DESDE MI SOLANA
Por RAFAEL ÁLVAREZ ÁLVAREZ

 
 

«LOS PESCADEROS DE LA MONTAÑETA»©

 
 

     Estamos en la segunda mitad de los años 40 del siglo pasado. El Mercado Municipal de Arucas situado en el centro de la ciudad, donde hoy se pretende hacer un centro comercial y que de momento solamente funciona un bar y los aparcamientos subterráneo, era un hervidero de gente que iba a realizar sus compras de frutas, verduras, carnes, quesos, etc..., todo en su interior y en el exterior funcionaban  3 bares, una administración de lotería, local de los coches de hora, barbería, baños de mujeres y de hombres, despacho de Practicante y pequeños locales de venta de otros productos.: pescado salado, pinturas, y local dedicado a guardar los utensilios de la cuadrilla de hombres y mujeres que hacían el barrido por las calles de Arucas, y en la esquina trasera dando para la calle Panchito Hernández y Cerón hubo un local grande con entrada por las dos calles que se dedicaba a la  recepción del pescado y bloques de hielo, que traía un señor a diario, Domingo Santana Díaz, en un viejo camión desde el Puerto, para luego repartirlo entre todos los señores que se dedicarían a venderlo por las diferentes calles y barrios del municipio. Como aquel salón no funcionaba como si fuera una lonja, porque no tenía las instalaciones adecuadas, casi nadie iba a comprar el pescado allí sino que esperaban en su casa para cuando pasara el vendedor callejero comprarlo en ese momento, porque además lo podía adquirir fiado si había confianza con el vendedor.  En la lonja también se vendía, aunque el despacho directo en este local era lo menos que se hacía, pues la gente prefería hacerlo en su propio domicilio por los grande olores a pescado que había en el local.
 

     La verdad era que el local no reunía las condiciones adecuadas para el despacho de pescado y menos para que los posibles clientes se sintieran a  gusto en él, pues aparte del fuerte olor a la mercancía, no disponía de los congeladores necesarios para poner la mercancía a buen recaudo dada su delicadeza para su conservación, a pesar de que la limpieza por parte de los dos empleados del ayuntamiento para tal menester era muy buena y se esmeraban  en tenerlo siempre limpio pero a base de emplear manguera y agua, pues los productos de limpieza por aquel tiempo brillaban por su ausencia. Todo eso hacía que siempre hubiera allí dentro y por los alrededores un fuerte olor a pescado, cosa lógica como era de espera.
 

     Duró este sistema hasta casi terminar la década de los 50 que fue cuando se instaló debajo de la Gasolinera, donde hoy está la emisora municipal, y dando para la calle de atrás, una lonja de pescado con las debidas condiciones higiénicas, moderna y con varios empleados que estuvo funcionando unos cuantos años hasta que empezaron a proliferar los supermercados que también tenían el servicio de venta de carnes y pescados. Pero, antes de eso, la lonja desapareció y luego se instaló en uno de los locales del mercado en la parte interior otra lonja donde si iba la gente a comprar el pescado con las debidas condiciones higiénicas modernas.
 

     Pero a nosotros nos interesa centrar el comentario de hoy en la gran cantidad de Vendedores de pescado por calles y barrios de nuestro municipio, a domicilio como si dijéramos, por los Pescaderos del título del presente artículo y que no Pescadores. Vamos a establecer las diferencias para evitar confusiones: Pescador es el que se dedica a pescar directamente en el mar y Pescadero es el que vende o distribuye ese pescado al por menor, al detalle, por las calles, barrios y domicilios particulares.
 

     Decíamos al principio que el pescado lo traía un señor todos los días directamente del Puerto. Pues bien, ese señor era de la Montañeta. Algunos miembros de su familia empezaron a salir con una sereta de mimbre, las pesas, cuchillo y una tabla y un rascador para descamar el pescado en plena calle o en el primer cercado o solar que hubiera cercano para dejarle a la señora que lo había comprado preparado ya para freírlo o cocinarlo según sus apetencias.
 

     El caso es que el ejemplo de esa familia lo fueron siguiendo otros muchos vendedores/as para hacer lo mismo ya que con ello procuraban llevar a su casa el dinero necesario para su manutención. Pero lo curioso del caso es que casi todos, la mayoría, eran del barrio de la Montañeta, influyendo en ello tal vez que el señor que traía el pescado era de ese barrio.
 

     Y allí, a primeras hora de la mañana, las siete más o menos, ya estaba en la lonja del Mercado Municipal para adquirir el pescado que habría de vender por las distintas calles del Barrio que le habían asignado, pues ninguno de los Pescaderos que se dedicaban a la venta del pescado se inmiscuía en el barrio del otro,   el joven Ignacio que con 16 años, y  con la venta del pescado intentaba ayudar un poco a su familia y a la vez pagarse los estudios de cultura general y contabilidad que hacia por las tardes para tener un mejor futuro a la vez que dedicaba sus ratos de ocio a practicar su deporte favorito: el fútbol. Así eran los jóvenes de antes: responsables, trabajadores, estudiosos y divertidos y amantes del deporte.
 

     Así que entre las siete y las ocho ya estaban todos los Pescadores, entre quince y veinte, pregonando su mercancía por las calles de los distintos  barrios para atraer a las mujeres:
 

     ¡ Pescadooooo... fresquiiiiitooo... y barato...!

 ¿Qué lleva hoy, cristiano...? preguntaba Lalita desde la azotea de su casa al Pescadero...

-Pues, mire, hoy traigo samas y chopas, todas fresquitas y a buen precio- le contestaba el vendedor...

-Póngame una sama de un kilo, más o menos,  cortada en trozos para freír.-le decía Lalita, y el sábado próximo arreglamos, si no le importa...,  -concluía la vecina-
 

     Lo más que llevaban, porque se vendían bien, eran samas y chopas y algunas veces, cuando abundaban, también sardinas. El precio oscilaba entre cinco y ocho pesetas el kilo según la variedad y la abundancia del pescado. Las sardinas eran más baratas, a unas tres pesetas el kilo.
 

     Cada Pescadero cargaba en su sereta entre quince y veinte kilos, a veces eran dos los recipientes que llevaban uno a cada lado unidos a un palo a través de los ganchos y colgado del hombro, siempre pensando en lo que cada uno podría vender en ese día. Entre las doce y la una de la tarde regresaban a lo lonja del Mercado para dejar el pescado que le había sobrado entre hielos hasta el día siguiente que volvían a salir a la venta.
 

     A principio de los años 60 del siglo pasado llegó a nuestra Parroquia para sustituir al recordado Don Francisco Hidalgo Navarro, Don Lorenzo Aguiar que le dio un nuevo impulso a la Acción Católica. Allí se reunían una serie de jóvenes que empezaron a realizar una gran variedad de actividades de todo tipo y entre ellas iniciaron las fiestas dedicadas a la Virgen del Carmen con cantidad de actos cívicos que fue del agrado del pueblo aruquense.
 

     Por aquellos tiempos era costumbre dar por terminada cualquier fiesta organizando las siempre y bien recordadas Jiras. Pero como no era costumbre celebrar las fiestas del Carmen, que como sabemos es la Patrona de los Pescadores, con actos populares, salvo los religiosos, y no había tradición de llevar la Jira a ninguno de los barrios del municipio, tuvieron sus dudas sobre dónde hacerla. Estudiado el caso se llegó a la conclusión que el mejor sitio sería la Montañeta ya que allí no había ninguna fiesta y dada la gran cantidad de vendedores de pescado, Pescaderos, que había en dicho barrio y como homenaje a los mismos-
 

     El Barrio acogió con júbilo la noticia y se dispuso a engalanar todas las calles para que la fiesta tuviera un final digno y alegre colaborando con la Comisión de Fiestas y dándole todas las facilidades `para que la misma tuviera el mayor de los éxitos como así ocurrió en medio de una gran multitud que se desplazó desde el Casco y de los demás barrios para celebrar tal acontecimiento pues era la primera vez que en La Montañeta se organizaba una fiesta de este tipo, donde no faltó la música, los turrones, los puestos de venta de chucherías, fuegos artificiales, concursos, etc...y sobre todo la alegría y las ganas de divertirse.
 

     Todavía hoy en día siguen haciendo una procesión con una imagen de la Virgen del Carmen depositada en la Asociación de vecinos hasta el vecino barrio, yo diría que la continuación de la Montañeta, conocido como La Fula, en recuerdo de lo que se inició en los años sesenta del siglo pasado.
 

     Y aquel joven, Ignacio, fue viendo logradas sus ilusiones de ayudar a la familia, practicar su deporte favorito pasando por todas las categorías del fútbol regional y ver cumplidas todas sus aspiraciones en el mismo, consolidarse en el mundo laboral gracias a la preparación que había emprendido años antes mientras trabajaba y finalmente formar una familia que se ha visto ampliada a lo largo de los años con la llegada de sus tres descendientes, un hijo y dos hijas y un nieto y tres nietas para colmarles de felicidad y que ahora pueda disfrutar plenamente de su merecida jubilación viendo cumplido con creces su afán continuo de superación en unión de su esposa.
 

     Sirva este pequeño comentario de hoy para reconocer la gran labor social que hicieron esos Pescaderos de la Montañeta durante muchos años llevando el pescado a todos los barrios, calle por calle hasta la misma puerta de su domicilio, por todo el municipio de Arucas y dando todas las facilidades para que nadie se quedara sin llevar a su boca el preciado alimento y que muchas veces solucionarían el problema de las necesidades y penurias  económicas de muchas familias por aquellos tiempos tan difíciles que se atravesaban.

    

 

 

«LA FERIA Y EL PEDREGAL»©

 
 

    Hoy vamos a hablar de una zona por nosotros muy conocida y transitada, por los niños en especial, en la segunda mitad de la década de los 40 del siglo pasado. Nos estamos refiriendo a la zona como La Feria y el Pedregal que abarca el espacio donde está el centro deportivo, la casas de los Maestro, el Colegio Arucas, etc...pero que en otros tiempos desempeñó distintas funciones a la población.
 

     Existía un amplio espacio o terreno donde hoy está el Colegio Arucas en el cual solíamos asistir los niños a jugar al fútbol y a otros juegos propios de la edad y de la época. En ese sitio se celebraban las Ferias de ganados de las fiestas de San Juan por lo cual al lugar se le conoció como La Feria, abarcando en este caso todo el espacio que hemos indicado anteriormente. Los más antiguos del lugar, los que vivimos, por los alrededores de la misma siempre supimos dónde estaba la Feria. Puede que hoy los más jóvenes no sepan distinguir o conocer el verdadero sentido del nombre y tal vez incluso ya haya desaparecido.
 

     Aparte de ser lugar para jugar los niños del Terrero y sus alrededores también se hacían  otras actividades dado que el espacio llano y todo de tierral era el lugar idóneo para celebrar cualquier acto público.
 

     Recuerdo que por los años cuarenta, segunda parte de la década, se instaló allí un circo, creo que fue El Toti, que estuvo dando funciones alrededor de un mes. En aquel tiempo todavía gustaba mucho los circos y atraían bastante gente a sus espectáculos. Se anunciaba por las calles de la población con una banda de música de unos ocho componentes que también actuaban en el circo, cosa que pudiera deberse a que pertenecían al elenco  de artistas del mismo. En ese desfile por la ciudad iban con vestuario muy colorido propio de la vida circense. Pero lo curioso de ese anuncio del circo es que  llevaban delante de los músicos uno de los artistas con unos zancos, por lo menos de medio metro de alto, en los pies que causó una gran asombro entre la población pues era la primera vez que se veía un hombre con altura tan considerable debido a ese complemento y que además le causaba grandes dificultades para desenvolverse por las calles adoquinadas.
 

     Un verano se instaló en el mismo sitio un campamento de Falange con jóvenes de la capital. A todos los niños del barrio nos causó un gran impacto el ver aquellos jóvenes uniformados, todos vestidos igual, las tiendas o chabolas donde se quedaban, el mástil con las banderas, la disciplina, el orden y respeto a sus jefes, los juegos, marchas y canciones juveniles y el toque de la corneta de órdenes...todo era nuevo para los niños que permanecíamos mucho tiempo, a diario,  observando cualquier movimiento.  Me acuerdo que un grupo de ellos con su jefe se iban todos los días uniformados y en plan marcha cantando hacia la Hoya de San Juan y allí junto a la que fue más tarde la Fuente o Pilar público en un solar que había al lado se sentaban para recibir una clase al aire libre durante una hora para luego regresar a su base en la Feria. Por supuesto que un grupo grande chiquillos seguíamos detrás de ellos para ver todos sus movimientos y canciones de las cuales nos aprendimos casi todas ellas.  Un detalle que no se me olvida es que el último día repartieron a cada acampado un bote de leche condensada para que la fueran usando bien dosificada durante el camino que les esperaba hasta la capital ya que el retorno a la misma sería caminando.
 

     Pues, muy bien, en ese lugar y a las doce y media del día 27 de Junio de 1948 y con asistencia de las primeras  autoridades locales tuvo lugar la bendición y colocación de la primera piedra del Grupo Escolar, hoy Colegio Arucas del cual hablaremos en un comentario aparte otro día.
 

     Delante justo del Colegio está la carretera de subida a la Montaña de Arucas que empieza un poco más abajo, en la esquina del Terrero con Los López. Pus junto a esa  carretera y a la izquierda y frente mismo del Colegio había una zona llamada El Pedregal por la gran cantidad de piedra suelta que se había ido acumulando allí, suponemos que sería porque en ese sitio se depositarían muchos de los escombros sacados de los allanamientos de solares o de las fincas para hacer las recordadas sorribas para luego plantar plataneras.
 

      El caso es que por una causa o por otra el lugar estaba lleno de piedras, en tongas, monturrios, en muchísima cantidad que no fueron llevadas allí por alguna tormenta de agua o arrastre de agua de lluvias ya que la zona se encuentra en la bajada de la Montaña y eso era imposible. Por lo cual deducimos que esas piedras estaban allí por obra directa y acción  del hombre.


     El caso es que el nombre del Pedregal le venía muy bien a la zona por razones obvias. Hoy en día todavía hay gente, de las de antes, que le seguimos llamando El Pedregal, pero la gente joven ya no tanto porque desconoce sus antecedentes y el nombre de La Feria se ha impuesto sobre el otro para todo el sector que abarca también lo que fue el Hogar Juvenil, hoy departamento de Cultura Juvenil dependiente del Ayuntamiento, y la zona deportiva con el Pabellón cubierto en que se convirtió el cercado de tuneras que había debajo del Hogar Juvenil.  
 

     En esa zona y a la misma hora y día que se hizo para el Grupo Escolar se colocó y se bendijo la Primera Piedra de las Casas de los Maestros. Lo que resulta paradójico es que diga que se va a colocar la Primera Piedra en un lugar donde había millones de ellas sueltas por todos aquellos andurriales. Pero las cosas son así.
     

     ¿Y en qué consistía colocar la Primera Piedra? Pues muy sencillo: en días anteriores al acto unos obreros abrían un pequeño hueco en el suelo, recubrían el piso y las paredes con piedras o bloques de Gáldar, lo encalaban con cemento y arena, mezcla en el argot de la construcción y preparaban una especie de loza para cubrir y cerrar el hueco preparada para el día que vinieran las autoridades a colocar la Primera Piedra. Ese día se depositaba en el fondo del hueco los periódicos del día, el acuerdo del ayuntamiento para la obra que se iba a realizar y monedas de curso legal del momento. Luego se ponía la loza de cantería preparada de antemano y la primera autoridad presente en unión de otros que él invitaba colocaban la loza encima y luego le cubrían los laterales con la mezcla ya preparada a tal efecto, poniendo la primera palada el sr. Alcalde y luego iban haciendo lo mismo los concejales o personas invitadas por los organizadores de la acto.
 

     A partir de ese día ya se podía empezar en cualquier momento a levantar la obra que se pretendía, cosa que ocurrió de verdad en apenas dos años con las obras ya terminadas y no  como suele ser otras veces que colocaban la primera piedra y nunca se supo cuando sería la última.

 

 

 

«PASODOBLE “CIUDAD DE ARUCAS”»©

 
 

        A las once de la mañana del día 24 de Junio de 1945, se interpretó por primera vez el pasodoble “ Ciudad de Arucas “ por la Banda Municipal de Música de Arucas, del que es autor el Director de la misma, Antonio R. Herrera, que tendrá lugar en la Plaza de León y Castillo.
 

     Tengo delante de mí un folio Dina A4 que dice lo siguiente en su encabezamiento
 

  C.D, ARUCAS
 

22 de Agosto 1934
 

Transcripción  11-06-90
 

Pasodoble
 

Letra y Música de D. Antonio R. Herrera
 

     Luego viene la letra del pasodoble, escrita a máquina, dedicado al equipo de Arucas que está formada por 8 cuartetas y un estribillo formado también por dos cuartetos y el grito de guerra intercalado entre la letra y el estribillo que dice ¡Hurra al Arucas! ¡Hurra al futbol!. Cargando la voz en la o de la segunda sílaba por cosas de la rima...
 

     En realidad toda la letra está dedicada al C.D.Arucas y solamente menciona la ciudad de Arucas cuando en la primera parte del estribillo dice:ARUCAS, CIUDAD SENCILLA/ ARUCAS, CIUDAD HERMOSA,/ LLEVAS EN TU SENO DICHOSA/ UNA GLORIA Y UN BLASÓN...
 

     El resto de la letra lo considero un poco simplista sin que en ella se nombre para nada a la ciudad, por lo cual deduzco que el pasodoble está dedicado íntegramente al equipo de fútbol aunque de forma errónea mucha gente cree que es el Himno de Arucas pues la mayoría de las personas se sabían solamente el estribillo donde sí se menciona a la ciudad, el resto de la canción la gente la tarareaba para seguir el ritmo que imponía la Banda al interpretarla.
 

     Hay que mencionar que el pasodoble era muy pegadizo y muy fácil de aprender sus compases y melodía sobre todo cuando los asistentes a cualquier acto público se involucraban en el mismo como podía ser: en las jiras, marchas, tocatas, campo de fútbol, verbenas, etc...
 

     En un comentario anterior sobre la Banda Municipal de Música que el Ayuntamiento por cuestiones económicas la  había disuelto en el año 1934, justo el año en que el escrito mencionado al principio y en su encabezamiento la pone la fecha de 22 de Agosto, que suponemos que sería la fecha de cuando el Sr. Herrera, director, la compuso pero que por no tener actividad la Banda no se pudo ensayar y menos darla a conocer al público en general de Arucas.
 

      Una vez reorganizada de  la Banda en 1940 y con el tiempo suficiente para enseñar a nuevos músicos hasta completar la misma, suponemos de nuevo que sería el momento que el director decidió para darla a conocer al pueblo en un  acto público. Ese momento llegó en las fiestas del año 1945 cuando la Comisión de Fiesta de San Juan decidió incluir en su programación la interpretación pública por primera vez en la Plaza de León y Castillo y en fecha y hora tan señalada como era el 24 de Junio, día principal del Santo Patrono del municipio y a las once de la mañana.

 

     Ignoramos si ese día se repartieron octavillas con la letra del pasodoble para que el público que estaría allí presente de forma masiva la coreara. Por sucesivas actuaciones sabemos que el pueblo la tarareaba y queremos recordar que cantaba de memoria el estribillo, las dos estrofas, cuya segunda parte dice:

     “ES EL EQUIPO TRIUNFANTE/ QUE CON BRAVURA E HIDALGUÍA/ CON FIEREZA Y SANGRE FRÍA/ A NADIE JAMÁS TEMIÓ.” La primera la pusimos más arriba.
 

     Y acaba el pasodoble con el recordado ¡ HURRA AL “ ARUCAS “ ¡ HURRA AL FUTBOL¡, cargando la voz en la O de la segunda sílaba...para que rime con el BLASÓN de la primera estrofa y TEMIÓ de la segunda..

     En el 1985 se empezaron a celebrar el siempre recordado “Encuentro de aruquenses” que duró una veintena de años. En el organizado en el año 1990 se repartió a los asistentes en el Cine Díaz una copia de la letra para que todos la pudieran cantar al final del acto, cosa que ocurrió con el público puesto en pie.
 

     Desaparecida la antigua Banda Municipal a principios de los años ochenta por decisión de la nueva corporación para darle otro sentido a la enseñanza de la música, ignoramos si la actual Banda la tiene en su repertorio para que en momentos claves la vuelva a interpretar delante del pueblo. Esperamos que así sea o que al menos se tenga la partitura para que no se pierda con el tiempo al igual que otras composiciones que también son del Maestro Herrera: San Juanito, Para Arucas voy, La lecherita, Tira, tira, jana... y otras más que no recuerdo ahora...algunas de ellas con la colaboración en la letra del escritor canario Juan del Río Ayala  

    

 

 

«LAS GUIRREAS»©

 
 

      Los niños suelen a veces emplear unas palabras que no están en el diccionario pero que ellos saben lo que significa. Eso entra dentro de su peculiar forma de hablar o de entender a su manera las cosas que le rodean. Muchas de las veces son palabras reales pero que en su entorno las distorsionan porque es así como les suena a ellos.

     Un  ejemplo de lo que estamos diciendo lo tenemos en la palabra que encabeza este comentario de hoy: Las Guirreas. En este caso esta palabra empleada por los niños se refiere a las guerras que se tenían entre los distintos barrios para proclamar su supremacía sobre el otro, por supuesto el que ganara en el enfrentamiento, pactado la mayoría de las veces, era considerado por los demás bandos como el mejor de todos.

     Los niños, siempre entre los diez y quince años, empleaban esta palabra para expresar los enfrentamientos que tenían entre los distintos bandos contrincantes y les era más fácil decir entre ellos:

- Pedro Luis, mañana tenemos una Guirrea contra el barrio de la Cerera, en la Montaña de Arucas- le comunicaba Jacinto a uno de los habituales componentes de la compañía del barrio del Terrero-

-¿Y dónde nos concentramos?- le preguntó Pedro Luis a su comunicante-

-Como siempre, en el campo de fútbol a las diez de la mañana....

     Para ellos era complicado decir “ que vamos a tener una guerra con la Acequia Alta” o una guerrea, cuando a sus oídos les sonaba mucho mejor decir” Guirrea” palabra o forma de pronunciarla que la empleaban todos los grupos que intervenían en las mismas... sin que sepamos quién fue el que la impuso o si fue de forma natural cómo se fue haciendo popular entre los chicos...

     Normalmente cada bando o compañía estaba formado por un grupo indeterminado de componentes pero que podrían situarse en torno entre los veinte y treinta.. según la capacidad que tenía cada grupo para atraer a los chicos a su seno sin que fuera una obligación el tener cada uno el mismo número de reclutados.

     Los diferentes grupos procuraban tener al frente del mismo al muchacho, entre catorce y quince años, que por su carácter, decisión, ánimo y valentía y carisma diese el perfil de un verdadero líder entre sus “soldados” pues era la única forma de verse protegidos por su jefe, pues en caso contrario la desbandada entre los mismos se producía de forma alarmante.

     El grupo del Terrero se desenvolvía humildemente a expensa de los demás: La Cerera, Acequia Alta, Hoya de San Juan, que continuamente lo estaban hostigando a sus alrededores, lo que podíamos llamar límites naturales de su dominio, sin que éstos reaccionaran con energía ante tanta humillación continua  que sufrían. El colmo llegó cuando el bando de la Acequia Alta rompió las hostilidades y entró al mismo borde del campo de fútbol que era la sede del bando del Terrero, para provocar de forma reiterada a sus componentes que no fueron capaces de reaccionar porque tenían miedo de verse obligados a huir ante la presencia de un bando potente, al frente del cual tenían un verdadero líder que era quien dirigía  toda la operación que les hubiese llevado hacia una victoria segura ante el retroceso del bando del Terrero que sin un líder que les diera ánimo se vieron obligados a retirarse de la posible  lucha en su propio terreno y dispersarse por diferentes calles del  barrio para no ser blanco del enemigo...

     Este hecho tan vergonzoso llegó a oídos de Juan, conocido por el Goloso, por su afición a todos los deportes y juegos y a ser el mejor en cada uno de ellos, ser invencible a la trompáa, a la piña limpia como si dijéramos, y como siempre quería ganar en todo, y como además era cierto que lo hacía, por eso se le conocía como el Goloso, cuya fama era bien conocida por todo el municipio. En resumidas cuentas que era una ganador nato, insaciable y el líder perfecto para llevar a un bando a la victoria...

     Una tarde aprovechó su encuentro con Perico el Chato que era el jefe accidental del bando y le preguntó de pronto:

-¿Perico, es cierto lo que me han dicho lo que pasó con el Bando de la Acequia Alta?

-Pues, sí, Juan, es cierto...

-¿Y no les da vergüenza dejar al barrio a tan bajo nivel?

- Ten en cuenta, Juan, que no tenemos un jefe que sea un verdadero líder capaz de llevarnos a la victoria...

-¿Pues sabes lo que te digo? Que yo estoy dispuesto a ser el jefe. Reúne a todo el grupo mañana por la tarde en el campo de fútbol para ver si están dispuestos a aceptarme y llevar a cabo la primera escaramuza a los enemigos...

     Perico el Chato se fue más contento que unas pascuas y deseoso de avisar a todos los componentes del bando para la reunión del día siguiente... Nada más enterarse los niños del barrio entre los 10 y quince años mostraron su interés en unirse al bando del Terrero.

La tarde de la reunión habían más de treinta niños que salieron entusiasmado con su nuevo jefe, que por supuesto fue aclamado por unanimidad.

     En la reunión, Juan el Goloso dio sus primeras órdenes: Todos seguirían a rajatabla sus indicaciones, nadie retrocedería si él no lo ordenaba, la subida sería en fila india y se desplegarían en tres grupos ocupando él el del centro, en caso de avance del enemigo se unirían todos al  grupo que él mismo comandaba, nunca se daría la espalda a los ataques del contrario, no escapar corriendo, en caso necesario se iría retrocediendo muy despacio y buscando parapetos desde donde poder iniciar el contraataque ante el posible descuido o despiste del contrario, un pequeño grupo a retaguardia serviría de apoyo logístico proporcionando continuamente los proyectiles pactados para utilizar ( en este caso sólo piedras del tamaño entre una nuez y una ciruela de las grandes ) que recogidas el día anterior llevarían en cacharros a razón de 25 por cada combatiente, aparte las que se pudieran ir recogiendo en el mismo campo de batalla sobre la marcha a medida que se fueran gastando las propias, se cortarían cañas en el barranco de las más gordas entre un metro y medio a dos. Todos llevarían un “tirapiedras” para usarlo cuando la distancia no daba para alcanzar al contrario con la mano. Dado que la zona más vulnerable de los combatientes sería la cara y la cabeza tenían que hacerse con tiras de plataneras o hojas de palma entrelazadas entre sí en una especie de pasamontañas que les resguardarían esas zonas sensibles, aparte de las tapas de calderos recogidas en el barranco que le servirían de escudo, de las posibles pedradas dadas en el blanco y evitar que le hicieran una “coneja “ en la cabeza. Del mismo material se harían una especie de cinto ancho y doble donde irían colocadas las piedras que cogerían por el camino para tirar al enemigo.  

     El bando de la Cerera enterado del nuevo líder del Terrero cogió miedo y pidió ayuda al bando de la Acequia Alta que estuvo de acuerdo en ayudarles en lo que hiciera falta. El del Terrero a su vez solicitó la colaboración del bando de la Hoya de San Juan que gustosamente se unió a ellos.

     El encuentro entre ambos bandos tendría lugar al día siguiente entre las once y las doce de la mañana, cuya meta consistía en ver quien era capaz de dominar la cima de la Montaña de Arucas para quedarse como dueño absoluto de la misma en señal de la supremacía.

     A la hora indicada el bando del Terrero emprendió la subida a la Montaña por las distintas veredas, nunca por la carretera, por ser más vulnerables, hasta la explanada que está antes de subir a la cima de la Montaña, justo donde hoy está el aparcamiento de coches, al lado de la célebre, para los niños de aquella época, Cueva del Santo, de la que se decían una serie de fantasías e imaginación propias de las edades infantiles y que hoy ya ni siquiera se nombra tal cueva...

     Detrás de la explanada citada y a ambos lados había una especie de pared de piedra seca que servía de parapeto a los bandos. De vez en cuando algún componente asomaba la cabeza para hostigar a los de enfrente con el fin de empezar las hostilidades, cosa que se produjo cuando Juan el Goloso dio  la señal a sus seguidores que empezaba la guirrea.

      El Bando del Terrero se había distribuido en tres grupos de 10 componentes cada uno y a una distancia entre cinco y seis metros, estando Juan el Goloso en el grupo del centro para mejor dirigir  las maniobras de sus pupilos. El jefe dio la orden de que empezaran a tirar piedras sin parar hasta que él diera la orden de parar para que empezara después el grupo que estaba a su derecha y unas vez que éstos terminaran su turno empezar el grupo del centro.

     Con esta estrategia el enemigo no supo ni pudo reaccionar, los cuales ante el estupor de su jefe vio como sus seguidores emprendían la rápida huída del campo de batalla en desbandada desconcertados por lo que se les venía encima. Juan el Goloso dio la orden a todos sus seguidores de seguir detrás de ellos..  ¡Al ataque! ¡Coged las cañas y vamos a buscar el cuerpo a cuerpo!. 

     Pero no hubo necesidad del enfrentamiento directo, pues el enemigo se dispersó aturdidos por la avalancha que se le había venido arriba, y optaron por marcharse del campo de batalla y huir despavoridos hasta verlos desaparecer carretera y laderas debajo de la Montaña para desaparecer de su vista

 Y aquí acabó para siempre las disputas entre los diferentes Barrios del casco de Arucas y que sepamos más nunca se volvieron a repetir esos odios entre los ¿Barrionalistas? aruquenses. 

     Si los nacionalistas defienden su nación, los regionalistas la región, los insularistas la isla, los municipalistas el municipio, ¿ no sería correcta la expresión de Barrionalistas a los que defienden su Barrio? ¿ Y si fueran de una calle, cómo se les llamaría?: Callistas, Callejeros, no sé, pero parece que no me suena bien ninguno de las dos... 

     En los años 50 surgieron en nuestro municipio muchos equipos de los diferentes Barrios que arrastraban gran número de seguidores al Estadio Cardona, habiendo grandes llenazos porque era el enfrentamiento entre los distintos barrios: Isleña(Casco de Arucas) Cerera, Goleta, Los Portales, Cardones, San Andrés, etc...¿Fue ésta una respuesta más suave a las antiguas Guirreas? Es posible, teniendo en cuenta que los equipos estaban formados por jóvenes de los barrios que representaban y el fiel seguidor de los distintos colores veía reflejado su orgullo con los triunfos de sus vecinos, que ahora habían sustituido las piedras por los balones... en una disputa más noble.
 

 

 

«CARROZAS ARTÍSTICAS EN LA BATALLA DE FLORES DE LAS FIESTAS DE SAN JUAN»©

 
 

     En los años 50 del siglo pasado se usaba mucho programar para las fiestas   patronales la célebre Batalla de Flores. De por sí la batalla atraía a mucho público no solamente de Arucas sino de otros municipios cercanos. A nadie se le esconde que era uno de los actos más importante y esperados por la población, sobre todo la joven. Hubo también una “Batalla” en el año 1940, para luego estar diez años sin repetirse. No sabemos si fue porque la palabra “Batalla” estaba muy cerca del pensamiento ciudadano y les caía odiosa por aquello de estar recién terminada una guerra y la otra todavía en pleno conflicto.

     Pero había otro público que le gustaba también disfrutar de las carrozas si éstas estaban artísticamente engalanadas. Y así era la mayoría de las veces pues para su mayor éxito colaboraban muchas empresas comerciales e industriales de nuestro municipio y de la capital, ya que les suponía una buena propaganda de sus productos. además de los centros culturales y deportivos.

     Después de unos años de éxito total desapareció durante un buen número de las fiestas patronales. En diferentes ocasiones se ha intentado recuperar el esplendor de antaño de ese acto pero parece que no se ha logrado llegar a interesar a la población como en aquellos tiempos atrás. Las casas comerciales tienen hoy otros medios a su disposición para hacer una propaganda más eficaz.

     Desaparecido el interés de las empresas, la iniciativa se refugió en diferentes colectivos vecinales pero que a la hora de costear los gastos se veían en enormes dificultades para llevar a cabo  la confección de una carroza bien elaborada con las debidas garantías de admiración.  Al disminuir la inversión se seguía colaborando y participando pero bajando el listón artístico. El peligro de esta cuestión es caer en la mediocridad y chabacanería.

       A principio de los ochenta se vuelve con esa costumbre y es el Ayuntamiento a través de la comisión de fiestas quien subvenciona a todos aquellos grupos o colectivos, asociaciones, etc... que deseen participar en la Batalla de Flores previa la presentación de un croquis dibujo de cómo será la Carroza que van a presentar. Si la Comisión creía con suficiente calidad artística el proyecto presentado le daba la subvención para que ya pudieran adquirir el material necesario para su confección. Esa ayuda de la Comisión era en el año 81 de doce mil pesetas. Calculen nuestro lectores casi treinta años después si sería suficiente para engalanar el carruaje que se llevara, en aquel caso una plancha alquilada, la ropa de los participantes y que hiciera juego con la alegoría de la carroza, etc...

     En los años noventa se intentó recuperar para el pueblo la tradición de la Batalla de Flores, pero ante la poca calidad y escasas carrozas presentada y el poco cuidado en el vestuario hizo que los encargados de redactar la programación desistieran de volver a incorporar dicho acto en las sucesivas  fiestas.

     El acto se celebraba en la zona llamada El Paseo, es decir la Calle León Y Castillo, Plaza del mismo nombre, hoy de la Constitución  y la calle Francisco Gouríé. En años sucesivos tuvieron el respiro de la calle Suárez Franchy. La muchedumbre que se acumulaba por todo el recorrido era impresionante. Distribuidos en varios sitios se ponían por parte de la organización  puestos de ventas de serpentinas, confetis y otros productos propios para lanzar durante la batalla.

     La hora de comienzo era las seis y media de la tarde. En esos momentos la gente no cabía en todo el recorrido por donde desfilarían las carrozas, las cuales se habían ido concentrando en la explanada de la Era de San Pedro (Destilerías Arehucas) para desde allí y a la hora anunciada por la comisión de fiestas iniciar la macha ascendiendo por la carretera de Bañaderos y tras recorrer el poco espacio que le faltaba para llegar el cruce de la Heredad hacer la primera pasada que era de exhibición para que todo el mundo observara y contemplara al menos por una vez la belleza de la carroza y sus componentes. Ya en la segunda pasada los “contendientes “ no le perdonarían una y venga a empezar la batalla entre el público y los que iban encima de la carroza... y así durante un par de horas hasta que ya exhaustos unos y otros se daba por terminada la guerra con la retirada por uno de los extremos del campo de batalla de las distintas carrozas.

     Recordamos todavía la admiración que nos causó en aquellos tiempos diferentes carrozas a todos los que estábamos presentes: la compañía de transportes ligeros o los célebres “Los Piratas” como se les conocía popularmente, presentó una carroza imitando a un barco pirata con chicos y chicas vestidos para la ocasión y con el motivo que representaban; otra era la fiel imagen de la propaganda que hacía una conocida marca de bebida llamada “ Ron Atuey”,  hace muchos años desaparecida y que causó un gran impacto; una tercera que representaba la corte de alguna monarquía con todos los personajes vestidos de época... y así muchas más donde participaban casas comerciales de la localidad y de la capital, Centro Recreativos, Culturales, Deportivos, colectivos vecinales,...etc..

     Por supuesto que habían premios para las mejores carrozas elegidas por un  jurado nombrado al efecto por la comisión...

- Oigan, señores, era tanta la calidad de las carrozas que los componentes del jurado estuvimos deliberando más de una hora para establecer el orden de los premios- advertía don Pedro el Largo ante los contertulios del Bar de la Reina Mora.

     ¿La gente de hoy ha perdido las ganas de divertirse, el buen gusto, la participación ciudadana, el interés por las fiestas populares, hacer comunidad, etc...?

      O se conforma con salir con la familia en su coche hacia las playas del Sur o a realizar un asadero, barbacoa, en el campo....

      Cada uno sabe lo que hace y elige su mejor ocio, diversión o distracción para él y su familia, ¡digo yo! ¿o no es verdad?, pues los tiempos son distintos y hay que adaptarse a las circunstancias presentes...y a nadie se le puede imponer una costumbre a la fuerza y con calzador.... pero siempre da pena perder una tradición, ¡caramba!         
 
 

 

«SANCOCHO EL DÍA DE SAN JUAN»©

 
 

     Las familias van creciendo y llegado el momento los hijos se emancipan  y buscan su hogar en el mismo pueblo o emprenden el camino de otros municipios o islas donde unen al trabajo la posibilidad de tener la vivienda. Ocurrió mucho en la década de los 40 y 50 que muchas familias ante la carencia total de casas sociales en nuestro municipio y la falta o escasez de trabajo emigraron a la capital en busca de esos dos elementos primordiales para poder subsistir.

     Tanto en un caso como en otro, vivieran en nuestro municipio o en otros, los contactos con los padres y el resto de hermanos eran frecuentes, sobre todo en los grandes acontecimientos familiares: bodas, cumpleaños, bautizos, entierros, funerales y cualquier otra celebración que surgiera por el camino, como pueden ser las fiestas, tanto patronales como las entrañables y tradicionales de Navidad, donde ha sido siempre costumbre el reunirse la familia en torno a los padres.

      Hoy queremos recordar en este artículo la reunión de la familia en la casa de los progenitores para el día de San Juan, que como todos sabemos es el patrón de nuestro municipio. Para ese día era costumbre venir a comerse el clásico sancocho en la casa que sirvió de cobijo durante muchos años a toda la familia.

     Después de saludar a los padres, los venidos de fuera con sus hijos pequeños emprendían un recorrido por los diferentes actos que se celebraran por la mañana, antes de la comida en familia: la feria de ganado, paseo y música, función religiosa, procesión, un rato de paseo para saludar a los amigos y regresar al domicilio paterno para disfrutar en unión de todos los hermanos, sobrinos, cuñados, etc... el clásico sancocho canario que había preparado la madre con gran cariño para agasajar a toda la prole.

     Es difícil que un canario o residente en Canarias ignore lo que es un sancocho ni sus componentes. Queremos hacer aquí hincapié y recordar los pormenores para la confección de uno de los manjares más preciado por el canario en el mundo popular: el producto central es el pescado salado, cherne en este caso, el cual se le va quitando el alto sabor salado a base de estar en remojo en agua durante bastantes horas y cambiarle el agua varias veces; las papas de tamaño regular y la batata  que serán hervidas o sea sancochadas; el gofio amasado con caldo, agua,   plátanos, papas y batatas al gusto del consumidor pues todas esas formas son bien apreciada,  para luego formar la pella; y por último no podía faltar el célebre mojo picón hecho con pimiento verde o rojo el cual serviría para más tarde echar a las papas y pescado según las preferencias de cada uno y todo ello regado con un buen ron de Arucas, para los hombres,y el resto agua de botella o del grifo, salvo que alguna se atreviera con un poco de vino dulce, cosa poco habitual por esos tiempos entre las féminas.

     Hemos mencionado todos los ingredientes para hacer un buen sancocho, pero el arte estaba en saber darle el punto a todos ellos y el momento en el cual se mezclaba el pescado con la papas y batatas para darle el último toque al conjunto final para que los comensales quedaran a gusto. La mayor satisfacción de la madre era que la comida saliera bien y sus hijos, yernos, nueras y nietos se lo agradecieran.

     Pero verdaderamente lo que queremos reflejar aquí es el ambiente que se vivía alrededor de la comida pues ésta era simplemente un motivo para reunirse y recordar anécdotas, vivencias, infancia, juventud, etc... con añoranza los años unidos todos los hermanos junto a sus padres en la casa familiar, la  vida actual y las aventuras de los nietos que iban creciendo. Esto daba fuerza para seguir en la lucha diaria y esperar hasta  volver a tener una nueva ocasión para reunirse otra vez  en familia alrededor de una comida. No digamos si alguno de los presentes sabía tocar la guitarra y que alguien le acompañara a cantar isas, folías, malagueñas, tangos, pasodobles, rancheras mejicanas, boleros, etc... con lo cual la fiesta se prolongaba hasta la tardecita, no más allá de las seis pues había que salir con toda la familia a recorrer el centro del pueblo para disfrutar del ambiente de la fiesta alrededor de la Plaza de San Juan y a lo largo de las calles León y Castillo, Parque de San Sebastián y calle Francisco Gourrié, jugar a los molinillos, comprar chucherías a los niños y acercarse a los diferentes puestos donde se vendía  el clásico turrón canario, pues si no llevaba a la casa dicho producto parecía que no se había pasado por la fiesta...

- Y que haya salud para que el año próximo nos veamos de nuevo y podamos seguir disfrutando del rico sancocho canario...- palabras dichas bien altas por Gregorito, esposo de Josefita y anfitriones de toda la familia. 
 

 

 

«PASEOS MAÑANEROS DE LOS DOMINGOS Y DÍAS DE FIESTA»©

 
 

     Ya sabemos, por haberlo hablado en otro comentario anterior lo que eran los célebres y recordados Paseos de los domingos y días de fiesta  por la tarde en la plaza y su entorno. Sin embargo en este trabajo  de hoy quiero referirme a los paseos que se celebraban en el mismo sitio pero por las mañanas de los domingos y días de fiesta, después de la misa de once, que a veces era a la once y media y otras a las doce..., por supuesto de la mañana, donde solían ir muchas personas, la iglesia casi se llenaba..

     El caso es que fuera a la hora que se celebrara la Misa la mayoría de los que asistían a la misma les gustaba dar unas vueltas al paseo para saludar a los amigos, conocidos, ver el ambiente, comprar la entrada para la sesión de cine de las 7, porque a esa hora la sesión se llenaba y era imposible encontrar localidad, sacarse unas fotos con algunos de los fotógrafos ambulantes que siempre habían por todo el paseo, acordar con los amigos/as a qué hora de la tarde se vendrían al paseo  y a qué cine irían, etc...

     Hablamos de la gente que salía de la Misa que se iban al Paseo para ambientarlo, pero hay que hacer constar que a esa hora ya la plaza estaba muy concurrida de otras personas de todas las  edades que se concentraban en la misma para tratar de muchos asuntos, después de salir de la Misa de las 8, de las  9 y de la de las diez( por aquel entonces y  durante bastante tiempo hubo misa también había misa a esa hora) pues la parroquia de San Juan Bautista contaba con tres sacerdotes... 

     Lo que diferenciaba a este paseo de la mañana con respeto al de la tarde consistía en  que el primero era mucho más fluido porque no había tanta gente paseando como el de la tarde que destacaba por ser   masivo y que apenas se podía caminar y avanzar por él. Aparte de esa ventaja hemos de registrar que la inmensa mayoría de los que paseaban, o estaban en los bares o en los frontis del mercado o parques eran de Arucas Casco, por lo cual podíamos considerar más familiar, pues prácticamente todo el mundo se conocía y había que ir saludando por doquier a un lado y a otro ya que se tenía la paciencia suficiente para todo esos menesteres..., preguntarse por la familia, por los estudios, por el trabajo, adonde iba a ir por la tarde, etc...

      Para que entiendan la diferencia de un paseo con el otro hemos de decir que en el de la tarde, que era masivo, había gente de todos los barrios del municipio, de los colindantes y también mucha gente de la capital, sobre todo gente jóven y varones, lo que lo hacía, si cabe la expresión, más impersonal,  al contrario del de la mañana que todo el mundo se conocía y se entablaban conversaciones de cualquier tipo en  diferentes lugares del paseo.

     En estos paseos mañaneros, caseros a más no poder, se aprovechaba la ocasión entre la gente más madura, pasados ya de los veinte años con creces, de empezar los posibles noviazgos, comenzando por las pequeñas conversaciones, paseos o tertulias, siempre colectivas o en grupos, intranscendentes al principio  para ir conociéndose y enviar las primeras sonrisas a la futura enamorada para que fuera cuajando el inicio de una amistad más cercana e individualizada hasta la separación total del grupo y su consolidación en los paseos de la tarde, el cine,  el baile, o la estancia en algunos de los parques tranquilos para charlar con más profundidad sobre el futuro y porvenir de su incipiente amistad.

     Mientras esto ocurría en el paseo, los comerciantes, industriales, ganaderos, agricultores, políticos, funcionarios, etc... copaban los numerosos bares que habían en la plaza y su entorno para hablar de sus cosas, negocios, ilusiones futuras, mientras degustaban alguna bebida acompañada de sus  variados taperíos que les servirían como aperitivo, para abrir boca, o sea el apetito,  antes de irse a su casa a comer con la familia La gente obrera acostumbraba a sentarse en un par de bares especializados en el juego de la baraja donde se pasaban el rato echando una mano al envite, la ronda, el subastado, etc.. olvidándose de los posibles problemas que pudieran tener desde el punto de vista personal o familiar por aquello de la mala época que se estaba pasando.

     Falta recordar que todas las barberías atendían a sus clientes ese mismo domingo desde la madrugada después de la misa de alba a la cual asistían todos ellos. ¿Y porqué esa costumbre de abrir o mejor dicho trabajar los domingos las barberías? Durante mucho tiempo los novios, gente joven la mayoría, o los que estaban pretendiendo a alguna chica cuidaban mucho su aspecto exterior y uno de ellos era el estar bien afeitado y pelado. Por ese motivo eran los sábados, que se habrían mañana y tarde, hasta bien entrada la noche, y los domingos cuando recibían a la mayoría de a sus clientes, que eran muchos y había que esperar horas para que te tocara el turno, pero, eso sí, las puertas de la calle estaban cerradas por imperativos legales y dentro quedaban los que se iban a arreglar aunque de hurtadillas los barberos abrían a los clientes que llegaban fuera de hora con cierto sigilo para evitar males mayores. Los domingos prolongaban su trabajo para atender a sus clientes hasta las 4 o 5 de  la tarde para no dejar a nadie sin que fuera al paseo, a hablar con su novia, o a intentar seguir pretendiendo a aquella muchacha que tanto le atraía, tenía que ir bien arreglado para causarle buena impresión al menos desde el punto de visto externo...

     Y los más deportistas se acercaban al Bar Dávila para enterarse de las últimas noticias deportivas aruquenses y de la Unión Deportiva Las Palmas y algunos incluso adquirir la entrada para asistir al partido de turno de la  Primera División en el
Estadio Insular...

     Como deducimos este Paseo de la mañana tenía su atractivo, un sabor distinto al de la tarde. Por eso mucha gente no se perdía este paseo mañanero de todos los domingos por la mañana y los días de fiesta y por ese motivo quiero resaltarlo en uno de mis comentarios aruquenses porque sería injusto que no quedara registrado como otra forma de pasar el rato, muy agradable por cierto durante mucho tiempo y que después de esos momentos inolvidables se haya perdido esa costumbre tan sociable, donde se hacia comunidad, amistades, se paseaba tranquilamente con la novia, se comentaban la jornada deportiva de la tarde, nacían iniciativas, contratos de trabajo, venta o compras de cualquier productos o de terrenos y casas...

     Y para los amigos de la lectura allí estaba, abierta todos los domingos y días de fiesta por la mañana, la librería Henríquez, conocida cariñosamente por Yaya ya que ese era el diminutivo por el que la conocían todos sus allegados, para atender a sus clientes que iban en busca de las últimas novedades y de las revistas semanales de humor, noticias generales, deportivas: Jaimito, Pulgarcito, Tebeo, DDT, La Codorniz, Semana, Diez Minutos ( aunque con otra orientación estas dos últimas) y la revista Paratí para toda la familia aunque de origen argentino pero que tenía gran aceptación en Canarias... por tratar de muchos temas en general desconocidos hasta entonces en nuestro país....

 .....y hasta el domingo que viene, si Dios quiere, como solemos decir por estos linderos...
 

 

 

«JIRA A LA MONTAÑA DE ARUCAS DURANTE LAS FIESTAS DE SAN JUAN»©

 
 

     Ya hoy no se sigue disfrutando al final de las Fiestas de San Juan de la célebre Jira o terminación de las fiestas para despedirse hasta el año que viene. El hecho de que no figuren en la programación este acto tan esperado antaño por los aruquenses no es que haya sido una decisión caprichosa de la comisión de fiestas sino que viendo ésta que en los últimos años ya la gente dejó de acudir con el mismo entusiasmo de antes y con buen criterio eliminaron de la programación realizar la jira tradicional en las afueras de la ciudad.

     Pero vamos a referirnos en este escrito no a su eliminación sino a los diferentes sitios donde se llegó a celebrar las famosas Jiras a modo de recordatorio y como curiosidad para luego centrarnos especialmente a las que se realizaron desde 1956 hasta 1960   a la Montaña de Arucas, aunque también hubo una en el año 1939.

     Después de la guerra civil el sitio más usado para realizar la jira de la fiesta de San Juan era el barrio de Visvique. Con el paso del tiempo se fueron alternando otros lugares de Arucas con el fin de llevar la fiesta a los distintos barrios del municipio: Juan XXIII, El Hornillo, Las Chorreras, la Era de San Pedro, El Calvario, etc...

     No cabe duda que el llevar la Jira de ese año a la Montaña fue un éxito impresionante de público, deseoso de saborear un sitio distinto, pintoresco, sin peligro y caminando tanto a la ida como a la vuelta. Se permitió hasta un par de horas antes la subida de coches para llevar los utensilios de los ventorrillos, fuegos, carros de helado, instrumentos musicales, etc..    

     El resto de la tarde fue dedicado a los ciudadanos para que pudieran subir tranquilamente sin ningún peligro en unión de sus familiares, hijos pequeños, novios con su chica, etc..hasta la cúspide de la Montaña. Allí se podía disfrutar durante toda la tarde de juegos, bailes, música, cantando, etc... dejando un hueco para merendar entre los que habían venido juntos. Al fin y al cabo no dejaba de ser una excursión campestre y de ella había que disfrutar. 

     La gente gozaba con todo, se hacía vida comunitaria, porque todo era en conjunto, para disfrutar colectivamente no de forma individual. Así se vivía la fiesta. Casi todo el mundo se conocía y se invitaban a compartir mantel. No faltaban tampoco los timples, las guitarras, laúd, bandurrias, etc.. que arrimados a la sombra de un árbol o del ventorrillo nos deleitaban con los mejores aires de nuestra tierra.

     Cuando ya se acercaba la noche se le pegaba fuego a las piezas o ruedas que estaban colocadas de antemano para dar a entender que la fiesta había terminado. Acabados los fuegos artificiales, la banda tocaba la última pieza en señal de despedida, pero que siempre se prolongaba dos o tres más ante la insistencia de la parroquia ciudadana, casi todas lanzadas al aire para que fueran acompañadas por la gente joven, sobre todo, cantando a viva voz porque eran canciones que estaban de actualidad para aquellos tiempos.

     A esa hora ya la gente no cabía en toda la explanada de la Montaña y más de uno se había pasado su tiempo sin despegarse de los ventorrillos y ahora no había forma de que pudiera arrancar de su soporte por miedo a perder el equilibrio vertical  debido al exceso en las alegrías alcohólicas.  

     Pero ya no quedaba más remedio; había que iniciar la salida hacia abajo, la ciudad los esperaba en la Plaza, y  detrás de la música se fue todo el mundo, porque durante toda la bajada la gente siguió bailando, cantando, gritando, pues no querían que la juerga se acabara. Los dos kilómetros de recorrido se tardaron en bajar más de media hora pues la masa iba despacio y siguiendo el ritmo de la banda, que tampoco podían imprimirlo  muy fuerte sino el debido para poder interpretar sus melodías.

     Al final desembocaron en la Plaza de León y Castillo donde ya les esperaban muchos ciudadanos que no habían podido subir a la Montaña y allí se prolongaba la fiesta una hora más, pero siempre acompañados por la música que fue el centro de toda la juerga.

     Tranquilas y gozosas de haber pasado una tarde muy agradable la gente se fue retirando para sus casas; pero arriba, en la Montaña, todavía quedaban los clásicos sacrificados: los vendedores de todo tipo, que habían subido a la Montaña dos horas antes que el resto de los ciudadanos, y que ahora tardarían un par de horas en bajar en los vehículos que pudieron al fin subir después que toda la jira había bajado a la ciudad para evitar los peligros de la circulación.

     Y hasta el año que viene si Dios quiere....que nos dé salud y podamos seguir disfrutando de las jiras de la fiesta.

- ¡Y lo que yo me divertía en esas jiras, señores! Aseguraba con alegría Pancho el Bruto en la cantina del Barrio.
 

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