SEMBLANZAS
Por MANUEL DOMÍNGUEZ CABALLERO

 
 

«D. ANTONIO RAMOS MARRERO»

 
 

             “Desde muy pequeño ayudaba a mi padre en su Fonda en la calle Mendizábal, en las Palmas, y muy pronto asumí el sentido de la responsabilidad”.

            Antonio Ramos Marrero nace en el Barrio de San José (Las Palmas) el 18 de agosto de 1.935 y lleva residiendo en nuestra ciudad, desde el año 1.965. A pesar de haber transcurrido su niñez en años difíciles, fue  feliz y privilegiado por varios motivos: hijo único hasta que cumplió los doce años, (luego nació, su único hermano) y regentar su padre una Fonda para huéspedes con su correspondiente bar, que si bien, no era un gran negocio, al menos daba  para comer.

            De niño, vivió con sus abuelos en una casa terrera, grande, de esas cuya llave no se podía llevar en el bolsillo,  con un hermoso patio donde, a la sombra, estaba la “talla” para el agua, rodeada de “culantrillos” en la destiladera. Beber de aquélla agua en verano, sabía a gloria, agua que Antonio traía con sus ganchos desde el pilar, después de hacer la cola correspondiente y de haber asistido a las  clases que una señora impartía en la zona, donde realizó sus estudios primarios hasta la edad de doce años. Poco disfrutaba de sus vacaciones veraniegas, pues las pasaba ayudando a su padre  en la cocina y fregando. Tenía unos siete años cuando, quiso hacer de camarero y el primer plato que intentó servir, nunca llegó a la mesa….

            Hasta los doce años, no conocía más allá del Parque San Telmo, lo que seguía, era otro mundo, estaba “fuera de la portá”, por eso, le supuso un gran aliciente, el día que, por primera vez, llegó hasta el Parque de Santa Catalina. En la Fonda de su padre, se hospedaban sobre todo, militares, guardias civiles y muchos de los actores de las principales Compañías de Teatro que venían al Pérez Galdós. La relación con tan variada clientela, le supuso experiencia y amistades. Al cumplir los catorce años, ingresa en la Escuela de Comercio para estudiar Perito Mercantil, estudios que tiene que dejar durante unos meses, debido a la enfermedad de su padre la cual le obligó, junto a su madre, defender el negocio. Se consideraba preparado para ello, había estado mucho tiempo al lado de su padre a quien acompañó en muchísimas ocasiones, a las compras en el Mercado.  Felizmente repuesto su padre, Antonio vuelve a la Escuela de Comercio terminando sus estudios al cumplir los diecinueve años. Antes, a los dieciséis, sin decir nada a sus padres, se presentó a unas Oposiciones para una entidad Bancaria superando todas las pruebas pero, no consiguió plaza.

            Luego trabajó para una Gestoría como empleado en prácticas, aunque no por mucho tiempo, por lo que sigue trabajando con su padre hasta que le llega el momento del servicio militar y, una vez licenciado, trabaja para la fábrica de cristales “La Veneciana” como auxiliar administrativo,  pasados unos tres meses, le nombran  Jefe de  Contabilidad, cargo que desempeña durante unos cinco años. En Junio de 1.964, un amigo le propone asistir a una reunión de trabajo en Destilerías Arehucas, al final de la cual,  surge la posibilidad de entrar en la empresa como Contable. Estudia la propuesta y, a pesar de estar muy bien considerado en La Veneciana deja su puesto y se incorpora a Destilerías Arehucas como Jefe de Contabilidad, durante dieciocho años.

            Luego trabaja en Dragón Canarias, representantes de las marcas Lancia y Mazda de automóviles, desempeñando el cargo de Jefe de Sección Administrativa, hasta su jubilación. Durante su vida laboral, aparte de ejercer como Contable, realizó trabajos relacionados con Escrituras (Compras – Ventas), Expedición de Pasaportes y Matrículas de vehículos. En todos ellos, la seriedad, el orden, la responsabilidad, el buen trato, eran sus normas de conducta, nunca, en sus atenciones para con el público, tuvo preferencias, a todos trató por igual, desde el poderoso, hasta el más humilde, por eso no ha olvidado cuando, siendo aún niño, una de sus tías (costurera) quiso llevarlo para acompañarla hasta el domicilio de una familia muy distinguida y  realizar unas pruebas y medidas de vestidos,  relacionadas con su trabajo. Durante la estancia, fue invitado a merendar por una de las empleadas de hogar y Antonio intentó entrar en el comedor indicándosele, por parte de la Señorita, que allí no, que tendría que merendar en la cocina. Antonio rechazó de plano la invitación, saliendo del domicilio.

            Acostumbrado desde niño a tener responsabilidades, no ha querido, a pesar de su jubilación, permanecer inactivo, y por ello, ha seguido preparándose y ha realizado por correspondencia, a través del Centro de Estudios Técnicos y Empresariales, los cursos que le han permitido, con muy buenas calificaciones, obtener los títulos de Asesor  Fiscal y Laboral y es de los que prefieren, lápiz y papel, a la hora de trabajar con los números, a pesar de las Calculadoras. Al margen de su trabajo, Antonio es una persona dispuesta a colaborar y prestar su apoyo, en la medida de sus posibilidades, a cuántas personas se lo hayan solicitado. Ha ocupado el cargo de Secretario en los equipos de Lucha Canaria: El Vencedor y  los Guanches. Secretario del Club Baloncesto Arehucas y de la Coral Polifónica Ciudad de Arucas (luego fue nombrado Presidente). En el aspecto deportivo, es fiel seguidor (desde muy jovencito) del Atlético Madrid y como no, del Sporting San José. Y, entre sus aficiones, le gusta mucho el teatro, no en vano trató a muchos actores y actrices de renombre cuando ayudaba a su padre en el negocio de la calle Mendizábal y, aunque ya hace años que no los realiza, los Belenes eran otras de sus aficiones, así como colaborar en la confección de alfombras.

             Así transcurrió mi conversación con Antonio Ramos quien no dudó, un instante, en colaborar con arucasdigital, a  través de su espacio: Semblanzas. Gracias Antonio por ello y un fuerte abrazo.
 

 

 

«D. BRUNO PÉREZ AFONSO»©
(Apoderado-Administrador Agencia de Aduanas Manuel Medina Anaya )

 

 
 

           “La puntualidad es algo que llevo como bandera. Soy de los que prefieren  llegar un cuarto de hora antes que cinco minutos después”.

      Bruno Pérez Afonso nace en el Terrero (Arucas), el 22 de enero de 1.941. De pequeño iba hasta la casa de Carmelita en la calle de los Marqueses, para recibir las primeras clases. Allí coincidió con muchos de sus amigos, así como algunos de sus primos y primas. Hasta ese domicilio acudían un buen grupo de niños y niñas del Terrero y de otras calles adyacentes. Carmelita se desvivía por su alumnado y estos le correspondían con cariño y buen comportamiento. La tarde de los jueves, era el momento más deseado por sus discípulos, pues organizaba salidas a Visvique, Riquiánez y  a la Montaña de Arucas, donde llevaban su “talega” con la merienda.

      Siempre se ha dicho que el Terrero ha sido cuna de excelentes futbolistas aruquenses y para Bruno, fue también la calle en la que comenzó a dar patadas a una pelota de trapo. Con los amigos de la calle Los López, Terrero y Marqueses había número suficiente para organizar grandes partidos, utilizando cuatro piedras para señalar  las porterías, con eso bastaba,  pues lo importante era que la pelota entrara entre las mismas. Los partidos duraban lo que ellos querían, a veces decían: “Jugamos hasta los doce goles” el primer equipo que marcara esa cantidad, era el vencedor y se daba por terminado el partido, otras veces se jugaba sin límite de tiempo y el cansancio era la justificación para dar por terminado el encuentro. Encuentros que tan sólo eran interrumpidos por el paso de los tres únicos vehículos de la zona y cuyos dueños eran: Juanito Batista, Manolito Vega y  José Afonso (tío de Bruno). En ocasiones, eran sus conductores los que tenían que parar su vehículo, porque los  jugadores  ni se daban cuenta de su presencia, hasta que un día, apareció un guardia y les quitó la pelota.

     Otros ratos entrañables de su infancia  y primeros años de adolescencia en el Terrero, los pasó junto a sus amigos en la casa de “Chanito el de las tortas”, personaje entrañable, fundador de varios equipos de fútbol, siendo, este deporte,  principal tema de conversación y que terminaba  con la interpretación de conocidas canciones por parte de Chanito y su acordeón. También fueron entrañables momentos, las noches que, reunidos en la Calle Los López amigos y amigas, disfrutaban escuchando las canciones de los hermanos Rodríguez García (Diego, José Antonio y Pepa), hasta que algún vecino les recriminaba desde su ventana, que ya era hora de ir terminando, pues había que trabajar al día siguiente.

      Su colaboración con la parroquia en la confección de alfombras junto a Rafael Álvarez, entre otros, y su amistad con D. Lorenzo Aguiar, así como con los jóvenes de A. Católica, los considera momentos muy positivos. También los  pasó  tristes, como  el día del fallecimiento de su entrañable amigo Tonono.

      Bruno estudió el Bachillerato Elemental en el Colegio La Salle donde los Hermanos, Bernardo y Julián aparte de profesores, fueron sus  amigos.

      Luego estudió en la Escuela de Comercio en Las Palmas, aunque por poco tiempo. Comprendió que para su padre era demasiado sacrificio dar estudio a sus tres hijos y lo dejó, aunque luego hizo varios cursos de mecanografía.
 

      Bruno practicó el fútbol en: La Salle, Infantil Isleña,  filiales del Arucas (Infantil y Juvenil), el Arucas (3 temporadas) el Goleta (8 temporadas) donde fueron Campeones de Tercera, una en el Teror y, aunque recibió ofertas del Ferreras y Escaleritas, dejó el fútbol debido a la enfermedad de su padre. Años más tarde lo hizo en el fútbol veterano y se siente orgulloso de haber jugado, siendo aún muy joven, con muchos veteranos de la UD Las Palmas cuando, sábado por sábado, lo hacían en el campo Cardona, entre ellos,  Cabrera, Marcial, Yayo y el mismísimo Molowny  (que nos ha dejado recientemente), con su famoso equipo de veteranos, el Honved.     

      La juventud de Bruno transcurrió como la de la mayoría de su generación, donde,  domingos y festivos, el cine, el paseo y el baile, eran las distracciones del momento. Recuerda que fue su hermana (ya fallecida), quién le enseñó a bailar junto a un  grupo de amigos, siendo una silla su primera pareja, y por su amistad con Diego (vocalista de la famosa Orquesta Megías), recorrió las principales Salas de baile de la Isla.

     El principal problema que tuvo en aquéllos años fue encontrar trabajo, hasta que su hermano Juan le propuso que hablaría con su Jefe, para ver si podía entrar en su empresa mientras  cumplía con su servicio militar. Así fue, Bruno ocupó el puesto de su hermano, con la gran suerte de permanecer en la misma, no sólo el tiempo que estuvo ausente su hermano, sino que permaneció hasta el pasado 22 de enero de 2010, día de su jubilación,  cuarenta y cinco años después, donde terminó como Apoderado- Administrador de la Agencia..

      El senderismo es una de las aficiones preferidas de Bruno, quizás influenciado por las caminatas que de pequeño hizo con sus compañeros y compañeras de la clase de Carmelita. También su paso por el Frente de Juventudes, le permitió patear nuestra isla y varias del resto del Archipiélago. La pesca y la lectura son otras de sus grandes aficiones, su última lectura ha sido “Memorias de un beduino en el Congreso de los Diputados de José Antonio Labordeta y le encantó la lectura, entre otras, de los Episodio Nacionales de D. Benito Pérez Galdós. Y sin darnos cuenta, pasamos más de dos horas en animada charla, donde Bruno dio un hermoso repaso a su vida. Una charla  que comenzamos sobre las cinco de la tarde del pasado viernes, hora que habíamos acordado y que, a las cinco menos cuarto, ya  Bruno me esperaba, comprobando que lo dicho por él, al comienzo de esta, su Semblanza, es cierto, prefiere llegar un cuarto hora antes a su cita, que cinco minutos después….

     Gracias Bruno por tu colaboración, que disfrutes de tu Jubilación, sobre todo, porque podrás dedicar mucho más tiempo a la familia y a tus aficiones.

    Gracias y un fuerte abrazo.

   

 

 

«D. JOSÉ MEDINA SANTANA»©

 
 

    “Desde muy pequeño, ya me gustaban los hierros y cuando me concentro en ellos, me olvido de todo  y soy muy feliz, al ver finalizada mi obra”.

            Pepe Medina nace en Arucas el 1 de noviembre de 1.952 y sus padres fijan su residencia en Los Palmitos. Asiste a la escuela en el Trapiche durante cuatro años y luego pasa al Colegio La Salle, donde permanece hasta los catorce. De pequeño practica el fútbol (en el Arucas A) y sobre todo, la Lucha Canaria  pues, su barrio es cuna de buenos luchadores y durante cinco años, perteneció al equipo los “GUANCHES” teniendo como entrenador a D. Manuel Marrero y, entre sus compañeros, a Manolín Báez,  con el que se proclamaron Campeones de Canarias en 1.972.

            Con apenas quince años, comenzó (como aprendiz), a trabajar en el taller “Fleitas” en Las Palmas, donde se inicia en el mundo del torno, la soldadura y la fundición. Luego trabajó para Luminosos Castellón, aunque por poco tiempo, pasando a continuación a trabajar con D. Casto Gómez Carló en su taller de Carpintería Metálica, Montajes y Estructuras. Por las tardes, una vez finalizada su jornada laboral,  asiste a un Curso en el Centro de Formación Profesional, donde obtiene el Título de Soldador. Con D. Casto trabajó durante siete años, adquiriendo gran experiencia y realizando trabajos importantes. Cuando deja el taller de D. Casto, decide trasladarse al Aaiún y allí trabaja para Cubiertas y Tejados.

    Se incorpora al servicio militar donde desarrolla trabajos relacionados con su profesión y pide ser admitido en el Cuerpo de Paracaidistas trasladándose hasta Alcantarilla (Murcia), para realizar los cursos correspondientes. Hizo un total de 18 saltos (algunos de ellos nocturnos), realizados en Murcia, Madrid y África. Precisamente, en África, fue arrastrado por una racha de viento sufriendo, en la caída, una fuerte brecha en la cabeza de la que se recuperó en el Hospital Militar de Las Palmas. Una vez licenciado, le llama D. Casto para que vuelva a su taller y así lo hace por un tiempo para luego trabajar con D. Juan Jiménez del Río en su taller en el Goro (Telde).A partir de 1.975, trabaja como autónomo y monta su Carpintería Metálica en Arucas, donde realiza importantes trabajos, al mismo tiempo, se da de alta como Constructor y trabaja en Lanzarote y en Corralejo (Fuerteventura). En Lanzarote lo hace para la empresa Hormigonsa donde tiene a su cargo unos sesenta y dos trabajadores (la mayoría aruquenses, aunque también habían gallegos) y construyen el Hotel “La Geria”. En Gran Canaria, y para una Empresa, realiza el Ático del Tamarindo, el Escala GC y el hotel Marieta en la Playa del Inglés, donde trabajaban día y noche en dos turnos. Pepe hizo trabajos en nuestra ciudad  durante el tiempo en el que estuvo al frente de su Carpintería Metálica. De su taller salió el material empleado en puertas y graderíos de nuestro campo de fútbol, así como puertas y estructura del Tanatorio Municipal, por citar algunos. Es sin duda, el trabajo de un gran profesional que también se atrevió con el mundo de la Construcción
 

    Sus grandes conocimientos en soldadura, fundición y torno, le permiten llevar a cabo su hobby preferido, la restauración de coches clásicos y antiguos. Todo empezó en el año 1.979, cuando vio el coche de época que había comprado un amigo, interesándose  por sus diferentes detalles así como por el procedimiento de adquisición y restauración.

      Comienza entonces la aventura de hacerse con uno de estos coches y adquiere un Opel P4, cuyo dueño residía en nuestra ciudad. A este coche no tuvo que hacerle grandes arreglos, pues estaba reciente su reparación de motor, por lo que se limitó a trabajos de chapa y pintura. Este vehículo sería el primero en su, ya larga lista, en marcas y modelos que ha restaurado: Ford A, Ford T, Crysler, Stuk, Packard, Chevrolet, BMW, Mercedes, Triumph, Pierce Arrow y también, aunque en menor número, motos: Norton, Triumph, BSA, el modelo India del año 1.916 y Harley Davidson de los años setenta.

            Muchos de los coches adquiridos por Pepe, se encontraban en muy mal estado de conservación, por lo que ha tenido que dedicarle muchas horas de trabajo hasta su total restauración. Lo primero que hace es desmontar todo el vehículo para luego mandar a “chorrear” el chasis y así partir de cero y lo hermoso de su trabajo está en que, él mismo, salvo rectificados de motor, realiza las diferentes piezas que están en mal estado así como los arreglos de chapa. Le pregunté si a la hora de desprenderse de algunos de sus modelos restaurados, sentía pena por ello, contestándome que, sobre todo, con aquéllos en los que prácticamente todo el montaje con todos los arreglos han sido obra suya. Esta afición por la restauración de coches, le ha llevado a viajar a muchos países, sobre todo a Francia, Alemania y Estados Unidos y ser asiduo a las Ferias del automóvil en busca de piezas originales .Mantiene contactos con amigos tanto en la Península, como en otros países europeos, apareciendo muchos de sus coches, ya restaurados, en revistas dedicadas al mundo del automóvil.
 

      En la actualidad, trabaja en dos de sus últimas adquisiciones, dos verdaderas joyas. Una camioneta Chevrolet del año 1.929 y un Renault que data del año 1.905 que perteneció al Marqués de Arucas. Ha sido muy curiosa la adquisición del Renault, pues ha tenido que esperar, nada más y nada menos que veinticinco años para hacerse con él, aunque lo vió por primera vez en 1.982. No se ponían de acuerdo los herederos del Marquesado en su venta, hasta que al final decidieron que Pepe se quedase con él. Al principio se desanimó ya que estaba muy deteriorado y propuso su venta a un amigo madrileño (Francisco Puche), quien se trasladó hasta nuestra ciudad para verlo, regresando de nuevo a Madrid. Pasaron los días y como no se decidía,  Pepe le dijo: Si no lo compras, me lo quedo y así fue. Ha viajado ya varias veces a Francia, en busca de piezas originales para el Renault, entre ellas, los 7 faros que lleva, cinco de petróleo y los dos delanteros (grandes) de carburo. Se siente orgulloso de haber realizado el radiador para este modelo de automóvil que lleva unos 962 tubos verticales y con un peso de 120 Kilos. Este es uno de los detalles de su restauración que, por cierto, lleva bastante avanzada. Gracias a un amigo de Sabadell consiguió una copia de la Casa Renault en la que se detallan los tres modelos fabricados antes de 1.911, el llamado extra-largo adquirido por D. Ramón Madan Uriondo (Marqués de Arucas), descapotables en su parte trasera, luego el denominado largo que no era descapotable en su parte trasera y un tercer modelo, tipo deportivo. Algunos de los modelos (largo y deportivo) fueron adquiridos por la Casa Real Española, reinado de Alfonso XIII.
 

      Para que tengan una idea, amables lectores/as, de cómo lleva su trabajo, saca fotos desde que está el vehículo en chasis, hasta el final de su restauración, calculando que tiene unas siete mil fotos hasta el momento, de todos sus trabajos, algunas de las cuales insertamos en su Semblanza sobre sus dos últimos trabajos. Con respecto al Renault que perteneció al Marqués de Arucas, piensa que no debe salir de Arucas y que, una vez restaurado, sean nuestras autoridades, empresarios o particulares, quienes decidan su colocación para su exposición permanente como recuerdo de uno de los primeros vehículos a motor que circularon en nuestra ciudad.

            Pepe muchas gracias por tu colaboración, por permitirme contemplar las maravillas de tu colección de automóviles, así como por todas tus explicaciones. Mucha suerte, que sigas entregado a tus hierros que, tal y como dices, te hacen olvidar de todo lo que te rodea, aunque a veces, ese olvido ha tenido consecuencias en tu Agenda.

Un fuerte abrazo.
 
 

 

«D. JUAN JOSÉ LORENZO VELÁZQUEZ»©
(Conocido por Tato)

 
 

           “De pequeño quería ser mecánico, pero los dueños de los talleres no querían tener a jóvenes sin seguro y entonces, mi vida laboral transcurrió en los talleres de carpintería, cuyos inicios fueron con mi tío Juan Lorenzo”.

      Juan José Lorenzo (Tato), nace en Arucas el 29 de abril de 1.930. Muy pequeñito asistió a las clases, de  Sor Julia, luego a la escuela del Barranquillo donde tuvo excelentes maestros como lo fueron, D. Benito Lantigua y D. Bruno Déniz, entre otros. Sus años de niño pasaron por la férrea disciplina de la época. Recuerda que, por casi nada eran reprendidos y si un “Municipal”, llevaba alguna queja a los padres, la mayoría de ellos castigaban a sus hijos, sin preguntarles nada. 

      En cierta ocasión se llevó unas “tortas” de su padre porque un guardia le comentó que había molestado (junto a otros amigos) a unas niñas de la escuela, y todo por haberles tirado unas migas de pan, en forma de pequeñas bolas. El padre de Tato (Pedro Lorenzo) tocaba el clarinete en la Banda de Música de Arucas que dirigía el inolvidable D. Antonio Herrera y un día, llevó a su hijo a las Palmas, pues tenían que tocar con motivo de la visita que hacían a la capital, un grupo de bellas señoritas de Tenerife. Tato llevaba el estuche en el que su padre guardaba el clarinete y tuvo, la mala suerte, de perderle el paño con el que limpiaba dicho instrumento y “amargo viaje usted”… ¿y eso Tato? -le pregunté- Mi padre – me respondió- era una bella persona, pero muy recto, como todos los de su época y no nos pasaban una.

      También se llevó alguna torta, pero por motivos completamente diferentes. Desde muy pequeño, odiaba los abusos y las injusticias y siempre acudía en ayuda de sus amigos recibiendo algún que otro golpe, aunque también repartió los suyos. Le gustaba hacer carretones y trabajos en madera, como el pequeño columpio en el que colocaba “ranas” para que se remaran, también construyó, en madera, un bonito alpendre con sus animales. Al cumplir los catorce años y al ver que no tenía nada que hacer en el mundo de la mecánica, sin proponérselo, acudió a la carpintería de su tío Juan Lorenzo donde también estaba su primo Pepe y allí empezó a realizar algún trabajillo hasta que pasó al taller de D. Luis Déniz ubicado frente a la Sociedad Atlántida. No estuvo mucho tiempo en este taller, pero se acuerda perfectamente el día en que se llevaron un buen susto cuando, el caldero donde calentaban el barniz colocado en una de las ventanas, comenzó a arder y se corría el riesgo que las llamas se propagasen. La rápida actuación de los vecinos, a los que habían pedido ayuda, fue determinante, pues, cubos, calderos y “hasta escupideras”, utilizaron para acarrear el agua con el que lograron sofocar el conato de incendio.

        Luego trabajó durante siete años, en la carpintería de Pepito Batista en la calle San Juan. Muy famosos fueron los muebles fabricados en dicho taller  por sus expertos y afamados carpinteros y, sin embargo, no ha olvidado las palabras que, en cierta ocasión, le dijo el sacerdote  D. Pedro Marcelino (vivía al lado del taller), cuando se disponía a dar tinta a algún mueble: “Ya vas a echar a perder el mueble Tato, con la pintura le quitas todo el valor a la madera”. D. Marcelino era una persona muy preparada, por algo me lo dijo, - añadió Tato - pero, el dar tinta a los muebles en aquélla época era cosa muy normal.

    Cuando dejó el taller de Pepito Batista, Tato compró las suficientes herramientas, como para poder emprender por su cuenta, trabajos de carpintería. Lo hizo durante varios años hasta que, por recomendación de un amigo, fue a  trabajar a una Carpintería Metálica en el pueblo de San Lorenzo donde tuvo, por cierto, un contrato de trabajo muy especial, pues le pagaban  según el tipo de mueble que hacía. Según me manifestó, el dueño del taller quedó sorprendido por el rendimiento de su trabajo y por lo que le tenía que pagarle, por lo visto, su antecesor no fue tan eficaz.
 

    Aparte de su trabajo como carpintero, la música ha sido algo importante en su vida. De pequeño, recibió como regalo de Reyes un clarinete de juguete y ese mismo día, desfiló calle abajo tocando su instrumento seguido por un buen número de niños, creyéndose, por momentos, el “Flautista de Hamelín”. Luego, a los catorce años, habló con D. Antonio Herrera solicitándole su ingreso en la Banda de Música donde estudió solfeo y su primer instrumento fue la “caja”, pero no le gustaba mucho, aparte el ruido que, durante los ensayos en su casa, no era del agrado de su madre, quien lo mandaba a la azotea a practicar. Luego, en uno de los ensayos de la Banda, uno de sus compañeros  indicó a D. Antonio que Tato tocaba también un poco el clarinete y, a partir de ese momento, fue su instrumento (al igual que su padre), en la Banda. Según me comentó, su padre no intervino nunca en su decisión de formar parte de la Banda de Música, como tampoco en la designación de su instrumento. Recuerda con cariño los años que formó parte de ella, así como los famosos Conciertos (jueves y domingos) en lo alto del quiosco que estuvo instalado  en la Plaza de San Juan. Durante los descansos se apoyaba en la barandilla para contemplar la enorme cantidad de gente que les seguía, sobre todo, las parejas que paseaban parque arriba, parque abajo. Se sentía, según me dijo, importante, “echaó” por pertenecer a una de las mejores Bandas de Música del Archipiélago y con la que recorrió muchos de nuestros pueblos, aunque fuesen pequeños, como cuando iban a Tejeda y se quedaban a dormir  teniendo como lecho un puñado de pinocha. La famosa Charanga con la que amenizaban las fiestas y jiras en nuestros barrios, le trae entrañables recuerdos, como en Casablanca donde, al final de las fiestas, se llevaba a hombros al Presidente seguidos por el público y la alegre música de la Charanga y donde disfrutaba como un niño de las instalaciones recreativas. Precisamente, a la fiesta de Casablanca le llama la fiesta del “duro”. Resulta que pidió unas sillas para los músicos y les trajeron, amablemente, unos cajones, y cuando los devolvieron les cobraron un duro a cada uno de ellos.  El cine y el baile, fueron también sus aficiones, aunque más el cine, pues nunca se consideró un buen bailarín.

        Varias fueron las anécdotas que durante nuestra conversación me relató Tato con su peculiar sentido del humor, como cuando su madre, Lolita Velázquez (famosa y querida costurera) le llevaba a Las Palmas para tomar medidas a sus clientas y antes de salir, le había advertido que no se atreviese a coger nada, aunque se lo ofreciesen  las personas a las que visitaba, teniendo que renunciar al ofrecimiento de  galletas y dulces. ¡OH!, fíjate tú, si estaba acostumbrado a no coger nada que fui a una boda y todos mis amigos se hincharon a comer y yo sólo cogí un suspiro…

      Tato, mientras pudo, hacía de todo en su casa, pintar, reparar algún mueble y todo aquello que en una casa se pueda  presentar y,  para el santo y cumpleaños de su mujer, o de sus hijo/as, les obsequia con algún fino trabajo hecho de madera.

      Después de nuestra amena conversación, llegó el momento de la foto y se puso, chaqueta, corbata y unas gotitas de colonia……así es Tato, todo corazón, para quien no existe enemigos, y si los tiene, no lo sabe, y de saberlo, no dudaría en hablar y hacer las paces. No es capaz de llevarse mal con nadie. Gracias Tato (Juan José) por tu colaboración. Según él, supo de su segundo nombre cuando le citaron en el Ayuntamiento junto a los de su QUINTA y, al llamar a un tal Juan José Lorenzo Velázquez, pensó. “Ese tiene los mismos apellidos que yo”, hasta que uno de los Municipales le dijo: ¡Ese eres tú Tato! y le respondió: “Pues ahora me entero que soy Juan José”…

                                                                      Tato, un fuerte abrazo.

 

 

 

 

«D. MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ»©
(Presidente del Banco de Alimentos de las Palmas)

 
 

             “El esfuerzo, si es operativo, termina siendo una sólida constancia  y esa constancia, no cuesta esfuerzo”.

      Manolo Pérez nace en el Cerrillo (Arucas), el 1 de julio de 1.945. Muy pequeñito aún, asiste junto a otros niños, a  unas clases que el maestro D. José Luis Cabrera (Pepe Luis) impartía en su casa y recuerda el afecto con el que les trataba, así como cuando eran obsequiados con una estupenda merienda.

      Pero muy pronto, su feliz infancia se vería truncada por el fallecimiento de su padre a los treinta y tres años de edad. Manolo contaba con siete y su hermano Domingo, pocos meses de edad. La madre quedó sumida en una profunda tristeza y, transcurridos siete años de la pérdida de su marido, fallece a la edad de 36.  Manolo, a sus catorce años, queda al frente del cuidado de su hermano y de sus abuelos maternos, ya mayores. El abuelo de Manolo, D. Domingo Hernández Déniz, era el practicante del Cerrillo y Goleta en aquéllos años, además de barbero, oficio que ejercía junto a un operario, en su barbería de la esquina de la Calle Cristo de la Salud.

      Manolo se había matriculado en el colegio La Salle como alumno de la Quinta y destacaba, junto a otros compañeros, sobre todo en, Matemáticas y Dibujo. La norma del Centro era que, aquéllos alumnos aventajados y con pocos recursos económicos, pasasen a estudiar el bachillerato gratuitamente. Manolo es uno de ellos y  se examina de Ingreso y Primero de bachiller, luego, en años sucesivos, realiza los tres cursos restantes, así como la  Reválida. En dicho Centro formó parte del Coro y asistió a las clases de canto de Doña Cándida Bosch de quién guarda como un gran tesoro, la colección de discos de Zarzuelas y Óperas que le regaló. Esto le permitió conocimientos sobre las zarzuelas más conocidas y se siente un privilegiado, por haber asistido al Teatro Pérez Galdós, con apenas quince años, a la representación de algunas de ellas.  

      Terminada su etapa en el Colegio La Salle, comienza a trabajar en la Ferretería de  D. Oscar Amador, en la calle León y Castillo de nuestra ciudad, donde está por espacio de unos cuatro años. Inicia luego una etapa difícil pues, no sabe si continuar trabajando, o volver de nuevo, al estudio. D. Antonio Rodríguez (Practicante, ya fallecido) apreciaba mucho a la familia de Manolo Pérez  y le ofrece trabajar como ayudante en el llamado “Policlínico de Arucas” y está, como tal, durante dos años.

Entonces conoce al que fuera Párroco de nuestra ciudad, D. Lorenzo Aguiar, quien le invita a formar parte del Grupo de Jóvenes de Acción Católica, una época que recuerda como muy importante en su vida, tanto en el aspecto espiritual, como en el humano. Hizo grandes amigos (algunos de los más íntimos, han fallecido) y se vió arropado y con ánimos para retomar sus estudios. Mientras, le llama de nuevo D. Oscar Amador para que se haga cargo de la Administración de la Academia que acababa de inaugurar en Las Palmas, acepta su propuesta y allí conoce al profesor D. Fernando Medina (de Cardones) quien le aconseja que estudie Magisterio. El apoyo de los hermanos Dávila (Lorenzo y Juan), familiares de Manolo, hacen el resto e inicia sus estudios de Magisterio como libre oyente.

      En plena temporada futbolística, la mañana de los domingos, acudía al Bar Dávila para hacerse cargo de la venta de entradas para los partidos de la UD Las Palmas, en el Estadio Insular (época de gloria del Club) colaborando un poco con la familia.

      Al terminar Magisterio da clases en el Colegio San Isidoro cuyo director era D. Juan García Castellano que le nombra como adjunto a la dirección. Aparte de cumplir con su horario escolar, da clases particulares junto a Fernando Medina, quien también había venido como profesor al Centro. Dichas clases le permitieron comprar, por unas quince mil pesetas un coche que compartían ambos, para acudir cada día al trabajo. El director del Centro, dado que a Manolo se le da muy bien las Matemáticas, le aconseja que estudie Ciencias Exactas, le convence y se matricula en la UNED, finalizando sus estudios siete años después.

      D. Rafael Medina Granado, dueño de Almacenes Jáber le requiere para dar clases particulares a su hijo y al poco tiempo le ofrece la oportunidad de trabajar en su empresa. Manolo acepta, y después de 16 años como profesor del San Isidoro pasa al Departamento de Decoración y Diseño de los Almacenes, donde permanece durante once años. Surge entonces, su contratación por la firma Sansó Rubbrt que le nombra Director Adjunto. Los años dedicados a la decoración y al diseño, le animan a matricularse en la Escuela de Bellas Artes, donde le convalidan algunas asignaturas y alcanza su Licenciatura cuatro años después.    

      D. Cosme Ortiz Vizcaíno le contrata para su comercio de “Arte España” en 1º de     para hacerse cargo también del Departamento de Decoración y realiza un Master de “Alta Dirección” en la Escuela de Comercio Exterior. Está durante tres años con D. Cosme y luego viaja a Madrid donde es nombrado Delegado para toda Canarias de “Aguas de Barcelona” abriendo cinco oficinas entre las diferentes islas. Ferrovial, por interés Logístico adquiere Aguas de Barcelona y nombran a Manolo Delegado Provincial de Ferrovial del Sector Servicios (jardinería, residuos sólidos, limpieza viaria, limpieza de aviones…..) con un total de unos 1.500 trabajadores en las islas. Manolo desempeña el cargo de Delegado, hasta cumplir los sesenta años, edad con la que se jubila. Dada su afición al dibujo y a la pintura, dedica parte de su tiempo como jubilado, a la pintura, con la intención de hacer una, o dos exposiciones al año fijando su pequeño taller en nuestra ciudad  estudiando todo lo relacionado con ese arte.  

      Un joven sacerdote, amigo de Manolo, le comenta que su padre, Coronel de Intendencia en la Base Naval de Las Palmas (ya jubilado) preside el recién creado Banco de Alimentos de Las Palmas y necesitan personas dispuestas a colaborar. Le invita a visitar las dependencias de los alimentos y allí conoce a su presidente, el cual anima a Manolo a comprometerse con la obra. De momento, no toma ninguna decisión, la idea de pintar y descansar no le permite comprometerse a nada. Sin embargo, le comenta a su esposa la visita que ha realizado, así como las dudas que se le presentan, y esta le dice: ¿y eres capaz de renunciar a una obra tan hermosa, por descansar y pintar? A partir de ese momento tomó la decisión de aparcar todo su material de pintura para comprometerse con el Banco de Alimentos. Dada su experiencia en el mundo empresarial, Manolo, junto a todo el personal voluntario, fue poco a poco exponiendo sus ideas sobre la mejor manera de almacenamiento y distribución de los alimentos. Se crea una Junta Directiva y le eligen Presidente.

      Gracias a la gentileza de D. Javier Granell, Gerente de Mercalaspalmas, consiguen un almacén de unos setenta metros cuadrados. Dos alumnos de la Universidad de Las Palmas, finalizando sus estudios de, Económicas uno, y de Telecomunicaciones otro, colaboran en la programación y en el Sistema Informático del Banco de Alimentos respectivamente. En la actualidad, el Banco cuenta con la colaboración del Gobierno de Canarias, del Ministerio de Agricultura y de las Grandes Superficies, así como de la Mediana y Pequeña Empresa. El Ministerio del Interior ha declarado al Banco de Alimentos de Las Palmas, de “Utilidad Pública y Social”. El Banco se adhiere a “Fesbal”, (Federación de Bancos de Alimentos) que suman unos 52 en toda España. Con el Banco colaboran 147 entidades para la distribución y seguimiento de los alimentos (unos 2 millones ochocientos sesenta mil Kilos, repartidos, a nivel provincial, el pasado año). Aparte del reparto de Alimentos, han hecho gestiones con Radio Ecca, para que las personas que reciban alimentos  puedan también acceder a estudiar,  a través de dicha emisora, de forma gratuita, si así lo quieren. Confían que, a partir del próximo quince de febrero, puedan ocupar una Nave  de unos 265 metros cuadrados ya que, cada vez, son  más los kilos de alimentos que almacenan. Manolo viaja con cierta frecuencia, tanto a Madrid como a Bruselas, para supervisar todos los trámites necesarios para tan humanitaria tarea y cuenta, entre otras personas, con D. Segismundo Uriarte como  Dr. Gerente de Comunicaciones. 

      Son muchas aún las expectativas y proyectos para el Banco de Alimentos, con la única finalidad de que se haga de la mejor manera la distribución de los mismos y, para ello, trabaja Manolo con una entrega absoluta, una entrega que corroboran sus palabras, cuando, finalizando nuestra conversación, le invitaba añadir alguna cosa más y dijo: “La entrega a los demás, es el mejor de los regalos y pienso morir, exprimido como un limón”.

      Gracias Manolo Pérez por tu colaboración y por nuestra parte, animarte a ti a todo tu equipo de voluntarios, organismos oficiales y empresarios a seguir con tan maravilloso proyecto. Un fuerte abrazo.

 

 

«D. FRANCISCO SARMIENTO CABRERA»©
(Presidente de la Asociación de Libreros)

 
 

            “Durante los años dedicados a mi vida profesional, he tenido que asistir a numerosas  entrevistas, reuniones, congresos etc. donde, la puntualidad, la educación y la seriedad para cumplir con las mismas, han sido mis objetivos fundamentales. Tanto, que me he convertido en un esclavo de la puntualidad para todo”. 

      Francisco Sarmiento, nace en Puesto Escondido (Cerrillo-Arucas), el 14 de abril de 1.940. Poco recuerda de sus primeros años escolares con apenas cinco y seis años, sabe que asistía a una escuela en Transmontaña porque lo llevaban y que  la maestra se llamaba Doña Josefina. Luego pasa al colegio La Salle donde permanece hasta la edad de once años, teniendo como profesores a D. Manuel Cabrera y al Hermano Teodosio.

      Muy pronto empieza a trabajar en las plataneras, aunque sólo lo hace durante el verano (con once años) y, al cumplir los doce, deja de estudiar y trabaja a jornada completa en la finca de D. Juan Bordes donde percibe unas veinte pesetas diarias. Era un trabajo muy duro, llevaban las cestas cargadas de estiércol hasta las plataneras en el fondo del barranco y de regreso, para el nuevo viaje, lo hacían cargando rolos. Estuvo en la finca hasta la edad de quince años, edad con la que le dijo al encargado de la misma, D. José Rosales Quevedo, que se iba, y al preguntarle D. José si tenía alguna queja, Francisco le contestó que se marchaba porque le tenía envidia de verle siempre bien vestido y que haría lo posible para no volver a trabajar en plataneras. D. José (extraordinaria persona), quedó un poco sorprendido pero le deseó mucha suerte en la vida.

      Francisco (Paco Sarmiento para los amigos), reconoce que si quiere ser algo, debe empezar por prepararse, para ello, el primer paso que da es el de asistir durante tres años, a las clases de Contabilidad que, el inolvidable D. Juan Zamora imparte en su Academia de la calle Salvador Rueda, en nuestra ciudad. Antes, en el Trapiche, con el maestro D. Manuel Perdomo Ramírez asistió a unos cursos pero por poco tiempo. Seguía en las clases nocturnas de D. Juan Zamora cuando su tío, D. Francisco Sarmiento, le ofrece trabajo en su  pintoresco quiosco de madera instalado en la Plaza de San Sebastián, frente a nuestro Ayuntamiento. Transcurría el año 1.955 del pasado siglo y Paco estuvo vendiendo artículos de perfumería (donde se podía conseguir colonia a granel), relojes, tabaco, bisutería y sellar las quinielas (lugar  pionero en nuestra ciudad). En 1.962, deja el trabajo en el quiosco, pues debe cumplir con su servicio militar y le destinan a Fuerteventura donde está durante dieciocho meses, aunque, tres de ellos, estuvo en Las Palmas asistiendo a un curso de conductores, ejerciendo también como administrativo.

   Una vez licenciado, pasa a la tienda de tejidos que su tío, D. Francisco Sarmiento tiene en la Acequia Alta durante cuatro años Decide buscar  nuevo trabajo y lo hace dirigiéndose a los Almacenes Cuadrados en la capital, con tan buena suerte que, tras una breve entrevista con el Gerente y con el jefe de Personal, le ofrecen trabajo rápidamente. Cierto día, un cliente acompañado de su señora, se dirige a Paco interesándose en la compra de un traje y le muestra varios de ellos. Entre ellos surge una cordial conversación, sobre cual de los trajes mostrados por Paco, le vendría mejor al caballero, decidiéndose al final por un precioso traje de los llamados de “Alpaca”, bien es verdad que transcurrió casi, una hora, para la decisión. Al pagarle, el cliente le dio las gracias por la manera  que le había atendido y le propone esperarle a la salida del trabajo para tomar un café, pues tiene interés en hablar con él. Así lo hace Paco y, mientras se toman un cafecito, el hombre se identifica como dueño de una fábrica de pantalones en Málaga indicándole que le  interesa tener en la isla, una persona que le represente y que Paco daba el perfil de lo que buscaba. Le invita a visitar su fábrica y Paco, con permiso de su empresa, se traslada a Málaga y después de recorrer las instalaciones de la fábrica “Confecciones Marcelino”,  tiene varias conversaciones con su dueño y le propone  abrir una tienda, exclusivamente de pantalones, en Las Palmas. Surgen dudas al principio de su propuesta, pero finalmente se toma la decisión y se inaugura en Las Palmas, en la Calle León y Castillo, la tienda que en sus primeros momentos se le puso el nombre de “Galerías Marcelino”  para luego cambiarse por el de “El Edén de los Pantalones” donde Paco ejerció como Apoderado para las siete islas y África Occidental Española. Un recuerdo entrañable de esa época  fue cuando visitó la tienda,  D. José Rosales Quevedo,  encargado de la finca de D. Juan Bordes, donde trabajó Paco siendo aún un niño, y que, al saludarle y enterarse que era el apoderado, le felicitó por ello y le dio un fuerte abrazo. En 1.972, y después de cinco años, las cosas no marchan bien y deciden cerrar el negocio.

     Paco toma la decisión de preparase como Agente Comercial y tras superar las pruebas trabaja como tal para un Mayorista durante nueve años. Luego lo hace para la empresa “Gamar” (muebles, lámparas, plafones etc.) como Jefe de Ventas para el Norte, Centro y Sur de Gran Canaria y para las islas de Lanzarote, Fuerteventura y La Palma y años después trabaja para una empresa de Telde de electrodomésticos  italianos, y  en la fábrica de muebles Escort.
 

  Le llama entonces su antiguo jefe de Gamar que le pone al corriente de la venta de la empresa y Paco, con un nuevo socio y el propio jefe de la empresa, se hacen con la misma, pero no funcionó bien el proyecto y,  a los dieciocho meses cerraron el acuerdo. Con la experiencia adquirida en la venta de muebles, Paco se dedica por su cuenta al diseño de muebles, cosa que no se le da mal (armarios, cómodas, zapateras, consolas y muebles de salón) y lo hace durante varios años para Industrias L.B. En 1.989, su mujer abre en Arucas, la librería “El Borrón” y Paco lleva la parte Administrativa comprobando, con los años, el malestar que hay entre los libreros por las normas en la venta de libros para los colegios públicos y privados. En 1.997, hay una Asociación de Libreros que no funciona del todo bien y entonces propone una reunión en la Sociedad Atlántida (Arucas) para tratar el tema, acordándose formar una nueva Gestora que aprueba sus estatutos y elige a D. Francisco Sarmiento como Presidente de la “Asociación de Comerciantes Libreros” (ACOLI).

      El cargo de presidente es para dos años, pero Paco lleva como tal, doce años, ya que, por unanimidad ha sido reelegido en seis ocasiones. Con un trabajo tenaz, han luchado durante varios años, para solucionar el problema de la venta de libros de texto e instalar en Canarias la Tarjeta-libro. Durante el curso 2008/09, logran que el Gobierno Canario de el visto bueno a la tarjeta que facilita a los padres, utilizarla en  librerías autorizadas. Ha sido un gran logro, una solución que ha contentado a todos: Gobierno, libreros y padres. Paco ha sido muy felicitado por ello y tiene expuestas en su Librería las fotos de la firma de tan importante acuerdo, así como con las autoridades asistentes al acto. Otro de los logros de la Asociación ha sido la informatización de ochenta librerías y con coste CERO, para sus dueños. En Marzo de 2009, Paco asistió como Presidente de la Asociación de Libreros al Congreso Nacional celebrado en Ceuta, donde explicó el funcionamiento de la Tarjeta-Libro en Canarias ya que ha sido la primera Comunidad Autónoma en aprobarla. También se siente satisfecho por haber logrado el acuerdo para que, el próximo Congreso Nacional de Libreros, se celebre en nuestra Isla del 16 al 19 de marzo de 2011 en el Auditorio Alfredo Kraus en Las Palmas de Gran Canarias y Presidir, durante nueve años, la Feria del Libro. En varias ocasiones ha pedido a sus compañeros dejar el cargo de presidente, pero le siguen apoyando y desean que les represente en la celebración del Nuevo Congreso Nacional.

      Al margen de su vida laboral, Paco ha estado vinculado al deporte en el apartado de la Organización. Siendo miembro del APA, en el Colegio La Salle, era el encargado de la sección de deportes y logra que se lleve a cabo una exhibición de Taekwondo en Arucas (primera  en nuestra ciudad) y que luego se repite en el Colegio de La Goleta a petición de su Director, en aquéllos momentos D: Pedro Marrero, y en las fiestas del barrio de San Fernando (Lomo de Arucas) por deseo de su Comisión de Fiestas. Poco tiempo después, se inaugura en nuestra ciudad, el primer gimnasio dedicado a dicho deporte.

      Organizó también el Club Baloncesto Arucas, cuyos primeros pasos se dieron en el Instituto Domingo Rivero, donde estudiaban dos de sus hijos. Durante siete años, junto a la directiva creada, al efecto, estuvo al frente del Club Baloncesto Arucas al que se le iba añadiendo el nombre de la empresa que lo patrocinaba, llegando a ser Campeones de Grupo. Cuando ya la directiva tiene problemas para conseguir dinero suficiente para vestuarios, desplazamientos etc. lo dejan y surge el Club Baloncesto  Goleta, una entidad que, junto a todas sus categorías, funciona estupendamente.

   Es uno de los socios más antiguos de la Sociedad Atlántida, ejerciendo, en la actualidad, como Tesorero de la Entidad. Finalizando ya nuestra conversación, me pide el favor de aprovechar la oportunidad que le ofrece arucasdigital, para felicitar a su esposa Georgina Medina González, por haber cumplido cuarenta años de casados, el pasado 26 de enero. Nosotros y todos los amigos/as del espacio Semblanzas, nos unimos a esa felicitación, al mismo tiempo que le agradezco su colaboración. Gracias Paco, que sigas disfrutando de tus partiditas con los amigos. Un fuerte abrazo.
 

 

 

«FERNANDO DÉNIZ RODRÍGUEZ»©

 
 

           “La educación, el respeto y la buena relación con las personas, son  objetivos prioritarios en mi vida.”

         Fernando Déniz, nace en Arucas el cinco de octubre de 1.944 y la calle el Barranquillo es testimonio de sus correrías y juegos, así como la de sus primeros años escolares, luego, a los nueve años pasa al Grupo Escolar donde está varios cursos para, a continuación, matricularse, en el colegio La Salle. En este Centro realiza un curso en la Sexta, y, en años sucesivos, estudia Ingreso y los dos primeros cursos de bachillerato, tomando la decisión de no seguir estudiando, al menos, de momento.

        Fernando disfrutó su niñez junto a sus amigos, formando parte de algunas de las “perrerías” que le hicieron salir a toda mecha, huyendo del “guardia palo” (así se les conocía a los Guardas Jurados) por haber cogido unos buenos troncos de caña dulce en las Vegas. Participó de buenos momentos practicando los juegos propios de la edad, prefiriendo, como casi todos, el fútbol. Sus primeros pasos los da en el Infantil San Juan, entrenado por Paco Hernández (magnífico portero del Isleña y del Arucas) quizás, influenciado por las buenas actuaciones de su entrenador, tomó la decisión de ocupar la difícil demarcación de guardameta. El Infantil San Juan, el Tigre, el Terrero y el CD. Marqueses formaban un bonito grupo de equipos infantiles, suficientes para organizar entre ellos formidables partidos, en los que, la rivalidad, el buen juego y las buenas maneras, estaban presentes en cada jornada, luego jugó en el Infantil y Juvenil Arucas, pasando  al Arucas CF, aunque no llegó a jugar partidos oficiales, durante esta, su primera etapa, en el Club.

        Con apenas quince años, empezó a trabajar en una Gestoría en Las Palmas, aunque sus inicios son como empleado en prácticas y, al cumplir los dieciocho años, su vida da un giro de ciento ochenta grados. Fernando toma la decisión de ingresar en el Seminario, siente esa llamada y hasta allí dirige sus pasos. Encuentra un magnífico ambiente y compañeros excelentes (un buen grupo de ellos son también aruquenses) que le facilitan sus primeros momentos como nuevo seminarista. Fernando se prepara y estudia con mucha dedicación las diferentes asignaturas, combinando el esfuerzo del estudio, con  la práctica del fútbol, así como la de otros deportes. Durante su estancia en el seminario, asiste a la ordenación sacerdotal de varios compañeros que habían terminado sus estudios y que sin embargo, Fernando, a los cuatro años de su permanencia en el Centro Religioso decide, no continuar. Me manifiesta que fueron cuatro años inolvidables, que no se arrepiente en absoluto de la decisión que tomó y que le sirvieron de gran experiencia.

        Una vez sale del Seminario, es llamado a filas para cumplir con su servicio militar y libre ya de ese compromiso, trabaja durante veinte años en la Fábrica de Ron Arehucas como administrativo. Durante esos años es testigo de la visita que hacen a la Fábrica, personalidades del mundo empresarial, deportivo, cultural y musical para la firma, en barricas, que la empresa tiene preparadas para tal fin, así como las fotos que, de cada una de ellas, se conservan como testimonio  de su paso por la Destilería San Pedro, como la visita que hizo un joven Julio Iglesias a la Fábrica, a comienzos de los años setenta del pasado siglo. Aquélla mañana, algunos presumieron de haber estado charlando amistosamente, con el artista……. Mientras, Fernando  vuelve a la disciplina del Arucas CF durante dos temporadas, jugando muchos de los partidos y visitando varias islas del Archipiélago. Una vez finalizado su contrato como jugador, continúa en la entidad, como directivo, durante unos seis años.

      Después de su paso por Destilerías Arehucas, se independiza y comienza a formar parte del mundo empresarial con la exposición y venta de coches, apertura de taller y bazar de repuestos a los que dedica varios años. Terminada esta etapa, lleva en nuestra ciudad, la Agencia de la Mutua Tinerfeña de Seguros.

            La educación, el respeto y las buenas relaciones con los demás, le han demostrado que es la mejor manera de andar por esta vida,  sobre todo, cuando se tiene un trato directo con el público desde sus comienzos en la vida laboral (con apenas quince años, en las Palmas) y que, aún hoy, continúa. Precisamente, mi buena relación con Fernando, desde hace muchísimos años, me ha permitido solicitar su colaboración para con nuestro espacio y que, amablemente, aceptó. Gracias de todo corazón Fernando y un fuerte abrazo.
 

 

 

«D. JUAN LÓPEZ HENRÍQUEZ»©

 
 

          “Mis comienzos como trabajador en el “muelle” fueron muy duros. Apenas teníamos unas horas de descanso de un turno a otro, afortunadamente, con los años, las cosas cambiaron a mejor”.

      Juan López nace en Arucas el día 28 de noviembre de 1.929. Su padre procedía de Valsequillo y su madre de Vegueta. Se casaron en la iglesia de Santo Domingo (Las Palmas) y fijaron su residencia en nuestra ciudad, pocos años antes de dar comienzo la construcción de nuestro hermoso templo parroquial.  

      Juan López, a los seis años, asiste a la escuela del Barranquillo y no ha olvidado el fuerte tirón de orejas que su maestro le dio, a él, y a su compañero de pupitre, por haber escrito éste, una frase peyorativa alusiva al profesor. Al salir cada día de la escuela, se hacía cargo de unas cabritas que su padre tenía en unos terrenos en Barreto, lugar donde se habían trasladado a vivir. Permanece en la escuela hasta cumplir los doce años y, a partir de esa edad, acompañaba cada día a su padre hasta Tenoya, donde tenía su herrería, lo hacían caminando, tanto a la ida, como a la vuelta a través de varios “atajos”. Una vez en casa, atendía las cabras y dos reses y ayudaba a su padre en tareas agrícolas. Recuerda cuando araban los terrenos con una yunta que, gentilmente, les cedía D. Manuel del Toro, propietario de una de las fincas colindantes a su domicilio.

      Al cumplir los catorce años, comienza a trabajar en las plataneras y por las tardes atiende los animales pues, su padre había conseguido trabajo en el muelle como estibador. Recuerda la época en la que los trabajadores del muelle, acudían hasta el popular Bar de Pancho en nuestra ciudad para comprobar en la lista, si sus nombres figuraban en alguno de los turnos de trabajo. Esta costumbre, hizo que en dicho bar se concentrase mucha gente creándose  un ambiente que beneficiaba a su dueño. Otro de los bares muy conocidos en nuestra ciudad, era el de Conchita, tía de Juan López situado frente a la Plaza de San Juan y del que salían unos “olores”, que invitaban a pasar por él. Conchita era muy conocida y querida, Juan recuerda que, de niño, le gustaba visitarla porque siempre le obsequiaba con unos plátanos exquisitos.

      Al cumplir con su servicio militar, Juan López consigue trabajo en Las Palmas en los Almacenes Roselló, en la calle Fernando Guanarteme, aunque por poco tiempo, pues, al jubilarse su padre, tuvo la oportunidad de entrar en el muelle, ya que daban  preferencia a los hijos de los “trabajadores portuarios”. Sus comienzos fueron muy duros, con apenas tiempo para descansar y despachar un nuevo barco. Las cargas de cemento, carbón y paja eran las peores. Con los años, las cosas cambiaron a mejor y estuvo por espacio de treinta años, los últimos quince, los trabajó a bordo de los diferentes buques que se despachaban. Trabajar desde el barco era mejor que hacerlo en tierra, ya que se encontraban protegidos de la lluvia, o bien del calor.

      De sus años jóvenes recuerda que no le permitían entrar a los bailes en La Sociedad Atlántida hasta que cumpliese los dieciocho años, pero, tanto él como algunos de sus amigos, no esperaron a ello y, por la panadería de Martinito en la calle San Juan, subían hasta la azotea de la Sociedad colándose hasta la pista del baile. Juanito, el de la cantina,  como se le conocía cariñosamente, les hizo Socios antes de cumplir los dieciocho años ya que sus cuerpos los aparentaba, solucionando  así, el problema. El cine fue también una de sus distracciones favoritas, recordando con nostalgia, las películas mudas que, siendo niño, ofrecía la Sala del Cine Viejo.

      De siempre le ha gustado tocar la guitarra y, como él dice, “no seré un buen tocador, pero acompaño”. Formó parte de la Rondalla que el Frente de Juventudes (en aquéllos años) organizó bajo la dirección del recordado Juan Navarro y que le permitió viajar a la Península con actuaciones en Madrid, Toledo y luego en Barcelona.

     A partir de ese instante, viajar es una de sus pasiones y lo hace con frecuencia, su jubilación se lo permite. También le gusta visitar, utilizando el transporte público, los diferentes municipios de nuestra isla, pues, cada uno de ellos, me dice, tienen su gastronomía y encanto particular. En ocasiones, viaja junto a sus compañeros del Club de Mayores de nuestra ciudad, lugar donde transcurrió nuestra conversación  la cual agradecí de todo corazón por su colaboración para con nuestro espacio. Gracias Juan López.
 

 

 

«JOSÉ MANUEL HENRÍQUEZ GUERRA»©

 
 

       “Afortunadamente, mi trabajo me ha permitido conocer a muchísima gente estupenda y, a pesar que algunas de ellas ya no residen en nuestra ciudad, seguimos conservando una entrañable amistad”.

        José  Manuel nace en Bañaderos el 11 de mayo de 1.946. De pequeño asiste a la escuela en el Puente de Bañaderos siendo su primer maestro, Don Serafín. El boliche era uno de sus juegos preferidos y en muchas ocasiones, su práctica, le hizo pasar algún mal rato, pues se despistaba junto a sus amigos, llegando tarde a la clase recibiendo como castigo la pérdida del recreo. De la escuela del Puente pasó a la del Barranquillo donde permaneció hasta los doce años, edad con la que su padre le sugirió que ingresase en el Seminario a lo que José Manuel se negó rotundamente. Era el mayor de nueve hermanos y en su casa sólo entraba el sueldo de su padre (guardia Municipal en nuestra ciudad), por lo que la entrada en el Seminario se hacía (no en todos los casos, por supuesto) con una doble finalidad, poder estudiar y aliviar la economía en casa, y eso que, José Manuel se crió con sus abuelos maternos.

            Sin embargo, tres de sus hermanos, sí pasaron por las aulas del Seminario. A uno de ellos le faltaba, tan sólo un año para finalizar sus estudios y ser Ordenado sacerdote cuando, decidió dejarlo. Los otros dos, estuvieron menos tiempo. Años más tarde, José Manuel comprendió la sugerencia de su padre con respecto a él y a sus hermanos.

           Con apenas trece años, decidió ir a trabajar a las plataneras y en sus horas libres ayudaba a uno de sus tíos en la granja que poseía  y acarreaba agua desde la fuente, hasta la casa de sus abuelos. También, durante las fiestas de San Pedro en Bañaderos, ayudaba a otro de sus tíos en la tienda. Aún no había cumplido los dieciocho años, cuando decide ir voluntario al Servicio Militar y, una vez licenciado, quiere volver de nuevo a trabajar a las plataneras, pero su padre le dice que no se precipite, que asista a clases de Contabilidad y Mecanografía para ver si consigue algún trabajo que no sea tan duro como el de las plataneras. José Manuel asiste a clases de Mecanografía pero no está mucho tiempo y su padre logra que entre a trabajar en la Estación de Gasolina Sehll en nuestra ciudad para el lavado de coches, cambios de aceite y de neumáticos. Llevaba trabajando unos ocho años, cuando le ofrecen ir  a la empresa de los Herederos de Juan Herrera Guerra para desempeñar el mismo trabajo que en la anterior,  pero como encargado y mejor sueldo. No lo duda pero, al comentárselo a su padre, no le parece bien, pues piensa que dejar el trabajo, no iba a ser del agrado de la persona que le consiguió el empleo, pero José Manuel tuvo el valor de hablar con esa persona y exponerle sus razones para el cambio, a la vez que le agradecía profundamente lo que había hecho por él.

         Y, a partir del año 1.972 trabaja para los “Herrera”. En todos estos años, ha conocido a gente fabulosa, no sólo de nuestra ciudad, también a clientes de otros municipios limítrofes. Son muchas las anécdotas y casos curiosos que le han ocurrido en tantos años cambiando aceite, neumáticos y lavado de  coches. En cierta ocasión mientras realizaba su trabajo,  sufre una lumbalgia que le impide, por momentos, seguir con su trabajo cuando, la llegada oportuna de uno de sus clientes (médico) le solucionaría su problema, pues se ofreció a tratarle su dolencia hasta su total recuperación. Hoy día y, a pesar de la distancia (reside en la Península) les sigue uniendo una entrañable amistad.

        Por su experiencia de tantos años viendo los chasis de los coches desde la fosa, ha solucionado problemas de ruidos molestos en muchos vehículos para satisfacción y tranquilidad de sus dueños. Me cuenta que muchos hijos de clientes, han seguido las costumbres de sus progenitores y  se acercan con sus vehículos hasta la estación para algunos de los trabajos que se realizan en la misma. Finalizaba ya nuestra conversación cuando le pregunté, medio en broma, medio en serio, cuántos coches ha lavado, cambiado el aceite y  neumáticos durante todos estos años y me dijo que probablemente, serían muchos, pero muchos más, los amigos que he conseguido. José Manuel, aparte de su trabajo habitual, realizó también en la empresa, el despacho de gasolina sustituyendo a compañeros.

        Con un emocionado recuerdo para nuestro común amigo y compañero de trabajo de José Manuel, durante muchos años, Herminio Velázquez (fallecido) dimos por finalizada nuestra conversación. Gracias José Manuel por tu colaboración y un fuerte abrazo.
 

 

 

«MANUEL DE LOS REYES GONZÁLEZ QUESADA»©
(Mecánico)

 
 

       “Siempre me dijo mi madre que, antes de ponerme chupa, me colocaron un timple en mi cuna”.

            Manolo González, nace en Arucas el 9 de abril de 1.945. Su infancia transcurrió muy feliz rodeado de carretones de velguillas y patinetas que él mismo hacía junto a un amigo, compañero de juegos y con la misma afición. Por este motivo fueron varias las “ausencias” de clase durante los dos años que permaneció en el Grupo Escolar. Entraba por la puerta principal y cuando el vigilante estaba distraído, salía junto a su amigo, por la puerta trasera, cogían sus carretones e iban caminando hasta la cima de la Montaña de Arucas conduciendo sus vehículos,  para regresar a la hora de la salida de clase, llegar a casa y no levantar sospechas. En otras ocasiones, subían hasta la Montaña para “echar” sus cometas con mucha habilidad, luciendo la hermosa combinación de colores que empleaban en sus diferentes modelos.

      Luego pasó por las  clases de la Quinta y la Sexta en el Colegio La Salle donde permaneció hasta cumplir los catorce años. Al Hermano Esteban Alonso le agradece todo lo que aprendió, a pesar de llevarse, como la mayoría de sus alumnos, algún coscorrón. Al terminar sus estudios en el Colegio, su padre le preguntó que le gustaría hacer y no dudó en contestarle que quería ser mecánico, pues, desde pequeño, tuvo la oportunidad de estar muchas veces en la Fábrica de Chocolates la Isleña (varios de sus familiares trabajaban en la Fábrica) observando el movimiento de las diferentes máquinas, llamándole poderosamente la atención. Su padre logró que su hijo entrase como aprendiz en el taller de D. Santiago Navarro en la Montañeta,  ubicado en los garajes de D. Juan Herrera. Estuvo durante cuatro años, nunca cobró nada, pero agradeció siempre a D. Santiago, el aprendizaje en su taller, así como el detalle económico que tuvo para con él, cuando dejó el taller para incorporarse, como voluntario, al servicio militar en Aviación.

        Una vez licenciado, volvió a trabajar con D. Santiago durante un año, y de allí pasó a un taller en las Palmas cobrando ya un sueldo. La mecánica y el folclore, han ido de la mano en la vida de Manolo González. Descendiente de una familia de grandes tocadores, él no iba a ser menos. El primer instrumento que coge en sus manos fue el timple que, según su madre, ya le habían colocado uno en su cuna antes de que usara la chupa. Lo curioso de todo es que Manolo aprendió a tocarlo, de manera autodidacta, observando a su padre cuando enseñaba en su casa a un grupo de jóvenes.

       A partir de ese momento, (Manolo tenía unos catorce años), ya no se separa de su padre durante las clases y le ayuda en esa tarea. El primer grupo que funda su padre fue el Sagrado Corazón, del Colegio de las Hermanas de la Caridad en nuestra ciudad, luego el denominado Intercasa  compuesto por miembros de su familia con el que recorren el Paseo de Las Canteras tocando para los turistas. El entonces Alcalde de nuestra ciudad, D. Francisco  Ferrera, sugiere a su padre que cambie el nombre al Grupo y que pase a llamarse: “Agrupación Arucas, familia González” y así lo hacen. Graban varios discos con el sello discográfico Columbia (un total de 32), entre sencillos y de larga duración. Tocan durante años en  el Mesón de la Montaña, viajan a Noruega y recorren todas las islas del Archipiélago Canario interpretando lo mejor de nuestro folclore. También fueron, durante un largo tiempo, el grupo representativo de nuestra ciudad en la Romería a la Virgen del Pino, así como en diferentes actos organizados por nuestro Ayuntamiento. 

      Los últimos años de la Agrupación, transcurren con interpretaciones en Salas de Fiesta: Quintanilla, el Arco, la Bodega y los Roquetes. Terminado este periplo, Manolo dirige, en su primera etapa, al Grupo Labrantes, luego forma parte de los Grupos Sancocho y  Granjeros. Vuelve a Labrantes y en la actualidad, es miembro de la Parranda “Ende Cuando no Salimos” y no duda en colaborar, si se lo piden, en cualquier grupo. Aparte de las canciones de nuestra tierra, Manolo fundó, junto  a sus amigos: Pepe Juan el guardia y Javier Cerpa (a quién enseñó a tocar la guitarra), el trío Nevada, en el que uno de sus hijos, (cuando tenía trece años) también de nombre Manolo, era la voz solista, actuando durante nueve meses en la Sala de Fiestas “Pinito del Oro”, donde, en una ocasión, lo hicieron junto al famoso Grupo: Los Chichos.  Puso ese nombre al Trío, como recuerdo y homenaje a Nicoco, Paco Quevedo y Juan González, quienes fueron sus primeros fundadores y magníficos intérpretes de la mayoría de las canciones de Los Panchos.

            Aparte del timple, Manolo ha realizado “arreglos” en algunas canciones de nuestro folclore, toca la guitarra, bandurria, laúd, requinto, arpa y se atrevió con la trompeta, pero, “le faltaba el aire” y nunca pudo con ella. Combina sus actuaciones con la “Parranda Ende Cuando no Salimos” con las de su Grupo actual, al que le ha puesto el nombre “Dilema” con repertorio de folclore canario, rancheras y boleros. Cinco componentes forman el Grupo, y como solista cuentan con la voz extraordinaria de Rosaura Espino. Por todos los grupos por los que ha pasado Manolo, ha cantado folías, isas y malagueñas, siendo las folías, sus interpretaciones favoritas.

         Decía que la mecánica y el folclore han ido de su mano, porque, desde los catorce años trabaja como mecánico y su tiempo libre lo ha dedicado, (lo dedica), a los ensayos y a las diferentes actuaciones de los Grupos por los que ha pasado. Oficio, el de mecánico que ha desempeñado en un taller especializado en coches de tres cilindros, a los que llamaban de aceite y vinagre, luego en la Casa Mercedes reparando bombas de inyección, pasando por la Casa Volvo, OM, por la empresa de Construcción Francisco Ramírez, como jefe de taller, haciéndose cargo de toda su maquinaria, en la Casa Renault (Sucursal de Arucas), en Motor Arisa y desde hace siete años, trabaja para nuestro Ayuntamiento, haciéndose cargo de la reparación de su flota de automóviles, así como chapa y pintura, menos la electricidad del automóvil que no le motiva. Después de 51 años en el oficio, (cuatro de ellos como aprendiz), tiene prevista su jubilación el próximo mes de abril de 2010.  

       Manolo ha atendido a muchos amigos reparando averías en sus coches, no importándole ni la hora ni si el día era festivo. Recuerda que hace años, cuando ir al cine en nuestra ciudad era una de las distracciones favoritas, el acomodador le avisó en varias ocasiones de que le esperaban fuera con un coche averiado. En la antigua parada de taxis frente a nuestro Ayuntamiento, muchos taxistas solicitaron su experiencia para solucionar averías en sus vehículos. Como Manolo no decía “no” a nadie y estaba dispuesto a cualquier hora, llegó a ganarse el apodo de  “mecánico de los pobres”.

            Muy agradable y amena fue mi conversación con Manolo González, quien, durante el transcurso de la misma, recordaba con mucha admiración a su padre Domingo González Ramos, conocido, al igual que sus hermanos Justo y Pepe, como los Cesa, y con el que disfrutó, junto a sus primos y hermana Quecha, de unos años inolvidables, llevando nuestra música y el nombre de nuestra ciudad, por todas las islas Canarias y parte del extranjero. Al final de nuestra conversación manifestó su agradecimiento y felicitación por el trabajo llevado a cabo por arucadigital, así como para el Sr. Giráldez.

       Teniendo ya cerca su jubilación, Manolo dispondrá de tiempo y tranquilidad para disfrutar de sus dos grandes pasiones: la música y la mecánica, sobre todo, a la hora de restaurar, pieza por pieza, coches antiguos. Manolo, gracias por tu colaboración. Un fuerte abrazo.
 

 

 

«PEPE LUCIANO PÉREZ HIDALGO»©

 
 

       “Durante mi niñez vivíamos en la calle de San Juan. Era una calle que tenía de todo: cine, puestos de golosinas, panadería, sastrería, carpintería…… y era muy apropiada para nuestros juegos”.

       Pepe Luciano nace en Arucas el 9 de mayo de 1.941. Con pocos años, asiste a unas clases para niños pequeños en el Barranquillo y al cumplir los seis,  se matricula en el Colegio La Salle donde cursa Ingreso y estudia el Bachillerato Elemental. Formó parte del Coro del Colegio y demostró sus cualidades bajo los palos, en uno de los varios equipos de fútbol del Centro religioso. Guarda buenos recuerdos de profesores y amigos Lasalianos.

       En el colegio del Corazón de María estudió quinto curso de bachillerato, pasando al Jaime Balmes donde cursó sexto y reválida, luego, dos cursos en la Escuela de Peritos Industriales, abandonando sus estudios por incorporarse a una entidad bancaria en nuestra ciudad, en el año 1.962.  Sus juegos de niño los llevó a cabo en la calle de San Juan, en nuestra ciudad. Una calle, lo suficientemente larga para corretearla de arriba abajo, ir a la panadería a comprar el pan, disfrutar de una buena película de vaqueros en la función de las tres los domingos, jugar a la pelota, ayudar a confeccionar alfombras el día de Corpus, así como alguna que otra travesura como era quitarle, en veloz carrera, un suspiro de los que tenía Cesita en su mesa junto a otras golosinas, instalada frente al Cine Viejo. En ocasiones, sus juegos transcurrían más allá de dicha calle, llevándose algún sustillo, como cuando se cayó sobre unas tuneras en la Hoya de San Juan y sus amigos estuvieron toda una tarde sacándole púas, allí, en “sálvese la parte”. Su padre, cuando quería que su hijo dejase los juegos y se

 presentase en su domicilio, lo hacía a través del silbo nada más empezar a subir por la calle de San Juan, empleando una “tonadilla” que se hizo muy popular entre sus amigos de juegos, quienes le advertían de la llamada de su padre, cuando Pepe Luciano no se percataba de ello. Cuando sus “perrerías” aumentaban, su padre, que tenía muchas amistades en la policía Municipal, hablaba con sus jefes y llevaba a su hijo para que lo tuviesen retenido en sus oficinas unas horas, como escarmiento.   

   Los Jóvenes de Acción Católica en aquéllos años, tenían su sede en dicha calle y,  probablemente, observaran en más de una ocasión, algún partidillo de fútbol en plena calle, donde Pepe Luciano las paraba todas. Por eso en 1.952,  animado por D. Alfredo Martín como Presidente, se incorpora a uno de sus equipos, como portero. Años más tarde juega en el Juvenil Isleña donde tuvo la suerte de ser elegido como jugador de la Selección del Norte junto a Tonono, Diego, Vicente (fichado luego por el Barcelona CF), Antonio Matos y Vicente Ramos, entre otros. En Categoría regional, jugó en el Isleña, Arucas, Ferreras, Goleta y Bañaderos. En Veteranos jugó en el Ron Arehucas y en el Cortijo. Aparte de su dedicación al deporte “rey”, tuvo gran afición por las “palomas”.
 

   A finales de la década de los cincuenta del pasado siglo, comienza en Arucas una gran afición por el deporte del balonmano. Se organizan varios equipos y Pepe Luciano juega  de portero en uno de ellos, fundado por Manolín el fotógrafo. Al principio se jugaban los partidos en la cancha de tierra en la OJE. Con el tiempo, se consiguió autorización, por parte del Alcalde (en aquéllos años), D. Francisco Ferrera, para jugar los partidos en la Plaza de San Juan, tras haberse proclamado Campeones de Canarias en la Ciudad Deportiva Martín Freire, en Las Palmas. Fantásticos Campeonatos se jugaron en la mencionada Plaza, participando equipos importantes como Parques y Talleres, Marina y Aviación. La afición se fue extendiendo por nuestra ciudad, de tal manera que surgen equipos en Cardones, Bañaderos, la Goleta y Santidad. No quiere dejar pasar la oportunidad y Pepe Luciano hace mención a destacados jugadores de la época: los hermanos Medina, Ascanio, Cesarín, Manolo Ortega, Ramos, Rubén, Boro, Antoñito y Blas, entre otros.

       El 14 de febrero de 1.962, entró a trabajar en una entidad bancaria en nuestra ciudad como cobrador, y trabajó para la misma, hasta el 31 de diciembre de 1.998, año en el que se jubiló como Interventor Cajero. Los tres últimos años, los desempeñó en la Villa de Moya. Jubilado desde entonces, emplea su tiempo libre oyendo música de los años sesenta, leyendo y, dedicando tiempo también, para caminar, aunque, las secuelas de su paso por el mundo del fútbol han hecho su aparición y le impiden largas caminatas.  

      Mi conversación con el amigo P. Luciano llegaba a su fin, despidiéndome de él, dándole las gracias por su generosidad y amabilidad durante toda nuestra charla. Generosidad y amabilidad que le han acompañado siempre, ganándose el aprecio y afecto de todos sus amigos. Gracias y un abrazo.
 

 

 

«DOÑA MARÍA V. LLARENA JIMÉNEZ»©
(Conocida por Tita Llarena)

 
 

            “A los doce años le dije a mi madre que me dejara ir a trabajar, pues, desde los cinco, ya le ayudaba en las tareas del hogar. No le gustó mi decisión, pero terminó aceptándola”.

       María Llarena nace en Arucas (Lomo Ramírez), el 15 de agosto de 1.937. Cuando tenía un año, sus padres se trasladaron hasta San Andrés y al cumplir los cinco,  regresaron de nuevo a nuestra ciudad. La infancia de Tita Llarena quedó marcada por la pérdida, a los pocos meses de vida, de cuatro de sus hermanos (2 varones y dos hembras) sobre todo, la de su hermano Juan Manuel (contaba sólo dieciocho meses), porque cuidaba de él y era quien le mecía la cuna para que durmiera y, precisamente fue ella, quien se dio cuenta de los gestos extraños que cierto día hacía el niño, por lo que llamó a su madre quien, al verle, lo cogió en brazos y envolviéndole en una manta se dirigió caminando hasta Arucas para que lo viese un médico, a las pocas horas, su hermano falleció.

      El padre de Tita trabajaba en las carreteras y cada quince días, (que era cuando  cobraba), venía hasta su casa para, con su sueldo, comprar en la tienda y preparar ropa y comida para los siguientes quince días. Su madre trabajaba en la cochinilla y cuando dejó de plantarse, lo hizo en terrenos de algodón. Al trabajar sus padres, y sus hermanos/as mayores (eran una familia de doce hermanos), Tita quedó, con muy pocos años, al cuidado de la casa, fue muy poco a la escuela, se hizo mayor a la fuerza y nunca supo de juegos infantiles y como regalo de Reyes recuerda una muñeca de trapo que muy pronto se le estropeó, pues la dejó olvidada en las tuneras pero, agudizó su ingenio y a partir de ese momento, ella misma hacía sus muñecas de trapo. A los seis años, hizo su primera Comunión y a los siete recibió el Sacramento de la Confirmación, ambos sacramentos en la Parroquia de San Isidro de Montaña Cardones. Cada día daba hasta cuatro viajes a la fuente del Guincho a través de un camino bastante peligroso para acarrear el agua hasta su casa, a veces transportaba el agua con el cacharro a la cabeza y en ocasiones, con los ganchos. Al cumplir los ocho años, lavaba la ropa en la acequia y planchaba. No pudo aguantar más y, a los doce, se atrevió a decirle a su madre que le dejase ir a trabajar a las plataneras, a su madre no le hizo mucha gracia su petición, pero al final terminó aceptando su deseo.

      Tita trabajó en las plataneras acarreando cestas de estiércol y allí vió, por primera vez, a quien con el tiempo, se convertiría en su esposo. Conocía a doña Prudencia, maestra de Cruz de Pineda porque llevaba cada día, hasta la escuela,  a una de sus hermanas y habló con ella para asistir a sus clases vespertinas. En ellas aprendió a leer, a escribir y las cuatro reglas. Al cumplir los trece años asiste a la costura, donde aprende a coser y a cortar trajes, realizando diferentes trabajos en su casa,  hasta altas horas de la madrugada. La relación con aquél muchachito que conoció trabajando en las plataneras, siguió adelante y se casaron el 1º de julio de 1.956, después de anunciarse desde el púlpito las tres amonestaciones pertinentes, siendo la primera boda que se celebró en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario en Llano Blanco (había cumplido dieciocho años), llevando como dote una mesa, dos sillas, una cama y un pequeño ropero. Su madre no le pudo ayudar con más, pues dos de sus hermanas se habían casado un poco antes.

      A los veinticinco años, Tita ya tenía cinco hijos y deseaba encontrar trabajo ya que con el sueldo de su marido no era suficiente para atender las necesites de la numerosa familia. Seguía cosiendo y para vestir a sus hijos compraba las telas en Las Palmas, se iba fijando en las ropas de niños que estaban en escaparates de las tiendas de  Triana y luego, en su casa, durante muchas noches, cortaba y cosía las ropas de sus hijos/as, hasta que cumplían los catorce años. En cierta ocasión, visitando a una amiga en la Clínica de Santa Catalina, preguntó en Administración si tendrían trabajo para ella, le hicieron rellenar un formulario y a esperar. Se llevó una verdadera sorpresa cuando la llaman comunicándole que tendría trabajo. Había cumplido treinta y cinco años y el 1º de marzo de 1.974 empieza a trabajar en la cocina del mencionado complejo hospitalario y lo hace hasta su jubilación, en el año 2004. Médicos, enfermeros/as y administrativos formaban una gran familia y su trabajo fue reconocido por su entrega y dedicación, siendo felicitada por ello.

      Hoy Tita, ya jubilada, disfruta junto a su marido (jubilado de Tropical) de una de sus aficiones favoritas, el senderismo, participando activamente de la programación de Arucas en la Senda. Forma parte también de los Labrantes de la Palabra con los que ha visitado muchísimos Colegios e Institutos de Tenerife, Lanzarote y Fuerteventura y han viajado hasta Guadalajara para narrar cuentos, recitar poemas, relatar historias etc.

     Lleva  cuatro años participando en el Concurso de Relatos Cortos Rescatando la Memoria y este año, ha obtenido el Primer Premio con su relato: Un cura en el recuerdo. En su tiempo libre comparte junto a su marido, el cuidado y disfrute de su plantación de papas y verduras que posee en un terreno junto a la casa que con tantos trabajos y sacrificios tienen en Transmontaña donde vive, y que nada tiene que ver (afortunadamente), con aquélla su primera vivienda con poquitos metros y enseres. Han sabido sacar adelante a sus ocho hijos (uno ya ha fallecido) de los que se sienten muy orgullosos.  Gracias Doña María Llarena (Tita) por su amabilidad y haberme atendido en animada charla para con este espacio de Semblanzas
 

 

 

«D. JOSÉ HERNÁNDEZ TORRES»©

 
 

   “Desde muy pequeño, me gustaba observar cómo estaban colocadas las luces en los coches y me tendía en el suelo para mirar el chasis, las varillas de la dirección y los muelles, e intentar su imitación en la construcción de los coches que hacía con “velguillas”.

    José Hernández Torres, nace en Arucas el 27 de abril de 1.941. A los seis años comienza su período escolar en el Grupo (hoy CEIP Arucas) y está hasta los catorce años, con recuerdos entrañables de sus maestros; D. Juan Zamora, D. Manuel Hernández, D. Salvador y D. José Betancor. Estando aún en la escuela, iba por las tardes al taller de bicicletas de D. Antonio Ferrera en el Terrero, y le ayudaba en la reparación de las mismas. Su experiencia en la construcción de patinetas con cojinetes y sus carros de verguillas le había proporcionado ciertas habilidades para desarrollar dicha tarea. Aún conserva un maravilloso ejemplar de automóvil con todo lujo de detalles, luces, muelles y sobre todo, llama mucho la atención, el mecanismo empleado para su dirección, desde el volante hasta las ruedas.

    En el taller, aparte de la reparación, preparaba las bicicletas para pintarlas, sobre todo, en fechas cercanas a la festividad de Reyes, cuando, muchos padres, traían las bicicletas de sus hijos y así, cada 6 de enero las volvían a lucir como si fuesen nuevas. Aparte de su paso por el taller de bicicletas, Pepe Hernández (más conocido por Pepe Torres), se acercaba los sábados y domingos, en horas del mediodía, hasta el carrito de helados de Julito, ocupando su puesto para que pudiese ir a almorzar. Al regreso, Julito siempre tenía una atención para con él.

    Después de estas primeras “ocupaciones”, entra a trabajar, siendo aún muy joven, en la fábrica de cigarrillos APOLO, situada en la C/ los López de nuestra ciudad. Lo hace como aprendiz de purero, pero muy pronto, pasa a las máquinas, su verdadera pasión, allí trabaja durante once años. Luego la fábrica es trasladada hasta Jinámar y se convierte en Unión de Fabricantes formada por las siguientes marcas de cigarrillos: Apolo, Fedora, Cumbre y Gabinet. En 1.968, pasó brevemente por la fábrica de cigarrillos GEAM cuyos propietarios eran cubanos y luego trabaja para la General de Tabacos en Millar Bajo (20 años), como maquinista y Técnico de Maquinaria. Este puesto, le proporcionó la posibilidad de viajar hasta Alemania en varias ocasiones para realizar cursos y asistir a Exposiciones relacionadas con su especialidad, en Ginebra, Amberes y Cannes. Estuvo cuatro años como Gerente de producción en la Multinacional GALAHER Canaria, viajando a Manchester e Irlanda del Norte visitando sus fábricas como asesor, para la adquisición de maquinaria hasta que cerró la empresa y Pepe se jubiló.

    Si su trabajo en las fábricas de cigarrillos, le dio la oportunidad de visitar importantes ciudades europeas, no menos, su otra gran afición, el senderismo, le ha dado la misma oportunidad, aunque de manera completamente diferente. Desde hace unos veinte años, practica esta modalidad. Ha dado la vuelta a la isla con varios amigos en diferentes ocasiones, saliendo desde Arucas hacia el Sur y la ha realizado también en la ruta Arucas, la Cumbre, Maspalomas y prácticamente ha pateado, la mayoría de las rutas de las cumbres de Gran Canaria. Es miembro de la Asociación Cultural ECKHART, a la que también pertenece su esposa. Esta asociación organiza viajes por diferentes países para practicar senderismo, pero, con una finalidad bien distinta a la de viajar sólo como rutas turísticas, va mucho más allá, su finalidad es, realizarlas, dedicando varias jornadas a la Meditación.

    Han recorrido el Pirineo Catalán hospedándose en Monasterios y han viajado hasta Alemania, Japón, Malí, Senegal, practicando senderismo donde incluyen jornadas dedicadas al Silencio y a la Meditación. Una modalidad que les gusta y que, según ellos, les proporciona Paz interior y ayuda para encontrarse consigo mismo. Pepe Torres encuentra también sus momentos de relax, en su otra gran afición, las motos. Ha tenido varias, pero con su última adquisición, se siente muy a gusto y disfruta paseando por las diferentes carreteras de la isla.

    Y recordando anécdotas, viajes y aficiones, dimos por terminada nuestra conversación, agradeciéndole su colaboración. Pepe, un abrazo.
 

 

 

«D. ARCADIO MORALES AMADO»©
(Maestro)

 
 

   “Como docente, pienso que la labor del Maestro no termina en el aula, trasciende también, fuera de ella”.

    D. Arcadio nace en Hawey (Matanzas – Cuba) el 31 de julio de 1.921. Sus padres, naturales de Cardones y Santidad, respectivamente, habían emigrado a Cuba y allí les nacieron, siete de sus nueve hijos. D. Arcadio permaneció en Cuba hasta los nueve años y recuerda perfectamente, la casa y los terrenos de caña de azúcar que regentaban sus padres.

    Vivían un poco alejados y para trasladarse a la escuela lo hacían a lomos de caballos, (tenían 3), allí aprendió a leer y a escribir y nada más finalizar las clases, de vuelta a casa para ayudar a sus padres en las tareas de corte de caña, sobre todo, en la época de la zafra. A finales de los años veinte del pasado siglo, ya las cosas se ponen difíciles y sus padres deciden regresar a Gran Canaria (1.929). Fijan su residencia en Santidad, en la casa de su abuela materna y continúa su asistencia a clase donde conoce a su primer maestro fuera de Cuba, a D. Escolástico Soto gran profesional de la enseñanza (una calle en Santidad, lleva su nombre), y luego le da clases D. Juan Hernández.

    Pasa al Colegio La Salle y cursa los cinco años de Bachiller que se imparten en dicho Centro y no termina los dos restantes con su Reválida correspondiente, hasta los veintitrés años, debido a la época nefasta de la España del 36 y de la que no quiere hablar, pues, le tocó de lleno. Comienza los estudios de Magisterio y termina con los exámenes de Reválida ante un Tribunal compuesto por profesores procedentes de la Universidad de La Laguna. Durante el tiempo que transcurre, hasta convocarse las Oposiciones, trabaja para la Cámara Agraria durante año y medio, y en 1.952, se presenta a las mismas junto a nueve compañeros/as de Arucas. Obtiene plaza y su primer destino es en Yé (Haría-Lanzarote). En Yé, estuvo durante siete años, y si cuando se trasladó desde Gran Canaria, hasta esa hermosa localidad, (cuenta con una de las ideas turísticas de César Manrique, el Mirador del Río) se preocupó en llevar, entre otros enseres, comida, no fue luego motivo de preocupación, pues ya no le volvió a faltar de nada, ni siquiera el vino, los vecinos se encargaron de ello, pues, a los pocos meses de permanecer en la localidad, ya se había ganado el aprecio, no sólo de los padres de sus alumnos, sino del resto de los habitantes. Trabajó muy a gusto y la mayor parte de su tiempo libre, aparte de oír la retransmisión de los partidos de fútbol a través de su radio de pilas, lo empleaba (de manera gratuita) en clases para adultos, donde incluso, explicaba normas de urbanidad de forma generalizada, entre ellas, la manera correcta de sentarse a la mesa y la utilización perfecta de los cubiertos.

      En cierta ocasión, estando explicándoles estas normas, recibió la visita inesperada del alcalde, el cual, al presenciar la clase práctica para un buen comensal, le felicitó por ello y llevó la noticia al resto de la población. D. Arcadio llegó a tener en su clase, hasta un total de sesenta y dos alumnos, algunos de los cuáles (los más pequeños) se le dormían en plena clase y en una visita de Inspección, habían varios de ellos dormidos. D. Arcadio intentó despertarlos, pero la Sra. Inspectora le dice que los dejase y como curiosidad, me comentó que se enteró, al correr de los años, que dos de aquéllos niños que estaban dormidos, uno, es sacerdote (D. Policarpo Delgado Perdomo) y el otro, llegó a ser alcalde de Haría y luego Senador (D. Juan Ramírez Montero). La mayoría de los padres de sus alumnos trabajaban en los viñedos de las dos familias más influyentes de la comarca: la familia, López Socas y la de Doña Margarita Curbelo. Me resume su estancia en Lanzarote como una de las mejores de su vida profesional, trabajó muy a gusto, con buenos niños y con gente excelente.

       Luego viene destinado a Buen Lugar (Firgas) donde, al cabo de seis años, le destinan a Santidad al grupo de escuelas que estaban frente a un lateral de la iglesia. Las cosas en el mundo de la enseñanza, afortunadamente, cambian para bien y se construye un nuevo colegio de unas dieciséis unidades, donde D. Arcadio ejerce, aparte de su labor como maestro, como subdirector. En su época en el colegio de Santidad, el profesorado logra involucrar a los padres en las diferentes actividades programadas, (deportivas y pedagógicas) alcanzando el Centro un prestigio merecido. Sus ocho últimos años en el Colegio de Santidad los ejerció como Director. Me contó D. Arcadio, como anécdota graciosa, que en una ocasión, a un alumno pequeño del Colegio de Santidad, le dijo que si quería crecer y hacerse grande tenía que ponerse guano en los zapatos. A los pocos días recibió la visita de la madre quien le comentó, si era cierto, lo que le había dicho su hijo al sorprenderle poniéndose guano en sus calcetines, que “D. Arcadio le recomendó que si quería crecer, tenía que ponerse guano”…risas, (hoy, aquél niño, es maestro). Está jubilado desde el año 1.986, y modestamente, piensa que ha realizado una buena labor, debida, en gran parte, a los buenos/as compañeros/as con los que ha trabajado siempre.

      Como reconocimiento a sus años dedicados con gran entrega y profesionalidad a la enseñanza, el Ayuntamiento de Arucas decidió que el parque que se construyó donde estaban ubicadas las aulas antiguas de Santidad, lleven su nombre: Plaza del Maestro D. Arcadio Morales Amado.
 
      Hoy, a sus ochenta y ocho años, con la satisfacción del deber cumplido, D. Arcadio ocupa su tiempo libre en sus paseos diarios junto a su esposa, y a no perderse ninguno de los programas del concurso televisivo: Pasapalabra, así como los diferentes informativos. D. Arcadio, gracias por su colaboración y un fuerte abrazo.   

 

 
 

 

«D. ANDRÉS RODRÍGUEZ GONZÁLEZ»©

 
 

     “Han sido muchas y variadas, las actividades que he realizado en el ámbito empresarial durante mi vida laboral, pero, mi verdadera pasión, ha sido, y es, el mundo de la agricultura y ganadería, a la que me he entregado desde que era un niño”.

    Andrés nace en la Goleta (Arucas), el 30 de noviembre de 1.947. Su padre tenía (frente a la iglesia) una tienda de las llamadas de aceite y vinagre y recuerda que le había instalado un cajón de coñac detrás del mostrador para, cuando llegase de la escuela, lo utilizara, subiéndose a él y así ayudarle.

    La mayor parte de la mercancía para su pequeño negocio, la compraba (su padre), en un importante almacén de nuestra ciudad, y su dueño que, ya conocía a Andrés, recomendó a su padre que valía la pena sacrificarse por el chiquillo dándole estudios, por lo que le matricula en el Colegio La Salle, realizando con excelentes notas, el bachiller Elemental. De su paso por el Colegio, sólo tiene palabras de agradecimiento, tanto, en su formación, como en su educación. A los catorce años, se matriculó en la Escuela de Peritos Industriales en las Palmas, para especializarse en la rama de electricidad y cómo no tenía el bachiller Superior, se vio obligado a realizar un curso que llamaban; Selectivo y Preparatorio y que, una vez superado, comienza el primer curso de carrera. Para ayudarse a costear los gastos que le proporcionaban sus estudios: el traslado a Las Palmas, la matrícula, los libros, etc., iba por las noches hasta la fuente en Teror, para llenar garrafones de agua, que luego vendía a sus clientes de la Goleta, Lomo San Pedro, la Fula y la Montañeta a 15 pesetas cada garrafa. También llegó, en ocasiones, a traerlas desde Azuaje y Fontanales cuando en Teror, por diferentes circunstancias no podía.

    No logró terminar sus estudios, a pesar de la ilusión que había puesto en ellos, debido a una infección, que, según los médicos a los que consultó, fue debida a la manipulación de ciertos productos y sobre todo, de “plomo” en sus clases de prácticas. Andrés pasa por una invalidez transitoria que, cuando la supera, intenta reanudar sus estudios matriculándose en asignaturas de libre elección lo que le permitía tener varias horas libres y entonces, su padre, para que no se viese con tanto tiempo libre y sin hacer nada, habla con uno de los hermanos Rodríguez Cardona, (dueños de un importantísimo comercio textil en Las Palmas) al que conocía, y le pidió de favor que admitiese a su hijo durante las horas en las que no tenía que ir a clase, para que se iniciase en el mundo de la contabilidad, así fue y Andrés recuerda éste, su primer paso por los grandes almacenes, como una época muy fructífera en cuánto al aprendizaje inicial en Asientos Contables, al mismo tiempo, realizó varios cursos de Contabilidad y Cálculo Comercial, a través de Radio Ecca.

    Siguió acudiendo a Teror con el coche de su padre, una vez obtuvo el carné de conducir, para continuar con los garrafones de agua que le proporcionaban una buena ayuda, aunque, poco a poco, surge la competencia y lo dejó definitivamente. Le llega el momento de cumplir con el servicio militar y realiza el período de instrucción en Tenerife y una vez destinado a las Palmas, le remiten al Hospital Militar, donde, tras un estudio exhaustivo le comunican que queda exento de cumplir con los meses restantes debido a las secuelas que su infección había originado en su organismo. Al verse sin trabajo, su padre vuelve de nuevo a hablar con su amigo y Andrés regresa a Hermanos Rodríguez Cardona como Auxiliar Administrativo durante casi cuatro años y donde ejerció como enlace sindical.

    Poco a poco, fue conociendo el tema de los Seguros Sociales y la propia empresa, le designa hacerse cargo de los mismos por haberse marchado el empleado que, hasta ese momento llevaba este apartado. Como siempre ha sido muy emprendedor, se atrevió llevar los Seguros Sociales de pequeñas empresas y para ello, compró una máquina de escribir de carro grande, después de haber realizado un curso de mecanografía, ocupando, para desarrollar este trabajo, las horas libres del mediodía y después de cumplir con su horario en Rodríguez Cardona. De aquí pasa a la empresa de D. Francisco Caballero Massieu como Auxiliar Administrativo en el Departamento de Cuentas Corrientes, cargo que desempeña durante más de cuatro años. Luego trabaja como Apoderado para Metal-Confort dando una nueva proyección comercial a la empresa que llegó a tener, durante su gestión, hasta 26 empleados y lleva los Seguros Sociales de la Constructora Hinojal y, junto a cuatro socios, funda la empresa Comercial Visvique SL.

    Se arriesga y abre una carpintería en locales de su propiedad en Visvique que regenta durante 27 años. Luego prueba en el mundo de la hostelería, y adquiere La Taberna Gallega y el Mesón Aqueimada, ambos establecimientos en la calle Doctor Miguel Rosas (Las Palmas), que dirige y gestiona durante once años y, tras concurso público en nuestra ciudad, consigue el bar Cafetería Estación que defiende durante catorce años. Si hasta aquí Andrés me habló de sus actividades laborales, pasó a comentarme su paso por la vida política. Andrés fue Presidente del Partido Popular en nuestra ciudad y ejerció como Consejero Insular de Aguas de Gran Canaria, en el Cabildo Insular durante los años, 1.995 /99 y como Concejal en la Oposición, en nuestro Ayuntamiento durante la Legislatura 1.999/03, ejerciendo como portavoz del Partido.

    Como me indicaba al principio de nuestra conversación, Andrés siente verdadera pasión por la agricultura y la ganadería, no en vano, desde muy niño, ayudaba a su padre en las tierras y en atender a los animales que poseían. Nunca, ha dejado de tener animales a los que cuidar y, ahora, libre de responsabilidades empresariales y con todo el tiempo del mundo a su disposición, es Presidente Regional del cochino negro canario y pertenece a la Asociación de Criadores de la cabra canaria.

    Agricultores y ganaderos le consultan por su dilatada experiencia. Participa en todas las ferias de la isla, así como en Romerías llevando cabras, cochinos, ovejas, burros y caballos. Hace años que, a través de la Asociación de Ganaderos, da a conocer a las Administraciones Públicas, sus quejas para lograr mejores atenciones al Sector Primario (Agricultura y Ganadería). Reparten lechones a los ganaderos para que la cabaña aumente y colabora con los Centros Educativos para que, alumnos/as, conozcan, a través de charlas en Jornadas con Técnicos Veterinarios, la realidad de nuestra ganadería. También ha participado, colaborando con sus animales, en Televisión a través de programas educativos dirigidos al alumnado de Centros Públicos y Privados. Y como se acercan las diferentes programaciones en los Centros Escolares, con motivo de la próxima Navidad, me dice que ha colaborado (y lo seguirá haciendo), en Belenes Vivientes, donde no faltarán sus animales (su burra, ovejas y sus corderos).

    Sus mejores momentos los pasa atendiendo a sus animales, así como a sus plantaciones de verduras, hortalizas y papas. Nuestra charla transcurrió durante una espléndida mañana, una más, de las que nos ha venido obsequiando este mes de noviembre, a la vez que, un sabroso cafecito, nos ayudó en nuestra animada conversación. Me despedí de Andrés diciéndole que en su Semblanza va mi deseo y el de arucasdigital, de felicitarle por su santo y cumpleaños, que celebrará, DM, el próximo lunes 30 de noviembre. Andrés, gracias por tu colaboración y un fuerte abrazo.
 

 

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