LÁGRIMAS NEGRAS
Por JUAN FERRERA GIL

 
 

«LA TARDE»©

 
 

        “Cuando la tarde languidece, renacen las sombras”, dice la letra de una conocida canción. Pues ahí tienen, improbables lectores, la posible imagen de esa letra: luz en el cielo y sombras, con calculada y precisa armonía, que se van asentándose en la tierra como quien extiende una sábana en el lecho donde  transcurre singularmente la vida.

         Pero debe haber otras interpretaciones y, acaso,  dudas: ¿La “tarde” es la “tarde de la vida”? ¿O querrá sugerirnos otra idea? Antonio Machado también lo dijo: “Yo voy soñando caminos de la tarde”. ¿Acaso la imagen nos habla  de  “la vejez espiritual”?  

         Se suele asociar la vida a las estaciones del año. Muy posiblemente esta forma de relacionar ambos conceptos venga de lejos, acaso quizás desde que el ser humano comenzara a escribir hace miles de años. Infinidad de poemas dan fe de ello  y otras tantas canciones, y tengo para mí que las melodías hispanoamericanas suelen ser tan sugerentes como páginas de literatura eternamente abiertas. Así, en “Las sentencias del tata viejo”, de Buenaventura Luna y Óscar Vallés, que por aquí popularizaran Los Sabandeños  en aquellos años en los que la música de Hispanoamérica se confundía con la de Canarias y se mestizaba con aquella, hay un fragmento que dice:

“Cuatro edades cumple el hombre,
antes de haber vivido:
la inocencia en que ha nacido,
poco después la esperanza,
la dicha que nunca alcanza
y, por último, el olvido.”

              La naturaleza mezclada con la existencia.

        Y han tenido que recordárnosla los poetas, siempre tan ensimismados en las cuestiones universales de la vida. O del sentimiento, que diría Machado. Mientras, nosotros damos inevitables vueltas a asuntos banales en los que la irritación se manifiesta a flor de piel para que después, indefectiblemente, llegue la tarde y nos haga cruzar a la otra orilla del tiempo.

    Con o sin barca de Caronte.
    Y, después, el silencio.
 

 

 

«HISTORIAS DE LA MILI»©

 
 

            En abril de 1982 nos encontrábamos en la División Acorazada Brunete nº1 en Madrid. Allí defendimos a la patria. ¿O a la Patria? Fue aquel tiempo bastante conflictivo. Andaban los militares jugando con las armas y el pasado y la democracia, la verdad, no les hacía maldita gracia (perdón por la rima). Hubo varias intentonas golpistas después de la de Tejero. Eso al menos dijeron los periódicos entonces. Y sí, la verdad, hubo movidas. Pero, claro, no es lo mismo estar en el ejército en ese momento; los hechos se ven de otra manera. Servimos en un cuartel ubicado al ladito mismo de TVE, que era la única que había entonces.

          Recuerdo que una noche me despertaron de madrugada. Pensé que era una broma del muchacho que hacía la imaginaria. Pero cuando oí la voz de aquel sargento barbudo (“¡Armero, levántese!”) salí disparado.

--Prepare cincuenta fusiles con su munición correspondiente.

         Yo, que no me gustan las armas, fui el responsable de las mismas en el cuartel. ¡Quién me lo iba a decir! Yo, que no estudié Medicina, iba como médico a los ejercicios de tiro: cogía el bolso de los primeros auxilios (que incluía “unos alicates universales”, y no me pregunten por qué), me subía en la ambulancia “y palante”. Y cuando yo no iba, lo hacía el pintor, el electricista o el mecánico. Ahora que lo pienso detenidamente no sé si alguna vez fue algún médico al ejercicio mañanero. Bueno, menos mal que no pasó nada. Y mi amigo Domingo Sarmiento, que había hecho Farmacia por aquel entonces, conducía camiones enormes (estuvo destinado en Transportes) cuando no se tenía que tirar de los mismos en plena marcha porque su capitán, un hombre alto, flaco y feo, de apellido Pimentel, era más belicoso que El Capitán Trueno. En fin, lo que quiero decir es que era “armero” cuando le tenía un pánico a las armas de mucho cuidado. Pues, nada, aquella noche misteriosa ya no pude dormir. Los amigos de la Compañía de Sanidad salieron de madrugada, pertrechados de balas,  con rumbo desconocido. Ya saben: órdenes son órdenes, y no se discute. Pensé que era otra intentona golpista y me pegué a la radio los días siguientes. Pero las noticias no dejaban entrever nada. Y así pasaron los días y seguíamos sin tener noticia alguna. Al cabo de una semana, poco más o menos, regresaron y entonces supimos lo que nunca llegó a publicarse: como la guerra de Las Malvinas se encontraba en su inicio, nuestro país había fletado un avión civil de Arabia Saudí que envió al ejército argentino cargado hasta los topes de munición. Y los compañeros aquella noche habían ido a Toledo en camiones para escoltar toda esa munición hasta Madrid, cuyo traslado se verificaba en horas nocturnas.

         Y tardaron días. Y yo pegado a la radio.
 

 

 

«“ESCRIBIR ES COMO SALIR AL MAR” (Juan CRUZ RUIZ)»©

 
 

      “La ciudad de Las Palmas, tendida al lado del mar, aparecía temblorosa, blanca, con sus jardines y sus palmeras.”

Carmen LAFORET:La isla y los demonios (1) 

      Las mañanas de los domingos isleños adquieren diversas y variadas texturas. Todo depende de los gustos, de las aficiones, de los pareceres y de los sabores individuales. Siempre el Puerto ha sido origen y destino de los isleños. Recuerdo que en mi niñez mis padres nos llevaban a dar un paseo  por el Muelle de Santa Catalina, que, a vista de los ojos infantiles, resultaba enorme, misterioso,  lleno de piratas, y nos transmitía una especie de miedo que sale al encuentro. Un domingo por la mañana me acerqué, después de muchos años, al Puerto de la Luz, el mismo puerto por donde entra la vida comercial de la isla, el mismo espigón que nos ha llevado a Inglaterra, incluso antes que a España. Y descubrí que a pesar de los cambios sociales, de las costumbres nuevas y de los valores cambiantes, y de la tecnología que nos encarcela en nuestros hogares, hay actos que permanecen por encima de todo: la visión del mar, de los barcos, de las efímeras estelas y de los colores que adquiere la bahía. Y las hábitos se mantienen: la gente sigue pescando, las familias continúan  llevando a sus hijos a ver el malecón, los barcos, los buques abandonados (uno de nombre Kaliningrado, de pasado imperial), y los marinos de diferentes nacionalidades asomados a la ciudad.

    Y, al fondo, la ciudad de Las Palmas. Es el mar la proyección de nuestros sueños y el camino a donde se dirige la imaginación que busca la aventura, el misterio, el dolor y la alegría en el vaivén de las olas. Esas olas que traen progreso y también la dura realidad de la inmigración africana, hoy, y antes, la de nuestros paisanos dispuestos a cruzar el charco. ¡Y chiquito charco!

   Y la ciudad: bella y fea, blanca y negra, armoniosa y única. Es nuestra ciudad. Es Las Palmas de Gran Canaria la que nos trae los recuerdos. La misma ciudad a la que de pequeños íbamos “vestidos de bonito”, con la ropa de los domingos que nuestras madres se empeñaban en ponernos porque sencillamente “la capital era otro mundo.”

          Sin pensarlo, ha sido un domingo el día que he vuelto a reencontrarme con el Puerto de la Luz; el mismo puerto que desde la casa de mi tía Lola veíamos de pequeño y que tanto nos fascinaba.

         Es el muelle la puerta de entrada del progreso. Siempre lo ha sido.

 

(1)Carmen LAFORET, La isla y los demonios, Ed. DESTINO, Barcelona, 1969.
 

 

 

«El Sol de Visvique»©
Periódico Independiente Para Lectores Inteligentes (PIPLI)
AÑO XV NÚMERO 1956 DICIEMBRE 2025

LOS VIENTOS ALISIOS, EL CICLÓN DE LAS AZORES
Y LA PROXIMIDAD A ÁFRICA (y II)
(ALIZORFRICA)

 
 

     “Lo primero que haremos --dijo la presidenta, una tal Milagros (la que ustedes están pensando, ¡no!; sino una prima lejana del Pagador: Milagros Bentolín Zorrilla)-- es reabrir la Fábrica de Muñecas de La Isleta, de tanto esplendor en tiempos pasados, y descatalogar sobre la marcha los sebadales de la zona, la fauna marítima y terrestre y cualquier endemismo que surja ahora o dentro de cien años; además de estar todos calvos. Uniremos mediante dos puentes las islas capitalinas. Así que podremos ir en coche de Gran Canaria a Tenerife, y viceversa también y por supuesto. Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón. Lo primero, los puentes. El de Tenerife se llamará Pepito Rodríguez, hombre comprometido con el archipiélago entero y extremadamente regionalista; siempre y cuando renuncie a su campaña de retirar el “Gran” a Tamarán. Y el de Gran Canaria se denominará  Antonio Cubillo, experto independentista en bombas falsas.”

            En el ínterin,  el atentado fue reivindicado una segunda vez por el Comando Mauritano ALIZORFRICA, sección revisionista de AL QAEDA, que había logrado sacudir las conciencias de la rica Europa de Ultramar.

          En las islas todo se pospuso “sine die”: atrás quedaron las discusiones por la construcción de otra macrocárcel y las protestas contra  la Central Nuclear de El Aaiún; se aplazó la enésima reforma de la ley electoral canaria y suspendiose la reimplantación de las peleas de gallos, que tan tradicionales fueron en tiempos remotos, cuando la hojarasca de la bobería social y la impertinencia ni siquiera se atisbaba en lontananza; por el mismo camino tomaron rumbo la reforma educativa y la del plátano; la de La Gala de la Atinómica y la de los Carnavales también. Sólo la perspectiva de futuro era sólida y altamente positiva en la nueva isla surgida entre las dos grandes. Las posibilidades turísticas renacieron como una nueva gallina de los huevos de oro. Pero surgió otro problema: Pepe Dámaso, que había recogido el estandarte de César Manrique, se había ecologizado de tal manera que arrastró a todos unos incordios eternamente comprometidos (ya se sabe: profesores anarquistas y asamblearios; médicos de Atención Primaria y Educativa; dandys de prestado y bohemios de alquiler) mientras que el gobierno canario se empeñaba más y más en que las empresas canarias del sector servicios fueran las primeras en pujar por el nuevo espacio.

           Pero una gran parte de la población, totalmente ajena a estas nuevas oportunidades, más que nada porque nunca leía la prensa diaria, seguía ensimismada en el atentado. Entonces, la Iglesia aprovechó la coyuntura para sacudir las conciencias, las buenas y las malas, y preparó concienzudamente dos magnas procesiones y peregrinaciones, a pesar de no ser año compostelano: la Virgen del Pino regresaría a la capital, tal y como sucedió en el 2000, pernoctaría quince días en la Catedral y volvería a la Basílica por Arucas; y, naturalmente, la Virgen de Candelaria, la más bonita y la más morena, haría lo mismo en Tenerife, es decir, pernoctaría quince días en la Catedral grancanaria y regresaría a su Basílica también por Arucas. Y como el Vaticano es un Estado y muy inteligente, y con la Iglesia “hemos topado, amigo Sancho”, la campaña publicitaria recayó en la cadena preferida de los canarios, TELE5, y así dejaremos de ver, por fin, el Parque García Sanabria. Además, la berlusconiana cadena realizará un “reality-show” en el Convento de las Dominicas, antes de que lo reconviertan en hotel rural, con excuras, exmonjas y demás ex, por aquello de que “donde hubo siempre queda”. Mientras las Dominicas, y sus madres, estudiaban el asunto, las del Císter, en plena crisis, aumentaron notablemente sus ventas, más que nada porque la devoción de los peregrinos exigían sus cuotas de glucosa en sangre:los bollos de anís y las truchas de cabello desaparecían como ensalmo.

        Cuando se supo que Pepito Rodríguez, el dueño-editorialista de EL DÍA, había sido secuestrado por el Comando Tamarán GranCanarión (CTGC), cuyo logotipo era un pájaro  canario, con fondo azul y blanco, y difuminado sobre el mar los escudos de la U.D. Las Palmas y del C.D. Tenerife, la policía quedó totalmente traspuesta. Hubo que renovar la plantilla con otra venida de la Península, pues la de aquí estaba comenzando a sufrir los primeros síntomas de Una Gran Depresión, más que nada porque el Tenerife bajaba y bajaba y la U.D. ni subía ni ascendía. Ambos equipos, en el limbo del mundo deportivo, parecían encaminarse a los infiernos mismos y ser apartados de Estudio Estadio, de las Previas y de los sesudos análisis de los comentaristas deportivos que, semana tras semana, planteaban las mismas preguntas y siempre parecían nuevas.

          La depresión, y no sólo atmosférica, se complicó con una gota fría de mil pares de narices que se vino a mezclar con el sexo cibernético y ello provocó, inevitablemente, que la Vela Latina desapareciera de la bahía atlántica. Todo se fue diluyendo como un azucarillo en un café tipo mezcla.

           Y la cosa se complicó aún más. Los ayuntamientos del norte de Gran Canaria, en sesudas sesiones, urbanizaron toda la costa y no dejaron charco que no tuviera su plan urbanístico. Las carreteras fueron deprimidas, y la población aún más, con el fin de aprovechar el espacio superior, que quedaba libre de polvo y paja. Y se hizo la tercera pista del aeropuerto. No sólo desapareció Ojos de Garza, sino que la autopista del sur se desplazó al interior y acabó con los terrenos destinados a un gran parque natural, que no sólo no se hizo, sino que otros dos más fueron borrados del mapa: uno paralelo a Las Vegas, en la ciudad de Arucas, y otro, aún mayor, en La Aldea, que incluyó el tradicional charco, lo que originó que las ancestrales Fiestas del Charco desaparecieran junto con el catálogo de especies que el canario gobierno renovaba, y aumentaba, cada semana en cada sesión de desgobierno.

        Y ocurrió lo que tenía que ocurrir: la isla se convirtió en una permanente cola: coches, guaguas y trenes no daban avío a transportar la ingente cantidad de gente que la isla soportaba. Y entonces llegó lo peor: los días de fiesta cambiaron de lugar. Como ya no era posible que la población descansara el fin de semana, porque no cabía físicamente en las calles, ni en los cines, ni en los parques, ni en los campos de fútbol, hubo que reformar la legislación laboral. Y para ello se consultó al alcalde chino de Arucas, un tal Cha Nin, que vino a señalar que los descansos se debían realizar por sectores de población, tal y como ocurría en China desde tiempos inmemoriales. La medida se experimentó en el área metropolitana de Santa Cruz, y al ver los resultados positivos que presentaba, se aplicó a las demás islas, si bien en Lanzarote, que siempre fue un volcán a punto de estallar, se puso en práctica a cambio de urbanizar lo poco libre que quedaba de Timanfaya, donde unos personajes, de apellido Martín, mantenían el poder heredado, a pesar de la democracia y de los votos. En Fuerteventura todo fue más fácil: gracias a un marqués y a unos gallegos que por allí quedaron cuando el boom de la construcción,  cercaron Tindaya y no sólo mandaron al carajo el proyecto de Chillida, sino que además se lo apropiaron y el espacio que quedó libre dentro de la montaña fue parcelado y alquilado a unos hoteles de renombre mundial, con sede social en las Islas Caimán: era el primer espacio que en el interior de una montaña se alquilaba en el mundo. Para que luego digan que los canarios lo único que aportamos en el terreno turístico es el sol. Siempre ha habido habladurías y ésta no es más que una de ellas, con el fin de desprestigiarnos y de creer que somos unos aplatanados y unos conformistas de mucho cuidado. Sólo entonces se oyó una voz discordante desde lo alto del Cenobio de Valerón:

   --¡Y gracias a esto y al potajito y a las papitas  y a una mujer que me quiera, vamos tirando!...
 

 

 

«El Sol de Visvique»©
Periódico Independiente Para Lectores Inteligentes (PIPLI)
AÑO XV NÚMERO 1956 DICIEMBRE 2025

LOS VIENTOS ALISIOS, EL CICLÓN DE LAS AZORES
Y LA PROXIMIDAD A ÁFRICA (I)
(ALIZORFRICA)

 
 

           La bomba había explosionado en el Centro Comercial Mamotreto EL MUELLE, al principio mismo del viejo Santa Catalina, a las diez y veinte de la mañana. A pesar del enorme estruendo producido, donde unos pensaron en los enormes tanques de la BP en el Puerto y, otros, los menos, creyeron que el Queen Elizabeth II visitaba de nuevo la bahía, sólo hubo veinte heridos leves. Un milagro como otro cualquiera. La policía, sumamente nerviosa, investigaba; la defensa militar puso en marcha su propio dispositivo de seguridad interior en el Puerto con los viejos buques de la Armada y la entrada marítima de la isla, justo por donde siempre había penetrado el progreso, quedó sellada a cal y canto.

         En Santa Cruz de Tenerife, a las tres menos diez de la tarde de ese mismo día, explosionó otra bomba que causó diecinueve heridos leves. Un milagro como otro cualquiera. La policía, más confusa aún, peinó y cercó la isla entera, como si fuera un anillo insular, y la Armada de Anaga también cerró el muelle. La clase política, que nunca la tuvo, andaba tan despistada como un alumno de la ESO en septiembre, y la Guanchancha pudo estrenar por fin los uniformes para ocasiones especiales.

           Al día siguiente, un jueves de un nervioso y estrambótico mes de septiembre, las víctimas se localizaron en Lanzarote, La Palma y Fuerteventura, casi al unísono y en el mismo tono menor, con un total de quince heridos leves. Otro milagro como otro cualquiera. Sólo al tercer día, y a través de internet, un vídeo aseguraba que los atentados en “la tierra africana de las Islas Canarias” eran reivindicados por la rama mauritana de AL QAEDA, una célula durmiente que se desperazaba en contadas ocasiones. Los controles policiales se extendieron rápidamente por todas las islas y por todos los barrancos, cumbres y valles. Nada quedó sin revisar, nada se dejó de investigar: ni el Teide, ni el Roque Nublo, ni Timanfaya. Los panaderos, en las tempranas horas de la mañana, eran los primeros que empezaron a sufrir los atropellos necesarios que la seguridad ocasionaba. Y así, sus furgones y las enormes cestas de pan calentito eran revisados de arriba y abajo; como cuando la policía franquista se volvió loca buscando al “Rubio” en la Hoya de San Juan de Arucas, y no sólo no lo encontró sino que además se dispararon entre ellos. Era tal el miedo y la sensación de vulnerabilidad que hasta la misma policía local comenzaba a desconfiar de sus propios vecinos. La población aguantó, no le quedaba otro remedio, el chaparrón de las incomodidades y de algunas actitudes salidas de tono. Sobra decir que la población africana se llevó la peor parte. La mezquita de Vecindario quedó clausurada definitivamente, y la que se construía en Juan XXIII, en Santidad de Arucas, quedó paralizada cuando el constructor comenzó a recibir tantas presiones que no le quedó más remedio que presentar un ERE improvisado y a última hora, pero, eso sí, totalmente legal. Las colas mañaneras para ir al trabajo aumentaron considerablemente y ya nadie llegó a tiempo a ningún sitio. Así, ante tanta incomodidad, la gente optó por el transporte público, lo que provocó que las obras de ensanchamiento del Puente de Silva se agilizaran notablemente. En apenas tres días las colas desaparecieron de las islas capitalinas, y las empresas TITSA y GLOBAL tuvieron que alquilar guaguas a las distintas compañías privadas del sector porque no daban avío con tanto pasajero. En las gasolineras, sólo guaguas y camiones. El tren que unía la capital con el sur aumentó su frecuencia y a todas horas iba repleto. Pero las colas volvieron en cuanto la policía comenzó a revisar las guaguas y los trenes sin encontrar pista alguna, sin dar con ningún sospechoso. La gente volvió a aguantar estoicamente sin decir siquiera “ ¡ay que joderse!”, que con el tiempo vino a significar la singular lucha del pueblo canario contra las aberraciones y sobresaltos de las autoridades.

     José Saramago, en una conferencia leída por Pilar del Río en la Casa de la Cultura Agustín de la Hoz de Arrecife, lo había anunciado: el aplatanamiento de la seguridad. Pero la clase política, joven e inexperta, dijo que “Saramago ya está metido en su invierno”, y lo tachó, además, de “viejo, trasnochado, cansado y permanente cascarrabias.” Un tal Martín estuvo, entonces, esplendoroso cuando desacreditó al Nobel de Literatura, con argumentos llenos de vanidades urbanísticas, en la cantina de la Asociación de Vecinos donde lo más intelectual que había era una partida de envite y dos de dominó.

       Sin embargo, otro suceso iba a cambiar definitivamente el panorama archipielágico. Cinco días después de los atentados, en los que la policía no paraba, los militares tampoco, y el ministro del Interior se había afincado definitivamente por aquí, en un lujoso hotel del sur con jacuzzi y aguas termales de Azuaje y Berrazales, vino a su ceder que un terremoto entre Gran Canaria y Tenerife, o entre Tenerife y Gran Canaria, dejó como resultado, además de sacudir las conciencias, una amplia superficie terrestre a medio camino entre las dos islas. Inmediatamente los nacionalistas dijeron que la nueva isla surgida de las entrañas de la tierra era San Borondón. Los conservadores hablaron de la Atlántida y los progresistas, ni una cosa ni la otra, sino las dos a la vez: Atlanborondón, según Iker Jiménez. Casi sin haber salido de los hospitales los heridos leves, se personaron en las delegaciones del gobierno nacional y regional toda una pléyade fantástica de empresarios urbanísticos fantásticos dispuestos a levantar apartamentos de alto standing en el nuevo e inesperado lugar. Pero el gobierno regional, con muy buen criterio, puso las cosas en su sitio y dijo en voz alta:

                                                 ¡¡¡QUIETAS LAS VACAS JAY!!!
 

 

 

«LAS CHICAS DE “BLA, BLA, BLA” EN EL “PÉREZ GALDÓS”»©

 
 

        En los inicios del Carnaval de Las Palmas, la Gala de la Elección de la Reina se celebraba en el “Pérez Galdós”. En aquellos primeros tiempos, donde casi todo estaba por hacer, la participación no sólo era mayoritaria, sino muy entusiasta. Y teníamos ganas de ver por fin lo que la estrofa popular decía: “¡Ya vienen los carnavales, por la punta de La Isleta!...” Y llegaron, ¡vaya que si llegaron!

        Pues en aquellos años teníamos esta pinta en el Teatro “Pérez Galdós” Domingo, Sergio, Rafa y yo. Allí actuamos con la entonces murga “Los Nietos de Kika”, dirigida por el inolvidable Tomás Pérez. Nosotros, o nosotras, hacíamos un numerito en el que imitábamos un programa de TVE, donde unas chicas muy monas (casi casi como las de la foto) entonaban una melodía cuya letra era “bla, bla, bla”, para indicar así el cotilleo que se anunciaba a continuación. Tomás, como siempre, compuso una pícara letra alusiva al mundillo artístico y de esa guisa llegamos al teatro. Bueno, lo de llegar fue un tanto accidentado, porque casi no lo logramos. Aparcamos, la verdad no sé quién conducía, en San Bernardo. Y desde allí fuimos corriendo por toda Triana, con unos tacones altísimos, que no sé ni cómo llegamos a la actuación. Al final, todo salió bien y ya la noche discurrió mucho más tranquila; incluso hasta pretendientes nos salieron. “Las copas son el diablo y la carne, ¡¡huuyyy!!, la carne es muy atrevida.” Recuerdo que terminamos en el Casino de Arucas, donde hoy está el Hotel Rural (bueno, perdón, donde iba a estar el Hotel Rural; hoy sólo queda la fachada, cual decorado de Hollywood) y allí continuamos la juerga.

          Es verdad que antes todo era más pequeño, pero las juergas eran las mismas antes que ahora. Es más, me quedo con las de antes, más que nada porque los controles de alcoholemia no existían y todavía no “éramos tan europeos”, que es lo mismo que decir “aburridos”. Al final nos han europeizado tanto que quieren que nos acostemos después del telediario. Así nos va.

          ¡¡Feliz carnaval!!  ¡¡¡¡¡Y eso es to… y eso es to… y eso es todo, amigos!!!!
 

 

 

«EL ÁRBOL DE LA AMISTAD»©

 
 


Lo cierto es que no sé cómo llegaron a nuestras vidas.
De repente formaron parte de la nuestra
y siempre sentimos que su grata presencia venía de lejos.
Los vimos como amigos desde el mismo principio.
Mari Carmen, Loly, Daniel y Salvador.
Eran, y son, amigos completos.

Y nos abrieron sus casas…
Y nos dejaron entrar…
Y los ratos compartidos han sido tantos
que aún podemos verlos colgados en el árbol de la amistad: fuerte, verde, erguido.

Como la vida misma.

Y también como la muerte, la otra orilla del tiempo. Y las ramas florecidas
y los momentos inmensos, llenos de luz sincera
y de alegría repleta de mariposas primaverales.
Y en aquellos tiempos, al socaire armonioso del cristal y las canciones,
llenamos un instante que aún hoy permanece.
Y mañana también.
Y siempre.
¡Qué jóvenes éramos entonces!

Y han sobrevenido los días grises,
y con ellos, el tiempo ido ha dado paso a la tristeza solemne.
Pero ha valido la pena
porque siempre están con nosotros,
tal y como llegaron un día,
llenos de sinceridad extrema:
Mary Carmen, Loly, Daniel y Salvador.

 
 

 

«PAÍS DE PLÁSTICO»©

 
 

             Resulta muy llamativo que una vez transcurrida la semana “horribilis” que este país ha pasado en los últimos tiempos, nadie haya dicho lo que muchos deseamos escuchar: que los bancos devuelvan el dinero que el Estado les ha prestado. Es decir, el dinero que TODOS le hemos prestado.               

             Sin embargo, la desfachatez es tanta que resulta que el Santander habla de beneficios, y la Caixa, y, además, se anuncia la jubilación millonaria del responsable de otra entidad. Ni el PSOE ni el PP dicen nada porque la política económica de unos y otros, en sus grandes líneas maestras, se diferencian tan poco tan poco que es la misma; vamos, “que no se pasan paja y media”.

            ¡Y nadie comenta del billón de euros que las comunidades autónomas deben al Estado!

           Por eso, la clase política que nos gobierna, desde arriba hasta abajo, se está convirtiendo en una “casta política” que no ve más allá de los intereses de sus propios partidos, identificados aquellos como “intereses generales”, con la finalidad última de contribuir a la confusión de la ciudadanía. Es decir, que la “España de charanga y pandereta”  de la que hablaba Machado está más presente que nunca. Una de mis alumnas dijo en clase el otro día que esa “charanga” hoy era la corrupción, y otros dos alumnos señalaron que la “pandereta” de antes es el fútbol y la prensa rosa de ahora. Y no andan mal encaminados. Habría que preguntarse, además, por qué Canarias elige como cadena de TV preferida a Tele5. Debe ser que esa cadena berlusconiana colma las necesidades intelectuales de la mayoría de la población de las islas. ¡Así no va!, que diría Morgan.

          Menos mal que la guanchancha  y  la tele autonómica, ejemplo claro de objetividad informativa y simple,  nos van a sacar de la crisis, gracias al dinero recortado en sanidad y educación, del apuro y de la tristeza que nos invade.
 

 

 

«VIRGINIA WOLF (1882-1941)»©

 
 

       “Ser admitido en casa de la señora Crowe era como convertirse en miembro de un club cuya suscripción implicaba el pago de un determinado número de cotilleos al año.”
                                       
ooOOOoo

         Siempre me ha llamado la atención esta imagen, y tengo para mí que frágil, muy frágil,  y no otra de Virginia Wolf. Su mirada, entre triste y vívida, es la sensación misma de la vida; es tener la certeza de la percepción más íntima de la realidad que vivió y conoció. Y, sobre todo, imaginó. Es la metáfora de la existencia.

         La juventud que inunda la fotografía no esconde su preocupación última, su pasión por escribir, donde cada obra se convirtió en un sendero más hacia su destrucción. Esta imagen, en blanco y negro, ofrece todos los matices de colores que la vida nos otorga. Sin embargo, en esta ocasión, el blanco y el negro se me antojan imprescindibles porque sus distintos tonos son más que suficientes para esconder, y mostrar, la vida intensa de una mujer de su tiempo. Y porque ambos son los colores de la escritura: escribimos negro sobre blanco.

           La sombra que ella misma proyecta sobre su hombro acaso sea la sombra del posterior suicidio, que no fue más que otra declaración de amor. Por eso esta imagen anuncia una desgracia que un 28 de marzo de 1941 llegó a cumplir. Dicen las crónicas que fue un día frío y luminoso; como la ilustración de este comentario: frío y luminoso: “frío”, quizás por su terrible enfermedad psíquica; y “luminoso”, tal vez porque su obra ha superado el tiempo, siempre tan inexorable y destructor.

           Pero Virginia Wolf ha sido más fuerte en su aparente fragilidad. Y podemos adivinar claramente su vida interior, la que no se ve, y la que ella misma plasmó en su obra: le interesaba mucho más lo que la persona lleva dentro que las meras apariencias. Por eso esta fotografía es tan profunda que no me ha dejado respirar en los últimos tiempos. Sólo, estimado lector, déjese llevar por ella y comprenderá mejor esa mirada perdida en el delirio de su vida. Y podrá comprender el aliento del futuro dolor.

          Es la imagen de una mujer que dedicó toda su vida a la literatura. Aunque sinceramente creo que ella misma es la Literatura.
 

 

 

«CAMBIAR DE VIDA O LOS COMPORTAMIENTOS INCONTROLADOS»©

 
 

          Cambiar no es tan sencillo; cambiar de vida no es nada fácil. Es más, creo que ni siquiera es algo que pretendamos, sino que se nos presenta por las vicisitudes propias del devenir cotidiano.

          Y todo esto viene a colación por determinados comportamientos del ser humano y de la miserabilidad que podemos llegar a demostrar en determinados momentos. Aunque sé que lo que les voy a contar, improbables lectores, a ustedes mismos les habrá pasado en más de una ocasión, sencillamente porque así somos: normales y complejos al mismo tiempo, no me resisto a guardarlo en el cajón de la memoria.

          Resulta que un amigo mío (al que he visto muy poco en los últimos tiempos, pero un amigo, al fin y al cabo, porque hay amistades que son como el vino: mejor cuanto más añeja) se separa de su mujer después de años y años de convivencia; es más, fueron novios desde la adolescencia. Y luego, al poco tiempo, les cuenta a sus compañeros del equipo de fútbol de veteranos donde juega que mantiene una nueva relación; cosa que a sus compañeros de juego no les hace ninguna gracia. Él, al principio, imaginó que eran boberías suyas, y que no podía ser así. “Cómo mis compañeros de juerga sabatina me van a poner mala cara; no me lo puedo creer”. Pero la cosa fue en aumento y cada vez se sentía más solo en aquel equipo formado al socaire de pasar un rato divertido los sábados por la tarde y de estar medianamente en forma. Mi amigo, cuarentón, se echó una novia de veintiocho y para ser que eso molestó al equipo entero y a sus mujeres también; no sabemos si por envidia o por qué otras razones. De pronto se vio relegado y ninguneado. Al presentarles  a su nueva pareja, el vacío fue sonoro y total en aquel penúltimo asadero de la temporada. Salieron ambos desencajados de la celebración, se despidieron cortésmente y mi amigo, que nunca ha hecho del chisme tema de conversación, comenzó a hilvanar todos los hilos pendientes en la madeja de los últimos meses. Cuando ya había llegado al cruce del polideportivo, comprendió perfectamente las malas caras de las últimas semanas: sus compañeros lo culpaban de una situación estrictamente personal.

         No sé por qué mi amigo se separó ni me interesa. En esos asuntos tan íntimos de la vida privada, todos tienen razón y todos tienen la culpa. Por eso es muy difícil decantarse por uno u otro porque lo que ocurre en el interior de la casa sólo lo sabe perfectamente la pareja que ha compartido, o comparte, un tiempo común. Sin embargo, sus compañeros de equipo le provocaron el vacío y ya no le dejaron “jugar”. Y actuaron como se actúa casi siempre: sin dar la cara, sin hablar directamente.

         Así que mi amigo fue juzgado y condenado por los que hasta entonces él consideraba más que compañeros. Y lo vino a comprender en la expresión fría y distante de las mujeres  “del equipo”, que también tomaron parte.

        En fin, que después de aquel triste asadero salió y ya no regresó más. Emprendió una nueva vida con su nueva pareja y sólo mantuvo la amistad con unos pocos que, precisamente, eran los que no practicaban fútbol. Y lo que quiero decir es que no sé por qué juzgamos;  no sé por qué invadimos vidas ajenas y nos arrogamos un derecho inexistente sobre los demás.

       Hoy mi amigo ha cambiado de vida. Y nunca mejor dicho.
 

 

 

«EL ALMA DE LA EXISTENCIA»©

 
 

      Es el hogar la luz constante de nuestras vidas. Es el hogar el espacio en el que nos sentimos a salvo, el lugar perfecto que nos acoge, que nos cobija. Es el territorio en el que construimos nuestra infancia, nuestra adolescencia y nuestra madurez. Es el camino del viajero, como diría Antonio Machado; siempre tan presente. Y ese rincón, ese asentamiento, ese tesoro, cambia con los años. Y no sólo desde el punto anímicamente, sino desde la perspectiva física también. Cuando somos pequeños, todo, absolutamente todo, es desmedido, enorme. Un espacio inmenso que nos sirve para jugar a la pelota, para construir un castillo o un “fuerte” del oeste americano; tan recurridos en nuestros años infantiles.

           Es la casa el espacio del que salimos en nuestra juventud, porque necesitábamos un terreno mayor: la plaza, el parque, donde nuestros amigos nos esperaban cada tarde. Y ni siquiera para hacer nada extraordinario, aunque mirándolo bien, sí era algo extraordinario el estar con ellos, el hacer planes, el contar chistes, el expresar nuestros deseos y aspiraciones. Era el emplazamiento abierto que necesitábamos para sentirnos completos, donde poder expandir nuestras sonrisas. El espacio libre por excelencia. Y cuando regresábamos a nuestra querida ciudad en las vacaciones estudiantiles, la casa se nos hacía pequeñita. Apenas saludábamos a la familia y, rápidamente, a la calle, a la plaza, a ver a los que siempre habían compartido con nosotros sus momentos; acaso, los mejores: los amigos. Los amigos de ayer y de siempre. Los verdaderos amigos que se mantienen, aunque ni siquiera ya apenas nos veamos. Cada uno metido en su vida, en sus responsabilidades. Cada uno metido cada vez más en la casa. En la casa del principio, la de la niñez. Pero ahora la visión es otra.

          Por eso digo que el alma de la existencia se refugia en distintos lugares según los momentos. Y así vamos andando el camino. Y vamos repartiendo, casi a partes iguales, las lágrimas y las alegrías.

          Y los aromas de la comida casera, del pan calentito de la tarde…

 

 

«ANTES Y DESPUÉS»©

 
 

ANTES

DESPUÉS

       Hasta hace bien poco la imagen de la calle Osario era ésta. La imagen con la que siempre hemos vivido, por la que siempre hemos pasado una y mil veces. Una calle adoquinada y dos aceras que nos protegían de los coches. Ahora, con los nuevos tiempos que corren, es distinta. Ya no hay diferencias entre la acera y la calle, con lo cual tenemos la sensación de estar menos protegidos. No es que antes estuviésemos totalmente a salvo, pero el escalón de la acera era un obstáculo, sobre todo, para los coches, pues no invadían el espacio reservado al peatón. Hoy, con la uniformidad conseguida, los coches, cuando aparcan, invaden los dos espacios: lo que se puede considerar acera, de la que sólo te dejan un hueco por el que no puedes pasar; y la calle, que al ser más estrecha, los otros coches que circulan se ven obligados a invadir el espacio de la acera contraria.

            Pero, claro, es que eso es lo moderno. “Las cosas cambian, no nos vamos a quedar como hace cien años, la vida evoluciona y los obstáculos arquitectónicos deben desaparecer”. Y, así, claro, cuando llueve, el agua se cuela en las casas porque en determinadas calles no han sabido orientar la corriente de la lluvia. Pero no seamos mal pensados. Eso lo han decidido nuestros técnicos y nuestros políticos porque lo que desean, en el fondo, es fomentar la “participación ciudadana”. Y, así, pondremos sacos o toallas viejas detrás de las puertas de nuestras casas, las escurriremos, las secaremos, ventilaremos el hogar  y les diremos “adiós” cuando pasen delante. Sí, sí, “adiós, inteligente mío, que Dios te guarde.”

          Y ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. Pero no me negarán ustedes, inteligentes lectores, que en la variedad está el gusto, y para gustos, colores. Dentro de cien años, o menos, vendrán otros aruquenses y reordenarán otra vez los alrededores de nuestra iglesia. La razón es bien sencilla: como a principios del siglo XXI reordenaron ese espacio y no tuvieron en cuenta las vibraciones del tráfico al colocare unos adoquines más pequeños en todo el entorno, la iglesia empezó a resentirse, a vibrar y, en definitiva, a caerse a pedacitos. Ya saben, lo de las ondas sonoras, que son el diablo. Pero eso, improbables lectores, será otra historia. Nosotros sólo contamos ésta.
 

 

 

«El Sol de Visvique»©
Periódico Independiente Para Lectores Inteligentes (PIPLI)
AÑO XV NÚMERO 1956 DICIEMBRE 2025

LA CALLE HAIDAR (IV)

 
 

             Convertido el Polideportivo Municipal en el Estadio Nacional de Chile, cuando el golpe de estado de Pinochet contra Salvador Allende, los funcionarios del ayuntamiento aruquense comenzaron a organizarse en comisiones de trabajo y a boicotear a la autoridad competente. Con las banderas del Arucas CF, Santidad, Los Portales, la de la Unión Europea y la Española, elaboraron una gran cometa que decía “Libertad para el pueblo canario. Vivan los ingleses y Los Beatles”.

            Cuando la cometa se izó, las ENCANTADORAS se arremolinaron en las dos puertas de entrada al campo de fútbol e hicieron lo mejor que saben hacer: cantar. Y al son de las folías lograron despistar a la desmoralizada tropa marroquí, gesto que aprovecharon los funcionarios para salir pitando por los opuestos senderos. Todo ello arropados por la noche norteña: cálida y oscura, tremendamente negra.

            La flota inglesa, al mando de un tal Nelson, desembarcó en San Cristóbal en modernas embarcaciones silenciosas. Inmediatamente fueron arropados por los vecinos costeros que, además de darles de comer, les facilitaron mapas de los enclaves armados marroquíes; si bien, los ingleses, pertrechados con las últimas tecnologías gepesianas, no dijeron que no. Eran educados los ingleses. Al día siguiente apareció un cartel enorme en el barrio que decía St. Cristopher Town, lo que empezó a descolocar a los marroquíes.

            En Arucas, ya todo el mundo decía “Míster y Místar”, lo que traía de cabeza al ejército invasor, que veía cómo pasaban los días y no disparaban ni un tiro al aire. Y tenían la sensación de que la conquista no se acababa nunca. No entendía esa forma de resistencia tan rara emprendida por los canarios. Canarios, sí, pero no bobos. Y desinquietos, carajo, muy desinquietos. Pero la autoridad competente desconocía la socarronería, a Pepe Monagas y a Chona. Jacinta, la de EN CLAVE DE JA, que tiene familia en Arucas, disfrazábase de diversos personajes y se convirtió en el correo ideal para enviar comunicados a los distintos focos de la resistencia. Y no paraba Jacinta. De aquí a La Dehesa, de La Dehesa al Lomo Tomás de León, donde los componentes de la PARRANDA LA GOLETA se habían hecho fuertes. Del Lomo Tomás de León al Lomo Jurgón, donde los LABRANTES, con su famosa Isa del Labrante, que escribiera el afamado escultor José Luis Marrero, no paraban de incordiar a los invasores.

             Y nació un lema que venía a significar la lucha del canario, el apoyo de Inglaterra y el olvido secular de España, conocida ya por Expaña. El lema era muy significativo:

¡¡PAPAS CHINEGUAS LIBRES!!

(No sé si continuará)

 

 

 

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Periódico Independiente Para Lectores Inteligentes (PIPLI)
AÑO XV NÚMERO 1956 DICIEMBRE 2025

LA CALLE HAIDAR (III)

 
 

             La Banda Municipal de Arucas fue suprimida, y deprimida, la música prohibida y el burka estuvo a punto de instaurarse, pero gracias a la lucha del Colectivo de Mujeres MARESÍA, en Bañaderos, los marroquíes se echaron “patrás”, de lo que se deduce que allí también mandan las mujeres, a pesar de todo. El grupo ENCANTADORAS no sólo no se echó “patrás”, sino que salieron a la calle desafiando a la autoridad competente por incompetente. Fueron detenidas, arrestadas y encerradas en el Polideportivo Municipal, junto a los funcionarios del Ayuntamiento de Arucas, pero la genial intervención de algunos componentes de la Parranda La Goleta y Labrante, expertos en Lucha Canaria, y nunca mejor dicho, tumbaron al enemigo fuera del terrero. Estaban encantadas las Encantadoras al sentirse libres y se dispersaron por veredas y senderos opuestos, cual guanches luchadoras hasta la muerte. Los funcionarios tuvieron que esperar un poco más su libertad.

          El nuevo alcalde de la ciudad, Ben Morito IV, subiose al balcón del ayuntamiento y asomose. Y desde allí sentenció a los cuatro vientos:

--¡Hay manises de Carter, pistachos de Irán, huevos mole y jareas jariadas! Y yo sé lo que digo. ¡Hay maaaanises de Carter, pistaaaachos de Irán, huevos mole y jareas jariaaaaadas!

             Y la gente inventó una nueva estrategia: los saludos en la calle consistían en repetir versos del folklore canario. Por ejemplo, si uno decía “hay dos clases de canarios”, el otro, desde la acera de enfrente, contestaba: “Canarios de Tenerife y canarios de Las Palmas”. Y así con distintas letras de nuestro rico acervo cultural y musical. Y los jóvenes, por fin, aprendieron a memorizar y a sentir la música de la tierra. Y al mes de la invasión ya distinguían claramente entre isas, folías y malagueñas (sota, caballo y rey, en palabras de Elfidio Alonso); y desapareció la música rapera, la heavy y la metal también. Y lo más curioso es que todo surgió como un juego. La autoridad competente se hizo la sorda; por tanto, nunca fue a Gaes, ni aprovechó las ofertas del momento.

          Pero la reconquista se estaba organizando en Cádiz. Un grupo significativo de vascos, catalanes y gallegos, las tres comunidades históricas de España, se estaban entrenando en la Playa de la Victoria. Sin embargo, los ingleses, comandados por un tal Nelson ya se habían echado a la mar dispuestos esta vez, sí, sin los errores del pasado, a conquistar las Islas para la Corona inglesa. Así que los ingleses otra vez fueron los primeros y no estaban dispuestos a perder esta magnífica ocasión. Se estableció el Mando Militar en Gibraltar y en aguas internacionales el Quenn Elizabeth II se convirtió en el verdadero centro de operaciones. La operación inglesa, denominada “Elder y Miller”, contó con la simpatía del pueblo canario, que nunca perdonó al peninsular que los abandonara como un trapo sucio en un contenedor de Clusa. Y la gente, sobre todo en la capital, comenzó a saludarse no sólo con las canciones canarias, que también, sino con versos de las de The Beatles, que volvieron a renacer de sus cenizas como nunca antes se había conocido en la ciudad, en la que estuvieron, por cierto, a principios de los sesenta del siglo XX. Así que “Yellow Submarine, Get Back y Obladi oblada” fueron mucho más que canciones: eran gritos de libertad en una sociedad amordazada por la chilaba color arena sin huevos de alacrán.

(Continuará el viernes)
 

 

 

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Periódico Independiente Para Lectores Inteligentes (PIPLI)
AÑO XV NÚMERO 1956 DICIEMBRE 2025

LA CALLE HAIDAR (II)

 
 

           En Arucas, la guardia civil se echó al monte y dicen los pastores que el Cenobio de Valerón volvió a llenarse de valientes guanches canarios y peninsulares. La policía local dejó de poner multas a tutiplén y pasó a formar parte de la guardia nacional marroquí. Pero no todos los policías se rindieron. En la Cueva del Cisco, en la Montaña, se escondieron unos cuantos, los más concienciados, los sindicalistas, y desde allí emprendieron una lenta labor de recuperación del terreno perdido.

        Pero la policía marroquí era policía, pero no tonta. Y extendió sus terribles tentáculos en los hogares de los policías para hacerles desistir de su equivocada posición. Los viejos del lugar comenzaron a llorar pues intuían que los pozos volverían a abrirse de nuevo y no precisamente para sacar agua. En el Teatro Nuevo, sede de la parroquia, se instauró una mezquita y la primera noche de la invasión fueron quemados los cuadros cristianos que colgaban de sus paredes, los tapices alusivos a la Natividad del Señor, así como los catecismos que utilizaban los niños que preparaban la Primera Comunión. Todo a la hoguera… del rencor y del odio.

       Las fiestas de San Juan fueron suprimidas y los distintos grupos folklóricos del municipio desaparecieron como por arte de magia o se reconvirtieron en grupos de ópera china, única manifestación artística permitida por el ejército invasor. Sin embargo, todo formaba parte de una estrategia. En La Goleta resistieron los de la PARRANDA, y la Agrupación Folklórica LABRANTE se desperdigó por los opuestos senderos, y en las noches de verano se oían sus cantos desde el Lomo de Jurgón, uno, y otro desde el Lomo Tomás de León. Entonces cuando la policía intentaba llegar allí, los de la Parranda ENDE CUANDO NO SALIMOS respondían desde la falda de la Montaña de Arucas, que, a su vez, eran sustituidos por LOS GRANJEROS en la de Montaña de Cardones, RUMANTELA en la de Riquiánez, y en la costa BUCIO y la PARRANDA DE LUIS. Andaban las autoridades marroquíes corriendo de un lado para otro. Los Cantos Canarios se habían convertido en el penúltimo eslabón de un pueblo que se negaba a asumir la nueva doctrina islámica. La isa se hizo rebelde. Y todo ello sirvió para que los diferentes grupos folklóricos de la ciudad se dejaran de vainas y se unieran definitivamente y dejarán atrás, y para siempre, sus rencillas y vanidades y boberías y tonterías de los años anteriores y de los protagonismos en las fiestas. Y Carlos Félix, el afamado constructor de timples de Bañaderos, logró esconder su producción en unas galerías desconocidas en el barrio de Escaleritas.

       Arucasdigital ya había sido silenciada, al igual que otras páginas que habían nacido al socaire de la competencia. Todo silenciado. Y la iglesia, cerrada a cal y canto, y sin escalones. Las campanas, enmudecidas para siempre y el centro Comercial EL MERCADO, sin terminar aún, quedó convertido en un GRAN BAZAAR, en el que se vendía carne de camello, de camella, de pollo, de tuareg y tuarega, y en algunos puestos colgaban unos carteles que decían: “se venden pollas de tres meses”.

(Continuará el miércoles)
 

 

 

«LEER ES… ¡VOLVER A EMPEZAR!»©

 
 

        Días atrás, un amigo mío estaba la mar de contento porque había recuperado el placer de la lectura. “Han tenido que pasar nueve años, pero ha valido la pena esperar”, me dijo mientras nos dirigíamos al trabajo un miércoles del recién estrenado  enero.

       Me comentó que se encontraba enfrascado en la lectura de “La catedral del mar”, de Ildefonso Falcones, y que estaba tan enganchado que en la duermevela del descanso se olvidaba totalmente del ajetreo del día y sin apenas darse cuenta  alejaba intencionadamente al sueño en el espacio y en el tiempo. Ha vuelto a recuperar una experiencia tan grata que ha sido como un regalo de Reyes. Ahora, en plena apoteosis de lectura, siempre silenciosa y siempre al final del día, ha encontrado el tesoro relegado durante nueve largos años; un tesoro al que ha llegado sin mapas, sin brújulas, sin islas desiertas, sin barcos llenos de  malvados piratas…

        Se siente inmenso y fuerte mi amigo en el silencio de la lectura. Y, sobre todo, advierte intensamente la felicidad que le aportan las palabras, los personajes, la trama… Y todo gracias a los avances tecnológicos.

      Cuando mi amigo dice que ha recuperado el placer de leer, lo que quiere decir en realidad es que “escucha” la novela de Ildefonso Falcones todas las noches. Y tiene que apagar el artilugio, muy a su pesar, porque si no se le escaparían las horas del descanso. Ha accedido, por fin,  a un mundo hasta hace poco vetado, y lo ha puesto a sus pies gracias a la fuerza y al empuje de la imaginación, que no es más que ¡otro divino tesoro!

      Y está bien que a mi amigo le vuelvan a pasar estas cosas pues, cuando lee, el tiempo se le desvanece por la habitación de su casa como el humo que desprende una vela. Y el mundo lo vuelve a ver, y a sentir, de otra manera. Sin  él saberlo ha regresado al origen mismo de la lectura: cuando los libros eran escuchados porque el acto de leer entonces siempre había sido en voz alta.

      ¡Ah, claro! Se me había olvidado decirles, como ya ustedes habrán adivinado, improbables lectores, que mi amigo es ciego.

           Sin embargo, “lee”, y mucho, todas las noches.
 
                                                                                      (A mi amigo Armando Arencibia)

 

 

 

«¿“ARXIS” VIENE DE “CATARXIS”?»©

 
 

             Me acabo de enterar de que las palabras cuestan una pasta gansa. Por ejemplo, la palabra “Arxis”, que descubrí en unas fotos que insertó en este medio el PP, está tasada (o lo estuvo) en seis mil euros. Hombre, no está nada mal teniendo en cuenta que es una palabra. Al final no sé si nuestro querido ayuntamiento la abonó o no; pues como las cosas se dicen sigilosamente o no se dicen, vaya usted a saber, cristiano. Un milloncito de pesetas por una palabrita, ¡quién lo pillara en estos tiempos de recesión! Lo más probable es que me haya convertido en un “desequilibrado personal” y ya no consigo entender algunas actitudes. Sí, debe ser eso. No estoy en la movida, en la “crême de la crême”, y, además, como estoy a favor de la construcción de un nuevo espacio cultural en el antiguo Cine Viejo, pues resulta que ahora soy “corto de miras y pueblerino”. ¡Ay, caramba, caramba: cómo suenan las palabras, cómo hacen daño!

            Pero vayamos al grano: les quería regalar, a nuestra clase política, claro, unas cuantas palabritas, gratuitas todas ellas. Ahí van:

CATARXIS.- Dícese de la situación en quedan algunos políticos por la maldita Moción de Censura.

AXTENXIONITIX.- Dícese cuando alguien se manifiesta en contra totalmente de una propuesta y después se abstiene, sin ni siquiera haber hecho “examen de conciencia”.

PAROTAXIS.- Dícese de aquella situación en la que quedan algunos políticos que habiendo tenido poder, al día siguiente se quedan sin nada: ya nadie les llama, ni reciben el peloteo de algunos trabajadores, ni se ponen la chaqueta… Y se reencuentran con la nada 

GRAXIAS, ARCARDE.- Dícese de aquella expresión que suele emplear parte de la clase política; la otra parte, en cambio, sólo dice “GRAXIAS”, sin el “arcarde”, más que nada para fastidiar, porque no lo reconocen como tal y porque todavía no ha pasado el tiempo.

KAKAREADO DIPUTADO NAXIONAL.- Expresión de mala fe que no reconoce los méritos del contrario. Aunque se puede dar la paradoja que quien la pronuncie también se convierta en otro “kakareado diputado naxional”. Conclusión: la lluvia siempre cae hacia abajo y no se puede escupir “parriba”.

EXCALONEX.- Dícese de aquello que se destruye cuando transcurren cien años.

             Como ven, todo es cuestión de palabras. Otra cosa muy distinta es el timbre, el tono y la intención; pero como eso es otra historia, vamos a dejarlo para otro día.

            Palabrita del Niño Jesús.
 

 

 

«LA LAGUNA: LOS FUTUROS FILÓLOGOS»©

 
 

            En noviembre de 1978 teníamos esa pinta. Esa es la clase de 5º de Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna. Como ven, tres varones entre tantas mujeres. Si no me equivoco éramos unos veinticinco alumnos los que terminamos aquel curso. Luego nos hemos ido a proyectar nuestras vidas en otros lugares, pero La Laguna de los años universitarios sigue rondando permanentemente aunque pase el tiempo. Hace unos años nos volvimos a reunir los de aquella promoción, y los recuerdos se volvieron a desvanecer en la noche lagunera. “Noche de hielo y de frío”, como dice la isa que Los Sabandeños le dedicaron a la Ciudad de los Adelantados.

         Fue La Laguna el punto de encuentro de unas vidas jóvenes, de amigos jóvenes, de gente joven, continuamente alegre. Era aquel tiempo la felicidad plena, o casi. Estudiábamos y había tiempo, cómo no, para la juerga. Y la enfermedad no existía, estaba desterrada totalmente de nuestras vidas; así como las grandes responsabilidades que se han ido agolpando con los años.

          ¿Problemas? Pues, sí; los propios del momento. Luego llegó la vida laboral. Y recuerdo que cuando me convertí en un número más de la Seguridad Social no me hizo mucha gracia. Con veintitrés años y rebosante de salud no entendía muy bien para qué me habían dado aquel carnet de la Seguridad Social. Pero todo tiene su momento. Y le llegó el turno a ese dichoso documento. Como siempre sucede.

           Y ahora que mira uno el paso del tiempo, resulta que La Laguna es un recurrente recuerdo que siempre es real.

          Aquellos años laguneros en las “noches de hielo y de frío”.

          Y de perritas de vino.
 

 

 

«A MERCEDES»©

 
 

            Ahora que los momentos son imperfectos, ahora, por fin, te escribo estas letras; aunque estoy seguro de que no las leerás. Y eso está bien. Quiero decir que está bien que no las leas. Es lo mejor.

            Y, “septimada remana”, desde que nos conocimos en aquellos tiempos de La Laboral, donde mi primer trabajo, me asombró tu firmeza y tu mirada amplia y segura, y eternamente joven. Gracias a ti, a Paqui Afonso y a Juana Teresa Marrero, compañeras en el Departamento de Lengua y Literatura, aprendí lo que la Universidad no me había enseñado. Me apoyaron ustedes en mis principios como profesor; me ayudaron a superar las dudas y, sobre todo, supieron crear confianza en aquellos primeros, y vertiginosos,  tiempos de mi etapa como docente. Así que les debo mucho a ustedes, a La Laboral entera y a su espíritu: algo inexplicable que sentimos los que por allí hemos estado, donde construíamos un mundo mejor. O al menos eso creíamos en aquellos años de continuos descubrimientos.

            Y Mercedes.

            Y las comunicaciones en el tablón de anuncios de nuestro Departamento de Lengua, donde iniciamos una “relación epistolar”. Una etapa de bromas verbales y juegos con el lenguaje, y recuerdo que nos reíamos mucho. Y después compartimos el trabajo en la misma junta directiva. Y las cenas, y los almuerzos. Y tu eterna sonrisa. Pero la vida, para bien y para mal, nos va colocando en nuestro sitio, y nos vamos distanciando, e inevitablemente llegan los momentos más duros. Y tenemos la maldita costumbre de vernos en las peores condiciones; nunca cuando los asuntos personales van bien. Así somos: nos hacemos visibles en los instantes más tristes. He intentado escribirte, llevo meses intentándolo, pero las palabras, inefables, no salían a mi encuentro. Llevo el texto pensado y requetepensado en mi cabeza desde hace mucho tiempo, quizá años, y parece ser que hoy, por fin, logro hilvanar unas palabras detrás de otras. Y no son palabras maravillosas y grandilocuentes; nada de eso. Pero para llegar hasta aquí me ha costado encontrar el momento preciso de tranquilidad, y de distancia, porque el de soledad ya va implícito en cada escrito.

           Y Mercedes.

           Pero no quiero alimentar tu tristeza; no deseo llevarte al momento más doloroso. Esto que hoy escribo es lo que siento  y si no lo logro plasmar en el papel, donde aparentemente se convierte en real, me ahogará en el futuro. Y ya la vida me ahogará sola para que encima se la ponga en bandeja. Por eso he tardado años en escribir estas líneas. Porque el aprecio, la amistad y el sabor alegre de un tiempo vivido con las personas que uno quiere es permanente. Como la verdadera amistad y el buen vino. Pero yo lo que quiero recordar de ti es tu sonrisa. Y la recuerdo. Y nos reíamos por cualquier cosa. Hasta que llegó el momento en que con sólo mirarnos nos sobraban las palabras. Y estoy convencido de que aunque ahora no nos veamos, el reencuentro será como tiene que ser: sin fisuras, sin medias tintas, como una continuidad del tiempo azul y sabroso de La Laboral. Ya ves, Mercedes, La Laboral: ese es otro gran tema que tengo pendiente.

          Por eso, Mercedes, Mercedes Roca Salinas, ha sido una suerte, una inmensa suerte, el haberte conocido.

         Ya sólo falta que la sonrisa renazca y que el buen tiempo regrese a su sitio.
 

 

 

«…PORQUE CONTAMOS LAS COSAS DE OTRA MANERA»©

 
 

          Llevamos cinco años contando lo que hace la gente para volvérselo a contar al resto de la gente. Y así ha ido transcurriendo este tiempo entre historias, plenos, mociones, espíritus navideños, fiestas, romerías, escalas en hi-fi… Y con todo “ese gofio amasado de acontecimientos” hemos ido descubriendo que nuestra Arucas está más viva que nunca.

         Y los datos que podemos presentar en este 5º Aniversario son estos: dos mil visitas diarias, doce mil páginas consultadas, también diariamente, y ya nos ven desde 67 países distintos (los aruquenses que se encuentran en la diáspora, donde todo se ve y se vive de distinta manera).

        Y sinceramente creemos que Arucas ya no es igual desde que Arucasdigital se ha consolidado como medio de comunicación. Y todavía tenemos mucho que contar. Y lo hacemos desde la libertad. Y desde la opinión. Y muy seguramente también desde nuestra equivocación.

        Arucasdigital es la nueva “Plaza pública”, la Plaza Mayor en la que confluyen las variadas ideas, opiniones y motivaciones, y aun emociones, de nuestros lectores.             

        Y seguiremos contando lo que hace la gente para que la otra gente se entere y descubra que su vecino, el de al lado o el de más allá, también construye Arucas a su manera. Por eso, el “factor humano” es lo que verdaderamente nos interesa.

           Por eso Arucasdigital es ya un “lugar común”.

 

 

 

«El Sol de Visvique»©
Periódico Independiente Para Lectores Inteligentes (PIPLI)
AÑO XV NÚMERO 1956 DICIEMBRE 2025

LA CALLE HAIDAR (I)

 
 

       Cuando el último pelotón de soldados marroquíes desembarcó en la Playa de La Laja, un poco más allá del barrio marinero de San Cristóbal, en unas embarcaciones que España les había vendido veinte años atrás, ya era alcalde de la ciudad Mohamed  Bougnol XVIII, nieto de Mohamed VI, el recordado monarca que acabó con los tomates canarios, bisnieto de Hassan II, el recordado monarca que acabó con la pesca en Canarias, muy amigo de Juan Carlos I, el recordado monarca al que los distintos gobiernos negaron su positiva influencia y ascendencia sobre la familia real marroquí.

       Por fin, las Islas Canarias formaban parte de Marruecos, tal y como se encontraban dibujadas en el mapa del despacho del monarca alauita, donde las visitas oficiales eran recibidas. Tantas visitas tuvo (youtube) que cuando quisieron darse cuenta, los distintos gobiernos cayeron en la cuenta de que España se acababa en Cádiz.

       El gobierno español había renunciado a las Canarias como años antes lo había hecho con Ceuta y Melilla, y la isla de Perejil también, a la que Galdós le dedicó en su día un sarcástico comentario, donde se estableció una especie de fielato para el control de la droga que surcaba por el Mediterráneo. En fin, como había ocurrido muchos años antes, y debido a la educación parcelada de las diferentes reformas educativas, todas ellas inundadas de la hojarasca de la “sinsustancia” y de la ignorancia, los gobiernos españoles, conservadores y progresistas, no veían más allá de la bahía de Cádiz y del “pescaíto frito”. España era la Península y ahí se acababa todo. Y así lo creía el español de a pie. Las islas quedaban muy lejos, como una vez había señalado el tristemente desaparecido escritor Manuel Vázquez Montalbán, a pesar de los mapas meteorológicos en los telediarios. Por eso el día que entraron las últimas tropas marroquíes, el alcalde ordenó que la calle dedicada a Aminatou Haidar, valiente mujer que luchó por defender la independencia del pueblo saharaui, cambiara su denominación. El alcalde, enfundado en una chilaba color arena sin huevos de alacrán, ordenó dos nuevos nombres; y en su amplia y desmedida generosidad dejaba opinar al pueblo, para que nadie dijera que aquello no era una democracia: o Hassan II o General Franco.

       Cuando el alcalde cortó la cinta, el programa TENDERETE había desaparecido de la parrilla televisiva, así como LA BODEGA DE JULIÁN, y tantos otros que reflejaban la canariedad. De todas formas, los gobiernos conservadores anteriores ya habían dado los primeros pasos en su afán por eliminar de raíz los sentimientos nacionalistas, todos catastróficos para España; según ellos.

      Comenzaba una nueva etapa: en las escuelas se instauró el islam, y no se retiraron los crucifijos porque ya no había; la clase de religión no hubo que suprimirla porque no se impartía desde que la laicidad invadió la vida cotidiana. Ahora todo era nuevo. Y nadie dijo nada. Nadie rechistó. Ni los partidos tradicionales, ni los colectivos vecinales, ni las fuerzas vivas, ni la ciudadanía. Todo había quedado reducido a la nada, no por la acción imperial marroquí, que también, sino desde mucho tiempo antes, cuando los partidos desencantaron a la gente, al electorado, a sus simpatizantes y hasta muchos de sus militantes; y se enzarzaron en una lucha partidista donde el honrado era un peligro y el corrupto, el modelo a seguir. De nada sirvieron las llamadas que en el ya remoto 2009 comenzaron a publicar algunos medios de comunicación. Primero, Arucasdigital; luego, Público, El País y algunos más; pocos, la verdad.  Los periódicos conservadores nunca dijeron “esta boca es mía” porque les interesaba un pueblo adocenado, vulgarizado, y porque andaban obsesionados con el sexo, el aborto, el divorcio y las clases de religión católica, y la familia cristiana, y los kikos, y el opus, y las pipas y los manises, y las manifestaciones los sábados por la mañana; y los escalones también.

          Y metidos en esa vorágine no se percataron de que la guerra de religiones la estaban perdiendo, como se demostró con el afán expansionista de Marruecos. La Cruzada había fracasado y el Infiel había derrotado al capitán Trueno, al Jabato; a Ingrid y a Sigrid también y por supuesto.

                                                      (Continuará; lo prometo. Mientras tanto, feliz año nuevo 2010).

 

 

 

«LA CIUDAD DE 1900»©
EN LA IGLESIA

 
 

      Apenas llevaba en el cargo un año José María Samper Suárez, cuando el cura párroco salió de la sacristía de la catedral como alma en pena. Era la enésima discusión que mantenía con el obispo, que le había pedido una vez más que abandonara esa peregrina idea: “no considero necesaria una iglesia de ese tipo: parecería una catedral. Le ordeno que no siga adelante con esa pretensión”, le dijo al mismo tiempo que extendía su mano derecha para que el cura besara el anillo; indicio de que la conversación había finalizado.

       Pero el cura Samper, que así se le empezaba a llamar, insistía en que la iniciativa no tenía vuelta atrás porque “toda la buena sociedad está implicada y si los terratenientes, incluida la Señora Marquesa de la Montaña de Doramas, están interesados, que lo están, y me consta, esto no lo parará nadie, señor obispo.”

        Quedó traspuesto porque casi siempre Samper decía la última palabra: desde sus años mozos en el Seminario se enzarzaban en agrias discusiones teológicas, cuando no banales, y siempre se recuerdan discutiendo: la cabezonería de las medianías. Y la lucha, en esta ocasión traspasada a la sociedad, no había hecho más que empezar. De todas maneras, lo que tenía realmente preocupado y ocupado al obispo era el apoyo de los terratenientes. “No puedo ir en contra de esa gente; ayudan mucho a la iglesia. Está claro que hay que actuar con pies de plomo, como solemos hacer los curas”, pensaba el señor obispo mientras deambulaba como perdido en la catedral.

        En el mediodía, en El Liceo, del 24 de junio de 1900 se constituye oficialmente la Junta del Nuevo Templo Parroquial, del que es su presidente el sobrino de la marquesa,  acompañado por una Junta Directiva de ilustres personajes de la ciudad emergente. Para conmemorar la ocasión, y para captar el apoyo popular, se elevó un globo de tela negra con forma de pera en la Plaza. Aquel día mayor de la ciudad, y espléndido, un acróbata catalán se subió en él para asombro de los presentes y fue a parar con sus huesos a la Montaña de Riquiánez, donde finalmente se bajó. Todo esto llegó a oídos del obispo que, desde entonces, no le quedó más remedio que cambiar de estrategia. Lo relevante era que la nueva iglesia no diera sombra a la catedral; al menos, que no diera mucha. El cura párroco andaba exultante ese día: su sueño empezaba a tomar forma: “algún día mi nombre estará tallado en piedra.”

         LA GACETA NORTEÑA dio cumplida información del acto al mismo tiempo que reiteraba lo de “una ciudad con un extraordinario empuje”. Otra vez la habilidad de su director, Antonio G. Miranda, dejó desconcertados a todos: a los partidarios del Nuevo Templo y a los del Teatro Nuevo. Indudablemente, este hombre sabía moverse con extraordinaria habilidad en aguas espesas, como si estuviera en el mismo centro de La Charca de Visvique.
 

 

 

«GENTE DE ARUCAS»©

 
 

         
    Ahí están. No se han ido. Están ahí para recordarnos en lo que nos hemos convertido. Y siguen ahí, porque quieren que no olvidemos. Desean, por encima de todo, que no vuelva a suceder. Que no se repita la inútil guerra que nos llevó a donde nos llevó. No. Y no. Y más nunca. ¡Qué frágiles somos los seres humanos! El pie de foto: “Lazareto. Gente de Arucas, 1937.” No sólo dice eso la imagen. Expresa más, sugiere mucho más: nos están mirando, nos están vigilando a ver qué hacemos por ellos: que se acabe el enconamiento, que atajemos la mentira.

             
 LAZARETO. GENTE DE ARUCAS,1937

      Y respeto al dolor del vencido. Y al dolor de sus familiares. Por eso nos están mirando. Aparentemente, no están tristes. O no lo están mucho. Pero ése es el reflejo de la guerra. Es la mirada de la guerra inexplicable.  Siempre son así las guerras: nos llevan al vértigo del odio y de la maldad. Y no es posible que hoy nos olvidemos de ellos. ¿Tenemos o no memoria? ¿O acaso la hemos dejado enterrada? Sí, pero la historia enterrada siempre renace. Siempre hay un momento, a pesar de los años, en que la memoria florece. Por eso a los que juegan con el olvido, a los que nos prohíben pensar y recordar, hay que decirles que la guerra ya fue. Y es historia. Historia triste. Por eso hay que recordarles a los que quieren borrar el pasado que el pasado siempre existe: no existió, siempre existe. El pasado y la memoria son  lugares sin tiempo, circulares, que van y vienen: una ucronía constante.

          Por eso la memoria admite todos los adjetivos.

       Y la música se ha convertido en silencio, un momento que vale toda una vida. La música que suena en la foto es otra: es la música de la libertad, a pesar de que ellos en ese momento la estén añorando. Cárcel. Música. Libertad. Y las miradas fuertes y sinceras. Y todos ellos en ese fugaz instante están recordando a sus mujeres, a sus hijos, a sus padres. Por eso han posado así para la posteridad. Para la posteridad de un país que por momentos los olvida. Pero los caprichos de la memoria son circulares. Ya lo dijimos antes. Por eso no se han ido del todo. Bueno, en realidad, no se han ido nunca. Por eso nos están diciendo: aquí estamos, así somos. Mucha gente para una ciudad tan pequeña en aquel tiempo. Mucho odio se extendió entonces. Y algunos se empeñan en seguir manteniéndolo. Y avivándolo.

       Pero fíjense: nos están hablando, nos están susurrando que la libertad es lo primero, que la democracia es lo primero, que la honradez es lo primero.

      Aún suenan los disparos de la guerra y silban las balas henchidas de rencor. Blanco y negro. Vida y muerte.

         Nunca la retaguardia de la guerra fue tan sonora.

         Triste sinfonía truncada.

         No se han ido.

         Ahí están.

 

 

 

« LA CIUDAD DE 1900»©
EN LA ISLA

 
 

  --Ya ves, Francisco, he confirmado mis sospechas. Pensé que las amistades eran las amistades, pero veo que no. Hoy, los desaires han salido del escondrijo y se han mostrado tal y como son. Nunca pensé que ir a contracorriente, si es que así se le puede llamar a escribir en LA GACETA NORTEÑA, supusiera tanto para algunas personas. Está claro que nuestra apuesta por la construcción de un teatro nuevo va a chocar con los intereses de los terratenientes y del clero. Creo que construirán antes la nueva iglesia.

  --¿Y acaso lo dudabas? Ellos quieren tenerte en su redil: no pensar, no actuar, no opinar. En una palabra, asentir sus conservadoras ideas. Es verdad que la ciudad tiene empuje, mucho empuje, pero va en una sola dirección: mantener la tradición y conservar las esencias; y luego, si el pueblo alcanza algo, será interpretado como logro de su extrema bondad cristiana. No sé por qué te extrañas tanto si siempre lo has leído en tus novelas preferidas y has visto hasta dónde puede llegar el ser humano.

  --Tienes razón. Soy una ilusa.

     La redacción de LA GACETA NORTEÑA trabajaba como una piña. Antonio G. Miranda ha ido destapando sus ideas progresistas. Todo ello desde la suavidad y desde el respeto; y ha dado oportunidad también a las ideas conservadoras. Eso es lo  que tiene despistados a los terratenientes. Y Balbina Hernández, debido a la clara influencia de las ideas de la Revolución Francesa, con suma discreción ha dejado caer cuáles son sus preferencias. Y Fortunato Marrero se ha ido especializando en la técnica de la redacción, pues la de la distribución ha nacido por sí sola debido a su innata intuición. Los tres artífices del periódico han formado “una isla dentro de la isla”.

         En EL LICEO apuestan, y apostaron siempre desde el principio, por la construcción de un nuevo templo: “no puede ser primero el espectáculo y después la fe; no puede ser. Dios es más importante. Sirve para acallar las conciencias y hasta casi las revoluciones y las nuevas ideas, tan originales en los últimos tiempos. Lo primero es lo primero: el alma, la fe, Dios, la religión católica y la salvación eterna. No nos olvidemos”, dijo un conservador socio en la cantina, ante un auditorio embelesado.
 

 

 

«VOLVEMOS EN CINCO MINUTOS»©

 
 

            Arucadigital.com. Más allá de la noticia.

            Canibalismo. Centro Cultural Multifuncional. Baños Públicos en el Recinto Ferial. “Me alegra verlo donde está usted ahora”. Aparcamientos y yacimientos arqueológicos. Obras. Fuentes. Fuentes con música. Agua: la mejor del mundo mundial. Hotel Rural. Gasolinera. Autovía de Bañaderos. Inauguraciones. Obras sin terminar. Escalones. “Me enteré por la prensa”. Censura. La Radio. Dimisiones. ¿Arrepentidos? Ya no salen en la foto.

           Arucasdigital: la otra manera de contar las cosas.

           Plenos. 60 días. Calentura y calenturas. ¿Respeto? Otra vez no salen en la foto. Paulino, rehén I de Soria, el de la presa. ¿CC es canibalismo al cuadrado? ¿Hay varias CC? ¿Dónde? Los que dimitieron están arrepentidos. ¿Y quién será el externalizador que los externalizará? Un ratito a pie y otro andando. Otra vez los escalones. Los van a reponer. ¿Y quitarán el mamotreto? ¿Y el Centro Comercial se inaugurará alguna vez? El hoyo nos ha hundido. Y si no que se lo pregunten a los comerciantes que han cerrado en estos últimos años. Todo por una cabezonería. Igual que la carretera del norte.

 

         Arucasdigital: cuenta lo que ve y oye. Y opina.

         “Nadie hoy en Arucas puede tener miedo”. “A esta muchacha hay que echarla de la Junta de Gobierno. No dice más que boberías”. Portazos en la alcaldía. Gritos. Mentiras y resquemores. Y orgullo. Mentiras: unas detrás de otras. Los concejales dimisionarios se han arrepentido. Una vez firmaron un documento. Sí, había una vez… Cuéntame otro cuento, pero no el de la carretera, que éste ya me lo sé. “El acto de hoy es un acto de naturalidad democrática”. “El pacto de gobierno se ha establecido en torno a los intereses de Arucas y sus ciudadanos” Premonición: “No pacta CC con quien verdaderamente se entendía, sino con el que más le atacaba” Y lo que dijo duró dos años: “queremos ser eficaces en el trabajo, lo que buscamos es el interés público, el bienestar de todos los aruquenses”. Y siempre gobiernan dos años: luego se les acaba el aire, el aire democrático.  

        Y en eso llegó el Comandante y mandó parar.

        Reanudamos nuestra programación.
 

 

 

« LA CIUDAD DE 1900»©
EN LA TIERRA

 
 

  --Hay que reemplazar la caña de azúcar por el plátano progresivamente. Así que manos a la obra. Lo primero, adaptar la profundidad del suelo y mejorar su textura. Ya sabe: las arenas, las arcillas y los limos. Empezaremos por la parte más umbría de Las Vegas; luego los terrenos expuestos al Poniente, donde seguramente el plátano será un poco más dulzón, y, por último, la costa, donde madurará antes, téngalo en cuenta –dijo de corrido la Marquesa de la Montaña de Doramas a su experimentado capataz agrícola.

           “En cuanto la vea, se lo diré, no me pienso callar: apreciada Balbina, no me gusta nada que se dedique a escribir en esa gacetilla o como se llame. No es bueno que el pueblo acceda a todo. Recuerde, amiga Balbina, que la misión nuestra en este mundo es apuntalar el actual sistema y nunca se olvide de dónde está su sitio, que no es precisamente ése”, pensaba la marquesa mientras su hombre de confianza se alejaba con las órdenes recibidas para los nuevos tiempos, lleno de hojas verdes.

--Me han comentado en El Liceo, y ya van unos cuantos, que están disgustados contigo, Balbina, porque andas relacionándote mucho con el pueblo. Y, sobre todo,  lo que no toleran es que te dediques a escribir. “Amigo Francisco: no olvide que los bares y las calles son cosa de hombres”, me dijo uno mientras apoyaba su mano derecha en mi hombro, como reafirmando su verdad inalterable. Ya sabes que aquí, a pesar del empuje de la ciudad, su intelecto es más bien limitado. ¿Acaso desconocen que vengo del país de la Revolución? Y la suerte mía es haberte conocido. En fin, no hagas caso. A mí no sólo no me molesta que escribas, sino que además te animo a que continúes, Balbina de mi alma. Ya se acostumbrarán, y si no, peor para ellos.

      “Dios mío, nunca imaginé estar donde estoy. Viví una guerra con la que aún sueño, trabajo en la única farmacia de la comarca norte y formo parte de LA GACETA NORTEÑA. Y yo que veía mi futuro junto a mi padre, allá en la finca de Los Dolores”, pensaba Fortunato Marrero en una noche inundada de desvelos y ronroneos. Y del murmullo de la cortina que separaba su cama del resto de la estancia. Y la madera del techo crujía cada noche, como recordándole su sitio exacto en el mundo y sus recurrentes pesadillas.
 

 

 

«CALIMA POLÍTICA»©

 
 

          O el mundo está casi al revés o va camino del precipicio, o del barranco (en el argot nacionalista). Por ejemplo, éstos. Tengo amigos nacionalistas que dicen que no puedo criticar al gobierno canario. Y tengo amigos ppopulares que dicen lo mismo, pero de Soria. Es decir, puedo decir que ZP es un impresentable y el responsable de la crisis del mundo mundial, del paro y de la caída de la construcción, pero no puedo expresar nada si se trata de conservadores o nacionalistas, que, en este caso, son lo mismo. Otrosí, tengo amigos socialistas que nunca me han indicado nada, ni me han dado consignas.

       Estos que me aconsejan guardar silencio, hasta el otro día corrían delante de los grises, bueno, no todos, y hablaban de que había que desmantelar “el sistema”. Y debe ser que se referían al Sistema Periódico de los Elementos, porque ellos, una vez absorbidos por “el sistema”, han aplicado las valencias correspondientes con los suyos y sólo con los suyos. Ahora bien, una cosa sí hay que reconocerles: que Milagros, la de educación, verbigracia, consiga dejar a los alumnos sin clase durante semanas, cuando no meses, porque no se cubren las bajas de los profesores enfermos, es todo un “milagro”: los padres no se han rebelado, ni revelado tampoco; ni han dicho “hasta ahí podíamos llegar, caballeros y caballeras”. ¡Eso sí es un milagro y no los de Escrivá de Balaguer! Sin embargo, me reprochan, nos reprochan, que hagamos este tipo de críticas. Dios mío, ha vuelto la censura. O desean que vuelva. ¿O nunca se fue?

       Siempre han tenido mejor cintura política los socialistas: por lo menos, han respetado las opiniones contrarias, y eso significa todo un modo de vida, de vida democrática, quiero decir. Pero no, los del PPCC o CCPP no soportan el criterio ni la independencia. Ya verán cómo dentro de poco reformarán hasta la selectividad para suprimir el Comentario Crítico, por si les salpica a ellos.

        País de bobos. Eso es lo que desean conseguir. ¡Ah! Y puestos a investigar las bajas de los profesores, que salgan a la luz todas las que han concedido estos años atrás a sus amigos, simpatizantes y militantes de CC, que han sido “una purriá” (en el argot nacionalista). Y, estimados lectores, el jueves pasado en el Parlamento de Canarias  se retrasaron ¡TRES votaciones TRES! porque sus señorías ¡¡¡NO HABÍAN ASISTIDO AL TRABAJO!!! ¿Es eso absentismo o caradura? La respuesta, como ha dicho una sagaz lectora de este medio, se encuentra en ¡¡LA CALIMA!!

          Sí, sí, en la calima política de la incompetencia.

       Menos mal que vendrá la GUANCHANCHA y nos solucionará TODOS los problemas. Y el que se aburra, que ponga la ATINÓMICA Televisión para que termine de desintegrarse en el PARQUE TEMÁTICO al que nos están conduciendo.
 

 

 

«LA CIUDAD DE 1900»©
EN LA REDACCIÓN

 
 

         Antonio G. Miranda preparó concienzudamente la primera reunión con su inesperado equipo de redacción: Balbina Hernández quedó encargada, por propio deseo, de difundir la literatura francesa y además contaría algunas cosas de la burguesía local, sin entrar, desde luego, en las vidas privadas; y Fortunato Marrero, joven educado, que sabía cuándo hablar y cuándo no, pues su maestro y jefe, don Lisandro Codorniú, le arengaba, entre receta y receta, cómo comportarse con personas elevadas, se responsabilizó de temas populares, fiestas y eventos  generales, así como de la distribución. Al editor le quedaba coordinar todo el trabajo. Y volvió a sorprender a la ciudadanía.

          “Nos hemos quedado muy sorprendidos del empuje que muestra esta ciudad. Nunca pensamos que el primer número de LA GACETA NORTEÑA tuviera tanta acogida. Lo que quiere decir que es ésta una ciudad viva, con empuje, y con ganas de ir a más. Y estamos casi seguros de que no sólo la burguesía es la que muestra ese empuje, sino toda la población en general; cada uno desde su sitio. Si todos mostramos tanto empeño, estamos convencidos de que Teatro Nuevo que esta ciudad necesita será una realidad en los próximos años. Es más, el deseo de las fuerzas vivas por la enseñanza no es más que la primera piedra de un crecimiento cultural que está por venir. Las distintas sociedades que aquí existen, y la extraordinaria vida cultural que desarrollan, han de traspasar las cuatro paredes y abrirse a toda la ciudad. Cuanta más cultura para todos, mejor será.”

         “Acabo de leer ROJO Y NEGRO de Stendhal y he quedado traspuesta. No sabría decir bien por qué, pero los escritores franceses me dejan exhausta. Lo que sí sé es que cuando acabo alguna novela francesa del siglo recién terminado, no puedo seguir leyendo. He de quedarme unos días, cuando no semanas, como si estuviera sobrecogida y la historia leída y vivida da vueltas y vueltas en mi cabeza hasta que llega el momento de retomar otra aventura. Es realmente un misterio éste el de la Literatura.”

          “El piano de la marquesa que se encontraba en El Liceo con motivo de la boda de Margarita del Carmen y Adán Paul Gourié, regresó ayer por la mañana a su mundo habitual. El traslado constituyó una novelería que distrajo a propios y extraños. En la Plaza, la gente esperaba la comitiva como si fuera una procesión: muchos veían por primera un piano de verdad y otros tantos no sabían ni cómo sonaba. No me di cuenta de ello hasta que algunos lo dijeron sin vergüenza. A veces, damos por hecho muchas cosas, y no siempre es así. El simple traslado de un piano por la calle mayor de nuestra emergente ciudad ha servido para dar fe de que cada uno es cada uno.”
 

 

 

«LA CIUDAD DE 1900»©
LA GACETA NORTEÑA

 
 

        En el número 15 de la Calle Nueva abre su imprenta, un 15 de septiembre de 1900, don Antonio G. Miranda, emprendedor nato y de ideas brillantes, si bien muchas de ellas, adornadas con el ron de la zona y vino del Monte, quedaban en papel mojado, y se desvanecían con el humo de su acostumbrado habano. Era alegre, jovial, soltero y un pelín mujeriego, hasta donde permitían las normas cristianas y de la santa moral. Un mes después de instalarse, publica el primer número de LA GACETA NORTEÑA con una propuesta novedosa: “Nuestra ciudad se merece un teatro”.

    “Es verdad que llevamos poco tiempo en esta noble y laboriosa ciudad. Pero no es menos cierto que después de ver cómo crece, después de observar las distintas entidades existentes, y sobre todo, la fuerza de la burguesía agrícola local, que apuesta por la enseñanza, no deberíamos dejar atrás otra posibilidad que contribuiría al ensanche de nuestra ciudad: la creación de un teatro. Sí, de un teatro acorde con esta nueva ciudad en el nuevo siglo. Sabemos que es sólo una idea. Pero, al menos, es un principio interesante”.

     En los días siguientes no se hablaba de otra cosa. En El Liceo se convirtió en el tema estrella, y hasta la Marquesa de la Montaña de Doramas se había acercado a conocer al impresor:

--¿Y la G. de su apellido cuál es?—preguntaba mientras escudriñaba la imprenta.

--Pues de Gutenberg, señora marquesa. Mi padre es alemán, afincado en la capital desde hace mucho tiempo, y mi madre, de los Miranda del Puerto, mayormente comerciantes. Lo que ocurre es que yo soy una especie de bala perdida, sí, sobre todo, en ilusiones. Soy un hombre de iniciativas, créame.

--Ya lo veo. Tiene revolucionados a todos con la idea esa de construir un teatro. Hasta el señor cura anda entusiasmado.

--Créame, señora marquesa, daría empaque a la ciudad y el beneficio sería general. Valdrá la pena; se lo aseguro.

       Fortunato Marrero, aprovechando el ratito que don Lisandro ocupaba en el café de media mañana en El Liceo, quedó maravillado con el nuevo periódico. Así que no se lo pensó dos veces y antes de ir a almorzar  pasó por la imprenta y ofreció sus servicios  en la redacción de LA GACETA NORTEÑA. “Aprendo rápido, don Antonio”,  que no salía de su asombro. “Primero, la marquesa; ahora este joven empleado: no me lo puedo creer”. Y mientras respondía afirmativamente al muchacho, entró por la puerta doña Balbina Hernández y Hernández, amante de la literatura francesa y amiga íntima del poeta Domingo Rivero:

--Así que usted es el de la idea del teatro. Pues, bien, cuente conmigo. Soy una experta en matemáticas y contabilidad. Y desearía sumarme a su proyecto, o locura, vaya usted a saber. Espero no arrepentirme. Yo le ayudo, pero a cambio me ha de publicar mis impresiones sobre los escritores franceses, que son mi pasión. ¿Qué le parece, don Antonio G…?

-- Gutenberg, señora, Antonio Gutenberg Miranda.

      El ímpetu del nuevo siglo iba cuajando. Y el impresor ya contaba con dos colaboradores de distintas clases sociales. “Me habrán visto cara de integrador”, pensó al mismo tiempo que el humo del segundo habano del día se mezclaba con el olor a tinta.
 

 

 

«NO ESTÁ SENTADO DOMINGO RIVERO»©

 
 

 LA SILLA


Silla de junto al lecho que la figura adquieres
de mis cansados hombros al sostener mi traje:
sostén de mi fatiga paréceme que eres;
tú me hablas en silencio; yo entiendo tu lenguaje.

La lámpara agoniza y tu piedad escucha
entre la ropa aún tibia el palpitar del pecho.
Yo pienso que mañana ha de volver la lucha
cuando de ti recoja mi traje junto al lecho.

Y en la callada noche, humilde silla amiga,
mientras de ti pendiente parece mi fatiga,
siento crecer la fuerte virtud de la Paciencia

mirando de la lámpara bajo la triste luz,
tu sombra que se alarga, y evoca mi existencia,
y alcanza los serenos contornos de la Cruz.

DOMINGO RIVERO (1852-1929) (1)
 

       No es casual que Domingo Rivero nos acompañe en nuestro acontecer cotidiano y lo haga de pie: a nuestra altura, mirándonos de frente. Y tampoco lo es que tenga un cuaderno donde escribir. Al fin y al cabo, fue un observador nato y preciso, y a través de los objetos cotidianos nos ha hecho ver, nos hace ver aún hoy a poco que nos acerquemos a su obra, la reflexión más profunda y sincera.

    “La silla” de la que habla Domingo Rivero en el soneto que encabeza este artículo se personifica al colocar el poeta su traje en ella. Un acto repetido una y mil veces ha servido para que su genialidad nos maraville una vez más: la imagen recurrente que vio a lo largo de su vida nos la hace revivir para nosotros. Así, “la silla” inerte deja de serlo porque adquiere vida. Y si hay vida es capaz de dialogar con el poeta. Y también sabe escuchar “el palpitar del pecho”, que no es más que el transcurrir de la existencia. Y “la lámpara” muere con su triste luz mientras su sombra se engrandece y se proyecta hasta la fe del poeta: lo elevado, lo misterioso, acaso el misterio mismo de la existencia. Pero no deberíamos dejar atrás dos palabras que invitan a seguir: “paciencia” y “lucha”. Así, las dos juntas, las dos de la mano, para poder continuar el camino.

     Por eso Domingo Rivero está de pie: ha regresado a su ciudad para quedarse, pero no está quieto: va a continuar trabajando en los sentimientos y emociones humanos: en hacernos ver y sentir el porqué en las pequeñas cosas y en los sencillos gestos se encuentra la hondura del ser humano. Por eso ha regresado, si bien nunca se fue del todo.

     Está permanentemente viva la frontera de Domingo Rivero.

     Así que “la silla” del poeta es tan dinámica como la excelente escultura que nos acompaña y saluda cada día desde el Parque Chino, y que su autor, Wenceslao Herrera , supo humanizar para que fuera hoy, y siempre, uno más entre nosotros.

(1)    Biblioteca Básica Canaria: Domingo Rivero, Poesías, Madrid, 1991.
 

 

 

«LA CIUDAD DE 1900»©
 EN EL LICEO

 
 

           Al terminar la procesión, se celebró la boda de Margarita del Carmen Codorniú del Castillo y Adán Paul Gourié Hernández. La iglesia toda, engalanada de lirios, gladiolos, calas y el tono champán de dos enormes telas colgadas del techo a los lados del altar, que disimulaban las húmedas paredes, delataba la magnitud del acontecimiento. Aquel 24 de junio de 1900 fue un viernes adornado de nubes grises y del sonido sempiterno y monótono de los chubascos de San Juan.

          Luego, en el cercano Liceo, el mismo tono champán adquirió la forma de los acordes de la Orquesta Afortunada que procedente del Hotel Metropol de la capital no sólo desplegó valses y polkas, sino también dejó constancia en el ambiente festivo de  los primeros cincuenta años del “scottish”, es decir, del “chotis”, que fue el baile preferido de la boda al ser mucho más descansado. Incluso la Marquesa de la Montaña de Doramas, siempre llena de energía, bailó un par de piezas para asombro de los invitados, acostumbrados a su permanente seriedad. Y su pareja fue el secretario de la Audiencia, y poeta, Domingo Rivero, que aún conservaba de la Gran Bretaña ese donaire inglés marcado en sus ojos claros.

         El estilo afrancesado de la celebración se materializó cuando comenzaron los brindis con el mejor chardonnay y pinot noir, gracias a la gestión realizada por el padre del novio, don Francisco J. Gourié Casanova. En el exterior, el ambiente rezumaba ilusión en las jovencitas que soñaban con príncipes azules y hermosos,  y, además, el escuchar aquellas músicas, aquellos sonidos celestiales de violines, y del lujoso piano que amablemente había prestado la Marquesa, cuyo traslado desde la casa Gourié hasta El Liceo fue todo un acontecimiento en una ciudad que comenzaba a recuperar la rutina del trabajo, provocaron que la tarde se fuera despejando dando paso a la felicidad interminable de las azules horas.

      Margarita deseaba con locura el embarazo para darle otra alegría a sus padres y, sobre todo, para apartar el dolor de los últimos tiempos. Plenamente consciente de que lo sucedido no se olvidaría nunca, lo que ansiaba era aliviar la pena. Lo echaba tanto de menos: sus charlas nocturnas, sus ilusiones en la adolescencia, sus juegos en la infancia: siempre fue su hermano un gran apoyo. Y no se percató hasta que la ausencia fue inevitable. Nunca lloró delante de sus padres, nunca la vieron triste y abatida. Ante ellos se sobreponía como el faro de la Isleta: siempre erguido, siempre iluminando a los navegantes, a pesar de las mareas cambiantes y feas y  de los recurrentes vientos sin rumbo.           
 

 

 

«PENSÁNDOLO MEJOR…YO, DE MAYOR, QUIERO SER ASESOR»©

 
 

        Sí, sí, no me importaría nada ser asesor. O consejero o secretario particular. Como ustedes lo quieran llamar. Tiene muchas ventajas lo de ser asesor. Por ejemplo, estás y no estás en primera línea. Los palos te los llevas en privado; pero en público nunca. A no ser que el asesorado se enfade tanto que desde su despacho se escuchen los gritos. Y si los improperios superan las cuatro paredes de la oficina, aviados estamos.

      Ahora bien: si tuviera que elegir yo, la verdad, preferiría, “por poner un suponer”, asesorar a una concejala antes que a un concejal. Hombre, siempre es más agradable, que no fácil, la primera opción. Vamos, digo yo, que todavía no he asesorado a nadie. Pero lo de una concejala estaría bien. Esta es, desde luego, la opción más dura y arriesgada. Porque si el asesoramiento va bien, entonces surgen los chismes, los cuchicheos, y llegado el momento ya no me “SALVARÍA” ni Jorge Javier Vázquez:

--Me han dicho que ella se va a separar.

--Pero si le iba tan bien en su matrimonio, no me lo puedo “ni de creer”.

--Sí, sí, y parece que ya le dio puerta, porque como la casa era de los padres pues... Y el asesor, igual.

--Pero si el asesor tenía un matrimonio consolidado, y con dos niños.

--Pues, ya ves, fíjate tú cómo son las cosas.

--En fin, que no somos nadie. Bueno te dejo a ver si me firman estos papeles.

--Después hablamos, mi niña. Si me entero de algo, te aviso…

           Yo, detrás, cumpliendo mi misión: animarla y decirle “lo jodío que es Fulanito o Menganito: no le hagas caso; siempre actúa igual. Ya te advertí que saldría por peteneras”. O sea que mi cometido es, fundamentalmente, mantener la autoestima de la concejala por encima de todo. Y llevarle un café claro, claro. O dos.

          Sí, sí: es una misión peligrosa, pero para algo me servirá la mili que hice, donde el valor se me “suponía”. Así dice en la cartilla.

          Pues, nada, adiós; a ver si me llaman.
 

 

 

«YO, DE MAYOR, QUIERO SER INSPECTOR»©

 
 

        Porque un inspector no es una cosa cualquiera. Un inspector es una cosa muy seria. Es más que eso: es un “señor inspector”. Y, la verdad, tan vapuleados como estamos, por arriba y por abajo, por la derecha y por la izquierda, que a uno le digan “señor inspector” es algo así como la octava maravilla del mundo. O casi. Ese “señor” llenaría completamente mi cupo de vanidad.

           Porque, además, un inspector cuando habla es que habla de verdad.  Se le escucha, se le teme (bueno, “algunos-bastantes-muchos” hasta le tienen miedo) y, sobre todo, lo que dice y cómo lo dice. Fondo y forma al unísono. Un inspector no habla, ni dice: un inspector siempre ordena y cada vez que pare una idea la dice, es decir, la ordena, y se salta la labor de años, la conciliación familiar y el clima de trabajo en los despachos. Si los equipos de fútbol, en lugar de entrenadores, a los que ni los mismos jugadores les hacen caso, tuvieran inspectores sería otra cosa. Y si no, fíjense en el Madrid: de tener un inspector, acostumbrado a ordenar a diestro y siniestro, otro gallo cantaría. Vamos, digo yo. Y con permiso de mi amiga Pilar. Pero volvamos al asunto: lo que desea un inspector es, por encima de todo, reunirnos. Hablar, debatir, confirmar lo que la penúltima ley dice, y robarnos nuestro tiempo familiar. Si bien lo de familiar es un decir. No hago otra cosa que ver a mis compañeros cargar con los expedientes para su casa, con el fin de invadir su espacio familiar y privado. Y sacrifican la familia y los mejores momentos. Pero ellos no se dan cuenta, porque no los ven. Y como no los ven, no se lo creen. Acostumbrados como están a decir, o sea, a ordenar, creen que todos somos unos desalmados funcionarios de medio pelo. Por eso están convencidos de que hay que dar otra vuelta de tuerca, aunque no sirva para nada, pero es inevitable e ineludible. “Y ponerlos de hinojos”.

        Los mismos que años atrás combatían las normas autoritarias franquistas son los que ahora las llevan a la práctica, barnizadas con un toque de falsa modernidad y apoyada en no sé cuántas teorías modernas, como si fueran auténticos argumentos de autoridad. No sé de dónde sale tanta desconfianza. Lo ignoro. Y cada año más solos, si pienso en los de arriba. Gracias a Dios que sí percibo el apoyo y el aliento de mis compañeros. Y gracias a ellos todavía mantengo las fuerzas y la ilusión del principio, a pesar de que mi mundo es más numeroso y cada día más hostil. Pero no me he de preocupar: todo se andará: vendrá un inspector (perdón, un “señor inspector”) y me amargará la existencia. “Pero, ¿tú qué te has creído?”, dirá, perdón, ordenará.

    Pero no me callaré: yo quiero ser como tú: un “señor inspector”… de Hacienda. Sí, sí, donde las perras.
 

 

 

«LA CIUDAD DE 1900»©
EN AZUAJE
(Estimados e improbables lectores: este texto es continuación de los titulados EN CASA DE LOS GOURIÉ, EN CASA DE LOS CODORNIÚ, EN CASA DE LOS MARRERO y EN LA CIUDAD, que, a partir de ahora, nombraremos bajo el epígrafe general de LA CIUDAD DE 1900)

 
 

       Arnaldito Cifuentes y Mariquita Degollada llegaron la tarde de martes de carnaval de 1900 al Balneario de Aguas Termales AZUAJE en una calesa alquilada por los amigos de los contrayentes. El trayecto, que duró casi todo el día, se sobrellevaba por la emoción del momento, por la felicidad celestial en la tierra que los novios sentían y por el deseo y la pasión que se consumaría en los siguientes y anhelados instantes. Lo único que paralizaba a Arnaldito Cifuentes era su eyaculación precoz, pero “siempre en el segundo me comporto como un hombre”, pensaba, que no decía. Mariquita Degollada parecía vivir en una “nube católica” que daría muchas respuestas a lo que había escuchado desde el púlpito desde niña y que entendía a medias: “eso debe ser para los casados”, suponía, mientras manoseaba indiscriminadamente el rosario que su madre le había regalado en la ya lejana primera comunión. Sin embargo, la primera noche no ocurrió nada: habían llegado tan rendidos que no tenían fuerzas para más nada. Si algo en común tenían, era que sabían esperar, que nunca se precipitaban. No en vano ese matrimonio celebrado en plena cuarentena era una buena muestra de sus caracteres. Y no es que no tuvieran pasión, sino que la que tenían la sabían administrar en las dosis perfectas. Y esa tranquilidad no sólo fue la base de su noviazgo tardío, sino también el soporte de la felicidad futura: una felicidad tranquila; tal y como ellos se mostraban.

      Era Arnaldito Cifuentes amante de la naturaleza y su devoción desmedida por la ornitología lo convertía en “todo un aficionado especializado”. Y en cuanto tuvo la oportunidad de dar una primera vuelta por Azuaje, pudo comprobar las aves de la zona: cernícalos, herrerillos, horneras, pinzones vulgares, alpispas; además de los consabidos búhos y lechuzas. Su mujer andaba asombrada, pues pensaba que su afición “no era más que un simple pasatiempo”. Sin embargo, cuando la segunda noche le contó que las alpispas que acompañaron a Jesús con la cruz a cuestas iban tapando con sus alas y sus interminables saltos la sangre que iba derramando, “para que los hombres no vieran el dolor de Jesús por nosotros”, Mariquita Degollada, asombrada ante aquella revelación, pensó que se había casado con el hombre perfecto, con el mejor de los mortales, con el más tranquilo y cariñoso. “Valió la pena esperar. Gracias, Dios mío.”
Y esa segunda noche fue “la noche”.
 

 

 

«EN LA CIUDAD»©
(Continuación de EN CASA DE LOS GOURIÉ, EN CASA DE LOS CODORNIÚ y EN CASA DE LOS MARRERO)

 
 

      En 1900 la ciudad, como desperezándose por el dolor de la guerra y los doce muertos que en Cuba quedaron, comenzaba a buscar con ahínco mejores horizontes. Incluso se hablaba en los círculos políticos y culturales  de la  construcción de un nuevo templo parroquial, acorde con la categoría que iba adquiriendo el entorno, inspirado por la relevante burguesía agrícola local.

     El recién estrenado siglo, los renovados aires y los sempiternos deseos de olvidar el dolor de la contienda, propiciaron que las Navidades de 1900 fueran las más esperanzadas. Ricos y pobres cruzaban miradas de consuelo  y en sus ojos se reflejaba la imagen joven de los recuerdos rotos. Pero la vida volvía al cauce tranquilo del rumor de las acequias y el tintineo de las alpispas que no habían emigrado a África distraía los malos pensamientos.  Así, Arnaldito Cifuentes  fijó su boda con Mariquita Degollada para el mes de febrero. Margarita del Carmen Codorniú del Castillo, la hija de don Lisandro, el farmacéutico, convino la suya para el veinticuatro de junio, pues andaba desesperada en darle un nieto a sus padres y aliviar la pena por el hijo perdido, a pesar de la oposición inicial del novio, Adán Paul Gourié Hernández, que deseaba hacer coincidir el enlace con la conmemoración del treinta aniversario del negocio fundado por su padre, EL ALMACÉN FRANCÉS. Y como a Fortunato Marrero le encantaba aprender,  don Lisandro le enseñaba las proporciones exactas y precisas de las recetas y la responsabilidad adquirida en su administración. “Si te equivocas lo más mínimo, trastocas al enfermo: no lo olvides.”

      El Liceo volvía a recuperar las novelerías cercanas,  donde el fervor patriótico se empeñaba en intentar vencer la sombra del desánimo y de la derrota, y que  se esfumara cuanto antes a otro lugar, a otro tiempo.

     --Lo tengo decidido: no puedo seguir escribiendo a mi hijo muerto –dijo don Lisandro en la cantina del Liceo, ante las miradas atónitas de sus camaradas de tertulia—. Por lo tanto, Una carta al hijo soldado toca a su fin, amigos. Ni siquiera pienso publicarla.

       También por entonces, la Marquesa de la Montaña de Doramas  reinauguró, gracias a su generosidad cristiana, la Fuente Pública de la calle de San Pedro, después de dos años cerrada.

     --No puede ser que la ilusión que tuvo mi tío en 1862 se seque y quede en el olvido; no lo voy a permitir-–dijo la marquesa, un viernes a las doce del mediodía, reafirmando con un toque enérgico del  leal paraguas parisino que siempre llevaba en los adoquines extraídos de la cantera del Mirón.
 

 

 

«EN CASA DE LOS MARRERO»©

 
 

            Fortunato Marrero Abreu, a sus diecisiete años, fue obligado a servir en el Batallón de Canarias, que iba destinado a Cuba. No pudo librarse por no disponer de las dos mil pesetas de rigor que sí podían pagar los pudientes y librarse así de la leva ordenada por el gobierno para ir a combatir a los independentistas cubanos. Era Fortunato hijo de un agricultor asalariado que plantaba su vida en las fértiles tierras de Los Dolores. Su madre trabajaba como  ayudante de la cocinera oficial de la Marquesa de la Montaña de Doramas. A pesar de que el Comandante de la Guardia Civil del cuartel cercano se acercó a su casa  pues su hijo iba a defender la patria, y eso era todo un honor, ello no sirvió para consolar la aflicción de la familia Marrero. Sólo Antonia, la pequeña de los ocho hermanos, permanecía ajena a aquel barullo.                                  

             Fortunato, muchacho callado, consciente de la situación familiar, no se atrevía a desairar a sus padres ni a los destinos de la vida. Así que se portó como un hombre y aguantó estoicamente su movilización y “cuando llegue a Cuba, veremos lo que pasa”, pensaba mientras subía al Hespérides Su bautizo de fuego fue un 30 de julio de 1898 en Punta Gabriel, donde su escuadrón dio muerte al General Zayas. Fortunato, especialista en posponer las decisiones, cada vez se sentía más integrado en la guerra, en aquella espiral de violencia que parecía no tener fin. Fue condecorado en dos ocasiones. Sin embargo, su delicada salud  en aquel clima caribeño provoca que le concedan un permiso de cuatro meses y regresa a la isla. Ya no  volvería más a Cuba pues el final de la guerra se precipitó en plena convalecencia. Su madre prefería tenerlo aquí enfermo y no allá sano.

                No tuvo la misma suerte el hijo de don Lisandro Codorniú y Antich, que se resignó a dejar enterrado en Cuba a su hijo. Nunca pensó que aquella mañana en el Puerto de la Luz, en el Vapor Correo Hespérides, sería la última vez que lo vería.  Así que don Lisandro se acercó a casa de Fortunato Marrero y le ofreció trabajar como mancebo en su farmacia, la única que existía por entonces en la comarca norte de la isla.
 

 

 

«LO QUE MÁS SENTIRÉ…»©

 
 

          “Lo que más sentiré es que cuando me vaya ya no los veré más. Eso será lo peor. No verlos, no tocarlos, no besarlos… ¡Dios mío, cómo se podrá superar esa situación, esa angustia de la existencia!

             Ahora, a mis ochenta años, el futuro es el día siguiente. El futuro es que a las seis de la mañana, la hora en que me despierto, no me duela nada. ¡Cuánto desearía no sentir la inquietud de días atrás! Mareos, hambre inmediata, inseguridad y el miedo a caerme… Por eso cuando me despierto “bien” hago comida: un buen potaje para varios días, unas natillas caseras que me recuerdan a mis hijos, pequeños, alegres, saltarines, ¡y cómo las devoraban! Ahora, sin embargo, tengo que descansar mucho porque me canso mucho. Me canso pelando una simple cebolla, cuando mi mente va volando, como antes, cuando él estaba también con nosotros. La felicidad era aquello y yo no lo sabía.  Pero… no puedo… me canso demasiado… me agota poner el potaje al fuego. Y gracias al pequeño abanico que tengo cerca: y tiene que ser ése y no otro. Pequeño, para que no me dé mucho aire, sino el suficiente, el que yo, a mis ochenta años, soy aún capaz de soportar. Las mañanas se me están poniendo cuesta arriba. Luego, a medida que el día avanza y mi vida parece ganar unas cuantas horas más, voy mejorando, voy cogiendo fuerzas. Y gracias a la ventana y al sol que penetra a través de los cristales, regalándome luces y sombras. El mismo sol de mi infancia en un tiempo distinto, que se extingue. Y la calle y  la novelería… ¿Pero de qué me sirve si ya no conozco a nadie? A los que veo pasar me recuerdan a los que hace cincuenta o sesenta años que no veo. ¡Qué misterio éste el de la memoria! A los que conocía ya se han ido o están en primera línea, como yo… Sólo tengo en mi cabeza los recuerdos, la vida que viví y que se me ha ido en un instante. Nunca pensé que llegaría a vivir tantos años. Siempre creí que yo me iría antes y no él. Pero no ha sido así. Mis hermanos han desaparecido casi todos, apenas quedamos dos…

             Y las horas cayendo como una tonelada de sensaciones y recuerdos. Y aquel instante que acabo de revivir me ha inundado de luz, como el sol otoñal de la ventana. Sí, digo bien, revivir. Pero mis hijos no me entienden. Sólo han de pasar los años para que sientan lo que yo siento ahora. Soy su futuro pero ellos no parecen darse cuenta. Y mis nietos, mi pasado: mi vida, mi calle, mi infancia. La vida y el tiempo. Se ríe de nosotros cada día el tiempo, pero no escuchamos sus carcajadas hasta que las dolencias van por delante de nuestros deseos y de nuestras ganas de vivir.

            Entonces, lo que más sentiré es no verlos, no tocarlos, no besarlos y decirles adiós desde la ventana. Y tocar con mi frágil mano en los cristales para que ese leve sonido abrase su corazón. Me dicen adiós desde la calle y yo, desde la atalaya de mi vida, lloro, pero no me ven. Ni quiero que me vean así. ¡Cuánto los echaré de menos!... no verlos, no tocarlos, no besarlos… ¡¡ni abrazarlos!!”
 

 

 

«LA SOBRINA DE PAULINO
NO ES PARTICULAR: CUANDO NO ESTUDIA
SE COPIA, COMO LAS DEMÁS»©

 
 

        Me imagino que ya saben ustedes, improbables lectores, que a una sobrina de Paulino Rivero, el presi, en unas oposiciones a policía local en el sur de Tenerife la cogieron copiando. Así que la llamada de Paulino al alcalde para que “la metiera” no se pudo confirmar porque  ya la sobrina “la había metido ella solita” (entiéndase bien, la pata). Otrosí,  el vice del canario gobierno, el que tiene nombre de presa o embalse, no quiere pagar las costas del último proceso judicial que ha perdido y recurre sólo a eso, al vil metal, no a la sentencia que lo condena. Y es normal: la crisis es la crisis.

       De lo que se infiere, inteligentes lectores, que los políticos que nos desgobiernan ¡¡son de carne y hueso!! Siempre pensé que estaban por encima de nosotros, que eran gente preparada, con sentido común, con astucia para bregar en la lucha partidista, que sabían cuidar el puesto que ocupan interinamente y que estaban a pruebas de recibir o pretender influir en otras personas que, a su vez, también son representantes públicos. Y pensé que no eran mentirosos. Ni caraduras.

       Pero yo, la verdad, no veo nada de eso. O ellos están en una realidad que no reconozco o el que tiene que ir al médico soy yo, que veo las cosas distorsionadas, como los espejos cóncavos de los espectáculos de feria que nos transforman en gordos y flacos en un momentito. Está tan deteriorada la imagen del político que, sobre todo, cuando quieren ser solemnes y graves, me pongo en guardia y pienso: ¿qué nueva mentira saldrá por esa boquita? Y, enmarcándolo todo, los medios de comunicación. Nunca antes había estado tan manipulada la prensa como en estos años en que vivimos. La sutileza se ha convertido en una sola palabra, que nadie sabe aplicar; igual sucede con la ironía. Y la manipulación de los mensajes es tan enorme que la Caldera de Taburiente se quedaría pequeñita si se llenara con los engaños y descaradas manipulaciones de los últimos tiempos. Lo que no sabía es que la mentira ya no es pecado. Una buena parte de la clase política de este país se considera católica; sin embargo, día tras día las mentiras se suceden, saltándose así sus propias creencias. Entonces, la nueva máxima es ésta: miento; luego existo.

       “Yo no miento, es mi punto de vista”, dicen, y se quedan tan panchos; los muy políticos.
 
 

 

«LA CARCAJADA DE LAS HORAS»©

 
 


    
          
Siempre he tenido el deseo de comentar algún poema de los que escribió Juan Zamora Sánchez. Esta idea me ha rondado durante los últimos años y debe ser que la materialización de la misma llega cuando tiene que llegar. Ni antes ni después.

EL RELOJ

De lo alto de la severa torre
austero, sereno, ceñudo;
el reloj es el testigo mudo
de la alocada vida que corre…
Sus manecillas inquietas
empujándonos hasta la muerte
parece que se divierten
con sus vueltas y más vueltas.
Y --¡pobrecillos!—sólo a medias
percibimos cómo él sigue
su marcha indefinida.
Y cómo ante la tragedia
y su estela aterradora,
burlescamente ríe, ríe,
dejando en el aire tendida
la carcajada de sus horas.

De lo alto de la torre, altanero,
el reloj ríe sin compasión.
¡Él no tiene corazón,
sus entrañas son de acero!

JUAN ZAMORA SÁNCHEZ (1)
(1907-1981)

             El extraordinario libro que tengo entre mis manos, y siempre agradeceré el detalle que Juan Zamora Maldonado tuvo para conmigo, siempre está aguardando en el estante de la librería: va y viene, desaparece y aparece como si fuera un milagro. Ahora, en estos  primeros días de otoño, ha regresado para quedarse, enseñándome, pues no en vano el autor del poema  fue un “Maestro de vocación”, y aclarándome y descubriéndome lo que me rodea. Y a pesar de la ausencia del “Maestro”, su presencia sigue hollando  nuestras calles. Como tantos otros, como tantos otros seres queridos que miraron una y mil veces El Reloj de nuestra iglesia. Como tantos familiares y amigos que vivieron con intensidad sus calles, su historia, sus alegrías y sus tristezas. Y allí, en lo alto, El Reloj.

          Si prestamos un poquito de atención podemos observar cómo el autor nos lleva de la mano “a la alta torre” para descender hasta la “inevitable muerte” y acabar otra vez donde había comenzado: “en la altura de la torre”, enfilando hacia el cielo, lugar inalcanzable. Para ello, el autor, en su paseo poético, no sugiere que el reloj es más que el reloj: es el paso del tiempo, la vida misma de los mortales que nos creemos eternos en este mar de confusiones en que vivimos. Por eso Juan Zamora habla de “alocada vida”. Pero el reloj es más que una metáfora (“es el testigo mudo”), es la personificación de sus “divertidas agujas” que parecen reírse de nosotros. Lo que nos viene a decir es que él seguirá en su sitio, en su atalaya, en su poderosa torre, marcando el tiempo, siguiendo su ritmo, y otras miradas lo observarán.

              Ya ven, ese gesto cotidiano repetido una y mil veces de mirar el reloj de la iglesia, ha servido para que su autor nos deje todo un mensaje de vida, de esperanza. Juan Zamora nos está proponiendo dos cosas: disfrutar el momento y, acaso, dejar a un lado la vanidad. Por eso nos califica de “¡pobrecillos!”, como si realmente nos creyéramos los dueños de nuestras efímeras existencias. Es el poema la suma de ideas, de significados, como lo es la vida misma, hasta el destino final. Y mientras caminamos vamos dejando atrás “la estela aterradora de la tragedia”. Sólo ha tenido que pasar el tiempo para que el poeta y el poema ocupen el lugar que se merecen, que no es otro que el de hacernos pensar, el de hacernos vivir, el de hacernos ver que cualquier cosa que  nos rodea tiene o puede tener un significado. Menos mal que hay personas así, que nos ponen los pies en suelo. Ya ven, “Juan Zamora” no es sólo el nombre de un colegio; es mucho más que eso porque, de alguna manera, sigue vivo entre nosotros. Lo que ocurre es que esta “alocada vida” nos distrae y nos empantana, y dejamos a un lado lo verdaderamente importante. ¡Benditos poetas!

          En el segundo verso, la gradación es determinante y valorativa: es el reloj sobrio, sereno y amenazador. Da la sensación de subir distintos escalones, aunque ya esté en lo alto. Y esas amenazas se confirman con las palabras que cierran el poema: no tiene corazón; sus entrañas son de acero. De un acero frío e implacable; como la vida misma; aunque nos escondamos en las esquinas y en los recovecos y miremos para otro lado.

         Por eso el reloj descrito por Juan Zamora Sánchez es un reloj que oímos, que tiene sonido: la carcajada de las horas que van pasando.

 

 

(1)   Revista ARUCAS, diciembre de 1946.

La Obra del Cronista Juan Zamora Sánchez, (compilación e introducción de Juan Zamora Maldonado), Editado por Excmo. Ayuntamiento de Arucas, Concejalía de Cultura y Patrimonio Histórico, Arucas ,2003.

 

 

 

«EN CASA DE LOS CODORNIÚ»©

 
 

     Don Lisandro Codorniú y Antich, farmacéutico, enterose de que España había entrado en guerra con EE.UU. cuando se disponía a tomar el acostumbrado té de las cinco, en el amplio salón de chimenea de los Gourié. La Condesa de la Montaña de Doramas se desmayó al instante y, entonces, la mujer del farmacéutico, doña Carmen del Castillo y Gil, requirió rápidamente los servicios de su marido.

       Pero a don Lisandro lo que en realidad le mudó la cara fue la imagen de su hijo, gesto que se le cayó encima como un rayo, por entonces oficial del Glorioso Ejército Español. Ni aquella noche de abril de 1898 ni las siguientes semanas pudo conciliar el sueño. Apenas dormía dos o tres horas y en cuanto le venían las ganas de orinar ya no lograba regresar al sueño perdido. Entonces bajaba a la rebotica y allí, en aquel despacho de tertulias y tapas, comenzó a escribir Una carta al hijo soldado, con la única intención de poder disipar las horas nocturnas, su silencio, su lentitud. Luego regresaba con su mujer y en la duermevela tenía la sensación de haber dormido algo, hasta que las campanas avisaban de la primera misa del día. Y el reloj inglés de la torre, “el John Moore” como lo llamaban los del Liceo, como para darle y darse un ligero aire de distinción, no dejaba de marcar el paso del tiempo, con su toque suave y preciso.

--Esto no durará mucho –repetía don Francisco Álvarez en la cantina del Liceo. Los socios lo miraban con fe y esperanza de que aquellas palabras fueran ciertas.

       Ya don Lisandro no iba ni siquiera a jugar su acostumbrada partidita de cartas, a la que había sido fiel desde que decidió instalarse en Arucas. Margarita del Carmen Codorniú del Castillo no hacía más que consolar a sus padres, y lloraba también con desconsuelo en                                            el silencio de su cuarto; cuando todos dormían. Sin embargo, Margarita, mujer decidida y moderna, los abordó por separado en la esquina del pasillo, donde los paraguas. Y allí, solemne y ceremoniosa, se plantó:

--Ya sabes que tú mismo alimentaste su incorporación al Ejército; ya sabes que moviste cielo y tierra para lograr su ingreso; ahora nos toca vivir las consecuencias de aquello. No sólo estamos para los tiempos de paz. Además, llevamos ya unos años convulsos, con atentados y escaramuzas en las colonias. Y aquello ha derivado en esto. Así que no te extrañes. Pero no olvides que tu hijo, mi hermano, es una persona astuta e inteligente, y estoy segura de que sabrá luchar y defenderse también. Su honestidad siempre va por delante, junto con nuestra bandera. Ten fe, por favor, ten fe. Y levanta el ánimo, y muéstrate orgulloso, y no cambies las costumbres, pues esa mudanza no te asegura nada. Ni siquiera una mínima tranquilidad. Y, sobre todo, cuida de mamá, cuida de papá, y que las miradas se conviertan en palabras. Y si hay que llorar, llorad juntos, por favor,  nos sentiremos más cerca. Ya está bien de vagar por la casa en las noches negras, en las madrugadas oscuras. Ya no quiero escuchar cómo cruje el suelo por las pisadas perdidas y dolorosas. Ya está bien de sentir soledad cuando estamos tan cerca el uno del otro… Y pidamos a Dios que la paz llegue pronto.
 

 

 

«EN CASA DE LOS GOURIÉ»©

 
 

        Arnaldito Cifuentes confesaba los cincuenta años sobre sus hombros sin ni siquiera aparentarlos. Siempre que se cruzaba con Mariquita Degollada se turbaba: “¡Dios mío, con cuánta energía me ha dotado la Madre Natura!”, pensaba en las miradas robadas. Sentíase, en su eterna soltería, deseoso de estar atrapado, y aun secuestrado, en la telaraña de aquellos labios carnosos.

         Era Mariquita Degollada de los Degollada de toda la vida: gente de cuna, alcurnia y porte; solterona romántica y muy cumplidora con los preceptos de la Santa Madre Iglesia. Que se supiese, sólo tuvo un novio, al que esperó durante años sentada en el Parque de San Juan. Pero cuando su rostro comenzaba a adquirir la expresión fría y dura de Penélope, se levantó rápidamente y exclamó:

--¡Más nunca, caramba, más nunca! Eso es: me quedaré para vestir santos –y salió disparada para la sacristía con sus veinticinco años a cuestas al mismo tiempo que los socios de El Liceo,  asomados en la ventana grande que daba al parque, donde mes tras mes apostaban sobre la larga espera, no supieron interpretar aquel gesto.

            Y así fue cómo ingresó en la Hermandad del Carmen, que desde el primer momento llenó toda su vida. Lo cierto es que siempre había colaborado con las Damas Carmelitas; sin embargo, ahora sentíase más implicada en el escalafón superior. Nunca pensó que a sus cuarenta y dos años muy bien llevados, el amor y la pasión volverían a sonar al unísono interpretando la mejor sinfonía del mundo. Todo ocurrió un domingo, en Misa Mayor, al tropezar con Arnaldito Cifuentes en la Capilla del Carmen en el momento mismo de disponerse a comulgar. A ella se le cayó el abanico que su madre le había regalado a los quince años, momentos antes de asistir en El Liceo a la Fiesta de Presentación en Sociedad, cuando el diligente de Arnaldito Cifuentes, mostrando una elasticidad impropia de la edad, se lo puso de nuevo en sus manos, con reverencia incluida. Era Mariquita Degollada mujer de principios, de principios católicos, y no toleraba el más mínimo despiste en la Casa del Señor, incluso en actos tan fortuitos como aquél.

        En los escalones de la puerta principal de la iglesia, Arnaldito Cifuentes esperó unos largos veinte minutos hasta que Mariquita salió acompañada de una sonrisa cómplice que no llegaría a interpretar hasta aquella tarde en que la besó apasionadamente en la cancha de tenis de los Gourié. Fue una tarde sólo comparable a aquel mediodía dominical en el que apenas habían cruzado unas palabras excesivamente corteses. Aquella tarde de abril de 1898 en casa de los Gourié, adonde habían sido invitados por la Condesa de la Montaña de Doramas, se convirtió en el despertar de un frenesí. En el momento en que se quedaron solos, mientras el resto de los invitados se dirigían al salón de la chimenea, surgió el beso…  ¡el mejor beso del mundo!

          Pero aquella plácida tarde fue alterada por las noticias que llegaban a cuenta gotas de Cuba y que venían a confirmar los rumores de meses anteriores: “¡¡España está en guerra, España está en guerra con EE.UU.!!” El Desastre del ´98 había comenzado. Y la felicidad de ambos también.
 

 

 

«LA COLA»©

 
 

            Es bueno hacer cola, aunque no nos agrade. Sin embargo, es el camino más rápido. Cuando voy al banco, la hago; a la hora de pagar los tributos municipales, hago cola en VALORA hasta que una maquinita me da permiso: sí, una maquinita, “¡fite tú!”; en la Seguridad Social, ¡cómo no la voy a hacer si ya está medio privatizada! Y así en infinidad de sitios. Los mismos lugares que ustedes, improbables lectores, sufren de vez en cuando.

            Pero lo que a mí me gustaría es que los políticos también hicieran cola. Más que nada por respeto al ciudadano, por respeto al vecino, y, sobre todo, por ética, y porque siempre hay un orden. Es bueno, muy bueno, que los políticos hagan cola. Por ejemplo, la moción de censura. El PSOE hizo cola y le llegó el turno. Nadie lo diría, pero así ha sido. Froilán, Gustavo y Dulce también la han hecho y, ahora, se han ido. Aunque tengo para mí que nunca pensaron que saldrían de “la cola de su propio partido.” Yo, desde luego, ni me lo imaginaba: que tus mismos compañeros te presionen para que salgas de la fila, era para mí impensable. Y los del PP, igual: ahora empezarán la cola, o la travesía del desierto, como quieran ustedes llamarlo. No hace mucho el anterior alcalde, experto en “perlas cultivadas”, le propinó una frase al portavoz psocialista: “me alegra verlo donde está usted ahora”. Y sé que lo decía, entre otras interpretaciones, porque Ángel, en aquellos momentos, estaba en la cola. Ya ven, no se puede escupir para arriba, y la lluvia, que se sepa, siempre cae hacia abajo. Ya lo dijo Leonardo da Vinci: “¡no se puede escupir para arriba, y la lluvia, que se sepa, siempre cae hacia abajo!”

          Por eso sería muy bueno que la “nueva-vieja-corporación” no se olvide nunca de que hay que hacer cola, que hay que respetar la cola de los ciudadanos, que hay que escucharlos y atenderlos. ¡¡¡Y no engañarlos!!! Pero tengo para mí que la vanidad a algunos les puede. Y perderán el norte. Y el “rumbo norte” también. No sé si los mecánicos amarillos “tamién”. Ahora mismito hay mucha gente haciendo cola “a ver si me cae un carguito de confianza; y me muestro supersimpático, y cambio de amigos, y soy amable, afable, a mandar, camarada…”

         En fin, que la cola forma parte de nuestras existencias. Me gustaría que los políticos no se llenaran de ansiedad  y “escucharan entre todas las voces, una” pues el camino se demuestra andando, paso a paso, y… ¡en fila!

        Aunque la peor de todas es… ¡¡la cola del paro!!

 

PD: Una cosa es la cola y otra, muy distinta,  los “celos políticos”. ¡Y la cuestión urbanística! ¡Y la emisora de radio! Y las gerencias que están por llegar. Y los que no hicieron cola y se saltaron las leyes… Pero será otro día, otra vida, otro tiempo…

      Para acabar tres preguntas:

a)      ¿Volverán los escalones a ocupar su centenario lugar? ¿Los volveremos a pisar?

b)     La romería ¿cambiará de día?

c)      ¿Y las calles volverán algún día a recuperar el sentido exacto de circulación?

(¡Disculpen la rima, no era mi intención!)
 

 

 

«LAS CASAS»©

 
 

         Las casas tienen vida; respiran movimiento, infancia, adolescencia, juventud. Y vejez también. Y dolor y silencio.

        Dependiendo de la etapa de la vida en la que nos encontremos, las casas van al mismo ritmo que avanzan nuestras existencias; al ritmo que marcan las ilusiones, las ensoñaciones y las esperanzas. Y si tenemos suerte, el ciclo vital se vuelve a repetir desde la experiencia y desde el mayor disfrute cuando los nietos comienzan a llenar otra vez de cachivaches el hogar. Es la casa de los abuelos otra casa: la mejor, en la que apenas riñen, en la que sin saberlo los más pequeños son en verdad los que cuidan de los mayores. La sola observación de los nietos es la imagen viva de un pasado que el abuelo vuelve a recuperar, o quizás, como en la mayoría de las ocasiones, vive por primera vez. Porque, antes, los padres siempre estaban fuera, siempre estaban trabajando. Aparecieron por sus casas para quedarse cuando se jubilaron y entonces, ellas, sus esposas, los veían como unos intrusos del tres al cuarto al invadir su espacio. Y les insistían en que salieran, en que se dieran una vueltecita por ahí, porque, para algunas personas, su sola presencia les comía el terreno. Lo que son las cosas: las costumbres son difíciles de cambiar. Tantos años saliendo por la mañana y regresando a media tarde o por la noche, va creando unas pautas de comportamiento que cuando son alteradas cuesta encauzar la nueva situación. Bueno, lo que decía era que los padres de antes apenas disfrutaron de sus hijos, de sus emociones y, de sus primeros pasos y risas. Y no es que no los quisieran, qué va. Era la vida la que tenía marcada los papeles de las personas.

      Por eso las casas representan el lugar seguro, el refugio, al que nos vamos aferrando con los años. Es la casa el espíritu de nuestras vidas, que se amolda a nuestras emociones y a nuestros sentimientos.

      Es la casa el espacio perfecto.
 

 

 

«¡¡EL P.A.T.A SIGUE VIVO!!»©
ARUCAS, INDEPENDIENTE
(Comunicado del P.A.T.A.)

 
 

            El Partido Animoso Transgénico de Arucas (PATA) comunica a los aruquenses en particular y a los residentes en general que va a promover la iniciativa de poder celebrar un Referéndum para la Independencia de Arucas de lo que queda del Archipiélago Canario, que con un gobierno de peperos pinochos y lo que resta de los nacionalistas de medio pelo nos tienen acogotados y no nos dejan ser lo que somos por historia, nobleza y gallardía y sexo “tamién”.

            Es nuestro interés ubicar un Fielato en la linde con el municipio de Las Palmas, es decir, en el Puente de Tenoya; otro en la raya de Firgas, donde la casa del exconsejero y exconcejal y próximo gerente (carajo, el tío no se va nunca); un tercero en Los Altabacales y el cuarto en San Andrés, al ladito mismo del letrero herrumbroso y gastado con el nombre de nuestra ciudad. Sí, Arucas está gastada. En Tinocas habrá una baliza y un radar donde los automovilistas tendrán que pagar un peaje al señor que estará a mano derecha y que agitará un pañuelo con los colores de nuestra bandera: ése es el cobrador privatizado del Canal de Isabel II.

         Además, nuestros equipos deportivos tendrán su propia liga, sus propias competiciones y, de vez en cuando, jugaremos en el extranjero; a saber: Firgas, Las Palmas, Moya y Guía; es decir, con aquellos con quienes tengamos convenios y arbitrajes varios en Magistratura. Es nuestro deseo entregar las tierras yermas para que las trabajen nuestros parados y no podía faltar una impresionante Plaza de Toros, en la que los diestros El Niño de la Eso, El Tocador de Canaragua y Teofilito el de los Bolardos harán las delicias turcas de propios y extraños.

           Encargaremos nuestro himno a las Escuelas Artísticas, pero no le diremos nada a Víctor B. porque si no nos trae otra vez a Los Gofiones. Tampoco Maxi hará la letra ni la improvisará el presentador de Tenderete. Estamos pensando en gente de la tierra, como Mastro Pepe el carpintero, Juanito el albañil y Periquito el fontanero, que suelen tener su echadero en el bar de la Reina Mora.

          En fin, en los próximos comunicados seguiremos ampliando esta propuesta y otras.

Recuerde, sobre todo y por encima de… que…

¡¡ASÍN NO PODEMOS SEGUIR!!

 

 

 

«NO SOY DEL F.B.I. ¡NO ME LLAMEN!»©

 
 

         Lo siento, ustedes perdonen, pero, porfa, no me llamen, caramba, yo no soy del FBI. Nunca he trabajado para el Tío SAM, ni para Pepe STALIN; así que pasen de mí, que yo no tengo nada que ver.

        Sí, no se extrañen, avezados lectores, dentro de unos días comenzará a “actuar” la Comisión del Parlamento Regional, que es el de ellos, sobre un asunto tan delicado como el de los Niños Desaparecidos en Canarias. Ya ven, sus señorías no tienen otra cosa en qué pensar. Y dicen las crónicas periodísticas que van a llamar hasta agentes del FBI, que no sé si vendrán con todo incluido, con desayuno y cena o sólo con desayuno. Yo, por si acaso, quiero desmarcarme ya: no quiero que me llamen, yo no tengo nada que ver con José Luis Perales ni con el Dúo Dinámico. A mí, plim.

       La verdad es que no me fío de los organizadores de este espectáculo: ATI-cc y PP. Ya lo ven, mociones censura por doquier en los pueblos de Canarias y los cabezas visibles de ese pacto mudos, calladitos; no han dicho ni esta boca es mía.  Bueno, insisto: a mí, que no me llamen. Que tengo que corregir, llevar los chiquillos al cole, comprar en Mercachona y en cá Alexis y en cá Gonzalo y en cá López y en cá Martín, también. Y terminar de pagar lo que le debo a Felipita y a Domingo. Yo no tengo nada que ver con el nivel intelectual de algunos políticos canarios, que ni siquiera superan el ínfimo nivel que muestra Tele5, que siempre se queda en la entrepierna, y de ahí no sale.

        Ignoro, en el momento de redactar estas líneas, si van a llamar a la Campanario, a la Belén, a Manolita, la de Amar en Tiempos Revueltos, o a Jimmy, especialista en insultos varios y machismo trasnochado, aunque vaya en silla de ruedas. Me chisman que tal vez llamen a los empleados del Morocco, también de Amar en esos tiempos, pero creo que va a ser que no, pues con la crisis que estamos pasando el bar también cerró sus puertas y, paradojas de la vida, en su lugar se ha montado un banco. Y nunca mejor dicho lo de “montado”.

        ¡Qué cosas tiene el destino! ¡Fíjate tú!

        El otro día me lo dijeron. Mejor, me lo volvieron a repetir: hay dos cosas en este mundo que son infinitas: una de ellas es la inmensidad del Universo, y otra, más cercana, es la estupidez del ser humano, que, además, es para toda la vida.

        No sé si me explico.
 

 

 

«NUEVA TERMINOLOGÍA »©

 
 

PAPAFRITISMO.- Dícese de la acción consistente en levantar un acuerdo, un pacto, por celos políticos o profesionales. 

PAPAFRITA.- Es la persona o ente que levanta el vuelo para destacarse de la manada en el Serenguetti. 

INTERINIDAD.- Es aquello que siempre se le olvida a la clase política; a la clase política mermada y con pocas luces. 

YO FIRMÉ, PERO NO ME COMPROMETÍ A NADA.- Dícese de la acción de firmar papeles, acuerdos, documentos, para negarlo después “y esa no es mi rúbrica”. 

MOCIÓN.- No confundir con EMOCIÓN. Dícese del acto pergeñado en las cafeterías de la zona “y yo me voy por si acaso”. 

MAMOTRETO.- Herida que supura y se pega al Patrimonio. Virus contaminante. 

BOLARDO.- Dícese del artefacto que es objetivo de los automovilistas. 

AGUJERO COMERCIAL.- Lo que ha paralizado nuestra ciudad durante años. 

DAÑOS COLATERALES.- Por favor, que les pregunten a los comerciantes que han tenido que cerrar sus negocios, cuando no emprender una nueva vida, porque la “clase política mermada y con pocas luces” lo decidió un día. 

ESCALONES.- Lo que se rompe cada vez que llega un centenario, unas copas y unos amigos. 

¿Y DE LO MÍO QUÉ? Dícese de la expresión de los vecinos cuando visitan la alcaldía. 

NO SE PREOCUPE, ESO SE ARREGLARÁ.- Dícese de la expresión de los vecinos cuando salen de la alcaldía. 

“¡¡¡BURRUGUAY!!!”.- Expresión que descoloca, asombra, intimida, reduce el colesterol y aumenta la presión sanguínea. Generalmente se utiliza en un pleno de moción de censura para despedir al partido en el poder.
 

 

 

«OPERACIÓN “MANTECA”»©
(documento encontrado bajo los escalones de la Iglesia y publicado en
EL SOL DE VISVIQUE por Juanito CASO)

 
 

             La denominada Operación “MANTECA” comenzó a fraguarse en el mes de julio, entre cervezas SIN y cervezas CON. (Aclaramos a nuestros avezados lectores que SIN quiere decir: sin éste, ése o aquél. Y CON: con éste, ése o aquél). A finales de agosto, en plena panza de burro con llovizna ligera incluida, la conspiración “por el bien de nuestra de ciudad y por sentido de la responsabilidad” se traslada a las cafeterías “JAMÓN, JAMÓN” y “EMBRUJADA”; según las ganas alimenticias de los instigadores de la trama: o un “tentempié” o algo más sólido. Cuando llegó la noche más larga, a primeros de septiembre, como queriendo inaugurar el curso político, se vivió “el mantecazo” entre sonrisas y lágrimas, entre sudores fríos y calenturas horripilantes, vamos, sin incidentes, en una Arucas adormecida, casi drogada, y con un capitán general ambiguo hasta la reunión de la ejecutiva.

           Los conspiradores, espiados por orden de ZP y Rubalcaba, fueron grabados gracias a un micrófono que gentilmente le cedió Radio Arucas a un espía disfrazado de técnico de la TV ATInómica. El momento cumbre de la grabación, al que hemos tenido acceso gracias a nuestro extraordinario equipo de investigación y documentación, cuya oficina central se encuentra ubicada en el bar EL GÓTICO, al lado mismito de la “tragaperras”, es éste:

--El “juguete roto” ya está donde queríamos—dijo el cabecilla intelectual.

--Estupendo, es el momento de cerrar ciclos—sentenció el otro.

          El candidato, envanecido por las palabras que diariamente le comen la oreja, lo alaban, lo halagan, lo ensalzan, aplauden, felicitan, adulan, agasajan, encumbran, aclaman y glorifican, sigue adelante:

--No, hombre, tranquilo, --sentenció el cabecilla-- para eso se nombra a un asesor, a un cargo de confianza y ya está, ¿o tú no eres el alcalde, carajo?; bueno, lo serás; no te preocupes por eso, el pueblo no se entera, se cabrea un par de días y luego Real Madrid o Barcelona; si la gente olvida enseguida, que si lo sabré yo que llevo toda mi vida a la sombra de mis amigos y del poder y de las muchachas del cortinglés; tranquilo, tranquilo, además, dos años pasan volando; eso sí, hay que mejorar la imagen y la expresión, pero para eso están los universitarios, y los asesores del partido; nosotros queremos “la manteca”, a eso no podemos renunciar…

           En el otro extremo de la ciudad, entre sollozos salitrosos y lágrimas con sabor a maroto, todavía se están preguntando, abrazados al higiénico papel, qué “ha hecho” yo para merecer esto, por qué siempre me abandona el desodorante justo a los dos años, por qué a mí en estos momentos, ahora que le estaba cogiendo el tranquillo, ahora que tenía un par de trajes nuevos, ahora que no lo entiendo, no sé qué pasa, chiquillo, qué me pasa… ¡¡el de la mochila azul y el de ojitos dormilones!!... ¡¡Ésos han sido los traidores!!

           Al día siguiente, mientras la ciudad dormía la siesta, es decir, siempre, acertó a pasar por delante del Ayuntamiento Isidra Rafaela, más conocida por Isi, y, sorprendida al verlo cerrado, le preguntó al barbero:

--¿Y el Ayuntamiento no abre?

          A lo que el amable y socarrón barbero contestó:

-- No, el ayuntamiento por la tarde no abre. Por la mañana es cuando no trabajan.

--¡¡Esto es la caraba!! –exclamó Isi.

            Y, efectivamente, EL SOL DE VISVIQUE sostiene lo mismo:

¡¡¡esto es la caraba!!!

 

PD: Este artículo ha sido patrocinado por La Cantina “ENTRA TÚ PRIMERO” de la Asociación de Vecinos “STALIN GROUP” y de las Damas del Ropero de las Madres Canarias Bonitas. Para que luego digan que no hay “participación ciudadana”.
 

 

 

«¡¡GOODBYE, ARUCAS!!»©

 
 

--¡Ay, Dios mío, mira lo que viene por la calle “pabajo”!

--¿Y qué es eso, Francisca?

--¡Y yo que sé, Ángelilla! “Pa” mí que tiene forma de moción de censura.

--¿Y quién se ha muerto, mi niña?

--¡Y yo que sé! Arucasdigital no pone “na”.

--¡Jesús, Jesús! Pues vaya follón se va “armá”, quería.

--Deben ser cosas de los políticos. Ya tú bien sabes que ellos saben más que nosotras, que son más inteligentes, que siempre nos arreglan las calles para que el agua de la lluvia entre en nuestras casas y estemos más “entretenías”… ¡Y cosas así! Creo que a eso le dicen “participación ciudadana”, pero no me creas.

--Sí, mi niña, sí. ¡Y los coches aparcan ahora más que antes, pues como ya no hay aceras! Ya una no sabe si camina por la rúa consuetudinaria o por la acera, que ya tampoco nos protege…

--Yo no entiendo estas modernidades, mi niña.

--¿Y Froilán qué dice?

--¡Y yo que sé! Oí decir en la tienda de Nandita que esta vez sí se va de verdad.

--¡Ay, Francisquilla! No te fíes. Ese hombre es como los toreros, que se retiran dos o tres veces en su vida y siempre regresan al ruedo.

--¿Al ruedo ibérico?

--¡Qué va, muchacha! ¡Al ruedo nacionalista canario!

--¿Y la moción de censura ésa es de fiar?

--Pues, mujer, me imagino que sí. Tú sabes que ellos siempre lo hacen todo por responsabilidad, por sacar a Arucas de la crisis. Siempre ha sido así, mi niña. ¿O es que ya no te acuerdas? Además, esta moción de censura viene cargada con argumentos universitarios y todo, me dijo Felipita, la de “tacatún”.

--¿Y cómo me voy a acordar, muchacha? Pa mí que este hombre lo estaba haciendo bien.

--Pues, ya tú ves, ahora dicen que no. Por eso se arrejuntan con los otros otra vez.

--¡Ay, mi niña, me voy a la acequia a lavar cuatro trapos a ver si me despejo y logro descifrar este “frigorífico”!

--¿Y vas a lavar los trapos sucios, Francisquilla?

--¡No, Angelilla, voy a esperar pá lavarlos todos de un golpe! Pero eso será otro día, otro mandato, otra legislatura…

--Y, por cierto, ¿tú sabes si van a poner de nuevo los escalones?

--Pues ni idea, mi niña. Creo que en Colonia (Heno de Pravia) los quitaron y nadie dijo nada.

--Es que los alemanes lo hacen todo bien.

--¡Cállate, muchacha! El que lo hace bien es el italiano y caballeroso Berlusconi. ¡Siempre está de fiesta “el jodío ese”!… ¡Yo no sé cómo tiene tiempo “pá too”! Y encima hasta le echa de comer a “las cabras”…

 

PD: Debido a la crisis, este modesto redactor ha tenido que buscar un “esponsor” para poder sufragar los gastos. En esta ocasión el presente artículo es cortesía de

 

¡¡¡¡Sombreros JOTA!!!!

¡¡¡¡Cómprelos pequeños,

no sea CABEZOTA!!!!

 

 

 

«¿Y QUIÉN NOS VA EXPLICAR LA CRISIS?»©

 
 

           Ellos (PP y CC) se lo han guisado, ellos solitos (CC y PP) se lo han comido y ellos, también solitos, (los partidos perdedores),  han regurgitado las interminables palabras altisonantes y huecas que confirmaban hace apenas veinticuatro meses  un “gran pacto de estabilidad de cuatro años para nuestra ciudad.” ¿Qué ha pasado? ¿Alguien nos lo va a explicar? ¿Quién será el valiente que nos va a tratar como ciudadanos libres y nos dará las razones reales de este rompimiento? ¿O acaso es sólo un simple reparto de puestos de trabajo? La ruptura ¿lleva todo incluido? ¿O sólo alojamiento y desayuno?

          ¡Ya está bien! Si queda algo de responsabilidad y seriedad, hablen, cuenten y ya interpretaremos nosotros, los ciudadanos de a pie, solitos, sin que nadie nos lleve de la mano, sus versiones, sus argumentos, sus razonamientos. ¿O es que acaso no hay argumentos, ni razones, y sí mucha vanidad?

          En fin, les toca a ustedes hablar y explicar. Es lo menos que pueden hacer por su ciudad. Y, por favor, no nos traten como a chiquillos chicos.

¡ASÍN NO PODEMOS SEGUIR!

 

 

«SEPTIEMBRE: OTRA VEZ (7)»©

 
 

            EL VECINO DE enfrente se ha comprado este verano un caballo, un hermoso caballo. Y por lo que observo anda el hombre privado. Lo limpia, lo monta, le da paseos y ha descubierto, acaso, un deseo ampliamente anhelado. Pero el vecino de enfrente ama los animales. Ha montado una especie de corral donde tres cabras, unas cuantas gallinas y, ahora, el blancuzco caballo ocupan el mismo espacio. Y cuando cada mañana se acerca a repartir la comida, todos salen a su encuentro, como diciéndole “buenos días”.

         En fin, cada uno con su afición, con sus gustos, con sus deseos ahora cumplidos. Pero nunca abarcamos todo. Ni podemos ni sería sano. Querer tenerlo todo y estar siempre en primera fila no lo consigue nadie. Por eso debemos sopesar bien nuestras fuerzas, como si realmente controláramos lo que nos rodea, como si nos creyéramos “una especie de pequeños dioses cotidianos y caseros”. Pero no nos engañemos. Controlamos menos de lo que pensamos, pero, a veces, nos gusta ser los reyes de la Creación, los valedores del Mundo y de la Vida. Pero si seguimos enfrascados en esa idea, la angustia y la depresión nos podrán pasar factura.

            En fin, no me hagan mucho caso. O ninguno. Mejor.
 

 

 

«SEPTIEMBRE: OTRA VEZ (6)»©

 
 

            ¿DÓNDE HABRÁ QUEDADO la dulce adolescencia? ¿Dónde aquellos años? La facetas de la vida que vamos ocupando sustituyen a otras anteriores, y las vividas por nosotros son sustituidas por los que vienen detrás. Es la adolescencia la etapa del espejo: este grano, aquel pelo, allá ese moño, el otro grano justo en la nariz… Y al pasar delante de cualquier coche, de cualquier escaparate, miramos, miran, mirarán, pero no para ver lo que hay dentro, sino para sentir que todo va en su sitio: el pantalón, el bolso, la mochila, la moña, el moño, las gafas… Es la mirada continua en el espejo esa etapa de la adolescencia. Mientras unos miran para un lado, los jóvenes, con toda una vida por delante, comienzan a descubrir nuevas facetas, nuevas historias. La paloma comienza a volar. El nido se va quedando pequeño.

           Por eso, les invito a ustedes, amables lectores, a que se den una vuelta los viernes por la tarde por nuestra ciudad. El bullicio juvenil le da una vida especial y diferente a esta vieja ciudad de nuestros amores. Dense una vuelta por  el centro: Parque Municipal, San Juan, la Plaza, León y Castillo, Parque de la Paz y Sureda, y podrán comprobar a toda una nueva generación que se reencuentra en las calles, concebidas estas como un bien común.

           Y antes de salir para la aventura vespertina, alguien se habrá mirado en el espejo y habrá exclamado:

--¡Cómo se me nota que no me he planchado la moña!

          Nosotros hicimos lo mismo.
 

 

 

«SEPTIEMBRE: OTRA VEZ (5)»©

 
 

           ANTES, EN NUESTRA juventud, era la Plaza el centro de nuestras actividades. Allí nos veíamos, de allí partíamos y, al final, allí regresábamos, después de una noche de juerga, o casi. Quiero decir que la Plaza resonaba bullicio y vida. En las fiestas de San Juan, los kioscos se instalaban allí y la cerveza con los chochos y los manises era la tapa más reclamada. Bueno, en realidad, no había otra; sin dejar atrás el socorrido queso. La Plaza fue, y parece que ahora se recupera, el centro de reunión. Si quedábamos para ir a algún sitio, “nos vemos en la plaza”; si sólo nos veíamos para pasar una veraniega tarde charlando, quedábamos “en la Plaza”. Pero no crean ustedes, inteligentes lectores, que había que decirlo: se daba por hecho. Siempre había sido así, y eso no se cuestionaba. Era la Plaza el bullicio y el ritmo de la ciudad: los cines, los bares, el Casino, La Sociedad Atlántida, los bailes de juventud, las verbenas de los Pepes, el Club ´68, y un ritmo de vida más pausado. En fin, que voy a proponer a mis amigos de aquellos años, que los siguen siendo aun hoy, volvernos a ver en la Plaza, y de allí hacer un “vía crucis” por las cafeterías de nuestra ciudad, si la crisis nos lo permite, claro.

 

 

«SEPTIEMBRE: OTRA VEZ (4)»©

 
 

      CUESTA CONVIVIR EN el verano. ¡Vaya que si cuesta! En cuanto cambias el ritmo de tu actividad normal, es decir, de la actividad laboral, comienzan los roces, los apretones y, quizás, algunos desplantes. Es verdad que luego todo se va normalizando, al cambiar la rutina anterior, pero, carajo, cuesta, ¡vaya que si cuesta! Me imagino que es lo normal en estos tiempos que nos han tocado en suerte. Antes de ponerme manos a la obra con la pintura, recuperé las caminatas a la Montaña de Arucas, la que muchas personas llevamos dentro aunque ni siquiera seamos conscientes de ello. Y en una de esas idas y venidas, un amigo entrañable me habló encendida y favorablemente de Facebook y Twiter. Me contó maravillas de las maravillas. Que si puedes conocer a nuevas personas, que si quieres buscar pareja, pero, sobre todo, que estabas más en contacto con los amigos más cercanos, los de tu ciudad, y no sé cuántas cosas más. En fin, para no cansarles, una joya del Internet ese. Entonces pensé que los años que nos separan nos hacen ver las cosas de distinta forma. Y no le negaré las maravillas de esas “redes sociales”, pero, qué quieren, a estas alturas de la película, yo a mis amigos los espero en la Plaza, en la de toda la vida, en la del Ayuntamiento.
 

 

 

«SEPTIEMBRE: OTRA VEZ (3)»©

 
 

           CLARO QUE NO todo ha sido pintura. El descanso, el ratito de playa y la lectura han ido llenando estos tiempos caniculares. Intenté la lectura de algunos libros recientes, pero la verdad es que no pude con ellos. Quizás no era el momento adecuado. Entonces, acordándome de lo que me había comentado mi amigo Juan Navarro, retomé a Albert Cohen y su novela Bella del señor. Lo había adquirido hace veinte años pero nunca pude con él. Hasta que el tiempo pone las cosas en su sitio y a nosotros también. Lectura difícil por momentos, pero resulta apasionante en esta panza de burro que nos visita cada año. Aunque ahora me encuentro un poco atascado por el monólogo interior de la protagonista, donde los signos de puntuación han desaparecido, que, por fin, parece que toma cuerpo y opinión. Para ello han tenido que pasar más de cien páginas de una letra pequeñita, lo que demuestra la densidad de Albert Cohen.

         Como habrán adivinado, cada  momento es cada momento, y siempre lo hay para un buen libro. Aunque hayan tenido que pasar veinte años para poder verificarlo.
 

 

 

«SEPTIEMBRE: OTRA VEZ (2)»©

 
 

           A PRINCIPIOS DE julio, me acerqué a ALMACÉN de RÍOS a comprar pintura. Y allí, Toni, cuando tomó el papelito que me extendió su hermano Luis, me dijo:

--¡Qué, Juan, de vacaciones! –señaló con clara ironía y sarcasmo.

           Bueno, pues nada, como ya habrán adivinado he estado pintando mi casa por dentro y algo por fuera, a pesar de la tontura (¡por cierto, qué palabra más tonta!): a mi paso, con pachorra, con manchas en suelo, a pesar del antigoteo y de una sola capa. Sí, sí, que me lo digan a mí. Al final ha valido la pena. Cuando mi mujer fue a inspeccionar el resultado le obligué a ponerse unas gafas verdes, como las que usan las cabras en Fuerteventura, sin graduar para que no viera los fallos. Sobra decir, como ya ustedes habrán adivinado, avezados lectores, que la señora ni caso, ni gafas de sol ni nada de nada. Eso sí: “cuando le des la tercera mano, esto cogerá cuerpo.”

           Pero yo, la verdad, no tengo cuerpo: que si subo y bajo de la escalera, que si los techos, que si las molduras, que si la “cajaescalera”, que no sé porqué se le llama “caja”, debe ser por lo incómodo. En fin, un verano más físico que psíquico.

           Espero que ustedes lo hayan disfrutado también. De nada.
 

 

 

«SEPTIEMBRE: OTRA VEZ (1)»©

 
 

           BUENO, IMPROBABLES LECTORES, ya hemos regresado. Hemos vuelto con ilusión renovada y con el susto de la gripe A en el cuerpo. O casi. Ahora que se aproxima el otoño, ahora que regresamos a la normalidad, volvemos a renovar los deseos, las ilusiones, las nunca perdidas esperanzas, hasta que los políticos nos pongan otra vez, otro septiembre, una vez más, los pies en el suelo y empecemos a calentarnos la cabeza. La crispación ha llegado en pleno agosto y como si fuera una pandemia se instalará en el quehacer cotidiano, desgraciada y lamentablemente, y ocurrirá lo de siempre: me encontraré a las ocho de la mañana a gente cabreada con los titulares de los periódicos. Bueno, y si fuera cabreada, al menos podríamos ir tirando. Pero no es sólo eso: el cabreo que se manifiesta a esa hora es muy muy  feo: es intolerante e iracundo, “guerracivilista”; y lo que no puede ser no puede ser.

           No vendría nada mal un poco de cordura. Pero, qué quieren, he perdido las esperanzas por esa gente (algunos la llaman “clase política”) que ha hecho de la Cosa Pública una profesión por los siglos de los siglos. Y nunca se van. Los muy políticos.
 

 

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