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En la mañana de este octubre reposado, le pido a
mi mochila que me acompañe en un paseo cumbrero,
cargado de belleza, para juntos atrapar y
disfrutar de un juego de luces y colores nacidos
en el silencio, columpiado en soledades, con
pespuntes de vida entre castaños y el aparejo
fotográfico haciendo de notario de una andadura
alfombrada por hojas solapadas, ricas en matices
y en su humildad hermosas; donde el aire carece
de aditivos y la bruma humedece sentimientos,
mientras la magia de los ecos se escurre entre
las ramas de los árboles en un viaje de sonidos
trazado entre cañadas y barrancos de esta
singular isla llamada Gran Canaria. |