LÁGRIMAS NEGRAS
Por JUAN FERRERA GIL

 
 

«OPERACIÓN “BINIKI”»©

 
 

      Este año, por diversos motivos, no pude llevar a cabo mi tradicional “operación bikini”. Es decir, matarme a caminar por la Avenida Visviqueña y subida, y correspondiente bajada, a la Montaña de Arucas con el fin de lucir un palmito impecable. Si bien, a estas alturas de la vida lo de “lucir un palmito impecable” es tarea harto difícil y no va a ser posible hasta otra reencarnación como mínimo. Pero en el momento en que escribo estas líneas, en pleno agosto “panzaburrero”, me he puesto en marcha con el fin de aligerar algunos kilillos. Lo que viene a significar que eso para mí es casi casi “un palmito impecable”.

       Y recuerdo que en ocasiones anteriores en las que estaba gordo como un cochino, los amigos y conocidos me decían de todo, y me recordaban continuamente mi situación. Vamos, como si yo no lo supiera. Luego deduje, con el tiempo, que sus opiniones y pareceres tenían más de hirientes que de simples comentarios. Era evidente que para algunos resultaba un alivio que yo estuviera gordo, pues así ellos se reafirmaban, bien en su constitución, o bien, porque en esa época andaban más bien flacos. Luego, con dieta incluida y caminatas interminables, logré bajar unos doce kilos. Entonces ya no me decían nada. Me miraban, pero no decían nada. Pero como la envidia es un deporte nacional arraigado llegaron los primeros comentarios. “¡Estás viejo!”, me repetían continuamente. Al principio lo pensé, pero caí en la cuenta de que para ellos “el estar viejo” era que “estaba más delgado”. Y claro no lo podían soportar ni mucho menos reconocer.

           En fin, que hay gente para todo. Y mucha envidia.

           Pues, nada, improbables y fieles lectores, el lunes empiezo. ¿Ustedes me entienden, no?

PD: Claro, claro: el lunes empiezo la “Operación Peladilla” con vistas a las Navidades.
 

 

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