SEMBLANZAS
Por MANUEL DOMÍNGUEZ CABALLERO

 
 

«D. ANTONIO MANUEL HERNÁNDEZ LÓPEZ»©
(Fontanero)

 
 

“Llevo cincuenta años en la profesión y aún sigo aprendiendo. El oficio de fontanero requiere reciclarse, pues, surgen nuevas técnicas, nuevos materiales y ello requiere estar al día, por eso digo que, en este oficio, hay que seguir aprendiendo”.

      Antonio Manuel nace en Arucas, en la calle Sor Cándida Suárez, antes conocida como calle “La Fe”, el 15 de Agosto de 1.940. Es el mayor de tres hermanos, dos varones y una hembra, hijo de Juan Hernández Perdomo conocido por Juan Perdomo “el  latonero”. Desde muy niño está con su padre observando su trabajo y es quién le acompaña, como ayudante, para transportar parte de la herramienta que utiliza su padre para, caminando,  desplazarse  hasta los diferentes barrios de nuestro municipio y  reparar utensilios domésticos.

      A pesar de acompañar a su padre, tiene que ir, como todos los niños, a la escuela, y su padre tiene la feliz idea de hacer las primeras letras para su hijo, utilizando “velgas”. Así que, una mañana, se presentó Antonio Manuel ante D. Bruno Déniz, su primer maestro, con el novedoso material ideado por su padre. Sorprendido D. Bruno por los utensilios didácticos  de su alumno, pensó que lo realizado por el Sr. Perdomo no era mala idea, y pensó sacarle la mejor utilidad, no sólo para Antonio Manuel, sino también para el resto de sus compañeros de curso.

       Y así fue como D. Bruno, con las “vocales de velguillas” sobre su mesa, iba llamando a sus pupilos diciéndoles que le alcanzasen la “a”, la “o”……etc. y recuerda Antonio Manuel que aprendió las vocales, al igual que sus compañeros, como un juego. La idea de su padre había dado resultado, (¿serían los inicios de los primeros recursos didácticos?) Al hacer su primera comunión pasó al Colegio La Salle, más tarde, obtiene el Certificado de Estudios Primarios con D. Manuel Hernández, finalizando su etapa estudiantil asistiendo a las clases de Contabilidad con Don Juan Zamora y Don José Marrero.

      Pronto tiene que ir  a trabajar   y lo hace en una sorriba, también ayuda a su padre encargado de la Sala de Billar y futbolines que había en la Calle Pérez Galdós, enfrente del antiguo Colegio del Sagrado Corazón. Allí se reunían amigos para echar una manita al billar, al futbolín, siendo un lugar de encuentro para pasar un rato. Estaba abierto casi todo el día, y según palabras de Antonio Manuel, aquello era “sesión continua”, esta sala de juegos, el baile, el fútbol y el cine, eran las distracciones en nuestra ciudad en la década de los cincuenta y comienzo de los sesenta del siglo pasado.

      Era un lugar para el intercambio de novelas del Oeste, muy leídas en aquélla época, sobre todo las de Marcial Lafuente Estefanía, quién había escrito su primera novela del Oeste en 1.943, hasta conseguir la cifra de 2.600 novelas en formato octavilla de no más de cien páginas cada una. El intercambio costaba unos cincuenta céntimos, y Antonio Manuel confiesa que leyó muchas de ellas, hasta que un día entre las novelas se encontró con un pequeño libro de “música” y las primeras clases de solfeo. Viendo que sería mucho más útil el libro de música que las novelas, se interesó en sus explicaciones, tomando la decisión de asistir a las clases de música que impartía “Juaico” en el Terrero para luego pasar, junto a sus amigos, Tito Ferrera, Melillo, Brito, entre otros, a las de D. Antonio Herrera, director de la Banda Municipal Como instrumento, le gustaba el saxo – tenor y fue lo que practicó, aunque estuvo poco tiempo en la Banda, donde su padre ejercía como “Archivero” de la misma. Hoy día, ha perdido la habilidad en sus dedos por el tiempo transcurrido sin volver a tocar el saxo y es sólo, un bonito recuerdo de su paso por la Banda Municipal.

      En cierta ocasión un amigo le comenta que la Empresa “INJAR” S.A. busca fontaneros  para su plantilla y le invita a que se presente. Antonio Manuel, que no tenía mucha idea del oficio, se presenta y al poco tiempo adquiere los conocimientos necesarios y trabaja para dicha empresa durante 23 años, siendo Lanzarote, Fuerteventura, Lanzarote y el Sur de nuestra Isla, los lugares donde más tiempo, ha ejercido su profesión. Su hermano Juan José, (también fontanero) trabajaba en Fuerteventura y Antonio Manuel lo hacía en Lanzarote y fue, en uno de sus contactos, cuando tomaron la decisión de unirse y fundar una Empresa de Fontanería en nuestra ciudad, cansados de tanto tiempo de un lado para otro. Así lo hacen, y fundan: “Fontanería Hermanos Hernández” en nuestra ciudad.

      Preguntado qué diferencias ve hoy en día relacionado con su oficio, con respecto a sus comienzos, me dice que antes, tenían que utilizar la “trinca” y “terraja” para hacer las “roscas” a los tubos galvanizados, hoy, te viene todo preparado como un “puzzle” con tubos de plástico, (polietileno),  más fáciles para trabajar.

      Antonio Manuel se casó en el Trapiche, el ocho de Septiembre de 1.968, con Doña María del Pino Marrero González, tienen tres hijos, dos varones y una hembra y tres nietos, (dos varones y una hembra) y dentro de muy poquito, esperan la llegada de una nueva nieta. Fue también de los que les tocó realizar el Servicio Militar en África, entre Melilla y las Islas Chafarinas, no pudiendo venir ni una sola vez de permiso.

       Tantos años en la profesión, le han permitido tener “ciertos secretos profesionales” que le hacen salir airoso, a la hora de encontrarse con todo tipo de averías. He de agradecer amables lectores/as, mi conversación (ya pactada hace algún tiempo) con Antonio Manuel para este espacio y que debido a su paso por el quirófano, tuvimos que dejar para mejor ocasión. El pasado Martes, tuvo la delicadeza de atenderme,  afortunadamente, ya muy recuperado. Gracias por todo Antonio Manuel y muchas felicidades para ti, y para toda tu familia, por la próxima llegada de tu nueva nieta
 

 

 

«DOÑA MARÍA DEL PINO HERNÁNDEZ SUÁREZ»©
(Conocida por Pinona)

 
 

         “La mayoría de los días, estoy, desde las seis de la mañana, sentada ante mi máquina de coser, y desde mi ventana, observo el amanecer del nuevo día, contemplo la hermosa panorámica de mi ciudad  y  la bellísima estampa de su iglesia”.

            María del Pino Hernández Suárez (Pinona), nace en Arucas el día 18 de Noviembre de 1.953, es la mayor de dos hermanas, hijas de Don Nicolás  Hernández Díaz, (ya fallecido) muy conocido por su trabajo en la Fábrica del Ron Arehucas, donde formó parte de su plantilla al cumplir los dieciocho años hasta su jubilación, y también por su negocio de Ferretería en la Goleta desde el año 1.968, su madre, Doña Teresa Suárez Alonso, estuvo muchos años al frente de la misma.

        A los seis años acude a la escuela del Cerrillo, siendo su primera maestra Doña María Teresa (no recuerda su apellido), pero sí, que fue también maestra de su madre, luego le dio clase Doña Rosario. En el verano de 1.963, acude a las clases que se imparten en la Academia Miralva de nuestra ciudad, fundada por los maestros Don Saturnino Miranda y D. Rafael Álvarez  y de aquélla época, me enseña una foto de las de “blanco y negro” en la que está junto a sus compañeros/as de clase y  recordamos que, un servidor, recién aprobadas sus Oposiciones a Magisterio, iniciaba mis primeras clases como “docente” en dicha Academia y que, entre mis alumnas, figuraba una “chiquilla” de la Goleta que conocíamos como Pinona y de la que recuerdo, a pesar de los muchos años ya transcurridos, que era una niña muy dócil y educada.

            Estuvo dos años en la Academia, aprobó el Ingreso a Bachillerato pero, se llevó una desilusión, cuando no aprobó todas las asignaturas de Primero a pesar de su preparación. Esto, le marcó mucho, y le dijo a su madre que no quería seguir estudiando y su madre le sugiere que sería bueno para ella que se dedique a coser. Tenía, en esos momentos, doce años y Pinona comienza así, el camino por el que se ha desarrollado su vida laboral, “la costura”. Comenzó cosiendo medias durante cinco años y en 1.967 decide hacer un curso de bordados que se impartía en el taller que la Casa Alfa tenía en Arucas. Como requisito para la asistencia a dicho curso era necesario adquirir una máquina Alfa que la propia empresa le vendía. Así lo hizo, y pagó por ella unas ocho mil pesetas de la época, dinero que le había guardado su madre de sus trabajos cosiendo medias, y les aseguro, estimados lectores/as, que  está completamente nueva.

            Terminado el curso y segura de sí misma por los conocimientos adquiridos, atiende a un buen número de clientas que le encargan sus trabajos de bordados y al mismo tiempo seguía también cosiendo medias. Al cumplir los dieciocho años, asiste a las clases de Corte y Confección en el taller de Juanita Hernández, obtiene el título y entonces, es ella, quien instala un taller en su casa e imparte clases. Conocedora de la importancia de su oficio, asiste a diferentes cursos de reciclaje y a las clases de Confección de trajes para Caballeros, título que le faltaba y que también obtiene.

         Todos estos sacrificios y trabajos, eran compartidos con el tiempo que tenía que dedicar en ayudar a su madre en la Ferretería, por ello, llegó a instalar un pequeño taller con sus máquinas, en la parte de atrás de su negocio. A pesar de tanto trabajo, Pinona quiere desquitarse de una “espinilla” que le preocupaba desde que dejó de estudiar y, al cumplir los veinte años, se matricula en Radio Ecca, saca el Certificado de Estudios Primarios, y más tarde el de Contabilidad. También se matriculó en el curso de Inglés y como ella dice, ya eso era más serio, aprendió lo básico, dejando ahí una puerta abierta  para retomar sus estudios cuando así lo considere.

        Siguiendo nuestra conversación, siento curiosidad por saber, cuando, tuvo tiempo para enamorase, con tanto coser… Pues, Manolo, -me dice- conocí a Pedro en la época dorada de los bailes en la Sociedad Atlántida, con las inolvidables actuaciones de grupos tan queridos y recordados como (pido perdón por si escribo mal sus nombres), los: Spider, los Rangers, Stuand Drak (venidos desde Moya), Zodíaco etc. en los años setenta, y tras siete años como novios, nos casamos en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario en la Goleta, el 13 de Noviembre de 1.976 y tenemos dos hijos: una hembra y un varón. El traje de novia que lució en su boda, fue confeccionado por ella,  animada por su amiga Delia, (que se casó con dos semanas de diferencia), y que hizo lo propio con el suyo. Juntas, fueron a comprar la tela, y en el taller, tras muchas horas de trabajo, ambas se dedicaron a coser sus diferentes trajes cuyo diseño salió de sus cabecitas. Pinona, según su amiga Delia, fue un poquito más pija y exigente con su  trabajo.

            Hay otra faceta en la vida de Pinona que está relacionada con el carnaval. Pedro, su marido, era componente de la Murga: Los Nietos de Kika, (luego con el paso de los años, Afilarmónica). Lolita Díaz, costurera, era quien les cosía los diferentes trajes a la Murga, pero después de seis años haciéndolos, no pudo seguir por razones de edad y entonces proponen a Pinona para que sustituya a Lolita, así lo hizo, empezó con los trajes de aquéllos componentes que eran de la Goleta para luego hacerlos con todos, durante veinte años seguidos, llegando a considerar a la Murga como a una verdadera familia y tiene un hermoso recuerdo de su vinculación con los carnavales, el haber sido la Pregonera del Carnaval 2007.

            De la época de los carnavales, guarda junto a sus compañeros/as, una hermosa anécdota  Resulta que le llama desde Televisión Española en Madrid, una periodista de nombre Letizia Ortiz para hacer un pequeño reportaje sobre un grupo de amigos/as que se preparan para festejar los carnavales y que vendría acompañada de un cámara. Después de fijar la fecha, lugar de encuentro etc, llegan hasta su domicilio en la Goleta, la periodista y el cámara para hacer su trabajo. Se graba el programa, con una gran simpatía por parte de la periodista quien les agradece todo el esfuerzo. Se marchan y  ya todos fueron atenciones, pues llamaba con frecuencia desde Madrid para tenerles informados/as sobre el día en que se vería y que perdonaran por lo poco que se
 iba a emitir, a pesar de tanto esfuerzo.

 

          Lo que pasó luego con Doña Letizia, ya lo saben todos/as y no voy a extenderme en ello, pero sí decirles que, Pinona, una vez pasada la sorpresa, se reunió con sus compañeros/as y acordaron enviar un regalo de bodas, un abrecartas (cuchillo canario), con la duda de si lo iban a recibir. El 27 de Mayo de 2004, un sorprendido cartero toca en su casa para hacerle entrega de una carta de la Casa del Rey, firmada por el Jefe de la Secretaría agradeciéndoles el gesto y que muy pronto recibirían una carta de los Príncipes. Así ocurrió, a los pocos días reciben una postal con una foto de la boda, agradeciéndoles el regalo. Como se pueden imaginar, ambos documentos están muy bien guardados.      

            Pinona siente también verdadera pasión por nuestro folclore, así como por sus tradiciones, vestimentas etc. Asiste junto a varias amigas a clases de folclore animando a su marido y están  durante cinco años teniendo siempre al mismo profesor, Se interesa por la confección de los trajes típicos canarios, asiste a las clases de María del Pino Alemán quién le asesora y se hace cargo, por primera vez de confeccionar la vestimenta para un grupo folclórico: Los labrantes.

            El amor por todo lo que rodea a nuestro folclore, hizo que junto a sus compañeros fundase la Agrupación Folclórica de Baile “Los Cabuqueros de Arucas” llevando el nombre de nuestra ciudad y de nuestras islas por tierras americanas, participando en festivales internacionales. En el año 2003 estuvieron en la ciudad italiana de Alatri, en 2005 en New Orleáns, en Junio de 2007 en San Antonio de Texas para participar en el Festival de las Naciones, acompañándoles el simplista “El Colorao” y el solista Abelardo “El Tormento”. De todos estos viajes tienen maravillosos recuerdos en hermosas fotografías, así como del buen trato recibido y por haber compartido con otros países participantes, canciones, bailes e incluso gastronomía.

            Recientemente han viajado a Valencia para participar en un festival invitados por su Ayuntamiento. Otro de los grupos invitados era de Serbia y da la casualidad que actuarán dentro de muy poco en el festival de Ingenio, invitados también por el Ayuntamiento canario y  los componente de los Cabuqueros, irán para saludarles y compartir con todos ellos un buen rato .El folclore tiene también esa parte hermosa de hacer amistades y hacer región.

            Sin darnos cuenta habían transcurrido más de dos horas de charla en su taller de costura, un taller, donde tantas veces se han reunido para planificar actuaciones y viajes, donde tantas veces han debatido democráticamente lo mejor para el grupo y donde tantas veces han celebrado, después de mucho trabajo, sus éxitos y haber hecho realidad tantas ilusiones.  Todo esto,  hace que se sientan como una verdadera familia a la que yo deseo que sigan así por muchos años. Al despedirme, le comentaba a Pinona que ahora sólo nos falta pedir perdón a nuestros asiduos/as lectores/as de Semblanza por ser esta vez tan extenso su relato, pero, ha valido la pena todo lo que me ha contado esta aruquense que desde los doce años anda entre agujas y telas, una aruquense que se vio algo frustrada en su niñez por los estudios, pero que ha sabido, con creces, enmendar esa frustración a base de coraje y sacrificios. Y el concepto que yo tenía de aquélla “chiquilla de la Goleta” en mi época de la Academia Miralva, de dócil y educada, hoy, cuarenta y cinco años después, lo multiplico por mil, añadiendo y destacando su generosidad, su entusiasmo y su gran corazón.  Gracias Pinona.
 

 

 

«DOÑA LORENZA DÍAZ DÍAZ»©
(Hija de Lolita Díaz, la Costurera)

 
 

 

                   “Con apenas dos años, me quedé sin padre, y mi madre, sin ningún tipo de ayuda, trabajó mucho para criar y educar a sus tres hijas”.

                Lorenza nace en Arucas el 8 de Abril de 1.942, es la segunda de tres hermanas, hija de Lolita Díaz, mujer muy conocida y muy querida en nuestra ciudad. Muy conocida,  porque dedicó casi toda su vida a la costura. La costura no tenía secretos para ella, y tan pronto hacía colchones, como un traje de novia, un traje de caballero o bordados.

     Lorenza recuerda mucho a su madre, fallecida hace ya dieciocho años, sobre todo, los sacrificios para sacar adelante a sus tres hijas. Por ello, la infancia de Lorenza no fue fácil, a la falta de su padre, se unía la escasez de medios económicos, y en muchas ocasiones, el ingenio intentaba paliar las necesidades. A sus seis añitos cogía un vaso, lo llenaba de agua de la “pila”, le echaba unos granos de sal y se acercaba hasta la tienda de Lazarita para que le diese un puñito de gofio que vertía en su vaso, lo revolvía, se lo bebía, y “pá la escuela”. En otras ocasiones le decía a su madre: Mamá ¿qué tenemos hoy para comer?,- ¡pues, mi niña!, no tengo nada que darles, contestaba su madre. Entonces, le pedía que le indicara quién le debía algún trabajo de costura para ir a cobrarlo, y así, con las cinco, seis ó siete pesetas que cobraba (su madre daba toda clase de facilidades a sus clientas)  poder comprar: la mitad de un cuarto litro de aceite, un Kilo de papas y un paquete de arroz. Ese día, se había solucionado el problema

   Empezó su escolaridad en la clase de Doña Lola Cabral en la Acequia Alta, pero luego, al inaugurarse el Grupo Escolar pasó al nuevo Centro. Estuvo hasta que cumplió los diez años, pues, pronto comenzó a trabajar como “criada” limpiando, haciendo mandados, en  fin, todo lo que la “Señora de la casa” le mandaba. Luego, ya adolescente, tuvo mejor suerte y trabajó en la Fábrica La Isleña hasta que se casó.

            A partir del trabajo en la Fábrica, todo fue un poquito mejor, ayudó a su madre en la confección de los trajes de Carnaval de “Los Nietos de Kika”, durante los seis primeros años y en los diferentes encargos que la clientela hacía a su madre y, así, salían adelante. Lorenza me cuenta que, si su infancia fue dura, no lo fue tanto sus años mozos, le gustaba mucho el cine y divertirse en los carnavales. En compañía de varias amigas se hacían sus propios disfraces gastándose lo justo, le gustaba bailar con vecinos que apreciaba mucho (mayores sobre todo) para, con bromas, pasarlo muy bien, pues, mientras ella los llamaba por su nombre, ellos nunca supieron quién era aquélla mascarita que les invitaba a bailar. Le gastó bromas hasta a su propio novio en la Sociedad de Cardones, enterándose éste, muchos años después.

            A su novio, Eduardo González, lo conoció en las fiestas de San Isidro, (Cardones), recuerda que se le acercó interesándose por ella y que su respuesta para salir de aquélla situación, fue que era aún, muy joven, para comprometerse. De nada le sirvió esta disculpa a Lorenza, pues ante la insistencia y seriedad de Eduardo durante los paseos en la Calle León y Castillo en Arucas, terminó aceptándolo y enamorándose, y tras diez años de novios, deciden contraer matrimonio en Arucas el 21 de Febrero de 1.971.

            Dicho así todo parece muy fácil, pero Lorenza me indica que su madre, quizás también  por verse sin su marido, era muy vigilante con sus hijas, como todas las madres en aquéllos años. Siempre les recordaba: “Al hombre el codo, pero no todo”  y para los paseos, la siguiente advertencia: “Ni de la Heredad p´a allá ni del Pino p´a bajo” y eso que, desde un principio hubo buena química entre su novio y su  madre.

            A pesar de ello, tardó bastante en poder entrar a la casa de la novia  por lo que la conversación entre ambos, transcurría en el portal y, si llovía, Eduardo se protegía en el portal de la casa situada justo al frente de la de su novia y, alzando un poquito la voz continuaban su conversación, aunque, no era igual, y si la lluvia continuaba, terminaba por macharse.

            Tanto a ella, como a sus hermanas, no les costaba obedecer a su madre, pues comprendían que su preocupación no era otra que, el  buen comportamiento y fundamento de sus hijas, fuese el correcto. En cierta ocasión, Lorenza acompañó a su futura suegra al Puerto de La Luz para recibir a su novio que venía de Cádiz y le indicó que a la vez que Eduardo traía su coche, siguiese con él hasta Arucas, así lo hizo, pero, al llegar a nuestra ciudad, dejaron el coche aparcado en la Plaza y fueron caminado hasta su casa, diciéndole a su madre la mentira piadosa de que habían venido en “pirata”. Lo comentó como pura anécdota, tonterías de la época, pero……

            Como anécdota me cuenta también que para su boda, se amonestó de primera y última (la costumbre eran tres amonestaciones, una por cada domingo antes de la celebración de la boda), y que el sacerdote le dijo: “Y esas prisas Lorenza, por ¿qué no, tus tres amonestaciones? A lo que ella le contestó:- usted no se preocupe, que no hay nada por medio, así que, nos puede casar tranquilamente. Entonces,- le replicó el sacerdote -, tienes que venir con dos testigos. Salió a la calle, los encontró y los llevó hasta la Sacristía. Y por si fuera poco lo de las anécdotas, el día de su boda falló la luz eléctrica y uno de los taxis que la llevó a la iglesia, colocó el coche frente a la puerta principal de la iglesia, para con la luz de sus faros, remediar el problema. Era la época en la que en nuestra ciudad, los domingos había luz eléctrica uno sí y otro no, pero, al fijar la fecha de la boda, no se dieron cuenta y ya no hubo solución.

            Lorenza ha sido una de las “pioneras”, junto a otros vecinos/as, en la colaboración y confección de una las alfombras para el día de la procesión de la Burrita a su paso por la Calle Cerera. El tramo desde el Bazar de Mary Carmen Brito hasta el bar de Guzmán es el espacio que año tras año, preparan para el paso procesional. También colabora en el adorno de balcones y azoteas, el día de la Romería a San Juan.

            Hoy, Lorenza es muy feliz con su marido, sus tres hijos (1 varón y dos hembras)  sus dos nietos: Iván y Melisa y con la presencia permanente de su madre, si no de manera física, sí, en las diferentes fotografías que tiene de ella por varios rincones de su casa. Sus sacrificios, sus anécdotas, su taller de costura, han quedado grabados para siempre en el interior de su hogar.

       

 

 

«DOÑA MARUCA NAVARRO GONZÁLEZ»©

 
 

                 “Me siento muy orgullosa de poder contar con infinidad de amistades que, más que clientas, por mi faceta Comercial en Arucas, me han demostrado que me quieren y que son verdaderas amigas”.

           Maruca Navarro González, nace en la Aldea de San Nicolás el 23 de Julio de 1.940, ocupando el cuarto lugar entre siete hermanos (3 varones y 4 hembras). Su padre había emigrado desde Palestina, hasta Gran Canaria, y recorrió la mayoría de nuestros municipios con su “fardo”, vendiendo ropa como muchos de sus compatriotas, y en un rinconcito de nuestra Isla, allá en Acusa (Artenara) conoció a una niña de trece años, por la que esperó para convertirla en su esposa al cumplir los dieciséis, decidiendo establecer su residencia en la Aldea de San Nicolás. Don Adelkader Hussain, conocido en toda la Aldea como D. José Navarro “el árabe” ejerció  actividades comerciales y se hizo cargo de la representación, entre otras, de las máquinas de coser “Singer”.

        Preocupado por la educación de todos sus hijos/as, les matriculaba en el colegio de la localidad, al que acudió Maruca desde los seis años, hasta cumplir los diecisiete. Desde la época escolar conoció a Víctor León Sosa, con el que fue entablando una amistad, la permitida en aquéllos años, aunque, con el paso de los años, van descubriendo que sus intenciones iban más allá de una pura amistad. Maruca, siente interés por todo lo relacionado con las manualidades, así como con el mundo del bordado y la costura. Su padre, para que su hija estudiase algo más, la interna en el Colegio de Las Salesianas de la calle Tomás Morales en la capital, dos años. Durante las vacaciones, volvía  a su pueblo natal para, entre otras cosas, verse con  el joven Víctor que estudiaba bachillerato en el Instituto que hacía, muy poco, había comenzado su andadura educativa en la Aldea.

         Al año siguiente, Maruca acude a Tenerife para realizar un curso sobre “Profesoras de Hogar y de Educación Física” impartido por la Sección Femenina y que aprovechó al máximo, regresando a Gran Canaria con la titulación que le capacitaba para llevar a cabo su cometido, pero que no llegó a ejercer por la negativa de su padre. Entonces, toma la decisión de montar un taller de costura y bordados en la Aldea al que se matriculan bastantes alumnas, llegando a contar con catorce máquinas de coser en el taller. Mientras, Víctor León, con el que había iniciado su noviazgo, regentaba la única Ferretería en el pueblo. Tras cinco años como novios, deciden contraer matrimonio y, lo hacen en la Parroquia de San Nicolás en la Aldea, Fue una boda muy bonita y a la que acudió prácticamente todo el pueblo, pues ambos eran muy conocidos, así como sus respectivas familias. D. Víctor, no sólo por su actividad comercial era conocido en el pueblo, también lo era, en aquéllos  momentos, como jugador destacado del Imperio CF: equipo de fútbol de la localidad que se había proclamado Campeón de Liga de la Zona Centro-Norte, figurando en el equipo ideal del Campeonato como uno de los medios más destacados junto a su compañero Zario, (Nazario).

         La boda se llevó a cabo el 23 de Julio de 1.964, el día que ella cumplía sus veinticuatro años y él contaba 27. Después de contraer matrimonio están poco tiempo en la Aldea, pues sus habitantes pasan por momentos difíciles para la economía del pueblo, son varios años seguidos sin llover y el matrimonio decide trasladarse a Las Palmas en busca de nuevos horizontes.

            Llevaban poco tiempo en Las Palmas, cuando a D. Víctor se le presenta la oportunidad, junto a otros socios, de adquirir el negocio de D. José Juan Megías Fernández  y de nuevo el destino quiso que se viese al frente de lo que más conocía, el mundo de la “FERRETERÍA”.

             Para todos los aruquenses, a pesar del cambio de propietarios, se le siguió conociendo como la ferretería de Víctor, pues coincidía su nombre con el que hasta aquéllos momentos, figuraba como cabeza visible en el negocio (D. Víctor Almeida). El matrimonio “León Navarro” se instala en Arucas y, es en nuestra ciudad donde educan y crían a sus cinco hijos (1 hembra y 4 varones) que le han dado 8 nietos (6 varones y dos hembras). Pasan los años y Doña Maruca, mujer emprendedora, consulta a su marido la posibilidad de abrir un nuevo negocio en nuestra ciudad relacionado con la industria textil. D. Víctor comparte también la idea de su esposa y traslada su ferretería a un nuevo local, dando vía libre a su esposa para que el nuevo negocio ocupe el espacio que albergaba la ferretería.

             En sus comienzos, lo dedicó al mundo de la “ropa vaquera” y poco a poco, sus propias clientas iban marcando la pauta, con lo que deseaban adquirir, de convertirla en  tienda de modas a la última, por lo que obligó a Doña Maruca a viajar a la Península con  mucha frecuencia para visitar, fábricas y “Ferias” relacionadas con el mundo de la moda así como Comercios Especializados en la capital del Reino.

            Después de muchos años de actividad comercial en nuestra ciudad, tanto su marido como ella, “echaron el cierre a sus negocios”  para disfrutar de sus hijos y de sus nietos, de su familia en general, dedicándoles el tiempo que, por motivos de sus respectivos trabajos, no pudieron ofrecerles. Al margen de su actividad comercial, el matrimonio León Navarro, ha sacrificado parte de su tiempo libre en actividades de carácter humanitario. D. Víctor fue, entre otros, socio fundador del Club de Leones en nuestra ciudad y su primer Presidente y convenció a un íntimo amigo suyo de Albacete para que lo crease en dicha ciudad, cosa que se llevó a cabo y que según sus noticias, funciona muy bien. Doña Maruca fundó la Asociación de Mujeres “Cristina Molina Petit” en nuestra ciudad y es colaboradora y Dama de la Obra de San Juan de Dios y de “Manos Unidas”, organizando, junto a sus compañeras, tómbolas,  rifas y meriendas con la única finalidad de ayudar a estas Instituciones bajo el lema que a ella siempre, le gusta recordar: “Lo que haga tu mano derecha, que no se entere la izquierda”.

            Llevan más de 40 años fuera de su pueblo natal, La Aldea, pero no olvidan sus raíces y van con mucha frecuencia para visitar a familiares y amigos y, en cuánto a nuestra ciudad, han decidido quedarse definitivamente, pues en ella han encontrado el afecto, el cariño y la amistad de sus conciudadanos.

             Sin darme cuenta, pasó el tiempo de mi conversación con Doña Maruca, conversación en el local, hoy ya vacío,  de su negocio, el cual le permitió conocer buenas y sinceras amistades, cosa que no es de extrañar, pues, es, persona que refleja en sus ojos, su sinceridad, generosidad y su don de “buena gente”.

 

 

PARA LEER MÁS SEMBLANZAS  ►