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LA SONRISA
Para Jorge, Óscar, Manuel y
María que, con sus miradas y gestos, animan
mi andadura
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Pese a todo. con los silencios rotos; la
alocada prisa brillando en las aceras; el
gesto adusto del transeúnte malhumorado; la
suciedad ahogando los suspiros de la vida;
el salario maquetado con jirones de
estrechez o en ausencia que estrangula, sin
futuro de mejora; el fracaso escolar al
borde del camino; la injusticia asolando
territorios de igualdad; la hipocresía
adquiriendo carta de ciudadanía; el egoísmo
arropado por la estulticia; la envidia como
consuelo de debilidad; La familia como
concepto devaluado; el consumismo
idolatrado; la telebasura como icono
sublime; la utopía perdida en el arcón de la
nostalgia; el amor convertido en una
servilleta de papel; la mirada más cerca del
subsuelo que de las estrellas; los mitos
desvanecidos; la amistad sin cotización
social; la pareja sin estructura de
cohesión: el respeto, la tolerancia y la
comprensión como huecas palabras de un verso
escrito desde la provisionalidad del
compromiso; el hábito de la lectura en
desuso; la demagogia política haciendo
frontera con la charlatanería de feria; la
inseguridad instalándose entre nosotros; el
dolor ajeno resbalando por las grietas de la
indiferencia; el escepticismo blindado como
soporte de convivencia...
Pero, pese a todo, me quedan vuestras sonrisas de
ingenuidad tejida, el profundo mensaje
escondido en la mirada abierta de
vuestros escasos años, vividos a lomos de
una infancia de arquitectura sin resabios ni
venganzas, de caricias desinteresadas, de
palabras y gestos construidos en el taller
de la espontaneidad, que iluminan el
túnel de mi vejez cual hermosas luciérnagas
adheridas a las paredes del alma. |