En la Arucas de nuestros amores- para algunos de la autocomplacencia y el superávit- aberrantes huellas "arquitectónicas" quedan. Rastro de dinero malgastado, también. Evidente prueba de incapacidad gestora, por supuesto.
  El insultante y desafiante "MAMOTRETO" instalado desde hace años, para nada, en la que fuera  acogedora, y hoy añorada, Plaza de San Sebastián, sigue ahí: inservible, sin función alguna, como alado pegoste de un conjunto histórico venido a menos; con el edificio del antiguo y recordado mercado municipal, al fondo: depauperado, maltratado, clamando justicia, exigiendo daños y perjuicios causados a la histórica memoria de la ciudadanía.
  La sensibilidad  de políticos gobernantes, técnicos y asesores (ellos y ellas) queda reflejada, de manera distorsionada, en las mugrientas caras de ese cochambroso ascensor, cada vez que pasan cerca de ese insufrible armatoste; y una poliédrica sonrisa: sarcástica, mordaz, cáustica e irónica, empaquetada en un esperpéntico sonido cacofónico, les marca y dibuja la senda de la indeferencia, el camino del desencanto  y la espiral de la irresponsabilidad compartida.
  Pero, ¡qué importa, da lo mismo!. Mientras existan las redes sociales y podamos cultivar la vanidad del cargo, esperando  que el peloteo pesebrista infle nuestro ego de gallinácea real, lo otro: la estética, la armonía, la funcionalidad, la eficacia y el sentido común... ¡son boberías que no acarrean votos!
JAGR