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DESDE MI SOLANA
Por RAFAEL
ÁLVAREZ ÁLVAREZ |
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«LOS PESCADEROS DE LA MONTAÑETA»© |
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Estamos en la segunda mitad
de los años 40 del siglo pasado. El Mercado Municipal de Arucas
situado en el centro de la ciudad, donde hoy se pretende hacer
un centro comercial y que de momento solamente funciona un bar y
los aparcamientos subterráneo, era un hervidero de gente que iba
a realizar sus compras de frutas, verduras, carnes, quesos,
etc..., todo en su interior y en el exterior funcionaban 3
bares, una administración de lotería, local de los coches de
hora, barbería, baños de mujeres y de hombres, despacho de
Practicante y pequeños locales de venta de otros productos.:
pescado salado, pinturas, y local dedicado a guardar los
utensilios de la cuadrilla de hombres y mujeres que hacían el
barrido por las calles de Arucas, y en la esquina trasera dando
para la calle Panchito Hernández y Cerón hubo un local grande
con entrada por las dos calles que se dedicaba a la recepción
del pescado y bloques de hielo, que traía un señor a diario,
Domingo Santana Díaz, en un viejo camión desde el Puerto, para
luego repartirlo entre todos los señores que se dedicarían a
venderlo por las diferentes calles y barrios del municipio. Como
aquel salón no funcionaba como si fuera una lonja, porque no
tenía las instalaciones adecuadas, casi nadie iba a comprar el
pescado allí sino que esperaban en su casa para cuando pasara el
vendedor callejero comprarlo en ese momento, porque además lo
podía adquirir fiado si había confianza con el vendedor. En la
lonja también se vendía, aunque el despacho directo en este
local era lo menos que se hacía, pues la gente prefería hacerlo
en su propio domicilio por los grande olores a pescado que había
en el local.
La verdad era que el local no reunía las
condiciones adecuadas para el despacho de pescado y menos para
que los posibles clientes se sintieran a gusto en él, pues
aparte del fuerte olor a la mercancía, no disponía de los
congeladores necesarios para poner la mercancía a buen recaudo
dada su delicadeza para su conservación, a pesar de que la
limpieza por parte de los dos empleados del ayuntamiento para
tal menester era muy buena y se esmeraban en tenerlo siempre
limpio pero a base de emplear manguera y agua, pues los
productos de limpieza por aquel tiempo brillaban por su
ausencia. Todo eso hacía que siempre hubiera allí dentro y por
los alrededores un fuerte olor a pescado, cosa lógica como era
de espera.
Duró este sistema hasta casi terminar la
década de los 50 que fue cuando se instaló debajo de la
Gasolinera, donde hoy está la emisora municipal, y dando para la
calle de atrás, una lonja de pescado con las debidas condiciones
higiénicas, moderna y con varios empleados que estuvo
funcionando unos cuantos años hasta que empezaron a proliferar
los supermercados que también tenían el servicio de venta de
carnes y pescados. Pero, antes de eso, la lonja desapareció y
luego se instaló en uno de los locales del mercado en la parte
interior otra lonja donde si iba la gente a comprar el pescado
con las debidas condiciones higiénicas modernas.
Pero a nosotros nos interesa centrar el
comentario de hoy en la gran cantidad de Vendedores de pescado
por calles y barrios de nuestro municipio, a domicilio como si
dijéramos, por los Pescaderos del título del presente artículo y
que no Pescadores. Vamos a establecer las diferencias para
evitar confusiones: Pescador es el que se dedica a pescar
directamente en el mar y Pescadero es el que vende o distribuye
ese pescado al por menor, al detalle, por las calles, barrios y
domicilios particulares.
Decíamos al principio que el pescado lo
traía un señor todos los días directamente del Puerto. Pues
bien, ese señor era de la Montañeta. Algunos miembros de su
familia empezaron a salir con una sereta de mimbre, las pesas,
cuchillo y una tabla y un rascador para descamar el pescado en
plena calle o en el primer cercado o solar que hubiera cercano
para dejarle a la señora que lo había comprado preparado ya para
freírlo o cocinarlo según sus apetencias.
El caso es que el ejemplo de esa familia lo
fueron siguiendo otros muchos vendedores/as para hacer lo mismo
ya que con ello procuraban llevar a su casa el dinero necesario
para su manutención. Pero lo curioso del caso es que casi todos,
la mayoría, eran del barrio de la Montañeta, influyendo en ello
tal vez que el señor que traía el pescado era de ese barrio.
Y allí, a primeras hora de la mañana, las
siete más o menos, ya estaba en la lonja del Mercado Municipal
para adquirir el pescado que habría de vender por las distintas
calles del Barrio que le habían asignado, pues ninguno de los
Pescaderos que se dedicaban a la venta del pescado se inmiscuía
en el barrio del otro, el joven Ignacio que con 16 años, y
con la venta del pescado intentaba ayudar un poco a su familia y
a la vez pagarse los estudios de cultura general y contabilidad
que hacia por las tardes para tener un mejor futuro a la vez que
dedicaba sus ratos de ocio a practicar su deporte favorito: el
fútbol. Así eran los jóvenes de antes: responsables,
trabajadores, estudiosos y divertidos y amantes del deporte.
Así que entre las siete y las ocho ya
estaban todos los Pescadores, entre quince y veinte, pregonando
su mercancía por las calles de los distintos barrios para
atraer a las mujeres:
¡ Pescadooooo... fresquiiiiitooo... y
barato...!
¿Qué lleva hoy, cristiano...? preguntaba Lalita
desde la azotea de su casa al Pescadero...
-Pues, mire, hoy traigo samas y chopas, todas
fresquitas y a buen precio- le contestaba el vendedor...
-Póngame una sama de un kilo, más o menos,
cortada en trozos para freír.-le decía Lalita, y el sábado
próximo arreglamos, si no le importa..., -concluía la vecina-
Lo más que llevaban, porque se vendían bien,
eran samas y chopas y algunas veces, cuando abundaban, también
sardinas. El precio oscilaba entre cinco y ocho pesetas el kilo
según la variedad y la abundancia del pescado. Las sardinas eran
más baratas, a unas tres pesetas el kilo.
Cada Pescadero cargaba en su sereta entre
quince y veinte kilos, a veces eran dos los recipientes que
llevaban uno a cada lado unidos a un palo a través de los
ganchos y colgado del hombro, siempre pensando en lo que cada
uno podría vender en ese día. Entre las doce y la una de la
tarde regresaban a lo lonja del Mercado para dejar el pescado
que le había sobrado entre hielos hasta el día siguiente que
volvían a salir a la venta.
A principio de los años 60 del siglo pasado
llegó a nuestra Parroquia para sustituir al recordado Don
Francisco Hidalgo Navarro, Don Lorenzo Aguiar que le dio un
nuevo impulso a la Acción Católica. Allí se reunían una serie de
jóvenes que empezaron a realizar una gran variedad de
actividades de todo tipo y entre ellas iniciaron las fiestas
dedicadas a la Virgen del Carmen con cantidad de actos cívicos
que fue del agrado del pueblo aruquense.
Por aquellos tiempos era costumbre dar por
terminada cualquier fiesta organizando las siempre y bien
recordadas Jiras. Pero como no era costumbre celebrar las
fiestas del Carmen, que como sabemos es la Patrona de los
Pescadores, con actos populares, salvo los religiosos, y no
había tradición de llevar la Jira a ninguno de los barrios del
municipio, tuvieron sus dudas sobre dónde hacerla. Estudiado el
caso se llegó a la conclusión que el mejor sitio sería la
Montañeta ya que allí no había ninguna fiesta y dada la gran
cantidad de vendedores de pescado, Pescaderos, que había en
dicho barrio y como homenaje a los mismos-
El Barrio acogió con júbilo la noticia y se
dispuso a engalanar todas las calles para que la fiesta tuviera
un final digno y alegre colaborando con la Comisión de Fiestas y
dándole todas las facilidades `para que la misma tuviera el
mayor de los éxitos como así ocurrió en medio de una gran
multitud que se desplazó desde el Casco y de los demás barrios
para celebrar tal acontecimiento pues era la primera vez que en
La Montañeta se organizaba una fiesta de este tipo, donde no
faltó la música, los turrones, los puestos de venta de
chucherías, fuegos artificiales, concursos, etc...y sobre todo
la alegría y las ganas de divertirse.
Todavía hoy en día siguen haciendo una
procesión con una imagen de la Virgen del Carmen depositada en
la Asociación de vecinos hasta el vecino barrio, yo diría que la
continuación de la Montañeta, conocido como La Fula, en recuerdo
de lo que se inició en los años sesenta del siglo pasado.
Y aquel joven, Ignacio, fue viendo logradas
sus ilusiones de ayudar a la familia, practicar su deporte
favorito pasando por todas las categorías del fútbol regional y
ver cumplidas todas sus aspiraciones en el mismo, consolidarse
en el mundo laboral gracias a la preparación que había
emprendido años antes mientras trabajaba y finalmente formar una
familia que se ha visto ampliada a lo largo de los años con la
llegada de sus tres descendientes, un hijo y dos hijas y un
nieto y tres nietas para colmarles de felicidad y que ahora
pueda disfrutar plenamente de su merecida jubilación viendo
cumplido con creces su afán continuo de superación en unión de
su esposa.
Sirva este pequeño comentario de hoy para
reconocer la gran labor social que hicieron esos Pescaderos de
la Montañeta durante muchos años llevando el pescado a todos los
barrios, calle por calle hasta la misma puerta de su domicilio,
por todo el municipio de Arucas y dando todas las facilidades
para que nadie se quedara sin llevar a su boca el preciado
alimento y que muchas veces solucionarían el problema de las
necesidades y penurias económicas de muchas familias por
aquellos tiempos tan difíciles que se atravesaban.
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«LA FERIA Y EL PEDREGAL»© |
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Hoy vamos a hablar de una zona por
nosotros muy conocida y transitada, por los niños en especial,
en la segunda mitad de la década de los 40 del siglo pasado. Nos
estamos refiriendo a la zona como La Feria y el Pedregal que
abarca el espacio donde está el centro deportivo, la casas de
los Maestro, el Colegio Arucas, etc...pero que en otros tiempos
desempeñó distintas funciones a la población.
Existía un
amplio espacio o terreno donde hoy está el Colegio Arucas en el
cual solíamos asistir los niños a jugar al fútbol y a otros
juegos propios de la edad y de la época. En ese sitio se
celebraban las Ferias de ganados de las fiestas de San Juan por
lo cual al lugar se le conoció como La Feria, abarcando en este
caso todo el espacio que hemos indicado anteriormente. Los más
antiguos del lugar, los que vivimos, por los alrededores de la
misma siempre supimos dónde estaba la Feria. Puede que hoy los
más jóvenes no sepan distinguir o conocer el verdadero sentido
del nombre y tal vez incluso ya haya desaparecido.
Aparte de
ser lugar para jugar los niños del Terrero y sus alrededores
también se hacían otras actividades dado que el espacio llano y
todo de tierral era el lugar idóneo para celebrar cualquier acto
público.
Recuerdo
que por los años cuarenta, segunda parte de la década, se
instaló allí un circo, creo que fue El Toti, que estuvo dando
funciones alrededor de un mes. En aquel tiempo todavía gustaba
mucho los circos y atraían bastante gente a sus espectáculos. Se
anunciaba por las calles de la población con una banda de música
de unos ocho componentes que también actuaban en el circo, cosa
que pudiera deberse a que pertenecían al elenco de artistas del
mismo. En ese desfile por la ciudad iban con vestuario muy
colorido propio de la vida circense. Pero lo curioso de ese
anuncio del circo es que llevaban delante de los músicos uno de
los artistas con unos zancos, por lo menos de medio metro de
alto, en los pies que causó una gran asombro entre la población
pues era la primera vez que se veía un hombre con altura tan
considerable debido a ese complemento y que además le causaba
grandes dificultades para desenvolverse por las calles
adoquinadas.
Un verano
se instaló en el mismo sitio un campamento de Falange con
jóvenes de la capital. A todos los niños del barrio nos causó un
gran impacto el ver aquellos jóvenes uniformados, todos vestidos
igual, las tiendas o chabolas donde se quedaban, el mástil con
las banderas, la disciplina, el orden y respeto a sus jefes, los
juegos, marchas y canciones juveniles y el toque de la corneta
de órdenes...todo era nuevo para los niños que permanecíamos
mucho tiempo, a diario, observando cualquier movimiento. Me
acuerdo que un grupo de ellos con su jefe se iban todos los días
uniformados y en plan marcha cantando hacia la Hoya de San Juan
y allí junto a la que fue más tarde la Fuente o Pilar público en
un solar que había al lado se sentaban para recibir una clase al
aire libre durante una hora para luego regresar a su base en la
Feria. Por supuesto que un grupo grande chiquillos seguíamos
detrás de ellos para ver todos sus movimientos y canciones de
las cuales nos aprendimos casi todas ellas. Un detalle que no
se me olvida es que el último día repartieron a cada acampado un
bote de leche condensada para que la fueran usando bien
dosificada durante el camino que les esperaba hasta la capital
ya que el retorno a la misma sería caminando.
Pues, muy
bien, en ese lugar y a las doce y media del día 27 de Junio de
1948 y con asistencia de las primeras autoridades locales tuvo
lugar la bendición y colocación de la primera piedra del Grupo
Escolar, hoy Colegio Arucas del cual hablaremos en un comentario
aparte otro día.
Delante
justo del Colegio está la carretera de subida a la Montaña de
Arucas que empieza un poco más abajo, en la esquina del Terrero
con Los López. Pus junto a esa carretera y a la izquierda y
frente mismo del Colegio había una zona llamada El Pedregal por
la gran cantidad de piedra suelta que se había ido acumulando
allí, suponemos que sería porque en ese sitio se depositarían
muchos de los escombros sacados de los allanamientos de solares
o de las fincas para hacer las recordadas sorribas para luego
plantar plataneras.
El caso es
que por una causa o por otra el lugar estaba lleno de piedras,
en tongas, monturrios, en muchísima cantidad que no fueron
llevadas allí por alguna tormenta de agua o arrastre de agua de
lluvias ya que la zona se encuentra en la bajada de la Montaña y
eso era imposible. Por lo cual deducimos que esas piedras
estaban allí por obra directa y acción del hombre.
El caso es que el nombre del Pedregal le venía muy bien a
la zona por razones obvias. Hoy en día todavía hay gente, de las
de antes, que le seguimos llamando El Pedregal, pero la gente
joven ya no tanto porque desconoce sus antecedentes y el nombre
de La Feria se ha impuesto sobre el otro para todo el sector que
abarca también lo que fue el Hogar Juvenil, hoy departamento de
Cultura Juvenil dependiente del Ayuntamiento, y la zona
deportiva con el Pabellón cubierto en que se convirtió el
cercado de tuneras que había debajo del Hogar Juvenil.
En esa zona
y a la misma hora y día que se hizo para el Grupo Escolar se
colocó y se bendijo la Primera Piedra de las Casas de los
Maestros. Lo que resulta paradójico es que diga que se va a
colocar la Primera Piedra en un lugar donde había millones de
ellas sueltas por todos aquellos andurriales. Pero las cosas son
así.
¿Y en qué
consistía colocar la Primera Piedra? Pues muy sencillo: en días
anteriores al acto unos obreros abrían un pequeño hueco en el
suelo, recubrían el piso y las paredes con piedras o bloques de
Gáldar, lo encalaban con cemento y arena, mezcla en el argot de
la construcción y preparaban una especie de loza para cubrir y
cerrar el hueco preparada para el día que vinieran las
autoridades a colocar la Primera Piedra. Ese día se depositaba
en el fondo del hueco los periódicos del día, el acuerdo del
ayuntamiento para la obra que se iba a realizar y monedas de
curso legal del momento. Luego se ponía la loza de cantería
preparada de antemano y la primera autoridad presente en unión
de otros que él invitaba colocaban la loza encima y luego le
cubrían los laterales con la mezcla ya preparada a tal efecto,
poniendo la primera palada el sr. Alcalde y luego iban haciendo
lo mismo los concejales o personas invitadas por los
organizadores de la acto.
A partir de ese día ya se podía empezar en
cualquier momento a levantar la obra que se pretendía, cosa que
ocurrió de verdad en apenas dos años con las obras ya terminadas
y no como suele ser otras veces que colocaban la primera piedra
y nunca se supo cuando sería la última.
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«PASODOBLE “CIUDAD DE ARUCAS”»© |
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A las
once de la mañana del día 24 de Junio de 1945, se interpretó por
primera vez el pasodoble “ Ciudad de Arucas “ por la Banda
Municipal de Música de Arucas, del que es autor el Director de
la misma, Antonio R. Herrera, que tendrá lugar en la Plaza de
León y Castillo.
Tengo delante de mí un folio Dina A4 que
dice lo siguiente en su encabezamiento
C.D, ARUCAS
22 de Agosto 1934
Transcripción 11-06-90
Pasodoble
Letra y Música de D. Antonio R. Herrera
Luego viene la letra del pasodoble, escrita
a máquina, dedicado al equipo de Arucas que está formada por 8
cuartetas y un estribillo formado también por dos cuartetos y el
grito de guerra intercalado entre la letra y el estribillo que
dice ¡Hurra al Arucas! ¡Hurra al futbol!. Cargando la voz en la
o de la segunda sílaba por cosas de la rima...
En realidad toda la letra está dedicada al
C.D.Arucas y solamente menciona la ciudad de Arucas cuando en la
primera parte del estribillo dice:ARUCAS, CIUDAD SENCILLA/
ARUCAS, CIUDAD HERMOSA,/ LLEVAS EN TU SENO DICHOSA/ UNA GLORIA Y
UN BLASÓN...
El resto de la letra lo considero un poco
simplista sin que en ella se nombre para nada a la ciudad, por
lo cual deduzco que el pasodoble está dedicado íntegramente al
equipo de fútbol aunque de forma errónea mucha gente cree que es
el Himno de Arucas pues la mayoría de las personas se sabían
solamente el estribillo donde sí se menciona a la ciudad, el
resto de la canción la gente la tarareaba para seguir el ritmo
que imponía la Banda al interpretarla.
Hay que mencionar que el pasodoble era muy
pegadizo y muy fácil de aprender sus compases y melodía sobre
todo cuando los asistentes a cualquier acto público se
involucraban en el mismo como podía ser: en las jiras, marchas,
tocatas, campo de fútbol, verbenas, etc...
En un comentario anterior sobre la Banda
Municipal de Música que el Ayuntamiento por cuestiones
económicas la había disuelto en el año 1934, justo el año en
que el escrito mencionado al principio y en su encabezamiento la
pone la fecha de 22 de Agosto, que suponemos que sería la fecha
de cuando el Sr. Herrera, director, la compuso pero que por no
tener actividad la Banda no se pudo ensayar y menos darla a
conocer al público en general de Arucas.
Una vez reorganizada de la Banda en 1940 y
con el tiempo suficiente para enseñar a nuevos músicos hasta
completar la misma, suponemos de nuevo que sería el momento que
el director decidió para darla a conocer al pueblo en un acto
público. Ese momento llegó en las fiestas del año 1945 cuando la
Comisión de Fiesta de San Juan decidió incluir en su
programación la interpretación pública por primera vez en la
Plaza de León y Castillo y en fecha y hora tan señalada como era
el 24 de Junio, día principal del Santo Patrono del municipio y
a las once de la mañana.
Ignoramos si ese día se repartieron
octavillas con la letra del pasodoble para que el público que
estaría allí presente de forma masiva la coreara. Por sucesivas
actuaciones sabemos que el pueblo la tarareaba y queremos
recordar que cantaba de memoria el estribillo, las dos estrofas,
cuya segunda parte dice:
“ES EL EQUIPO TRIUNFANTE/ QUE CON BRAVURA E
HIDALGUÍA/ CON FIEREZA Y SANGRE FRÍA/ A NADIE JAMÁS TEMIÓ.” La
primera la pusimos más arriba.
Y acaba el pasodoble con el recordado ¡
HURRA AL “ ARUCAS “ ¡ HURRA AL FUTBOL¡, cargando la voz en la O
de la segunda sílaba...para que rime con el BLASÓN de la primera
estrofa y TEMIÓ de la segunda..
En el 1985 se empezaron a celebrar el
siempre recordado “Encuentro de aruquenses” que duró una
veintena de años. En el organizado en el año 1990 se repartió a
los asistentes en el Cine Díaz una copia de la letra para que
todos la pudieran cantar al final del acto, cosa que ocurrió con
el público puesto en pie.
Desaparecida la antigua Banda Municipal a
principios de los años ochenta por decisión de la nueva
corporación para darle otro sentido a la enseñanza de la música,
ignoramos si la actual Banda la tiene en su repertorio para que
en momentos claves la vuelva a interpretar delante del pueblo.
Esperamos que así sea o que al menos se tenga la partitura para
que no se pierda con el tiempo al igual que otras composiciones
que también son del Maestro Herrera: San Juanito, Para Arucas
voy, La lecherita, Tira, tira, jana... y otras más que no
recuerdo ahora...algunas de ellas con la colaboración en la
letra del escritor canario Juan del Río Ayala
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«LAS GUIRREAS»© |
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Los niños suelen a veces emplear unas palabras que no
están en el diccionario pero que ellos saben lo que significa.
Eso entra dentro de su peculiar forma de hablar o de entender a
su manera las cosas que le rodean. Muchas de las veces son
palabras reales pero que en su entorno las distorsionan porque
es así como les suena a ellos.
Un ejemplo de lo que estamos diciendo lo tenemos en
la palabra que encabeza este comentario de hoy: Las Guirreas. En
este caso esta palabra empleada por los niños se refiere a las
guerras que se tenían entre los distintos barrios para proclamar
su supremacía sobre el otro, por supuesto el que ganara en el
enfrentamiento, pactado la mayoría de las veces, era considerado
por los demás bandos como el mejor de todos.
Los niños, siempre entre los diez y quince años,
empleaban esta palabra para expresar los enfrentamientos que
tenían entre los distintos bandos contrincantes y les era más
fácil decir entre ellos:
- Pedro Luis, mañana tenemos una Guirrea contra el barrio
de la Cerera, en la Montaña de Arucas- le comunicaba Jacinto a
uno de los habituales componentes de la compañía del barrio del
Terrero-
-¿Y dónde nos concentramos?- le preguntó Pedro Luis a su
comunicante-
-Como siempre, en el campo de fútbol a las diez de la
mañana....
Para ellos era complicado decir “ que vamos a tener
una guerra con la Acequia Alta” o una guerrea, cuando a sus
oídos les sonaba mucho mejor decir” Guirrea” palabra o forma de
pronunciarla que la empleaban todos los grupos que intervenían
en las mismas... sin que sepamos quién fue el que la impuso o si
fue de forma natural cómo se fue haciendo popular entre los
chicos...
Normalmente cada bando o compañía estaba formado por un grupo
indeterminado de componentes pero que podrían situarse en torno
entre los veinte y treinta.. según la capacidad que tenía cada
grupo para atraer a los chicos a su seno sin que fuera una
obligación el tener cada uno el mismo número de reclutados.
Los diferentes grupos procuraban tener al frente del
mismo al muchacho, entre catorce y quince años, que por su
carácter, decisión, ánimo y valentía y carisma diese el perfil
de un verdadero líder entre sus “soldados” pues era la única
forma de verse protegidos por su jefe, pues en caso contrario la
desbandada entre los mismos se producía de forma alarmante.
El grupo del Terrero se desenvolvía humildemente a
expensa de los demás: La Cerera, Acequia Alta, Hoya de San Juan,
que continuamente lo estaban hostigando a sus alrededores, lo
que podíamos llamar límites naturales de su dominio, sin que
éstos reaccionaran con energía ante tanta humillación continua
que sufrían. El colmo llegó cuando el bando de la Acequia Alta
rompió las hostilidades y entró al mismo borde del campo de
fútbol que era la sede del bando del Terrero, para provocar de
forma reiterada a sus componentes que no fueron capaces de
reaccionar porque tenían miedo de verse obligados a huir ante la
presencia de un bando potente, al frente del cual tenían un
verdadero líder que era quien dirigía toda la operación que les
hubiese llevado hacia una victoria segura ante el retroceso del
bando del Terrero que sin un líder que les diera ánimo se vieron
obligados a retirarse de la posible lucha en su propio terreno
y dispersarse por diferentes calles del barrio para no ser
blanco del enemigo...
Este hecho
tan vergonzoso llegó a oídos de Juan, conocido por el Goloso,
por su afición a todos los deportes y juegos y a ser el mejor en
cada uno de ellos, ser invencible a la trompáa, a la piña limpia
como si dijéramos, y como siempre quería ganar en todo, y como
además era cierto que lo hacía, por eso se le conocía como el
Goloso, cuya fama era bien conocida por todo el municipio. En
resumidas cuentas que era una ganador nato, insaciable y el
líder perfecto para llevar a un bando a la victoria...
Una tarde aprovechó su encuentro con Perico el Chato
que era el jefe accidental del bando y le preguntó de pronto:
-¿Perico, es cierto lo que me han dicho lo que pasó con el
Bando de la Acequia Alta?
-Pues, sí, Juan, es cierto...
-¿Y no les da vergüenza dejar al barrio a tan bajo nivel?
- Ten en cuenta, Juan, que no tenemos un jefe que sea un
verdadero líder capaz de llevarnos a la victoria...
-¿Pues sabes lo que te digo? Que yo estoy dispuesto a ser
el jefe. Reúne a todo el grupo mañana por la tarde en el campo
de fútbol para ver si están dispuestos a aceptarme y llevar a
cabo la primera escaramuza a los enemigos...
Perico el
Chato se fue más contento que unas pascuas y deseoso de avisar a
todos los componentes del bando para la reunión del día
siguiente... Nada más enterarse los niños del barrio entre los
10 y quince años mostraron su interés en unirse al bando del
Terrero.
La tarde de la reunión habían más de treinta niños que
salieron entusiasmado con su nuevo jefe, que por supuesto fue
aclamado por unanimidad.
En la reunión, Juan el Goloso dio sus primeras
órdenes: Todos seguirían a rajatabla sus indicaciones, nadie
retrocedería si él no lo ordenaba, la subida sería en fila india
y se desplegarían en tres grupos ocupando él el del centro, en
caso de avance del enemigo se unirían todos al grupo que él
mismo comandaba, nunca se daría la espalda a los ataques del
contrario, no escapar corriendo, en caso necesario se iría
retrocediendo muy despacio y buscando parapetos desde donde
poder iniciar el contraataque ante el posible descuido o
despiste del contrario, un pequeño grupo a retaguardia serviría
de apoyo logístico proporcionando continuamente los proyectiles
pactados para utilizar ( en este caso sólo piedras del tamaño
entre una nuez y una ciruela de las grandes ) que recogidas el
día anterior llevarían en cacharros a razón de 25 por cada
combatiente, aparte las que se pudieran ir recogiendo en el
mismo campo de batalla sobre la marcha a medida que se fueran
gastando las propias, se cortarían cañas en el barranco de las
más gordas entre un metro y medio a dos. Todos llevarían un
“tirapiedras” para usarlo cuando la distancia no daba para
alcanzar al contrario con la mano. Dado que la zona más
vulnerable de los combatientes sería la cara y la cabeza tenían
que hacerse con tiras de plataneras o hojas de palma
entrelazadas entre sí en una especie de pasamontañas que les
resguardarían esas zonas sensibles, aparte de las tapas de
calderos recogidas en el barranco que le servirían de escudo, de
las posibles pedradas dadas en el blanco y evitar que le
hicieran una “coneja “ en la cabeza. Del mismo material se
harían una especie de cinto ancho y doble donde irían colocadas
las piedras que cogerían por el camino para tirar al enemigo.
El bando de la Cerera enterado del nuevo líder del Terrero cogió
miedo y pidió ayuda al bando de la Acequia Alta que estuvo de
acuerdo en ayudarles en lo que hiciera falta. El del Terrero a
su vez solicitó la colaboración del bando de la Hoya de San Juan
que gustosamente se unió a ellos.
El encuentro entre ambos bandos tendría lugar al día
siguiente entre las once y las doce de la mañana, cuya meta
consistía en ver quien era capaz de dominar la cima de la
Montaña de Arucas para quedarse como dueño absoluto de la misma
en señal de la supremacía.
A la hora indicada el bando del Terrero emprendió la
subida a la Montaña por las distintas veredas, nunca por la
carretera, por ser más vulnerables, hasta la explanada que está
antes de subir a la cima de la Montaña, justo donde hoy está el
aparcamiento de coches, al lado de la célebre, para los niños de
aquella época, Cueva del Santo, de la que se decían una serie de
fantasías e imaginación propias de las edades infantiles y que
hoy ya ni siquiera se nombra tal cueva...
Detrás de la explanada citada y a ambos lados había
una especie de pared de piedra seca que servía de parapeto a los
bandos. De vez en cuando algún componente asomaba la cabeza para
hostigar a los de enfrente con el fin de empezar las
hostilidades, cosa que se produjo cuando Juan el Goloso dio la
señal a sus seguidores que empezaba la guirrea.
El Bando del
Terrero se había distribuido en tres grupos de 10 componentes
cada uno y a una distancia entre cinco y seis metros, estando
Juan el Goloso en el grupo del centro para mejor dirigir las
maniobras de sus pupilos. El jefe dio la orden de que empezaran
a tirar piedras sin parar hasta que él diera la orden de parar
para que empezara después el grupo que estaba a su derecha y
unas vez que éstos terminaran su turno empezar el grupo del
centro.
Con esta estrategia el enemigo no supo ni pudo
reaccionar, los cuales ante el estupor de su jefe vio como sus
seguidores emprendían la rápida huída del campo de batalla en
desbandada desconcertados por lo que se les venía encima. Juan
el Goloso dio la orden a todos sus seguidores de seguir detrás
de ellos.. ¡Al ataque! ¡Coged las cañas y vamos a buscar el
cuerpo a cuerpo!.
Pero no hubo necesidad del enfrentamiento directo,
pues el enemigo se dispersó aturdidos por la avalancha que se le
había venido arriba, y optaron por marcharse del campo de
batalla y huir despavoridos hasta verlos desaparecer carretera y
laderas debajo de la Montaña para desaparecer de su vista
Y aquí acabó para siempre las disputas entre los
diferentes Barrios del casco de Arucas y que sepamos más nunca
se volvieron a repetir esos odios entre los ¿Barrionalistas?
aruquenses.
Si los nacionalistas defienden su nación, los regionalistas la
región, los insularistas la isla, los municipalistas el
municipio, ¿ no sería correcta la expresión de Barrionalistas a
los que defienden su Barrio? ¿ Y si fueran de una calle, cómo se
les llamaría?: Callistas, Callejeros, no sé, pero parece que no
me suena bien ninguno de las dos...
En los años 50 surgieron en nuestro municipio muchos
equipos de los diferentes Barrios que arrastraban gran número de
seguidores al Estadio Cardona, habiendo grandes llenazos porque
era el enfrentamiento entre los distintos barrios: Isleña(Casco
de Arucas) Cerera, Goleta, Los Portales, Cardones, San Andrés,
etc...¿Fue ésta una respuesta más suave a las antiguas Guirreas?
Es posible, teniendo en cuenta que los equipos estaban formados
por jóvenes de los barrios que representaban y el fiel seguidor
de los distintos colores veía reflejado su orgullo con los
triunfos de sus vecinos, que ahora habían sustituido las piedras
por los balones... en una disputa más noble.
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«CARROZAS ARTÍSTICAS EN LA BATALLA DE FLORES
DE LAS FIESTAS DE SAN JUAN»© |
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En los años 50 del siglo pasado se
usaba mucho programar para las fiestas patronales la célebre
Batalla de Flores. De por sí la batalla atraía a mucho público
no solamente de Arucas sino de otros municipios cercanos. A
nadie se le esconde que era uno de los actos más importante y
esperados por la población, sobre todo la joven. Hubo también
una “Batalla” en el año 1940, para luego estar diez años sin
repetirse. No sabemos si fue porque la palabra “Batalla” estaba
muy cerca del pensamiento ciudadano y les caía odiosa por
aquello de estar recién terminada una guerra y la otra todavía
en pleno conflicto.
Pero había otro público que
le gustaba también disfrutar de las carrozas si éstas estaban
artísticamente engalanadas. Y así era la mayoría de las veces
pues para su mayor éxito colaboraban muchas empresas comerciales
e industriales de nuestro municipio y de la capital, ya que les
suponía una buena propaganda de sus productos. además de los
centros culturales y deportivos.
Después de unos años de éxito
total desapareció durante un buen número de las fiestas
patronales. En diferentes ocasiones se ha intentado recuperar el
esplendor de antaño de ese acto pero parece que no se ha logrado
llegar a interesar a la población como en aquellos tiempos
atrás. Las casas comerciales tienen hoy otros medios a su
disposición para hacer una propaganda más eficaz.
Desaparecido el interés de
las empresas, la iniciativa se refugió en diferentes colectivos
vecinales pero que a la hora de costear los gastos se veían en
enormes dificultades para llevar a cabo la confección de una
carroza bien elaborada con las debidas garantías de admiración.
Al disminuir la inversión se seguía colaborando y participando
pero bajando el listón artístico. El peligro de esta cuestión es
caer en la mediocridad y chabacanería.
A principio de los ochenta
se vuelve con esa costumbre y es el Ayuntamiento a través de la
comisión de fiestas quien subvenciona a todos aquellos grupos o
colectivos, asociaciones, etc... que deseen participar en la
Batalla de Flores previa la presentación de un croquis dibujo de
cómo será la Carroza que van a presentar. Si la Comisión creía
con suficiente calidad artística el proyecto presentado le daba
la subvención para que ya pudieran adquirir el material
necesario para su confección. Esa ayuda de la Comisión era en el
año 81 de doce mil pesetas. Calculen nuestro lectores casi
treinta años después si sería suficiente para engalanar el
carruaje que se llevara, en aquel caso una plancha alquilada, la
ropa de los participantes y que hiciera juego con la alegoría de
la carroza, etc...
En los años noventa se intentó recuperar para el pueblo la
tradición de la Batalla de Flores, pero ante la poca calidad y
escasas carrozas presentada y el poco cuidado en el vestuario
hizo que los encargados de redactar la programación desistieran
de volver a incorporar dicho acto en las sucesivas fiestas.
El acto se celebraba en la
zona llamada El Paseo, es decir la Calle León Y Castillo, Plaza
del mismo nombre, hoy de la Constitución y la calle Francisco
Gouríé. En años sucesivos tuvieron el respiro de la calle Suárez
Franchy. La muchedumbre que se acumulaba por todo el recorrido
era impresionante. Distribuidos en varios sitios se ponían por
parte de la organización puestos de ventas de serpentinas,
confetis y otros productos propios para lanzar durante la
batalla.
La hora de comienzo era las
seis y media de la tarde. En esos momentos la gente no cabía en
todo el recorrido por donde desfilarían las carrozas, las cuales
se habían ido concentrando en la explanada de la Era de San
Pedro (Destilerías Arehucas) para desde allí y a la hora
anunciada por la comisión de fiestas iniciar la macha
ascendiendo por la carretera de Bañaderos y tras recorrer el
poco espacio que le faltaba para llegar el cruce de la Heredad
hacer la primera pasada que era de exhibición para que todo el
mundo observara y contemplara al menos por una vez la belleza de
la carroza y sus componentes. Ya en la segunda pasada los
“contendientes “ no le perdonarían una y venga a empezar la
batalla entre el público y los que iban encima de la carroza...
y así durante un par de horas hasta que ya exhaustos unos y
otros se daba por terminada la guerra con la retirada por uno de
los extremos del campo de batalla de las distintas carrozas.
Recordamos todavía la
admiración que nos causó en aquellos tiempos diferentes carrozas
a todos los que estábamos presentes: la compañía de transportes
ligeros o los célebres “Los Piratas” como se les conocía
popularmente, presentó una carroza imitando a un barco pirata
con chicos y chicas vestidos para la ocasión y con el motivo que
representaban; otra era la fiel imagen de la propaganda que
hacía una conocida marca de bebida llamada “ Ron Atuey”, hace
muchos años desaparecida y que causó un gran impacto; una
tercera que representaba la corte de alguna monarquía con todos
los personajes vestidos de época... y así muchas más donde
participaban casas comerciales de la localidad y de la capital,
Centro Recreativos, Culturales, Deportivos, colectivos
vecinales,...etc..
Por supuesto que habían premios para las mejores carrozas
elegidas por un jurado nombrado al efecto por la comisión...
- Oigan, señores, era tanta la
calidad de las carrozas que los componentes del jurado estuvimos
deliberando más de una hora para establecer el orden de los
premios- advertía don Pedro el Largo ante los contertulios del
Bar de la Reina Mora.
¿La gente de hoy ha perdido
las ganas de divertirse, el buen gusto, la participación
ciudadana, el interés por las fiestas populares, hacer
comunidad, etc...?
O se conforma con salir con
la familia en su coche hacia las playas del Sur o a realizar un
asadero, barbacoa, en el campo....
Cada uno
sabe lo que hace y elige su mejor ocio, diversión o distracción
para él y su familia, ¡digo yo! ¿o no es verdad?, pues los
tiempos son distintos y hay que adaptarse a las circunstancias
presentes...y a nadie se le puede imponer una costumbre a la
fuerza y con calzador.... pero siempre da pena perder una
tradición, ¡caramba!
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«SANCOCHO EL DÍA DE SAN JUAN»© |
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Las familias van creciendo y llegado el momento los hijos se
emancipan y buscan su hogar en el mismo pueblo o emprenden el
camino de otros municipios o islas donde unen al trabajo la
posibilidad de tener la vivienda. Ocurrió mucho en la década de
los 40 y 50 que muchas familias ante la carencia total de casas
sociales en nuestro municipio y la falta o escasez de trabajo
emigraron a la capital en busca de esos dos elementos
primordiales para poder subsistir.
Tanto en un caso como en otro, vivieran en nuestro
municipio o en otros, los contactos con los padres y el resto de
hermanos eran frecuentes, sobre todo en los grandes
acontecimientos familiares: bodas, cumpleaños, bautizos,
entierros, funerales y cualquier otra celebración que surgiera
por el camino, como pueden ser las fiestas, tanto patronales
como las entrañables y tradicionales de Navidad, donde ha sido
siempre costumbre el reunirse la familia en torno a los padres.
Hoy queremos recordar en este artículo la reunión de la
familia en la casa de los progenitores para el día de San Juan,
que como todos sabemos es el patrón de nuestro municipio. Para
ese día era costumbre venir a comerse el clásico sancocho en la
casa que sirvió de cobijo durante muchos años a toda la familia.
Después de saludar a los padres, los venidos de fuera con
sus hijos pequeños emprendían un recorrido por los diferentes
actos que se celebraran por la mañana, antes de la comida en
familia: la feria de ganado, paseo y música, función religiosa,
procesión, un rato de paseo para saludar a los amigos y regresar
al domicilio paterno para disfrutar en unión de todos los
hermanos, sobrinos, cuñados, etc... el clásico sancocho canario
que había preparado la madre con gran cariño para agasajar a
toda la prole.
Es difícil que un canario o residente en Canarias ignore lo
que es un sancocho ni sus componentes. Queremos hacer aquí
hincapié y recordar los pormenores para la confección de uno de
los manjares más preciado por el canario en el mundo popular: el
producto central es el pescado salado, cherne en este caso, el
cual se le va quitando el alto sabor salado a base de estar en
remojo en agua durante bastantes horas y cambiarle el agua
varias veces; las papas de tamaño regular y la batata que serán
hervidas o sea sancochadas; el gofio amasado con caldo, agua,
plátanos, papas y batatas al gusto del consumidor pues todas
esas formas son bien apreciada, para luego formar la pella; y
por último no podía faltar el célebre mojo picón hecho con
pimiento verde o rojo el cual serviría para más tarde echar a
las papas y pescado según las preferencias de cada uno y todo
ello regado con un buen ron de Arucas, para los hombres,y el
resto agua de botella o del grifo, salvo que alguna se atreviera
con un poco de vino dulce, cosa poco habitual por esos tiempos
entre las féminas.
Hemos mencionado todos los ingredientes para hacer un buen
sancocho, pero el arte estaba en saber darle el punto a todos
ellos y el momento en el cual se mezclaba el pescado con la
papas y batatas para darle el último toque al conjunto final
para que los comensales quedaran a gusto. La mayor satisfacción
de la madre era que la comida saliera bien y sus hijos, yernos,
nueras y nietos se lo agradecieran.
Pero verdaderamente lo que queremos reflejar aquí es el
ambiente que se vivía alrededor de la comida pues ésta era
simplemente un motivo para reunirse y recordar anécdotas,
vivencias, infancia, juventud, etc... con añoranza los años
unidos todos los hermanos junto a sus padres en la casa
familiar, la vida actual y las aventuras de los nietos que iban
creciendo. Esto daba fuerza para seguir en la lucha diaria y
esperar hasta volver a tener una nueva ocasión para reunirse
otra vez en familia alrededor de una comida. No digamos si
alguno de los presentes sabía tocar la guitarra y que alguien le
acompañara a cantar isas, folías, malagueñas, tangos,
pasodobles, rancheras mejicanas, boleros, etc... con lo cual la
fiesta se prolongaba hasta la tardecita, no más allá de las seis
pues había que salir con toda la familia a recorrer el centro
del pueblo para disfrutar del ambiente de la fiesta alrededor de
la Plaza de San Juan y a lo largo de las calles León y Castillo,
Parque de San Sebastián y calle Francisco Gourrié, jugar a los
molinillos, comprar chucherías a los niños y acercarse a los
diferentes puestos donde se vendía el clásico turrón canario,
pues si no llevaba a la casa dicho producto parecía que no se
había pasado por la fiesta...
-
Y que haya salud para que el año próximo nos veamos de nuevo y
podamos seguir disfrutando del rico sancocho canario...-
palabras dichas bien altas por Gregorito, esposo de Josefita y
anfitriones de toda la familia.
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«PASEOS MAÑANEROS DE LOS DOMINGOS Y DÍAS DE
FIESTA»© |
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Ya sabemos, por haberlo hablado en
otro comentario anterior lo que eran los célebres y recordados
Paseos de los domingos y días de fiesta por la tarde en la
plaza y su entorno. Sin embargo en este trabajo de hoy quiero
referirme a los paseos que se celebraban en el mismo sitio pero
por las mañanas de los domingos y días de fiesta, después de la
misa de once, que a veces era a la once y media y otras a las
doce..., por supuesto de la mañana, donde solían ir muchas
personas, la iglesia casi se llenaba..
El caso es que fuera a la hora que se celebrara la Misa la
mayoría de los que asistían a la misma les gustaba dar unas
vueltas al paseo para saludar a los amigos, conocidos, ver el
ambiente, comprar la entrada para la sesión de cine de las 7,
porque a esa hora la sesión se llenaba y era imposible encontrar
localidad, sacarse unas fotos con algunos de los fotógrafos
ambulantes que siempre habían por todo el paseo, acordar con los
amigos/as a qué hora de la tarde se vendrían al paseo y a qué
cine irían, etc...
Hablamos de la gente que salía de la Misa que se iban al
Paseo para ambientarlo, pero hay que hacer constar que a esa
hora ya la plaza estaba muy concurrida de otras personas de
todas las edades que se concentraban en la misma para tratar de
muchos asuntos, después de salir de la Misa de las 8, de las 9
y de la de las diez( por aquel entonces y durante bastante
tiempo hubo misa también había misa a esa hora) pues la
parroquia de San Juan Bautista contaba con tres sacerdotes...
Lo que diferenciaba a este paseo de la mañana con respeto
al de la tarde consistía en que el primero era mucho más fluido
porque no había tanta gente paseando como el de la tarde que
destacaba por ser masivo y que apenas se podía caminar y
avanzar por él. Aparte de esa ventaja hemos de registrar que la
inmensa mayoría de los que paseaban, o estaban en los bares o en
los frontis del mercado o parques eran de Arucas Casco, por lo
cual podíamos considerar más familiar, pues prácticamente todo
el mundo se conocía y había que ir saludando por doquier a un
lado y a otro ya que se tenía la paciencia suficiente para todo
esos menesteres..., preguntarse por la familia, por los
estudios, por el trabajo, adonde iba a ir por la tarde, etc...
Para que entiendan la
diferencia de un paseo con el otro hemos de decir que en el de
la tarde, que era masivo, había gente de todos los barrios del
municipio, de los colindantes y también mucha gente de la
capital, sobre todo gente jóven y varones, lo que lo hacía, si
cabe la expresión, más impersonal, al contrario del de la
mañana que todo el mundo se conocía y se entablaban
conversaciones de cualquier tipo en diferentes lugares del
paseo.
En estos paseos mañaneros, caseros a más no poder, se
aprovechaba la ocasión entre la gente más madura, pasados ya de
los veinte años con creces, de empezar los posibles noviazgos,
comenzando por las pequeñas conversaciones, paseos o tertulias,
siempre colectivas o en grupos, intranscendentes al principio
para ir conociéndose y enviar las primeras sonrisas a la futura
enamorada para que fuera cuajando el inicio de una amistad más
cercana e individualizada hasta la separación total del grupo y
su consolidación en los paseos de la tarde, el cine, el baile,
o la estancia en algunos de los parques tranquilos para charlar
con más profundidad sobre el futuro y porvenir de su incipiente
amistad.
Mientras esto ocurría en el paseo, los comerciantes,
industriales, ganaderos, agricultores, políticos, funcionarios,
etc... copaban los numerosos bares que habían en la plaza y su
entorno para hablar de sus cosas, negocios, ilusiones futuras,
mientras degustaban alguna bebida acompañada de sus variados
taperíos que les servirían como aperitivo, para abrir boca, o
sea el apetito, antes de irse a su casa a comer con la familia
La gente obrera acostumbraba a sentarse en un par de bares
especializados en el juego de la baraja donde se pasaban el rato
echando una mano al envite, la ronda, el subastado, etc..
olvidándose de los posibles problemas que pudieran tener desde
el punto de vista personal o familiar por aquello de la mala
época que se estaba pasando.
Falta recordar que todas las
barberías atendían a sus clientes ese mismo domingo desde la
madrugada después de la misa de alba a la cual asistían todos
ellos. ¿Y porqué esa costumbre de abrir o mejor dicho trabajar
los domingos las barberías? Durante mucho tiempo los novios,
gente joven la mayoría, o los que estaban pretendiendo a alguna
chica cuidaban mucho su aspecto exterior y uno de ellos era el
estar bien afeitado y pelado. Por ese motivo eran los sábados,
que se habrían mañana y tarde, hasta bien entrada la noche, y
los domingos cuando recibían a la mayoría de a sus clientes, que
eran muchos y había que esperar horas para que te tocara el
turno, pero, eso sí, las puertas de la calle estaban cerradas
por imperativos legales y dentro quedaban los que se iban a
arreglar aunque de hurtadillas los barberos abrían a los
clientes que llegaban fuera de hora con cierto sigilo para
evitar males mayores. Los domingos prolongaban su trabajo para
atender a sus clientes hasta las 4 o 5 de la tarde para no
dejar a nadie sin que fuera al paseo, a hablar con su novia, o a
intentar seguir pretendiendo a aquella muchacha que tanto le
atraía, tenía que ir bien arreglado para causarle buena
impresión al menos desde el punto de visto externo...
Y los más deportistas se acercaban al Bar Dávila para enterarse
de las últimas noticias deportivas aruquenses y de la Unión
Deportiva Las Palmas y algunos incluso adquirir la entrada para
asistir al partido de turno de la Primera División en el
Estadio Insular...
Como deducimos este Paseo de la mañana tenía su atractivo, un
sabor distinto al de la tarde. Por eso mucha gente no se perdía
este paseo mañanero de todos los domingos por la mañana y los
días de fiesta y por ese motivo quiero resaltarlo en uno de mis
comentarios aruquenses porque sería injusto que no quedara
registrado como otra forma de pasar el rato, muy agradable por
cierto durante mucho tiempo y que después de esos momentos
inolvidables se haya perdido esa costumbre tan sociable, donde
se hacia comunidad, amistades, se paseaba tranquilamente con la
novia, se comentaban la jornada deportiva de la tarde, nacían
iniciativas, contratos de trabajo, venta o compras de cualquier
productos o de terrenos y casas...
Y para los amigos de la
lectura allí estaba, abierta todos los domingos y días de fiesta
por la mañana, la librería Henríquez, conocida cariñosamente por
Yaya ya que ese era el diminutivo por el que la conocían todos
sus allegados, para atender a sus clientes que iban en busca de
las últimas novedades y de las revistas semanales de humor,
noticias generales, deportivas: Jaimito, Pulgarcito, Tebeo, DDT,
La Codorniz, Semana, Diez Minutos ( aunque con otra orientación
estas dos últimas) y la revista Paratí para toda la familia
aunque de origen argentino pero que tenía gran aceptación en
Canarias... por tratar de muchos temas en general desconocidos
hasta entonces en nuestro país....
.....y
hasta el domingo que viene, si Dios quiere, como solemos decir
por estos linderos...
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«JIRA A LA MONTAÑA DE ARUCAS DURANTE LAS
FIESTAS DE SAN JUAN»© |
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Ya hoy no se sigue disfrutando al
final de las Fiestas de San Juan de la célebre Jira o
terminación de las fiestas para despedirse hasta el año que
viene. El hecho de que no figuren en la programación este acto
tan esperado antaño por los aruquenses no es que haya sido una
decisión caprichosa de la comisión de fiestas sino que viendo
ésta que en los últimos años ya la gente dejó de acudir con el
mismo entusiasmo de antes y con buen criterio eliminaron de la
programación realizar la jira tradicional en las afueras de la
ciudad.
Pero vamos a referirnos en este escrito no a su eliminación
sino a los diferentes sitios donde se llegó a celebrar las
famosas Jiras a modo de recordatorio y como curiosidad para
luego centrarnos especialmente a las que se realizaron desde
1956 hasta 1960 a la Montaña de Arucas, aunque también hubo
una en el año 1939.
Después de la guerra civil el sitio más usado para realizar
la jira de la fiesta de San Juan era el barrio de Visvique. Con
el paso del tiempo se fueron alternando otros lugares de Arucas
con el fin de llevar la fiesta a los distintos barrios del
municipio: Juan XXIII, El Hornillo, Las Chorreras, la Era de San
Pedro, El Calvario, etc...
No cabe duda que el llevar la Jira de ese año a la Montaña
fue un éxito impresionante de público, deseoso de saborear un
sitio distinto, pintoresco, sin peligro y caminando tanto a la
ida como a la vuelta. Se permitió hasta un par de horas antes la
subida de coches para llevar los utensilios de los ventorrillos,
fuegos, carros de helado, instrumentos musicales, etc..
El resto de la tarde fue dedicado a los ciudadanos para que
pudieran subir tranquilamente sin ningún peligro en unión de sus
familiares, hijos pequeños, novios con su chica, etc..hasta la
cúspide de la Montaña. Allí se podía disfrutar durante toda la
tarde de juegos, bailes, música, cantando, etc... dejando un
hueco para merendar entre los que habían venido juntos. Al fin y
al cabo no dejaba de ser una excursión campestre y de ella había
que disfrutar.
La gente gozaba con todo, se hacía
vida comunitaria, porque todo era en conjunto, para disfrutar
colectivamente no de forma individual. Así se vivía la fiesta.
Casi todo el mundo se conocía y se invitaban a compartir mantel.
No faltaban tampoco los timples, las guitarras, laúd,
bandurrias, etc.. que arrimados a la sombra de un árbol o del
ventorrillo nos deleitaban con los mejores aires de nuestra
tierra.
Cuando ya se acercaba la noche se le pegaba fuego a las
piezas o ruedas que estaban colocadas de antemano para dar a
entender que la fiesta había terminado. Acabados los fuegos
artificiales, la banda tocaba la última pieza en señal de
despedida, pero que siempre se prolongaba dos o tres más ante la
insistencia de la parroquia ciudadana, casi todas lanzadas al
aire para que fueran acompañadas por la gente joven, sobre todo,
cantando a viva voz porque eran canciones que estaban de
actualidad para aquellos tiempos.
A esa hora ya la gente no cabía en toda la explanada de la
Montaña y más de uno se había pasado su tiempo sin despegarse de
los ventorrillos y ahora no había forma de que pudiera arrancar
de su soporte por miedo a perder el equilibrio vertical debido
al exceso en las alegrías alcohólicas.
Pero ya no quedaba más remedio; había que iniciar la salida
hacia abajo, la ciudad los esperaba en la Plaza, y detrás de la
música se fue todo el mundo, porque durante toda la bajada la
gente siguió bailando, cantando, gritando, pues no querían que
la juerga se acabara. Los dos kilómetros de recorrido se
tardaron en bajar más de media hora pues la masa iba despacio y
siguiendo el ritmo de la banda, que tampoco podían imprimirlo
muy fuerte sino el debido para poder interpretar sus melodías.
Al final desembocaron en la Plaza de León y Castillo donde
ya les esperaban muchos ciudadanos que no habían podido subir a
la Montaña y allí se prolongaba la fiesta una hora más, pero
siempre acompañados por la música que fue el centro de toda la
juerga.
Tranquilas y gozosas de haber pasado una tarde muy agradable la
gente se fue retirando para sus casas; pero arriba, en la
Montaña, todavía quedaban los clásicos sacrificados: los
vendedores de todo tipo, que habían subido a la Montaña dos
horas antes que el resto de los ciudadanos, y que ahora
tardarían un par de horas en bajar en los vehículos que pudieron
al fin subir después que toda la jira había bajado a la ciudad
para evitar los peligros de la circulación.
Y hasta el año que viene si Dios quiere....que nos dé salud
y podamos seguir disfrutando de las jiras de la fiesta.
- ¡Y lo que yo
me divertía en esas jiras, señores! Aseguraba con alegría Pancho
el Bruto en la cantina del Barrio. |
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