que se visten

                                       de muy variados colores.

 

 

«D. FRANCISCO E. SANTANA TRAVIESO»©
(Ex Monitor del PPO - INEM)

 
 

        “Quise ser Ingeniero Aeronáutico, pero las condiciones económicas no me  permitieron llegar ni a la Universidad”.

      Francisco Santana Travieso, nace en el Camino de La Cruz (Arucas), el 14 de Octubre de 1.934 es el mayor de dos hermanos (varón y hembra). En 1.938, su padre estuvo  preso en el Campo de Concentración, en Gando, y tres días después de haber sido puesto en libertad, fue sacado de su casa para no  regresar jamás.

Por este motivo, su madre va a trabajar al almacén de plátanos en Visvique y más tarde, a Cruz de Pineda en el de, D. José Rodríguez Marrero. Recuerda Francisco, el “bulto” que su madre le hizo de un pantalón viejo para llevar la pizarra, el pizarrín y  el Raya 1º, a la escuela de Doña Lucía Pérez en la Hoya de San Juan.

      Su madre se educó en las monjas y le pudo ayudar en sus primeros años en el aprendizaje de lectura y escritura. De pequeño, Francisco no comprendía, el por qué le cambiaban de escuela cada vez que se iniciaba un nuevo curso escolar, pues pasó por las escuelas de la Goleta, el Barranquillo, Transmontaña, de nuevo a  la Hoya de San Juan, Colegio La Salle y Academia Ferrera (fundada por D. Alfonso Ferrera). Con el paso de los años, sí llegó a comprenderlo: “los hijos de los desaparecidos eran un problema político”.

      En su época en el Colegio La Salle, estuvo en la clase denominada la Quinta y luego se examinó de Ingreso al Bachillerato donde obtuvo la calificación de Matrícula de Honor. Cursó los tres años de bachiller, (siempre con excelentes calificaciones), que en esa época, se impartían en dicho Centro, no pudiendo matricularse al año siguiente en el Instituto en Las Palmas por problemas económicos y eso que, el entonces alcalde de nuestra ciudad, D. Ramón Suárez Franchy, concedió una ayuda económica a los hijos de  las familias más necesitadas. Está  muy agradecido a los Hermanos de La Salle por lo allí aprendido. De su estancia en La Salle,  me contó, entre otras, la siguiente anécdota: el Jefe Local de Falange en Arucas, iba todos los viernes al Colegio a impartir unas clases de gimnasia que más bien eran  de instrucción premilitar. La asistencia a esas clases era obligatoria y tenían como finalidad que todos los alumnos se afiliasen a la falange local, cosa a la que su madre se negó, llevando consigo esa negativa, la expulsión del colegio. Al final, intervino D. Francisco Hidalgo, cura párroco entonces, para proponerle a su madre que si no aceptaba la afiliación del niño en la falange, lo hiciese en las filas de Acción Católica, no lo dudó y Francisco pasó a formar parte de esa agrupación. Allí inició amistades con compañeros fabulosos que, aún hoy, conserva.

      A los catorce años, aproximadamente, comienza el joven Francisco a intentar aprender un oficio, pidiendo asistir como aprendiz de mecánica en un taller ubicado en lo que hoy es el Almacén de D. José González Ríos, pero no lo admiten por temor a las Inspecciones de trabajo. Acude entonces a la Herrería de Antoñito en la Hoya de San Juan, persona muy conocida por su especialidad en la elaboración de “bombas para estanques” y “romanas”. Al ser admitido, observa con detenimiento todo lo que allí se fabrica, adquiriendo conocimientos sobre fundición y trabajos en el torno. Cuando más a gusto estaba, Antoñito decide cerrar su herrería y  Francisco encuentra trabajo en las obras de un estanque que construía D. Luis Pérez (albañil  y contratista) en la zona de la Montaña de Arucas, trabajo que no ha olvidado, pues, cuando cargaba la cal viva para dicha obra, parecía que se le quemaba la cara.

      Tiene más suerte al año siguiente, cuando D. Luis Pérez le llama para que le confeccione una lista de todos sus trabajadores así como la preparación y el pago de sus nóminas, recorriendo a pie, los sábados, las diferentes obras para pagar a sus empleados. Al cumplir los diecisiete años, decide ir  al cuartel, (Aviación), donde piden voluntarios para asistir a unos cursos en  la Escuela de Transmisiones en Cuatro Vientos (Madrid). Asiste a dichos cursos, aprovechándolos al máximo, pues era materia que a Francisco le gustaba. Adquiere conocimientos de radio y electrónica,  finalizando  su servicio militar en Las Palmas, en el Laboratorio de Electrónica.

      Una vez licenciado, trabaja para Unelco en la reparación de la línea de Alta Tensión hasta Guía. Luego instala en los Portales, toda la parte eléctrica de una granja para cinco mil gallinas que fracasó al poco tiempo. Trabaja en la instalación de la Central Lechera y en la Fábrica de cigarrillos “Fedora” como especialista en una de sus máquinas. Mientras, en Arucas, se une al recordado Bruno Déniz en la creación de una pequeña empresa a la que denominaron “Helios” que consistía en anuncios publicitarios, aprovechando desde la azotea del antiguo Mercado Municipal, la proyección de películas de Charlot, del Gordo y el Flaco y de fotografías (realizadas por Manolín), encargándose de la parte técnica debido a sus conocimientos en la materia. Estando trabajando aún en Las Palmas, recibe información sobre una Empresa de Transporte y Construcción en Aaiún, (TEYCA), que busca personal y, hasta allí se traslada Francisco, encontrándose con muchos aruquenses. Está trabajando por espacio de un mes (Agosto de 1.963) en la instalación eléctrica de una depuradora y regresa de nuevo a  nuestra ciudad. A finales de 1.963, Bruno Déniz le propone instalar una Ferretería en Villa Cisneros, pues al visitar a un familiar en dicha ciudad, cree en las posibilidades de hacer un buen negocio. Se deciden ambos y al poco tiempo, inauguran la “FERRETERÏA  HELIOS” junto a una pequeña representación de motos “Bultaco”. El negocio permanece abierto durante cinco años, durante los cuales, aparte de atenderlo, realizó trabajos de reparación de aparatos de radio, emisoras de barcos, grupos electrónicos  etc.

      Estando en Villa Cisneros hizo una escapada hasta nuestra ciudad para contraer matrimonio con Doña Domitila Batista Vega con la que había iniciado su noviazgo ocho años antes. Vino un Lunes y se casó el Jueves de la misma semana en la capilla del Carmen, el 8 de Octubre de 1.964. A su novia la conoció, cuando visitó su casa, en Visvique, para reparar un aparato de radio. Regresaron a Villa Cisneros permaneciendo hasta el día de Reyes de 1.968. Tienen tres hijos varones y dos nietos (varón y hembra).  Francisco estaba suscrito al Diario de Las Palmas mientras estuvo en África y leyó un anuncio en el que solicitaban monitores para Formación Ocupacional y envió su solicitud. La respuesta se hizo esperar, pero al final, fue aceptada su solicitud y Francisco dedicó treinta y un años a los Programas de Promoción Obrera, años más tarde, Instituto Nacional de Empleo.

      Recorre todos los municipios de la Isla, (pernoctando en muchos de ellos) impartiendo diferentes cursos de todo tipo. Para ello, Francisco se preparó de manera muy intensa, asistiendo a cursos de Perfeccionamiento, tanto aquí, como en Madrid, pasando por unas Oposiciones en Magisterio y la realización del CAP. También tiene tiempo para colaborar en emisoras de radio, tanto en reparaciones como en su funcionamiento. Entre ellas: Radio Las Palmas, Radio Faro del Noroeste y Maspalomas. Como Monitor en el INEM, llegó a ocupar el cargo de Jefe de Área hasta su Jubilación el 14 de Septiembre de 1.999. Después de la interesante conversación con Francisco Santana, me preguntaba de qué manera daría por finalizada su  Semblanza. La de este ciudadano aruquense, con una infancia difícil, pero sin guardar rencor por ello, que tiene muchos amigos y que supo, de manera autodidacta, hacerse a sí mismo, encontrando la solución, al observar un cuadro que le habían regalado sus compañeros de trabajo el día de su jubilación, con el siguiente texto que,  con el permiso de ustedes, amables lectores/as, escribo tal cual:

      A

                                   D. Francisco E. Santana Travieso

               En reconocimiento a su labor profesional y su talante humano

         

                      En nombre de todos sus compañeros y compañeras del

                                             INEM   y  el  ICFEM

              Le hacemos este homenaje, por su dilatada dedicación desinteresada

                              al servicio de la Formación Ocupacional.                            

         

                    Las Palmas de Gran Canaria, 17 de Septiembre de 1.999

 

 

 

 

«D. TOMÁS CABRERA RODRÍGUEZ»©

 
 

           “Con los hermanos Quevedo, (Diego y Agustín) trabajé en la instalación de la red de aguas de abastecimiento público en la Villa de Firgas”.

      Tomás Cabrera Rodríguez nace en Teror el 12 de mayo de 1.938, pero con apenas un año de edad, sus padres se trasladan al barrio de los Portales. Tomás es el mayor de cinco hermanos (3 hembras y dos varones), su padre ejercía como pastor en la finca de D. Manuel Medina en Visvique. A los seis años, asiste a la escuela pública de niños en los Portales y recuerda a D. Nicolás Escolástico y a  D. Gregorio, como grandes profesionales de la enseñanza. Como todos los niños que acudían a la misma clase, compartía juegos y obligaciones escolares, procurando no faltar a la escuela, ni siquiera, los días de lluvia, y eso que algunos inviernos fueron crudos y tenía que dar un gran rodeo para asistir a clase, evitando la crecida del barranco.

      Su padre decidió trasladar su domicilio a la Hoya de San Juan (Arucas)  por pasar a trabajar a la finca de D. Alfonso Ferrera y matricula a su hijo en el Grupo Escolar donde Tomás finaliza sus estudios de Primaria a los catorce años. Llegado el momento de buscar trabajo, le confiesa a su padre que, menos en las plataneras, no le importa cualquier otro trabajo. Entonces su padre intenta colocarle como aprendiz (mecánica) en el taller de “La Feria” de D. Pedro Hernández y D. David Arencibia pero, no fue posible precisamente por tener a varios jóvenes que se iniciaban en la profesión, por lo que le indicaron a su padre que probase suerte, con los hermanos Quevedo que, sí buscaban adolescentes  para el oficio de fontanero.

      Con ellos habló su padre y, Tomás encontró su primer trabajo. Está  durante siete años como fontanero y de esa época, recuerda varios acontecimientos ocurridos en el año 1.959, sobre todo, el eclipse total de sol del dos de Octubre que le pilló junto a sus compañeros de trabajo, en plena instalación de tuberías en una casa y observaron, como de repente, sobre las doce del  medio día, se hizo poco a poco de noche durante unos minutos. Como la información sobre dicho fenómeno, venía precedida de habladurías y de temores que anunciaban “casi el fin del mundo”, el tiempo que duró, se les hizo eterno.

      También en ese año de 1.959, un gran temporal de lluvia, azotó nuestra isla. Tomás lo recuerda de la siguiente manera: El domingo antes de los acontecimientos, había estado colocando los herrajes a la puerta principal de una ermita en el Barranco de la Virgen, que había mandado a construir D. Rafael Barbosa en su finca para que sus obreros y empleados, no tuviesen  que trasladarse a Valleseco, o bien, a Firgas para oír la santa misa los domingos. Dicha ermita estaría bajo la advocación de San José, cuya imagen sería trasladada a la ermita en cuánto se terminasen los trabajos de la puerta. Una vez concluidos estos, se decidió que al domingo siguiente, la imagen de San José presidiese el pequeño altar de la ermita, pero no se llevó a cabo debido a que ese domingo, amaneció con grandes amenazas de lluvia dando paso a un gran aguacero que, a los pocos minutos, hacen que nuestros barrancos arrastren todo lo que encuentren a su paso, no librándose de ello el barranco de La Virgen que se llevó por delante la ermita recién construida. Restos de la puerta, así como las cruces de hierro forjado que adornaban los “llamadores” de la misma, fueron recuperados al final del barranco, en San Andrés.

      Entre los trabajos realizados como fontanero, se siente muy satisfecho, por su importancia, el haber participado en la instalación y distribución de la red de abastecimiento público de agua en la Villa de Firgas. Finalizada su etapa como fontanero,  y una vez cumplido su servicio militar, Tomás se traslada a Las Palmas donde ya residían sus padres y trabaja durante una época en la empresa de “Luminosos Casteló”. Luego, con un socio, monta un taller de anuncios luminosos que cierran al poco tiempo, allá por 1.976, debido a la crisis económica de aquéllos años. Tiene más suerte al ser contratado como montador – mecánico, de las cintas transportadoras del Aeropuerto de Gran Canaria durante 13 años. En 1.988, la empresa presenta problemas de pago y al cabo de un año de estar en el paro, recibe una cantidad de dinero que le permite terminar de fabricar su casa en Los Portales.

            Pasa luego sus dos últimos años de vida laboral, como trabajador de mantenimiento en la Caja de Ahorros hasta su jubilación anticipada al cumplir los sesenta años. Tomás conoció a su esposa Trinidad Toledo Hernández  en Firgas en los años que trabajó en dicha Villa, con la que inició un noviazgo que duró cuatro años y donde contrajeron matrimonio el 29 de Diciembre de 1.963. Hoy, libre ya de todo tipo de compromiso laboral, disfruta de su jubilación, teniendo muy bien programada sus diferentes actividades como, la de caminar a diario en la zona de Barreto entre otras.

 

 

«DÑA. MANUELA OJEDA FALCÓN»©

 
 

       “Muchos días, mis amigas y yo, no acudíamos a la escuela y nos quedábamos cogiendo chuflas por la orilla de la acequia”

            Doña Manuela Ojeda  Falcón, nace en la Goleta el día 19 de Marzo de 1.936, ocupando el sexto lugar de siete hermanas. Su hermana mayor lo era sólo de padre y  su infancia transcurre durante unos años muy difíciles.

            A pesar de ello, recuerda que quizás por rodearse de tantas hermanas y de amigas, no se percataba de aquéllos momentos tan delicados. Era muy divertida  y la asistencia a la “escuela”, no era precisamente una de sus virtudes. Junto a varias amigas, ideaban cualquier trama para no acercarse a clase y, a pesar que muchas veces fue reprendida por sus padres, volvía a sus andadas, quizás por este motivo no guarde ningún recuerdo especial de su paso por la escuela, así como de sus “maestras”. A los doce años, edad con la que da por finalizada su estancia en la escuela, le comenta a su padre que desea ir a trabajar. Su padre no lo consiente aún,  e interviene en su favor, una prima de su madre que trabaja “colocada”, (palabra empleada para indicar que se trabajaba como criada)  en Las Palmas. Esto, enfurece aún más a su padre que no consiente que ninguna de sus hijas tenga que ir a trabajar a Las Palmas.

Cuando cumple los trece años, logra convencer a su padre y junto a la prima de su madre, inicia la aventura de trabajar en la capital. Está poco tiempo y de allí pasa a trabajar a una finca de tomateros durante una zafra  y luego  en la Finca de la Marquesa de Arucas.. Manuela, tenía dos tías que trabajaban en el Almacén de plátanos de D. Manuel Medina en Visvique y le comentó a una de ellas, (a su tía Antonia), que le gustará trabajar  en dicho almacén. Su tía le dice que si esa es su intención, lo primero que debe hacer, es aprender a “hacer tacos” (pequeños paquetes con pinocha, empleados para la empaquetación del racimo), pues su tía sabía que lo primero que le iban a ordenar en el trabajo era precisamente eso, y le enseñó en su casa esa tarea, además, tendría que esperar a cumplir los dieciocho años- tenía entonces diecisiete-, pero Manuela no quería esperar un año más y se las arreglaron para decirle al patrón que tenía dieciocho y fue admitida.

Allí estuvo trabajando durante once años, donde formaban todos/as los empleados/as, una verdadera familia. En la época de la “zafra”, se trabajaba duro, con apenas tiempo para comer, y terminaban a altas horas de la madrugada. Ella, tenía en los plátanos, su principal alimento, sobre todo, cuando comenzaban desde la una de la tarde y llegaba la noche sin parar, ni probar bocado. Se trabajaba durante la Semana Santa, hasta el Jueves a las tres de la tarde, respetaban el Viernes Santo y volvían a trabajar el sábado. Recuerda que por motivos de Zafra, trabajaron en una ocasión una víspera del Pino hasta muy tarde, originándose, a pesar de que en aquéllos años los coches que bajaban de Teror no eran ni la sombra de los de hoy, un verdadero atasco para que el camión cargado de plátanos pudiese entrar en Visvique.

Deja de trabajar en el Almacén, para contraer matrimonio con Manuel Marrero Medina, un joven carpintero que había conocido una tarde de domingo, por la Calle León y Castillo. La primera vez que se le acercó Manolo, no salió muy airoso, pues ella le rechazó, ya que no entraba en sus planes, (igual opinaba su amiga con la que salía), aguantar a ningún hombre, ya que querían divertirse a su manera, pasear, ir al cine, pero sin tener que soportar a nadie. Como Manolo lo volvió a intentar, ella “le echó el guardia” y este le comentó: “Marrero, Marrero, amores a la fuerza no” y el joven Marrero estuvo tres meses sin aparecer por el paseo de los domingos.

 Se enteró con el tiempo que la madre de Manolo, extrañada por la actitud de su hijo, le preguntó el por qué no iba al paseo y que él le había dicho, para qué, si había intentado hablar con una chica, le había rechazado, y encima, le llamó al orden un guardia municipal,  a lo que su madre le contestó.

“Hijo mío, la que desprecia, comprar quiere, inténtalo de nuevo”. Animado el hombre por las palabras de su madre, lo intentó, no una vez, sino varias, hasta que Manuela le acepta y tras once años como novios deciden casarse. En aquéllos años, los padres eran muy rígidos con sus hijas durante el noviazgo, no permitiéndoles estar más allá de las diez de la noche del domingo, en la calle y cuando los Jueves (día de novios) estaban en la casa, ya se encargaría el padre de tocar las “cucharas” para indicar que la conversación llegaba a su fin.

Manuela Ojeda y Manuel Marrero, contraen matrimonio en la Iglesia de la Goleta el día 15 de Mayo de 1.964. Tienen cuatro hijos varones que le han dado, ocho nietos, (6 varones y dos hembras). Atrás han quedado aquéllos años de la posguerra que, aunque fueron muy duros, no impidieron que fuese una niña alegre y feliz, y que si no cumplió muy bien con sus deberes escolares, sí lo hizo con creces  trabajando desde muy tierna edad, en primer lugar, para ayudar a su familia y  luego, formar un hogar junto al hombre que no dudó en insistir en su deseo de conquistarla, a pesar de la advertencia del “municipal” aquella tarde de domingo...   
                

 

 

«D. Juan José Rodríguez Ramos»©
(Carpintero y ex empleado de la Heredad de Aguas: Arucas – Firgas)

 
 


Siempre estaré agradecido a mis maestros: D. Bruno Déniz, D. Juan Maestre y D. José Valido, así como a D. Juan Acosta, oficial carpintero, por iniciarme en dicha profesión”.

         Juan José Rodríguez Ramos, nace en la Goleta el 31 de Julio de 1.942, es el más pequeño de tres hermanos (2 varones y una hembra). Hijo y hermano de labrantes, no siguió la tradición familiar y eligió el oficio de carpintero. Su padre, D. Félix Rodríguez fue un destacado maestro labrante, como lo es su hermano Feluco y, fue precisamente, su  padre, quién no le aconsejó que aprendiese el oficio por su dureza.

            Asistió a partir de los cinco años a las antiguas aulas de las escuelas en la Goleta, permaneciendo en ellas hasta los doce años. Sólo tuvo tres maestros en sus diferentes cursos escolares, y de los tres, guarda el mejor de los recuerdos, a pesar de ser docentes diferentes en cuánto a disciplina y métodos pedagógicos pero,  supo captar todo lo bueno de cada uno de ellos.

            Una vez  sale del Colegio, se inicia en la profesión de carpintero en el taller de D. Juan Acosta en el Cerrillo como aprendiz. Allí conoció a muchos compañeros de su misma edad, que con el paso de los años, llegaron a ser grandes profesionales. Finalizada su etapa de aprendiz de carpintero,  trabaja en el Puerto en la carpintería de D. Francisco López Sánchez, luego en Agromán y finalmente en la de Pedro Pérez Torres, en Arucas.

            Juan José, desde muy temprana edad practicaba su deporte favorito, el fútbol, y a los catorce años, formó parte de la plantilla del Juvenil Arucas como portero hasta los dieciocho años. De esa etapa recuerda, como la más ilusionante, los partidos jugados en la vecina isla de Tenerife, luego pasó al Arucas CF durante una temporada. Le llega el momento del Servicio Militar y lo hace como Infante de Marina en Las Palmas. Como dato curioso me indica que, fue la primera promoción cuyo período de instrucción, ya no se hizo en Cádiz y también que la suya, fue la última en cumplir 24 meses de “mili”. Durante su servicio militar, practica otro deporte muy popular en aquéllos años, el balonmano, y  precisamente brillaba con luz propia el equipo de la Marina, así conocido en Las Palmas, logrando ser campeones en varias ligas y llegando a participar en uno de los campeonatos organizados en Cartagena. Una vez licenciado, siguió practicando este deporte en nuestra ciudad, donde el balonmano era seguido por gran cantidad de aficionados que abarrotaban la Plaza de San Juan, escenario de inolvidables encuentros.

            También, durante su estancia en Agromán, participó en los diferentes Campeonatos de fútbol entre Empresas, coincidiendo con grandes jugadores aruquenses que se iniciaban como veteranos (Juan Manuel Ojeda, Juanito el de Cardones, José Antonio (Pirusa), entre otros, logrando (Agromán) en varias ocasiones, el título de Campeones de Empresas.

            Cuando contaba 17 años, inicia amistad con Juana Pérez Viera, también  vecina de la Goleta y después de diez años como novios, se casan en la Goleta el 31 de Agosto de 1.969. Tienen tres hijos (2 hembras y un varón) y un nieto de tres años. Y las cosas de la vida, su hijo si eligió la profesión de su abuelo y de su tío y es, un buen labrante.

            Estando Juan José en la carpintería de Pedro Pérez, su suegro, que trabajaba de encargado en la Heredad, le comentó la posibilidad que tenía de ocupar el puesto de uno de los trabajadores que se iban a jubilar, Juan José le dijo en un primer momento que no, transcurre un año y toma la decisión de aceptar el puesto en la Heredad, y le nombran encargado de abrir y repartir el agua desde el Albercón. Con un horario que termina a las tres de la tarde, le permite trabajar, a partir de esa hora, en la carpintería y puede obtener otro sueldo que le viene muy bien, sobre todo, en la época de estudios de sus tres hijos.

            Así, hasta que sus hijos terminan de estudiar y consiguen emplearse, por lo que Juan José deja el trabajo de la Carpintería y se dedica sólo, al de la Heredad hasta su jubilación, el 14 de Agosto de 2006, después de 28 años, dando la casualidad que también fue un 14 de Agosto (1.978), cuando empezó.

            Nuestra conversación tuvo lugar en la azotea de su casa donde tiene “su cuarto” en el que se entretiene la mayoría de las tardes, haciendo variedad de piezas de artesanía que coloca y guarda de manera muy ordenada en estanterías preparadas al efecto. Cuchillos canarios, bancos, sillas, cunas, pintaderas, ídolos de Tara, islas de Gran Canaria y Tenerife…. son algunas de las piezas que guarda para, en la mayoría de los casos regalar a sus amigos. Terminada nuestra conversación, y al despedirme, me retiene un momento y me obsequia con varios de sus trabajos. Le di las gracias no sólo por el detalle, sino por comprobar que también figuro entre sus amigos.
        

 

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